101 villanos de la historia de México

Fragmento

101 villanos en la historia de México

1

TEZOZÓMOC ¿?-1427

Mandó juntar toda la gente principal y plebe de todas las ciudades...y un capitán les dijo que desde aquel día reconociesen por su emperador y supremo señor a Tezozómoc, rey de los tepanecas.

FERNANDO DE ALVA IXTLILXÓCHITL

Tezozómoc subió al trono de Azcapotzalco en 1418, y con terror amplió sus dominios; en algunas ciudades impuso como monarcas a sus hijos y en otras asesinó a los señores que no quisieron someterse ante ellos.

Para atraerse la buena voluntad del señor de los tepanecas y, de paso, menguar los tributos que su pueblo le pagaba, Huitzilíhuitl, rey de Tenochtitlan, le pidió una hija para tomarla como reina. Tezozómoc le entregó a Ayauhcihuatl y de esta unión nació Chimalpopoca.

El tlatoani de Azcapotzalco dejó de cobrar tributo a los aztecas, pero les impuso el deber de entregarle dos patos y algunos animales para que no olvidaran que, sin importar el parentesco, le debían respeto y sumisión. De inmediato comprendió las ventajas de una estrecha relación con los aztecas: además de que eran afamados guerreros, la posición geográfica y estratégica de Tenochtitlan era inapreciable. El pueblo del sol sería un excelente aliado para su próxima conquista: Texcoco.

Antes de emprender tentativa alguna sobre esta ciudad, el señor de Azcapotzalco se apoderó de las poblaciones que reconocían el poder de los texcocanos e impidió así cualquier posibilidad de alianza defensiva. Además, a sabiendas de la inexperiencia del rey Ixtlilxóchitl, decidió esperar hasta que el joven se reconociera como su tributario y, una vez logrado ese objetivo, comenzó a enviar algodón a Texcoco exigiendo la fabricación de mantas. Ixtlilxóchitl obedeció una y otra vez hasta que, harto del abuso, respondió que se quedaría con el algodón para beneficio de sus propios guerreros.

Así comenzó la guerra. Tezozómoc se alió con Tenochtitlan y Tlaltelolco e Ixtlilxóchitl no tuvo más remedio que lanzarse a la batalla, pero antes tuvo el cuidado de jurar como heredero al trono a su hijo Netzahualcóyotl, de sólo doce años de edad. La guerra no fue fácil para el señor de Azcapotzalco, quien se negó a reconocer la supremacía que en el campo de batalla demostró Ixtlilxóchitl.

Para salir del aprieto Tezozómoc fingió sumisión y preparó en Texcoco una fiesta que era, en realidad, una trampa. Tarde se percató Ixtlilxóchitl del engaño: para entonces los aliados ya marchaban sobre la ciudad que el rey defendió durante cincuenta días, hasta que el traidor Toxpilli entregó el barrio de Chimalpan y la urbe fue tomada, saqueada e incendiada.

Mientras su nieto Chimalpopoca se coronaba rey de Tenochtitlan, Tezozómoc inició una terrible persecución contra Ixtlilxóchitl, quien se dio a la fuga con su hijo hasta que le fue imposible seguir escondido por más tiempo; entonces pidió a Netzahualcóyotl que llegado el momento tomara venganza y salió al encuentro de sus enemigos. Aunque peleó como una fiera, al final fue derrotado y asesinado ante la mirada desconsolada de su hijo, quien marchó al destierro a esperar el momento de la venganza.

Chimalpopoca, quien gozaba del cariño y la protección de su abuelo, pidió clemencia para Netzahualcóyotl e intentó detener la persecución en su contra. Con sus dominios en paz y consciente de su poder, el rey de Azcapotzalco accedió y permitió al joven regresar a la tierra de su padre, pero limitando su tránsito a Texcoco, Tenochtitlan y Tlaltelolco. Con todo, Netzahualcóyotl no olvidó su promesa de venganza.

Tezozómoc murió a muy avanzada edad, preso —según se dice— de atroces remordimientos. Las crónicas señalan que soñaba con Netzahualcóyotl convertido en águila real, posado sobre su pecho y arrancándole el corazón para devorarlo.

101 villanos en la historia de México

2

MAXTLA 1402-1429

Era inquieto y bullicioso, no sólo amigo de enseñorearse de las provincias y reinos, sino también de tener abatidos y ultrajados a los moradores de ellos.

