Tu propósito cósmico

Kirsty Gallagher

Fragmento

cap-1

Introducción

Hola, querido lector o lectora. Te doy la bienvenida a este viaje hacia el descubrimiento de tu propósito cósmico, a través del cual comprenderás quién eres realmente y para qué estás aquí.

Quiero que sepas que se te ha guiado hasta este instante. Tanto si has comprado este libro por el impulso interior que sentiste al oírme hablar de él como si ha sido por recomendación de un amigo o por cualquier otro motivo, has de saber que tu alma te ha guiado hasta este momento, el comienzo de este viaje. Tómate unos segundos para honrar lo que acabo de decir. A medida que vayas descubriendo tu ser interior mientras recorres estas páginas, tu alma comenzará a guiarte hacia experiencias y aventuras aún más maravillosas, que permitirán que tu viaje espiritual y tu propósito cósmico se desarrollen.

Empezaré compartiendo contigo mi viaje y lo que me ha traído hasta aquí. Desde que tengo memoria he estado embarcada en un viaje espiritual. De pequeña, mi tía bisabuela Mabel era una de mis personas favoritas. Era vidente, leía el tarot y las hojas de té, y me encantaba pasar tiempo con ella. Mirando hacia atrás, supongo que fue mi primera maestra espiritual y que me abrió las puertas a todo un mundo más allá de lo físico, de lo visible y de lo que se puede comprender de manera lógica.

Tuve mi primer libro de astrología aproximadamente a los once años, que fue más o menos cuando conseguí también mi primer cristal: un ojo de tigre, una de mis piedras de nacimiento. Recuerdo haberme sumergido en ese libro durante días, quedándome cautivada por el mundo de la astrología. También recuerdo que pasaba mucho tiempo mirando el cristal, fascinada por el hecho de que proviniera de la tierra.

A lo largo de mi infancia, fui una de esas niñas que preguntan siempre la razón de las cosas. Antes de hacer nada, quería saber y comprender el motivo. Eso se ha mantenido como una constante en mi vida, y aún hoy busco entender el porqué no solo de las grandes cuestiones existenciales, como por qué estamos aquí, sino también qué nos impulsa a hacer cuanto hacemos. Antes de embarcarme en algo a ciegas necesito comprenderlo por entero; nunca he sido de esas personas que simplemente siguen las reglas. Siempre he tenido la intuición y el sentido psíquico muy desarrollados, y he sabido que existe una fuente de poder y energía mayor que nosotros a la que podemos acceder.

La verdad es que dejé un poco de lado la espiritualidad al final de mi adolescencia, etapa en la que empecé a salir por la noche, y también cuando comencé a forjarme una trayectoria profesional y a buscar mi lugar en el mundo, pero siempre había algo que me bullía dentro, esperando a que volviera a despertarlo y explorarlo llegado el momento. Y ese momento llegó cuando, con veintitantos años, encontré a mi alma gemela en el trabajo.

Con él me embarqué en un viaje auténtico de autodescubrimiento. Juntos exploramos el mundo espiritual, viajamos por el mundo físico (y astral), y descubrimos muchas cosas tanto sobre nosotros mismos como sobre el sentido de la vida. Durante esa relación sentimental aprendí muchas lecciones y verdades del alma. Para quien conozca mi libro Libera tu diosa interior, aclaro que fue él quien me inscribió en el curso donde aprendí a leer las cartas del oráculo de la diosa, que fue lo que dio inicio en gran medida a mi viaje con la diosa y la divinidad femenina. El tiempo que pasamos juntos fue un periodo de despertar, de profundización en mis prácticas espirituales y de enorme crecimiento, evolución, exploración y descubrimiento. Entonces, de buenas a primeras, murió Sharon, una de mis mejores amigas.

Sharon tenía una luz como pocas se han visto en este mundo. Con su sola presencia y su sonrisa iluminaba cualquier estancia, y estoy muy agradecida por los años que disfruté de nuestra amistad. En el momento en que nos encontramos, sentí como si ya la conociera de toda la vida, y pronto nos hicimos inseparables.

