
¿Cómo? ¡No me puedo creer que haya vuelto a pasar DE NUEVO!
—Tío, ten más cuidado, que es la tercera vez que me tiras el refresco encima ¡y ya no me quedan pantalones limpios! —le digo al cara pan de mi amigo Pablo.
—Yi ni mi quidin pintilinis limpis mimimimi —se burla de mí en ese momento y yo le doy un golpe en el brazo para que se calle inmediatamente mientras me levanto del sofá para ir a cambiarme de ropa por tercera vez.
¿En qué momento me pareció buena idea que mis colegas se vinieran a casa para echarnos unas partidas a la Play? Han tirado todas las patatas fuera de la bolsa, ya van cinco refrescos por los suelos (tres caídos en combate sobre mi ropa) y ahora quieren pedir PIZZAS.
Yo encantado, ¿eh? Pero es que luego el marrón de limpiarlo me va a tocar a mí, no a ellos.

Cuando me vuelvo a sentar en el sofá oigo tanto follón en el piso de arriba que me tengo que reír.
—Menudo fiestón tienen ahí arriba —comenta Charlie (que, en realidad, se llama Carlos, pero en inglés todo suena mejor).
—Cuando terminemos las partidas, podríamos subir —digo yo y, enseguida, Pablo y Charlie se empiezan a animar—. Pero primero vamos a comer esas pizzas. Charlie, pide tú, que me da toda la pereza.
—¿Yo? Pfffffffff —resopla antes de sacar su móvil y abrir una aplicación para pedir comida—. Mmm, creo que no, porque no funciona.
—¿Cómo no va a funcionar?
—Que no funciona, Arta, prueba tú.
—Sieeeeeempre tengo que hacerlo yo todo, tío. —Cojo el móvil y veo que, efectivamente, se ha caído la aplicación—. Pues nada, tío, llama por teléfono y ya está.
Me hago con el mando de la Play para retomar mi partida mientras Charlie llama en manos libres a la pizzería.
Lo que no me espero es que un PITIDO horrible salga del teléfono y me obligue a soltar el mando de la consola para taparme los oídos.
—¿Qué es eso? ¡PÁRALO! —grita Pablo.
—¡NO SOY YO! ¡ES EL MÓVIL! —Charlie tira el teléfono contra el sofá y lo aplasta con un cojín a ver si el pitido se detiene, pero sigue y sigue sin parar.
—PERO ¡CUELGA LA LLAMADA! —grito tan desesperado que me he salido al balcón con Pablo.
Parece que Charlie tarda un segundo en reaccionar, pero al final se lanza a por el móvil y cuelga. El pitido se detiene por completo y respiro tranquilo. Menos mal, me estaban a punto de explotar los tímpanos.
Parece que todo está bien cuando, de repente, dejo de ver. Literalmente. No veo NADA.
—¿Qué está pasando? —Parece que a Pablo le sucede lo mismo, porque está acojonado.

—¡TÍOS, NO VEO NADA! —Charlie grita desde dentro del apartamento—.

—Eso parece... Y por toda la ciudad —digo cuando echo un vistazo a la calle. Solo la luna ilumina las calles. No hay ningún edificio con luz.



—NOOOOOOOOO. ¡No había guardado los últimos progresos! —se queja Pablo a mi lado cuando entramos en el apartamento y todo sigue a oscuras. Menos mal que nuestros móviles tienen linternas.
—¿Qué está pasando? —Charlie parece asustado con la situación, mientras que yo no puedo apartar la mirada de la ventana.
—Esto es Barcelona —digo—. Fijo que son efectos especiales de alguna peli que están grabando por aquí cerca.
—¿Qué dices, tío? —Pablo me da un golpe en el brazo—. ¿Cómo van a apagar toda la ciudad para grabar una película?
—Movidas más raras han hecho...
Mientras tanto, los del piso de arriba parece que no se enteran de nada de lo que está ocurriendo, porque aunque la música no funciona (obvio), parece que no la necesitan porque están cantando a pleno pulmón ellos solos.
—Bueno, si no pueden traernos las pizzas, habrá que prepararse algún bocata o algo —propone Charlie.
—Bro, ¿no puedes dejar de pensar con el estómago ni AHORA?
Parece que Pablo y Charlie no van a parar de chincharse cuando mi teléfono empieza a sonar. Miro quién es y...

