Prólogo
Hace unos años hice el ejercicio de intentar condensar en un tuit (para ese entonces solo tenían 140 caracteres) cómo quería que se percibiera mi trabajo. En ese momento llegué a esto: “quiero ser la persona que cuente la innovación de la manera más simple posible”. Ahora, que se pueden escribir tuits más largos, le agregaría: “y que el lector sienta que puedo tomar cada cosa que cuento y usarla a su favor”. Ambiciosa la piba, pero si vamos a pedir, pidamos bien.
El trabajo periodístico me permite ser una testigo privilegiada de procesos de innovación. Cada entrevista, cada punto de vista, cada viaje a los epicentros globales de la creatividad, cada encuentro con mentes brillantes, ha sido y sigue siendo una lección continua de las miles de formas que puede tomar la innovación. Aprendí que ser innovador no es un privilegio reservado para unos pocos, sino una necesidad y una posibilidad que está latente en cada uno de nosotros. Descubrí que innovar no requiere una genialidad extraordinaria, sino una predisposición hacia la curiosidad. Es esta lente la que nos permite ver más allá de lo obvio, detectar los cambios sutiles y reimaginar lo que ya existe. Aprendí que la tecnología actúa como gran catalizador, multiplicando exponencialmente nuestras capacidades de transformación. Pero también aprendí que lo que importa, por sobre todo lo demás, son las personas, sus historias y sus actitudes. Estas son las que inspiran y moldean el mundo.
100 secretos de innovación nace desde este deseo: darle una casa común a todo esto que cuento, con lo que me encuentro a partir de mi trabajo y que comparto en todos los formatos posibles. Más allá de definiciones formales, entiendo la innovación como un ejercicio de evolución personal. No se trata solo de crear algo nuevo, sino de desarrollar consistentemente nuestra mejor versión posible, entregando valor en cada paso. ¿Qué significa innovar para vos? ¿Cómo lo expresás en tu trabajo y en tu vida? Son preguntas que quiero despertarte , y ojalá que cada una de estas 100 propuestas sea una chispa de inspiración que te ayude a contestarlas.
Para facilitarte la lectura, estructuré estos “bocaditos” de conocimiento en cuatro categorías, pero te adelanto que vas a poder entrelazarlos de muchas maneras de acuerdo a lo que busques. En las próximas páginas vas a encontrar:
Ideas: conceptos que expanden los límites de lo posible.
Actitudes: formas de pensar y comportamientos que catalizan la transformación.
Personas: historias e ideas de innovadores que inspiran.
Métodos: herramientas prácticas para implementar el cambio.
Las cuatro categorías aparecen intercaladas y señalizadas cada una con un ícono referente que te ayudará a navegar fácilmente entre los diversos temas. El libro está pensado para que puedas abrirlo en cualquier página, ya que los capítulos son independientes y no correlativos entre sí. Que tu curiosidad sea la brújula que te permita descubrir nuevas maneras de hacer, gestar ideas, cuestionar límites y hasta empezar a construir proyectos y relaciones más profundas e innovadoras.
100 secretos de innovación es mi primer libro solista luego de las increíbles experiencias de coautoría que fueron La fábrica de tiempo y Cómo domar tus pantallas bajo este mismo sello y casa editorial junto a Pablo Fernández. Verás que el uso estratégico e intencional del tiempo sigue siendo un tema fundamental para mí en este nuevo trabajo.
Ah, casi me olvido de lo más importante. ¿Libro le dije a esto? Te mentí. Este es tu nuevo cuadernillo de tareas para el hogar (o la oficina). Yo ya hice mi parte y ahora es “Tu turno”: así se llama la sección que encontrarás al cierre de cada capítulo con preguntas y desafíos para accionar en tu día a día. Conseguite un lápiz antes de seguir adelante porque estos secretos te necesitan protagonista para hacerse útiles.
El creativo Seth Godin dice que un buen blog no se trata necesariamente de un contenido excepcional, sino de contarles a las personas algo que quizás ya sabían, pero de una forma tal que sientan la necesidad de contárselo a sus amigos, porque creen que les va a servir. Deseo con todo mi corazón que se te despierte esa urgencia mientras leas. ¿Empezamos?
100. Cuando la experiencia puede complicar las cosas
Solemos creer que una de las principales barreras que nos impiden innovar es el hecho de no tener tiempo para pensar. ¿Pero si fuera justamente el estar pensando todo el tiempo, de manera ininterrumpida, lo que no nos permite concebir algo nuevo?
