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¿Por qué Clean?
Sentado sobre una caja que te resulta familiar, pides limosna para sobrevivir, sin darte cuenta de que dentro de ella hay un tesoro que no sólo asegurará tu supervivencia, sino que te hará más rico de lo que ni en tus mejores sueños habrías imaginado.
No estás solo. Millones de estadounidenses, y millones de personas en todo el mundo están haciendo lo mismo. Tal vez pides ayuda para resolver un problema de salud pequeño pero agobiante, como sobrepeso, fatiga, alergia, depresión, algún tipo de trastorno digestivo o para evitar que se desarrolle un problema mayor, como alguna de las llamadas “enfermedades de la civilización moderna” —trastornos cardiovasculares, cáncer, obesidad o enfermedades autoinmunes—. También podría ser que simplemente tengas muchas ganas de verte y sentirte más joven, y de retrasar el progreso del envejecimiento.
La limosna que solicitas son los medicamentos y la cirugía tan fundamentales, según te han enseñado, para remediar todos tus problemas de salud. Así que mantienes la mano extendida y recolectas lo que puedes, esperando la ayuda prometida por los médicos, las compañías farmacéuticas y la publicidad.
Pero la verdad es bastante diferente. El poder de curar está en un lugar mucho más cercano. No necesitas medicamentos, tratamientos ni expertos carísimos para conseguirlo. De hecho, estás sentado sobre él. La caja tan familiar que te sostiene, y a la que apenas prestas atención, es tu propio cuerpo, gobernado por una increíble inteligencia natural. Esa riqueza jamás soñada es el intenso bienestar y longevidad a que tienes derecho por nacimiento.
Probablemente nunca te enseñaron a valorar ese tesoro interior de vitalidad, belleza y vigor. Es un sistema diseñado por la naturaleza para mantenerte sano, joven y feliz. Sólo tienes que ayudarle a llevar a cabo sus funciones. Es la pieza que falta en el rompecabezas de la salud: una fuente aún no explotada de curación, restauración e incluso rejuvenecimiento. Es el mecanismo de a bordo que te mantiene clean (limpio, en inglés): tu sistema de detoxificación.
Este sistema, que abarca muchos órganos y procesos fisiológicos, es una fuente de salud. Pero su valor ha caído en el olvido. La fascinación de la medicina moderna por las moléculas y la microtecnología ha centrado obsesivamente su atención en aspectos cada vez más pequeños de nuestra biología; mientras tanto ha perdido interés en observar los sistemas del plano general de nuestro cuerpo que nos permiten sobrevivir y prosperar. Esto es un error. Muchos de los problemas de salud que aquejan a tantos seres humanos de hoy en día, y que tanto dinero cuestan a la sociedad, podrían aliviarse si, en lugar de centrar el enfoque cada vez más en los detalles, reclutando más súper especialistas, inventando más tecnología y añadiendo más medicamentos, se adopta una perspectiva más amplia y con un objetivo muy simple: desviar la atención hacia el tesoro que ya poseemos —el sistema de detoxificación—, y aprender a reactivar su potencial.
Un periodo concentrado de detoxificación produce una restauración general de todo el cuerpo, tanto físico como mental. Ofrece un acceso libre a las ilimitadas reservas de energía que ignorabas que tenías. Comprobarás que cada parte de tu cuerpo funciona mejor, que se corrigen los desequilibrios y que los síntomas irritantes se desvanecen por sí mismos. Simplemente por “activar” un sistema con el que naciste y que ha estado esperando pacientemente para servirte.
Piensa que tu brazo derecho ha permanecido pegado al costado del cuerpo desde que naciste. Creces utilizando únicamente el brazo izquierdo, y crees que eso es normal porque todos hacen lo mismo. De adulto, te dedicas a la carpintería y tu negocio comienza a duplicarse cada año. Justo cuando estás a punto de colapsar por la intensa carga de trabajo, un extraño llama a tu puerta y te despega el brazo derecho. Te encuentras muy sorprendido, pues ni siquiera habías imaginado esa posibilidad, pero lo cierto es que pasas de estar sobrecargado, e incapaz de cumplir con tus pedidos, a trabajar con tu verdadero potencial ilimitado; con la capacidad de producir mucho más, como nunca antes.
El extraño que ha llegado a tu puerta se llama Clean, el programa que te explico en este libro. Despegar ese brazo es el acto de descubrir y acelerar todo el potencial de tu sistema de detoxificación. La sobresaliente productividad obtenida es la habilidad natural de tu cuerpo para mantener la energía constante, evitar los resfriados y la gripe, sanar las alergias, prevenir la enfermedad y envejecer lentamente y con elegancia.
