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sacar un 6 . Y tanto unos como otros merecen ser felicitados por su esfuerzo .
La gráfica «Rueda del esfuerzo» muestra perfectamente cómo funciona el mecanismo de motivación y esfuerzo . Para conseguir satisfacción personal normalmente debemos esmerarnos, ya que por lo general no hay nada que sea fácil a la primera .
Si nos esforzamos, conseguimos el objetivo, un buen resultado, y eso genera una satisfacción personal que afecta a nuestra motivación; esa motivación alta guiada por el buen resultado hace que tengamos ganas de esforzarnos más .
Al igual que esta rueda nos explica el funcionamiento en sentido positivo, también puede servirnos para comprender el efecto negativo: si no hacemos las cosas con empeño, el resultado es bajo y, por lo tanto, no conseguimos satisfacción personal, por lo que la motivación baja y tenemos menos ganas de esforzarnos, porque cuanto más desmotivados estamos, menos capacidad de esfuerzo tendremos .
ESFUERZO
MOTIVACIÓN RESULTADOS
SATISFACCIÓN
¿Pol hace sus deberes?
Pol era un niño que a los 8 años sacaba excelentes en todas las asignaturas. Pero, de repente, un día le hicieron un examen sorpresa en el colegio y sacó un 3. Sus padres se alarmaron pensando que quizá su hijo no era tan listo como creían y decidieron traerlo a la consulta. Indagando, descubrimos que la madre, que era maestra, se sentaba todas las tardes con su hijo para hacer los deberes. De esa manera, impedía que su hijo desarrollara la autonomía necesaria para llevar a cabo un buen aprendizaje e impedía que pudiera comprender las cosas por él mismo. Si no se preparaba los temas con su madre, no los entendía; por eso había suspendido ese examen sorpresa.
¿Qué hay que hacer en estos casos? Aplicar lo que acabamos de comentar: no debemos estar a su lado todo el rato, sino dejar que nuestro hijo haga los deberes solo y entrar de vez en cuando a su habitación. Si nos dice que no entiende algo, animarle a que lo lea de nuevo, preguntarle qué cree que significa la pregunta. Se trata de que le demos pequeñas ayudas y nos retiremos enseguida para que haga el esfuerzo él, para que su autonomía vaya creciendo. Por supuesto, las notas de Pol bajaron, pero por primera vez sus resultados dependían de él y de su esfuerzo.
Jan, un caso de pasotismo
Por mi consulta pasó un caso extremo de apatía. Aunque Jan era un niño muy simpático, era tal su grado de desmotivación que ni siquiera tenía fuerzas para ver la tele. Solo quería comer su enorme bocadillo y pasarse el día tumbado en el sofá, sin hacer nada, mirando las musarañas.
Era un chico con problemas de sobrepeso que no hacía nunca los deberes, aunque siempre tenía intención de hacerlos. Mientras se
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entregaba a sus ensoñaciones y a la modorra, cuando los padres le preguntaban por sus tareas, siempre respondía: «Ya las haré después». Era lo que técnicamente se llama un procrastinador, es decir, una persona que todo lo deja para más tarde.
Los padres se enfadaban mucho cuando, al volver del trabajo, se encontraban al chico durmiendo en el sofá. Ambos progenitores eran personas con trabajos agotadores y no entendían que su hijo no hiciera absolutamente nada. Uno de los problemas era que en casa el niño escuchaba muy a menudo la frase: «Estamos cansados», con lo que acababa contagiándose de ese tono vital bajo.
Hasta el inicio de la terapia, los padres de Jan se habían limitado a reñirle, cuando lo que él necesitaba era motivación. La pesada inercia en la que estaba sumido le hacía incluso llegar tarde a la escuela. Una vez en clase, se defendía de su bajo rendimiento adoptando el papel de payaso. Finalmente, los padres lo cambiaron de escuela.
