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Una tarta pintada no saca el hambre.
Proverbio zen
PRÓLOGO
Un hijo es un vínculo, un lazo y una relación, una gran complejidad de interacciones complejas, sobre todo cuando descubrimos que cada hijo es una persona única, diferente y universal.
Me rindo al impulso de traer al momento presente el cofre de recuerdos que el corazón convoca y al que la mente amablemente adhiere. Pero los recuerdos simplemente inspiran y se desvanecen para volver a dejar paso a la realidad del presente. Donde está el corazón.
No necesito activar la mente y el cerebro que tienen la capacidad de calcular exactamente. Años atrás llegó Francisco a la decisión de hacer el programa de entrenamiento en la práctica de la presencia.
Me alegro de no haber intentado convencer a este ni a ningún otro hijo. No me resulta saludable convencer ni que me convenzan.
Él llegó, se quedó, practicó con determinación y el último día del cierre declaró en el grupo que sentía que la práctica era la herencia más valiosa que le dejaba. Comprendí inmediatamente que algo similar a lo que me había sucedido a mí le estaba ocurriendo a él. La práctica le tomó el corazón.
Nunca tendremos certeza de los tiempos en que las personas están listas para cambiar y transformarse. Para despertarse del letargo de los automatismos.
En un momento el reloj suena… Algunos no oyen. Otros oyen, pero manotean para apagar la alarma y siguen durmiendo. Otros están dispuestos a despertar. Fran despertó en ese programa.
Hoy, a la alegría y el agradecimiento de estar escribiendo el prólogo, se suman la alegría y el agradecimiento de presenciar en Fran una evolución que hace que transmita desde el único lugar que puede transmitirse: la práctica como camino de vida.
En este camino simple, y de tan difícil evolución, Fran ha descubierto su propio estilo de transmisión, sin clonar, tal vez siendo influenciado, pero sin quedar atrapado. Es una señal de que ambos hemos sabido darnos el espacio para descubrir la distancia exacta que nos une y nos diferencia desde el vínculo profundo de madre e hijo, nos mantiene enlazados ante las diferencias y nos permite cultivar una relación nada fácil, pero que el amor hace más simple.
Fran decidió tomar el cuerpo como eje central. Como madre e hijo hemos compartido el cuerpo. Hemos entremezclado desde el cuerpo inhalaciones y exhalaciones, emociones, sentimientos, sensaciones, dolor, alegría, y en un descuido, sufrimiento, confusión, reacción, tensión.
Abro la mano, los hijos tienen que partir. Y no solo Fran. También Loli, Margie, Juanchi y Andrés. Deseo de corazón que puedan elegir, ejercer la libertad como don único y recibirme como a una mamá humana con aciertos y desaciertos.
De corazón los recibo a ellos.
Gracias, Fran, por esta posibilidad.
CLARA BADINO
PRÓLOGO DEL AUTOR
Tres motivos me llevaron a escribir este libro. El primer motivo es que noto, cada vez más, la tendencia a conceptualizar la práctica de Mindfulness. Muchas personas quedan maravilladas con los datos científicos o las frases profundas. El deporte favorito del hombre moderno es estar “informado”. Creemos saber a partir de escuchar una charla o leer algún libro. Esto puede ser real para algunas cuestiones, pero en lo que a Mindfulness respecta, es como creer que memorizar un libro de Alain Ducasse me va a permitir cocinar como él.
El segundo motivo es el peligro de creer que Mindfulness es “respirar”. No niego el poder de la respiración para la integración Mente-Cuerpo, pero Mindfulness va más allá. A veces la práctica se reduce hasta convertirla en una técnica respiratoria para lograr cambios fisiológicos, químicos y cognitivos. Esto transforma a Mindfulness en un camino más del hombre occidental para lograr resultados como relajarse, pasarla mejor o ser más atento, compasivo o altruista.