FRAY JUAN DE TORQUEMADA

Maxtla, el más cruel y ambicioso hijo de Tezozómoc, fue el último gobernante independiente de Azcapotzalco. Había recibido de manos de su padre el gobierno de Coyoacán, y su hermano Tayatzin fue designado sucesor del rey de Azcapotzalco. Tras la muerte de Tezozómoc, Maxtla se rebeló contra su hermano y, alegando ser el hijo mayor, usurpó el trono en 1427.

Durante la revuelta, Chimalpopoca le dio refugio a Tayatzin en Tenochtitlan. Netzahualcóyotl, quien padecía una nueva persecución ordenada por el usurpador, se les unió. En abierta confabulación, los tres convocaron a Maxtla a una fiesta con la intención de darle muerte, pero fracasaron: el invitado se les adelantó y asesinó a Tayatzin.

La fallida conjura determinó también la muerte de Chimalpopoca: algunas versiones dicen que Maxtla lo hizo aprehender, lo puso en una jaula y lo mató de inanición. Otras afirman que, imaginando lo cruel que sería la muerte que le daría Maxtla, prefirió quitarse la vida.

Eliminados dos de sus principales enemigos, Maxtla lanzó su ira contra Netzahualcóyotl. Itzcóatl, quien subió al poder tras la muerte de Chimalpopoca, le dio refugio al rey poeta en Tenochtitlan: sabía que Netzahualcóyotl sería un buen aliado para hacer frente de manera definitiva a los señores de Atzcapotzalco.

Afianzado en el poder, Maxtla sometió a Tenochtitlan y Texcoco por un tiempo. El hijo de Tezozómoc trató con saña y desprecio a los aztecas, quienes vivían aterrorizados y estaban obligados a pagar abusivos tributos. Cuando la situación ya era insostenible, Itzcóatl se alió con Tacuba y Texcoco, y comenzó la guerra: durante 115 días, las tres ciudades lucharon contra Azcapotzalco hasta que lograron doblegarla; sus guerreros saquearon la ciudad y le prendieron fuego.

Maxtla huyó y se escondió en un temazcalli; ahí lo encontró Netzahualcóyotl, quien le abrió el pecho con un cuchillo de obsidiana y le arrancó el corazón para ofrecerlo no a los dioses, sino a la memoria de su padre. Así, el reinado del tirano duró solamente dos años. Con su muerte terminó el señorío independiente de Azcapotzalco, condenado en adelante a servir como mercado de esclavos bajo el yugo azteca.

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3

AHUÍZOTL 1467-1502

Para hacer con mayor aparato tan horribles sacrificios ordenaron las víctimas en dos hileras... y según iban llegando eran prontamente sacrificados.

FRANCISCO JAVIER CLAVIJERO

Fue Ahuízotl el octavo gobernante de Tenochtitlan entre 1486 y 1502, famoso por ser enérgico, feroz y sanguinario, y por haber peleado contra mazahuas y otomíes para consolidar su poder. Bajo su reinado el imperio azteca llegó a su mayor expansión y poderío, aunque el impulso que dio a la vida económica de la ciudad se debió en gran parte a su control sobre los traficantes o pochtecas, a quienes utilizaba como espías.

Durante su mandato se concluyó la edificación del Templo Mayor. Cuando inauguró la última etapa de la construcción, con el fin de honrar a Huitzilopochtli ordenó el sacrificio de miles de prisioneros durante tres días: él mismo, con un cuchillo de obsidiana, extrajo los corazones de varios hombres. Refieren las crónicas que el número de sacrificados llegó a ochenta mil.

Ahuízotl, cuyo nombre en náhuatl significa “perro de agua”, murió durante una inundación provocada por su propia necedad. El tlatoani había ordenado al señor de Coyoacán —tributario de los aztecas— que abriera las fuentes para que el acueducto llevara más agua a Tenochtitlan; aceptó, pero advirtió también que “de cuando en cuando aquellas aguas se derramaban... y anegarían la ciudad de México”. El gobernante tenochca consideró su advertencia como un desafío y lo mandó matar. Así, se abrieron las fuentes y un torrente de agua inundó la ciudad con tal fuerza que fue necesario abandonar el palacio real. Ahuízotl intentó escapar, pero se golpeó la cabeza y murió días después.

101 villanos en la historia de México

4

MOCTEZUMA XOCOYOTZIN 1466-1520

...tenía sobre doscientos principales de su guarda en otras salas y cuando le iban a hablar habían de entrar descalzos y los ojos bajos, puestos en tierra y no mirarle a la cara.

BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO

Antes de ser electo como sucesor al trono de Tenochtitlan, Moctezuma era conocido por su piedad y sencillez; una vez en el poder, su virtuosa conducta se transformó por completo.

A pesar de que los primeros años de su gobierno fueron los de mayor grandeza del imperio, fue un señor severo y despótico que explotó inhumanamente a los pueblos vasallos y a sus habitantes, quienes eran continuamente llevados al Gran Teocalli para ser sacrificados. Creó un ceremonial para evitar el contacto con la gente y obligaba a sus súbditos a bajar la mirada frente a él. Todo a su alrededor era ostentoso: gozaba de un enorme palacio, y según refieren las crónicas, llegó a poseer cerca de cuatrocientas esposas.

Soberbio y desdeñoso, tenía una debilidad: la superstición. Así, en 1519, al recibir la noticia de la llegada de extraños a las costas de México, entró en pánico: pensaba que aquellos hombres blancos y barbados eran enviados de Quetzalcóatl que venían a recuperar el trono. Para evitar que los extranjeros avanzaran hasta Tenochtitlan, les envió embajadores con presentes de oro que sólo exaltaron la codicia de los españoles. Cortés continuó su camino decidido a conquistar la ciudad; las naciones antes sojuzgadas por los aztecas pronto se aliaron con él.

Aunque Moctezuma era el tlatoani del imperio más poderoso de entonces, cedió a su propia superstición: su única traba para los extranjeros fue una pueril trampa en Cholula donde los aztecas resultaron aniquilados. No le quedó otra opción que recibir a Cortés en Tenochtitlan.

Durante el encuentro, el extranjero abrazó al tlatoani. El contacto físico no fue lo único que Moctezuma le concedió: lo alojó en el palacio de su padre, Axayácatl; se declaró vasallo del rey de España; se bautizó y facilitó a los españoles lujos y regalos. Semejante sumisión hizo que perdiera el respeto y la obediencia de su pueblo.

Cuando Cortés se vio obligado a dejar Tenochtitlan para enfrentar a Pánfilo de Narváez en Veracruz, Pedro de Alvarado, uno de sus capitanes, confundió una importante celebración azteca con una sublevación y arremetió contra los señores de Tenochtitlan. A su regreso, Cortés procuró contener la ira de los aztecas y subió con Moctezuma a una azotea para que calmara los ánimos, pero el orgulloso tlatoani fue recibido a pedradas. Algunas versiones afirman que murió días después debido a las heridas; otras señalan que Cortés le dio muerte al ver que no le servía más para sus fines de conquista.

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5

HERNÁN CORTÉS 1485-1547

A Cortés es difícil quererlo, pero es imposible dejar de admirarlo.

OCTAVIO PAZ

A Cortés la historia de México lo condenó desde un principio al infierno cívico: desde la óptica oficial, representó la crueldad, el abuso, la explotación española sobre México, y trescientos años de opresión. Pero su vida fue de claroscuros.

Cortés se embarcó a los 19 años rumbo a La Española, actualmente República Dominicana y Haití. Acompañó a Diego Velázquez en la conquista de Cuba y fue comisionado para explorar la costa de México. Velázquez bien sabía del carácter ambicioso de Cortés, así que sus órdenes fueron restrictivas: obtener oro y mercaderías, sin ninguna conquista o establecimiento permanente. Cortés nunca tuvo la intención de cumplir las instrucciones.

Cozumel fue el primer sitio que pisó durante su expedición a México en 1519. En ese lugar Cortés recogió a Jerónimo de Aguilar quien, víctima de un naufragio, había sido esclavizado por los indios y tuvo que aprender la lengua maya para sobrevivir, lo que le permitió incorporarse como intérprete a la expedición del conquistador.

Las naves continuaron su viaje hasta las cercanías de Potonchán, hoy estado de Tabasco. Los españoles solicitaron a los nativos permiso para abastecerse de agua y alimentos en las inmediaciones del actual río Grijalva, pero ante la violenta negativa de los indios atacaron la población por dos flancos. Cortés fue benévolo a su conveniencia: liberó a los prisioneros de guerra y en agradecimiento obtuvo como regalos víveres, joyas, tejidos y un grupo de veinte esclavas que fueron aceptadas, bautizadas y repartidas entre sus hombres; entre ellas se encontraba Malinalli, renombrada Marina, quien sería crucial para la conquista de México.

