Tu perro habla: Aprende a entenderlo

Olfateando el Mundo

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INTRODUCCIÓN

A veces llega a nuestra vida un perro que nos enseña que no sabíamos tanto de perros como creíamos.

Ese perro puede ser el primero en llegar, el quinto o el sexto, pero cuando llega hace que nos replanteemos un millón de cosas. Y quizá es el motivo por el que estás leyendo este libro.

Para nosotros ese perro fue Pantera, que ahora nos acompaña desde el otro lado del arcoíris. Ella fue la «culpable» de que montáramos todo este tinglado llamado Olfateando el Mundo.

Pantera y Lupita, dos bulldogs rechonchas y jovencitas, llegaron a nuestra vida sin avisar. Por ese entonces, nosotros nos dedicábamos a cuidar perros mientras sus familias no podían atenderlos, ya fuera por vacaciones o trabajo.

El tutor de Pantera y Lupita trabajaba muchas horas; nos las dejaba cuatro o cinco días a la semana de forma irregular. Viajes para arriba y viajes para abajo. Ambas estaban un poco mareadas y eso les empezó a afectar, sobre todo a Pantera. Comenzó a ladear la cabeza, dejó de comer, no quería salir a la calle, se mostraba apática e incluso perdió la visión.

De una semana para otra nos encontramos con una situación crítica y, junto con su tutor, decidimos llevarla al hospital veterinario, donde le hicieron toda la batería de pruebas para averiguar qué podía pasarle. A nivel clínico parecía un cuadro neurológico, pero su tutor estaba convencido de que todo era emocional, que estaba somatizando sus emociones y todo el estrés de vida que él llevaba en ese momento. Tras tres días ingresada, efectivamente, no salió nada que justificara dichos cambios en su comportamiento.

Su tutor, al día siguiente, con lágrimas en los ojos y destrozado, nos contó que había tomado la decisión de buscarles una familia que las cuidara y les diera la vida que merecían. Creía que él no era la persona que más feliz podía hacer a Lupita y Pantera y pensaba que estaba afectando muy gravemente a su bienestar.

En ese momento, pese a que objetivamente no era el mejor momento de nuestra vida para adoptar a dos perras, tomamos la decisión de que éramos la mejor familia para ellas. Llevábamos dos meses compartiendo mucho tiempo, ya se habían adaptado a nosotros y al hogar, y nos necesitaban.

La vida es así, y ellas también nos habían elegido.

Por desgracia, en nuestra sociedad es normal adoptar a una especie totalmente distinta al ser humano como es el perro sin dedicar una parte de nuestro tiempo o dinero a entender qué necesitan de verdad estos animales para ser felices.

Damos por hecho que los conocemos.

Y, por su naturaleza bondadosa, la inmensa mayoría de ellos nos lo ponen tremendamente fácil.

Hasta que llega uno que nos complica un poco el día a día.

A nosotros también nos llegó ese momento.

Pero créenos que, detrás del malestar y la preocupación que puedas sentir ahora, hay un aprendizaje increíble: cuando un perro te lo ponga un poco difícil, te ayudará a crecer como persona.

Recordamos como si fuera ayer el momento de firmar los papeles de adopción, con Pantera ingresada, su tutor destrozado por esa decisión que tuvo que tomar por el bienestar de ellas y nosotros con muchas dudas sobre cómo iban a ser las siguientes semanas con la perra.

Cuando llegamos a casa con ellas dos, lo primero que hicimos fue buscar ayuda de una profesional del comportamiento canino, una educadora canina amable. Ella nos mostró qué necesitaba Pantera de nosotros, cómo podíamos acompañarla en esos miedos que habían surgido y esa incapacidad de pasear que tenía.

Entendimos que todo lo que comunicaba era para pedirnos ayuda, que estaba sobrepasada por la situación y necesitaba parar un poco. También vimos que Lupita, a su manera, la estaba ayudando muchísimo. Fue sus ojos en todo ese periodo. Tras dos semanas aplicando las pautas que nos explicó en esa sesión, Pantera empezó a comer, a querer poco a poco pasear más y ¡recuperó la vista!

Cuando lo recordamos se nos pone el vello de punta: cómo una situación de estrés y somatización emocional que había generado ese impacto en un ser vivo, dejándole incluso ciego, podía revertirse en cuestión de quince días con pautas nada complejas.

