Contenido
Portada
Dedicatoria
Filiaciones
Mapa 1
Mapa 2
Prólogo
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Créditos
El miedo le revolvió el estómago. «No me hará daño —se dijo—. ¡Por el Clan Estelar, es mi compañero de clan y Esquiruela confía en él!» Zarzoso no podía estar siguiendo un sendero que llevara a la sangre y las sombras, no si el Clan Estelar tenía tanta fe en que él y Esquiruela estuvieran juntos.
Más allá de los árboles, el lago reflejaba la pálida luz del alba. Incluso en ese momento, la asfixiante marea escarlata que había lamido pegajosamente la orilla le parecía a Hojarasca Acuática más real que el agua grisácea que ahora se extendía a sus pies, apenas ondulada por la brisa.
«Antes de que haya paz, la sangre derramará sangre y el lago se tornará rojo.»
¿Qué horrores aguardaban todavía al Clan del Trueno?
A Rod Ritchie, que fue el primero en imaginarse qué
sucedía en realidad más allá de la verja del jardín...
Gracias en especial a Cherith Baldry.
Filiaciones
CLAN DEL TRUENO
• Líder
– ESTRELLA DE FUEGO: hermoso gato rojizo.
• Lugarteniente
– LÁTIGO GRIS: gato de pelo largo y gris.
• Curandera
– HOJARASCA ACUÁTICA: gata atigrada de color marrón claro y ojos ámbar.
• Guerreros(gatos y gatas sin crías)
– MANTO POLVOROSO: gato atigrado marrón oscuro.
– TORMENTA DE ARENA: gata de color melado claro.
– NIMBO BLANCO: gato blanco de pelo largo.
– FRONDE DORADO: gato atigrado marrón dorado.
– Aprendiza: ZARPA CANDEAL
– ESPINARDO: gato atigrado marrón dorado.
– CENTELLA: gata blanca con manchas canela.
– ZARZOSO: gato atigrado marrón oscuro de ojos ámbar.
– CENIZO: gato gris claro con motas más oscuras, de ojos azul oscuro.
– ORVALLO: gato gris oscuro de ojos azules.
– ESQUIRUELA: gata de color rojizo oscuro de ojos verdes.
– ZANCUDO: gato negro de largas patas, con la barriga marrón y los ojos ámbar.
• Aprendices (de más de seis lunas de edad, se entrenan para convertirse en guerreros)
– ZARPA CANDEAL: gata blanca de ojos verdes.
– BETULO: gato atigrado marrón claro.
• Reinas (gatas embarazadas o al cuidado de crías pequeñas)
– FRONDA: gata gris claro con motas más oscuras, de ojos verde claro, madre del único cachorro superviviente de Manto Polvoroso.
– ACEDERA: gata parda y blanca de ojos ámbar.
– DALIA: gata de pelo largo color tostado, procedente del cercado de los caballos.
• Veteranos (antiguos guerreros y reinas, ya retirados)
– FLOR DORADA: gata de pelaje rojizo claro.
– RABO LARGO: gato atigrado de color claro con rayas muy oscuras, retirado anticipadamente por problemas de vista.
– MUSARAÑA: pequeña gata marrón oscuro.
CLAN DE LA SOMBRA
• Líder
– ESTRELLA NEGRA: gran gato blanco con enormes patas negras como el azabache.
• Lugarteniente
– BERMEJA: gata de color rojizo oscuro.
• Curandero
– CIRRO: atigrado muy pequeño.
• Guerreros
– ROBLEDO: pequeño gato marrón.
– CEDRO: gato gris oscuro.
– SERBAL: gato rojizo.
– TRIGUEÑA: gata parda de ojos verdes.
• Reina
– AMAPOLA: gata atigrada marrón claro de patas muy largas.
• Veteranos
– GUIJARRO: gato gris muy flaco.
CLAN DEL VIENTO
• Líder
– ESTRELLA DE BIGOTES: gato atigrado marrón.
