Índice
Hablar de todo y no saber de nada
Prólogo de Xavier Sardà
Prefacio
1. Por la crisis a la teledemocracia
2. ¿Por qué crecen las tertulias?
3. Quiénes son los tertulianos
4. Las puertas giratorias
5. El aprendizaje en la política
6. Tertulianos y tertulianos
7. Pensar lo que se dice
8. Taxonomía del tertuliano
9. Cómo me convertí en tertuliano
10. Bendita Wikipedia
11. Fronteras difusas
12. En minoría
13. ¿Hay tertulianos buenos y tertulianos malos?
14. Lentejas
Epílogo. Desde las alturas
Sobre este libro
Sobre Joan López
Créditos
A aquellos de los que nunca estuve a la altura:
Mariluz, Ricard, Glòria y mis padres.
Gracias por vuestra infinita indulgencia
Hablar es fácil.
JULIANO el Apóstata
Si quisieran hablar solamente de lo que entienden, los hombres apenas hablarían.
ARTURO GRAF
Habla con suavidad y lleva un buen garrote; llegarás lejos.
THEODORE ROOSEVELT
Este país tiene una deuda con los tertulianos.
FERNANDO ÓNEGA
Prólogo
Me he pasado la vida haciendo preguntas y ahora intento contestarlas. Me he pasado la vida presentado programas y organizando tertulias, y ahora estoy al otro lado del mostrador. Me gusta. Formar parte de una tertulia es para mí, contra lo que pueda pensarse, un ejercicio de humildad. Ya sé que puede sonar contradictorio, pero saber qué decir y decirlo sin alargarse excesivamente, sin quedarse corto, alejado del tono solemne y del puro humor, es todo un reto. La tertulia es el tuit entrelazado, el Facebook al pilpil y la discrepancia en Adobe.
Este libro repasa la «tertulianidad» (toma ya) en todas sus facetas: empresa periodística, tipología, anecdotario... y va y ¡no es aburrido! Joan López Alegre hace una radiografía del fenómeno este de las tertulias, que dicen que está en crisis desde hace dos mil años.
A las tertulias se las critica por todo: manipulación, pasión, populismo... Los puristas parecen ignorar que sin énfasis no habría periodismo ni literatura. Puestos a criticar, discrepo casi siempre de las teles y las radios públicas que pagamos entre todos y están solo al servicio de los que mandan. En esto no hay diferencias entre las Españas y las Cataluñas.
López Alegre habla aquí de las tertulias trenzando su propia experiencia en muchas de ellas. En este sentido, este no es un libro teórico farragoso, porque está lleno de sus propias vivencias en el guerrear dialéctico y argumental.
De López Alegre discrepo en muchas ocasiones. En esta también por elegirme para hacerle el prólogo, porque da mucha pereza.
¿Lo ven?... ya me alargo. Nada, que el libro está muy bien. Salut. (¿Esto lo pagan?)
XAVIER SARDÀ
Prefacio
De 2004 a 2006 fui diputado en el Parlament de Catalunya, donde ejercí como portavoz en materia de política social, que incluía, entre otras atribuciones, las de sanidad. Para ese cargo fui designado sin experiencia profesional alguna, pero el equilibrio político interno del grupo pasaba por delante de ese «pequeño» detalle. Sencillamente, sustituía a Alicia Sánchez-Camacho, que había sido elegida diputada al Congreso tras las funestas elecciones de marzo de 2004, de la que recibí, sin más, sus atribuciones. El PP había pasado a la oposición de forma imprevista tras los atentados de Atocha y claramente había otros problemas que atender.
En infinidad de ocasiones me sentí abochornado por tener que asistir a actos o reunirme con personas que, algo que comprendía, manifestaban sin disimulo su decepción por mi desconocimiento de los asuntos que me querían exponer. En una ocasión, me llamó un lobista farmacéutico para invitarme a comer con el presidente de una de las compañías más importantes que, entonces, estaban casi todas en Barcelona. Le expliqué que no valía la pena: sería una comida frustrante para ellos dado mi desconocimiento de la cuestión, pero él insistió afirmando que no sería para tanto. Al finalizar el encuentro me dijo como despedida: «Pues tenías razón, de farmacia y proveedores sanitarios públicos no tienes ni puñetera idea». Obviamente, no me volvió a llamar nunca más para verme con clientes suyos.
Pese a esa dura temporada, años después, cuando por motivos profesionales tuve que participar en bastantes tertulias, agradecí esa experiencia que me había obligado a ocuparme de asuntos sobre los que lo ignoraba todo, algo frecuente en el día a día del tertuliano.
Haber llegado a dicha condición por azares inesperados me ha hecho reflexionar bastante sobre las tertulias y su significado. Este libro solo pretende ser una pincelada, no definitiva, ni académica, sobre ese mundo tanto en radio como en televisión.
No se trata ni mucho menos de un fenómeno nuevo. José Luis Balbín, con el mítico programa La clave en TVE y Fernando Ónega en radio pueden ser considerados los pioneros en España. Pero ha sido en los últimos años, al amparo de la maldita crisis económica y la crisis política y social que ha comportado irremediablemente, cuando las tertulias han ganado audiencia y espacio, mucho espacio, en los medios de comunicación.