¿Quiénes son candidatos para usar este programa? Todo aquel que viva una vida moderna, lleve una dieta moderna y habite en el mundo moderno.
Durante miles de años, la humanidad ha reconocido la existencia de elementos tóxicos que causan disfunciones, daños, enfermedades, envejecimiento prematuro y hasta la muerte. Estas toxinas tienen la capacidad de irritarnos, causarnos estrés y, en última instancia, hacer que nuestro organismo sufra de múltiples maneras y en todos los sentidos, desde el ámbito aparentemente abstracto del pensamiento y la emoción, hasta el de los materiales químicos generados como subproductos residuales de la vida diaria de nuestras células. Las culturas antiguas ya sabían que estamos dotados de un gran sistema de liberación de toxinas, resultado de la colaboración armónica de varios subsistemas. Este sistema trabaja continuamente; de hecho, nos mantiene vivos cada segundo de cada minuto de cada día. Si el cuerpo no coordinara constantemente su compleja sinfonía de actividades, los productos de desecho se acumularían, nos enfermaríamos y eventualmente moriríamos. Este “modo básico de limpieza”, que se está produciendo en cada momento de nuestra existencia, forma parte de la fórmula fundamental de la vida. Hace que nuestra existencia sea posible.
Las antiguas tradiciones de curación entendieron muy bien la crucial importancia de aprovechar el sistema de detoxificación y usarlo en nuestro favor para alcanzar el máximo potencial físico, mental y emocional. Los sabios y sanadores de muchas culturas y épocas sabían que periódicamente debemos permitir que este gran sistema de limpieza entre en un modo más intenso que el de su funcionamiento diario habitual, con el fin de manejar la acumulación de toxinas en tiempos de excesos en la comida, la actividad y el estrés.
Los practicantes de estas tempranas tradiciones curativas entendieron que darles descanso a algunos de los principales sistemas corporales, especialmente el sistema digestivo, era parte integral de la vida. El ayuno, los retiros en silencio y los momentos de contemplación eran considerados esenciales para una vida pacífica, sana y llena de satisfacción. Y no se trataba simplemente de un concepto esotérico. La evolución genética de los seres humanos ha sido modelada por el ayuno impuesto por un estilo de vida de cazadores-recolectores. Durante milenios, los humanos vivieron periodos de grandes festines seguidos por temporadas de hambruna. Las largas épocas de estómagos vacíos fueron inevitables y molestas, pero claves para la salud. Al no tener que competir con el digestivo, el sistema de detoxificación podía utilizar la energía sobrante para activar y mantener toda su intensidad durante el tiempo suficiente para realizar su trabajo esencial de limpieza, liberando al cuerpo de todos los desechos acumulados en su interior.
Hoy en día la vida ha cambiado. Estamos ante el despertar de nuestra conciencia ante una paradoja evolutiva. Cuanto más aumenta la toxicidad de la vida moderna, que nos bombardea con toxinas antinaturales en la dieta y el medio ambiente, mayor es la demanda de eliminarlo. Sin embargo, la capacidad del organismo para manejar la carga tóxica no se ha acelerado al mismo ritmo. ¿Acaso era posible? El mundo ha cambiado radicalmente en un siglo, pero a nuestros cuerpos les lleva muchas generaciones efectuar un cambio genético. Mientras más peligrosamente tóxica se ha vuelto la vida, mientras menos nutrientes vitales contienen nuestras dietas, mientras más apresurada se ha tornado la existencia, más abrumado se ha visto nuestro gran sistema de detoxificación. Hasta llegar a un punto en que podríamos decir que está casi en hibernación: sigue ahí, hace el trabajo “básico” diario que nos permite vivir, pero se tambalea bajo el peso adicional de la mala alimentación, las toxinas ambientales y el estrés propio del siglo veintiuno.
En mayor o menor grado, todos nos enfrentamos con los efectos de lo anterior. Quejas habituales como dolores de cabeza, irregularidades intestinales, alergias, problemas de peso, depresión, ansiedad y dolor, son causadas en gran parte por fallos en nuestro sistema de limpieza. Verse más viejo, sentirse más cansado, perder el brillo radiante de la salud, son situaciones que están directamente relacionadas con este estado de sobrecarga. Sin embargo, todo se puede revertir y sanar si le prestamos atención a lo ya mencionado.