• Lugarteniente
– PERLADA: gata gris.
• Curandero
– CASCARÓN: gato marrón de cola corta.
• Guerreros
– OREJA PARTIDA: gato atigrado.
– MANTO TRENZADO: gato atigrado gris oscuro.
– CORVINO PLUMOSO: gato gris oscuro, casi negro, de ojos azules.
– CÁRABO: gato atigrado marrón claro.
– NUBE NEGRA: gata negra.
– TURÓN: gato rojizo de patas blancas.
• Reinas
– COLA BLANCA: pequeña gata blanca.
• Veteranos
– FLOR MATINAL: reina color carey.
– TORRENTE: gato marrón claro.
CLAN DEL RÍO
• Líder
– ESTRELLA LEOPARDINA: gata atigrada con insólitas manchas doradas.
• Lugarteniente
– VAHARINA: gata gris oscuro de ojos azules.
• Curandera
– ALA DE MARIPOSA: preciosa gata atigrada dorada.
• Guerreros
– PRIETO: gato negro grisáceo.
– Aprendiz: fabuco
– ALCOTÁN: gato marrón oscuro de barriga blanca y ojos azules como el hielo.
– MUSGAÑO: pequeño gato atigrado marrón.
– GOLONDRINA: gata atigrada oscura.
– PIZARRO: gato gris.
– JUNCAL: gato negro.
– Aprendiz: torrentino
• Reinas
– MUSGOSA: gata parda de ojos azules.
– FLOR ALBINA: gata gris muy claro.
• Veteranos
– PASO POTENTE: corpulento gato atigrado.
LA TRIBU DE LAS AGUAS RÁPIDAS
– RIVERA DONDE NADA EL PEQUEÑO PEZ (RIVERA): gata atigrada marrón.
– BORRASCOSO: gato gris oscuro de ojos ámbar.
OTROS ANIMALES
– HUMAZO: musculoso gato blanco y gris que viveen un granero cerca de las caballerizas.
– PELUSA: pequeña gata gris y blanca que vive con Humazo y Dalia.
– PIPO: terrier blanco y negro que vive con los Dos Patas cerca de las caballerizas.
– MEDIANOCHE: tejona observadora de las estrellas que vive junto al mar.



Prólogo
El bosque se hallaba sumido en la oscuridad de la noche, y ni una brizna de viento agitaba la larga hierba que crecía al borde del camino por el que, a través de las sombras, avanzaba un enorme gato atigrado. El felino se detuvo irguiendo las orejas y entornando sus ojos de color ámbar. En el cielo no brillaban ni la luna ni las estrellas, pero los troncos de los árboles estaban cubiertos de un hongo que proyectaba un espeluznante resplandor sobre el suelo desnudo.
El enorme gato abrió las fauces para aspirar el aire, aunque no esperaba percibir el olor de una presa. Sabía que el movimiento de los helechos no significaba nada y que los retazos de oscuridad que veía agitarse con el rabillo del ojo desaparecerían como la niebla si saltaba sobre ellos. A pesar de que en aquel lugar no se pasaba hambre, añoraba la sensación de clavar las garras en una presa y saborear el primer bocado de carne caliente tras una buena caza.
De pronto, detectó un nuevo olor y el pelaje del lomo se le erizó de inmediato: era el de un gato, pero no pertenecía a ninguno de los dos con los que se había encontrado allí en otras ocasiones, sino a uno distinto, uno al que conocía desde hacía mucho tiempo. Echó a andar siguiendo el rastro oloroso, hasta que los árboles se espaciaron y se encontró en el lindero de un claro bañado por aquella tétrica luz. El otro gato cruzó el espacio abierto para reunirse con él, con las orejas gachas y los ojos rebosantes de espanto.
—¡Estrella de Tigre! —exclamó con voz estrangulada, frenando en seco y encogiéndose en el suelo—. ¿De dónde vienes? Pensaba que estaba solo.
