El régimen de Pinochet

Fragmento

Para comprender bien tanto la revolución como su obra, había que olvidar por un momento la Francia que tenemos ante nosotros y acudir a interrogar dentro de su tumba a la Francia que ya no existe. Esto es lo que he intentado hacer aquí, pero me ha costado más trabajo el conseguirlo que lo que nunca hubiera podido imaginar.

ALEXIS DE TOCQUEVILLE

El antiguo régimen y la revolución

¿Qué sería del hombre sin su capacidad para recordar? La memoria es una pasión no menos poderosa e invasora como el amor. ¿Qué significa recordar? Significa vivir en más de un mundo para permitir que el pasado permanezca y el futuro pueda así iluminarlo. Es revivir fragmentos de existencia, rescatar seres perdidos, proyectar una luz vivificante sobre rostros y acontecimientos, despejar las arenas que cubren la superficie de las cosas y luchar contra el olvido para rechazar la muerte.

ELIE WIESEL

Memoirs. All Rivers Run to the Sea

En Chile no tiene cabida o vigencia ningún proyecto histórico, ningún modelo social que signifique conculcar la libertad personal o la soberanía nacional. El cuerpo social sería incapaz de asimilarlo, por extraño a su esencia. Toda normativa jurídica y estructuración institucional, toda política económica y social y todo sistema educacional debe tender a asegurar, a cada chileno, el ejercicio de su libertad y el respeto a su persona como un ser inviolable. Cualquier otra finalidad —la instrumentalización, por ejemplo, de las instituciones sociales para ponerlas al exclusivo servicio de unos pocos— estaría condenada de antemano a la ineficacia, por ser extraña y hostil al alma nacional. Los pueblos no pueden impunemente apostatar de su alma.

CARDENAL RAÚL SILVA HENRÍQUEZ

Homilia en el Te Deum del 18 de septiembre de 1974

ÍNDICE DE CUADROS Y GRÁFICOS

Cuadro I-1. Víctimas por violación de derechos humanos y por violencia política, según año en que ocurrieron los hechos investigados (1973-1990).

Cuadro I-2. Características sociodemográficas y políticas de las víctimas de violaciones de derechos humanos y de violencia política.

Cuadro I-3. Los grupos civiles de poder en el régimen de Pinochet.

Cuadro III-1. Los resultados de las elecciones no competitivas durante el régimen del general Pinochet.

Cuadro III-2. La imagen del general Pinochet en la historia de Chile.

Cuadro III-3. Cómo pasará a la historia la figura del general Pinochet, según intención de voto y edad (propuesta abierta).

Cuadro IV-1. La estructura de la coalición gobernante: Argentina: 1966-1973, 1976-1986, y Brasil: 1964-1983.

Cuadro IV-2. Distribución de los regimientos por regiones.

Cuadro IV-3. Permanencia de los militares como intendentes regionales (a junio de 1988).

Cuadro IV-4. Distribución de gobernadores provinciales (junio 1988).

Cuadro IV-5. Los generales con cargos políticos en el año del plebiscito de 1988.

Cuadro IV-6. Tiempo de destinaciones institucionales y en cargos de Gobierno de los generales de Ejército que en 1988 no ocupan cargos en el Gobierno (11 de septiembre 1973-30 de junio 1988).

Cuadro IV-7. La magnitud de la participación de los militares en el sistema político (julio 1988).

Cuadro IV-8. Los rectores-delegados de las universidades tradicionales, 1973-1986.

Cuadro VI-1. Los siete «gobiernos» del régimen de Pinochet.

Cuadro VI-2. La composición de los siete «gobiernos» del régimen militar.

Cuadro VI-3. El perfil profesional y político de los ministros del régimen(los 12 ministros que permanecieron más tiempo en el gabinete).

Cuadro VI-4. Inestabilidad ministerial durante el régimen militar, (1973-1990).

Cuadro VI-5. Los ministros del régimen de Pinochet (1973-1990).

Cuadro VII-1. Resultados de las elecciones a la directiva de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), 1967-1972.

Cuadro VII-2. La carrera política de los presidentes «gremialistas» de la FEUC (1968-1989) en el régimen militar y en la democracia.

Cuadro VII-3. Las carreras políticas de los dirigentes de la Secretaría Nacional de la Juventud en las municipalidades y en el Congreso Nacional.

Cuadro VIII-1. Comparación de variables macroeconómicas clave, 1959-1998.

Cuadro VIII-2. La composición de los siete «gobiernos» del régimen militar.

Cuadro VIII-3. Composición de directorios de empresas filiales de Corfo (junio 1986).

Cuadro VIII-4. Personal directivo de la Oficina de Planificación Nacional (Odeplan) (1981-1985).

Cuadro VIII-5. Convenios de estudios Odeplan-Instituto de Economía Universidad Católica de Chile (1974-1987).

Cuadro IX-1. Destino venta de empresas públicas, 1985-1988.

Cuadro IX-2. La evolución del nuevo sistema de pensiones (1981-2014).

Cuadro IX-3. La concentración de los fondos de pensiones, 1985-2014.

Cuadro IX-4. La concentración de los fondos de pensiones, 1985-1997.

Cuadro IX-5. La división de Endesa durante el régimen militar.

Gráfico X-1. Trabajadores adscritos al PEM y al POJH (1982-1985).

Cuadro X-1. Evolución del sueldo mínimo legal (1981-1985).

Cuadro X-2. Políticas clientelísticas para deudores pequeños y medianos (enero-junio 1986).

Cuadro XI-1. Las declaraciones de altos oficiales del Ejército en favor de la candidatura del general Pinochet (1987-1988).

Cuadro XI-2. Las giras del general Pinochet en la preparación de su nominación como candidato (1986-1988).

Cuadro XI-3. La decisión de votar en el plebiscito de 1988.

Cuadro XI-4. La intención de voto en el plebiscito sucesorio (1987-1988).

Gráfico XII-1. Aporte fiscal a las Fuerzas Armadas como porcentaje del PIB.

Cuadro XII-1. La labor legislativa del régimen militar después del plebiscito de 1988.

Cuadro XII-2. Las resoluciones de Corfo para la continuación de las privatizaciones (1988-1989).

Cuadro XII-3. Participación de los diputados de la UDI y de RN en el régimen militar (1989-2001).

Cuadro XII-4. La participación de los senadores de la UDI y RN en el régimen militar (1989-2001).

Gráfico XIII-1. Evaluación del Gobierno de Pinochet (1987-2013).

Cuadro XIII-1. Evaluación del régimen de Pinochet, 1987-2009, según intención de voto. Suma de respuestas «buenos y muy buenos».

Gráfico XIII-2. Imagen del general Pinochet como gobernante.

Cuadro XIV-1. El perfil de los directores elegidos por las AFP en las juntas de accionistas de las empresas privatizadas, 1995-1997.

Cuadro XIV-2. Opiniones sobre Pinochet y la democracia, según intención de voto.

ÍNDICE DE SIGLAS Y ABREVIATURAS

AFP, Administradoras de Fondos de Pensiones

AHJG, Actas de la Honorable Junta de Gobierno

AGECH, Asociación Gremial de Educadores de Chile

ANEF, Asociación Nacional de Empleados Fiscales

ANEPE, Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos

ASEP, Asesoría Política, grupo de apoyo al ministro del Interior en los años setenta

BID, Banco Interamericano de Desarrollo

CAP, Compañía de Acero del Pacífico

CDEC, Centro de Despacho Económico de Carga

CEPAL, Comisión Económica para América Latina

CEPLAN, Centro de Estudios de Planificación de la Universidad Católica.

CERC, Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea

CHILGENER, Chilectra Generación

CIAPEP, Programa de Adiestramiento en Preparación y Evaluación de Proyectos.

CIDOC, Centro de Documentación de Historia Contemporánea de Chile, Universidad Finis Terrae

CIEPLAN, Corporación de Investigaciones Económicas para Latinoamérica

CNE, Comisión Nacional de Energía

CNI, Central Nacional de Inteligencia

CNS, Coordinador Nacional Sindical

COAJ, Comité Asesor de la Junta de Gobierno

CODELCO, Corporación del Cobre

CORFO, Corporación de Fomento de la Producción

CTC, Compañía de Teléfonos de Chile

CUT, Central Unitaria de Trabajadores

DC, Democracia Cristiana

DICOMCAR, Dirección de Comunicaciones de Carabineros

DINA, Dirección de Inteligencia Nacional

DINACOS, Dirección Nacional de Comunicación Social

D.L., Decreto Ley

EMP, Estado Mayor Presidencial

ENACAR, Empresa Nacional del Carbón

ENAMI, Empresa Nacional de Minería

ENAP, Empresa Nacional del Petróleo

ENDESA, Empresa Nacional de Electricidad Sociedad Anónima

ENTEL, Empresa Nacional de Telecomunicaciones

ENU, Escuela Nacional Unificada

FACH, Fuerza Aérea de Chile

FECH, Federación de Estudiantes de Chile

FEUC, Federación de Estudiantes de la Universidad Católica

FF.AA., Fuerzas Armadas

FJGE, Fundación Jaime Guzmán Errázuriz

FNT, Frente Nacional de Trabajadores

FPMR, Frente Patriótico Manuel Rodríguez

GOPE, Grupo de Operaciones Especiales, entidad de Carabineros INE, Instituto Nacional de Estadísticas

ISAPRE, Instituciones de Salud Previsional

JDC, Juventud Demócrata Cristiana

MAPU, Movimiento de Acción Popular Unitaria

MIR, Movimiento de Izquierda Revolucionaria

ODEPLAN, Oficina de Planificación Nacional

OO.PP., Obras Públicas

PC, Partido Comunista

PDC, Partido Demócrata Cristiano

PEM, Programa de Empleo Mínimo

PET, Programa de Economía del Trabajo de la Academia de

Humanismo Cristiano

PGB, Producto Geográfico Bruto

PIB, Producto Interno Bruto

PN, Partido Nacional

POJH, Programa de Empleo para Jefes de Hogar

PR, Partido Radical

PRODEN, Proyecto Democrático Nacional

PS, Partido Socialista

RN, Renovación Nacional

RR.EE., Relaciones Exteriores

SAG, Servicio Agrícola y Ganadero

SERCOTEC, Servicio de Cooperación Técnica

SERPLAC, Secretaría Regional de Planificación y Coordinación Regional

SERVIU, Servicio de Vivienda y Urbanismo

SFF, Sociedad de Fomento Fabril

SGP, Secretaría General de la Presidencia

SIC, Sistema Interconectado Central

SII, Servicio de Impuestos Internos

SING, Sistema Interconectado del Norte Grande

SNA, Sociedad Nacional de Agricultura

SNJ, Secretaría Nacional de la Juventud

SOQUIMICH, Sociedad Química y Minera de Chile

SSS, Servicio de Seguro Social

UDI, Unión Demócrata Independiente

UN, Unión Nacional

USACH, Universidad de Santiago de Chile

UTE, Universidad Técnica del Estado

PRÓLOGO A LA NUEVA EDICIÓN

Más de un cuarto de siglo después del régimen militar y una década desde la muerte del general Pinochet, se mantiene el interés en esos años, especialmente de los jóvenes, que dejó heridas por los atropellos a los derechos humanos que han permanecido en la sociedad e impulsó una transformación económica de orientación neoliberal que cambió las bases del Estado y las relaciones de este con la economía, la sociedad y la cultura. Mantiene vigencia el argumento del libro en el sentido que fue un Estado dual, con una cara dura, representada por la coerción, que coexistió con otra, una amistosa, representada por la transformación económica neoliberal, bajo el liderazgo de Pinochet y el respaldo de las Fuerzas Armadas y de grupos civiles.