Dado que ella tenía una hija pequeña, solo podíamos vernos los fines de semana, cuando la niña estaba con su padre, o bien entre semana, si me acercaba a Mánchester aunque fuera para charlar un rato sentadas en el sofá de su casa. También teníamos un ritual todos los domingos: como Sharon no tenía coche, yo la llevaba al supermercado para que realizara la compra semanal.

Hasta hacer con ella algo aparentemente tan prosaico resultaba especial. Tenía la capacidad de infundir alegría a raudales a cualquier cosa, incluso a una compra de supermercado con el presupuesto limitado de una madre soltera. Amaba la vida, la amaba de verdad, y aunque había pasado por muchas adversidades y épocas muy difíciles, veía siempre lo mejor de todas las situaciones y todas las personas, y trataba de sacar el máximo partido a su vida.

Cada vez que pienso en ella, la recuerdo bailando (le encantaba bailar) con una sonrisa enorme y feliz en la cara. Así es como permanece en mi memoria: sonriendo y bailando. Que es justo lo que estaba haciendo una de las últimas veces que la vi, hasta que se despertó a la mañana siguiente con un intenso dolor de cabeza y, a las pocas horas, entró en coma.

Recuerdo visitarla en cuidados intensivos y decirle que tenía que estar bien para la semana siguiente porque habíamos planeado hacer un viaje de fin de semana. Yo estaba convencida de que Sharon mejoraría en pocos días y que ese fin de semana nos los pasaríamos genial. Mi mente no podía ni siquiera empezar a aceptar que aquello era el fin. Al cabo de unos días, sin embargo, llegó la llamada de teléfono: iban a retirarle el soporte vital. Mi mundo entero se desmoronó. No podía imaginarme la vida sin ella.

Durante el funeral, el féretro de Sharon permaneció abierto y me acerqué a dejar junto a ella una carta y un cristal. Al contemplar su hermoso y plácido rostro, fui súbitamente consciente de que habría podido ser yo la que se encontrara en aquel ataúd. Cualquiera de nosotros podía partir en cualquier momento, pensé. Ante tal revelación, me parecieron irrelevantes todas las pequeñeces por las que pasaba tanto tiempo preocupándome y todos los miedos y las dudas que me frenaban y me mantenían estancada, impidiéndome actuar.

En la iglesia había tanta gente que algunos asistentes al funeral tuvieron que quedarse fuera, lo que puso de manifiesto el número de vidas en las que Sharon había influido y para cuántas personas, incluida yo, su muerte fue un catalizador. Le prometí que continuaría viviendo por ella y haciendo todo lo que ya no podría hacer y todo lo que yo anhelaba. Quería que mi amiga se sintiera orgullosa de mí, dedicarle mi vida.

Cuando regresé a mi hogar, rompí con mi pareja y me fui de la casa ese mismo día. Aunque la relación era maravillosa, en el fondo de mi alma sabía que había muchas cosas en ella que no estaban bien y, tras mi revelación ante el féretro de Sharon, ya no estaba dispuesta a vivir una vida que no considerase verdadera y auténtica.

No puedo explicarlo, pero, en lo más profundo, sabía (y, siendo sincera, llevaba tiempo sabiéndolo) que nunca sería capaz de convertirme en lo que tenía que ser mientras siguiéramos juntos. Nuestra relación nos había llevado todo lo lejos que podíamos llegar, nuestro contrato espiritual se había cumplido ya, y teníamos que liberarnos para embarcarnos en la siguiente etapa de nuestro viaje. Al romper con él, le dije que lo liberaba y que, al hacerlo, también me liberaba a mí.

Y ahí fue donde comenzó mi auténtica inmersión espiritual. Desde entonces, me consagré a mi viaje y a tratar de entender el sentido de la vida y cuál era mi verdadero propósito cósmico. Me hice terapeuta de cristales, de reiki y de regresiones, astróloga y coach espiritual. Trabajé con guías espirituales, ángeles y maestros ascendidos, y asumí mis capacidades psíquicas. Estudié meditación, sanación con energía, metafísica, cábala, tarot y wicca…, así como cualquier otra disciplina mística y mágica con la que me crucé. Estaba muy sedienta de conocimiento y repuestas, y fue una época de profundización en la exploración del alma.