Esta es una de las preguntas que dispara Duncan Wardle, exdirector de Creatividad e Innovación de Disney, en su libro El emporio de la imaginación, recetas creativas para la innovación (Amplify Publishing, 2024). Wardle describe nuestro “río de pensamientos” como un caudal que contiene toda nuestra experiencia y especialización que acumulamos a lo largo de nuestras carreras. Cuanto más tiempo pasamos en nuestra industria o rol, más rápido, profundo y ancho es ese río. Y es ese río el que hay que abandonar para poder ver otros paisajes e imaginar nuevas preguntas.
El creativo trae la famosa declaración de Einstein, “la imaginación es más importante que el conocimiento”, como principio rector. Dice que el conocimiento, aunque valioso, a menudo crea límites y se interpone en el camino de la imaginación, argumentando que la experiencia y las vivencias pasadas moldean nuestros pensamientos y limitan nuestra capacidad de ver nuevas posibilidades. Para romper con la inercia de lo conocido, explica cómo habilitar la pregunta “¿y si…?” que permite a los equipos romper metafóricamente todas las reglas de su industria (sus ríos conocidos) y generar nuevas geografías.
Otro mito que busca desterrar es ese que sentencia que no se puede innovar sin recursos o en ambientes muy regulados. “Si los recursos nos hicieran creativos, los niños serían las personas menos creativas del planeta, y son las personas más imaginativas que conoceremos”, sostiene. El mensaje para quienes trabajan en sectores muy regulados es igual de directo: la creatividad prospera sobre todo en condiciones de restricción.
Es en esas condiciones en las que se ve la valentía para hacer la propuesta, el coraje con el que se asume la defensa del proyecto y se encaran los obstáculos y la perseverancia con lo que se lo intenta. “Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, probablemente tengas razón”, dice, citando a Henry Ford. Su emporio de la imaginación invita a crear una cultura en la que la creatividad no sea un evento, sino un hábito.
Tu turno
La próxima vez que tengas que trabajar en un proyecto o idea, compartila en una etapa temprana con algún colega de otra industria o alguien junior que recién ingrese a la tuya. ¿Qué perspectiva alternativa aportan?
99. Un tablero de visualización para avanzar
Muchos aprovechamos las semanas de vacaciones o cambios de año para barajar y dar de nuevo. Nos reacomodamos y tratamos de sacarle ventaja al impulso de esos días, que tienen un aire distinto. Y para quienes buscan darle estructura y claridad a la presentación de su próximo proyecto, existen los tableros de visualización de metas, también conocidos como vision boards. Aunque no son nuevos, conozco muchos profesionales que los usan dentro de su planificación, y ahora aparecen renovados por las posibilidades que les agrega la tecnología.
“Los tableros de visualización sirven para tener una representación gráfica de nuestros objetivos, ideas, intenciones y metas. Pueden tener formas distintas, una hoja con dibujos y palabras, un corcho con imágenes, un mural, un collage o un mapa mental”, me explicó Ana Dorado, facilitadora en pensamiento visual, con formación en metodologías ágiles.
Explica que diseñar y tener presente esa lista de metas ayuda a conseguirlas, y esto se fundamenta en la estimulación del Sistema Reticular Activador Ascendente (SARA), una red del cerebro que filtra la información que recibimos y decide en qué enfocamos nuestra atención. Esa visualización de objetivos activa el sistema y ayuda a detectar oportunidades relacionadas con esas metas. Además, el cerebro procesa las imágenes más rápido que el texto, poniendo en juego también la dopamina y la recompensa anticipada: si logro una imagen auspiciosa de ese futuro deseado, la anticipación de la recompensa puede activar los sistemas dopamínicos, generar placer y regular el campo atencional.
Pero visualizar es solo el primer paso. Para que esta herramienta funcione, debe contener metas tangibles. “Dibujarlo no hará el trabajo, hay que entrar en acción, derribar los pensamientos limitantes y volcar objetivos que creemos posibles”, completa Dorado.
Quienes precisen inspiración para comenzar pueden encontrar cientos de ejemplos y plantillas en la aplicación gratuita de diseño Canva. Muchos lo confeccionan de manera artesanal, recortando imágenes y escribiendo palabras y deseos (puede ser un buen plan para hacerlo con otros), creando un gran collage. Otros optan por lo digital y luego lo imprimen, para tenerlo a la vista, cerca del espacio de trabajo o de estudio. La clave es que esté a mano, que solo se necesite levantar la vista para recordar, una y otra vez, qué es lo que queremos lograr y darles sentido a los esfuerzos diarios que eso conlleva.