El impacto del autoritarismo en la democracia también se explica por el complejo contexto de la transición, con la continuidad de Pinochet como comandante en jefe del Ejército durante ocho años, durante los cuales actuó en la arena política, con declaraciones y actos de provocación contra las autoridades elegidas por el pueblo, llegando al límite de la legalidad. Fue acompañado por sus numerosos colaboradores en el Gobierno y en las comisiones legislativas que asesoraron a la Junta de Gobierno y respaldaron sus actuaciones. En la Cámara Alta, con excepción de Sebastián Piñera (RN), todos los senadores de la UDI y RN elegidos en 1989 habían participado en posiciones de poder o asesoría en el régimen militar. Destacaban Jaime Guzmán (UDI), su principal asesor civil, y Sergio Onofre Jarpa (RN), ex embajador (1976-1983) y ex ministro del Interior (1983-1985). Además, estaban los nueve senadores designados, uno de los cuales había sido ministro del Interior, Sergio Fernández, y el militar Santiago Sinclair que había sido vicecomandante en jefe del Ejército. Hasta el año 2006, siete de los ocho senadores de la UDI elegidos desde 1989 habían participado en alguna posición de autoridad en su Gobierno, y también fue la situación de diez de los catorce senadores de RN.

La influencia de Pinochet y el régimen también se explica por decisiones de sus antiguos opositores, quienes, al llegar al Gobierno en 1990, no tuvieron una actitud unitaria y decidida para enfrentar sus provocaciones, dejándole un espacio que, mirado con el paso del tiempo, es cada vez menos comprensible. La transformación económica neoliberal continuó y hasta se profundizó en democracia como consecuencia de la decisión del primer Gobierno democrático, de Patricio Aylwin (PDC), de optar más por la continuidad que por la reforma del sistema económico. Esta decisión tuvo amplias repercusiones, pues la estrategia de consolidación de la democracia se formuló en torno al desempeño económico, ya que se consideró que la estabilidad democrática dependía de una buena gestión económica, con cinco millones de pobres, el 40 por ciento de la población. Esa decisión implicó descuidar la política y sus instituciones, especialmente los partidos, y priorizó la entrega de bienes económicos. No fue modificada cuando el 2000 llegó a La Moneda Ricardo Lagos (PS/PPD), el primer presidente socialista después de Salvador Allende. Gobiernos de centro-izquierda llevaron adelante políticas de centro-derecha, sin justificar ese cambio a los electores, como lo han hecho otros gobiernos en América Latina y Europa Occidental, por las exigencias del proceso político y las condiciones económicas, para mantener su adhesión.

La opción por la continuidad del «modelo» impuesto por la dictadura se llevó adelante sin considerar sus limitaciones institucionales, como la concentración económica y de la riqueza, la debilidad de las instituciones regulatorias para proteger la competencia y los derechos de los consumidores además de que se desconocieron sus componentes políticos. Como se explica en el libro, especialmente en lo capítulos V, VIII y IX, estos eran contribuir a la legitimación de la dictadura por el desempeño económico y desmantelar el Estado empresario y de bienestar, con altos componentes patrimonialistas, que benefició a sus colaboradores, expresado especialmente en las privatizaciones de las empresas públicas creadas por la Corfo desde 1940.

Hubo un descuido de la política, que incluyó la ausencia de financiamiento público de ella hasta el 2003 respecto de las campañas electorales y de los partidos. Ello creó una relación entre los intereses económicos y el poder político, que influyó en la definición de una agenda económica que atendió los intereses de los grandes empresarios, y en la ausencia de una voluntad política para cumplir las funciones regulatorias del Estado, que llevaría a casos de colusión, uso de información privilegiada y financiamiento ilegal de la política que superó los mínimos límites éticos que esta debe tener en democracia. Desde el 2014 se han conocido los alcances de estas relaciones, que han remecido las bases del sistema económico y político.

Esta es una edición revisada del libro aparecido a comienzos del 2001, que tuvo una muy buena acogida entre académicos, estudiantes y público en general. Su publicación en España, con una contratapa que tenía una elogiosa opinión del gran sociólogo Juan Linz y del prestigioso historiador Javier Tusell, hizo posible que se difundiera en ese país. El libro está agotado hace años. Fue publicado en inglés por Lynne Rienner el 2007.

He ampliado la cronología entre el 11 de marzo de 1990 y la muerte de Pinochet el 10 de diciembre de 2006, a los 91 años, corregido errores, aclarado algunos puntos y extendido otros, simplificado el abundante número de notas e incorporado la bibliografía aparecida después de la publicación de mi libro, que incluye memorias y entrevistas a altos funcionarios del régimen de Pinochet, que entregan antecedentes de interés para una mejor comprensión del período.

Tiene un capítulo nuevo, que analiza el impacto de la dictadura en la democracia y la gestión de los gobiernos democráticos en relación a las decisiones respecto de Pinochet y la transformación económica y sus consecuencias en el sistema político, especialmente en el debilitamiento de los partidos. El análisis del impacto de la dictadura en la cultura cívica se apoya en las encuestas del CERC, que había iniciado a mediados de los años ochenta en la Academia de Humanismo Cristiano, dependiente del Arzobispado de Santiago, manteniendo una serie de tiempo de preguntas sobre ese período que es única en Chile.

He revisado estudios comparativos de dictaduras que han aparecido en los últimos años (Gandhi, 2008; Svolik, 2012), con datos reunidos de decenas de casos, pertenecientes a distintas regiones del mundo, que limita la novedad de sus hallazgos. Considero que el estudio de caso en una perspectiva comparada que seguimos en el libro es muy útil para comprender los regímenes no democráticos, como lo había mostrado Juan Linz en su influyente artículo de 1964 sobre Franco en España (1939-1975). La dictadura de Pinochet tiene enormes singularidades, que no han sido examinadas en los estudios comparados.

El estudio del régimen de Pinochet no está separado de mi experiencia personal. A comienzos de 1990, el presidente electo Patricio Aylwin me designó como subsecretario de Guerra, uno de los cuatro que entonces tenía el Ministerio de Defensa. Esa designación no se concretó por unas declaraciones que di en una entrevista del semanario Análisis a fines de enero, una publicación que había tenido una clara postura de oposición a la dictadura. En ella me explayé sobre las relaciones cívico-militares, mencioné algunos de los problemas y critiqué a Pinochet. La revista destacó mis declaraciones, con una gran foto en la portada, en la cual aparecía afirmando «conozco a los militares». Cinco días antes de asumir la Presidencia, fui citado a la oficina de don Patricio en la calle Arturo Medina, que después los periodistas llamarían «La Moneda chica». Me recibió con gran cordialidad. Comenzó a pasear lentamente por su oficina, y después de preguntar por mi familia me dijo: «Estos caballeros [los militares] están muy enojados con usted por las declaraciones que dio y no quieren que lo nombre. Se lo han hecho saber a Enrique [Krauss] y Edgardo [Boeninger] en las reuniones por la transmisión de Gobierno». Luego agregó: «Yo tengo la facultad de nombrarlo, pero le han dicho a mis colaboradores que, si lo hago, modificarán el decreto que organiza la subsecretaría y entregarán las principales facultades que tiene el subsecretario a un oficial de Ejército. Usted no tendría poder». Después dijo: «Yo estoy de acuerdo con lo que usted declaró, pero le harán la vida imposible. No tengo embajador en Alemania, Kohl quiere una persona de mi confianza, piénselo, háblelo con la Martita y me cuenta su decisión».

Así fue como volví a Alemania como embajador de Chile, en mayo de 1990, y permanecí los cuatro años del Gobierno, país en el cual había vivido ocho años (1975-1983), y lo hacía cuando se llevaba a cabo la unificación, pues el muro de Berlín había caído algunos meses antes, el 9 de noviembre de 1989. Este proceso repercutió en Chile, cuando, a fines de 1991, Erich Honecker, secretario general del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) desde 1971, jefe de Estado de la República Democrática Alemana (RDA) (1976-1989), se asiló en la Embajada de Chile en Moscú, país en el cual vivieron numerosos chilenos exiliados por la dictadura.

Recuerdo la emoción que sentí cuando un destacamento militar alemán me rindió honores al ingresar al palacio del presidente federal, Richard von Weizsäcker, para presentar mis cartas credenciales como embajador plenipotenciario y extraordinario de Chile. Sentí nuevamente el peso de Pinochet sobre mi persona cuando emitió unas provocadoras palabras contra el Ejército alemán a comienzos de septiembre de 1990, «el Mes de la Patria», en un acto público, y fui citado por el Ministerio Alemán de Relaciones Exteriores para manifestarme el rechazo del Gobierno alemán a sus declaraciones, ocasión en que les expresé que esas palabras también eran condenadas por el Gobierno de Chile.

Quiero agradecer la ayuda que he recibido de mis colaboradores y ayudantes de muchos años, especialmente Rodrigo Cuevas, en el CERC y en el Instituto de Estudios Internacionales, y Fernando Rubilar. También agradezco a Viviana Flores, Sebastián Ibarra y José Tomás Labarca, quien me expresó en varias ocasiones la conveniencia de sacar una nueva edición del libro y me ayudó a revisar y completar la bibliografía. Carmen Luz Molina, jefa de biblioteca del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, atendió con eficacia mis numerosas peticiones de artículos académicos y libros, para revisar aspectos analíticos y actualizar la bibliografía.

Manuel Délano hizo una cuidadosa revisión del texto original, acortándolo y haciendo sugerencias que lo perfeccionaron. A todos y cada uno de ellos, mil gracias.

Santiago, 5 de abril de 2016

PREFACIO A LA PRIMERA EDICIÓN

El lector tiene en sus manos un estudio sistemático del régimen autoritario del general Augusto Pinochet preparado mediante los conceptos de la ciencia política. No es un libro histórico, aunque para reconstruir sus instituciones y procesos se ha recurrido al método de esta disciplina. Es un estudio de caso en una perspectiva comparada con otras experiencias no democráticas, utilizando no solo la lógica de las similitudes y diferencias. Este enfoque ha permitido identificar con mayor nitidez las singularidades del orden político chileno entre 1973 y comienzos de 1990.

Se analiza la complejidad del sistema político en torno a su dualidad de cancelación de la libertad, que provocó altísimos costos humanos, y de transformación económica, que llevó al despegue de la economía, examinando su estrategia de legitimación, las estructuras y élites de poder, el liderazgo del general Pinochet, la política económica, con especial énfasis en las privatizaciones y la influencia del contexto autoritario en ellas, el plan de institucionalización de una democracia protegida y autoritaria como una alternativa opuesta a la democracia occidental, las causas de su fracaso, y los factores que explican su larga vida. Entre estos sobresalen su capacidad para conseguir la cooperación de las élites de derecha, obtener el respaldo del empresariado y de un amplio segmento de la población y mantener la iniciativa política, incluso en difíciles momentos. Pese a ello, tuvo que terminar y abrir paso al establecimiento del orden pluralista por la derrota en el plebiscito sucesorio de 1988, que hizo fracasar no solo el interés del general Pinochet por extender su mandato presidencial durante ocho años, sino que, además, abortó la inauguración de la democracia protegida.

El libro también se ha escrito desde la perspectiva de la democratización, porque sus problemas y limitaciones no se comprenden sin considerar las relaciones de poder establecidas en la dictadura. Los estudios de la transición asumen que los problemas que enfrentan las nuevas democracias se originan después de las primeras elecciones generales. Quienes critican los logros del orden pluralista establecido en 1990 olvidan los obstáculos dejados por el régimen anterior, poniendo el dedo acusador en los demócratas antes que en sus adversarios. Los partidarios del régimen de Pinochet hacen una apología de su gestión económica y guardan silencio ante los atropellos a los derechos humanos, admitiendo que solo correspondería a los uniformados una responsabilidad penal, política y ética en los excesos y ninguna a los civiles que los acompañaron en importantes cargos de autoridad y poder.

Comencé a preparar este libro hace bastante tiempo y su desarrollo está íntimamente ligado a mi vida personal y profesional. No habría sido posible sin la ayuda recibida por diversas instituciones y personas. Inicié la búsqueda de las singularidades del régimen de Pinochet después de 1975 durante mis estudios de doctorado en Ciencia Política en la Universidad de Heidelberg con Dieter Nohlen, sobre una investigación comparada acerca de la caída de la democracia en Chile, la República de Weimar en Alemania (1918-1933) y la Segunda República en España (1931-1936). Estudié esos países europeos porque sus fracasos democráticos fueron emblemáticos, esperando con ello comprender mejor las causas que condujeron a la tragedia en mi país, surgiendo así mi interés por el estudio del régimen totalitario de Hitler y el autoritario de Franco que les sucedieron. Mi inquietud por el franquismo aumentó a partir de mi experiencia personal, junto a mi familia, en Barcelona, en la Navidad de 1975, algunas semanas después de la muerte del «Generalísimo de los Ejércitos y Caudillo de España». Se percibía claramente en las calles y plazas el júbilo de los españoles por el término del régimen y el anuncio de la inminencia del cambio a la democracia. Pude profundizar en este tema en mi investigación posdoctoral sobre la transición a la democracia en España y la Unión de Centro Democrático (UCD).