—¡Levántate, Cebrado! —contestó el atigrado con un gruñido de asco—. Deja de arrastrarte como una cría despavorida.
Cebrado se puso en pie y se dio un par de lametazos rápidos. Su pelaje, que antes lucía tan liso y brillante como un pez bien alimentado, ahora se veía ralo y tenía abrojos enredados.
—No entiendo este lugar... —maulló—. ¿Dónde estamos? ¿Dónde está el Clan Estelar?
—El Clan Estelar no se pasea por este bosque.
A Cebrado se le salieron los ojos de las órbitas.
—¿Por qué no? ¿Y por qué está siempre tan oscuro aquí? ¿Dónde está la luna? —Un escalofrío le recorrió todo el lomo—. Creía que estaríamos cazando por el cielo junto a nuestros antepasados guerreros y observando a nuestros compañeros de clan.
Estrella de Tigre soltó un leve bufido.
—Eso no es para nosotros. Pero yo no necesito la luz de las estrellas para seguir mi camino. Si el Clan Estelar cree que puede olvidarse de nosotros, está muy equivocado.
Le dio la espalda a Cebrado y se abrió paso entre los helechos sin comprobar si su antiguo compañero lo seguía o no.
—¡Espera! —resolló Cebrado, corriendo tras él—. Explícame qué quieres decir.
El enorme atigrado lo miró por encima del hombro y sus ojos ámbar reflejaron la pálida luz.
—Estrella de Fuego creyó que había vencido cuando Azote me arrebató mis nueve vidas. Es un iluso. Lo nuestro no ha terminado todavía.
—Pero ¿qué puedes hacerle ahora a Estrella de Fuego? —contestó Cebrado—. No puedes salir de este bosque. Lo sé... porque yo lo he intentado, y por mucho que camine, los árboles jamás acaban y no hay luz por ningún lado.
Estrella de Tigre ni siquiera le respondió. Continuó andando entre la vegetación, seguido de cerca por su compañero. Cebrado se sobresaltaba ante cualquier sonido que surgía de los helechos y ante cualquier sombra que se cruzaba en su camino. Se detuvo de repente, con los ojos dilatados y la boca abierta para saborear el aire.
—¡Puedo oler a Estrella Rota! —exclamó—. ¿Él también está aquí? Estrella Rota, ¿dónde estás?
Estrella de Tigre interrumpió su marcha y miró atrás.
—No malgastes saliva. Estrella Rota no te contestará. Aquí captarás rastros de muchos gatos, pero rara vez te encontrarás cara a cara con alguno. Estamos atrapados en un mismo lugar, pero estamos condenados a la soledad.
—Entonces, ¿cómo piensas ocuparte de Estrella de Fuego? —preguntó Cebrado—. Él ni siquiera viene por aquí.
—No seré yo quien se encargue de él —contestó Estrella de Tigre con un gruñido quedo y amenazante—. Lo harán mis hijos. Los dos juntos. Alcotán y Zarzoso demostrarán a Estrella de Fuego que está lejos de haber ganado la batalla.
Cebrado dirigió la mirada a su antiguo líder, pero la desvió enseguida.
—¿Y cómo vas a conseguir que Alcotán y Zarzoso hagan lo que tú quieres?
Estrella de Tigre le cerró la boca con una sacudida de la cola y sacó y metió las uñas, agujereando la tierra bajo sus zarpas.
—He aprendido a pasearme por los senderos de sus sueños —bufó—. Y tengo tiempo. Todo el tiempo del mundo. Cuando mis hijos hayan destruido a ese sarnoso minino doméstico, los convertiré en los líderes de sus clanes y les mostraré en qué consiste el verdadero poder.
Cebrado se acurrucó al abrigo de una mata de helechos.
—No podrían tener un maestro mejor —maulló.