Entonces conocí el yoga. Aunque suene a cliché, probé una clase en un centro comunitario y me enganché. El yoga, con su rica y antigua filosofía, daba respuestas a todas mis preguntas. A través de la práctica física, descubría cada vez más capas de mí misma y, a través de la filosofía, conectaba cada vez más con la conciencia divina.

Desde el primer momento, supe que quería enseñar yoga. Deseaba compartir con otras personas esa práctica que me había cambiado la vida. Tenía que ir a la India, a la fuente, el lugar donde nació esa disciplina. Hacer realidad ese sueño me llevó casi dos años, tan difíciles y complicados como llenos de belleza. Por fin, en 2009 viví en la India un año mientras me formaba como profesora. Luego enseñé yoga en la misma escuela donde lo había aprendido al tiempo que estudiaba filosofía, pranayama y meditación.

Fue allí donde descubrí la magia de vivir conforme a la luna y me sumergí en el estudio de esta práctica, que se convirtió en el tema de mi primer libro superventas del Sunday Times en 2020. También se inició entonces mi devoción y dedicación a la diosa y a la divinidad femenina, así como al despertar de mi kundalini, la energía de la fuerza vital creativa del universo, que activa nuestro potencial pleno.

Al volver al Reino Unido, comencé a enseñar yoga y a impartir talleres sobre cómo vivir conforme a la magia de la luna y sobre astrología. Fui una de las primeras personas en enseñar yoga en el noroeste de Inglaterra, pues no era algo común en esa época, y establecí clases regulares y talleres. Al final terminé enseñando en 87 retiros con lleno completo por todo el mundo. Luego me fui a vivir a Londres, donde empecé a dar clases individuales de yoga tanto particulares como en empresas. Lo siguiente fue ponerme a escribir mis libros y dedicarme a lo que hago ahora.

Hasta el momento ha sido un viaje lleno de retos, maravilloso y revelador, de crecimiento, evolución y descubrimiento. He encontrado el sentido de mi vida en compartir todo lo que he aprendido, cosa que hago tanto en redes sociales como en los proyectos de Lunar Living Sisterhood y de Goddess Path Mystery School Coven, y en los cursos y talleres online que imparto.

Ahora deseo compartirlo contigo aquí, en estas páginas. Quiero desvelarte todo lo que he aprendido en las décadas durante las que he transitado este camino y ayudarte a explorar mientras realizas el viaje de tu propia alma, porque todos los caminos pueden ser diferentes y, además, el descubrimiento forma parte del viaje de cada persona.

Aprovecho para decirte que si algo de lo que menciono en este libro no te toca ninguna fibra sensible ni lo sientes como tu verdad, no pasa absolutamente nada. Quédate solo con lo que vibre contigo y prescinde del resto. No estoy aquí para convencerte de nada, sino para ayudarte a recordar la sabiduría, el conocimiento y la verdad profundos que ya tienes dentro, de manera que puedas poner en práctica tu propio propósito cósmico y hacer llegar tu mensaje al mundo.

Nadie conoce el sentido último de la vida, de qué va todo esto o cuáles son las verdades espirituales definitivas hasta que uno vuelve a reunirse con su alma (si es que realmente crees que eso es lo que ocurre cuando dejas este mundo). A cada uno de nosotros nos toca descubrir nuestro propio propósito cósmico para empezar a encontrar las respuestas y la sabiduría en nuestro interior, de modo que podamos establecer nuestras propias verdades, que nos ayudarán a vivir con sentido, propósito, conexión espiritual y confianza.

Descubrir tu propia verdad forma parte de este viaje y es un proceso lleno de retos que te transformará y te ayudará a enraizarte profundamente en tu propósito cósmico y en el verdadero ser de tu alma. Para mí, constituyó una parte muy importante de mi propio viaje y aprendizaje. Cuando comencé a caminar por el sendero espiritual hace más de dos décadas, quería que todo el mundo creyera lo mismo que yo. Era una actitud bienintencionada, pues mi vida estaba cambiando tanto que deseaba compartir esa experiencia con los demás.

Sin embargo, cuando examiné esa actitud a fondo, me di cuenta de que me faltaba confianza: necesitaba que los demás creyeran lo mismo que yo porque así sería verdad y estaría bien que yo lo creyera. Es decir, si otras personas creían también que había guías espirituales, entonces los habría, y me resultaría aceptable creer en las voces de los guías que estaba oyendo.