La comparación con el franquismo se justificó no solo por motivos analíticos, sino también para comprender los antecedentes ideológicos del régimen de Pinochet. Desde los años cuarenta diversos intelectuales y grupos de derecha siguieron con admiración el desarrollo político de España, que tradujeron en el discurso político del autoritarismo chileno, y vieron en la experiencia europea un marco de referencia para definir el carácter del nuevo orden político en sus primeros años. El «Frente Juvenil de Unidad Nacional», lanzado el 9 de julio de 1975 por iniciativa del «gremialismo», una ceremonia con desfiles y antorchas, una coreografía propia de los actos fascistas, fue la expresión más visible de esa influencia. El nombre de la organización daba cuenta de la influencia del régimen franquista: su organización juvenil fue el «Frente de Juventudes». El franquismo admirado por estos grupos no era el de los años sesenta, con la liberalización económica y la apertura política, sino el de su etapa corporativista. Solo después de la consolidación de la democracia en España, que desmanteló las instituciones franquistas, y cuando la democratización se extendía como una poderosa ola en América Latina, el «gremialismo» rompió su adhesión a la experiencia española y comenzó a hablar de democracia. Sin embargo, lo hizo en un sentido instrumental de avanzar a la «nueva institucionalidad» de la democracia protegida y autoritaria, porque España puso de manifiesto la fragilidad del sistema político cuando no estaba el «Caudillo». Constituyó una dramática ironía que fue España quien provocó la humillante detención del general Pinochet en Londres el 16 de octubre de 1998 por una resolución de su justicia por la responsabilidad de este en la muerte de ciudadanos españoles en Chile, que lo mantuvo detenido por dieciocho meses y gatilló su procesamiento en los tribunales chilenos, donde perdió su fuero de «senador vitalicio» en agosto del 2000 y a someterse a interrogatorio del juez Juan Guzmán el 23 de enero de 2001.

La investigación propiamente tal comenzó con el respaldo del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC) de la Academia de Humanismo Cristiano a mediados de los años ochenta y contó con el apoyo de la Fundación Volkswagen. Jorge Olave y Sergio España me ayudaron con gran entusiasmo y eficacia, especialmente a través de un minucioso análisis empírico de las políticas y la élite gobernante, tarea en que también colaboró María Olivia Mönckeberg. La Fundación Ford permitió iniciar un programa de encuestas con el que pude indagar en las opiniones y actitudes de los chilenos durante el autoritarismo, que se amplió con el apoyo de la Unión Europea y el Cipie de Madrid. Ha continuado en los años noventa a través de la Corporación CERC, dirigida por Marta Lagos hasta 1995 y por mí a partir de ese año. Esto ha hecho posible reunir una serie de tiempo con más de medio centenar de encuestas, con una amplia información sobre la imagen del régimen autoritario y la figura del general Pinochet. Agradezco a todos quienes han hecho posible la realización de estas encuestas.

En los cuatro años del primer Gobierno democrático, del presidente Patricio Aylwin, durante los cuales fui embajador en Alemania, en innumerables oportunidades tuve que explicar las particularidades de nuestra nueva democracia, así como la continuidad del ex dictador en la dirección del Ejército, especialmente después de su sorpresivo ataque al Ejército alemán en septiembre de 1990.

La investigación fue reanudada en 1995 cuando retomé mis clases como profesor de ciencia política en la Pontificia Universidad Católica, labor que fue facilitada por una beca de la Fundación Humboldt. Conté nuevamente con el apoyo de la Fundación Volkswagen en un proyecto de investigación en colaboración con el profesor Harmut Sangmeister, de la Universidad de Heidelberg, para estudiar las reformas económicas y los grupos civiles de poder. Agradezco la ayuda del Dr. Alfred Schmidt, de la Fundación Volkswagen. En esta tuve la eficaz colaboración de mi ayudante, Ricardo Gamboa, y de Gloria Miño, quien tuvo a su cargo la gestión administrativa del proyecto. Un proyecto Fondecyt, Nº 1960297, permitió continuar el estudio y preparar una primera versión del libro.

El estudio se apoya en una amplia y variada información, revisando en forma sistemática a lo largo de los últimos cinco años múltiples fuentes primarias y secundarias. En las primarias quiero mencionar los antecedentes recogidos en el archivo de la Vicaría de la Solidaridad y en la Biblioteca Nacional. Pablo Policzer me llamó la atención sobre la existencia de las Actas de la Honorable Junta de Gobierno, que continúan siendo secretas, cuya lectura me fue autorizada por los entonces presidentes del Senado, Sergio Romero (RN), y de la Cámara de Diputados, Gutenberg Martínez (PDC). Revisé pacientemente decenas de volúmenes en presencia de un funcionario de la biblioteca del Congreso Nacional, sin que se me permitiera hacer fotocopias para facilitar mi trabajo. Fui autorizado a usar una grabadora, con la cual recogí los párrafos que me parecieron de interés, teniendo después que proceder a la transcripción de numerosas cintas. El carácter «secreto» de las Actas constituye un anacronismo en el principio de legalidad, porque en honor a la verdad no tienen información que no pueda ser conocida abiertamente por los investigadores. ¡Los temas conflictivos eran resueltos por los miembros de la Junta sin la presencia de sus asesores y taquígrafos! Los estudios de las violaciones a los derechos humanos no encontrarán referencias en ellas, con la excepción de debates para perfeccionar la arquitectura legal del régimen, con el fin de llenar los vacíos descubiertos por los imaginativos y valientes abogados de los derechos humanos.

Se revisó documentación existente en los ministerios Secretaría General de Gobierno, Planificación y Cooperación (ex Odeplan) y Relaciones Exteriores, así como también de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo). Fueron muy útiles los videos con entrevistas a ministros y altos funcionarios del régimen militar que se encuentran en el Centro de Documentación de Historia Contemporánea de Chile (Cidoc) de la Universidad Finis Terrae. El análisis del «gremialismo» pudo ampliarse con los documentos de la Fundación Jaime Guzmán que me fueron proporcionados por intermedio de su director ejecutivo, Marco Antonio González. Los escritos de Jaime Guzmán aparecidos en la Revista Escolar y Fiducia me los facilitó Renato Cristi. El personal de la biblioteca del Instituto de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica ayudó a conseguir numerosos libros y artículos que permitieron completar las fuentes bibliográficas. También trabajé en la Biblioteca Nacional en Madrid y en su hemeroteca para profundizar mi conocimiento del régimen de Franco y la imagen que se dio del caso chileno en la prensa franquista entre 1973 y 1975.

Entrevisté a numerosos ministros y colaboradores del régimen de Pinochet, civiles y militares, quienes con interés y franqueza respondieron mis preguntas que buscaban obtener una visión más completa de su estructura y toma de decisiones.

Tuve oportunidad de exponer las principales conclusiones de la investigación en seminarios organizados por el Latin American Centre de la Universidad de Oxford por invitación de Alan Angell, en el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y en el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid por intermedio de Javier Tusell y Álvaro Soto, respectivamente, y en el Kellog Institute de la Universidad de Notre Dame, gracias a Tim Scully C.S.C. En este último lugar terminé una segunda versión del manuscrito en los primeros meses del 2000.

Este fue leído por Alan Angell, Carlos Bascuñán, Mónica González y Juan Linz, quienes me indicaron numerosas insuficiencias y debilidades que me esforcé por corregir en esta versión final.

Además de las personas mencionadas, también he recibido la ayuda de numerosas personas en esta larga investigación. Sin poder nombrar a cada una de ellas quisiera mencionar a Héctor Casanueva, Enrique D’Etigny, Ricardo Ffrench-Davis y Dieter Nohlen.

Agradezco la ayuda de cada una de las instituciones y personas que he mencionado, reconociendo que soy responsable del contenido del libro y de sus limitaciones.

Mi deuda de gratitud con Juan Linz es inmensa. Sus numerosos trabajos sobre los regímenes no democráticos y la transición a la democracia, algunos de los cuales me envió antes de ser publicados, y las múltiples conversaciones que sostuvimos sobre el régimen de Pinochet en diferentes ocasiones en Bad Homburg, Heidelberg, Madrid, New Haven y Santiago, me permitieron comprender mejor sus principales elementos y apreciarlos en una perspectiva comparada. Las numerosas observaciones que hizo a mi manuscrito después de una cuidadosa lectura me sirvieron muchísimo para corregir las imprecisiones y errores y matizar algunas debilidades, aunque no pretendo haberlas subsanado todas.

Agradezco a mis ayudantes en el CERC, quienes colaboraron en distintas etapas del proyecto. Raúl Cordero, Edmundo Santelices, Carola Ramírez, Daniela Moreno y, muy especialmente, Mauricio Morales y Rodrigo Bugueño, que trabajaron con entusiasmo durante la fase final de la redacción del libro. Dora de Groote llevó a cabo una cuidadosa edición del manuscrito, con múltiples correcciones que lo mejoraron notoriamente. Alejandra López, mi asistente en el CERC, ha colaborado activamente en múltiples tareas, desde la verificación de datos e información de contexto hasta la transcripción de las múltiples revisiones que hice al manuscrito, sin descuidar sus responsabilidades administrativas en el CERC y su compromiso con la promoción de los derechos humanos. Jorgelina Martín, de Editorial Sudamericana, realizó una cuidadosa edición del texto con importantes correcciones que lo mejoraron.

Conocí en mi niñez las consecuencias del autoritarismo cuando supe que mi padre, teniente coronel Tomás Huneeus Eastman, presentó su expediente de retiro del Ejército inmediatamente después de la elección del general (R) Carlos Ibáñez del Campo como presidente de la República el 4 de septiembre de 1952, quien, durante la dictadura establecida después del golpe de Estado de 1925, exilió a mi abuelo, Roberto Huneeus Gana. Su concepto del honor militar y el recuerdo de su padre le llevó a abandonar la institución a la cual perteneció durante veintiséis años, sin esperar concluir su curso de Estado Mayor en la Academia de Guerra que terminaba algunas semanas después, porque estimaba que no podía ser subordinado de Ibáñez. Al escribir este libro los he tenido siempre muy presentes, y de ahí que esté dedicado a ellos. No habría sido posible sin la ayuda de mi familia, mi esposa, Marta Lagos Cruz-Coke, quien me ha acompañado en este largo recorrido, y mis hijos Cristóbal y Nicolás, con quienes he compartido no solo su contenido, sino también mi «observación participativa» del autoritarismo, cuando desde 1986 y a temprana edad comenzaron a acompañarme a más de un acto de la oposición, sin conocimiento de mi esposa, y Josefina y Federico, quienes han tenido que soportar pacientemente por años la preparación de este libro y supieron mantener una efectiva persistencia, no siempre diplomática, para empujarme a concluirlo.

Santiago, 27 de enero de 2001

CRONOLOGÍA

11 de septiembre de 1973: Golpe militar que derroca el Gobierno del presidente Salvador Allende.

30 de septiembre de 1974: Agentes de la DINA asesinan en Buenos Aires al ex comandante en jefe del Ejército Carlos Prats y su esposa.

17 de diciembre de 1974: Pinochet es designado por la Junta de Gobierno presidente de la República como jefe de Estado de la nación.

14 de abril de 1975: Jorge Cauas es nombrado ministro de Hacienda y anuncia plan de estabilización conocido como de shock; Sergio de Castro asume como ministro de Economía.

9 de julio de 1975: Por iniciativa del «gremialismo» se constituye en Chacarillas el Frente Juvenil de Unidad Nacional.

