100% Naty

Vicente Gallart

Fragmento

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Una mujer, para tener personalidad propia al vestir, debe conocerse bien a sí misma. En primer lugar, no hay que hacer caso de lo primero que te puedan decir sobre qué ropa debes ponerte. En la moda es más difícil aprender a decir «No» que a decir «Sí», algo que ocurre muy a menudo en otros aspectos de la vida. Es importante desarrollar una buena capacidad de análisis.

Las tendencias en la moda sirven como guía, pero antes de empezar a ponérselas todas encima… hay que mirarse en el espejo y aceptar que muchas de ellas probablemente no van a funcionar en nosotras por el motivo que sea. En este sentido, es conveniente tener en cuenta la opinión de expertos en moda que sean cercanos.

Por ello, creo que las prendas intemporales son el gran tesoro de nuestros armarios. Y también creo que la mayoría de las que obedecen a tendencias muy concretas de cada temporada pueden convertirnos en fashion victims. Y este no es el camino adecuado para disfrutar de la moda de una forma sana y equilibrada. No lo es. Os lo aseguro.

Según el actual fashion system, se supone que cada seis meses debes renovar tu vestuario. Hay que mirar la otra cara de la moneda y entender que el verdadero reto para una fashion lover es la búsqueda de prendas y accesorios que perduren y se conviertan en algo sentimental para ella. Entonces es cuando verdaderamente disfrutarás de la moda, cuando te aporte ese allure que te convertirá en una mujer con personalidad propia al vestir, que te transformará en una Audrey Hepburn y no en una Paris Hilton.

La moda del siglo XXI nos llega a través de las revistas, los escaparates, las campañas de publicidad, la televisión, internet… Sin embargo, hacernos con una parcela en la que se imponga nuestro estilo personal y seamos nosotras quienes decidamos qué ropa nos ponemos y no nos ponemos es muy necesario.

Las firmas de moda nos dicen que nos vistamos estilo años 50 o años 70 o años 80. La ausencia de nuevas ideas que realmente sean apetecibles ha obligado a la moda a abrir su baúl de los recuerdos cada temporada para reinterpretar prendas y accesorios que o son directamente imposibles de llevar en la actualidad o conllevan un riesgo altísimo de hacernos parecer mujeres disfrazadas en vez de vestidas elegantemente.

En este sentido, la preocupante ausencia de buen gusto en la moda actual tampoco ayuda mucho. Confeccionar prendas que nos sienten bien, que nos favorezcan, que respeten nuestras proporciones, que nos hagan estar y sentirnos guapas no parece ser el principal objetivo de muchas firmas y diseñadores. ¿Por qué insisten en afear así a las mujeres de hoy en día? Algunas de ellas aparentan haber salido de un convento de clausura, mientras que otras ya no saben cómo enseñar más por arriba, por abajo, por delante y por detrás. Asistimos a una auténtica lucha entre dos bandos, entre lo rancio y lo vulgar. Hay una justa medida para todo y la moda actual debería recordarlo.

Por otra parte, no aconsejo obsesionarse por los new arrivals. Desarrollar un consumo de moda que dependa exclusivamente de «lo último» que ha llegado a las tiendas puede resultar enfermizo. En un principio, lo ideal es comprar moda teniendo en cuenta nuestras necesidades (y darse algún capricho de vez en cuando porque sí, porque nos da la gana o porque nos lo merecemos por algún motivo). Engancharse a ella para, en el fondo, llenar vacíos de tipo íntimo y personal es un gran error. Convertir el consumo de moda en algo anímico es muy peligroso.

Junto a la presión que ejerce su marketing, el acelerado ritmo que lleva la moda es otro aspecto que dificulta su seguimiento. El constante cambio de siluetas, cortes, colores, tonalidades, tamaños… confunde a cualquiera. ¡Incluso a mí, que trabajo en la moda como profesional desde hace décadas! Por otra parte, la globalización de la moda es una realidad que tiene su parte positiva, pero también negativa al someternos a un constante bombardeo de propuestas que, realmente, no nos interesan y no necesitamos. Si a esto le añadimos la revolución que está suponiendo el shopping online para muchas consumidoras, nos enfrentamos a un monstruo llamado MODA (con mayúsculas) que puede conseguir amargarte la existencia, cuando debería ocurrir todo lo contrario.