Mi fe se tambaleaba, como seguramente te ocurrirá a ti. Necesitamos vivir la experiencia para poder creer por completo en algo. Al principio, me venía abajo o abrigaba dudas ante la primera señal de dificultades o si pensaba que se estaban cuestionando mis creencias, pues no podía entender que mi alma o el universo me hicieran tal cosa. Con el tiempo, no obstante, he averiguado que todo ocurre para ayudarme a aprender, crecer y evolucionar, y mis creencias espirituales son tan profundas ahora que forman parte de mí en la misma medida que mis pies o mis manos. He experimentado lo divino en carne propia, y mis creencias se me han confirmado repetidamente. Son mi verdad y las sé desde un lugar muy profundo de mi interior. Ya no me importa si los demás creen lo mismo que yo, pues mis creencias me ayudan a superar las dificultades de mi existencia con más facilidad y fluidez, y a vivir una vida que es (la mayor parte del tiempo) feliz, llena de sentido, plena y significativa, conectada a una fuente superior de poder y sabiduría divinos. Este es mi mayor deseo para ti también, y lo que espero que llegues a experimentar en tu viaje espiritual para así descubrir más cosas sobre tu propósito cósmico.

En la primera parte de este libro nos centraremos en definir qué es el propósito cósmico y qué es el alma, y en averiguar cómo puedes iniciar un viaje de retorno al ser de tu alma.

En la segunda parte veremos maneras prácticas de empezar a encarnar tu alma y tu propósito cósmico para llevar una vida que refleje más tu verdad y tu propio camino. En esta parte he incluido lo que llamo «susurros del alma». Se trata de aspectos sobre los que me encantaría que te tomaras un tiempo para reflexionar, meditar y escribir tus impresiones en un diario. A medida que te adentres más profundamente en este viaje, podrás oír los susurros del alma con más facilidad, pues te habrás abierto a recibirlos. Sería buena idea que llevaras un diario especial para el alma (te servirá un cuaderno normal o corriente o también la aplicación de notas del móvil) donde plasmar la crónica de tu viaje, permitiendo que se vaya desgranando la historia de tu alma. Seguro que más adelante te encantará releerlo.

Por último, en la tercera parte echaremos un vistazo a cómo puedes descubrir más cosas sobre tu propósito cósmico en tu carta astral y tus tránsitos astrológicos. Recuerda que la astrología es un asunto de envergadura, por lo que te llevará tiempo llegar a conocer bien tu carta astral. Estudio astrología desde hace veinte años y aún siento que apenas estoy rascando la superficie.

Dedica también tiempo a este libro y a ponerlo en práctica, y consúltalo y repásalo a menudo. Te aconsejo leerlo entero una vez y luego volver a la segunda parte y pasar una semana con cada uno de los conceptos, profundizando en ellos y explorándolos a fondo.

Lo importante aquí es el viaje, no el destino. Creo firmemente que, una vez que «lo sepamos todo», nos llegará la hora de dejar este mundo y volver a casa, a la escuela del alma, antes de regresar de nuevo a la tierra. Así que disfruta del viaje y deja que el alma te guíe.

Si estás ya en disposición de empezar, ¡adelante!

PRIMERA PARTE

¿Cuál es tu propósito cósmico?

En esta parte del libro, aprenderás más sobre cómo descubrir y comprender tu propósito cósmico y el viaje que tu alma realiza a lo largo de la vida para regresar a quien eres verdaderamente.

No hay nadie en todo el mundo que sea como tú.

1
Por qué necesitas descubrir tu propósito cósmico

Estoy convencida de que todos y cada uno de nosotros tenemos un propósito en este mundo. Has venido aquí con pequeñas semillas de tu alma plantadas en tu interior que contienen todos los sueños, deseos, lecciones, experiencias y aventuras que tu alma quiere que experimentes en esta existencia para crecer, evolucionar y despertar. De la misma manera que una semilla contiene todo lo que le hace falta para convertirse en aquello que pasará a ser, tú también llevas dentro todo lo que necesitas para crecer y convertirte plenamente en quien has venido a ser y en lo que tu alma ha venido a ofrecer a la humanidad de la manera en que solo tú puedes hacerlo.