23 de julio de 1975: Publicación en prensa argentina y brasileña de los nombres de 119 personas, detenidos-desaparecidos, en una maniobra de encubrimiento del asesinato de víctimas por parte de la DINA.

6 de octubre de 1975: Atentado cometido por agentes de la DINA en Roma contra el ex vicepresidente de la República Bernardo Leighton y su esposa, quedando ambos gravemente heridos.

11 de noviembre de 1975: Por presión del Gobierno se disuelve el Comité Pro Paz.

1 de enero de 1976: Se crea la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago.

9 de enero de 1976: Se crea el Consejo de Estado. Asume su dirección el ex presidente de la República Jorge Alessandri Rodríguez.

21 de septiembre de 1976: Atentado cometido por agentes de la DINA en Washington D.C. que cuesta la vida de Orlando Letelier y una ciudadana estadounidense.

31 de diciembre de 1976: Sergio de Castro es designado ministro de Hacienda, sucediendo a Jorge Cauas, quien es nombrado embajador en Estados Unidos. Pablo Baraona asume como ministro de Economía, y Álvaro Bardón como presidente del Banco Central.

12 de marzo de 1977: La Junta de Gobierno ordena la disolución de los partidos declarados en receso en 1973, medida dirigida especialmente en contra del PDC.

9 de septiembre de 1977: El general Pinochet anuncia el Plan de Chacarillas, con el establecimiento de la democracia protegida y autoritaria.

13 de agosto de 1977: Disolución de la DINA, siendo reemplazada por la CNI, por presión del Gobierno de Estados Unidos.

4 de enero de 1978: Consulta convocada por el Gobierno para rechazar una nueva decisión de Naciones Unidas por las violaciones a los derechos humanos y fortalecer el poder de Pinochet.

14 de abril de 1978: El abogado Sergio Fernández asume como ministro del Interior, y Hernán Cubillos, de Relaciones Exteriores.

19 de abril de 1978: Publicación de la Ley de Amnistía.

21 de julio de 1978: Constitución del Grupo de Estudios Constitucionales, conocido como «Grupo de los 24».

24 de julio de 1978: Destitución del general Gustavo Leigh como comandante en jefe de la Fuerza Aérea y miembro de la Junta de Gobierno; le sucede el general Fernando Matthei.

21 de marzo de 1980: El general Pinochet debe interrumpir su viaje a Filipinas mientras iba en pleno vuelo. Destituye al ministro Cubillos, a quien responsabiliza de la humillación.

15 de julio de 1980: Un comando del MIR asesina al coronel Roger Vergara, director de la Escuela de Inteligencia del Ejército.

24 de julio de 1980: El general (R) Odlanier Mena renuncia a la dirección de la CNI y le sucede el brigadier general Humberto Gordon Rubio.

11 de septiembre de 1980: Un plebiscito sin garantías ratifica una nueva Constitución y deja como presidente a Pinochet por un período de ocho años.

1 de mayo de 1981: Entra en vigencia la reforma previsional que creó las AFP.

25 de febrero de 1982: Es asesinado por efectivos de la DINE el dirigente sindical de oposición Tucapel Jiménez.

22 de abril de 1982: Salen del gabinete Sergio Fernández y Sergio de Castro.

14 de junio de 1982: Devaluación del dólar de 39 pesos que regía desde 1979.

13 de enero de 1983: Intervención del sistema bancario y financiero.

11 de mayo de 1983: Se realiza la primera protesta masiva contra el régimen, convocada por la Confederación de Trabajadores del Cobre.

10 de junio de 1983: Monseñor Juan Francisco Fresno es designado arzobispo de Santiago, sucediendo al cardenal Raúl Silva Henríquez, que deja el cargo al cumplir setenta y cinco años de edad.

6 de agosto de 1983: El PS, PDC, PR, la Social Democracia y la Derecha Democrática Republicana crean la Alianza Democrática.

10 de agosto de 1983: Sergio Onofre Jarpa es nombrado ministro del Interior. Da comienzo a la política de la apertura.

11 de agosto de 1983: El Gobierno enfrenta con 18.000 soldados en las calles de Santiago la cuarta protesta opositora, que termina con decenas de muertos y centenares de heridos.

30 de agosto de 1983: Un comando del MIR asesina al intendente de la Región Metropolitana, mayor general (R) Carol Urzúa.

20 de septiembre de 1983: El PC, PS-Almeyda, MIR y MAPU constituyen el Movimiento Democrático Popular (MDP).

24 de septiembre de 1983: Constitución de la UDI con Jaime Guzmán como presidente.

18 de noviembre de 1983: Acto de masas en el Parque O’Higgins convocado por la Alianza Democrática; participan más de 300.000 personas.

27 de noviembre de 1983: Anuncio del surgimiento del partido Unión Nacional bajo la dirección de Andrés Allamand.

27 y 28 de julio de 1984: Seminario del Instituto Chileno de Estudios Humanísticos (Icheh). En su exposición del sábado 28 de julio, Patricio Aylwin plantea prescindir del tema de la legitimidad y reconocer la Constitución de 1980 como un hecho, para cambiarla y abrir paso a una transición a la democracia.

12 de febrero de 1985: Sergio Onofre Jarpa renuncia como ministro del Interior, siendo sucedido por Ricardo García. Hernán Büchi asume como ministro de Hacienda.

29 de marzo de 1985: Tres miembros del Partido Comunista son degollados por efectivos de Carabineros. Se nombra al ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, José Cánovas, para investigar los hechos.

1 de agosto de 1985: El ministro Cánovas encarga reos a dos carabineros y dicta orden de arraigo contra otros doce funcionarios por el «caso degollados».

2 de agosto de 1985: Como consecuencia del «caso degollados» renuncia a su cargo el general director de Carabineros, César Mendoza, siendo reemplazado por el general Rodolfo Stange.

25 de agosto de 1985: Dirigentes de partidos de oposición y Unión Nacional suscriben el Acuerdo Nacional para la Transición a la Plena Democracia por iniciativa del cardenal arzobispo de Santiago, Juan Francisco Fresno.

24 de septiembre de 1985: Fallo del Tribunal Constitucional sobre la Ley Orgánica Constitucional que crea el Tribunal Calificador de Elecciones, disponiendo que debe organizarse antes del plebiscito sucesorio.

7 de septiembre de 1986: Atentado fallido contra el general Pinochet en el Cajón del Maipo, cometido por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

25 de febrero de 1987: Se abren los registros electorales.

8 de febrero de 1987: La UDI, MUN y el Frente Nacional del Trabajo constituyen Renovación Nacional (RN); Ricardo Rivadeneira es designado presidente y Jaime Guzmán y Andrés Allamand vicepresidentes.

1 de abril de 1987: Llega en visita a Chile el papa Juan Pablo II y permanece seis días en el país.

15-16 de junio de 1987: Agentes de la CNI dan muerte a doce personas vinculadas al FPMR, en lo que se conoce como la «Operación Albania».

9 de diciembre de 1987: Rivadeneira renuncia a la presidencia de RN y Sergio Onofre Jarpa es elegido como su sucesor.

2 de febrero de 1988: Representantes de trece partidos opositores crean la Concertación de Partidos por el No.

15 de marzo de 1988: Jaime Guzmán pide la renuncia de la directiva de RN, responsabiliza a Jarpa de irregularidades en las elecciones al Consejo General y llama a los militantes de la UDI a no participar en ellas.

15 de abril de 1988: El Tribunal Supremo de RN expulsa del partido a Jaime Guzmán, quien renuncia creando el partido UDI por el Sí.

30 de agosto de 1988: Los comandantes en jefe de las FF.AA. y el general director de Carabineros designan al general Pinochet como candidato al plebiscito.

5 de septiembre de 1988: Comienza a emitirse dos veces al día la franja electoral del Sí y el No por televisión.

5 de octubre de 1988: Victoria del No en el plebiscito sucesorio con el 54,7 por ciento de los votos, mientras el general Pinochet recibe el 43 por ciento.

30 de julio de 1989: Un plebiscito ratifica las reformas constitucionales negociadas entre el Gobierno y la oposición.

14 de diciembre de 1989: Patricio Aylwin, candidato de la Concertación de Partidos por la Democracia, gana la elección presidencial. La Concertación obtiene un amplio respaldo en las elecciones parlamentarias.

11 de marzo de 1990: Patricio Aylwin asume la Presidencia de la República en la sede del Congreso en Valparaíso. Pinochet sigue como comandante en jefe del Ejército.

10 de abril de 1990: Autoridades del Senado y de la Cámara de Diputados, encabezados por Gabriel Valdés (PDC) y José Antonio Viera-Gallo (PS), respectivamente, dan un «almuerzo de homenaje» a la cúpula de las FF.AA., incluyendo al general Pinochet.

25 de abril de 1990: Aylwin crea la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, conocida como Comisión Rettig, para contribuir al esclarecimiento de los casos de violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar con resultado de muerte.

2 de junio de 1990: Hallazgo de los restos de 19 fusilados en Pisagua mientras eran prisioneros en 1973-1974 en un campo de concentración en esa localidad.

5 de septiembre de 1990: En un almuerzo en el Club de la Unión para homenajear al Ejército, Pinochet arremete contra el Ejército de la República Federal de Alemania, formado según él por «marihuaneros, drogadictos, melenudos, homosexuales y sindicalistas». El Gobierno de ese país y las autoridades chilenas rechazan sus dichos.

6 de septiembre de 1990: 52 diputados de la Concertación piden oficiar al ministro de Defensa por el pago de tres cheques que hizo el Ejército al primogénito del general Pinochet, Augusto Pinochet Hiriart, por un total de 971.940.001 pesos (aproximadamente tres millones de dólares). Será conocido como los «Pinocheques».

18 de octubre de 1990: La Cámara Baja, con las abstenciones de RN y la UDI, forma una comisión investigadora por el «caso Pinocheques», que preside el diputado PPD Jorge Schaulsohn. Es la primera de su tipo en la nueva democracia.

19 de diciembre de 1990: El Ejército realiza un «ejercicio de enlace», desplazando soldados en tenida de combate frente al edificio de las FF.AA., para presionar al Gobierno, por orden de Pinochet, y frenar la investigación del Congreso sobre los pagos que el Ejército hizo a su hijo primogénito, por 971 millones de pesos.

4 marzo de 1991: El presidente Aylwin da a conocer por cadena nacional el Informe Rettig sobre los casos de víctimas de la violencia con resultado de muerte en la dictadura. En su mensaje por televisión, Aylwin pide perdón al país por estos crímenes.

1 abril de 1991: Un comando del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) asesina al senador UDI Jaime Guzmán.

8 de febrero de 1992: Creación de la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación, para investigar los casos en que la Comisión Rettig no terminó de investigar por falta de antecedentes suficientes.

24 de abril de 1993: El presidente del Consejo de Defensa del Estado, Guillermo Piedrabuena, despacha a la justicia el expediente por el «caso Pinocheques».

28 de mayo de 1993: El Ejército realiza un «boinazo», en el segundo acto público de presión de Pinochet al Gobierno, aprovechando que el presidente Aylwin estaba de viaje en los países escandinavos. Movilizó soldados con uniforme de combate, boina incluida (por eso se llamó «boinazo»), molesto por el cuestionamiento de los cheques pagados por el Ejército a su primogénito.

12 de noviembre de 1993: El ministro de la Corte Suprema Adolfo Bañados condena al general Manuel Contreras y al brigadier Pedro Espinoza, jefe y subjefe de la DINA, respectivamente, a siete y seis años de prisión por el asesinato de Orlando Letelier y Ronni Moffitt en Washington en 1976.

30 de mayo de 1995: La Corte Suprema confirma la sentencia que condenó a Contreras y Espinoza. Contreras se resiste a ingresar al penal de Punta Peuco, construido para la reclusión de militares condenados por violaciones a los derechos humanos.

21 de julio de 1995: El juez Jorge Colvin, a cargo de investigar la venta de la fábrica de fusiles Valmoval a PSP («caso Pinocheques»), rechaza la petición de procesamiento del Consejo de Defensa del Estado y se encamina al sobreseimiento.

