NOTA DEL AUTOR
«Escribir sobre crímenes reales solo sirve para enaltecer a los asesinos y hacer apología al crimen», me dijo una periodista durante una entrevista que di hace algún tiempo. No estoy de acuerdo. De hecho, soy un convencido de que es necesario que alguien realice este «trabajo sucio».
También he escuchado que «escribir sobre crímenes reales es una forma de revictimizar a las víctimas». Algunos consideran que difundir estas crónicas ante un público masivo vulnera la privacidad y la integridad de quienes han muerto en manos de un asesino... y puede que tengan razón.
Robert Ressler, exagente del FBI, reconoció que hasta cierto punto se sentía responsable de darle tribuna a los que él mismo bautizó como serial killers en sus estudios sobre criminología, pues aquel término no solo sirvió para que los especialistas pudieran catalogarlos, sino que les otorgó un estatus del cual estos mismos sujetos comenzaron a sentirse orgullosos.
El debate es interesante: algunos prefieren que estas historias no salgan a la luz por razones éticas, mientras que otros desean conocer todos los detalles sangrientos de un crimen por mera curiosidad. También están aquellos que sienten un genuino interés y buscan comprender cómo funciona la mente criminal. Creo encontrarme en este tercer grupo, considerando ciertos aspectos básicos que evalué para este libro, por ejemplo: todos los casos deben ser documentados metódicamente, en base a fuentes fidedignas, y analizados desde un punto de vista multidisciplinario, con un alto grado de compromiso y seriedad.
Escribir libros sobre esta temática implica un enorme desafío. No se trata solo de enfrentar, como escritor, una serie de hechos reales, deprimentes y enfermizos, sino también hacerlo con el tacto adecuado, evitando caer en lo morboso.
Lejos de intentar contentar a los detractores de este tipo de contenido, la decisión de apegarse lo más posible a los hechos comprobados y documentados va unida al espíritu de la obra, que es no banalizar ni edulcorar la realidad.
Este libro narra la historia de hombres y mujeres responsables de actos perversos, incapaces de sentir ningún atisbo de empatía o remordimiento. No fueron unas «superestrellas del asesinato» dignas de admiración, sino personas cobardes, frustradas, dañadas emocionalmente, con graves problemas psicológicos y psiquiátricos. Sus víctimas sufrieron una muerte terrible y las familias de estas, un daño irreparable. Es importante que esto jamás se nos olvide.
EL CRIMINAL MÁS PELIGROSO
DE TODOS: EL PSICÓPATA
Si bien no todos los psicópatas se convierten en asesinos o criminales, cuando esto pasa suelen cometer actos atroces que conmueven a la opinión pública por su nivel de sangre fría y abyección. Aun así, el cine, la televisión y la literatura han hecho una caricatura del psicópata y lo han dotado de características impropias y exageradas. Se los muestra atractivos, carismáticos e inteligentes, apelando a personajes como Hannibal Lecter o Dexter Morgan, pero lo cierto es que diversos investigadores, psiquiatras y criminólogos los han descrito como individuos comunes y corrientes, sin características mentales o físicas excepcionales, solo como seres humanos muy perturbados.
A este tipo de personalidades no les importan las reglas sociales y las transgreden. No les interesan las leyes ni las normas, sobre todo si se interponen en sus intereses. Se trata de un trastorno difícil de detectar incluso para los especialistas, aunque sus principales rasgos comienzan a asomar desde la infancia, pues el psicópata nace, no se hace.
Los psicópatas se caracterizan por su falta de empatía, por la carencia absoluta de remordimientos y una profunda desconexión emocional. Cuando son pequeños son impulsivos, temerarios, no miden las consecuencias de sus actos, no sienten miedo y suelen endosar los errores que comenten a alguien más. Buscan manipular tanto a sus compañeros de juego como a los adultos por medio de rabietas o chantajes. Pueden cometer robos o tener conductas voyeristas y exhibicionistas, solo para sentir el vértigo de ser descubiertos.
Muchas veces son niños introvertidos que mienten de forma descarada para impresionar al resto. Se enojan cuando se les corrige y en ocasiones pueden mostrar conductas abusivas contra chicos más vulnerables, aunque también algunos son las víctimas de dichos hostigamientos porque les cuesta adaptarse.
Demuestran emociones superficiales y forzadas, actúan de manera amable, aunque no parecen sinceros. Por último, es muy probable que se diviertan torturando y matando animales, pues disfrutan del control físico que ejercen sobre ellos y satisfacen a la par su curiosidad morbosa por la muerte.
Otra característica de los psicópatas es que su capacidad de asombro es mucho más baja de lo normal, por lo que se aburren con facilidad. Son narcisistas, egoístas y hábiles manipuladores: pueden fingir sentimientos —como podría ser el amor—, solo porque se dan cuenta de que eso es lo que el entorno espera de ellos, y son por completo conscientes de sus actos, por ende, imputables ante cualquier jurado en caso de que cometan algún ilícito o crimen.
Este tipo de personalidades hacen imposible una convivencia normal, pues su vida se basa en una búsqueda desesperada por llamar la atención, concretar sus objetivos a toda costa y ejercer el control. Creen ser más importantes que el resto, y es en este punto donde algunos psicópatas pueden llegar a cometer actos extremos para conseguir lo que quieren y satisfacer sus necesidades sin importar si dañan o matan a una persona.
Por ejemplo, si un criminal psicópata busca mantener relaciones sexuales con una mujer puede cortejarla durante meses hasta conseguir su objetivo, aunque también considerará drogarla, dejarla inconsciente y violarla. Para ellos, ambas alternativas son válidas, y la segunda no implica un dilema moral significativo más allá de las consecuencias judiciales que aquello podría acarrear en su contra.
En resumen, el asesino psicópata es un depredador de sangre fría que está plenamente consciente de sus actos. No se arrepiente, no siente remordimientos, no teme a la autoridad y no puede ser rehabilitado. Detectarlos es muy difícil, pues suelen atacar a víctimas vulnerables, con las cuales difícilmente se les puede vincular. Al mismo tiempo, son capaces de pasar desapercibidos ante los ojos de las autoridades, mostrando comportamientos que podrían ser considerados normales e incluso modélicos dentro de su comunidad.
Todas estas características los convierten en un verdadero peligro para la sociedad.
EL PSICÓPATA Y EL CONTEXTO
Varios especialistas —entre ellos la reconocida