—Aprenderán las mejores técnicas de lucha de todo el bosque —continuó Estrella de Tigre, ignorando por completo a su antiguo compañero—. Aprenderán a no tener piedad de ningún gato que intente enfrentarse a ellos. Y, al final, se repartirán entre los dos todo el territorio que rodea el lago.
—Pero hay cuatro clanes...
—Y pronto habrá sólo dos. Dos clanes de guerreros de sangre pura. De sangre que no haya sido debilitada por mininos domésticos ni gatos mestizos. Estrella de Fuego ya ha dado asilo a esa inútil bola de pelo del cercado de los caballos, con sus cachorros lloricas. ¿Es eso forma de liderar un clan?
Cebrado le dio la razón agachando la cabeza y las orejas.
—Alcotán no le teme a nada —dijo Estrella de Tigre con orgullo—. Lo demostró al echar al tejón del territorio del Clan del Río. Y demostró también poseer una gran inteligencia cuando ayudó a su hermana a convertirse en curandera. El apoyo de Ala de Mariposa le allanará el camino hacia el liderazgo, y Alcotán lo sabe. Sabe que el poder sólo les llega a quienes más lo desean.
—Sí, no cabe duda de que es hijo tuyo.
Las palabras de Cebrado cayeron como el agua de lluvia acumulada en una hoja volteada, pero, si Estrella de Tigre captó cierta ironía en ellas, no lo demostró.
—Y respecto a Zarzoso... —El enorme atigrado entornó los ojos—. También es valiente, pero su lealtad hacia ese tontaina de Estrella de Fuego es un inconveniente. Debe aprender a no permitir que nada, ni su líder, ni el código guerrero, ni el mismísimo Clan Estelar, se interponga en su camino. Se ganó el respeto de todos los gatos cuando viajó hasta el lugar donde se ahoga el sol y guió a los clanes a su nuevo hogar. Gracias a la reputación que se ha labrado, debería resultarle muy fácil hacerse con el control. —Se cuadró, marcando la poderosa musculatura de la espalda—. Yo le enseñaré cómo conseguirlo.
—Yo podría ayudarte —se ofreció Cebrado.
Estrella de Tigre se volvió hacia él y le lanzó una fría mirada de desprecio.
—No necesito ayuda. ¿Es que no me has oído cuando te he dicho que todos los gatos de este oscuro bosque caminamos solos?
Cebrado se estremeció.
—Pero es que está tan desierto y silencioso... Estrella de Tigre, déjame ir contigo.
—No. —En la voz del atigrado había un dejo de pesar, pero ni rastro de vacilación—. No intentes seguirme. Aquí, los gatos no tienen amigos ni aliados. Deben recorrer a solas su sendero de sombras.
Cebrado se incorporó, enroscando la cola alrededor de las patas delanteras.
—¿Adónde vas ahora?
—A reunirme con mis hijos.
Echó a andar por el camino y el pelaje le brilló bajo la luz amarillenta. Cebrado se quedó atrás, encogido entre las sombras de los helechos.
Antes de desaparecer entre los árboles, Estrella de Tigre se volvió para hacer una última promesa.
—A Estrella de Fuego le haré saber que mi tiempo todavía no ha terminado. Puede que aún le queden seis vidas, pero yo lo perseguiré a través de mis hijos hasta arrebatárselas todas. Esta vez seré yo quien gane la batalla.

1
Zarzoso se hallaba en mitad del claro, mirando lo que quedaba del campamento del Clan del Trueno. Una luna creciente, tan fina como la uña de una garra, flotaba sobre los árboles que rodeaban la hondonada rocosa. Su pálida luz revelaba las guaridas aplastadas, la barrera de espinos que protegía el campamento, ahora destrozada y desperdigada, y a los malheridos gatos del Clan del Trueno, que poco a poco iban saliendo de entre las sombras con el pelo erizado y los ojos dilatados de espanto. Zarzoso aún podía oír las pisadas de los tejones, que huían pesadamente, y la maleza al otro lado de la entrada, por donde se habían marchado los atacantes, que todavía temblaba. Los habían expulsado del campamento con la ayuda de Estrella de Bigotes y los guerreros del Clan del Viento, que habían aparecido justo a tiempo para auxiliar al Clan del Trueno.
