Un experto responde 150 preguntas sobre ansiedad y depresión en niños, niñas y adolescentes

Catalina Gallo
Germán Casas

Fragmento

Un experto responde 150 preguntas sobre ansiedad y depresión en niños, niñas y adolescentes
Globo de diálogo con la palabra Prólogo

Por mi doble condición de periodista y paciente con un trastorno bipolar, he dedicado buena parte de los últimos ochos años a escribir artículos de salud mental en diferentes medios de comunicación de Colombia. Durante este tiempo he conversado con muchos expertos que me han enseñado sobre el tema y dicho conocimiento se ha sumado a mi experiencia personal; a lo que investigo permanente, tanto para mí como para mis trabajos periodísticos, y a los dos libros que he publicado sobre el trastorno bipolar: Mi trastorno bipolar y sus maremotos y La belleza de la locura, el último en coautoría con Maribel Abello y publicado por Penguin Random House.

Por la publicación de estos libros, me han invitado a contar mi testimonio en conferencias con pacientes y familiares, seminarios con psiquiatras, congresos de medicina y grupos de apoyo para pacientes, y estas experiencias me han permitido tener una cercanía muy especial con las enfermedades mentales y la salud mental en general. Califico esta cercanía como especial porque he tenido conversaciones donde las familias y los pacientes me han contado sus historias con la tranquilidad de que no serán juzgados y de que no están solos en sus procesos. También con la confidencialidad necesaria para confesarme lo que —ellos consideran— debe ser un secreto, porque la sociedad no está preparada para escucharlos.

La pandemia cambió totalmente esta conversación secreta sobre la salud mental y la hizo más pública. Tal vez por ello encontré en grupos de Facebook e Instagram muchas dudas de padres sobre qué hacer con su hijo o hija deprimido, a quién buscar porque su hijo o hija de diez años acababa de tener un intento de suicidio. Y no solo los padres estaban devastados, sino que tampoco sabían dónde encontrar ayuda. Algunos les respondieron en redes que ellos también habían pasado por lo mismo.

Este constante contacto con la enfermedad mental desde diferentes frentes me permitió saber que la depresión y la ansiedad en niños, niñas y adolescentes son problemas críticos actuales, temas sobre los cuales padres, familias y educadores no encuentran todas las respuestas y donde existen muchas ideas equivocadas que hacen daño porque limitan el acceso de los pacientes a tratamientos oportunos, y en el camino sufren tanto ellos como sus familias.

Por mi experiencia con el trastorno bipolar, tengo clarísimo que una información oportuna y científica puede evitar crisis profundas y, sobre todo, alejar el miedo y la incertidumbre, factores que pueden incrementar aún más la angustia y generar así ansiedad.

Pensé, entonces, que era necesario un libro que ayudara a los padres a resolver las dudas más necesarias y frecuentes que tengan sobre depresión y ansiedad, de una manera que les pueda servir como guía para saber qué hacer en determinados momentos, sin que remplace la atención médica: por el contrario, que los lleve a entender cuándo es necesaria y cuándo buscar ayuda. Comencé a investigar sobre las mayores dudas con padres, psiquiatras y psicólogos, y el resultado se sumó a aquellas que he encontrado a lo largo de mi vida. Mi experiencia me ha permitido conocer aquellos mitos y prejuicios que suelen tener las personas sobre la enfermedad mental, y pensé que con un libro como el que tenía en mente también podría sacarles de la cabeza a los padres y educadores esas ideas preconcebidas que algunos pueden tener sobre la depresión y la ansiedad en niños, niñas y adolescentes.

Tenía conocimientos sobre la importancia de los primeros años de vida en la historia de cualquier ser humano, no solo por lo que me ha enseñado una de mis hermanas, que es educadora preescolar, sino porque en mi vida de periodista, después de hacer periodismo económico y de actualidad, pasé a dirigir la revista ABC del Bebé y allí aprendí muchísimo sobre el tema.

Fue así como se juntaron la enfermedad mental, mi aproximación a la infancia y mi deseo de periodista de querer ayudar a otros en la coyuntura actual.

Lo primero que se me vino a la cabeza fue que en ese libro un experto respondiera un número concreto de preguntas frenteras y claras, y formularlas en boca de los padres, porque en mi trabajo de investigación había hecho contacto con su lenguaje y todas sus dudas en primera persona. No quería que fuera la voz de una periodista la que preguntara, sino la de los padres de estos niños, niñas y adolescentes con depresión y ansiedad.

El siguiente paso fue buscar al experto. Como periodista, conozco a varios psiquiatras de adultos y de niños y adolescentes y muchos de ellos me habían hablado de Germán Casas como una posible fuente para mis artículos. También conocía a familias cuyos hijos habían sido tratados por él con muy buenos resultados.

