La inflamación no es la cuestión

Mireia Velasco

Fragmento

Prólogo

Introducción

Esto no va (solo) de inflamación y alimentación.

Puede que estés esperando encontrar soluciones definitivas. Tal vez has llegado hasta aquí cansado, hinchado, con síntomas que no terminan de explicarte, de un médico a otro, con dudas sobre qué comer, qué evitar, qué hacer. Y es muy probable que hayas pasado ya por muchos intentos: dietas, análisis, protocolos, médicos, terapeutas, suplementos… Incluso quizá has renunciado a muchos alimentos durante años con la esperanza de que algo de todo eso funcione.

Ay, amigo, ¡cuánto te entiendo! Sí, sí, ese camino de locura y tumbos lo he atravesado yo y sé lo que se siente.

No sabría decirte exactamente cuándo empezó, pero hubo una época en la que me sentía completamente saturada. Agotada de tanto «hacer lo correcto», «comer lo correcto», de intentar seguir al pie de la letra lo que se suponía que era el camino ideal hacia la salud. ¿Ideal para quién? Me perdí entre tanta información, tantos protocolos, pruebas, listas, reglas… Y aunque en teoría lo estaba haciendo todo «bien», mi cuerpo no lo sentía así; al contrario, estaba más tensa, más inflamada, más desconectada que nunca.

Y entonces entendí algo importante: no era solo mi cuerpo el que estaba cansado, era mi manera de relacionarme con la salud. La alimentación, que siempre había sido un canal para cuidarme, se había vuelto una fuente más de presión.

Como profesional, también me vi atrapada en esa dinámica. Dejé atrás mi antigua carrera para dedicarme con toda la ilusión a lo que me apasionaba: la nutrición y la salud. Y lo hice con el deseo genuino de ayudar. Pero, con el tiempo, empecé a notar que a veces, sin querer, estaba alimentando en los demás esa misma sed de perfección que tanto me había agotado a mí. Que, en lugar de darles claridad, estábamos llenando de ruido su camino. Dietas estrictas, protocolos interminables, pruebas carísimas… La salud se había convertido en otro lugar más donde había que rendir y demostrar.

Hasta que dije basta, y decidí mirarlo todo, y mirarme a mí misma, de otra forma.

Y ahí, justo en ese lugar incómodo donde no sabía muy bien cómo seguir, empecé a hacerme una pregunta diferente:

No era tanto «¿qué más me falta?», sino «¿qué hay en todo esto que me está saturando?», «¿qué necesito yo realmente en este momento de mi vida?». Porque entre tantos suplementos, pruebas, listas interminables de alimentos prohibidos, ejercicios

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