Resulta trágico constatar que la mayoría de las muertes prematuras de hoy en día son un resultado directo de fallos en los sistemas de drenaje. Una de las consecuencias más comunes del funcionamiento deficiente de estos sistemas es la inflamación, una estrategia de supervivencia necesaria para el organismo, pero, hoy en día, el cuerpo se ve en la necesidad de usarla prolongadamente, de manera peligrosa. Hasta hace muy poco, la medicina moderna se ha percatado de un hecho evidente: la inflamación crónica es una condición subyacente en todas las enfermedades que se han convertido en epidemias. Ejemplos de ello son el cáncer, los trastornos cardiovasculares, la diabetes y las enfermedades autoinmunes. Sin embargo, la medicina actual sigue sin darse cuenta de que la raíz del problema está en la toxicidad de la vida moderna y en la debilidad de nuestros cuerpos para enfrentarla. Sólo si empezamos el tratamiento atacando la raíz del problema, podremos realmente empezar a sanar y prevenir las enfermedades.
Ellen se sintió frustrada la primera vez que vino a mi consulta, en el Eleven Eleven Wellness Center, en Manhattan, donde recibo pacientes varios días a la semana. Después de su chequeo anual, el médico le había recetado medicamentos para bajar la presión arterial. Ella se mostró muy renuente porque estaba convencida de que tenía que haber una manera más natural de conseguirlo. Pero su médico no le ofreció ninguna alternativa, sólo le presentó lo que ella describió como un diagnóstico del tipo “Dios ha hablado: caso cerrado” y le prescribió un tratamiento basado en medicamentos. A ella no le pareció adecuado; quería un socio en la construcción de su propia salud, no depender de medicamentos costosos. Y, aunque no podía explicar exactamente por qué, también le pareció que tomar productos químicos todos los días debía resultar muy exigente para su cuerpo.
Para iniciar el camino hacia la reducción de la presión arterial, le sugerí a Ellen que siguiera el programa Clean. Vaciló por un momento. Le preocupaba que pudiera afectar su rendimiento en el trabajo. Pero finalmente me dijo que estaba tan ansiosa por evitar los medicamentos, que no le importaría soportar algunas molestias. Siguió el programa al pie de la letra, y mantuvo su rutina habitual de ejercicios de cinco días a la semana, sólo moderando ligeramente su intensidad. Tras completar el programa, los resultados de Ellen fueron impresionantes: la presión arterial disminuyó en 25%, perdió 9.5 kg, su porcentaje de grasa corporal disminuyó 7% y sus niveles de colesterol se redujeron 40%. No pasaba hambre, estaba llena de energía y dormía profundamente. Incluso su médico la felicitó por los resultados. Al modificar sus hábitos de comida y dejar descansar su sistema digestivo; Ellen activó el mecanismo para que el cuerpo encontrase de nuevo, y por sí mismo, el camino hacia la salud. Como las medidas se adoptaron a tiempo, logró reducir los altos niveles de presión arterial y de colesterol que, de lo contrario, la habrían conducido inexorablemente al consultorio de un cardiólogo.
La detoxificación se ha convertido en un tema que suscita gran interés, y he creado el programa Clean con el objetivo de mejorar esta función esencial del organismo. Es una herramienta que utilizo con frecuencia en la práctica. Aunque, como médico, me he especializado en enfermedades del corazón, nunca deja de asombrarme la capacidad de este programa para transformar todos los aspectos de bienestar de mis pacientes, de una forma tan sencilla y tan llena de sentido común. Muchos médicos de formación moderna todavía ven el programa Clean como una actividad en el límite mismo de la medicina alternativa. Pero el modelo más consolidado de la medicina combina la sabiduría antigua con la moderna, y hoy en día, mi comprensión de la detoxificación está en completa consonancia con lo que aprendí durante años de capacitación y prácticas en la escuela de medicina. Esta forma de “limpiar el cuerpo” nunca se nos presentó a los médicos formados en Occidente tal y como hoy la entiendo: una fuente completa y esencial de salud; y, sin embargo, su poder para sanar siempre estuvo allí, delante de nuestras narices.
El programa de limpieza-detoxificación que presenta este libro ha surgido de la experiencia de ayudar a mucha gente a iniciar el camino de regreso a los niveles superiores de salud que se merecen. Las personas que lo siguen se vuelven más delgadas, brillantes, felices y resistentes, y se ven menos afectadas por las dolencias que alguna vez lastraron sus vidas. Este libro te hará percibir con claridad la relación entre la toxicidad y la mayoría de las enfermedades. De hecho, creo que “malestar” debería escribirse “mal-estar”, para poner de relieve que, además de a la enfermedad, se refiere a la pérdida del sentido de bienestar y comodidad como resultado de la toxicidad. El programa Clean te mostrará que las sustancias nocivas, lejos de ser agentes invisibles que flotan en algún lugar “allá afuera”, entran en tu cuerpo y lo corroen desde adentro. A medida que éstas se acumulan, los sistemas del cuerpo se van dañando uno por uno, empezando por los intestinos.