Aunque Germán no lo recordaba, en una oportunidad, hace muchos años, cuando yo formaba parte del equipo que escribía fascículos para una publicación de El Espectador que se llamaba Escuela de padres, tuve la oportunidad de entrevistarlo con una psicóloga que trabajaba en ese proyecto y quien lo conocía porque atendía a muchos niños de los colegios donde ella trabajaba.

En esa oportunidad me gustó mucho la forma como explicaba las cosas, su claridad mental, el respeto con el que se refería a sus pacientes y, a la vez, la honestidad con la cual trataba las relaciones entre padres e hijos y de ellos con los psiquiatras. Además, durante la escritura de Escuela de padres supe que varios colegios de Bogotá lo recomiendan para tratar a los alumnos.

Contacté a Germán para preguntarle si quería unirse al proyecto y él aceptó.

Germán no solo ha atendido a niños, niñas y adolescentes en consulta durante más de 25 años; también ha sido consultor en salud mental en la OMS y Unicef, y ha dedicado gran parte de su vida a la medicina humanitaria en Médicos Sin Fronteras. Actualmente es profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, investigador en salud pública de la misma universidad, vicepresidente para América Latina de Médicos Sin Fronteras y coordinador de psiquiatría infantil de la Fundación Santa Fe de Bogotá.

Es médico y psiquiatra general egresado de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y psiquiatra de niños y adolescentes de la Universidad París-Sur en Francia. Al conocer su trayectoria profesional, supe que su experiencia sería vital para los lectores y por eso él explica en la siguiente introducción, con cifras y rigor científico, el momento que estamos viviendo en relación con la depresión y la ansiedad en niños, niñas y adolescentes, y por qué, en consecuencia, este libro es tan necesario.

Todas las respuestas vienen de él, con sus propias palabras, y son el resultado de varias sesiones donde le hice cuantas preguntas fueran necesarias para que a mí me quedara muy clara la información, porque solo así sería posible que el libro no fuera un tratado científico difícil de digerir.

El objetivo de los dos es que este libro sea claro para todos. Está organizado en tres partes: la primera responde preguntas sobre la depresión; la segunda, respecto a la ansiedad, y la tercera, aquellas que están relacionadas con las dos enfermedades. El lector puede leer todo el libro en el orden como está escrito, solo una de las partes si es lo que le interesa o buscar una pregunta para encontrar una respuesta específica. Cuando lo consideramos oportuno, una pregunta remite a otras para que así la respuesta sea más completa.

Mediante este libro, espero poder ayudar a brindarles información cierta y oportuna a todos aquellos que la necesitan, con el fin de navegar en este mar de las enfermedades mentales que en ocasiones puede volverse muy turbulento para nosotros, los pacientes, y también para nuestras familias.

Catalina Gallo

Globo de diálogo con la palabra Introducción

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que casi trescientas millones de personas en el mundo padecen depresión1 y cerca de la misma cifra sufre de algún tipo de trastorno de ansiedad2. Esto quiere decir que ambas condiciones sumarían seiscientos millones, más de la totalidad de los habitantes de países como Estados Unidos o Indonesia (dos de los más poblados del mundo), o casi toda la gente que vive en Latinoamérica. Si bien ambas condiciones pueden coexistir en la misma persona, las cifras oficiales se cuentan por trastornos. Vale la pena señalar este escandaloso número de seres humanos en el mundo, que día tras día no pueden vivir tranquilos, no logran trabajar o estudiar adecuadamente, criar a sus hijos o hijas, demostrar amor a sus padres o madres por padecer alguna o ambas condiciones.

Sin demeritar otros problemas de salud, sí resulta impresionante cómo muchas veces no nos detenemos a pensar en la gravedad de la depresión y de la ansiedad, y no las consideramos un problema de salud pública. Para ponerlo en perspectiva, en el mundo hay más personas con depresión o ansiedad que con infartos cardiacos o cáncer.

La depresión y la ansiedad son, respectivamente, las dos primeras afectaciones mentales más frecuentes en niños y adolescentes en el mundo, de acuerdo con las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en su informe Estado Mundial de la Infancia (2021). La OMS estima que entre el 1 % y el 2 % de todos los menores de edad padecen o padecerán depresión y/o ansiedad antes de cumplir sus 18 años3. Esta cifra puede incrementarse a 4,8 % en la adolescencia4.