Fue en San Juan de Ulúa donde sostuvo la primera entrevista con los enviados de Moctezuma, quienes le hicieron entrega de ricos presentes con la esperanza de que el extranjero regresara por donde había venido. Pero los obsequios alimentaron la codicia de Cortés, quien no sólo percibió los temores de Moctezuma: también la posibilidad de derrocar su gran imperio por medio de una alianza con sus enemigos.

Contraviniendo las órdenes de Diego Velázquez, la decisión de Cortés fue quedarse, pelear y conquistar. Se estableció en lo que llamó la Villa Rica de la Veracruz, escribió una carta de relación al Rey de España pidiendo que aprobara todo lo hecho y formó una comisión para que la llevara a la corte junto con el tesoro obtenido hasta ese momento.

Antes de que algunos de sus hombres se embarcaran rumbo a España con su encargo, Cortés descubrió un complot para dar a Velázquez parte del tesoro que enviaba a la corte. No tuvo piedad para los traidores: Pedro Escudero y Diego Cermeño fueron ahorcados; a Gonzalo de Umbría le cortaron los pies; a cada uno de los hermanos Pañete les dieron doscientos azotes y el clérigo Juan Díaz fue amonestado. Frente a la evidente posibilidad de una nueva traición, el conquistador ordenó a sus hombres quemar las naves. Ya no tendrían oportunidad de volver a casa.

Agudo en sus observaciones, persuasivo y elocuente, Cortés aprovechó las rencillas y los odios que existían entre los diferentes pueblos prehispánicos para sumarlos a su causa y, de paso, apoderarse de sus territorios y riquezas. La primera nación con la que estableció una alianza militar fue la totonaca, que aportó trece mil guerreros a las fuerzas del español. Cortés llegó al mando de este ejército al territorio de Tlaxcala, donde Xicohténcatl Axayacatzin fracasó al intentar cerrarle el paso; los tlaxcaltecas, enemigos acérrimos de los aztecas, terminaron por ofrecerle al conquistador una amistad que resultó crucial.

Así fortalecidos, los españoles llegaron a Cholula y fueron agasajados con una gran fiesta, música y obsequios que ocultaban una traición. Fieles al imperio azteca, los cholultecas tenían planeado masacrar a los españoles: habían cavado fosos en las calles y hecho salir a las mujeres y los niños. Cortés fue informado de la situación y, disimulando astutamente, pidió comparecer ante los señores principales y encaró la traición; mientras de su boca salían amenazas de muerte, sus aliados se lanzaron sobre los cholultecas. En pocas horas murieron más de tres mil hombres.

Después de esta matanza, el conquistador siguió su camino a Tenochtitlan. Moctezuma lo recibió en noviembre de 1519, lo hospedó en el palacio de su padre —no sin antes hablarle de sus grandes tesoros— y le aseguró seguridad y obediencia. Cortés, a cambio, le ofreció clemencia: sabía que Moctezuma tenía todo para aniquilarlo y que en un islote las posibilidades de huir eran nulas, así que, anticipando una traición del tlatoani, se presentó ante él con treinta hombres y lo tomó prisionero.

Asegurada su posición, Cortés se ocupó de la conversión del pueblo. Pidió acabar con los sacrificios humanos y las prácticas antropofágicas. Hasta entonces el conquistador había actuado con inteligencia, prudencia y reflexión pero, ante la negativa de Moctezuma a estas órdenes, subió los 114 escalones del templo, dirigió a los sacerdotes un largo discurso y, en presencia de la multitud, con sus propias manos, derribó los ídolos de Huitzilopochtli y Tezcatlipoca. Los sacrificios quedaron terminantemente prohibidos.

Por entonces se recibió en la capital del imperio azteca la noticia de la llegada de 18 navíos al puerto de Veracruz; eran tropas comandadas por Pánfilo de Narváez quien, por instrucciones de Diego Velázquez, proclamaba que Cortés era sólo un delincuente sin representación del rey y que sería castigado. Cortés se vio obligado a salir de la ciudad; venció y aprisionó a Narváez, y supo atraer a su causa al ejército enviado por Velázquez.

De vuelta en Tenochtitlan, se encontró con la novedad de que Pedro de Alvarado había perpetrado una terrible matanza en el Templo Mayor y la ciudad estaba al borde de la guerra. Para apaciguar los ánimos, presentó al pueblo a un Moctezuma con la dignidad menoscabada; al ver a su rey como títere del español, la gente comenzó a lanzarle piedras, una de las cuales derribó al tlatoani y provocó su muerte días después. No obstante, algunas versiones señalan que Cortés lo apuñaló por la espalda.