¡Mi padre! ¿Estarán bien en casa? Él casi nunca me llama. Voy a contestar cuando se me resbala el móvil de la mano y se cae al suelo. Me lanzo a por él y veo que la llamada se ha cortado.
Por eso decido abrir la lista de últimas llamadas para hablar con él, pero no me da tiempo. Mi padre es mucho más rápido y su nombre reaparece en pantalla.
Acepto la llamada y la pongo en manos libres.
—¡Hola, papá! Antes se me ha colgado sin querer...
—Arta. Tú escuchar bien.
—Pues no puedo porque se te oye de pena.
—Yo estar en Rusia.
—¿Cómo que estás en Rusia? Pero si esta mañana he hablado con mamá y estaba contigo.
—Los dos estar en Rusia.
—¿Por qué estáis los DOS en RUSIA?
—¡Tú escuchar, Arta! —Me callo para que siga hablando—: Yo ser agente de KGB.
¿QUÉ? ¿CÓMO? No, no, no, no. Esto tiene que ser coña.
—¿Cómo vas a ser un maldito agente del KGB? ¡Si el KGB ya no EXISTE!
Por si no sabes qué es, el KGB es el Comité de Seguridad del Estado, la agencia de inteligencia más tocha de Rusia. Es como la CIA o el FBI.
—Gente pensar que KGB ser mentira, pero nosotros ser de verdad. Nosotros escondidos.
—¿Y POR QUÉ soy el último en enterarme?
—¡ARTA! Ahora no ser momento para tonterías. Tú escuchar bien. Hay plagas extrañas por mundo entero. Volcán del Teide entrado en erupción unos minutos atrás, y también Monte Fuji, Kilimanjaro y volcán Xitle.
—Espera... ¿me estás diciendo que los volcanes que llevan siglos inactivos están haciendo una fiesta?
—Ellos destruir el planeta, Arta. Gente desapareciendo sin dejar rastro, especies de animales que extinguidas hace MILENIOS ahora revivir y...
Le corto antes de que siga hablando porque creo que el pobre ha debido de darse un golpe en la cabeza al salir de la ducha... o algo peor.
—Papá, ¿te das cuenta de lo LOCO que suena eso? ¿Que unos volcanes están haciendo desaparecer a la gente? ¡¿Cómo van los VOLCANES a hacer DESAPARECER a la peña?!
—Nosotros llamar esas cosas «Olas». Científico ruso Mijaíl Básov predijo en siglo quince. Dijo que cuando humanos estar a punto de destruir el planeta, naturaleza despertar para vengarse.
—Pero ¿tú te estás OYENDO?
—De momento todas predicciones han cumplido.Primera Ola: despertar de centro de Tierra. Movimiento de placas tectónicas para activar volcanes. Y con este despertar de núcleo de Tierra, se crean radiaciones para transportar humanos de manera random...
—¡Eh, eh, eh! ¡Un momento! Freeena. ¿Desde cuándo sabes tanto de física, núcleos y frikadas de esas?
—Tú no enterarte de nada, ¿verdad?
—Nope.
—Arta, tú quedarte con esto: tú tener que venir a Rusia RÁPIDO. Agencia Espacial Federal Rusa acabando detalles para evacuar Tierra con un cohete.
—¿Y cómo quieres que vaya? ¿En monopatín?
—Te... avión... s-sin... egro... —NO. NO. NO.
La llamada SE HA CORTADO. Justo cuando me estaba dando las indicaciones que podían SALVARME LA VIDA.
Miro a Charlie y a Pablo, que han escuchado toda la conversación y tienen la boca abierta.