En Latinoamérica, a pesar de que no todos los países disponen de cifras epidemiológicas poblacionales confiables, es claro que ambas condiciones son preocupantemente frecuentes en nuestros niños, niñas y adolescentes. Los números varían según el tipo de reporte y las edades estudiadas, pero en general se cree que en la región uno de cada siete menores de edad sufre un trastorno mental, y la ansiedad y la depresión son los más frecuentes5.

Como lo indica la Encuesta Nacional de Salud Mental en Colombia, los trastornos de ansiedad en niños y adolescentes también son los más frecuentes en nuestro país, seguidos por el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y los trastornos depresivos. Uno de cada cuatro niños y niñas en Colombia tiene un trastorno mental que requiere evaluación y tratamiento6. Dos de cada diez tienen ansiedad y/o depresión.

Las cifras mencionadas han incrementado de manera exponencial luego de la pandemia del covid-19. Varias situaciones relacionadas —como la ausencia de factores protectores, los confinamientos, el acceso indiscriminado a redes sociales y la información no apta para niños, niñas y adolescentes— han generado un panorama que ya era preocupante antes de la pandemia, aunque ahora se muestra cada vez peor no solo para psiquiatras y psicólogos, sino para muchas familias.

Por estas razones, podemos acoger la afirmación que sugiere la existencia de una propagación global de problemas de salud mental en niños, niñas y adolescentes, con especial énfasis en la ansiedad y la depresión. Es un hecho innegable no solo soportado por las estadísticas, sino por los testimonios de padres de familia, educadores, investigadores y las voces de niños, niñas y adolescentes que reclaman a gritos que esta realidad sea reconocida y tenida en cuenta, para prevenir, intervenir oportunamente y hacer visible lo que por años ha permanecido en la oscuridad. Reconocer ambas condiciones como reales, importantes y que ameritan atención es un deber de los adultos. La depresión y la ansiedad en los niños, niñas y adolescentes sí existe.

El suicidio es, además, una de las consecuencias más desgarradoras y temidas de ambas condiciones, aunque en especial de la depresión. Una persona se suicida en el mundo cada cuarenta segundos. Mientras leemos esta introducción, hay por lo menos dos personas que han logrado poner fin a sus vidas, como consecuencia de un trastorno depresivo sin detección y/o tratamiento o por una crisis de ansiedad.

La mayoría de los intentos de suicidio en personas jóvenes tienen origen en trastornos depresivos. Además, hay condiciones propias de los niños, niñas y adolescentes que incrementan ese riesgo por razones de su edad, como lo explicamos en este libro.

Hablar de tristeza, depresión, ansiedad, suicidio y problemas de salud mental salva vidas, sobre todo porque puede prevenir desenlaces desafortunados como complicaciones con la ansiedad y la depresión; por ejemplo, el consumo temprano de alcohol y de sustancias psicoactivas, riesgos psicosociales y, por supuesto, el suicidio.

Por eso las autoridades sanitarias a nivel mundial alegan que no podemos seguir silenciando los temas de salud mental, en especial cuando tocan de manera tan directa a nuestros niños, niñas y adolescentes. En los últimos años, quizás animados por las cifras anteriormente expuestas y por las consecuencias que trae no prevenir la ansiedad y la depresión, los sectores de salud y educación han insistido en la relevancia de hablar de depresión y ansiedad infantil.

Para este libro, entendemos la infancia como la etapa de la vida que va desde el nacimiento hasta los 11 años, en el caso de las niñas, y los 12 años, en el caso de los niños. La adolescencia la entendemos como la etapa que va del final de la infancia a los 18 años.

Si bien el propósito de este libro es proporcionar apoyo e información relevante que sea de utilidad en los casos de niños, niñas y adolescentes con ansiedad y/o depresión, debemos advertir que en ningún caso las respuestas que se encuentran en estas páginas reemplazan una consulta psicológica o psiquiátrica. Por lo anterior, recomendamos de manera explícita a los lectores que consideren que su hijo, hija, amigo o familiar está pasando por un proceso depresivo y/o ansioso busquen ayuda profesional lo más pronto posible.

Además, se debe tener en cuenta que, a pesar de que las afirmaciones en este libro han sido revisadas y soportadas con evidencia, cada caso es diferente; puede tener condiciones y características particulares que deben ser discutidas con los profesionales de salud mental.