Lo primero que recomendé a Jan cuando empezó a acudir a la consulta fue que dejara de adoptar el rol de bufón, porque, aunque a corto plazo se ganara las risas de sus compañeros, a la larga no obtendría su respeto. Y mucho menos el de los profesores, que lo suspendían constantemente.
Luego le propuse medidas concretas para que organizara su tiempo. Una vez en marcha, demostró ser un chico inteligente con capacidad para resolver bien sus tareas. Le marqué objetivos a muy corto plazo para que tuviera la satisfacción de los resultados, con lo que ganó en autoestima y motivación.
. Qué hacer para que adquieran autonomía en sus responsabilidades escolaresCuando hablamos de responsabilidades escolares no solo nos referimos a los deberes, sino a que es necesario que nuestro hijo sepa, por ejemplo, qué tiene que preparar para el día siguiente, hacerse la mochila o qué asignaturas tiene cada día de la semana .
Como ocurre con otras responsabilidades y hábitos, no podemos pretender ni perdirle que las cumpla todas desde el primer día y sin vacilar . Debemos plantear tres o cuatro objetivos prioritarios como máximo, prepararle para ellos y, durante unos días, iremos preguntándole, animándole a que sea él el que se acuerde de qué tiene que preparar o qué tiene que hacer para el cole . De esa manera, nosotros solo le motivamos a recordar; y él se hace responsable de sus cosas .
Además, si cada día por la mañana le preguntamos, antes de ir al colegio, si lo tiene todo preparado, si sabe lo que tiene que meter en la mochila, en el momento en que él nos conteste, podremos ejercer el refuerzo positivo: felicitarle por haberse acordado . No debemos presionarle ni enfadarnos con él ni decirle que es un desastre por no acordarse a la primera de lo que tiene que hacer . Hay que ayudarle a recordar, darle las herramientas necesarias para que tome conciencia de ello y sea capaz de hacerlo . Si no nos centramos en los defectos, sino que le acompañamos durante el proceso, alimentaremos su motivación y conseguiremos que se sienta capaz .
En cuanto a los deberes como responsabilidades escolares, los padres debemos tener dos ideas muy claras . Tenemos que preocuparnos por el espacio: es importante contar con un entorno correcto para poder trabajar, es decir, una habitación ordenada, una mesa limpia y unos utensilios adecuados . Por otro lado, debemos conseguir que se haga responsable de sus materiales, de la agenda y de sa
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ber qué deberes tocan . Tenemos que estar cerca y a la vez potenciar que sea autónomo .
Gerardo y el problema de ser dependiente
Gerardo es un niño que vive con sus padres en un dúplex. En una sola tarde era capaz de hacer subir a su madre al piso de arriba unas veinte veces mientras él hacía deberes.
La madre me explicó que el niño durmió con ella durante mucho tiempo porque lloraba por la noche, tenía miedo, etc. El padre es un hombre muy simpático, pero poco implicado en la educación de su hijo. Gerardo creció como un niño muy dependiente y mimado, con poca autonomía.
Expliqué al padre que debía implicarse más, mostrar un trato más masculino hacia su hijo. Cuando un niño tiene mucha dependencia de su madre, desarrolla excesivamente la parte femenina y llega a copiar la forma de hablar, expresarse y moverse de su madre.
Por esta razón, pedí a la madre que se distanciara en cierta medida de su hijo. Este empezó a volver solo del colegio, a prepararse él mismo el bocadillo y a revisar lo que le hacía falta antes de subir a la planta de arriba para hacer los deberes. Creamos una pauta de distanciamiento en conductas que él podía hacer solo, pero con implicación de los padres a nivel afectivo. Por ejemplo, el niño hacía los deberes solo, pero al final los repasaban entre todos o simplemente los padres le preguntaban qué tal le habían ido.