Sin embargo, no era la imagen de la devastación lo que había dejado a Zarzoso helado y con un hormigueo por todo el cuerpo, sino los dos gatos a los que creía que jamás volvería a ver y que ahora avanzaban con cautela entre los espinos esparcidos de la barrera de la entrada. Ambos estaban ilesos y su pelaje lucía impecable, pero en sus ojos había un brillo de alarma.
—¡Borrascoso! ¿Qué estás haciendo aquí? —exclamó el atigrado.
El corpulento gato gris se le acercó para entrechocar los hocicos.
—Me alegro de verte de nuevo —maulló—. Yo... quería saber si habíais encontrado un lugar donde vivir. Pero ¿qué ha ocurrido aquí?
—Tejones... —contestó Zarzoso, mirando a su alrededor y preguntándose por dónde empezaba a ayudar a sus heridos y asustados compañeros de clan.
Junto a Borrascoso, Rivera, la ágil atigrada marrón de las montañas, rozó con la cola un largo corte en el hombro de Zarzoso.
—Estás herido —dijo.
El atigrado agitó las orejas.
—No es nada. Bienvenida al Clan del Trueno, Rivera. Lamento que hayáis hecho un trayecto tan largo para encontrarnos así. —Se detuvo a mirar a sus dos amigos—. ¿Va todo bien en la Tribu de las Aguas Rápidas? No esperaba que vinierais a visitarnos tan pronto.
Borrascoso lanzó una mirada a Rivera, tan rápida que casi se le escapó a Zarzoso.
—Todo va bien —maulló el guerrero gris—. Sólo queríamos asegurarnos de que habíais encontrado un nuevo sitio donde vivir, como prometió el Clan Estelar.
Zarzoso miró a su alrededor, por el campamento arrasado y a los gatos vapuleados que trastabillaban entre los restos de su hogar.
—Sí, lo encontramos... —murmuró.
—¿Y dices que os han atacado unos tejones? —preguntó Rivera, desconcertada.
—Han venido por nosotros con toda intención —les explicó Zarzoso—. Sólo el Clan Estelar puede saber de dónde han salido. No había visto a tantos tejones juntos en toda mi vida, y podrían habernos matado a todos si no hubiera aparecido el Clan del Viento...
Le temblaban las patas, y tuvo que clavar las garras en la tierra bañada de sangre para mantener el equilibrio.
Borrascoso asintió.
—No te preocupes, ya nos lo contarás todo más tarde. ¿Qué podemos hacer para ayudar?
Zarzoso agradeció en silencio al Clan Estelar que hubiera escogido ese preciso instante para enviar a su viejo amigo de vuelta a los clanes. Cuando viajaron al lugar donde se ahoga el sol, Borrascoso y él se enfrentaron a muchos peligros juntos, y había muy pocos gatos a los que preferiría tener a su lado en ese momento.
Se volvió al oír un débil gemido. Procedía de una mata de helechos aplastados que había en el borde de la hondonada.
—Debemos localizar a todos los gatos que se encuentren heridos de gravedad. Es posible que algunos estén incluso a punto de reunirse con el Clan Estelar. —Miró a Rivera a los ojos—. Esos tejones han venido a matarnos, no a echarnos de aquí.
La gata le sostuvo la mirada con firmeza.
—Sea lo que sea lo que hayan hecho, quiero ayudar. Yo ya he visto esta clase de violencia salvaje. Colmillo Afilado, ¿lo recuerdas?