NO ME LO PUEDO CREER.
No sé qué me peta más la cabeza, porque todo es demasiado loco:
• Mi padre es un agente del KGB → ¿En serio? ¿Un agente secreto en casa?
• Mi familia está en Rusia lista para subir a una nave espacial → ¡Y tengo que reunirme con ella si quiero salvarme!
• La Tierra se está autodestruyendo → ¡¿Es el fin del mundo?!
¡Es una locura! Diría que es una broma, si no fuese porque mi padre NUNCA bromea. Es un señor muy serio y recto (demasiado, tal vez por eso lo contrataron en el servicio de inteligencia ruso...).
—¿De verdad te crees esa historia? —Pablo se ha sentado en el sofá como si nada para seguir comiéndose el bocadillo que le ha hecho Charlie en un momento—. Está claro que tu padre te está vacilando, como cuando te hizo creer que tenías una hermana pequeña.
—Ah, claro, es una coña..., por eso ¡tenemos toda Barcelona a oscuras! Me ha dicho que también están reviviendo animales extinguidos... ¡y que el núcleo de la Tierra está haciendo desaparecer a la gente!, ¿cómo se va a inventar eso?
—¿Tú ves algún dinosaurio por la calle, cara pan?
—Tí-tíos... —Charlie tartamudea desde la ventana del apartamento. Tiene el bocata entre las manos y se le está cayendo todo por no sujetarlo bien, porque en lugar de preocuparse por no llenar la casa de mayonesa... ¡está señalando como un idiota a la ventana!—. ¿Q-qué e-es es-so?
No, por favor... ¡MÁS COSAS NO! Por suerte, nuestra vista se ha acostumbrado (al menos un poco) a la oscuridad. Porque no nos cuesta NADA ver lo que hay al otro lado.
Esto tiene que ser una broma.
—¿Eso son...?
—¡BICHOS! ¡POR TODAS PARTES! —grita Pablo.
Hay bichos pegados a toda la pared, las ventanas y el balcón. Esto es una PLAGA.

—Estos deben de ser esos animales que mencionaba mi padre...
—¿Y tú cómo sabes que estaban extintos? —Charlie engulle más rápido ahora que está nervioso—. ¿Conoces todos los bichos que existen en la Tierra? ¡Pues no!
—Pero ¿estás viendo lo mismo que yo?
Los bichos son como una especie de abejas, pero viscosos, negros y con unas patas que podrían ser perfectamente de dinosaurios voladores y son... ENORMES. ¡Menudo mezclote!
Están en todas partes: en las paredes de los edificios, en los suelos...

—No son bichos raros, Arta. Seguro que siempre salen de noche, pero nosotros no nos enteramos de nada. —Pablo parece muy seguro de lo que dice.
—Busca en internet, que seguro que es un bulo de esos —sugiere Charlie sin apartar la mirada de la ventana.
Le hago caso y decido buscar. Todo el mundo está flipando con los bichos, nadie parece saber qué son, pero sí veo un vídeo que me deja helado.
Un chaval se acerca a un grupo de bichos y estos se lanzan sobre él y lo cubren por completo. Podría ser PERFECTAMENTE la escena de una película con la que te partes de risa, porque está cubierto por una capa de bichos..., solo que, cuando los bichos se alejan, el chico está hinchado como un globo por todas las picaduras que ha recibido. Creo que no puede ni RESPIRAR. ¡Qué locura!
Así que sí: todo esto parece sacado de una película..., pero

Sean lo que sean, hay una cosa clarísima: esos insectos son peligrosos. Pero lo que ASUSTA todavía más no es que esos insectos te piquen y termines más hinchado que después de la comida de Navidad, no..., ¡es que en otros vídeos vemos que la gente desaparece por arte de magia!

