RVR 1960 Devocionales sobre la oración / RVR 1960 Prayer Devotionals

Origen

Fragmento

RVR60-Devocionales sobre la oración

INTRODUCCIÓN

La Biblia Reina-Valera se erige como una de las versiones más empleadas por los protestantes de habla hispana. Su actual forma es el resultado de un exhaustivo proceso de revisiones llevado a cabo por las Sociedades Bíblicas Unidas sobre la Biblia del Oso de 1569, obra de Casiodoro de Reina, una de las primeras traducciones al español. Casiodoro de Reina, un monje español que abrazó el protestantismo, fundamentó su traducción en el Texto Masorético para el Antiguo Testamento y en el Textus Receptus para el Nuevo Testamento. Posteriormente, tras la primera revisión realizada por Cipriano de Valera en 1602, esta obra pasó a ser conocida como la Biblia Reina-Valera.

La Reina-Valera experimentó una notable difusión durante la Reforma protestante del siglo XVI, consolidándose como la única versión de la Biblia utilizada en la iglesia protestante de lengua castellana durante más de cuatro siglos. Hoy en día, con varias revisiones a través de los años (1862, 1909, 1960, 1995, 2009, 2011, 2015), sigue siendo una de las traducciones más usadas.

Este devocional sobre la oración va dirigido a mujeres y ha sido escrito por dos mujeres: Margie Hord y Keila Ochoa Harris. Ambas honran la tradición de la Biblia Reina-Valera basándose en los versículos que aman y siguen.

La oración de los editores es que, mientras medites en estos pasajes tan amados de las Escrituras y las verdades que contienen, el Dios de esperanza te llene de todo gozo y paz en la fe (Romanos 15:13).

1

SER COMO NIÑOS

… por lo cual clamamos: ¡Abba, Padre!

ROMANOS 8:15

Supongo que todos hicimos rabietas al crecer. Muchas veces no fueron justificadas, pero en otras ocasiones solo necesitábamos atención o ayuda urgente. Qué reconfortante resultaban los brazos de mamá o papá para escuchar nuestras peticiones, concederlas o negarlas. Sin embargo, la clave estaba en la paz que surgía en sabernos atendidos.

Cuando Jesús estuvo en la tierra, en una de las pocas ocasiones en que reprendió a sus discípulos, lo hizo porque ellos impedían a los niños acercarse a Él. ¿Llegaron esos pequeños con demandas, acusaciones y necesidades? Seguramente no organizaron ni ensayaron un discurso antes de su encuentro con Jesús, sino que desbordaron lo que sus corazones cargaban.

De eso trata la oración. Podemos venir como niños berrinchudos, heridos o preocupados, trepar a las rodillas del Padre y clamar. Él, como hizo en el pasado, no lo impedirá, pues su invitación sigue siendo: «Ven». Que a través de las lecturas de este libro aprendamos más sobre la oración, sin olvidar que, seamos o no expertos en el tema, Él nunca nos echará fuera.

Gracias, Señor, porque eres un buen Padre que escucha la oración.

Podemos venir a Dios como un niño con su padre.

2

TODOS PODEMOS

… porque por medio de él… tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

EFESIOS 2:18

«Tú que estás cerca de Dios, ora por mí». «A ti sí te escucha Dios; toma en cuenta mi petición». «Yo no sé rezar; hazlo por mí». Quizá hemos oído este tipo de peticiones de parte de conocidos. Ellos reconocen que hay algo especial en nuestra relación con el Señor y piden que intercedamos por ellos.

En tiempos bíblicos, el sumo sacerdote mediaba por el pueblo; solo él podía acceder a la poderosa presencia de Dios en el Lugar Santísimo, pero ¡una sola vez al año! Con la muerte de Jesús por nosotros, se rasgó la pesada cortina que protegía la entrada al Lugar Santísimo, representando el hecho de que ahora todos tenemos acceso sin límite al que nos recibe libremente.

Por medio de Cristo «tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre» (Efesios 2:18). Ya no hay distinción; no hay «más espirituales» o «más cercanos a Dios». Tenemos el mismo derecho. Compartamos con nuestros amigos la hermosa verdad de que solo necesitan entrar en una relación personal con Jesucristo para ser hijos del Padre, quien abre sus brazos y escucha nuestras oraciones.

Gracias, Señor, porque podemos acercarnos a Ti.

Todos los hijos tenemos entrada al Padre.

3

ACCESO RESTRINGIDO

… en quien tenemos seguridad y acceso con confianza…

EFESIOS 3:12

Imagina un palacio con cámaras de seguridad y agentes en cada rincón. Una persona entra con capucha y, sin importar cuántos intentan detenerla, avanza confiada por los lugares correctos y en los últimos metros corre hasta plantarse frente al monarca. Cuando entran los policías, la persona se quita la capucha y se descubre su identidad: ¡es su hijo!

Cuando creemos en Jesús podemos tener el atrevimiento de acercarnos con valentía, coraje y confianza ante el Rey. Pero notemos un detalle que marca Efesios: es por Jesús que lo logramos. Él es quien, por así decirlo, nos da las credenciales correctas y evita que nos echen del palacio.

Tenemos a Jesús quien nos escolta, nos dirige y nos muestra el camino. Y ya que Jesús es quien nos lleva al Padre, el Todopoderoso nos atiende con amor. ¿Oramos con el respeto que se debe al Soberano del universo? ¿Y acudimos con la libertad y la confianza de un hijo que cuenta con derechos y un lazo especial con su padre?