Colmillo Afilado era un felino montañés gigantesco que había aterrorizado a la Tribu de las Aguas Rápidas durante muchas lunas, hasta que llegaron los gatos forestales. Plumosa, la hermana de Borrascoso, había muerto en la caída de la roca que finalmente había matado al salvaje animal.
—Haremos lo que sea —prometió Borrascoso—. Sólo debes decirnos qué quieres que hagamos. ¿Ahora eres el lugarteniente del Clan del Trueno?
Zarzoso clavó la vista en un trocito de musgo que tenía atrapado bajo su zarpa delantera.
—No —respondió—. Estrella de Fuego ha decidido no nombrar a un nuevo lugarteniente por el momento. Quiere dar a Látigo Gris más tiempo para regresar.
—Eso es muy duro.
El tono compasivo de Borrascoso hizo que el atigrado se estremeciera. No quería dar lástima a ningún gato.
De pronto, Rivera se quedó paralizada.
—Creía que habías dicho que los tejones se habían marchado —bufó.
Zarzoso se volvió en redondo, pero se relajó al ver una afilada y familiar cara blanquinegra que se abría paso entre una mata de helechos resecos.
Borrascoso tocó levemente con la cola el lomo de Rivera.
—Ésa es Medianoche. Ella nunca haría daño a ningún gato —maulló mientras iba al encuentro de la vieja tejona.
Medianoche observó a Borrascoso con sus ojillos miopes y luego asintió.
—Gato amigo del viaje —musitó—. De volver a verte me alegro. Y esta gata, de la tribu de la montaña es, ¿verdad? —añadió, apuntando con el hocico a Rivera.
—Exacto —contestó el guerrero gris—. Ésta es Rivera, una cazadora de la Tribu de las Aguas Rápidas.
Le hizo una seña con la cola a su compañera para que se acercara, y la joven obedeció a su pesar, como si le costara creer que aquella tejona fuera a mostrarse amistosa. Zarzoso entendió sus sensaciones: conocía a Medianoche mejor que nadie, pero era consciente de que no resultaba fácil contemplar su corpulenta figura sin pensar en fauces abiertas, ojos relucientes y feroces y garras que destrozarían el pellejo de un gato como si fuera una hoja de primavera...
Se oyeron unas fuertes pisadas, y al alzar la mirada vio a Medianoche a su lado. Los ojos de la tejona, brillantes como bayas, centelleaban de pena y rabia.
—Mi aviso demasiado tarde ha llegado —dijo con voz ronca—. No lo bastante he podido hacer.
—Has traído al Clan del Viento para que nos ayudara —señaló Zarzoso—. Sin ti, todo nuestro clan podría haber desaparecido.
Medianoche inclinó la cabeza, y la línea blanca que le recorría el hocico refulgió bajo la tenue luz de la luna.
—Vergüenza siento de mi especie.
—Todos los gatos saben que este ataque no tiene nada que ver contigo —la tranquilizó Zarzoso—. Tú siempre serás bienvenida en este clan.
A pesar de las palabras del atigrado, Medianoche seguía mostrándose afligida. Detrás de ella, Zarzoso vio al líder de su clan, casi en el centro del claro, con Estrella de Bigotes y los guerreros del Clan del Viento. Se acercó a ellos, haciendo una seña con la cola a Borrascoso y Rivera para que lo siguieran. A un zorro de distancia, al abrigo de un espino arrancado, Hojarasca Acuática estaba inclinada sobre el cuerpo inerte de Cenizo. Durante un segundo, Zarzoso se preguntó si el guerrero gris estaba muerto, hasta que vio cómo se agitaba la punta de su cola. «El Clan Estelar no se llevará a todos nuestros guerreros esta noche», pensó con determinación.
Estrella de Fuego todavía resollaba por el esfuerzo de la pelea. Tenía varias heridas en su pelaje rojizo, y sangraba por un largo corte en el costado. Zarzoso sintió una punzada de inquietud. ¿Habría perdido su líder otra vida? Fuera como fuese, parecía muy malherido. «Yo lo ayudaré hasta mi último aliento —juró el joven para sus adentros—. Los dos juntos conseguiremos que el clan supere este desastre, y volveremos a ser tan fuertes como antes.»