Dicen que Linda es demasiado inquieta
A mi consulta llegó una madre preocupada por su hija porque, cuando ella no estaba sentada a su lado haciendo los deberes, no paraba de levantarse: iba al lavabo, a beber agua, a buscar una muñeca... No se
estaba nunca quieta. La madre tenía que estar siempre encima insistiendo: «Vamos, Linda, no te distraigas... Linda, ahora tienes que hacer el ejercicio número dos...».
Cuando la madre se alejaba del escritorio de la niña, no había manera. Al parecer, en clase tenía el mismo problema: se levantaba constantemente, distraía a sus compañeros, se quitaba los zapatos...
Elaboré para ella un conjunto de estrategias muy acotadas para que pudiera gestionar mejor su tiempo. Dividimos las actividades en espacios de diez minutos, que era el tiempo máximo que al principio la niña era capaz de concentrarse. Después de cada esfuerzo le daba un par de minutos para que se desfogara y volviera acto seguido al trabajo. Con el tiempo fue ganando más resistencia a la distracción y más paciencia.
Paralelamente, hablamos con sus maestros para que estuvieran al corriente del caso y no se limitaran a expulsar a la niña de clase. En estos casos, es preferible encomendarle una tarea: repartir folios, ir a buscar una grapadora, cualquier cosa que dé una utilidad a su necesidad de movimiento.
. Modos de establecer un buen hábito del sueñoYa sabemos que durante los primeros meses de la vida de un niño, el sueño ocupará muchas horas de su día a día . Eso es lo normal . A medida que pasan los meses, está más horas despierto y duerme pequeñas siestas después de cada comida . Algunos estudios afirman que, a partir del sexto o séptimo mes de edad, el cerebro del niño se empieza a ajustar al reloj biológico que rige las horas de sueño y que nos hace dormir de noche y estar despiertos de día . Es a partir de ese
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momento cuando tendremos que empezar a enseñarle un buen hábito de sueño . Porque de la misma manera que inculcamos los hábitos de higiene, podemos enseñar un buen hábito de sueño: dormir es un hábito . Es cierto que todos sabemos dormir, pero no todos dormimos bien; eso se aprende .
Para establecer un buen hábito de sueño es necesario que creemos una rutina previa al momento de acostarse, de manera que cada noche suceda lo mismo y, por lo tanto, nuestro pequeño asocie ese ritual con la hora de dormir . Por ejemplo, cuando son pequeños, el baño es uno de los elementos que podemos asociar siempre al ritual previo a dormir; después está la cena y, dependiendo de la edad, lavarse los dientes para luego ir a la cama . Siempre en el mismo orden, siempre a la misma hora y siempre utilizando los mismos elementos externos . No podemos pretender que nuestro hijo duerma un día en la cuna, otro día en nuestra cama, otro en el sofá y otro en el cochecito, porque eso le genera un caos . De la misma manera que el mensaje que queremos transmitir en el terreno de los hábitos hi giénicos o las responsabilidades escolares tiene que ser claro, aquí el mensaje también tiene que ser claro y debe reflejarse en los elementos externos: la habitación, la cama, los peluches, el chupete . . . Si los elementos siempre son los mismos, le ayudaremos a que asocie todo eso a la hora de dormir y, de esa manera, se sentirá más seguro e irá aprendiendo un buen hábito de sueño .
Otro elemento necesario para empezar a aplicar un buen hábito de sueño es la actitud de los padres . Nuestro hijo pequeño siente lo que nosotros sentimos; si estamos tranquilos y seguros, él también se sentirá así . Si para nosotros la hora de ir a dormir es un drama, probablemente para él también lo será . Vivámoslo con naturalidad, creemos una rutina en la que participemos todos para que el pequeño asocie los rituales y los elementos externos a dormir .