Por último, el factor climático es otro de los aspectos que más están condicionando el uso de la moda actual. Su tradicional división en dos temporadas de primavera-verano y otoño-invierno parece solo servir en la teoría, pero no en la práctica. En primer lugar, porque el clima en sí mismo se ha radicalizado debido al poco respeto que le hemos tenido en los últimos tiempos al planeta y, en segundo, porque viajar se ha convertido en algo tan habitual que, a la hora de enfrentarnos a hacer la maleta, ¡ya no sabemos qué meter en ella y qué no! La ropa para el otoño o la primavera, la denominada ropa de entretiempo, solo sirve para formar parte de looks por capas que nos libran de sucumbir ante las calefacciones y los aires acondicionados mortales que tanto abundan. Pero poco más. En general, son inútiles porque vivimos en un planeta en el que pasamos del calor al frío y del frío al calor de un día para otro. Aceptémoslo.

En definitiva, hay que echar el freno y pararse a pensar en aquellas prendas y accesorios que nos sienten bien y nos sean útiles. Hay que buscar el perfecto equilibrio entre belleza y funcionalidad. Ante la confusión, ante el agobio que puede producirnos la moda, lo más aconsejable es echar mano de un manual práctico que instruya y aconseje con sentido común.

Miro mi armario y veo desaciertos (¡quién no!), pero por todos sus rincones veo buenas decisiones que han vencido el paso del tiempo para convertirse en los mejores aliados para hacer de mí, y de ti, una mujer elegante en todas las ocasiones. Teniéndolos muy presentes, es hora de compartir mis conocimientos, ideas, consejos y trucos acerca de la moda. Este manual no solo te ayudará a decidir qué ponerte, sino también pretende instruirte, enseñarte a simplificar y a tener una nueva perspectiva a la hora de pensar en cómo vestirte.

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© Jesús Carrero

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La expresión «fondo de armario» siempre me ha producido rechazo. Suena mal. Suena a ropa vieja y olvidada que no te interesa volver a usar y que acaba arrinconada en una especie de exilio fashion a lo isla de Elba. Sin embargo, el concepto de los básicos me parece mucho más adecuado a la hora de agrupar una serie de prendas que hay que tener sí o sí, que forman parte del front line o primera línea de batalla. Algunas de ellas, como la falda de tubo, el little black dress y el top, son inequívocamente femeninas; pero otras, como la gabardina, el blazer, la cazadora de cuero, el jersey de pico y el pantalón de pinzas, provienen del guardarropa masculino.

Me resulta muy curioso comprobar cómo la moda para el hombre ha sido, es y seguirá siendo fuente inagotable de prendas que funcionan de maravilla para la mujer. En este sentido, Coco Chanel fue una auténtica visionaria e Yves Saint Laurent, un gran genio, porque ambos se anticiparon a un hecho evidente: hombre y mujer comparten básicos de moda que hacen de sus vidas algo mucho más confortable.

Por último y antes de iniciar el repaso de básicos renovados que no pueden faltar en el armario de la mujer actual, destacar la presencia inevitable de la prenda más democrática de la historia: los jeans. Desde los años 70 su evolución ha resultado imparable y, la verdad, ¡quién puede resistirse a su influjo! Del día a la noche el pantalón tejano demuestra una funcionalidad única que lo hace perfecto para transmitir cierta actitud rebelde ante los constantes avatares de la vida. ¡Que no son pocos! A mí me ayudan a sentirme en forma, a sentirme más segura de mí misma en el día a día. Ellos aportan el efecto self-confidence, transmiten una autoconfianza típica de las prendas básicas, pero en su máxima expresión. Un efecto, por cierto, que no viene nada mal teniendo en cuenta los inestables tiempos que corren.

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Llamado little black dress en inglés y petite robe noire en francés. Se le llame como se le llame (o se abrevie como se abrevie, usando LBD o PRN), el vestido negro de cóctel es uno de los mejores inventos de la historia de la moda femenina.

Conviene que su corte sea lo más sencillo posible… ¡para poder decorarlo como te apetezca! ¿Cómo? Por el día, con unas bailarinas, un cinturón de piel estrecho y unas gafas de sol oversize (respecto a la pamela que además llevaba Audrey en Desayuno con diamantes… es mejor dejarla en casa porque solo le quedaba bien a ella). Por la noche, hay que combinarlo con unos stilettos fabulosos, unas pulseras llamativas y un collar imponente.

Su escote es clave para que funcione como auténtico comodín del armario. Si el vestido negro de cóctel tiene cuello a la caja y mangas cortas, quizá te recuerde al que llevaba tu madre o tu tía en fotos de los años 60. Qué poco apetecible, ¿no? Cierra ese álbum. Es mejor que tenga un ligero escote bateau, es decir, de barco, y lleve tirantes medio anchos que se acoplen a tus hombros perfectamente. Así resulta sexy en su justa medida o, lo que es lo mismo, moderadamente sexy. ¿Son posibles las dos cosas a la vez? Desde luego. No hay más que revisar el vestuario de Catherine Deneuve en la película de Luis Buñuel Belle de jour para comprobarlo una y otra vez.