Tu turno
Tomate cinco minutos para visualizar el comienzo de tu tablero. ¿Qué cuatro imágenes te vienen primero a la cabeza? Podés tomarlas como impulso para completarlo próximamente.
98. Más tiempo para pensar
En un mundo en el que en pos de la productividad y la novedad siempre “hay” que hacer algo más, qué difícil resulta encontrar tiempo para pensar. Saltamos de un estímulo al otro sin espacio para el intercambio profundo de ideas o para reflexionar sobre lo que vamos viviendo. Es el modo que impera y que nos distrae, en muchas ocasiones, de lo importante.
En una publicación de la revista Nature de 2024 titulada “Los científicos necesitan más tiempo para pensar”, se advierte sobre el daño que esto le está haciendo a la academia. Los científicos sociales Michael Park y Russell Funk sostienen que los descubrimientos científicos se están volviendo menos disruptivos, a pesar de que ahora se publican muchos más papers y no escasean las becas de investigación. Lo que escasea es el tiempo para detenerse y pensar, una habilidad tan esencial como subestimada.
El tiempo para pensar, necesario para concentrarse sin interrupciones, es esencial para diseñar experimentos, recopilar datos, evaluar resultados, revisar la literatura existente y, por supuesto, escribir y producir conocimiento nuevo. Sin embargo, rara vez se cuantifica en las prácticas laborales. “El problema del tiempo es esencialmente difícil, porque no es solo un desafío individual, sino también colectivo. Y mientras el sistema completo no cambie, es remar contra la corriente. Muchas empresas y organizaciones siguen midiendo la productividad en términos de metas alcanzadas, sin considerar que, para ciertas tareas, lo que hace falta es espacio mental para reflexionar, explorar ideas y construir soluciones mejores”, me explicó Guadalupe Nogués, divulgadora científica y autora del libro Pensar con otros (El Gato y la Caja, 2020).
Atenta a la amenaza que esto supone para su trabajo, Nogués trata de combatirlo controlando las notificaciones de sus dispositivos y empleando la primera hora de la mañana para pensar en profundidad antes de abocarse a su ajetreada jornada. Y cada vez que tiene un “tiempo muerto”, evita ir a las pantallas a scrollear y prioriza leer un artículo pendiente.
Pero esto no es solo un problema de la academia, sino de cualquier ámbito innovador. Sin tiempo para pensar, dejamos de ser creativos, reflexivos y estratégicos. ¿Cuánto más podríamos lograr con más tiempo para pensar? Parece contrafáctico: no pensamos más porque “no tenemos tiempo”, entonces nos volcamos a hacer sin terminar de entender si lo hacemos de una manera asertiva y que aporte valor. Y así, mientras la tecnología sigue sumando herramientas que liberan tiempo de tareas automatizables, también crece nuestra necesidad de “protegernos” de la abundante comunicación instantánea non stop.
Tu turno
¿Te tomás tiempo para pensar antes de hacer?
Te propongo que a cada reunión que agendes le agregues 10 minutos al comienzo y se los dediques solo a pensar en lo que sigue en tu día.
97. ¿Qué es hoy el éxito profesional?
En la misma semana en la que Amazon anunció a nivel global que sus empleados deberían volver de manera presencial a las oficinas cinco veces al día en 2025, en Argentina se presentó el informe de la asociación de profesionales sub 40 IDEA Joven titulado “¿Qué es el éxito profesional?”, en el que se indaga qué opinan los profesionales menores de 40 años sobre qué es lo más importante para considerarse exitosos.
En primer lugar, 8 de cada 10 personas contestaron que es tener un trabajo flexible que permita un balance entre la vida personal y la profesional. Luego, casi 7 de cada 10 ligan el éxito a un trabajo que permita la realización profesional y aprender de forma continua. En tercer lugar, con el 46 % de las respuestas, se menciona un buen ingreso.
La brecha que se evidencia entre los deseos de las nuevas generaciones y los liderazgos más tradicionales promete no una, sino muchas batallas ligadas a las diversas formas de trabajo que encontraron en la pandemia una experiencia que para muchos no tiene vuelta atrás. Compañías como Amazon esgrimen que se busca recobrar la colaboración entre pares, aumentar la productividad y permear mejor la cultura, algo que se dificulta en el modo remoto. Y sí. Hay evidencia bien documentada de mermas en productividad, equipos que se encierran en sus silos y menos sentido de pertenencia a una cultura cuando no se va a la oficina. También hay otros tantos que resaltan las bondades del trabajo híbrido, con 8 de 10 personas que aseguran que no volverían a aceptar un puesto en el que no puedan tener cierta decisión sobre el lugar y modo de vivirlo, y 6 de cada 10 que renunciarían al empleo actual si se les pidiera la presencialidad completa.