. ¿Cuál es la mejor manera de que sean autónomos para dormir?Enseñamos para que nuestro hijo sea autónomo y aprenda a hacer los deberes, a hacerse la cama o a lavarse los dientes él solito, y eso también funciona para que sea autónomo a la hora de dormir . Para conseguirlo, es imprescindible que no le ayudemos a dormirse . Esto no quiere decir que lo dejemos en la cuna sin más, o lo mandemos a la cama sin darle un beso de buenas noches, ir a arroparle o contarle un cuento, sino que no dependa de nosotros para conciliar el sueño .
Cuando nuestro pequeño se acostumbra a dormir exclusivamente en brazos, o en la sillita dando un paseo, o sosteniendo la mano de su madre, en el momento en que lo devolvamos a la cuna o le soltemos la mano, notará el cambio, se despertará y sabrá que los elementos que lo acompañan en el sueño no están allí . Lo normal es que se ponga a llorar porque se asusta . Esos elementos externos deben estar al alcance de su mano sin necesidad de que estemos nosotros . Por supuesto, cuando es muy pequeño y se le cae el chupete, no podemos esperar que lo encuentre él solo y se lo ponga . Pero cuando sea más mayor sí podrá encontrarlo, por lo que, si está acostumbrado a dormir solo, simplemente lo buscará, se lo pondrá y seguirá durmiendo .
Entre los rituales previos al sueño podemos establecer la lectura de un cuento o cantar una canción . Tras ese ritual, se dan las buenas noches, se apaga la luz y nuestro hijo debe ser capaz de dormir por sí mismo . Cuando crezca, quizá sea él quien lea el cuento; si duerme con su hermano, tal vez hablen un poco antes de dormir . Pero el hecho será que se dormirá sin necesidad de que los padres estén presentes .
Si nuestro hijo llora, debemos acudir, pero siempre con tranquilidad . Los motivos por los que se despierta pueden ser diversos:
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puede ser que haya tenido una pesadilla, que se haya desorientado y no encuentre lo que esperaba encontrar, o que quiera reclamar nuestra presencia . Sea por el motivo que sea, es importante que vayamos a su habitación tranquilos . Si vamos nerviosos, alterados o gritando, se pondrá más nervioso . Tenemos que tranquilizarle, decirle que no ha pasado nada y dejar que duerma otra vez . Si lo que quiere es que nos quedemos, debemos mantenernos firmes . Es una pauta más . Un hábito que debe aprender y, por lo tanto, debe comprender que no vamos a cambiar el modelo porque él quiera . Simplemente, le explicaremos que ahora toca dormir, que nosotros no podemos quedarnos, que tiene todas sus cosas cerca y saldremos de la habitación .
No es que lo dejemos llorando hasta que caiga rendido: no estamos castigándole, sino enseñándole un hábito necesario . Por eso no debemos dejar que piense que lo hemos castigado o abandonado, pero tampoco podemos transigir y quedarnos con él toda la noche . Hay que encontrar el punto medio .
. ¿Y si tienen miedo a la oscuridad?El miedo a la oscuridad puede aparecer por diversas causas . A menudo, en el entorno de nuestro hijo (escuela, actividades escolares . . .) es posible que se cuenten relatos de terror en los que, casi siempre, algo se esconde en la oscuridad . Eso puede hacer que el niño se quede pensando en esa historia y le provoque pesadillas . Lo mismo puede ocurrir si ve ciertos programas en la televisión, por lo que es siempre aconsejable controlar lo que ve y estar a su lado por si necesita comentar la serie o la película que acaba de ver .
Otra de las causas del miedo a la oscuridad puede deberse a que nuestro hijo se ha acostumbrado a dormir con la luz encendida y, de
repente, hemos decidido apagarla porque creemos que ya tiene edad de entender que nada puede ocurrirle . Sin embargo, es normal que, si la luz formaba parte de su ritual del sueño, al despertar y ver que no está, se asuste . El primer error en este caso es haber dejado la luz encendida desde un principio, porque es básico que nuestro hijo asocie la oscuridad a la hora de dormir .
