¡Gol! 27 - Juego de tiburones

Luigi Garlando

Fragmento

cap-1

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Tomi ve a João jugando solo a Ziao en un banco de la parroquia de San Antonio de la Florida y se le acerca cojeando ligeramente. El tobillo del capitán todavía no está curado.

¿Recuerdas la fea falta que le hizo Roger durante el amistoso Cebolletas-Escualos? Por culpa de esa entrada tan dura, el número 9 tendrá que renunciar a la primera jornada de la liga autonómica, que comienza el próximo domingo. Y casi seguro tampoco podrá jugar el segundo partido. Si todavía no puede caminar bien, quién sabe cuándo podrá volver a correr.

—Juraría que vas ganando —bromea Tomi.

—Creo que es la única manera que me queda de ganar —comenta el brasileño—: jugar solo.

—¿Y eso? —se sorprende el capitán.

—Este año los Sobresalientes podríamos bajar de categoría —responde João.

—Pero ¿qué dices? —rebate el capitán—. Sois muy buenos, habéis ganado la liga y jugaréis con el trofeo estampado en el pecho. Hasta hace dos días no parabas de decir que sois el equipo que batir...

—Es verdad, pero todavía no me había enterado de la noticia...

—¿Qué noticia?

Sin decir nada, João deja sobre el banco tres cartas de Ziao, el famoso juego de los Cebolletas: un defensa, un centrocampista y un delantero.

—Eso es un trío —comenta el capitán—, que equivale a un tiro a puerta. Pero ¿qué tiene que ver con los Sobresalientes?

—No es un trío cualquiera. Hablamos del trío Ma-Ma-Ma: Marta, Marcos y Mario, que no van a jugar con nosotros.

—¿Por qué? —pregunta Tomi, perplejo.

—Porque a su padre, que trabaja en el ejército, le han ascendido y le han transferido a un cuartel de Albacete —contesta João—. Y Albacete está muy lejos...

—Lo siento, sobre todo porque son muy simpáticos y es una lástima que los perdáis. Pero seguís siendo muy buenos, estoy convencido.

João recoge las tres cartas meneando la cabeza.

—Pues yo no... Perdemos un pilar en cada una de las tres zonas de juego. Sin ellos seremos trece, es decir, que solo tendremos dos reservas. ¡Cuando lleguen los primeros resfriados no juntaremos ni a once! Sin Terry y Billy, que se han ido a los Escualos, nos quedamos prácticamente sin defensa. Además, nuestro punto fuerte era el juego de equipo, ¡nos entendíamos a la primera! Sin esos tres pétalos no seremos la misma flor...

—Pero podéis encontrar a otros —intenta animarle Tomi—. En Villalba seguro que hay un montón de chicos que están deseando entrar en el equipo que ha ganado la liga. Además, quedáis Dani, Aquiles, Julio, Pavel, Lara, Edu y tú... ¿Ves cómo todavía sois muy buenos?

João se dispone a replicar cuando le interrumpe Pedro, que llega canturreando con sus inseparables César y Vlado.

—Ma... ma... ma... madre mía, qué pena... na... na...

—Tengo la impresión de que se ha enterado de la noticia —aventura João.

—Hola, chicos, ¿cómo estáis? —pregunta el coletudo con una sonrisa tan falsa como los billetes del Monopoly.

—Perfectamente, gracias —salta Tomi.

—Pues no lo parece... He oído decir que los Sobresalientes han perdido a tres Bananas. Y, por si fuera poco, eran tres de sus mejores jugadores. O sea, que ya se pueden ir despidiendo de la liga...

—Tú tampoco tienes buena pinta, Tomi —apunta César—. O te aprietan los zapatos o todavía no se te ha curado el tobillo. Te hemos visto cojear.

—Pues sí, capitán —añade Vlado—. Parece que Roger ha hecho un buen trabajo, casi como el que hice yo contigo...

Los tres Escualos sueltan una carcajada.

—No os preocupéis, pececitos —contesta João—. Nosotros somos los campeones regionales y vosotros no sois más que principiantes. Os podemos ganar jugando con ocho.

—Y yo con un solo pie —asegura Tomi.

Pedro se pone serio de repente.

—¡Somos Escualos, no pececitos! Tenemos unos dientes como sierras, como vais a comprobar dentro de nada. Vámonos...

Los tres Escualos se alejan sin añadir palabra.

—Tengo la impresión de que no soportan que les llamemos «pececitos» —comenta el capitán.

—A mí me ha dado la misma impresión —responde el brasileño con una sonrisa de oreja a oreja—. Tendremos que hacerlo más a menudo...

—Vale, pero ya hemos perdido demasiado tiempo con ellos. Mejor que echemos una partidita de Ziao. reparte las cartas...

João baraja, da cinco cartas a su amigo, estudia las suyas y vuelve a ponerse melancólico.

—Ma-Ma-Ma... —anuncia, mientras coloca sobre el banco a un defensa, un centrocampista y un delantero.

Tomi sonríe y replica con la carta del portero:

—¡Fidu lo para todo!

En ese mismo momento, Elena está charlando en el Paraíso de Gaston.

—Pues claro que iré al partido, pero no cuentes con que me siente entre los... Escuálidos de Karranque y que anime a tu equipo, que juega sucio. Me sentaré en la tribuna y animaré a los Cebolletas.

—Mejor —comenta Adam, que está sorbiendo un té verde en la barra de la tetería—, al menos así sabré qué hacer.

—¿Qué? —pregunta la checa con curiosidad.