Respecto a su largo, es algo que suele condicionar mucho el éxito o el fracaso de un vestido negro de cóctel. Lo ideal es justo por encima de las rodillas. Si se lleva más corto, aunque seas muy joven, queda ordinario y pierde toda su elegancia innata. Si se lleva más largo, envejece una barbaridad y remite a los vestidos de luto que tanto daño han hecho a la moda en España. El luto mejor por dentro que por fuera, ¡aunque ahora el color negro esté tan de moda!

Por último, cabe recomendar que el vestido negro de cóctel esté confeccionado en crespón de China, como originalmente Coco Chanel lo concibió. Este tipo de seda fría y rugosa se aleja de brillos innecesarios que producirían un efecto abaratador en el vestido. Debe quedar claro: el hecho de que sea un vestido muy sencillo no implica que necesite brillos; al contrario, cuanto más discreto, más bello es.

Tampoco es conveniente que esté decorado con bordados, lentejuelas u otros detalles. ¡No te compliques la vida! Todo esto iría en contra de la funcionalidad absoluta que caracteriza un vestido negro de cóctel perfecto, impidiéndole triunfar tanto de día como de noche teniendo muy en cuenta los complementos que lo acompañen.

Ideado por Coco Chanel, el vestido negro de cóctel es imprescindible en el armario femenino.

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El corte es el primer factor a tener en cuenta a la hora de elegir una americana para mujer. Las hay excesivamente entalladas y, por tanto, femeninas, aunque es un detalle que se contradice con la naturaleza propia de esta prenda: la comodidad y la funcionalidad.

Así pues, ¡no a las americanas muy entalladas! Un blazer debe ser realmente masculino en su esencia para contribuir a reforzar nuestra personalidad femenina. Suena contradictorio, ¡pero no lo es! Por ejemplo, si a una americana masculina le añades un cinturón de piel clásico… et voilà! Consigues feminizarla en su justa medida.

Otro detalle que feminiza la americana es llevarla siempre con las mangas remangadas, del modo más natural posible y dejando ver un poco el forro, un elemento que, en el caso de los blazers para mujer, es importantísimo. La americana es una pieza que debes mirar por fuera y por dentro, ¡tiene doble personalidad! Y para vestirla hay que echarle gracia y dejar entrever lo que se lleve debajo, ya sea una camisa un poco desabrochada, un top o un jersey fino de cashmere. ¡Déjate llevar un poco!

Respecto al color, el azul marino es el adecuado. ¡Nunca en negro! Porque son las que suelen llevar las dependientas de moda en grandes almacenes o poderosas cadenas de tiendas. Tampoco, por este mismo y respetable motivo, hay que combinar el blazer con un pantalón del mismo color.

En fin, destacar que el tejido más adecuado para la confección de un blazer es la franela. En primer lugar, porque es el material original con el que se hacían los blazers de los clubes deportivos de críquet, de navegación, de tenis… en las islas Británicas; en segundo, porque las nuevas franelas de algodón (no de lana) ni abrigan ni dejan de abrigar, es decir, no te agobian; y en tercero, porque son muy agradables al tacto y se limpian con facilidad.

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El hombre está más que acostumbrado a esta prenda. Pero la mujer… no tanto. ¡Y debería! Por su comodidad y elegancia. ¡Supera recuerdos de tu infancia en los que lo llevabas como parte del uniforme del colegio! Tus nuevos jerséis de pico deben transmitir distinción y calidad al combinarlos adecuadamente.

Con camisa, camiseta o sin nada debajo, el jersey de pico debe llevarse siempre ligeramente holgado, jamás muy entallado ni tampoco demasiado oversize como si fuera una prenda que le has robado del armario a tu novio, marido o mejor amigo.

El cuello de pico debe ser moderado. Usarlo como si fuera un escote es un error absoluto y el resultado es vulgar.

En tu armario debes tener uno azul marino y otro blanco roto. ¡Huye de los grises! No favorecen nada si tienes la piel blanca y te obligan a abusar del maquillaje. Y tampoco apuestes por el negro porque para eso ya tienes el azul marino, que es mucho más elegante (combinado siempre con negros, marrones u otros tonos de azul).

Póntelo bajo un blazer o un abrigazo camel, pero no te lo coloques bajo una cazadora de cuero o una gabardina porque pierde su distinción. Tampoco lo combines con tacones altos y joyas, a no ser que sea de noche; de día, siempre con unos mocasines planos que acentúen su intelectualidad.

Si puede ser de cashmere, ¡mejor! Aprovecha una escapada a Londres para pasarte por la sección de hombre de la firma británica Marks & Spencer y comprobar que el cashmere puede tener diferentes calidades y precios realmente asequibles. También en ZARA o Uniqlo puedes encontrarlos.

