Les Luthiers: de la L a las S

Daniel Samper Pizano
Álex Grijelmo
Les Luthiers

Fragmento

Prefacio al prólogo del prólogo

Prefacio al prólogo del prólogo

En 1991 se publicó en Argentina la primera edición de Les Luthiers de la L a la S. El mundo era más joven y Les Luthiers también. Su repertorio menos vasto, muchos personajes que adquirieron vida en su obra no habían saltado aún a escena y no pocos instrumentos reposaban aún en la mente de estos artesanos de artilugios sonoros, canciones y risas.

Dieciséis años después, cuando el grupo cumplió su cuadragésimo aniversario sin cesar de recorrer escenarios, ciudades, países y, sobre todo, aeropuertos, se publicó una nueva edición de aquella obra, que, dicho sea de paso, estaba agotada.

Ahora, en 2024, llega una tercera versión de la vida y milagros del grupo que durante cincuenta y siete años sembró risas y admiración en cientos de miles de espectadores.

Han cambiado muchas cosas en el mundo y en Les Luthiers. También en la edición que el lector tiene en sus manos. El reloj inclemente de la vida también ha corrido para el grupo. Debido al fallecimiento de dos de sus miembros —Daniel Rabinovich y Marcos Mundstock—, el retiro de otro —Carlos Núñez Cortés— y la sucesiva incorporación al equipo titular de varios reemplazantes, el conjunto dejó de ser un quinteto y volvió a ser un sexteto, como en otros tiempos. Además, al cabo de una gira triunfal de despedida, el exquinteto, exsexteto y exsepteto —pues en una primera etapa los chiflados eran siete— se retiró de los escenarios. Los históricos Jorge Maronna y Carlos López Puccio decidieron que había llegado el momento de interpretar el compás final. Ellos y sus últimos compañeros (Roberto Antier, Tomás Mayer-Wolf, Martín O’Connor y Horacio «Tato» Turano) emprendieron la ronda del adiós con su nuevo y postrer espectáculo —Más tropiezos de Mastropiero—, recogieron en ella calurosas ovaciones y abundantes lágrimas, y una noche triste y feliz, al terminar la función, colgaron los esmóquines, guardaron los instrumentos, se abrazaron con el personal invisible y los Hombres de Negro y se marcharon a casa.

La versión 2024 de Les Luthiers de la L a la S recoge y actualiza el material que escribió el luthierómano periodista colombiano Daniel Samper Pizano en las primeras ediciones, y publica una extensa, divertida y documentada segunda parte cuyo autor ha sido el también luthierómano y también periodista, pero no colombiano sino español, Álex Grijelmo García. Se reproducen una vez más los prólogos clásicos del Negro Fotanarrosa y se enriquece el contenido con más fotografías, más datos personales, más estadísticas y más anécdotas de este grupo de chicos geniales que un día tuvieron la absurda pretensión de hacer reír a la gente con números de humor y música y, contra todo pronóstico, lo consiguieron de forma apoteósica.

Prólogo al prólogo

Con cierta frecuencia, algunos escritores, en el trance de enviar trabajos a concursos literarios, echan mano al consabido recurso de narrar las peripecias de un escritor en trance de enviar un trabajo a un concurso literario. Siempre me ha parecido muy poco imaginativa dicha opción. No sería ese mi caso, ya que, a los efectos de escribir un prólogo, son infinitos los enfoques de que dispongo para afrontarlo. Fue así que me sentí ligeramente contrariado cuando Les Luthiers, más que pedirme, me suplicaron que aceptara la responsabilidad de tratar de escribir unas palabras introductorias para este libro. Les confesé, tratando de ser lo más convincente posible, que nunca he sido amante de los prólogos —uso literario que siempre me ha parecido tan inútil como pedante—, donde un supuesto conocedor explica, con visos de superioridad, qué es lo que vamos a leer.

No obstante, Les Luthiers insistieron.