El tercer motivo es que, si bien es muy importante reconocer que la raíz de Mindfulness proviene de Oriente, tenemos que considerar que no somos orientales. Que el medioambiente hace al cuerpo, los pensamientos y las emociones. Hacer un copy paste (copiar y pegar) de algunas prácticas meditativas puede ser riesgoso y en algunos casos hasta expulsivo para el adepto.
Por eso el libro intentará que vos, lector, descubras una forma de practicar Mindfulness más occidental. Que puedas tener a mano herramientas pragmáticas para el día a día en la ciudad, en la sociedad moderna del siglo XXI, sin caer en el extremismo de perder la verdadera esencia de la práctica que es y seguirá siendo de origen oriental.
Así pues, te invito, si estás decidido a introducirte en el camino de Mindfulness por este medio, a tres únicas cuestiones: practicar, practicar y practicar, atravesados por el cuerpo. Mi más profundo agradecimiento a esos primeros maestros del Lejano Oriente que llegaron a estas partes del mundo a transmitir sus enseñanzas. A los que tuvieron la humildad y la enorme inteligencia de adaptarlas a nuestra cultura.
También a todas las personas que están comprometidas en el camino de hacerse cargo de sus propias vidas, decididos a sanar y dejar de culpar hacia afuera.
Deseo de corazón que este libro pueda ayudarte a comenzar o seguir en el camino del autoconocimiento y la verdadera libertad, como dice Krishnamurti: “La libertad primera y última consiste en descubrir y vivir desde nuestra verdadera esencia para hacer lo que realmente cada uno de nosotros vino a hacer en esto que llamamos vida”.
SOBRE LA LECTURA DE ESTE LIBRO
Si el libro está en este momento en tus manos y aún no decidiste llevarlo, te recomiendo que leas algunos de los testimonios que se encuentran en el capítulo 3. Te darán una idea de las aplicaciones de Mindfulness en la vida diaria. Incluso, tal vez te identifiques con alguna historia y pueda ser una oportunidad para que te animes a comenzar en este camino.
Al inicio propongo saber dónde estoy ubicado. Cuál es el ritmo de vida que llevo, cómo se genera y qué puedo hacer al respecto. De dónde surge la mente, la posibilidad de reeducar y de pasar del modo supervivencia al modo bienestar.
Y luego seguir a lo más importante, ya que se trata de la verdadera esencia de Mindfulness: la práctica. Consta de diferentes ejercicios que permitirán, sin prisa y sin pausa, liberar al cuerpo de tensión e integrar la mente a través del cuerpo (estado de presencia). También será la posibilidad de crear un espacio disciplinado para entrenar el libre albedrío a través de la presencia del corazón para manejar los pensamientos y emociones de una manera más saludable y equilibrada.
IMPORTANTE: Si estás en tratamiento psiquiátrico o psicológico consultá a tu terapeuta antes de iniciarte en este camino. Los ejercicios corporales no plantean una gran exigencia física, pero sí es fundamental que no te fuerces y escuches a tu cuerpo. Él te dirá con mucha claridad hasta dónde podés llegar momento a momento y día a día.
1. UBICARNOS
MENTE ANTIGUA: LOS CIMIENTOS
Mundial de fútbol de Brasil 2014: un adolescente parapléjico es el encargado de dar el puntapié inicial. Lo hace a través de un exoesqueleto que es controlado por su mente. Este es uno de los tantos ejemplos del poder de la mente y de cómo esta impacta en el cuerpo. Así como la mente tiene el “poder” de decirle a un robot que patee una pelota, también lo tiene para generar estrés, ansiedad y miedo.
La base de la mente (que comprende pensamientos y emociones) se da en los siete primeros años de vida. Los dos primeros años son claves en lo que respecta al aprendizaje de cuestiones básicas como caminar, comer, hablar y también la forma en que nos vinculamos. Es en esta época de nuestra vida donde se generan los cimientos del mundo vincular: con uno mismo, con el medioambiente y con los demás. Todo esto es “dirigido” por la mente.
¿Cuál es el principal objetivo del aprendizaje en esta temprana edad? ¿Por qué copiamos o imitamos lo que nos rodea? Para sobrevivir.