Gracias, Señor Jesús, porque por medio de ti puedo acceder al Rey de reyes.

Tenemos acceso directo al Soberano del universo.

4

CON SINCERIDAD

… acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe…

HEBREOS 10:22

Antes de casarnos, mi esposo vio un programa de televisión donde aparecía una niña de nombre Alethia, que había sido testigo de un crimen. El juez le rogó que hiciera honor a su nombre, que significa «amante de la verdad». Desde aquel momento, mi esposo quiso nombrar algún día a su hija así, y gracias a Dios se logró ese deseo.

La palabra griega traducida en este pasaje como «sincero», o en algunas versiones «verdadero», está derivada de esa misma palabra. Aquí la Biblia nos exhorta a acercarnos a Dios «con corazón sincero» (Hebreos 10:22). Con Dios, las apariencias no tienen valor real. Él ve lo que realmente pensamos y sentimos. Sobre todo, ve la fe que tenemos de que Él contestará nuestra oración.

Cuando oremos, quitemos las poses, la vanidad y cualquier falsa espiritualidad. Seamos honestos, abiertos y sinceros. No tengamos miedo de decirle a Dios nuestros temores y dudas. Él nos conoce y entiende, aún más de lo que un padre humano conoce a sus hijos.

Ayúdame a ser totalmente sincero contigo, Señor.

Dios desea la honestidad en nuestras palabras y oraciones.

5

SIN LEVANTAR CABEZA

… si se humillare mi pueblo… y oraren…

yo oiré desde los cielos.

2 CRÓNICAS 7:14

La pequeña niña sabía que había hecho algo terrible: desobedeció expresamente una orden de su mamá sobre no tocar sus aparatos y, cuando la tableta se cayó del escritorio, la pantalla se quebró. El ruido trajo a su mamá a la puerta. La niña, sin alzar los ojos, confesó su travesura. «Mírame, hijita», le pidió su mamá varias veces mientras la niña relataba la historia. Cuando ella finalmente lo hizo, se topó con el rostro serio de su madre y unos ojos llenos de amor.

La palabra que se usa en este versículo para «humillar» es la misma que encontramos en la historia de Jueces cuando Gedeón venció a Madián y fue subyugado de manera que «nunca más volvió a levantar cabeza» (Jueces 8:28).

Cuando reconocemos la seriedad de nuestro pecado, solo podemos humillarnos, pero esta es una actitud que Dios aprecia y seguramente oirá nuestras súplicas. No olvidemos venir con la cabeza gacha, y luego alcemos la vista y veamos los ojos compasivos de Jesús, unos ojos que nos perdonarán una vez más.

Padre, gracias porque nos perdonas vez tras vez.

La humildad es un ingrediente de la oración.

6

MÁS GRANDE QUE LAS MONTAÑAS

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando,

creed que lo recibiréis, y os vendrá.

MARCOS 11:24

Se cuenta que una maestra de Escuela Dominical enseñó a sus alumnos que la fe mueve montañas. Los chicos se emocionaron, ya que un cerro les obstaculizaba la vista del mar. Le pidieron a Dios que quitara ese cerro. Su maestra estaba preocupada de que fuera una petición exagerada. Pronto apareció maquinaria excavadora, pues se iba a iniciar una construcción. ¡Ya se podría ver el mar!

La enseñanza de Jesús en Marcos 11:24 ocurre después de que maldijera la higuera sin fruto. Los discípulos se asombraron cuando pasaron de nuevo y el árbol se había secado. Las palabras posteriores de Jesús eran algo así: «¿Se asombran de que esto haya pasado? Puedo hacer cosas mucho mayores, ¡como mover montañas!».

Con frecuencia el objeto de nuestras súplicas parece una montaña que nos pesa y nos abruma. Sentimos que es imposible que cambie esa persona, que se pague esa deuda, que se resuelva nuestro problema. Se hace gigante en nuestra mente. Recordemos: ¡nuestro Dios es más grande que las montañas! Creamos que Él nos contestará.

Padre, creo en Ti para que se quite esta montaña.

Al pedir algo a Dios, cree que lo recibirás.

7

DILIGENCIA PARA ORAR

… y es diligente en súplicas y oraciones noche y día.

1 TIMOTEO 5:5

Supongo que se casó con ilusiones, pero después de tan solo siete años, su esposo murió. ¿Tuvo hijos? Quizá. Sin embargo, una viuda, en esos tiempos, no la pasaba bien. ¿Qué hizo? ¿Llorar y quejarse? ¿Amargarse? ¿Salir a trabajar? Decidió adorar a Dios, día y noche, con ayunos y oraciones.

Entonces, a la edad de ochenta y cuatro años, recibió un regalo: sus oraciones fueron contestadas. Llegó al templo como de costumbre, y vio a Simeón, un hombre anciano, justo y devoto, con un bebé en brazos y le oyó decir que ese niño traería salvación y luz a las naciones. Ana dio gracias a Dios y compartió la noticia.

Ana no solo nos enseña la importancia de la diligencia, también su recompensa. Ser diligente es como invertir; no vemos resultados inmediatos, pero a su tiempo llegan los rendimientos. Y cualquier cosa que vale la pena, como la oración, merece diligencia. Imitemos a Ana, esta viuda que nos enseña a orar con la seguridad de que, tarde o temprano, recibiremos más de lo que esperamos.

Señor, ayúdame a ser diligente en mis oraciones.

Usa toda tu energía para orar.

8

LA PERSEVERANCIA EN LA ORACIÓN

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias.

COLOSENSES 4:2

Una amiga se levanta di

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