—Tenemos mucho temor —dijo uno de ellos— de que lo que escriba Daniel Samper Pizano sea de una tediosa monotonía.

—En cambio —aportó otro—, es bien sabido que si las primeras palabras de un libro atrapan al lector, este ya no podrá abandonarlo, pagará por él el dinero requerido y, cuando menos se acuerde, tendrá el libro metido en la intimidad de su casa, sin chance de devolverlo, aun cuando la continuidad de la escritura sea de una pobreza manifiesta.

—La enseñanza de los best sellers en este aspecto es ampliamente demostrativa —agregó otro de los componentes del conjunto.

—Es más —aventuró un cuarto—, pensamos que podrías fragmentar el prólogo en varios prólogos e insertarlos a intervalos criteriosos en el libro, a efectos de que, cuando la atención del lector comience a languidecer, el hallazgo de un nuevo «Prólogo II» o «Prólogo III» excite de nuevo su poder de concentración.

Yo persistí en disuadirlos.

—Lo que pasa —les dije— es que la vida de ustedes, a nivel conjunto o individual, es de tal riqueza, de tal magnitud en lo que respecta a aventuras, pasiones, desdichas y amoríos, que incluso un negado para el periodismo podría conseguir una obra inolvidable. En una palabra, con tamaño tesoro potencial, hasta un inepto podría hacerlo bien.

Ellos, tal vez halagados, acordaron con mi teoría, pero insistieron en que elaborara el prólogo, con esa misma obcecación y obsesividad que los ha llevado, hoy por hoy, al exclusivo pináculo donde se pavonean.

Finalmente, doblegada mi voluntad, acepté el encargo.

ROBERTO FONTANARROSA
1991

Prólogo

Entiendo que hubo una fecha puntual en mi relación con Les Luthiers que significó para mí una demostración palmaria de que había sido aceptado definitivamente dentro del grupo. Se trata de una fecha de connotaciones un tanto religiosas, con matices paganos, que se repite de año a año con cronométrica precisión. No se me ha permitido develar el día exacto. Es la jornada que ellos llaman «El Día de la Revelación», y son muy pocos los seres humanos que han podido acceder a ser testigos del evento. Corresponde a la ceremonia en que Carlos López Puccio abre su cartera personal y vacía la totalidad de su contenido sobre la mesa de reuniones creativas. Aparecen entonces allí, ante la sorpresa, emoción y también —¿por qué no?— desagrado de los presentes, una serie increíble, alucinante y conmovedora de los más disímiles, inesperados y perturbadores objetos. No abundaré en detalles sobre ellos por un elemental prurito de buen gusto y discreción. Tan solo diré, a fin de orientar al lector, que muchos de ellos son de naturaleza perecedera, y otros, privativos del uso íntimo. Lo cierto, lo evidente, es que solo una mínima logia de iniciados puede ser partícipe del ritual, dado que, a través de la lectura de dichos objetos, cualquier testigo podrá deducir, devanar y descubrir el pasado, presente y futuro del grupo humorístico-musical.

La misma inquietante sensación de asomarme a un abismo insondable y de fatal atractivo experimenté al leer este libro pergeñado por la pluma de una de las figuras mayúsculas de la literatura latinoamericana, don Daniel Samper Pizano, vecino de Bogotá y Madrid. Este libro expone al gran público, en descarnada cirugía, las abyectas miserias y los enceguecedores resplandores del conjunto de bufos argentinos con la misma cruda veracidad con que podría hacerlo el conjunto visceral de la cartera de mano de Carlos López Puccio.

E incluso yo, que me precio de conocer al grupo en sus más recónditos vericuetos, resulté sorprendido ante la lectura de diversos pasajes, como aquel que revela que Les Luthiers cobran dinero por sus actuaciones. Ellos siempre me dijeron, desde que me uní al conjunto como colaborador creativo en 1977, que se mantenían económicamente gracias a sus profesiones particulares, y que las funciones eran benéficas. Que se trataba de actuaciones con fines de carida

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