Bueno, mi padre me ha explicado que MAGIA no es. Es FÍSICA..., o ciencia..., o... OLAS. Ese era el nombre que ha usado mi padre: OLAS.
Estoy flipando con todas las imágenes cuando todo a mi alrededor se queda en silencio. La gente del piso de arriba se calla, no escucho masticar a Charlie, Pablo ha dejado de quejarse..., casi hasta me alegro de que haya un poco de silencio por un momento. Lo malo es que han apagado sus linternas, así que estamos más a oscuras que antes.
—Tíos, ¿qué hacéis? Encended ahora mismo las linternas, que no veo tres en un burro.
Mis amigos no dicen ni una palabra.
Me peleo con mi móvil hasta que consigo encender la mía.
—Estáis muy graciositos esta noche... —digo.
Me quedo muy callado, porque no encuentro a Pablo ni a Charlie por ninguna parte. Ilumino cada rincón del salón, pero no hay rastro de mis amigos.
—Venga, tíos, esto no tiene gracia. Salid.
Pero nadie me contesta. En esta casa solo hay silencio... y nada más.


¿Qué está pasando? ¿Por qué las luces siguen sin funcionar? ¿Dónde se han metido estos dos?
Intento recordar las palabras de mi padre, porque quiero saber exactamente qué hacían esas Olas que mencionó, así que trato de poner en orden todos los sucesos que he visto o me ha contado él:
• Los volcanes más tochos del mundo han entrado en erupción.
• El núcleo de la Tierra está haciendo desaparecer a la gente.
• BICHOS que te hinchan como un balón.
Pero... mi padre no mencionó CUÁNTAS Olas de esas predijo el científico aquel. ¡Pueden ser tres o pueden ser cien! ¡O INFINITAS!
¿Y si Pablo y Charlie terminan DENTRO de un VOLCÁN fundidos por la LAVA?
Solo hay una manera de descubrir qué es lo que puede suceder, así que entro en internet de nuevo para buscarlo..., pero ¿qué puedo buscar? ¿Cómo se llamaba el científico ese? ¿En qué siglo me dijo mi padre que hizo sus predicciones?
Venga, Arta, no puede ser tan difícil acertar. Tú, simplemente, pon en el buscador:

Nada.

Tampoco.
A lo mejor es información secreta del KGB... ¿no? Pero de todas formas decido intentarlo una vez más. Si no sé cómo se llama el científico, debería empezar buscando por ahí, ¿no?

¿Nikolái Pirogov? No. ¿Piotr Kapitsa? Tampoco... ¿Mijaíl Básov?
¡SÍ! ¡ESE ERA!
Estoy tan emocionado que casi tiro el móvil por los aires justo cuando empieza a vibrar y me doy cuenta de que me están llamando.
¡Un momento! ¿Charlie? Me falta tiempo para descolgar.
—TÍO, ¿DÓNDE ESTÁIS?
—No te lo vas a creer. Hemos aparecido en Valencia. En el sitio este que parece futurista, ¿cómo se llama?
—¡La Ciudad de las Artes y las Ciencias! —escucho a Pablo de fondo—. Está todo igual de oscuro que en Barcelona, bro.
—Vale, o sea, un apagón mundial. ¡Espera! ¡No cuelgues! —Aparto el móvil de mi oreja y pongo el manos libres para poder seguir mirando la información que estaba buscando antes de que me llamara. En internet aparecen sus predicciones y las Olas—. Sí. Esta es la primera. La oscuridad mundial. Vale, tíos, no os mováis de ahí, voy a buscaros y nos piramos a Rusia cuanto antes.
—¿Vas a venir a Valencia? —pregunta Charlie sorprendido.
—¿Queréis que me largue sin vosotros o qué?
—¡Corre, Charlie! —De fondo, Pablo grita a nuestro amigo antes de que la llamada se corte.
Perfecto. Ahora estoy SOLO, en Barcelona, en mitad de un apocalipsis mundial, sin luz, sin amigos, sin... ¡NADA!
Vuelvo a mirar la página de internet y decido hacer una captura de pantalla para poder consultar las Olas cuando lo necesite y... justo entonces se cuelga internet.
Parece que también estoy SIN CONEXIÓN. ¡GENIAL! ¡GRACIAS!
¡Menos mal que he sido rápido y, al menos, tengo la captura de pantalla!
¡OH, NO! Quito rápido la linterna de mi móvil. Ahora que no hay electricidad no podré cargarlo, así que no puedo gastar la batería con cualquier chorrada. Rebusco entre los armarios de casa, porque me suena que tengo una linterna por alguna parte. ¡Ajá! ¡La encontré!
Vale. Una cosa menos. ¿Ahora qué?
Piensa, Arta, PIENSA.
Con todas las películas de apocalipsis que has visto, tienes que saber qué hacer en estos momentos.
Toc, toc, toc.
Alguien llama a la puerta y yo me quedo paralizado. No creo que los bichos sean TAN EDUCADOS como para llamar antes de invadir mi casa. Pero por si acaso, voy a mi habitación y cojo la vieja raqueta de tenis que tengo de cuando intenté aprender a jugar.
¡Mejor esto que nada!
—¿HAY ALGUIEN AHÍ? ¿HOLA? —Es la voz de una chica la que suena al otro lado de la puerta.
Me acerco a la puerta de entrada y abro dejando una pequeña rendija.
Dos chicos y una chica me miran y dicen...
—Todos nuestros amigos han desaparecido.