A pesar de sus heridas, a Estrella de Fuego le brillaban los ojos mientras hablaba con el líder del Clan del Viento, Estrella de Bigotes.
—El Clan del Trueno siempre os estará agradecido por esto —maulló.
—Dudo que los tejones os den más problemas —contestó Estrella de Bigotes—, pero, si quieres, puedo dejaros a un par de guerreros para que monten guardia.
—Te lo agradezco, pero no creo que sea necesario.
La calidez de su mirada revelaba la larga amistad que lo unía al otro líder. Zarzoso agradeció al Clan Estelar que la tensión entre ambos, que todos habían notado después de que Estrella de Bigotes se convirtiera en líder, hubiera desaparecido por fin.
—¿Necesitan tus guerreros la ayuda de nuestra curandera antes de partir? —añadió Estrella de Fuego—. Si alguno está malherido, podría quedarse aquí.
Zarzoso se volvió hacia Hojarasca Acuática, que seguía atendiendo a Cenizo. Cuando la gata oyó a su padre, levantó la cabeza y miró hacia donde estaban los guerreros del Clan del Viento. Zarzoso sintió una punzada de compasión al ver cómo los ojos de la joven buscaban a uno en particular. Dos días atrás, Corvino Plumoso y Hojarasca Acuática habían abandonado a sus respectivos clanes para estar juntos, pero la noticia del ataque de los tejones los había llevado de nuevo a casa. Zarzoso esperaba que Hojarasca Acuática hubiera regresado para quedarse; el Clan del Trueno la necesitaba más que nunca, ahora que había tantos gatos heridos.
Corvino Plumoso estaba observándose las patas, como evitando de forma intencionada la mirada de la joven curandera. Había perdido pelo por un fuerte zarpazo que le habían dado en el costado, pero había dejado de sangrar y se mantenía firme sobre las cuatro garras. Manto Trenzado tenía una oreja destrozada, y la lugarteniente del clan, Perlada, sangraba por una pata, aunque ninguna de las heridas parecía lo bastante grave como para impedir que los guerreros del Clan del Viento regresaran a su campamento.
—Creo que todos estamos en condiciones de viajar, gracias al Clan Estelar —le respondió Estrella de Bigotes a Estrella de Fuego—. Si estás seguro de que ya no necesitáis nuestra ayuda, volveremos a casa ahora mismo.
Corvino Plumoso levantó la cabeza y lanzó una mirada desesperada a Hojarasca Acuática. Ella se incorporó con dificultad, dejando atrás a Cenizo, y cruzó el claro para reunirse con el guerrero del Clan del Viento. Se quedaron un poco apartados de los demás, con las cabezas muy juntas. Entre las sombras, Zarzoso no pudo evitar oírlos, pero no quiso moverse para no molestarlos.
—Adiós, Corvino Plumoso —murmuró Hojarasca Acuática, con la voz estrangulada de dolor—. Nosotros... Será mejor que no volvamos a vernos.
Los ojos del guerrero centellearon y, durante un segundo, Zarzoso creyó que iba a protestar, pero luego negó con la cabeza.
—Tienes razón —respondió—. Jamás habría funcionado. Yo nunca significaré lo bastante para ti.
Hojarasca Acuática clavó las garras en el suelo.
—Significas para mí mucho más de lo que nunca podrías imaginar.
Corvino Plumoso agitó la punta de la cola.
—Tú eres curandera. Comprendo lo que eso significa en estos momentos. Que el Clan Estelar te acompañe siempre, Hojarasca Acuática. Jamás te olvidaré.
Juntaron los hocicos, un delicado contacto que duró apenas un suspiro. Luego, Corvino Plumos