24 de julio de 1995: El presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, en reunión con el presidente (S) del Consejo de Defensa del Estado (CDE), Davor Harasic, le solicita que este organismo se desista de la querella por fraude al fisco en el «caso Pinocheques», aduciendo que «se ponía en riesgo el Estado de derecho». Pocos días después, el CDE acoge la petición.

20 de octubre de 1995: Contreras ingresa al penal Punta Peuco para cumplir la pena por el «caso Letelier». Por instrucción del brigadier general Eugenio Videla, el sábado 22 de octubre se congregan en las afueras de esta cárcel cerca de mil oficiales, suboficiales y clases de la II División del Ejército, con los respectivos familiares, en protesta por el encarcelamiento de los ex jefes de la DINA.

Diciembre de 1996: Unos días antes de su expiración, el 31 de diciembre de 1996, la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación entrega el Informe sobre Calificación de Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos y de la Violencia Política. Identifica 899 casos, que al agregar los calificados por el Informe de la Comisión Rettig, da un total de 3.195 personas muertas en el régimen militar.

20 de enero de 1998: La Corte de Apelaciones de Santiago acoge a tramitación la primera querella criminal contra el general Pinochet.

10 de marzo de 1998: Se formaliza el paso a retiro de Pinochet en el Ejército después de veinticinco años como comandante en jefe. Lo sucede el general Ricardo Izurieta.

11 de marzo de 1998: Pinochet ingresa al Senado como senador vitalicio.

16 de octubre de 1998: Agentes de Scotland Yard detienen a Pinochet en Londres, cumpliendo una petición del juez español Baltasar Garzón, que pidió su extradición a España para procesarlo por el asesinato de ciudadanos españoles durante el régimen militar. El Gobierno chileno rechaza la medida y se hace parte en el proceso judicial. Posteriormente, también solicitarán su extradición tribunales de Suiza y Francia.

28 de octubre de 1998: Tres jueces de la Alta Corte del Reino Unido declaran nula la primera orden de detención de Pinochet porque este posee inmunidad diplomática.

25 de noviembre de 1998: Los Lores revocan la resolución de la Alta Corte y niegan la inmunidad soberana a Augusto Pinochet, dando paso a que el ministro del Interior, Jack Straw, decida si da curso a la extradición.

1 de diciembre de 1998: Pinochet se traslada a una residencia particular en el sector de Virginia Waters, en las afueras de Londres, donde queda bajo custodia policial.

17 de diciembre de 1998: La Sala de los Lores anula la resolución porque lord Hoffman, uno de los miembros de la Cámara de los Lores, no informó de sus vínculos con Amnistía Internacional.

24 de marzo de 1999: La Comisión de los Lores de la Ley resuelve que el ex general Pinochet no goza de inmunidad total, dando paso al proceso de extradición.

14 de abril de 1999: El ministro Straw autoriza el juicio de extradición.

8 de junio de 1999: El juez Juan Guzmán ordena la detención de cinco procesados en el «caso caravana de la muerte»: el general Sergio Arellano Stark, el brigadier Pedro Espinoza, los coroneles Marcelo Moren Brito y Sergio Arredondo y el mayor Armando Fernández Larios.

21 de agosto 1999: Comienza su trabajo la Mesa de Diálogo constituida por iniciativa del Gobierno e integrada por representantes de las FF.AA. y de Orden, abogados de derechos humanos y representantes de organizaciones religiosas y de la sociedad civil. Busca establecer el destino final de los detenidos desaparecidos y encontrar sus restos.

15 de febrero de 2000: La Alta Corte británica resuelve que el ministro Straw tiene facultades para adoptar la decisión que estime conveniente.

2 de marzo de 2000: El ministro Straw informa su decisión de no extraditar a Pinochet a España por razones humanitarias. Ese mismo día Pinochet viaja a Chile tras estar 503 días detenido en Londres.

3 de marzo de 2000: Pinochet arriba a Santiago, siendo recibido por el comandante en jefe del Ejército, general Ricardo Izurieta.

23 de mayo de 2000: la Corte de Apelaciones desafuera a Pinochet por el «caso caravana de la muerte».

13 de junio de 2000: La Mesa de Diálogo finaliza su trabajo, con un acuerdo que firman todos sus integrantes.

8 de agosto de 2000: El Pleno de la Corte Suprema confirma el desafuero a Pinochet y establece sospechas de que es autor, cómplice y encubridor.

2 de noviembre de 2000: La Sexta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago acuerda que el general Pinochet se someterá a exámenes mentales.

1 de diciembre de 2000: Luego de realizar exámenes médicos, el juez Juan Guzmán dicta auto de procesamiento en contra de Pinochet en calidad de coautor de los delitos de secuestro calificado y de homicidio calificado en relación a 75 personas ejecutadas por la «caravana de la muerte».

20 de diciembre 2000: La Sala Penal de la Corte Suprema confirma la anulación del procesamiento del general Pinochet, pero ordena al juez Guzmán que lo interrogue.

5 de enero de 2001: Como resultado de los acuerdos alcanzados en la Mesa de Diálogo, las FF.AA. y de Orden entregan una lista con el destino final de 200 detenidos desaparecidos, de ellos 180 identificados y 20 NN. Después se encontrarán errores en lo que informaron sobre varios de estos casos.

23 de enero de 2001: Pinochet declara ante el ministro de fuero Guzmán y niega ser responsable de ordenar las ejecuciones en el «caso caravana de la muerte».

29 de enero de 2001: El juez Guzmán somete a proceso al general Pinochet, como autor de 57 homicidios y 18 secuestros en el «caso caravana de la muerte». Queda bajo arresto domiciliario por su avanzada edad.

8 de marzo de 2001: La Primera Sala de verano de la Corte de Apelaciones de Santiago confirma el encausamiento de Pinochet como encubridor.

12 de marzo de 2001: El juez Guzmán concede la libertad bajo fianza a Pinochet.

9 de julio de 2001: La Sexta Sala de la Corte de Apelaciones sobresee temporalmente por razones de incapacidad mental a Pinochet. La decisión no es apelable.

1 de julio de 2002: La Corte Suprema sobresee por demencia a Pinochet como encubridor en el «caso caravana de la muerte». Horas después, Pinochet oficializa su renuncia como senador vitalicio en su retiro definitivo de la vida política.

26 de septiembre de 2003: Creación de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, que preside el obispo Sergio Valech, ex vicario de la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago, para investigar los casos de estas víctimas en el régimen militar.

28 de mayo de 2004: La Corte de Apelaciones revoca el sobreseimiento de Pinochet, en una decisión ratificada por la Corte Suprema, en el marco de la «Operación Cóndor».

5 de julio de 2004: La Corte de Apelaciones decreta el desafuero contra Pinochet por su responsabilidad en la «Operación Cóndor».

16 de julio de 2004: Se informa en los EE.UU. que una investigación del Senado de este país revela que Pinochet mantuvo cuentas por ocho millones de dólares en el Banco Riggs, en Washington D.C. La primera cuenta la abrió en diciembre de 1994.

21 de septiembre de 2004: Según el Consejo de Defensa del Estado, el monto acumulado en cuentas bancarias por Pinochet llegaría a 16 millones dólares.

5 de noviembre de 2004: A través del texto publicado en el diario La Tercera «Ejército de Chile: el fin de una visión», el comandante en jefe de esta arma, Juan Emilio Cheyre, reconoce la responsabilidad institucional del Ejército en las violaciones a los derechos humanos.

17 de noviembre de 2004: La Corte Suprema confirma las condenas a la cúpula de la DINA y declara que la amnistía no es aplicable al delito de secuestro en el proceso por el desaparecido Miguel Ángel Sandoval Rodríguez. Este principio marcará los siguientes fallos en los juicios por crímenes a los derechos humanos.

28 de noviembre de 2004: El presidente Ricardo Lagos da a conocer al país el Informe Valech, elaborado a partir de los testimonios de más de 35.000 chilenos que fueron detenidos y sometidos a torturas en el régimen militar. Calificaron más de 27.000 casos.

2 de diciembre de 2004: Pinochet es desaforado por su presunta responsabilidad como encubridor en el asesinato del general Carlos Prats, ex comandante en jefe del Ejército, y de su esposa en Buenos Aires, en 1974. El 24 de marzo de 2005, la Corte Suprema aplica el principio de cosa juzgada, siendo absuelto.

7 de junio de 2005: La Corte de Apelaciones de Santiago desafuera a Pinochet. Fue desaforado por fraude tributario, falsificación de declaración de bienes, falsificación y utilización de pasaporte falso y elusión de medidas cautelares en contra de sus bienes. Dos meses después son procesados por ese mismo caso su esposa, Lucía Hiriart, y su hijo Marco Antonio. En 2013 se cerró la investigación judicial, siendo condenados solo altos oficiales en retiro.

6 de julio de 2005: La Corte de Apelaciones de Santiago desafuera a Pinochet por la «Operación Colombo», un montaje de la DINA para simular que 119 ciudadanos chilenos detenidos desaparecidos habían sido asesinados en el exterior.

10 de diciembre de 2006: A los noventa y un años, Pinochet fallece en el Hospital Militar por un infarto al miocardio, en el día en que internacionalmente se conmemora la protección a los derechos humanos. Por decisión del Gobierno, sus funerales se realizan solo con los honores correspondientes al cargo de ex comandante en jefe del Ejército.

INTRODUCCIÓN

Este libro explica la naturaleza del régimen autoritario del general Augusto Pinochet (1973-1990) mediante el examen de sus estructuras y grupos de poder, sus principales políticas y los factores que posibilitaron su larga vida. El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 tuvo un doble carácter. Por un lado, puso fin a una duradera tradición democrática chilena, atípica en América Latina, admirada por muchos más allá de sus fronteras, y fue considerado también el resultado de una larga y profunda crisis acelerada por el Gobierno de la Unidad Popular del presidente Salvador Allende (1970-1973), que se había propuesto instaurar un régimen socialista por caminos legales. Además, este golpe constituyó el acto inaugural de un régimen autoritario que ejerció el poder con gran violencia, provocando heridas que dañaron profundamente a la sociedad, e impulsó políticas económicas que cambiaron radicalmente las bases del Estado y desembocarían en el despegue económico de Chile. El régimen autoritario, por ello, dio origen a un Estado dual, con dos caras contrapuestas, pero estrechamente ligadas: la coerción política, por una parte, y la promoción de la libertad económica, por otra1.

Una amplia bibliografía ha analizado la cara irracional del autoritarismo2, imagen instalada en la opinión pública internacional y que condujo a la humillante detención del general Pinochet en Londres el 16 de octubre de 19983. Se han realizado, asimismo, numerosos estudios sobre las reformas económicas4, pero pocos libros examinan empíricamente ambas dimensiones en forma conjunta, considerando sus interrelaciones y conflictos5. Es lo que se ha tratado de acometer en esta publicación.

El objeto de este trabajo es, pues, examinar las estructuras y políticas del nuevo régimen y no las causas que llevaron al colapso del orden pluralista, otro tema de investigación sobre el que me he preocupado anteriormente, en mi tesis doctoral (Huneeus, 1981), y del que existe una vasta bibliografía6.

¿Cómo se explica un régimen que duró tanto tiempo en un país de una larga tradición democrática? ¿Cuáles fueron sus órganos de poder? ¿Qué mecanismos le permitieron conseguir estabilidad política y un amplio respaldo, incluso en los sectores populares? ¿Qué rol tuvieron las reformas económicas y las ideas neoliberales en el discurso y la política del autoritarismo? ¿Cómo fue posible la coexistencia de coerción política y libertad económica, dos caras opuestas que, sin embargo, lograron cohabitar sin tensiones ostensibles o significativas? ¿Qué explica el importante liderazgo del general Pinochet y la fascinación que provocó su persona y su gestión tanto en las élites como en los estratos más modestos? Estas son algunas de las preguntas que han guiado la investigación de que da cuenta esta obra. Y, después de un cuarto de siglo desde el término del régimen de Pinochet, ¿qué legados ha dejado a la democracia y cómo se expresan en ella?