Germán Casas

1 Organización Panamericana de la Salud [OPS]. (2021). Depresión, datos claves. https://www.paho.org/es/temas/depresion

2 Organización Mundial de la Salud [OMS]. (2022). Informe Mundial sobre Salud Mental. https://iris.who.int/bitstream/handle/10665/356118/9789240051966-spa.pdf?sequence=1

3 La estimación surge de calcular los datos de la OMS sobre salud mental en adolescentes. Organización Mundial de la Salud [OMS]. (2024, 10 de octubre). La salud mental de los adolescentes. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health

4 Birmaher, B. y Brent, D. A. (2006). Treatment-resistant depression in adolescents: recognition and management. Child and adolescent psychiatric clinics of North America, 15(4), 1015–x . https://doi.org/10.1016/j.chc.2006.05.001

5 Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia [Unicef]. (2021). Estado Mundial de la Infancia 2021: En mi Mente. https://www.unicef.org/es/media/108171/file/SOWC-2021-Resumen-Ejecutivo.pdf

6 Gómez-Restrepo, C., Aulí, J., Tamayo, N., Gil, F., Garzón, D., y Casas, G. (2016). Prevalencia y factores asociados a trastornos mentales en la población de niños colombianos, Encuesta Nacional de Salud Mental [ENSM] 2015. Revista Colombiana de Psiquiatría, 45(Suppl. 1), 39-49. https://doi.org/10.1016/j.rcp.2016.06.010

Portadilla de la primera parte: La depresión

1

Dicen que la depresión en la infancia no existe. ¿Eso es cierto?

Es totalmente falso. La depresión en la infancia sí existe. Sin embargo, lo primero que suele presentarse cuando aparece es una gran negación. Es muy difícil aceptarla. Nadie la entiende fácilmente. A nadie le gusta sentir y pensar que un niño se pueda deprimir.

La depresión infantil está completamente negada y es desconocida. Incluso, durante muchos años, en la ciencia médica no se creía que existiera, y hoy en día algunos profesionales de la psicología, la medicina e incluso de la psiquiatría sostienen que la depresión en niños y adolescentes no existe. Negarla hace mucho daño porque también se niega algo sobre lo que se puede actuar rápidamente.

Otra razón por la cual los adultos niegan la depresión es por sus propios recuerdos tristes de la infancia; no quieren revivir esas tristezas o les cuesta hacerlo. Algunos sostienen que la infancia es la mejor edad o que la juventud es el “divino tesoro”; no obstante, la verdad es que este periodo también tiene momentos tristes y la adolescencia puede ser una etapa con situaciones muy duras.

En una ocasión, el papá de un paciente me dijo que su hijo no podía tener depresión porque no le debía plata a nadie, cuando la verdad era que el niño estaba muy deprimido debido a que tenía unos problemas reales que su papá no veía como tales. Para el padre, los únicos problemas reales de la vida eran los relacionados con el dinero.

Existe otro punto muy complejo: negar que los niños, las niñas y los adolescentes se deprimen ayuda a alimentar la necesidad de justificar el sufrimiento, esa necesidad de creer que para aprender hay que sufrir, que el carácter se forma con lágrimas, esa visión de que el sufrimiento tiene algo de virtud, de nobleza, de ganarnos el paraíso en el futuro porque venimos a aguantar a este mundo. Esta es una posición filosófica o religiosa que le hace mucho daño a la depresión real, ya que la depresión no es una lección de vida.

En otra oportunidad, a una mamá que no quería permitirle a su hijo tener un tratamiento por basarse en esas creencias le expliqué que cuando uno niño quiere ser futbolista, entrena y corre mucho, le duelen los músculos y ese dolor es necesario para ser un buen deportista, pero si se fractura, no puede seguir preparándose; tiene que ir al médico, incapacitarse y hacer rehabilitación para poder volver a jugar. El dolor del entrenamiento es necesario, pero el de la fractura no. Lo mismo sucede con la depresión: una cosa es el sufrimiento propio de la vida y otra cosa, el sufrimiento por un trastorno mental.

Por último, muchos adultos creen que la depresión infantil es un negocio de las farmacéuticas.

Tengo que afirmar que efectivamente la formulación y la guerra de marketing entre las casas farmacéuticas han hecho mucho daño, porque alimentan las teorías de que todos los niños se deben medicar y la depresión en la infancia es un invento de esta industria.

Al respecto, es bueno aclarar varias cosas. Primero, la venta de antidepresivos para niños es el peor negocio, porque son los más baratos, tanto que en algunos casos hemos tenido que pelear para que no los saquen del mercado. Son tan mal negocio que las farmacéuticas no los quieren vender. Tan es así que desde la Asociación Mundial de Psiquiatría Infantil le hemos pedido a la OMS incluir estos antidepresivos en la lista de medicinas esenciales, para que los laboratorios tengan la libertad de producirlos y así no nos quedemos sin medicamentos con qué tratar a los niños.

Lo segundo es que los psiquiatras infantiles somos los psiquiatras que menos medicamos.

Así que, para responder la pregunta, sí, la depresión en la infancia sí existe.


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