Nos dimos cuenta de lo importante que es saber acompañar a un perro en sus dificultades.

Vimos lo mal que lo estábamos haciendo con ellas sin darnos cuenta, aunque siempre desde la buena fe. Creíamos que sabíamos de perros por el hecho de haber compartido nuestra vida con ellos.

Pero Pantera nos mostró que hay mucho más. Fue ahí donde nació nuestro propósito incansable de transmitir al mundo todo lo que el perro es y necesita. Que cualquier perro merece ser entendido (de verdad) y que, solo así, se logra una convivencia plena. Que cuanto peor se porta un perro, peor lo está pasando y más necesita al humano que lo acompaña.

Que un perro no necesita ni premios ni castigos para aprender y mejorar.

Todos nosotros decidimos adoptar a un perro y que llegue a nuestra vida para mejorarla, para ponerlo fácil, para tener paseos idílicos, compartir momentos agradables, ir a una terraza de un bar y tomar algo tranquilamente con él, ver cómo se relaciona bien con otros perros y personas…

Y la realidad es que muchas veces no es así. A veces, salir a la calle es una tortura: tirones de correa, reacciones agresivas a perros, personas o cosas en movimiento o bien bloqueos y no querer pasear. Dejarlo solo en casa puede ser una preocupación constante, al pensar en volver y no saber cómo nos la vamos a encontrar. En definitiva, podemos sentir que no le entendemos y no somos capaces de ayudarlo.

Lo vemos a diario con las familias a las que aconsejamos; pero la realidad es que quien peor lo pasa en su día a día con esos problemas es el perro. Porque él lo está haciendo lo mejor que sabe, no se comporta así para complicarnos la vida, sino que nos está pidiendo ayuda. De hecho, te está agradeciendo ahora mismo que hayas dado el paso de comprar este libro y empezar a leerlo.

  Un buen tutor sabe que…

En este libro te vamos a hacer reflexionar, te vamos a explicar su mundo y cómo los problemas de comportamiento de un perro son una puerta para ayudarlo y entenderlo de verdad. Aquí vas a aprender:

Qué tipo de educación canina es la más adecuada para que tu perro sea feliz.

Qué es la obediencia y para qué sirve en realidad.

Cómo los perros perciben el mundo para que se adapten al nuestro.

Qué necesita tu perro en cada etapa de su vida.

A evitar problemas como la ansiedad por separación.Cómo conseguir una convivencia en armonía.

A gestionar situaciones incómodas durante las comidas.

Cómo hacer que tu perro no se sienta inseguro en casa.

A gestionar peleas entre tu perro y otro.

Cómo hacer que tu perro socialice en sus paseos de forma tranquila.

Qué juegos introducir en su rutina para estimularlo correctamente.

A controlar la reactividad con gente, perros o estímulos varios.

Qué quiere decirte tu perro con su lenguaje corporal.

Este es el cambio para transformar la manera en que percibes su realidad, cómo intentas ayudarlo y la relación que tienes con él.

A partir de ahora, vas a entender cómo puedes actuar ante cualquier dificultad que tengáis, sea dentro o fuera de casa, cómo comunicarte con él de forma efectiva y sobre todo qué necesita un perro del ser humano para ser feliz de verdad.

Porque son ellos los que se están adaptando a vivir como nosotros queremos. ¿Qué menos que intentar hacer de su vida una experiencia agradable y poder ser felices juntos?

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¿QUÉ ES LA EDUCACIÓN CANINA RESPETUOSA?

Antes de empezar, queremos darte un pequeño regalo en forma de vídeo. En este vídeo hablamos de cómo mejorar los paseos con tu perro y contamos casos reales que hemos abordado y las claves que les han permitido mejorar:

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Lo primero es entender de dónde venimos y hacia dónde vamos. En nuestra experiencia, hemos podido comprobar, tanto en nosotros mismos como en las familias a las que acompañamos, que cuando entendemos el porqué de las cosas es mucho más fácil conectar, aplicar y, en consecuencia, mejorar. Y el proceso con nuestros perros no es distinto.