El libro tiene catorce capítulos. En el primero se hace una presentación general del régimen militar, ubicándolo en una perspectiva comparada con el fin de apreciar sus especificidades y formulando el enfoque analítico que se utilizará en esta investigación. En el capítulo segundo se explica cómo se produjo la toma del poder, que tuvo una enorme influencia en la definición del perfil del nuevo orden político. En el capítulo tercero se estudia el liderazgo del general Pinochet —a partir de su doble papel de jefe de Estado y líder de la coalición gobernante— y se examinan las fuentes de su autoridad y liderazgo. El cuarto aborda el papel de los militares y su participación en los órganos de poder. A continuación, en el quinto capítulo, se considera la estrategia de legitimación múltiple del orden político-histórico, legal-constitucional y con éxito económico utilizada para justificar un régimen de larga duración. Luego, en el sexto capítulo, se revisa la organización del orden político y las tensiones al interior del poder entre personalización e institucionalización. El capítulo séptimo estudia el papel desempeñado por Jaime Guzmán, el principal asesor civil del general Pinochet, colaborador clave en la formulación del programa político del régimen, y la fundación del «gremialismo», movimiento fundado por aquel, que fuera el principal grupo civil de poder, formando cuadros que ocuparon cargos de Gobierno y que se convirtió en un partido en 1983, la UDI (Unión Demócrata Independiente), que ha tenido un gran protagonismo en la nueva democracia desde 1990, defendiendo al régimen militar y al general Pinochet. El capítulo octavo describe el rol desempeñado por el equipo económico de los Chicago boys, y en el capítulo noveno se profundiza en una de sus reformas de mayores consecuencias, las privatizaciones. En el capítulo décimo se examina el impacto de la crisis económica de 1982-1983 y la política de apertura impulsada para contener la protesta ciudadana, que permitió el resurgimiento de los partidos. En el capítulo once se analizan el fracaso de la sucesión y la derrota del general Pinochet en el plebiscito de 1988. El capítulo doce aclara la forma en que los militares regresaron a los cuarteles y los amarres que dejó para evitar que en democracia los uniformados fueran juzgados por atropellos a los derechos humanos. En el capítulo trece se presentan las conclusiones de esta investigación y en el capítulo catorce se examinan los legados de la dictadura en la democracia.

El libro, más que abarcar todos los factores que influyeron en el desarrollo del régimen autoritario, pretende adentrarse y dar a conocer la propia naturaleza del mismo. No se ha hecho un análisis de todos los actores que intervinieron en el proceso político, como la oposición, pues ello hubiera requerido considerar el papel de las organizaciones internas y las del exilio, aunque sí se examina la influencia de los partidos que estuvieron en contra de Pinochet durante la apertura y que explica su derrota en el plebiscito de 1988.

El examen del régimen es relevante no solo para comprender el pasado de Chile, sino también para entender el carácter de la democracia inaugurada el 11 de marzo de 1990, cuando el general Pinochet entrega los símbolos del poder democrático al nuevo presidente, Patricio Aylwin, que había encabezado la oposición que lo derrotó en el plebiscito del 5 de octubre de 1988.

La política del autoritarismo que aquí se examina tuvo y tiene consecuencias en la economía y la sociedad, así como en el desarrollo del orden pluralista, entrabando los esfuerzos de perfeccionamiento y profundización de un modelo democrático. Explicar el pasado tiene la finalidad de arrojar algo de luz para entender los factores que intervienen en el actual desarrollo político, incluso un cuarto de siglo después de que haya terminado.

En la última década, algunos intelectuales —anteriormente opositores al régimen militar, destacando Tomás Moulian (1997)— han cuestionado el desempeño de los demócratas por no haber avanzado lo suficiente en el desmantelamiento del andamiaje autoritario7. La continuidad de las reformas económicas del autoritarismo en los años noventa y la permanencia de Pinochet en la dirección del Ejército estimularon esta interpretación. Sin embargo, la continuidad de Pinochet no se explica como una concesión de los demócratas, como si ellos lo hubiesen deseado. La razón es más simple: Pinochet no pudo ser derribado por la oposición, a pesar de haberse buscado este resultado entre 1983 y 1985, porque contó con el respaldo de los militares, los empresarios, la derecha y ejerció sobre estos un fuerte y sistemático liderazgo8. Esa interpretación simplifica la complejidad de las sólidas bases de poder del régimen autoritario, que contaba con el apoyo de las Fuerzas Armadas, un amplio sector de la población, los empresarios y los partidos de derecha, y que se había propuesto permanecer en el poder hasta 1997, según establecía la Constitución de 1980. En efecto, había diseñado cuidadosamente una sui géneris regulación sucesoria, que incluía la ratificación plebiscitaria del mandato del general Pinochet y la implantación de un sistema político distinto a la democracia occidental, la democracia protegida y autoritaria, con pluralismo limitado, tutela militar y sin justicia en relación a los atropellos a los derechos humanos. El autoritarismo en Chile no terminó por un golpe de Estado, como en Portugal en 19749, o por una derrota militar, como en Argentina en 1982, sino por un revés electoral en el plebiscito de 1988. El respeto de los militares a esta legitimidad legal les llevó a admitir la derrota y entregar el Gobierno a sus opositores, sin ceder en aquellas cuestiones para ellos muy importantes, como por ejemplo la continuidad de Pinochet en la dirección del Ejército. Este fue un importante costo político para la nueva democracia10.

Sin embargo, la forma en que terminó el régimen de Pinochet dejó espacios a la oposición democrática para hacer cambios institucionales en el sistema político y económico que hubiesen favorecido un mejor desarrollo democrático que el que tuvo. El Gobierno del presidente Patricio Aylwin (1990-1994) y los partidos de la Concertación que le apoyó no los ocuparon, priorizando el objetivos de corto plazo de alcanzar una rápida consolidación de la democracia, sin considerar las consecuencias de mediano y largo plazo, que dieron continuidad a la transformación económica impulsada por la dictadura, que ni siquiera fue interpelada por los nuevos gobernantes, e implicaron la persistencia de dar énfasis en la continuidad de instituciones del régimen anterior, especialmente del sistema económico, al buscar una pronta estabilidad política. Hubo actitudes de debilidad de algunos ministros y parlamentarios frente a Pinochet, que reforzaron en este su voluntad de hostilizar al nuevo Gobierno. La estrategia de legitimación de la democracia se expresaba en el desempeño económico y asegurar la continuidad de su dinamismo, sin considerar sus implicancias en la calidad de la democracia (Huneeus, 2014). Años después del restablecimiento de la democracia surgieron indicadores de un debilitamiento del desarrollo político, en el desplome organizativo de los partidos, la debilidad de las asociaciones voluntarias y los grupos de interés de los chilenos —salvo las organizaciones empresariales—, la caída de la participación electoral, la baja confianza en las instituciones y en las élites y la mala imagen de la política y los políticos. Estos problemas no se pueden explicar sin considerar el impacto del régimen de Pinochet y las decisiones adoptadas por los gobiernos democráticos frente al ex dictador y la modernización económica.

Si existe democracia pluralista en Chile no es porque el autoritarismo la haya buscado, como lo plantearon algunos de sus colaboradores (Fernández, 1994), sino porque la oposición democrática impidió la consolidación de la democracia protegida y autoritaria al derrotar a Pinochet en el plebiscito de 1988, haciendo fracasar la regulación sucesoria, que ha sido el talón de Aquiles de las dictaduras, como advirtió Giovanni Sartori (1987). Pinochet aceptó reformar la Carta Fundamental, eliminando algunos de sus componentes autoritarios, para impedir que la oposición impulsara un cambio radical o desmantelamiento de esta11. Después de su derrota en 1988, puso múltiples trabas a la nueva administración, y también lo hizo durante los ochos años que se mantuvo como comandante en jefe del Ejército luego de la transferencia de poder el nuevo presidente, Patricio Aylwin, el 11 de marzo de 1990.

El método empleado en esta investigación es el estudio de caso en una perspectiva comparada con otras experiencias no democráticas, tratando de combinar un examen minucioso de la experiencia chilena con el de otras instancias autoritarias12. Esta comparación es explícita con el régimen de Franco y con los «nuevos autoritarismos» de América Latina, en especial Argentina, Brasil y Uruguay. Es, asimismo, una comparación implícita en sus contrastes con el régimen de Hitler, para observar sus singularidades con mayor nitidez desde las diferencias con un régimen totalitario13. Esto ha sido posible porque hemos utilizado no solo la lógica de las similitudes, sino también la de las diferencias14. Este enfoque ha permitido identificar con mayor nitidez las singularidades del orden político que tuvo Chile entre 1973 y comienzos de 1990.

CAPÍTULO I

EL RÉGIMEN DE PINOCHET, UNA DICTADURA DESARROLLISTA

El régimen autoritario chileno no fue el único en esos años en América Latina, pero sí el que alcanzó mayor estabilidad e impacto internacional. Desde el golpe de Estado de marzo de 1964 en Brasil, que puso fin al Gobierno del presidente João Goulart, y el de marzo de 1976 en Argentina, que terminó con el Gobierno de Isabel Martínez —viuda y compañera de fórmula electoral del general Juan Domingo Perón—, los militares derribaron gobiernos democráticos, como Uruguay, que tenía una larga trayectoria de alternancia de gobiernos a través de elecciones competitivas (González, 1991) y establecieron regímenes autoritarios en la mayoría de los países de América del Sur1.

El caso de Chile presentó diversas singularidades que lo distinguieron de las demás experiencias autoritarias de la región. En primer lugar, estuvo fuertemente dominado por el empleo de la violencia, particularmente en los primeros años, aplicada por sus servicios de seguridad, militares y policía. La muerte, las torturas y el exilio afectaron a decenas de miles de personas. El régimen de Pinochet conservó el carácter de un Estado policial en sus diecisiete años de vida, con un estricto control de la población y una sistemática persecución de las organizaciones opositoras.

En segundo término, el orden político adquirió una considerable estabilidad y se caracterizó por un bajo nivel de institucionalización y una alta personalización del poder en la figura de Pinochet. Contó con la participación institucional de las Fuerzas Armadas a través de la Junta de Gobierno y la presencia de centenares de oficiales en las principales posiciones de autoridad. La derecha brindó un amplio respaldo político y tecnocrático al régimen, ocupando múltiples cargos de Gobierno, configurando una amplia y sólida coalición cívico-militar, sin divisiones significativas ni deserciones, a diferencia de lo ocurrido en el Brasil autoritario (1964-1985) (Skidmore, 1988).

En tercer lugar, la concentración de la autoridad y el poder en Pinochet, que lo convirtió en la figura central del régimen. Las principales decisiones fueron tomadas por él y la orientación general del proceso político se ajustó a sus objetivos, pudiendo afirmar que «no se movía una hoja» sin su permiso o conocimiento. Una variedad de factores (véase Capítulo III) explican la preeminencia de su figura al punto que se puede hablar del régimen «de» Pinochet, así como se alude al Gobierno de Franco como el régimen autoritario «del» general Francisco Franco en España (1939-1975)2.

En cuarto término, el régimen autoritario concretó profundas transformaciones económicas impulsadas por un grupo de tecnócratas conocidos como los Chicago boys, que modificaron la estructura productiva del país, redefinieron las relaciones del Estado con la economía y la sociedad y permitieron el despegue de estas. No fue una experiencia no democrática que fracasó en su gestión económica, sino que, por el contrario, obtuvo algunos resultados positivos, pero con el consiguiente costo social y en medio de importantes sombras de inhumanidad. El régimen de Pinochet fue la única dictadura desarrollista en la segunda mitad del siglo XX3. El contexto autoritario proporcionó facilidades institucionales que posibilitaron impulsar las reformas económicas con una intensidad casi imposible de aplicar en democracia. Chile comenzó su modernización económica bajo el autoritarismo, lo que dejó profundas huellas en el sistema gestado, aún manifiestas un cuarto de siglo después, en democracia.