Debido a ese crecimiento, y dado que en España hay más de 43 millones de personas que vemos habitualmente la televisión y 37 millones que escuchamos, también, la radio, las tertulias son muy difíciles de evitar, tanto si te gustan como si las detestas. Por eso resulta muy interesante lanzar una mirada a un fenómeno tan extendido y relativamente reciente.
Vaya por delante que este libro solo aborda las tertulias desde la perspectiva del tertuliano freelance, a partir de la infinidad de horas que me he pasado dentro del coche o en un bar preparándolas y luego participando en ellas. Un repaso desde otros puntos de vista exigiría una tetralogía, algo que no me siento capaz de escribir. El segundo libro de esa eventual tetralogía sobre las tertulias que propongo debería partir de la perspectiva de los directores o conductores de los programas y sus equipos. Saber qué piensan de nosotros, qué dicen de los colaboradores, cómo los eligen o por qué los descartan es algo que yo puedo intuir o me han contado, pero que no he vivido.
El tercero de esos libros debería abordarse desde la perspectiva de los ejecutivos y propietarios de los medios, y el cuarto, desde la visión de los partidos políticos. Ojalá el resultado de este primer experimento anime al editor a afrontar la propuesta en toda su amplitud.
Lo que más me ha costado durante el proceso de escritura ha sido la inclusión de anécdotas y vivencias personales, porque, aunque haga de tertuliano, no soy una persona especialmente abierta ni simpática. Creo, sin embargo, que estas sirven para que el libro no sea solo para estudiantes de periodismo o políticas, que ya sería mucho, sino que tenga un valor añadido que facilite su lectura y a la vez lo contextualice en un momento especialmente complejo para millones de personas que, desde 2008, nos las hemos visto y deseado para salir adelante.
Pido disculpas a quienes no haya citado de forma literal y a quienes no cito con suficiente profusión aunque lo merezcan. Mis experiencias no son espectaculares ni tienen mayor importancia; y aunque se circunscriben tan solo a mi modesto día a día, quizá muchos otros tertulianos podrán verse identificados con ellas. Siento sinceramente si he ofendido a alguien por lo que he escrito. De quienes hablo aquí tengo mucho que agradecer: de todos he aprendido algo, bueno o malo, pero aprendido a fin de cuentas.
No podría haber escrito este libro sin los productores, directores, presentadores de programas y ejecutivos o propietarios de los medios que han contado conmigo. Así que gracias a Jordi Basté, Marga Ortuño y Eduard Pujol de RAC1. Gracias a Lídia Heredia, Marta Jérez y Carme Ros de TV3. A Carles González, Eladio Jareño, Quim Barnola, Xavi Díaz y Marta Sugrañes de TVE. Gracias también a las maquilladoras de ambos canales, que han afrontado el reto imposible de sacarme guapo por la pequeña pantalla. A Ramon Castelló de Ràdio 4, Radio Nacional de España. A Agustí Esteve del canal 3/24 de Televisió de Catalunya. A Saül Gordillo y Sílvia Cóppulo de Catalunya Ràdio. A Dani Domenjó de Barcelona Televisió. A Albert Fernández Saltiveri de Badalona Televisió. A Marta Polo de Canal Català. A Ramon Miravitllas y Enric Hernández de COM Ràdio. Y a Pep Andreu, Jaume Puig y otros muchos de Televisió de Mataró.
En cada programa he aprendido mucho, me han disculpado cuando he metido (frecuentemente) la pata y he conocido a personas fundamentales en mi vida personal y profesional. Quiero aprovechar estas líneas para decirles que lo que realmente me gustaría es que me dejaran retransmitir partidos del RCD Espanyol, como hace mi admirado Javier de Haro en la Cope Catalunya.
Gracias a Pere Rusiñol, el amigo y periodista que me puso sobre aviso de mi despido de la política por la prensa, por presentarme a Miguel Aguilar, el editor de este libro, hombre paciente con mi inexperiencia y mi impresentable impuntualidad en la entrega de los originales.
También quiero dar las gracias al equipo de Strategycomm, que ha cubierto, sin mostrar jamás resignación o fastidio, mis ausencias en el tiempo, que yo siempre creeré insuficiente, dedicado a escribir este libro.
Gracias a Xavier Sardà por su prólogo. Solo me habría gustado más si lo hubiera escrito el Sr. Casamajó.
Y guardo para el final lo más importante: gracias a todas las personas que han pasado, como mínimo, un minuto de su vida escuchándome, aunque sea por accidente o fastidio, ya sea en el coche de camino al trabajo o de vuelta, en casa o en cualquier otra situación. Si les he aportado una visión distinta o les he reafirmado algo en lo que ya pensaban me siento más que recompensado.
Mataró, septiembre de 2016
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Por la crisis a la teledemocracia
La crisis económica, de la que estaremos saliendo por mucho tiempo, arrancó oficialmente el 15 de septiembre de 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, una firma de servicios financieros estadounidense con más de ciento cincuenta años de historia.
En España, la crisis ya se cocía de antes, ¡¡¡y de qué manera!!! Con la dichosa crisis, creció la efervescencia política. Eran tiempos de Rodríguez Zapatero (ZP), y el Partido Popular (PP) tensi