Frente a la creciente posibilidad de la guerra, y ante una disminución drástica de víveres y municiones, el conquistador optó por la retirada e intentó abandonar sigilosamente la ciudad la noche del 30 de junio de 1520. Antes de partir, los españoles abrieron la cámara del tesoro del palacio de Axayácatl y tomaron cuanto quisieron. Cuando fueron descubiertos comenzó una furiosa batalla: algunos españoles cargaban con tanto oro que apenas podían caminar; muchos murieron en el lago, hundidos por su propio peso. Aquella noche lluviosa, los españoles llegaron maltrechos a Tacuba. Cortés, apesadumbrado, reposó bajo un ahuehuete y lloró sus desgracias.

En los meses que siguieron a la derrota de la Noche Triste, los españoles y sus aliados se reorganizaron en Tlaxcala con la firme idea de regresar para someter a Tenochtitlan. Cortés sabía que para el éxito de su empresa debía tomar el control del gran lago, así que ordenó la construcción de 13 bergantines y con la ayuda de Ixtlilxóchitl II, rey de Texcoco, conquistó las poblaciones ribereñas. Los navíos, desarmados, fueron transportados de Tlaxcala a Texcoco y, una vez ensamblados y botados al agua, inició el sitio de Tenochtitlan: setenta y cinco días de intensa lucha.

El 13 de agosto de 1521 cayó Tenochtitlan y Cuauhtémoc, el último emperador azteca, fue tomado prisionero. De la capital imperial apenas quedaban los cimientos. Todo era ruina, muerte y desolación. Los cadáveres y los escombros bloqueaban las calles y anegaban los canales.

Muchos españoles quedaron desencantados con el reparto de riquezas: esperaban mucho más y acusaron a Cortés de quedarse con la mayor parte. El conquistador, a sabiendas de que sus hombres estaban convencidos de que Cuauhtémoc ocultaba un grandioso tesoro, les permitió torturarlo: le quemaron los pies con aceite hirviendo. El tormento fue infructuoso y el último emperador de los aztecas fue puesto en cautiverio permanente.

Instalado en “su amada villa” en Coyoacán, el primer acto de gobierno de Cortés fue la orden de erigir la capital del territorio conquistado sobre el mismo sitio que había sido centro del poderío azteca. Hasta entonces había mantenido en Cuba a su esposa Catalina Juárez, y en las tierras recién conquistadas disfrutaba de la compañía de doña Marina y otras muchas indias obsequiadas; pero doña Catalina desembarcó en Veracruz en 1522 y murió misteriosamente después de un altercado con su esposo. De inmediato se esparció el rumor de que Cortés la había estrangulado, convirtiéndose así en el primer autoviudo de la historia mexicana.

En 1524 Cortés encabezó la expedición a las Hibueras (Honduras) para detener y castigar a Cristóbal de Olid, quien estaba en tratos con un antiguo enemigo del conquistador: Diego Velázquez. Para este viaje se hizo acompañar de Cuauhtémoc, quien aún era su prisionero. Durante la expedición, Cortés ordenó la ejecución del último rey azteca al enterarse de que preparaba, presuntamente, una conjura en su contra. Cuauhtémoc fue ahorcado en un árbol de pochote.

A su regreso de la fallida expedición a las Hibueras, le dio la bienvenida la noticia de que el rey de España lo había destituido y sometido a juicio de residencia. Cortés regresó a la península ibérica (1529) para hacer frente a una serie de cargos en su contra, como sustraer oro del quinto real y del reparto a los conquistadores y por el posible asesinato de su esposa.

Cortés no volvió a gobernar la Nueva España: tuvo que conformarse con los veintitrés mil vasallos y el título de marqués del Valle de Oaxaca concedidos por el rey Carlos V como compensación por los servicios prestados a la Corona. Regresó a México para establecer su residencia en Cuernavaca, pero en 1540 viajó nuevamente a España y ya no pudo volver: la muerte le ganó la última batalla el 2 de diciembre de 1547.

101 villanos en la historia de México

6

DOÑA MARINA 1502-1539

Y entrando la tierra adentro, [Cortés] la fue poco a poco poniendo en sujeción... atrayendo a unos de paz mediante la lengua de Marina o Malinche, india captiva que Dios le deparó.

FRAY GERÓNIMO DE MENDIETA

Doña Marina, conocida como La Malinche, es uno de los personajes más controvertidos de la historia de México. Pero no fue Marina su primer nombre, ni sabía ella que el apodo que le quedó se convertiría en sinónimo de sumisión a lo extranjero.

Malina

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