En quinto lugar, el régimen de Pinochet no terminó como consecuencia de conflictos y divisiones entre los militares, como en el caso del «Gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas» en el Perú (1968-1980), o por el fracaso de su gestión económica, como fueron los casos de Ecuador y Bolivia, o por una derrota bélica, como en Argentina en 1982 con la guerra de las Malvinas. Llegó a su fin dentro de sus propias normas institucionales establecidas en la Constitución de 1980, después de la derrota de Pinochet en el plebiscito de 1988. El cambio de régimen siguió una estrategia de reforma y no de ruptura, a diferencia de lo ocurrido en Portugal en 19744. Esto explica la prolongación de algunos componentes del autoritarismo en democracia, entre los que sobresale la continuidad del general Pinochet como comandante en jefe del Ejército hasta 1998, y la de numerosos de sus principales colaboradores, que le apoyaron desde 1990, como parlamentarios y dirigentes de los partidos de derecha y las organizaciones empresariales.

Surgido en un momento de retraimiento de la democracia en el mundo y de auge de los autoritarismos en Europa, Asia y América Latina, el régimen de Pinochet se construyó bajo la influencia de diversas corrientes de pensamiento político nacionales e internacionales, como el corporativismo de la España franquista y la doctrina de la seguridad nacional, que cuestionaron el desarrollo político del país, porque lo habría conducido a la «decadencia» (Vial, 1984) y exigían una ruptura con este para establecer un nuevo orden político. La decisiva influencia de las élites civiles y la vigencia de las ideas políticas de diversas vertientes conservadoras permiten considerar el régimen de Pinochet como una ruptura parcial del desarrollo político, pues mostró una considerable continuidad con ciertas tendencias de este, especialmente de la derecha, que tuvo en el ex presidente Jorge Alessandri (1958-1964) su principal figura, y retomó tendencias previas al golpe de Estado, en busca de legitimidad histórica.

Una multiplicidad de factores —la coerción, el éxito económico y las condiciones personales de Pinochet5— proporcionó al autoritarismo vastos recursos de poder que le permitieron alcanzar una larga vida, por lo que Chile se incorporó recién en 1990 a la «tercera ola de las democratizaciones», como las llamó Huntington (1991). También tuvo el respaldo de una parte considerable de la población, como mostraron las encuestas de los centros privados independientes realizadas desde 1985, y la colaboración de las cúpulas de los partidos tradicionales de la derecha, los empresarios y sus organizaciones afines. Un cuarto de siglo después de su término, aún es defendido por sus adherentes, y sus consecuencias, que han incidido durante todos estos años, seguirán afectando al país por largo tiempo, constituyendo significativos legados que han limitado la calidad de la democracia (Huneeus, 2014)6.

La sorpresiva detención del general Pinochet en Londres el 16 de octubre de 1998, que duró dieciséis meses, demostró que su figura y su régimen seguían concitando atención internacional como símbolo o paradigma de los atropellos a los derechos humanos y originando divisiones que demuestran que el pasado mantiene su constante influencia7.

Las tres identidades del régimen de Pinochet

Las singularidades del régimen del general Pinochet en comparación a las demás dictaduras de América Latina están referidas a tres dimensiones estructurales que, siendo analíticamente distintas, se relacionan estrechamente entre sí. En primer lugar, al empleo de la coerción y la violencia, con la construcción de un Estado policial en que resalta la acción de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), organizada y dirigida durante cuatro años por el coronel y luego general Manuel Contreras. En segundo término, a las reformas económicas que transformaron la estructura productiva, desmantelaron el Estado empresario y de bienestar construido en Chile desde varias décadas antes, que quitarían las bases de existencia de las organizaciones laborales, debilitaron el nivel asociativo de los chilenos, provocaron un cambio de valores en estos y modificaron las bases de la política8. Y, en tercer lugar, a la figura del general Pinochet, que integró estos componentes.

Su detención en Londres empañó las fronteras entre estas dimensiones, poniendo en primer plano el papel desempeñado por el entonces anciano general. Esto ha conducido a un reduccionismo analítico, que encubre la complejidad de la política en esos años. El éxito económico, por otra parte, trajo como consecuencia la invisibilidad de los componentes políticos del régimen. Sus partidarios presentan el programa económico como si hubiera sido políticamente neutral, separado de la estrategia de legitimación del orden autoritario. Sus detractores, por el contrario, consideran a los Chicago boys como tecnócratas solo interesados en objetivos económicos y en servir al gran capital9, como si no hubieran tenido la voluntad de alcanzar objetivos políticos definidos por los militares y sus colaboradores civiles, especialmente los «gremialistas». La coerción y el liderazgo de Pinochet impidieron que las reformas económicas tuvieran efectos favorables a una democratización del régimen, como ocurrió antes en España y Europa del Este10.

La identificación del régimen con Pinochet dificulta comprender el importante papel desempeñado por los civiles que colaboraron con él en la definición del discurso político y la arquitectura institucional, como parte de la élite gubernativa. Es indispensable considerar el rol de sus ministros y más cercanos colaboradores civiles, como Sergio Fernández, Sergio de Castro, Hernán Büchi y Jaime Guzmán, y el de numerosos uniformados, entre los que destacan los generales Sergio Covarrubias, Julio Canessa, Santiago Sinclair y Manuel Contreras.

Estas tres dimensiones estuvieron integradas de manera coherente, porque se estableció un régimen político con un bajo nivel de institucionalización, que favoreció la decisión de Pinochet de convertirse en su principal figura y que llevó a identificar su persona con el orden político, concentrando un enorme poder, pero recibiendo el rechazo de la opinión pública internacional y de la oposición en Chile. El orden político —la democracia protegida y autoritaria— fue consagrado en la Constitución de 1980 y pretendió ser una alternativa a la democracia occidental, descalificada como obsoleta debido a su incapacidad para «defenderse» de «la amenaza comunista».

A continuación se examinan sucintamente estas identidades.

A. La identidad coercitiva

El régimen de Pinochet será recordado por su altísimo nivel de violencia. Esta fue empleada no solo en su fase inicial o de instauración, como otros regímenes militares (Linz, 1964), sino en todo su desarrollo, especialmente cuando consideró amenazada su estabilidad. La coerción se puso de manifiesto en múltiples ámbitos de la vida cotidiana, dando origen a un Estado policial. Durante mucho tiempo se buscarán explicaciones a la pregunta de Alan Angell (1993: 93), uno de los principales estudiosos del desarrollo político de Chile: «¿Por qué fue tan brutal el golpe?». Esta pregunta tiene otra, derivada de aquella: ¿por qué fue necesario aplicar la represión, cuando el régimen estaba consolidado, incluso hasta finales de los años ochenta11?

La violencia política era casi inédita en el Chile del siglo XX y se hizo presente en forma espectacular la mañana del 11 de septiembre de 1973. Al bombardeo del Palacio Presidencial de La Moneda por dos aviones de la Fuerza Aérea se unió la declaración de uno de los miembros de la Junta de Gobierno, el comandante en jefe de la Fuerza Aérea, general Gustavo Leigh, de «extirpar el cáncer marxista» y el establecimiento del estado de sitio a consecuencia del «estado de guerra interna». Se creó un clima político y social de abuso que estimuló el empleo de la coerción como un componente habitual del estilo de Gobierno12.

Miles de personas fueron detenidas por patrullas militares que irrumpían violentamente en poblaciones, industrias y universidades, en Santiago y otras ciudades del país, siendo recluidas en regimientos y lugares amplios, como por ejemplo el Estadio Nacional. Buena parte de los detenidos, hombres y mujeres, fueron brutalmente torturados y muchos de ellos perdieron la vida. En pueblos y localidades rurales los carabineros cometieron abusos, algunas veces estimulados por civiles, que denunciaban a dirigentes de izquierda, causando numerosos muertos13. Los ministros del Gobierno de la Unidad Popular fueron detenidos en la Escuela Militar y luego enviados a una isla en el extremo sur del país, donde la Marina estableció un campo de concentración, teniendo que vivir bajo difíciles condiciones por casi dos años14.

Aproximadamente cinco mil personas, chilenos y extranjeros, inmediatamente después del golpe se refugiaron en las embajadas15 y en otros lugares de protección, o se pusieron bajo el amparo de organismos internacionales16. Cerca de 450.000 personas —incluidos los afectados y sus familias— debieron exiliarse, sea por motivos políticos o económicos. Esta cifra se considera más realista que el 10 por ciento del total de la población, a esos días, que habría sido afectado por esta situación, de acuerdo a estimaciones de algunas organizaciones de derechos humanos17.

La minuciosa investigación realizada por la Comisión de Verdad y Reconciliación (conocida como Comisión Rettig), constituida por el presidente Patricio Aylwin inmediatamente después de asumir el cargo el 11 de marzo de 1990 como el primer e importante paso de su política de tratamiento a las violaciones de los derechos humanos, demostró que hubo un total de 2.279 personas muertas por efectos de la represión o acciones de violencia18. Empero, según lo estimado por la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación, creada por la misma Comisión Rettig, el número es mayor, llegando a 3.197 personas (Cuadro I-1), una cifra más ajustada a la realidad y sobre la cual trabaja el Estado en relación a las políticas de reivindicación política y reparación económica. Más de la mitad de las muertes se produjeron en 1973, pero hubo un alto número de personas que perdieron la vida en los tres años siguientes, disminuyendo después la cantidad como consecuencia del alejamiento del entonces coronel Contreras de la dirección de la DINA y el reemplazo de este organismo por la CNI. A partir de 1983 se desencadenó una nueva ola represiva contra la oposición, después que esta iniciara movilizaciones en el contexto de la grave crisis económica de 1982-1983. El total de muertos pertenecientes a las Fuerzas Armadas, Carabineros y Policías ascendió a 173, cifra que representa el 5,4 por ciento del total de víctimas.

El perfil sociodemográfico y político de las víctimas, incluidos los uniformados muertos en acciones terroristas, refleja que fueron mayoritariamente jóvenes menores de treinta años, de género masculino, predominando trabajadores, campesinos y militantes de los partidos de izquierda y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Esta última agrupación sufrió la pérdida de 440 militantes, superando las bajas del Partido Comunista (427), bastante más poderoso en militancia y organización, lo que da cuenta de la efectividad de la «guerra» en su contra (Cuadro I-2). El Partido Socialista, con 482 víctimas, fue la colectividad más afectada, porque los militares actuaron contra ella con especial energía debido a la política maximalista impulsada por este durante el Gobierno de Allende, que lo llevó incluso a establecer contactos con marinos proclives a sus postulados.

La coerción no fue aplicada solo por iniciativa de los uniformados. En «el sector rural se produjeron venganzas llevadas a cabo por dueños de fundos con la colaboración de la policía uniformada. En Salamanca, Isla de Maipo, Paine, Mulchén, Laja y otros lugares, decenas de personas acusadas de ser agitadores campesinos o dirigentes sindicales agrarios fueron detenidas por grupos de civiles y policías, y posteriormente ejecutadas»19.

Los militares justificaron la violencia arguyendo que el país estaba en «guerra» contra el marxismo y denunciando la existencia de un «ejército guerrillero» de aproximadamente 14.000 individuos20. Este clima se mantuvo no solo durante la instauración del autoritarismo, sino también más tarde, especialmente en la crisis económica de 1982-1984. En esta oportunidad la oposición movilizó a miles de chilenos en acciones de protesta que fueron reprimidas por los militares y carabineros, produciéndose decenas de muertos y centenares de heridos21.

Los partidarios del régimen también respaldaron la «guerra» contra el marxismo, sin prever las horrendas repercusiones que tendría en la vida de muchas personas y en la determinación del perfil del nuevo régimen. Uno de los que desarrolló esta tesis de la «guerra civil» fue el abogado e historiador Gonzalo Vial, fundador de la revista Qué Pasa y ministro de Educación del régimen de Pinochet (1978-1979), quien escribió que la acción de los militares fue motivada por «la posibilidad cierta e inminente de que la extrema polarización y división político-social que había alcanzado Chile, las polarizara y dividiera también a ellas, las Fuerzas Armadas, provocando la guerra civil». Añade que «la mayor parte de los conductores de la sociedad, incluso algunos situados dentro de las Fuerzas Armadas, LA QUERÍAN» (mayúsculas en el original)22.

