Recetas para gente sin tiempo

Fragmento

Introducción

INTRODUCCIÓN

Que hoy en día son pocos los que cocinan en sus casas, es un hecho. Y de esos, los que lo hacen a diario son muchos menos.

La verdad es que ya casi nadie cocina.

«No hay tiempo», es la respuesta casi automática para explicar esta situación. Sin embargo, el problema es más profundo. Desde luego que no hay tiempo, porque son millones los chilenos que salen de sus casas al alba y vuelven cuando ya es de noche. ¿A qué hora se puede cocinar en esas circunstancias? Al final, solo queda un rato —un par de horas— para comer algo y relacionarse con la familia y, de paso, tratar de sacar pendientes de todo tipo como tareas de la casa, entre otras. Por lo mismo, de cocciones a fuego lento, amasar, freír o cualquier cosa un poco más elaborada, mejor ni hablar. Es obvio que, en estas condiciones, tampoco hay muchas ganas de cocinar, pues todos estamos agotados tras una larga jornada de trabajo y, en muchos casos, de eternos traslados.

Pero hay más. Ya que no son pocos los chilenos que simplemente no saben cocinar. O que si lo hacen, en realidad se desenvuelven con conocimientos demasiado precarios, lo que no les permite improvisar recetas o incluso aprovechar insumos que sobran y que podrían transformarse en un buen plato de comida. ¿Por qué pasa esto? Porque hace rato ya, décadas más bien, que por diversos motivos se viene abandonando la cocina en los hogares, y por lo mismo no hay manera de que ese tipo de conocimiento vaya pasando de generación en generación. Si a esto le sumamos que la cocina no se enseña en los colegios (como sí ocurre en otras latitudes), lo cierto es que el chileno promedio no tiene cómo formarse en lo que a cocinar se refiere.

A la falta de tiempo, energía y conocimientos, hay que sumar un factor más que atenta contra la preparación de comida de manera regular en casa. Sucede que en muchos casos —sobre todo cuando se vive en departamentos— tampoco hay un espacio adecuado donde hacerlo de manera cómoda. Esto, porque cada vez con mayor frecuencia nos encontramos con cocinas minúsculas que fueron pensadas más para recalentar comida ya preparada que para cocinar de verdad. Además, tampoco cabe más de una persona en ellas, así que de cocinar en familia o en pareja, mejor olvidarse. Y ni hablar de frituras o reducciones de salsa vía evaporación, porque tampoco se cuenta con buena extracción y nadie quiere amanecer al otro día aún oliendo a la comida de la noche anterior.

Con todos estos antecedentes a la vista, pero sin querer ser alarmista, podemos decir con responsabilidad que la comida de casa, esa puertas adentro y de todos los días, está en crisis. Porque además de todo lo que hemos señalado, también está el hecho de que hoy es casi imposible que algún miembro de la familia pueda hacerse cargo de la cocina del hogar; y donde pudo haber existido servicio doméstico, este va en franca retirada. Así las cosas, la cocina familiar y las mesas compartidas parecieran quedar relegadas para los fines de semana y algunas celebraciones. El resto del tiempo se han ido reduciendo a simples acciones como preparar leches e infusiones, tostar pan, moler paltas, cortar queso, racionar cereales o meter al horno platos que ya vienen preparados. O incluso más, limitarse a solo abrir la puerta cuando llega el delivery. Los que pueden, claro está.

En tiempos de crisis como los que vivimos, hay que atacar con todo. Ya no estamos para sutilezas. Porque mientras no se trabaje menos horas, la gente llegue antes a sus casas, tenga mayores recursos económicos para cocinar y —sobre todo— sepa hacerlo, las cosas no van a cambiar. Por lo mismo, no queda otra que echar mano a lo que el comercio nos ofrece y transformarlo en nuestro aliado. Hoy podemos encontrar conservas, congelados, caldos, concentrados, etcétera, de buena calidad y con precios más o menos asequibles. Solo hay que elegir bien y —obvio— aprender a cocinar con ellos y a combinarlos con productos frescos.