Nuestro objetivo no es que apliques una u otra pauta porque lo leíste en un libro de alguien llamado Víctor y Alba. No queremos imponer nuestra forma de ayudar a los perros. Queremos demostrarte y argumentarte que la única manera posible de acompañarlos y ayudarlos de verdad es desde el respeto. Que realmente conectes con este mensaje, entiendas el porqué y lo integres de verdad.

Es importante tanto para el vínculo y la conexión que vas a desarrollar con tu perro como por el hecho de que es lo único que funciona de verdad a largo plazo, porque logra cambios en la raíz del problema.

Nuestros perros son sencillos y complejos a la vez, y la realidad es que nos lo suelen poner muy fácil. Incluso si creemos que nuestro perro nos está complicando mucho el día a día, puede que cuando cambiemos un poco la perspectiva y la forma de verlo y analizarlo, tengamos otra opinión. Nuestro perro es mucho más que un «sienta», un «tumba» o un «junto». Nuestro perro tiene un mundo interior mucho más profundo de lo que nos han vendido siempre.

Seguro que alguna vez has pensado: «Solo le falta hablar». Pero la realidad es que ya hablan, y mucho. Lo hacen en un lenguaje diferente, que debemos aprender, y es más complejo que cuatro ladridos y cuatro gruñidos. Tienen un diccionario entero de señales, posturas, movimientos, gestos y vocalizaciones, y la verdad es que se esfuerzan mucho en que los entendamos.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que todo lo que hacen y cómo lo hacen es solo la punta del iceberg. Y debajo del agua, hay un conjunto de emociones, historias, experiencias previas, genética y epigenética�que influyen mucho más de lo que pensamos en cómo se comportan. Exactamente igual que los humanos, ¿no es así?

No somos tan distintos

En realidad, todos venimos de una educación muy similar. Unos más estricta. Otros con más comunicación y comprensión. Otros incluso con violencia física.

La educación, tanto en niños como en perros, se ha basado siempre en ser el juez que castiga, premia o perdona en función de su valoración subjetiva de lo que está juzgando.

PERROS

NIÑOS

Si destrozas algo en casa mientras estás solo, no recibes mi cariño cuando llego.

Si no te comes el brócoli, no habrá el postre que más te gusta.

Si tiras de la correa o reaccionas a cualquier estímulo, te llevas un tirón de vuelta.

Si no acabas los deberes, no verás la tele.

Si haces lo que te digo, te doy una chuche, una caricia o me muestro afectuoso/a contigo.

Si recoges la habitación, podrás salir a jugar al parque.

El mayor problema es que no les estamos mostrando amor y cariño a los niños ni a los perros de forma incondicional. El amor está condicionado a que hagan x o y.

Si te portas bien, estoy contenta/o y te muestro que te quiero. Si no, no.

Y esto es grave, porque en una familia el amor no debería tener condiciones. Debe haber amor independientemente de que podamos sentirnos molestos por algo que han hecho nuestros hijos o nuestros perros, cosa que, por supuesto, es totalmente lícita.

De aquí se genera otro gran problema. Y es el concepto de «portarse bien».

¿Alguna vez te has parado a pensar realmente lo que significa eso? ¿En lo que queremos decir cuando les pedimos a los niños y a los perros que se porten bien?

¿Que no hagan ruido ni molesten?

¿Que no ladren, gruñan ni reaccionen mal frente a ningún estímulo?

¿Que tengan una gestión emocional impecable en todas las situaciones?

¿Que no se meen en casa ni rompan cosas cuando son cachorros?

Queremos niños que se comporten como adultos y queremos perros que se comporten como humanos. No tiene ni pies ni cabeza, ¿verdad?

Como guinda del pastel, tenemos lo que han provocado ciertos programas de televisión, que han potenciado mucho más el lema de premios-castigos y han introducido la idea de que hay que aplicarles este tipo de consecuencias a los perros para educarlos.

¿Qué tipos de educación canina existen?

Dicho todo esto y puestos en contexto, vamos a profundizar un poquito en los tres tipos de educación que nos encontramos a día de hoy. Te explicaremos en qué se basa cada uno y cómo impacta en el perro, para que tengas toda la información y puedas ser crítica o crítico, así como cuestionarte lo que se ha hecho toda la vida y elegir cuál es la forma que más conecta contigo y con tu familia para ayudar a tu perro con sus dificultades.