El objetivo primario de cualquier ser vivo es ese: la supervivencia. Y la raza humana no escapa a esta condición. Aún prima en nosotros nuestra condición animal, de mamíferos que buscan sobrevivir al medioambiente, y la mente es una de las herramientas más poderosas y refinadas de nuestra especie para este fin. Pero hay una condición clave para que el mamífero humano pueda sobrevivir: la manada.
Imaginate por un momento a un bebé que nace e inmediatamente es abandonado sin ningún tipo de contacto con otro ser vivo. ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir? No puede alimentarse por sí mismo o protegerse del clima o de cualquier amenaza que surja. El bebé humano es especialmente vulnerable. Somos los mamíferos más expuestos y frágiles de todos por el hecho de que, durante nuestros primeros años de vida, dependemos ciento por ciento de las personas que nos cuidan.
En esta “lucha” por sobrevivir es donde comienza a manifestarse la emoción de base: el miedo. Debajo del enojo, la ansiedad, la tristeza o las fobias está solapado el miedo. Es la emoción más eficaz para la supervivencia, ya que se dispara ante una percepción de amenaza y tiene como desencadenante tres posibles caminos: lucha, huida o parálisis. Un niño que agrede a otro no es un niño problemático, es la reacción desde el miedo a sobrevivir, a protegerse. Un niño que no registra la violencia de su madre no es un niño distraído, es uno que se protege desde la huida (su cuerpo está, pero su mente “viaja” a otra realidad).
A partir de este miedo se generan dos capacidades que son características de la sociedad adulta del siglo XXI: la comparación y la competencia. Como dependemos totalmente de nuestros cuidadores para sobrevivir, estamos pendientes de hacer todo lo posible para pertenecer a la manada. A veces digo en las clases, medio en broma, medio en serio, que los hijos en sus primeros años de vida no aman a sus padres, sino que les dan cariño y afecto por “conveniencia”, ya que son estos los que a cambio les brindarán alimento, techo y cuidado.
De allí surgirá la comparación, por ejemplo, “tengo que ser igual a mi hermano mayor porque mis padres están orgullosos de él”, o “tengo que competir con mi padre porque mi madre le expresa mucho cariño”, o “la forma de pertenecer a la manada es enojándome con mis padres cuando no me dan lo que quiero”. A partir de la comparación nace la competencia. Esta tiene como objetivo pertenecer al grupo, que me vean, y ser aceptado y reconocido.
Vamos entonces, en estos primeros años de vida, cultivando una mente que tiene tres principales características: el miedo, la comparación y la competencia.
Casi todo lo creado por el humano occidental promedio se genera desde estas tres bases: la educación, el deporte, la forma de hacer negocios, la conformación de los países y sus leyes. Todo está regido por el miedo, la comparación y la competencia. El gran problema de esto son los estados-rasgos de ansiedad, estrés, miedo e ira.
Objetivo de la Mente Antigua: la supervivencia
Miedo: emoción de base para la supervivencia. Activa el sistema de lucha, huida o parálisis.
Comparación: con lo que fui, lo que soy y lo que puedo llegar a ser (sobreexigencia), con el otro.
Competencia: ser más: exitoso, inteligente, alto, flaco, lindo, poderoso, solidario, etc., con el fin de pertenecer, de ser reconocido. En realidad, las especies evolucionan en cooperación. El humano cree que evoluciona compitiendo.
EL IMPACTO DE LA MENTE ANTIGUA
EN NUESTRA VIDA
Una de las grandes epidemias de este siglo en Occidente es la ansiedad. ¿Quién no ha experimentado este estado? Este estado sostenido en el tiempo pasa a ser un rasgo. Podemos decir que la ansiedad es uno de los rasgos distintivos de la cultura occidental. ¿Cómo se origina la ansiedad? ¿Existe la persona ansiosa?
Las causas son múltiples (la genética y el medioambiente, para nombrar dos), pero vamos a indagar sobre “la” causa: la mente.
