Introducción
¿Cómo hacemos que un grupo de personas se transforme en un equipo? Esta es la pregunta que todos aquellos que están al frente de un conjunto o colectivo de personas en cualquier ámbito (deportivo, corporativo o comercial) se hacen y frente a la cual no siempre encuentran una respuesta.
Hablamos de equipo cuando se logra sinergia entre las personas que lo integran, que estén alineadas. Cuando 1+1 pasa a ser más de 2 y puede ser 4, 5 o 6. Se logra cuando cada uno saca lo mejor de sí y de sus compañeros al momento de juntarse, empoderándose y dejando atrás las luchas internas que provocan bloqueos y quitan energía.
La importancia de tener un equipo que logre sinergia también tiene que ver con que el equipo tenga lo que se llama mística, un estado de conciencia ampliada, que no es otra cosa que todos sus integrantes estén conectados desde un plano superior.
Para lograr entender qué es lo que significa la mística y lograr sinergia, debemos tener una mirada holística sobre cada una de las personas y sobre el equipo.
¿Y qué es tener una mirada holística? Es tomar a una persona como a un todo, tener una visión global. Cada individuo está conformado por un cuerpo físico, un cuerpo psicológico, un cuerpo emocional, un cuerpo energético o etérico, y un cuerpo espiritual. Todos somos esos cinco cuerpos que se pueden alinear, estar en eje y en su mayor potencial. Y un equipo también está conformado por esos cinco cuerpos.
Pongamos como ejemplo un equipo de fútbol, de rugby o de cualquier otra disciplina u otro ámbito. Hay unas cinco personas que están perfectamente entrenadas, con un físico que se ve trabajado y preparado para el tipo de competencia y otras tres que nunca movieron un pie en su vida. Es imposible (o muy difícil) lograr sinergia desde la físico en este grupo de personas porque claramente están completamente desalineados.
Este ejemplo es también aplicable a los otros cuatro cuerpos. Necesitamos también crear sinergia psicológica. Si en el equipo tenemos cinco que creen que pueden y cinco que creen que no pueden, ya hay una diferencia de creencias y de objetivos significativos.
Desde lo emocional, si en una empresa hay una persona que quiere lograr sus objetivos porque sus hijos se van a sentir orgullosos y quiere ser el ejemplo de su familia, tiene una motivación para poder ir a su trabajo. Pero si la persona que tiene al lado va a la misma empresa porque tiene miedo de no llegar a pagar las cuentas o tiene miedo de que en su casa lo reten porque se quedó sin trabajo, claramente sus emociones son completamente distintas.
Ante diferentes situaciones difíciles, algunas personas se van a potenciar y a empoderar. Otros se van a bloquear ante las mismas situaciones, básicamente porque no tienen los mismos motivadores emocionales ni las mismas herramientas.
En estas circunstancias es importante generar un marco de apertura y contención para que la gente del equipo pueda abrir su corazón. Que digan lo que les genera miedo y angustia, dentro de ese marco de confianza donde todos se sientan seguros de poder decir lo que les está pasando. Por eso es muy importante que haya un marco de apertura para que un grupo de personas se transforme en un equipo.
El potencial de las personas es directamente proporcional a su capacidad de aprendizaje. Si alguien no tiene esa capacidad, ya no tiene potencial, no tiene desde dónde complementarse. Los seres humanos podemos estar en estado de expertise o en estado de aprendiz. En el primer caso, son aquellas personas que dicen “¿a mí me vas a decir cómo funciona esto?” o “¿y este quién es?”. El expertise tiende a descalificar a todos y creer que se las sabe todas. Y eso es lo que los vacía de potencial. Eso no es ni bueno ni malo. Simplemente limita a esa persona a mantener sus creencias y a proyectar los resultados desde ese lugar. Hay un proverbio zen que dice “cuando el alumno está preparado, aparece el Maestro”. El filósofo griego Sócrates también lo dejó claro cuando afirmó “solo sé que no sé nada”.
En tanto, el estado aprendiz permite ir cambiando. Cuanto más apertura haya para incorporar nuevas herramientas, más potencial y posibilidades habrá para seguir creciendo y evolucionando.
El tamaño de los sueños debe exceder la capacidad actual para alcanzarlos. Si no, no son sueños y para que esto suceda es necesario aprender todos los días de todo el mundo. Porque en esta experiencia humana que vinimos a vivir, los maestros están dentro de los círculos íntimos y en las personas con las que uno se vincula a menudo. Lo único que podemos cambiar de nuestra vida es a nosotros mismos. Cuando uno cambia la forma de ver las cosas, cuando aprende a mirar con otros anteojos, todo cambia. Por eso, siempre digo esta frase: solo cambié mi actitud y todo cambió.
La sociedad de hoy es muy exitista pero éxito y fracaso son dos impostores. Cuando uno tiene claro hacia dónde va y cuál es el mensaje que quiere comunicar, los resultados vienen como consecuencia.
Es lo que pasó con el equipo que ganó la Copa Davis en 2016. Yo tuve la bendición de haber estado en su proceso de trabajo. Primero, pusimos por un lado lo que veíamos y por otro lo que queríamos ver, lo que implicaba una decisión, un compromiso, un cambio de actitud. Nunca se pensó a la copa como objetivo sino como una consecuencia. El objetivo fue posicionar al equipo de la Copa Davis como referente de unidad, cordialidad, respeto y trabajo en equipo para que los chicos crezcan en ese ejemplo y se genere una identidad nacional. Cuando alguien juega por un propósito que lo trasciende, está jugando por algo más grande que uno y recibe una asistencia más grande que uno.
Nos basamos mucho en el legado de Nelson Mandela, que no quería ser presidente de Sudáfrica pero debía serlo para dar su mensaje de superación. Y en la Davis, si nosotros hacíamos las cosas bien, sabíamos que la copa iba a llegar como medio para comunicar el mensaje que nos habíamos propuesto.
Claramente hay que decir que la copa se gana porque hay jugadores extraordinarios (Juan Martín del Potro, Leonardo “Yacaré” Mayer, Federico Delbonis, Juan Mónaco, Carlos “Charly” Berlocq, Guido Pella y Renzo Olivo), un capitán brillante (Daniel Orsanic) y un cuerpo técnico de lujo. En las altas competencias una pequeña diferencia marca una gran diferencia. “Es todo cuestión de pulgadas”, dice Al Pacino en la película “Un domingo cualquiera”. Es una ley universal: la pequeña diferencia que marca la gran diferencia.
Cuando Argentina ganó la Copa Davis, nadie se subió al exitismo de nadie. Lo primero que dijo Orsanic fue “este es un triunfo de todo el tenis argentino”.
Pero para eso hubo que trabajar. Seguramente, parezcan ideas o cambios imposibles de hacer. Pero yo aprendí mucho de Gustavo Zerbino, uno de los sobrevivientes de la tragedia de Los Andes y que se ha convertido en mi hermano del alma. Ellos salieron de un lugar en los que cualquier persona no podría estar ni un solo día. Gustavo y el resto de los sobrevivientes estuvieron 72 días con vida en un lugar donde es impensado poder
