AGRADECIMIENTOS
Quiero agradecer a todas y todos aquellos con quienes he compartido cada una de las luchas que se narran en este libro, porque toda pelea es colectiva.
Mi agradecimiento mayúsculo a todas mis compañeras y compañeros del Partido de Trabajadores Socialistas (PTS) de Argentina y nuestra corriente internacional. Este libro no puede escindirse de los debates teóricos y políticos, la experiencia ganada en las luchas por la memoria, la verdad y la justicia, en las luchas feministas, de la diversidad sexual, antirrepresivas, ambientales, estudiantiles, de los sectores populares, antiimperialistas, internacionalistas y, fundamentalmente, en las luchas de nuestra clase trabajadora sindicalizada, precarizada y sin empleo, que moldearon a varias generaciones militantes de izquierda, con las que compartimos el anhelo de una sociedad socialista.
Y especialmente mi agradecimiento a mi compañera Andrea D’Atri, porque este libro es el resultado de una larga conversación discontinuada que mantuvimos durante varios meses, cuya escucha, comentarios y capacidad para ordenar nuestro caótico diálogo lo hicieron posible.
Agradezco también las lecturas preliminares, atentas y enriquecedoras de mis compañeros Christian Castillo y Raúl Godoy. Y a Virginia Rom, por “el aguante” con (y más allá de) este proyecto.
Espero honrar nuestro común compromiso militante con estas reflexiones sobre el rol que cumple la izquierda, cada día, interviniendo en las luchas de nuestro pueblo, y sobre cuál es la perspectiva estratégica con la que lo hacemos.
MYRIAM BREGMAN
Buenos Aires, diciembre de 2024
UNA PASIÓN ALEGRE
PRESENTACIÓN
Myriam Bregman habla aquí, entre otras cosas, de las pasiones tristes que promueve la ultraderecha en esta etapa decadente del capitalismo. Esa no es una promoción simplemente sádica, sino instrumental. Es que las pasiones alegres pueden ser peligrosas para el statu quo, porque —como dice Spinoza— aumentan la potencia, la capacidad de actuar; mientras que, para el filósofo maldito, la ira, la indignación o el miedo conducen a la inacción y el sometimiento.
Entonces, me viene a la cabeza algo muy banal, pero que al mismo tiempo conforma una metáfora: las innumerables fotografías que nos han tomado juntas en cada una de las movilizaciones, las luchas y los encuentros militantes que hemos compartido con Myriam en tantos años. En todas, indefectiblemente, aparecemos riéndonos, despeinadas y hablando entre nosotras. Tanta casualidad no puede ser impericia de los fotógrafos; siempre nos burlamos de nosotras mismas por esto. Es algo trivial, pero quiero tomar esas imágenes como un pequeño símbolo de la vitalidad con la que asumimos nuestros compromisos militantes: nuestra militancia socialista revolucionaria es, sin duda, una pasión alegre. ¿Acaso puede haber algo más liberador y gratificante —especialmente para las mujeres—, en medio de tanta desolación capitalista patriarcal, que saberse conspirando con otras y otros por una sociedad sin opresiones, sin explotación, sin exterminios ni depredación del planeta? Nuestra pasión alegre se alimenta de la rabia que nos provoca este sistema putrefacto y, en los momentos sombríos, sostiene nuestra lucha colectiva, tenaz y persistente por una transformación absolutamente radical.
Esto es lo primero que pienso cuando “La Rusa” —como la apodamos— me pide que escriba una presentación para su libro contando un poco de la cocina, del “entrecasa”, de su gestación. Y entonces elijo confesar que, así como en las fotos —riéndonos y despeinadas—, conversamos durante varios meses sobre muchos temas. Diálogos frecuentemente interrumpidos, largos audios de Whatsapp y un drive que se llenó de anotaciones inconexas como la bitácora de un barco a la deriva fueron la antesala de este libro.
Es una sencilla demostración de algo de lo que estamos absolutamente convencidas: nunca nadie es sola, ni piensa sola ni escribe sola, aun cuando lo haga en primera persona del singular. Y mucho menos quienes somos, ante todo, militantes socialistas; porque en ese camino de lucha hay muchos combates parciales, a veces extendidos y desgastantes, a veces duros y desconsoladores, que solo pueden sostenerse en fuertes relaciones de camaradería y compañerismo, donde el cuidado y la confianza mutua son indispensables, aunque no siempre ocupen el primer plano.
Y esos valores no son mandatos, ni prescripciones morales, sino que surgen justamente de la necesidad que anida en esas luchas a las que adherimos libre y voluntariamente. Allí se crea un “nosotros” potente que, como lo demuestra la historia de la lucha de clases, incluso es capaz de soportar la represión, la persecución y de guardar la memoria de las derrotas para transformarla en un hilo de lecciones para las generaciones futuras.
Parafraseando a la feminista afroamericana bell hooks, si en vez de vincularnos basándonos en la condescendencia de la victimización o solamente contra un enemigo común lo hiciéramos sobre la base de un compromiso político afirmativo, por un proyecto que busque terminar con este régimen social de iniquidad y oprobios, seguramente crearíamos vínculos más resistentes a las miserias individuales y contradicciones cotidianas que a todos nos atraviesan. Solo de esta manera nuestra comunidad revolucionaria puede convertirse, además, en un espacio creativo, enriquecedor, pleno y constructivo, abierto al mundo. Y potenciar, colectivamente, los logros personales, como este libro de Myriam Bregman, que transmite con apasionamiento el combate contra la resignación, la mansedumbre y el conformismo. Un libro que toma partido por todos aquellos que son demonizados por los poderosos, por los que gobiernan, por los que quieren conservar su dominio explotando y oprimiendo a otres. Por todos esos que sintetizan sus injurias y agravios contra quienes se rebelan en una palabra que, por el contrario, nos llena de orgullo: “zurda”.
ANDREA D’ATRI
Buenos Aires, diciembre de 2024
RECOGER EL GUANTE
PRESENTACIÓN
En la “Advertencia” de sus célebres Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, José Carlos Mariátegui escribió: “Mi pensamiento y mi vida constituyen una sola cosa, un único proceso. Y si algún mérito espero y reclamo que me sea reconocido es el de —también conforme un principio de Nietzsche— meter toda mi sangre en mis ideas”. Los ecos de la famosa Tesis XI de Marx resuenan en las palabras de uno de los marxistas más destacados de nuestro continente: hay que interpretar el mundo, sí, pero de lo que se trata es de transformarlo.
Ese espíritu recorre también las páginas de este libro, que postula