Descubrirás que los primeros síntomas de toxicidad han sido confundidos e ignorados en nuestra cultura, que prefiere tachar de “normal” el desgaste del cuerpo, como si nada se pudiese hacer al respecto. Este fracaso en el reconocimiento de los primeros síntomas, se traduce posteriormente en signos y síntomas más graves que son tratados con medicamentos y cirugía, mientras que la principal causa subyacente sigue sin ser reconocida ni abordada. Al final, uno o más sistemas del cuerpo, sobrecargados de toxicidad, colapsan y dan lugar a las enfermedades crónicas, que tanto esfuerzo requieren para ser tratadas y paliadas.
La medicina moderna sigue ciega ante esta conexión entre toxicidad y enfermedad. En general, los médicos suelen esperar hasta que ocurre un derrumbamiento en forma de emergencia aguda, y entonces utilizan la artillería pesada (fuertes medicamentos y cirugía) para salir del paso. Pero lo cierto es que esta artillería médica sólo consigue acentuar la carga de desechos. En lugar de curar el problema de raíz, el tratamiento produce aún más residuos que el cuerpo tendrá que eliminar.
Clean te revelará esas conexiones hasta ahora ignoradas por la mayoría de la sociedad y gran parte de la medicina moderna. En él se explica cómo la irritación intestinal, causada por la toxicidad del medio ambiente y de la dieta moderna, puede provocar una serie de síntomas que nunca pensarías que estuviesen relacionados entre sí, tales como alergias estacionales, erupciones en la piel, depresión o simplemente falta de entusiasmo por la vida. Clean te aclarará los cientos de diferentes programas de limpieza-detoxificación que han inundado el mercado y te explicará la ciencia que los une a todos ellos. Clean describe con detalle qué son las toxinas, dónde están, cómo te expones a ellas y cómo afectan tu vida y tu salud. Un auténtico manual para sobrevivir y prosperar en un mundo lleno de sustancias dañinas.
Y lo que es más importante aún, Clean te proporcionará las herramientas para reactivar al máximo tu sistema de detoxificación, para que entre en el modo de limpieza profunda y restaure así la capacidad de tu propio cuerpo para sanarse, regenerarse y rejuvenecer. Este programa es una manera simple, segura y clínicamente comprobada de poner este antiguo y poderoso conocimiento a tu alcance para que funcione de una forma práctica en tu vida diaria. Te demostrará que un programa de estas características no tiene por qué interferir en tu vida cotidiana, ni hacerte sentir que te estás privando de algo. Lo puedes incorporar perfectamente en una rutina regular y, al tiempo que satisfaces tus necesidades de energía, irás eliminando poco a poco las toxinas que han bloqueado el funcionamiento óptimo de tu cuerpo y de tu mente. Para la primera limpieza, puedes comenzar poco a poco, con un programa de una semana, probar con un compromiso mayor de 14 días o ir directamente al compromiso total de tres semanas. Sea cual sea tu elección, cada día dedicado al programa te ayudará a dejar de formar parte de las estadísticas que constantemente nos están diciendo que las enfermedades del corazón, el cáncer y otras enfermedades modernas son prácticamente inevitables y que con el envejecimiento vienen la degeneración, la hospitalización y la dependencia. Cada día del programa Clean, se estará potenciando tu propia capacidad para crear, mantener y disfrutar el elevado nivel de salud con el que tu cuerpo ha sido diseñado.
¿QUÉ ES CLEAN?
Es una herramienta que todo el mundo puede utilizar para restaurarse, reequilibrarse y sanarse. Está diseñado teniendo en cuenta las necesidades de la gente ocupada, y supone un plan de limpieza práctico y sencillo, que se ajusta a la vida diaria y no exige dejar a un lado las actividades normales. Es muy diferente de otros planes de detoxificación muy populares en los círculos de belleza y de salud alternativa, como los métodos de ayuno, las dietas intensivas de jugos o las más suaves basadas en alimentos crudos. Mi amplia experiencia clínica y personal me ha demostrado que estas prácticas exigen demasiado tiempo, energía o atención para la mayoría de la gente. Funcionan mejor para las personas que ya han hecho meses o años de limpieza dietética y es mucho más fácil llevarlos a cabo retirándose un tiempo de la vida normal. En algunos casos, resultan tan exigentes que incluso llegan a ser peligrosos. Eliminar los materiales de desecho del cuerpo sin una cuidadosa reposición de los nutrientes esenciales provocará que la toxicidad aumente en lugar de reducirse. Los programas intensivos de detoxificación pueden provocar agotamiento y, en casos extremos, poner en peligro a las personas que los realizan.