En cuanto a las pesadillas, lo mejor que podemos hacer es entrar en la habitación y tranquilizar a nuestro hijo . Si queremos conseguir que se calme, no podemos decirle que es una tontería pensar que hay monstruos o que es un miedoso y un quejica; eso sería contraproducente y probablemente solo serviría para que nosotros nos desfogáramos por habernos despertado en plena noche . Para calmarlo, debemos hablarle con voz suave, explicarle que no ha ocurrido nada, que ha tenido un sueño y que ya ha pasado, darle las buenas noches y salir de la habitación . Es mejor no dejarle la luz encendida para que no tenga miedo .
Ante el miedo a la oscuridad, conviene tener la seguridad de que nuestro hijo no sufre ningún problema psicológico que pueda expresarse en forma de miedo . Una vez hayamos descartado ese miedo patológico, empezaremos a reeducar el hábito para dormir y evitaremos los elementos que puedan alterar su sueño, como videojuegos violentos, programas de televisión inadecuados o historias de terror . La hora antes de ir a dormir tiene que ser relajante .
. Cómo gestionar cuando no quieren dormir solosLa base de un buen hábito de sueño es conseguir que nuestro hijo aprenda a dormir solo, que sea autónomo a la hora de dormir . Pero a muchos padres les cuesta dejar a su hijo durmiendo solo en la habitación, y a muchos niños les gusta dormir con sus padres porque
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les aporta seguridad, están acompañados, saben que tienen a alguien al lado . Eso es un problema . Alargar esa costumbre afecta al desarrollo del niño y a la relación de pareja, ya que en algunos casos uno de los padres abandona la cama para dejar que su hijo duerma allí .
Es habitual que, si no se ha establecido un buen hábito del sueño, nuestro hijo se levante por las noches y decida aparecer en nuestra habitación, para dormir en la cama de papá y mamá . Si no lo consigue, llora, y es en ese momento cuando muchos padres ceden y dejan que su hijo duerma esa noche con ellos . Y una noche se convierte en dos, y luego en tres y así sucesivamente . Y ese es el error . Si queremos enseñar a nuestro hijo a dormir solo, debemos mantenernos firmes en esa decisión y dejarle claro el mensaje . De la misma manera que si le dijéramos cada día que se lavara los dientes con un utensilio diferente, el niño acabaría confundido; con las rutinas del sueño pasa lo mismo . Si queremos que duerma en su cama, debemos explicárselo y no ceder .
Para intentar reeducar a nuestro hijo en el hábito de dormir solo, es importante que su habitación sea acogedora, que tenga todos los elementos externos habituales en su cama y que le expliquemos, en un tono agradable —nunca alzando la voz, aunque llore—, que esa es su cama y que debe dormir allí, con sus cosas . Después de esta explicación, bajaremos las persianas y saldremos . Probablemente se ponga a llorar o se levante y vaya a vernos llorando a nuestra habitación o al salón, para que estemos por él . Si ve que haciendo esto le hacemos caso, utilizará constantemente esta estrategia, pues lo que él quiere, al fin y al cabo, es que nosotros estemos con él .
Lo que debemos hacer en estos casos es entrar en su habitación a intervalos de tiempo, pero no para ordenarle que se calle ni para sentarnos junto a él hasta que se duerma (eso sería volver al punto cero), sino para darle confianza, para demostrarle que estamos cerca pero que no podemos ceder ante sus exigencias porque hemos decidido que debe dormir solo y no vamos a cambiar el patrón
aunque él se ponga a llorar . Recordemos que no estamos castigando, sino reeducando, y por eso es importante que estemos allí pero no demos nuestro brazo a torcer: que sepa que no lo hemos abandonado .
Puede ser bueno que, durante los primeros días, practiquemos el refuerzo positivo cada vez que duerma solo toda la noche, para que vea que estamos contentos, que valoramos su esfuerzo y así motivarle a seguir haciéndolo .