Hoy en día coexisten tres formas de educar o de hacer las cosas con los perros.

El enfoque tradicional

Se basa en adiestramiento puro y en castigar las conductas inadecuadas. Se usa la molestia e incluso el dolor físico. Hay violencia.

En este tipo de educación, se encuadran todo tipo de herramientas dolorosas (collares de ahorque, collares eléctricos o de descargas, collares de pinchos…) y métodos punitivos.

Para que lo entiendas mejor…

PERROS

NIÑOS

Si tiras de la correa, te doy un tirón de vuelta.

Si gritas y montas el espectáculo en el supermercado, te grito para prohibirte que sigas actuando así.

Si reaccionas, te doy un toque en el costado.

Si no quieres comerte el puré, te quedas sin cenar.

El foco está 100 % en el humano y en lo que él pretende conseguir de esa situación, y lo hace a través del castigo para que el perro «aprenda» que, si hace eso que está mal, habrá una consecuencia negativa que quiere evitar.

En ningún momento nos preguntamos qué siente el perro o qué necesita. Lo que hacemos es cohibir la conducta a base de intimidación y miedo a las consecuencias.

NO TE LO CRES...

Todos hemos escuchado el mito de que hay que regañar a los perros justo después de un mal comportamiento y que hay que actuar con mano dura, pero es completamente erróneo.

¿De dónde sacamos la loca idea de que para hacer que un perro se «porte bien» primero hay que hacer que se sienta mal? Todo parte del concepto de la dominancia de David Mech, un biólogo estadounidense que decía que los lobos luchan para alcanzar la posición de alfa o líder en la manada, dominando al resto de los individuos. Pero se basó en un estudio con unas condiciones que no reflejaban para nada la realidad: los lobos que viven en familia crean dinámicas que no tienen nada que ver con lo que se observó.

En el año 2000, David rectificó su error y dijo que se establecen relaciones entre padre e hijos. Hay una jerarquía en la que los adultos guían a su descendencia, sin enfrentamientos competitivos ni agresivos.

A pesar de que el propio autor rectificó su error, el ser humano obvió la segunda publicación y el concepto de dominancia ha prevalecido para justificar un perro que muestra conductas agresivas, reactivas, desobediencia… y esa etiqueta es inamovible: tu perro es dominante o no lo es. Y, para que no quepa duda, no existen perros dominantes o sumisos en términos absolutos, todo depende de la relación entre ellos, la situación y el contexto que se dé en un momento determinado.

La educación en positivo

Este tipo de educación también está basada en el adiestramiento, pero en lugar de castigar, premia los comportamientos adecuados. Se basa en el condicionamiento: aprendizaje asociativo entre conductas (sentarse) y estímulos (premio).

Esta educación parte del experimento de Pavlov: si aparece un estímulo agradable después de una conducta, esta tendrá mayor probabilidad de repetirse en un futuro.

Para que lo entiendas mejor…

PERROS

NIÑOS

Si no reaccionas a ese perro, te doy un premio.

Si sacas buenas notas en el colegio, iremos a un parque de atracciones.

Si llego a casa y te has portado bien, te muestro afecto y alegría; si no, te ignoro.

Si te terminas toda la verdura sin quejarte, te voy a dar postre.

El foco sigue estando en el humano, no en el perro: quiero conseguir que se siente, que no tire o que no reaccione y lo hago a través de premiarle cuando hace lo que yo quiero, no lo que él necesita.

Aparece una dependencia a los premios para que actúe como queremos y genera una relación basada en chantajes y sobornos. Nos olvidamos de la emoción real que siente el perro en ese momento. En realidad, no acabamos de aceptar a nuestro perro tal y como es, con sus necesidades y sus preferencias. ¿Desde cuándo poner parches es mejor que ir a la causa que genera esos comportamientos y arreglar el problema de raíz?

La educación respetuosa o amable

Está basada en el acompañamiento de las emociones del perro desde el respeto y la empatía, conociendo sus preferencias, ayudándolo en sus dificultades y cubriendo sus necesidades.

Para que lo entiendas mejor…

PERROS

NIÑOS

Si reaccionas frente a ese perro, te ayudo a tomar una salida y después te doy herramientas para que puedas calmarte y hacer que esto tenga menos coste emocional para ti.

Si tienes una rabieta, te sostengo

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