Esta programa ha sido diseñado pensando en la seguridad y la eficacia. Está respaldado científicamente por el más avanzado conocimiento sobre el funcionamiento de nuestros órganos, hormonas y enzimas. Se fundamenta en algunos conceptos muy simples y fáciles de entender:
1. Las toxinas y el estrés crean obstáculos para el funcionamiento normal del cuerpo.
2. Los hábitos alimenticios y estilos de vida modernos contaminan el organismo, y, además, no nos proporcionan los nutrientes necesarios para un funcionamiento óptimo.
3. Cuando se eliminan los obstáculos y se suministran los nutrientes que faltan, el cuerpo recupera sus funciones, la energía se restaura y comenzamos a vernos y sentirnos mucho mejor.
El programa Clean se compone de tres etapas de una semana, con una fase preliminar de dieta de eliminación preparatoria. Puedes decidir entre completar el programa con el compromiso total de las tres semanas consecutivas, o hacerlo de forma gradual, completando etapas ligeramente más largas cada vez (en la mayoría de los casos, recomiendo hacerlo una vez al año). Debes saber que cualquier paso que des en esta dirección tendrá un impacto positivo en tu organismo. Y si practicas las limpiezas de forma regular obtendrás un positivo efecto acumulativo en el largo plazo.
LAS TRES ETAPAS DE CLEAN
Primera semana de limpieza.
Los primeros tres a cinco días del programa demuestran cómo el cuerpo se resiste a cambiar hábitos muy arraigados en torno al modo de comer y beber, incluso los que la mente percibe como tóxicos y de los que te quieres deshacer. Te animo a que termines por lo menos la primera semana completa de Clean; al final de este periodo, experimentarás una oleada de energía y claridad mental, ya que las toxinas se liberan de los tejidos donde estaban atrapadas para circular luego hacia su neutralización y posterior eliminación.
Una semana es tiempo suficiente para que el cuerpo aproveche las ventajas del nuevo estado que estás propiciando. El programa optimiza las condiciones necesarias para que el organismo exprese plenamente su potencial milagroso de regeneración, reparación y curación. También tendrás la oportunidad de explorar una de las disfunciones que provoca el sobrepeso que padece la gran mayoría de los estadounidenses: el “hambre”. Estamos muy acostumbrados a decir “tengo hambre”, pero, en general, no sabemos en realidad lo que es el hambre. La sensación corporal que tú llamas hambre puede ser algo muy diferente. Durante la limpieza, serás capaz de cambiarle el nombre a esa sensación y descubrir lo que es en realidad. El programa te guiará de una forma muy efectiva para lograrlo.
Y lo que es aún más importante: es muy probable que, al completar la primera semana, tu motivación se incremente y decidas continuar. Algunos de mis casos más exitosos han sido protagonizados por pacientes que empezaron con una actitud muy escéptica y me concedieron apenas unos pocos días para demostrar en la práctica mi teoría.
Segunda semana de limpieza.
Si eres capaz de continuar, no te detengas. Fíjate la meta de seguir adelante y completar la segunda semana del programa. Dos semanas de Clean te darán aún mayores beneficios: los sistemas de tu organismo que se encontraban bloqueados o ralentizados comenzarán a optimizarse de nuevo y, al mismo tiempo, otros sistemas que estaban sobreexcitados, en “alerta roja” para ayudarte a sobrevivir a la agresión del mundo tóxico, comenzarán a calmarse y restablecerse. Los síntomas “superficiales” de desequilibrios crónicos, como alergias, problemas intestinales, problemas de piel o sobrepeso, comenzarán a desaparecer.
Tercera semana de limpieza.
Completar la tercera semana te mostrará lo que se siente frenar, e incluso revertir, el proceso de envejecimiento. Serás capaz de experimentar la vitalidad, la claridad y el optimismo que realmente deberías sentir de acuerdo con tu verdadera edad física, y no sólo con tu edad cronológica. La transformación de los que siguen el programa en su totalidad resulta extraordinaria. Logran reducir por fin esos obstinados kilos de más. Su tez se vuelve firme, tersa y radiante. Sus ojos se vuelven más blancos y brillantes. Logran dormir profundamente y consiguen un mayor porcentaje de energía durante todo el día. Los pacientes logran librarse por fin de muchos de los malestares con los que luchaban hace tiempo, desde estreñimiento e infecciones nasales hasta dolores en las articulaciones. Enfermedades que se asumen como crónicas o tratables únicamente mediante medicamentos, suelen disminuir e incluso desaparecer. A medida que experimentas la capacidad del cuerpo para restablecer el orden por sí mismo, dejarás de ver como cadenas perpetuas ciertas afecciones que se estaban apoderando de ti, desde la presión arterial hasta niveles altos de colesterol y muchas más.