. Se han acostumbrado a dormirse con la tele, ¿ahora qué?Acostumbrarse a dormirse con la tele no es algo que les ocurra únicamente a los niños . Muchos adultos lo hacen; se supone que el zumbido del televisor o la voz de fondo les ayudan a conciliar el sueño . Muchos de estos adultos, en el momento en que apagamos la tele, se despiertan, sobresaltados, porque el elemento que acompaña su sueño ha desaparecido . Es normal que un niño que se haya acostumbrado a dormir con la tele se despierte si la apagamos o si lo trasladamos a su habitación .
Ver la tele no es malo, pero puede llegar a serlo si se hace a horas que no toca o crea dependencia . Si un niño se queda dormido en el sofá del salón porque sus padres quieren estar un rato más con él, ese niño se acostumbrará a dormir con la televisión de fondo . Y eso, por sí mismo, ya es un mal hábito de sueño .
Para romper con este mal hábito, tendremos que reeducar a nuestro hijo siguiendo los mismos pasos que si se hubiese acostumbrado a dormir en la cama con papá y mamá: habrá que volver a empezar desde cero y enseñar los hábitos que queremos que adopte . De hecho, hay que iniciar de nuevo los rituales, escoger los elementos ex
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ternos que van a acompañarlo en sus sueños y pautar unos horarios . Debemos eliminar el sonido del televisor como elemento externo; es incluso recomendable que durante la cena el televisor esté apagado para que nuestro hijo no vuelva a asociar la hora de dormir con la televisión . Ese aparato no se encenderá delante de él después del baño, porque ya no forma parte del ritual, y no puede estar presente durante la cena porque confundiría a nuestro hijo . Debemos ser firmes y debemos ser consecuentes con las pautas que queremos transmitirle .
. ¿Qué hacemos si retrasan la hora de dormir por estar jugando con dispositivos electrónicos?El problema con la falta de sueño debido a los videojuegos o al ordenador en general se da, sobre todo, a partir de la preadolescencia y, sobre todo, durante la adolescencia . En esta época, nuestros hijos quieren tener mayor libertad en sus horarios y mayor privacidad . La necesidad de autoafirmarse hace que, en muchas ocasiones, nuestro hijo adolescente rechace de forma sistemática los hábitos y las normas que le hemos transmitido a lo largo de la infancia .
Actualmente, son muchos los adolescentes que tienen un ordenador con acceso a internet o una videoconsola en la habitación, ese lugar que se ha convertido para ellos en un santuario de su intimidad y en el que se encierran con consentimiento de los padres . Allí pueden chatear, jugar a videojuegos, ver vídeos . . . hasta la hora que quieran . Porque otra característica común entre los adolescentes es su desprecio hacia el sueño; para ellos dormir es una pérdida de tiempo comparado con jugar con dispositivos electrónicos o mandarse mensajes por WhatsApp . Lo que ellos no saben es que, cuanto menos duermen, más cansados están y menos rinden en la escuela .
Uno de los problemas principales de este hábito no es tanto el hecho de dejar que estén en su habitación —necesitan tener su espacio, aunque también hay que acotarlo—, sino el permitir que tengan un ordenador u otros dispositivos en su cuarto . Una de las normas básicas para disfrutar de un buen descanso es evitar esa clase de aparatos en el dormitorio . Es mejor tener el ordenador y la tele en un espacio común, como el salón, para impedir que se queden enganchados a internet .
Si eso no es posible y el ordenador está en su habitación, pactaremos con nuestro hijo unos hábitos y él deberá cumplirlos, porque, por muy mayor que él se crea que es, sigue siendo menor y debe respetar las normas que le hemos pedido . De hecho, ya las conoce, pero se niega a cumplirlas, por lo que habrá que recordárselas . Y si no las respeta, debemos actuar como en otros casos: privarle de un privilegio para que comprenda que nos mantenemos firmes en nuestra decisión