Los tres chavales entran en mi casa. Se presentan como Enzo —un tío altísimo que podría jugar en un equipo de la NBA sin problemas—, Lucas —que va con unos aires de líder que me sacan de quicio— y Alma —que tiene el pelo azul y parece la más tranquila de todos.
—Estábamos pasándolo genial en la fiesta y de repente, PUF, la luz se ha ido y todos nuestros amigos han desaparecido —explica Enzo.
—Así que hemos decidido ir de casa en casa para ver si quedaba alguien en el edificio —dice Alma mientras mira todo el apartamento.
—¿Tú estabas solo? —Lucas parece mucho más seco que el resto.
—Qué va. Me ha pasado como a vosotros. Estaba aquí con mis colegas y de pronto han aparecido en Valencia.
—¿Valencia? —Alma arruga la frente.

—Sí, me han llamado hace un momento. Estamos en mitad de un apocalipsis que predijo un señor ruso hace la tira de años y tengo que ir a por ellos porque..., bueno, es una larga historia.
—¿Apocalipsis? —Enzo está flipando.
—¿Vosotros os habéis enterado de algo mientras estabais en esa fiesta o qué?
Los tres niegan con la cabeza. ¡Perfecto! ¡Estoy perdiendo un tiempo valiosísimo intentando explicarles todo lo que sé!
Que hay una plaga de bichos que quieren convertirnos en globos aerostáticos, que se han activado los volcanes más tochos del mundo, que estamos viviendo Olas como el apagón mundial que predijo un señor del siglo xv y que en Rusia nos espera un avión cohete que nos va a evacuar de la Tierra porque..., ah, sí, tal vez se me había olvidado comentarlo: EL MUNDO SE ESTÁ ACABANDO.
—¡Genial! Pues vámonos a Rusia, venga. —Lucas parece que habla en serio.
—¡Eh! Perdona, pero no. YO me voy a Rusia. Con mis amigos. A ti no te ha invitado nadie.
—¿Nos piensas dejar aquí? ¿Para que nos convirtamos en bichos mutantes o desaparezcamos también? —Enzo parece muy molesto.
—¡No os conozco de nada!
Alma se pone en medio y nos callamos para que hable ella.
—Vale, no podemos discutir en pleno fin del mundo. Arta tiene razón, Lucas, no puedes apuntarte por las buenas. Así que vamos a ofrecerle un trato.
—¿Un trato? —pregunto.
—Sí, claro. Nosotros te ayudamos a encontrar a tus amigos, tú nos ayudas a encontrar a los nuestros y juntitos nos vamos a ese cohete maravilloso que nos está esperando en el Roscosmos.
—¿Conoces la Agencia Espacial Federal Rusa? —Que no se me note que estoy flipando un poco bastante con ese dato. Nadie llama Roscosmos a la Agencia Espacial Federal Rusa..., nadie excepto los rusos, claro.
—Me flipa el espacio exterior —declara—. ¿Qué me dices? ¿Aceptas el trato o prefieres enfrentarte tú solito a esos bicharracos hasta llegar a Valencia?
Bueno..., esos BICHARRACOS hasta que aparezca la siguiente Ola, que puede ser ¡cualquier cosa! Porque todavía no me ha dado tiempo a leer bien el pantallazo que he hecho hace un momento.
Suspiro y niego con la cabeza. ¿De verdad voy a dejar que unos desconocidos me acompañen por el fin del mundo?
Parece que sí, porque extiendo la mano para cerrar el trato con la chica. Lucas pone los ojos en blanco y Enzo no puede ocultar su cara de entusiasmo.
—Antes de ponernos manos a la obra, necesitamos información —expongo—. Del científico y lo que predijo.
Desbloqueo el móvil y les enseño la captura de pantalla. En ella, se puede leer:

Y hasta ahí llega lo que he podido capturar.
¿Lo peor de todo? ¡No sé qué puede significar cada una de esas Olas! Bueno, las tres primeras sí, claro, PORQUE YA LAS ESTAMOS VIVIENDO.
—Esto significa que no debe de quedar mucho para que las otras empiecen —explico.
—Perfecto, entonces tenemos que darnos prisa. Lo primero que debemos hacer es salir de este edificio sin que nos piquen —dice Lucas—. ¿Tienes matamoscas o algo así?
—¿Matamoscas? ¿De verdad crees que con MATAMOSCAS vas a acabar con unos bichos que estaban extinguidos y han revivido? —Alma se da una palmada en la frente al escuchar a su amigo.

—Ojalá funcionara internet para encontrar repelentes naturales de bichos... —susurra Enzo.
—¿Repelentes naturales de bichos? —Esa frase me hace pensar en mis veranos de pequeño en Rusia. Mi abuela, que era una señora muy echada p’alante, hacía su propio repelente de bichos.
Pero... ¿con qué lo hacía?
—A lo mejor son como los piojos —comenta Lucas en ese momento—. Que se mueren con el vinagre.
—¡Eso es! ¡Vinagre! —exclamo emocionado mientras corro hasta la cocina.

Saco el bote del armario y me embadurno por completo.
—A este chaval se le ha ido la olla... —Enzo tiene los ojos tan abiertos que parece que se le van a descolgar en cualquier momento.

—¡Venga! ¡Ha dicho que le ayudemos! —Alma se adentra en la cocina y rebusca por todas partes.
Enzo y Lucas también se unen en la búsqueda hasta que Enzo saca de uno de los cajones un rollo de bolsas de basura y nos mira.
—Bueno, es mejor que nada —contesto.
Entre todos embadurnamos también las bolsas en vinagre y acabamos con unas pintas que parece que los bichos de otro milenio somos nosotros.
Con bolsas de basura negras recubriéndonos todo el cuerpo y apestando a vinagre que da gusto.
Espero que nunca jamás nadie me vea así, pero esto es el fin del mundo,




Ahora, con estas pintas que llevamos, tenemos que enfrentarnos a lo que nos espera ahí fuera. A los miles de bichos que están colonizando la Tierra y que parece que quieren acabar con la raza humana. El planeta ha dicho «¡basta!» y ya no quiere saber nada de nosotros (no me extraña, tampoco).
Hemos metido el poco vinagre que nos queda en una botella con pulverizador para poder usarlo en caso de emergencia y yo voy armado con mi raqueta, aunque puede que no sirva de nada.
Enzo es el primero en salir a la calle, dispuesto a enfrentarse a cualquier bicho que se encuentre, y me quedo de piedra al ver lo oscuro que está todo. Solo la luna y las estrellas iluminan nuestro camino. Y por si fuera poco, como estamos en pleno verano, las bolsas de basura se nos pegan por el cuerpo y hacen que apestemos todavía MÁS a vinagre.
PUAJ. Es una sensación ASQUEROSA.
¿Lo bueno? Parece que funciona, porque pasamos cerca de un enjambre de bichos y se apartan a nuestro paso. ¡JA!
—¡TOOOMA! Somos los amos del apocalipsis —grita Enzo emocionado—. ¿Ahora quién es tan