Eso es lo que pretendemos explicar y mostrar en el libro. Recetas fáciles y rápidas, usando en muchos casos algunos productos que ya vienen listos y que, combinados con otros frescos, nos permiten emular platos más elaborados pero con mucha menor dificultad y —por supuesto— en menos tiempo. Es una época difícil, pero como siempre, es imposible dejar de alimentarse. Además, si no hacemos algo concreto para romper con la tendencia actual, vamos a terminar con una taza de té y un pan con fiambre barato como plato nacional.

Las caricaturas y el lugar común dirán que este libro puede ser útil para hombres separados que se quedan con sus hijos dos veces por semana y tienen que lidiar con la comida en casa y las colaciones. Pero lo cierto es que también puede servir en un hogar monoparental. O a una persona que vive sola. O a una familia completa. Es que la falta de tiempo, ganas, conocimientos o infraestructura a la hora de cocinar ya no es condición de algunos en particular.

Es por eso por lo que en este libro se ofrecen recetas para salir de forma ágil al paso a la hora de almorzar o comer, indicaciones sobre cómo guardar muchas de estas preparaciones (incluso congelar) y, además, orientaciones acerca de cuáles resultan más convenientes y prácticas a la hora de transportar para un almuerzo en el trabajo, el colegio o la universidad.

En resumen se trata de un libro para todos, porque somos muchos los que hemos caído en esta reiteración tediosa de factores que ponen en riesgo nuestra cocina de cada día. Se puede salir, sin duda, pero hay que ayudarse con conocimientos y aquí se entrega al menos una base para moverse con cierta destreza en la cocina. El resto son palabras mayores: leyes, planes de estudios y regulaciones que —lástima— no suelen estar en las agendas de quienes toman decisiones en nuestro país.

RECETAS

(todas para cuatro personas)

Basmati con mariscos

Parece difícil pero no lo es

El arroz basmati es muy usado en la comida india y hoy se consigue sin problemas en supermercados y algunos pequeños comercios de inspiración india. Es muy suave y perfumado, además de que su preparación toma poco más de media hora. Pero claro, por muy rico que sea no vamos a comer arroz blanco por la noche y nada más. Sin embargo, si le agregamos algunos mariscos limpios, podemos dar con una ración más completa de comida para almorzar o comer.

Queda estupendo si al momento de ser servido se le pone un poco de perejil recién picado por encima y un chorrito de aceite de oliva. Es claro que no se trata de una paella ni nada por el estilo, pero sí de un plato decente, completo y rico que se puede hacer en mucho menos de una hora. No recomiendo que sea recalentado, así que lo mejor será servir y comer todo de una sola vez.

Ingredientes

1 taza de arroz basmati

16 anillos de calamar

16 camarones grandes

16 choritos con concha

4 hebras de azafrán

½ caldo de verduras diluido en agua

Sal y pimienta

Lavar bien en un colador el arroz basmati y luego ponerlo en una olla. Agregar una pizca de sal y cubrir con dos tazas de caldo de verduras. Dejar reposar por veinte minutos. A continuación cocinar a fuego alto hasta que llegue a ebullición. Adicionar los mariscos más el azafrán. Tapar la olla, bajar el fuego al mínimo y cocinar hasta que se vayan todos los líquidos. Servir de inmediato.

Arroz Chaufa

Para que no quede nada en el refrigerador

Esta receta es ideal para aprovechar no solo ese arroz cocido que nos queda en el refrigerador dentro de un túper, sino que también para darles salida a todas esas verduritas, carnes, legumbres o lo que sea que permanece en el refrigerador a medio morir saltando. La verdad es que casi todo cabe en esta receta, así que tomen la que sigue solo como una inspiración. Porque un chaufa —salvo el huevo y la soya que son indispensables— puede llevar de todo. Y aunque usaremos ingredientes que ya tienen sus días con nosotros, no teman meter este chaufa a un táper y llevarlo al día siguiente al trabajo, colegio o universidad. Con tan solo unos minutos en el microondas más un chorrito de soya a temperatura ambiente, es verdad que resucita.

Ingredientes

3 tazas de arroz blanco ya cocinado (página 160)

1 huevo

½ taza de arvejas congeladas

2 tiras de tocino cortadas en cubos pequeños

2 cebollines enteros cortados en rodajas finas

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