El mundo no es el mismo que en 2020, y la exigencia de “volver a como era antes” encierra un error conceptual: pensar que el lugar que ocupa el trabajo en la vida de las personas es algo inmutable, que no evoluciona junto a las sociedades y a sus momentos históricos. Del informe de IDEA se desprende también que lo que más varió para esta generación es que un cargo o ingreso ya no hacen al éxito y que el balance es el máximo aspiracional.
Al anuncio de Amazon le siguieron todo tipo de reacciones. Muchos esperaban que “una de las grandes” pague el costo de ser la primera en pedir el regreso total a la oficina para poder usarla como ejemplo. Otros vaticinan una fuga de talentos, que creen que hará suavizar las decisiones más drásticas hacia una negociación en la que los empleados tengan injerencia y voz en el diseño del nuevo trabajo. El tiempo dirá quién gana la batalla.
Tu turno
Te propongo que pienses tu propio top 3: ¿qué es lo más importante para poder considerarte exitoso/a en tu trabajo? ¿Está en coincidencia con tu presente?
96. La era de la perspectiva
“Segundo cerebro” es el término que acuñó el especialista en creatividad y productividad Tiago Forte para definir el conjunto de los dispositivos que podemos usar para organizarnos y sistematizar (por fuera de la cabeza) el universo de ¿tareas? que debemos atender. Me gustó su provocación para describir este tiempo vertiginoso, de IA y de sobreabundancia de información, como la Era de la Perspectiva.
Según Forte, la primera mitad del siglo XX se trató de aprender a organizar el espacio físico. Inventamos archivadores, agendas, blocs y otras herramientas analógicas para ayudarnos. Esto fue la Era del Espacio, cuando la frontera del valor económico estaba en organizar y capitalizar el espacio físico y los recursos que contenía.
Luego, el consumismo y los medios de comunicación trasladaron esa frontera hacia el tiempo, que se convirtió en el nuevo recurso escaso que todos intentaban aprovechar. La Era del Tiempo se trataba de “dispositivos que ahorraban trabajo”: lavavajillas, lavarropas y cortadoras de césped, que se suponía que desbloquearían grandes cantidades de tiempo libre. Sin embargo, usamos ese lapso ahorrado para trabajar aun más. La “gestión del tiempo” y los planificadores se volvieron furor a medida que la gente intentaba exprimir hasta el último minuto de sus días. Pero el día solo tiene 24 horas.
Como resultado, la frontera volvió a cambiar a finales del siglo XX hacia la Era de la Atención. Este es hoy el recurso más escaso y valioso que tenemos. Un semáforo en rojo y el tiempo en el que se hace el café son minutos que “hay que aprovechar”. Pero esta no es la frontera final. “Creo que estamos cerca del final de la Era de la Atención por una sencilla razón: ya no queda atención que cosechar, la frontera se está moviendo hacia una nueva fuente de valor, la Era de la Perspectiva”, dice Forte.
A medida que la inteligencia artificial transforma cada vez más la economía, el sentido de la perspectiva se está convirtiendo en el recurso más escaso y preciado. Eso incluye la sabiduría y la experiencia de vida para distinguir qué importa y qué no, ver más allá de las pruebas del momento y mantener la mirada fija en la visión a largo plazo.
El espacio, el tiempo y la atención seguirán siendo componentes esenciales de nuestra realidad. Pero la perspectiva nos permite ampliar nuestra creatividad humana, una habilidad que aun ninguna IA puede emular. Usemos herramientas de productividad que eliminen el trabajo pesado de poco valor para dedicar el tiempo a encontrar lo singular y creativo de nuestra propia voz.
Tu turno
¿Dirías que sos capaz de aportar perspectiva a tus tareas? Si no es así, ¿cómo podrías empezar a incorporar ese valor para entender qué es ruido y qué es útil entre toda la información que te llega?
95. Productividad lenta para sobreocupados
Nuestra definición de productividad está rota. Lo sabemos, lo experimentamos a diario y, sin embargo, nos cuesta mucho modificar los patrones habituales de trabajo. Asistimos a más reuniones de las que podemos pr