No hay nadie en todo el mundo que sea como tú.

Piénsalo por un momento.

En un planeta de casi ocho mil millones de personas, tú eres un ser único. Para llevar esta idea aún más lejos, piensa que las probabilidades de nacer son una entre cuatrocientos billones. Sí, lo has leído bien: una entre cuatrocientos billones. Han debido ocurrir muchas cosas para que estés aquí: desde que tus antepasados sobrevivieran y se conocieran, lo mismo que tus padres, hasta que el óvulo y el espermatozoide exactos crearan juntos la secuencia de ADN precisa que hace de ti quien eres. Si se hubieran encontrado otro óvulo y otro espermatozoide, no serías tú, sino otra persona completamente distinta. ¿No te parece extraordinario?

Y, sin embargo, aquí estás. Llegaste a este mundo en un momento preciso y no por accidente; todo se orquestó a la perfección para traerte aquí. Eres un milagro. Y quiero que empieces a creerlo y a vivir conforme a esa realidad. Quiero que empieces a vivir tu propósito cósmico.

Es más, en caso de que aún te quede alguna duda al respecto de la magia que hay en ti, he aquí un pequeño recordatorio de que estás hecho de polvo de estrellas. Los átomos que contienes se crearon en una estrella, sí. Muchos se formaron al principio del universo con el Big Bang, antes incluso de que existieran la Tierra y el sistema solar. Has viajado a través de supernovas. Hay elementos en tu interior que provienen de las mismas estrellas que dieron origen también a nuestro planeta y al sistema solar. Eres una parte compleja del universo, conectada a todo lo que ha habido y lo que habrá. Eres el universo en un cuerpo humano. Estás formado por fragmentos de estrellas y polvo cósmico. Eres cósmico y, por tanto, tienes un propósito cósmico, lo que espero que este libro te ayude a descubrir y a empezar a experimentar.

Como dijo Thich Nhat Hanh de forma preciosa: «El cosmos entero se ha unido para crearte. Llevas el cosmos dentro de ti. Esa es la razón por la que aceptarte y amarte a ti mismo es una expresión de gratitud».

Este libro te embarcará en un viaje espiritual para descubrir más sobre la esencia única de tu alma y para aceptarte y amarte por completo. Permitirá que tu alma y tu propósito cósmico se despierten y brillen a través de ti.

La espiritualidad suele definirse como «una búsqueda individual del sentido último o sagrado y del propósito de la existencia», justo lo que es este viaje: un proceso para encontrar el sentido y el propósito de tu vida y, mediante él, aportar algo y dejar huella tanto en el mundo como entre quienes te rodean de la manera que solo tú puedes hacerlo.

Porque tu propósito cósmico no es ni más que menos que ser; despertar las semillas de tu alma, y los sueños y deseos que contienen, para traer al mundo lo que solamente tú puedes traer y permitir que tu alma viva a través de ti.

Por qué es tan importante que descubras tu propósito

Tu propósito no es algo esquivo que exista fuera de ti y que, al encontrártelo un día, vaya a cambiar de repente toda tu vida. Por el contrario, el propósito eres tú, el tú que has venido a ser en esta existencia. En última instancia, si no lo descubres, no estarás experimentando la vida más auténtica y llena de sentido que podrías vivir.

¿Cómo cambiaría tu vida ahora mismo si creyeras que esto es verdad? Me refiero a creer que tu propósito, en lugar de ser algo externo a ti que siempre te elude, es, precisamente, tu vida entera. El modo en que afrontas las dificultades, te muestras a los demás, vas a trabajar, compartes tus conocimientos y te mueves por el mundo, todo ello forma parte de tu propósito. Todo en tu vida lo ha elegido tu alma para ti con el fin de ayudarte a crecer y alcanzar tu plenitud y tu propósito.

Tu alma vibra en una frecuencia única que es necesaria. El mejor modo en que puedo describirlo es el siguiente: imagina que oyes cantar a un coro maravilloso, pero nadie está entonando la voz de soprano. Aunque suena bien, le falta algo que lo haría aún mejor y emocionaría a la gente de manera más profunda. Eso es lo que le ocurre al mundo cuando no te permites vibrar en

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