Una de las principales herramientas de la violencia coercitiva fue un organismo especializado en impulsar la «guerra»: la DINA, organizada y dirigida hasta 1977 por el entonces coronel (después general) Manuel Contreras. La DINA nació con amplísimas facultades para actuar en el país y en el exterior, llegando incluso a realizar atentados en capitales de tres países amigos (Buenos Aires, Roma y Washington D.C.), que costó la vida a destacadas personalidades chilenas y a una ciudadana estadounidense23.

B. La identidad económica

El régimen de Pinochet también está asociado a las reformas que contribuyeron a superar la profunda crisis económica existente al momento del golpe militar, producto de la política del Gobierno de la Unidad Popular. Las reformas impulsadas alcanzaron importantes resultados macroeconómicos (caída de la inflación, crecimiento, exportaciones, equilibrio fiscal, etc.) y transformaron la estructura productiva del país24. Estas políticas tuvieron alcances «revolucionarios» (Meller, 1996: 181) y produjeron un despegue económico sostenido a partir de 1985 que continuó durante la democracia, con una tasa de crecimiento anual de 7,9 por ciento hasta 1997.

Abarcaron un amplio abanico de medidas, desde la eliminación de los controles de precios, la apertura comercial a la competencia internacional y el fomento a las exportaciones, hasta un radical proceso de privatización de las empresas públicas e incluso de los servicios de salud y previsión social, así como también de cientos de empresas intervenidas y estatizadas durante el Gobierno de Salvador Allende (Hachette y Lüders, 1992). Estimularon el surgimiento de una numerosa y dinámica clase empresarial (Montero, 1997), y una notable diversificación de las exportaciones. Tales políticas beneficiaron no solo a los empresarios, sino también a amplios sectores de la población que habían sufrido estrecheces e inseguridades durante los últimos meses antes del golpe, por lo que además sirvieron para conquistar su apoyo político.

Las reformas económicas fueron impulsadas en un contexto autoritario que las impregnó en gran medida, especialmente por ciertos componentes de clientelismo y patronazgo, particularmente visibles en las privatizaciones. No fueron neutrales y estuvieron guiadas por intereses políticos, tal como otras experiencias de transformación económica, por ejemplo la impulsada por el Gobierno conservador de Margaret Thatcher en Gran Bretaña (1979-1990). De modo que la economía estuvo subordinada a la política y no esta a aquella, como sostuvieron antes los partidarios de la teoría de la dependencia (Cardozo y Faletto, 1969).

El programa económico se inspiró en ideas neoliberales y fue aplicado por un amplio grupo de profesionales conocidos como los Chicago boys25. Su objetivo final era alcanzar el desarrollo para legitimar mediante el rendimiento el orden político que se estaba construyendo, la democracia protegida y autoritaria, impulsando el programa económico con persistencia y rigidez, exhibiéndolo con gran publicidad como exitoso, aunque manipulando algunos de sus indicadores26.

El pensamiento neoliberal influyó en la acción gubernativa como una cosmovisión, en el sentido que lo define Dahrendorf (1997), aplicándose a diversos sectores económicos. Todo se explicaba a través de sus ideas. La política fue sometida a las reglas del mercado, al que se le atribuía una capacidad ilimitada para asignar los recursos; el ciudadano fue reducido a la condición de un consumidor guiado por las apariencias; las instituciones políticas fueron consideradas entidades económicas, donde solo contaban la «eficiencia» y la rentabilidad. Hubo un rechazo al papel del Estado, buscando alejarlo de la economía en términos tales que esta filosofía neoliberal parecía confundirse con una especie de anarquismo, imaginando una sociedad sin Estado27.

La visión ideológica del neoliberalismo permitió que sus ideas se aplicaran en los más variados ámbitos, incluso en la cultura, sirviendo de fundamento a una nueva política de educación superior. También inspiró el marco institucional de los grupos de interés, traducido en la afiliación voluntaria a los colegios profesionales y en la eliminación del control ético de sus miembros por parte del correspondiente colegio y se aplicó a la política urbana, eliminándose las normas que regulaban el uso del espacio territorial. El neoliberalismo en Chile no fue el de Milton Friedman, con el cual se le asocia, que fue influyente en la formulación de su política monetaria, sino la visión de su colega Gary Becker, que se empeñó en mostrar la utilidad del pensamiento económico para explicar problemas políticos y sociales, hasta el matrimonio y el divorcio, como ha recordado Sandel (2012)28. Esta amplísima visión de la economía explica el enorme poder de los economistas en la dictadura de Pinochet.

Las reformas económicas y la coerción no eran dos mundos opuestos, sino caras de una misma moneda. Hubo un «Estado dual», usando el concepto de Fraenkel (1984), en que cada una de estas dos facetas respondió a distintas racionalidades: la racionalidad económica y la racionalidad política. La racionalidad económica privilegió la eficiencia, el lucro empresarial y la libertad económica, sin preocuparse por sus costos sociales; la racionalidad política canceló libertades básicas, convirtió los derechos humanos en bienes subordinados a los intereses políticos y justificó el empleo de la violencia.

Las reformas económicas y la modernización parcial

No es indiferente el contexto político en que se realiza la transformación económica, pues este influye en su contenido, en la forma de aplicación y en sus principales beneficiarios. No es lo mismo una modernización en democracia que la hecha en un régimen autoritario, como fue la experiencia de Chile29. Por este motivo, en términos conceptuales, corresponde a lo que se llama modelo prusiano al desarrollo, formulado a la luz de otras experiencias de modernización económica realizadas en contextos no democráticos, como Alemania, con su tardía industrialización, brusca y acelerada (Dahrendorf, 1971) y la España del régimen autoritario del general Francisco Franco30.

En este tipo de modernización económica, el contexto autoritario impone condiciones que si bien favorecen el cambio de ciertas partes del sistema económico, determinan enormes limitaciones en otras áreas del mismo. La concentración de la autoridad y el poder en el jefe de Estado, característico de este tipo de régimen —y que lo distingue de la democracia— también tiene consecuencias en el sistema económico, entre otras provocar una menor separación de los intereses públicos y privados. El resultado es que surgen espacios para decisiones discriminatorias en favor de individuos y grupos participantes del poder o con acceso privilegiado a este. Se establecen condiciones muy favorables para que altos funcionarios y colaboradores hagan uso en su propio beneficio de información privilegiada. La centralización del poder explica que en los regímenes autoritarios no exista en términos estrictos la corrupción, pero sí abusos de enormes dimensiones, que reciben el calificativo de corruptos cuando ocurren en una democracia (Lamo de Espinosa, 1996).

Por estos motivos, las modernizaciones autoritarias son parciales, sin afectar al conjunto de la economía y a la totalidad del sistema social; solamente cambian ciertas zonas de la institucionalidad económica y social y mantienen otras conservándolas como tradicionales o semimodernas (Rüschemeyer, 1969). Este tipo de modernización compensa los cambios e inseguridades provocadas por las reformas a través de un sistema político que restringe las libertades públicas y utiliza componentes tradicionales en la estructura de autoridad, incentivando el nacionalismo y recurriendo incluso a la religión. Si los empresarios consiguen enormes ventajas, los trabajadores y los sindicatos son perjudicados, excluyéndoselos del sistema político, penalizándolos indirectamente a través de una integración negativa, lo que beneficia aún más la situación de poder de los primeros31.

En el caso de Prusia, la modernización impulsada por Bismarck y las convulsiones producidas por la industrialización acelerada e intensa favorecieron el desarrollo de las grandes industrias, que fueron neutralizadas por la estabilidad que proporcionó la conservación de la estructura latifundista de los junkers y la primacía de sectores conservadores y aristocráticos en la administración pública y en el Ejército, y por el empleo de ciertas políticas económicas32. Como resultado se dio la posibilidad de que «los medios modernos fueron empleados parcial o plenamente para imponer los objetivos tradicionales y, a la inversa, determinados elementos de la tradición fueron útiles para alcanzar objetivos modernos» (Rüschemeyer, 1969: 388).

La modernización económica de los Chicago boys fue parcial, con avances en algunas áreas y atrasos en otras. Por ejemplo, la política laboral privilegió la posición de los empresarios y perjudicó a los sindicatos para evitar que tuvieran protagonismo en su campo y a nivel de la política nacional33. El fortalecimiento empresarial privilegió a los grandes empresarios, en desmedro de los medianos y pequeños, y no incluyó instituciones reguladoras para proteger al consumidor. La estructura económica tendió hacia la concentración en conglomerados que aún controlan los principales sectores de la economía, como la banca, la prensa y las AFP, entre otros. Como se desatendió el establecimiento de marcos regulatorios, el poder económico de los grupos económicos fue muy superior, complicando aún más las relaciones entre el sistema económico y el político. Hubo una visión tradicional de aprovechamiento de los recursos naturales, sin que se incorporara la protección del medio ambiente. En términos sociales se descuidaron los estratos bajos, que vieron afectados sus niveles de vida porque las políticas de estabilización se hicieron a costa de disminuir los recursos destinados a educación, salud y vivienda. Una modernización mostrada como exitosa, como el sistema de pensiones, también tuvo importantes debilidades que no ha entregado los resultados que prometió, porque las pensiones son muy bajas y ha requerido considerables cambios, con financiamiento del Estado para financiar las pensiones mínimas, sin perfeccionarla. Las propuestas de reforma apuntan a modificar deficiencias organizativas, como el alto costo de administración34, sin abordar sus limitaciones estructurales provenientes del hecho que el nuevo sistema fue construido sin tomar en cuenta los rasgos dominantes del mercado de trabajo, con bajísimas remuneraciones e inestabilidad laboral, que limitan los aportes de los trabajadores a su fondo de pensiones, el marcado sesgo hacia los trabajadores de ingresos medios y altos, la discriminación que afecta a las mujeres y el elevado costo que representa para el Estado, que se hace cargo, entre otras responsabilidades, de las pensiones mínimas35. Este tipo de modernización implicó el establecimiento de relaciones de clientelismo y patronazgo, especialmente visibles en las privatizaciones, que permitieron el beneficio personal de altos ejecutivos de las empresas públicas y de asesores o colaboradores del Gobierno.

La modernización parcial generó un desarrollo institucional con profundos desequilibrios, en que partes modernas coexisten con otras premodernas o tradicionales, que provocaron profundos desajustes en la democracia36. La continuidad de las reformas económicas en democracia derivó en una falta de congruencia entre un sistema económico impregnado de componentes institucionales que eran funcionales al contexto autoritario y un escenario democrático que debe responder a otros parámetros institucionales y éticos, que genera tensiones y conflictos, distorsionando el proceso político y perjudicando la calidad de la democracia37.

Esta modernización no alcanzó a la administración pública, que los Chicago boys no incluyeron en su agenda por su visión ideológica del Estado, considerado responsable de los problemas económicos. Esto es una importante limitación a la modernización económica porque el crecimiento económico requiere una administración pública moderna. Esta fue una de las diferencias con la modernización económica exitosa realizada por el régimen autoritario del general Franco desde comienzos de los años cincuenta. Junto con liberalizar la economía, abriéndola drásticamente a mercados externos, abordó la modernización de la burocracia estatal para apoyar el impulso económico, transformando la economía española desde el predominio de la agricultura a una moderna y diversificada, con un importante sector industrial, que llegó a ser el décimo del mundo hacia fines de los años sesenta. La modernización de España no tuvo los sesgos ideológicos del neoliberalismo, porque no arremetió contra la intervención del Estado con numerosas e importantes empresas públicas, los economistas que definieron el programa económico no tuvieron los sesgos ideológicos que tuvieron los Chicago boys y una de sus principales figuras no fue economista, sino un catedrático de derecho administrativo, Laureano López Rodó (1990, 1991), que promovió la modernización de la administración del Estado38.

Efectos no buscados de la modernización económica. La tesis de la «revolución liberal» de Pinochet

El éxito económico del régimen militar ha llevado a sus partidarios a tener una visión idealista de su política económica. Se argumenta que esta tuvo desde un comienzo el propósito de establecer las bases de la democracia, por lo que constituyó una «revolución liberal», de la cual surgió «un nuevo Chile, notoriamente más

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