—Me olvidaré del partido para concentrarme en tus deslumbrantes ojos verdes —contesta el propietario del gimnasio KombActivo.

La bella Elena sonríe y vuelve a sus infusiones.

Adam es un galán impenitente. Si fuera futbolista sería alguien como Sergio Ramos, capaz de presionar incansablemente a los rivales durante todo el partido. Tiene tendencia a presumir demasiado y no es un ejemplo de deportividad, aunque en el fondo no deja de ser simpático...

Eh, ¿has visto quién está sentado a la mesita que hay al lado de la fuente?

Fernando y Nico. Llevan un buen rato charlando y tienen toda la pinta de estar comentando un asunto que no quieren que llegue a oídos indiscretos.

—¿Me prometes que te lo pensarás? —pregunta el hermano de Pedro.

—Ya te he dicho que sí. Tranquilo, que me lo pensaré...

—Estoy seguro de que tú sí puedes encontrar una solución.

—Tanto no te puedo prometer, pero te aseguro que reflexionaré sobre el tema.

¿De qué problema estarán hablando? ¿Qué le habrá propuesto el hermano del coletudo al número 10 en esa cita clandestina?

La tarde siguiente el equipo de Champignon se encuentra para entrenar.

Los Cebolletas, desperdigados en parejas por el campo, se pasan la pelota entre ellos.

—Por favor, cuidad la precisión del control y de los pases —pide el cocinero-entrenador—. El secreto de nuestra nueva forma de jugar es ese: control y pase, pase y control... ¡Así es como el Barça gana a todos!

Como recordarás, Gaston Champignon ha propuesto a su equipo una táctica muy técnica, que consiste en una complicada serie de pases cortos y pocos pases largos. Un juego espectacular que divierte a todos, incluidos los que lo practican, porque en cada jugada participan la plantilla al completo, entre ellos los defensas, que no deben preocuparse únicamente de cerrar el paso a los atacantes.

Por eso durante la fase de preparación de la liga los Cebolletas han practicado sobre todo para mejorar su técnica. Y siguen haciéndolo.

El míster observa a sus pupilos intercambiando el balón, concentradísimos, hasta que le tiembla ligeramente el bigote por el lado izquierdo, el de las sensaciones negativas. Sus jugadores están «demasiado» concentrados.

Probablemente estén pensando ya en el partido inicial del domingo. Y es que están realizando el último entrenamiento antes del comienzo del campeonato. Tiene que inventar un ejercicio algo más alegre para que se distraigan y diviertan.

—Lo que nos hace falta es un concurso eliminatorio —decide el cocinero-entrenador, llevando sus dedos al lado derecho del bigote.

Se sube a la bicicleta y se dirige al centro del campo, donde reúne a su equipo.

—En el próximo ejercicio seguiréis intercambiando el balón por parejas —explica Champignon—, pero lo haréis en movimiento, siguiendo mi bici. Y no solo eso: tendréis que evitar quedaros los últimos, porque, cada vez que pite, la pareja que esté más alejada de mí será eliminada.

—O sea que, para ganar, basta con pegarse a la rueda trasera y no dejar pasar a nadie —deduce Nico.

—No —le corrige el míster—, porque también quedará eliminada la pareja que vaya delante. Cada vez que suene el silbato, se eliminarán los que estén al principio y al final, así que el truco consiste en intentar permanecer en el centro. Augusto comprobará las posiciones y anunciará quiénes son eliminados. ¿Listos?

Gaston Champignon comienza a pedalear y los Cebolletas, como un enjambre de abejas, se desplazan tras la bici.

—¡Cuidado, que nos hemos quedado los últimos! —advierte Becan.

Rafa recibe un pase del extremo derecho, echa a correr y supera a Sara y a Ángel antes de devolver el balón a Becan.

—¡No tenemos a nadie por detrás, Ángel! —avisa la gemela.

Nico grita a Morten:

—Pero ¿adónde vas corriendo? ¿No ves que delante de nosotros solo queda la bici?

—Tienes razón, me he distraído —se excusa el danés, antes de devolver el balón al lumbrera de un taconazo.

Bruno y Diouff, sorprendidos, se ven en cabeza sin comerlo ni beberlo y son eliminados en cuanto pita Champignon. También salen Ángel y Sara, que no han logrado remontar posiciones.

Los Cebolletas se lo están pasando en grande.

Los que van en cabeza frenan para que les adelanten, mientras que los que van a la cola aceleran frenéticamente, de modo que el enjambre que persigue al cocinero-entrenador se apelotona y cada vez es más compacto. Van apretujados, como si se hubieran metido todos a la vez en una cabina telefónica.

Los chicos chocan, se empujan, se pasan el balón y se oyen continuamente carcajadas, provocadas por la confusión.

—¡Ígor nos ha robado el balón! —se queja Elvira.

—¿Cómo lo sabes? ¿Has escrito tu nombre encima? ¡Este es el nuestro! —contesta el gemelo, antes de pasar a Tamara, su pareja de juego.

—¿No podéis avanzar un poco? —pregunta Nico—. ¡Parecemos sardinas enlatadas!

—Tú primero, sabelotodo —replica el Gato—. Si quieres ir el primero y que te eliminen, te dejamos pasar.

De pitido en pitido, el grupo acaba reducido a tres parejas: David y el Gato, Nico y Morten, Tamara e Ígor.

—¡Cuidado, hemos llegado al último pitido! —avisa Champignon antes de seguir pedaleando—. ¡Voy a tener que el

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