El fortalecimiento del equilibrio fisiológico también tiene efectos positivos desde el punto de vista psicológico y emocional. El ánimo mejora y se recupera la claridad mental. Después de completar el programa, muchas personas encuentran que sus ansias se reducen, los alimentos pobres en calidad y las bebidas con mucha cafeína pierden su atractivo, y la relación consciente con las comidas se restaura. La mayoría afirma que su trabajo y sus relaciones personales reciben un impulso positivo que proviene de algo que sólo pueden describir como un estado elevado de autoconocimiento. Más allá de lo puramente físico, al completar las tres etapas del programa Clean, te sentirás como si hubieras limpiado unos lentes sucios: con una nueva visión del mundo.
LA IMPORTANCIA DE UN PLAN DE BIENESTAR
Un buen plan es esencial para que cualquier esfuerzo prospere y culmine con éxito. Para la creación de una empresa, elaboramos un plan de negocio, invirtiendo tiempo y dinero. Gastamos grandes cantidades de tiempo y dinero en la contratación de expertos para hacer planes de ahorro, de boda, de carrera, de vacaciones y a veces incluso de funeral. Dichos planes hacen que la meta sea mucho más fácil de alcanzar. Sin embargo, en los muchos años que llevo practicando medicina, rara vez he conocido a un paciente con un plan de bienestar.
Como aprenderás en el capítulo 8, para sobrevivir en este mundo tóxico, necesitas establecer un plan de bienestar. Un plan moderado pero bien organizado, que fije pequeñas metas durante el año, te permitirá alcanzar el estado de salud necesario para vivir bien en nuestro mundo tóxico. Los protocolos convencionales de cuidados sanitarios no cubren las bases esenciales para un buen desarrollo de la salud en nuestro ambiente estresante. Por ejemplo, casi ningún médico de familia realiza pruebas rutinarias de niveles de vitamina D, algo que debería ser una prioridad. Tampoco te ayudan a decidir qué suplementos debes tomar y cuándo hacerlo. Y si quieres hacerte análisis para detectar ciertas toxinas persistentes, lo más probable es que tengas que hacerlo por tu cuenta. Te mostraré que esto también puede lograrse con un plan anual.
El programa Clean de detoxificación está diseñado para que obtengas mayor claridad en tus metas y prioridades de salud. Te servirá cuando el compromiso por comer bien pase por altibajos, y te desvíes durante algunas semanas, a recuperar el buen camino. Al igual que un marcador de kilómetros te permite encontrar y retomar la ruta, te alinea de nuevo con tu plan de bienestar y te reconduce a la dirección correcta.
Clean es seguro prácticamente para cualquiera. Pero ten en cuenta que todas las limpiezas pueden afectar a la absorción de los medicamentos. Algunos tratamientos con drogas te excluyen como candidato a un programa de detoxificación. Si estás tomando medicamentos, lee, por favor, cuidadosamente lo que sigue antes de proceder con el programa.
LA AUDITORÍA CLEAN
Responde a las siguientes preguntas y anota en una hoja las respuestas afirmativas.