La mente es la principal responsable del estilo de vida del siglo XXI que tiene como característica el vértigo, el miedo y la ansiedad. A través de la comparación y de la competencia, de lo heredado, imitado y aprendido, la mente genera:
1. Sobreexigencia
2. Sobreestimulación
3. Sobreadaptación
¿Te suenan? Si es así, tal vez también estas tres:
1. Desatención
2. Desregulación
3. Desequilibrio
El “sobre” genera el “des”.
Sobreexigencia. Carlos Salvador Bilardo fue el director técnico de la selección argentina de fútbol cuando ganó el Mundial de México 1986 con Diego Maradona en la cancha. La historia dice que Bilardo no festejó el campeonato del mundo. ¿La razón? No podía creer que Alemania (el rival en la final) le había hecho dos goles de pelota parada. Para muchos argentinos, Bilardo es el sinónimo de éxito. Pero pongámonos un momento en la cabeza de Bilardo. Acababa de ganar un mundial con el mejor jugador del mundo en su equipo y no festejó. Todos tenemos un “pequeño Bilardo” dentro de nosotros que nos dice: “no sos lo suficientemente inteligente, lindo, joven, alto, rico, etc.”.
¡El sobreexigente es un insatisfecho crónico!
Sobreestimulación. Te propongo un pequeño experimento, cerrá los ojos, quedate quieto, sin hacer nada… observá. ¿Cuántos pensamientos surgen, uno, dos, tres, cinco, diez? ¿Podés quedarte quieto sin hacer nada? Probablemente te des cuenta de que la mente te pide estímulos, que se aburre con facilidad, que necesita hacer algo productivo.
Se estima que un niño occidental tiene como promedio unos 150 juguetes. Hemos creado una necesidad de tener y de consumir que se confunden con necesidades reales. Nadie necesita tener el iPhone 7 plus o el último calzado de moda. Creamos necesidades para poder pertenecer, para sentirnos parte.
Sobreadaptación. ¿Cómo te sentiste cuando te despertaste hoy? ¿Te levantaste cansado? ¿Hubieses querido dormir un par de horas más? ¿Desayunaste tranquilo? ¿Almorzaste sentado? ¿Te hiciste tiempo para descansar? ¿Para hacer algo que disfrutes? Nos cuesta mucho poder decir que “no”, estamos cansados, agotados y a pesar de eso vemos maratones en Netflix, hacemos crossfit, salimos a correr, vamos a bares hasta muy tarde.
Si vivimos “sobre” estaremos “des”.
Desatención. Muchas de las personas que acuden a los programas de Mindfulness lo hacen para mejorar su atención. Incluso llegan personas que son derivadas por neurólogos quienes, luego de realizarle a la persona un examen exhaustivo (motivo de consulta, “lagunas”, olvidos permanentes), se dan cuenta de que la persona no tiene ninguna deficiencia a nivel neuronal. La atención es una especie de superpoder en esta sociedad donde muchos viven desatentos a lo que está sucediendo en un constante piloto automático. Desde no poder recordar lo que están leyendo, estudiar, mantener una conversación, hasta dónde dejaron las llaves o el teléfono.
Desregulación. ¿Cómo dormís? ¿Cómo digerís? ¿Cómo está tu sistema inmune? ¿Y el reproductivo o el endocrino? Hay síntomas que como son comunes a muchos creemos que son normales. Es “normal” tomar pastillas para dormir, una digestión deficiente, un sistema inmune debilitado. Es común, pero de ninguna manera es normal. Si fuésemos conscientes de todo nuestro potencial para desarrollar el bienestar Mente-Cuerpo y de las consecuencias que esto tiene en nuestro organismo, tal vez tomaríamos más en serio estas palabras.
Desequilibrio. Cuando leemos en el diario que un hombre destrozó con un hacha un auto que estaba estacionado en su garaje o que algún congresista escupió a otro en plena sesión, nos sorprendemos. En general pensam