Indispensable: un jersey de pico, que puede llevarse sin nada debajo, o combinado con una camisa o una camiseta de color que contraste.

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Tener una gabardina en el armario y no ponérsela es algo que ocurre muy habitualmente. ¿Por qué? Principalmente porque no sabes cómo combinarla y en qué ocasiones hay que usarla.

La ciudad en la que vives también condiciona mucho el uso de esta prenda básica. En París o en Londres, por ejemplo, es una pieza imprescindible, pero en España… no tanto, la verdad. Así pues, lo mejor es romper con las reglas y proponerte usar la gabardina ¡por la noche! Anudada con su cinturón sobre un bonito vestido de cóctel y combinada con unos zapatos de salón, buscando el contraste total.

Si te atreves con ella por el día, conviene también llevarla anudada, ¡jamás abotonada ni abrochada con la hebilla! Y tampoco abierta, como la llevaba Meryl Streep en Kramer contra Kramer mientras gritaba por las calles de Nueva York. Qué trauma. Hay que desdramatizar la gabardina (o como le llaman los fashionistas, el trench) y quitarle ese halo de prenda-uniforme para gángsters, espías o detectives.

Su largo debe llegar hasta justo por encima de las rodillas para no resultar incómoda y, respecto a su diseño, recomiendo apostar por gabardinas sencillas que no lleven demasiados botones y solapas por todas partes.

En este sentido, la gabardina masculina tipo Mac (creada por la firma británica Mackintosh), sin doble botonadura y con cinturón, es perfecta para los días de lluvia en los que no hace excesivo frío. Se parece más a un chubasquero que a una auténtica gabardina estilo Burberry, una pieza que, obviamente, siempre resultará mucho más elegante.

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Creada para la mujer trabajadora de los años 40 y reivindicada poderosamente en los ochenta por creadores very powerful como Mugler, Alaïa o Montana, la pencil skirt fue bautizada en España con el desafortunado nombre de falda tubo (al mismo tiempo que la silueta stretch fue llamada silueta tubo o entubada).

Aun así, dentro del mundo falda que suele ocupar un amplio lugar en el armario femenino, la tubo es la única que puede considerarse un básico realmente ponible y combinable. Ni la recta, ni la plisada, ni la minifalda poseen su intemporalidad.

Sin duda alguna, el negro debe ser su color y su talle debe ser alto, además de estar rematado por una cinturilla que se ajuste a la perfección. Su largo favorecedor pide a gritos que sea por encima de la rodilla, ni más ni menos.

No sobra advertir que jamás debe llevarse con zapato plano porque, sencillamente, te conviertes ipso facto en una especie de tapón de corcho de botella de vino. Un zapato de salón de tacón medio es suficiente para elevar la figura y realzar la falda en cuestión. Tampoco conviene combinarla con botas porque se acorta el largo de la pierna al hacerla desaparecer casi en su totalidad.

Sobre todo en negro y de talle alto, la falda tubo ha demostrado ser intemporal: sigue siendo imprescindible en el armario de las mujeres del siglo XXI.

Sobre la falda, una camisa blanca o una blusa de seda son idóneas, mientras que los tops no son adecuados porque desmerecen su elegancia innata. Y como remate del look, sobre la camisa es necesario encontrar una chaqueta péplum y no plantarse el primer blazer que veamos colgado en el armario. La péplum es la prenda original con que se combinaba este tipo de falda en los años 40, por su corta longitud y por el volante inferior que la remata, ese que los franceses llaman basques.

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Entre las mujeres, ¿cómo se considera la misión de encontrar unos pantalones vaqueros que realmente ajusten bien? Pues poco menos que imposible. Sin embargo, este reto no es tan complicado como parece. ¡Al menos para mí!

En primer lugar, hay que tener muy en cuenta el físico personal para iniciar la búsqueda y no escoger el camino erróneo desde el principio. Cada mujer tiene que encontrar el vaquero que más le favorezca y con el que se sienta más cómoda. La principal clave está en hallar el par que se convierta instantáneamente en una segunda piel. Y combinarlo adecuadamente. Con blazer nunca falla y reivindica el look a lo largo de los años 70 de mujeres tan interesantes como Candice Bergen, Ali MacGraw o Jacqueline Bisset.

Elegir la marca apropiada es un paso importante en el caso de los pantalones tejanos. Firmas actuales como Citizen, J Brand o Diesel destacan por confeccionar jeans que realmente respetan las diferentes siluetas femeninas que existen. Los distintos fit que proporcionan son una auténtica guía denim que te ayudará a no perderte en un ámbito de la moda que, la verdad, puede resultar un tanto agobiante por

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