______ ¿Tienes dolores de cabeza con frecuencia?
______ ¿Tiendes a contraer resfriados o virus cada año?
______ ¿Haces deposiciones con menor frecuencia que después de cada comida?
______ ¿Haces deposiciones muy duras o que no pasan fácilmente?
______ ¿Tienes diarrea con cierta frecuencia?
______ ¿Te da comezón o lagrimeo en los ojos y la nariz en determinadas épocas del año?
______ ¿Tienes alergias o fiebre del heno?
______ ¿Tienes congestiones nasales con frecuencia?
______ ¿Sientes hinchazón después de comer?
______ ¿Tienes sobrepeso que no puedes eliminar con dieta y ejercicio?
______ ¿Tienes hinchazones en zonas de tu cara o cuerpo?
______ ¿Tienes ojeras?
______ ¿Te da ardor de estómago?
______ ¿Tienes gases con cierta frecuencia?
______ ¿Tienes mal aliento o mal olor corporal?
______ ¿Hay una fina capa blanca en la parte posterior de tu lengua cuando te despiertas?
______ ¿Te dan antojos de ciertos tipos de alimentos, especialmente los azucarados, almidonados o los productos lácteos?
______ ¿Tienes tendencia a no dormir profundamente?
______ ¿Tienes picazón, espinillas, o cualquier otra situación preocupante de la piel?
______ ¿Sientes dolor o rigidez en las articulaciones o los músculos?
______ ¿Sufres de estados de ánimo bajos o de mente confusa?
______ ¿Crees que eres olvidadizo, que tienes dificultad para concentrarte y que no encuentras las palabras?
______ ¿Te sientes apático y cansado?
______ ¿Sientes enojo o estallidos de frustración irracional?
______ ¿Tienes una sensibilidad a los olores superior a la media?
______ ¿Has notado una creciente sensibilidad a las toxinas en tu vida cotidiana, como sentir más náuseas al oler disolventes de limpieza o cuando llenas el depósito de tu automóvil?
______ ¿Notas efectos más fuertes ante ciertos aditivos alimentarios, o tienes reacciones a productos de limpieza o de cuidado personal?
______ ¿Tomas muchos medicamentos?
______ ¿Utilizas muchos productos químicos en tu casa o en tu ambiente de trabajo?
______ ¿Sientes dolores musculoesqueléticos y molestias o síntomas que sugieren fibromialgia?
______ ¿Tienes sensación de hormigueo o adormecimiento en uno de los lados del cuerpo?
______ ¿Tienes reacciones extrañas a medicamentos o suplementos?
______ ¿Sufres recurrentemente de edema?
______ ¿Has notado un empeoramiento de los síntomas molestos después de la anestesia o el embarazo?
Cada respuesta afirmativa puede ser un síntoma de toxicidad. Es difícil encontrar a alguien que no responda “sí” a por lo menos una o dos de estas preguntas. Algunas personas tienen muchas más respuestas afirmativas. Sea cual sea tu resultado, responder afirmativamente a cualquiera de estas preguntas indica que te beneficiarías mucho con Clean, pues está demostrado que este programa alivia y elimina todos estos síntomas y muchos más.
El programa no es la panacea universal. No está diseñado para curar todas las dolencias, sino para servir de punto de arranque. Como un reinicio para que todos los sistemas funcionen mejor. Una vez que lo hayas completado total o parcialmente por primera vez, se convertirá en una herramienta preventiva que podrás utilizar periódicamente para eliminar las toxinas acumuladas y activar una curación más profunda. Al mismo tiempo, te permitirá crear y poner en marcha un plan de bienestar para lograr un conjunto de objetivos a largo plazo encaminados a eliminar las toxinas.
Tampoco es el resultado de ensayos clínicos de millones de dólares, ni producto del patrocinio de compañías farmacéuticas. Este moderno programa de detoxificación nació de la misma forma que muchos grandes descubrimientos: una persona que parte de viaje en busca de una solución para su propio sufrimiento. Esa persona fui yo.
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El viaje de un médico
Nací en Uruguay en 1964, de padres judíos supervivientes de la Segunda Guerra Mundial. Mi madre salió de Alemania días después de su nacimiento. Mi padre sobrevivió a un campo de concentración en Hungría y, después de la guerra, se fue a Uruguay en busca de sus hermanas. Finalmente las encontró, y también a mi madre.
La vida en Montevideo y Punta del Este discurría con parsimonia. Hacíamos las compras en el mercado de los agricultores locales y casi siempre comíamos o cenábamos sentados a la mesa de la sala-comedor, todos juntos en familia. Nuestra ciudad era segura y los niños jugaban en las calles sin necesidad de supervisión.
Desde un principio supe lo que quería ser y hacer cuando fuera grande: ser médico y ayudar a aliviar el sufrimiento de la gente; ayudar a las personas a llevar una vida mejor, más saludable y más larga. Fui a la facultad y me enamoré de la medicina. Los médicos de familia solían hacer visitas a domicilio, pasaban horas con nosotros y nos enseñaban todo tipo de cosas interesantes. Yo quería ser como ellos.
Cuando me gradué, decidí formarme como cardiólogo. Muchas cosas relacionadas con el corazón atrajeron mi interés: las decisiones en una fracción de segundo para salvar una vida, la rapidez mental, la satisfacción de salvar la vida de alguien sin tener que esperar meses para ver si las píldoras funcionarán y la inspiración del doctor Roberto Canessa. Muy pronto, despejé cualquier duda sobre la elección de mi especialidad.
Después de graduarme, quise estudiar en el lugar donde se habían escrito los libros de texto que estudié durante la carrera. Obtuve una plaza de interno en el Downtown Hospital de la Universidad de Nueva York, en Lower Manhattan. Allí me trasladé una semana después de mi graduación, para completar tres años de formación en Medicina Interna. Cuando terminé tenía 26 años.
La vida en Manhattan se movía a la velocidad de un relámpago, muy diferente al ritmo pausado de Montevideo. La formación médica fue muy dura. No tenía tiempo para prepararme las comidas pues estaba siempre ocupado. Algunas veces llegué a estar de turno hasta tres días seguidos. Mis principales fuentes de alimentación eran comida para llevar, máquinas expendedoras, loncheras comunales de las enfermeras (muchas veces) y la cafetería del hospital. Cuando disponía de algún tiempo extra, visitaba el supermercado más cercano. Allí, todo me resultaba fascinante: los paquetes, los colores y los olores. Me asombraba que con un horno microondas, cualquiera podía hacerse una cena en cuestión de minutos. Me sentía como un aborigen en medio de la mágica ciudad moderna y muchas veces pensaba: “¡Estos estadounidenses realmente saben cómo hacerte las cosas fáciles!”
Pero la vida como médico en una de las ciudades más activas del mundo comenzó a causar estragos en mí. Estaba subiendo de peso y comencé a estornudar como loco con cada cambio de estación. Me sentía agotado pero no podía dormir mucho. En general, seguía disfrutando la experiencia de aprender de los médicos, algunos de los cuales eran considerados los mejores en sus campos. En cuanto al deterioro de mi bienestar, pensaba: “Cuando me gradúe, las cosas cambiarán”.
Después de tres años de internado y residencia, me mudé al Upper East Side de Manhattan y comencé mi formación en cardiología en el hospital Lenox Hill. Allí dirigí la Unidad Cardiaca de Cuidados Intensivos; recibía pacientes de la sala de urgencias y atendía consultas por todo el hospital. La responsabilidad se hizo tan pesada como los rollos de mi barriga. Durante los siguientes tres años de formación, mis alergias empeoraron tanto que tuve que tomar antihistamínicos y utilizar inhaladores de esteroides. Mi digestión se estaba convirtiendo en una pesadilla. Con frecuencia me sentía hinchado y tenía molestias abdominales y periodos alternos de estreñimiento y diarrea. Todo esto me resultaba muy alarmante.
Decidí acudir a uno de nuestros gastroenterólogos en busca de ayuda. A los pocos minutos de escuchar mi historia, me ordenó una endoscopia superior y una inferior, una ecografía abdominal y un análisis completo de sangre. Los resultados fueron absolutamente normales. El diagnóstico del especialista fue “Síndrome del intestino irritable” (SII). No se puede hacer mucho, me dijo, fuera de intentar controlar los síntomas con antiespasmódicos, pastillas antiflatulencias, analgésicos y la alternancia de antidiarreicos con laxantes. No me preguntó por mi dieta, lo cual no me sorprendió pues yo jamás había tenido una clase de nutrición durante mi entrenamiento.
Unos meses antes de finalizar mi especialización, despertaba con dolor en el pecho. Si no hubiera sido cardiólogo, habría ido a visitar a uno. Pero yo sabía que el músculo del corazón y sus arterias no eran el problema. El problema era otro aspecto del corazón, sobre el cual tampoco había recibido ni una sola clase ni había mantenido una discusión en todos mis años de capacitación. Me sentía triste. De hecho, estaba deprimido.
Esto me resultó muy desconcertante. No había antecedentes de depresión en mi familia. Estaba siempre muy ocupado, me gustaba trabajar duro y era bueno en lo que hacía. Algo debía andar muy mal porque mi sensación de perdición inminente, no se justificaba con ninguna de las dificultades por las que estaba pasando en ese momento.
Pronto empecé a notar algo aún más alarmante: desde que me despertaba hasta que me iba a la cama, mi mente no paraba de dar vueltas. Un torbellino de pensamientos me rondaba constantemente. Y no era yo quien elegía esos pensamientos. De hecho, si hubiese podido elegir, no habría pensado ni 90% de las cosas que, día tras día, me pasaban por la cabeza. A veces escuchaba diálogos en mi mente. Me di cuenta de que entre los locos que hablaban solos en el metro y yo sólo había una diferencia: ellos lo hacían en voz alta.
Los pensamientos eran más fuertes por la noche. No podía dormir. Y eso provocaba aún más pensamientos. Si no era yo quien elegía esos pensamientos, ¿quién
