¿QUÉ ES EL MANGA? ¿CUÁLES SON SUS DEMOGRAFÍAS?
El manga, al igual que los libros es un medio de expresión literaria.
Espera un minuto, ¿me estás diciendo que crees que el manga es un libro para colorear? ¡Para nada! El manga, al igual que los libros es un medio de expresión literaria.
Pero vámonos al inicio. El manga es el equivalente japonés de las historietas. Debido a las características únicas de las historietas japonesas, como su estilo narrativo y particular dibujo, en nuestro lado del charco hemos denominado manga para referirnos a los cómics japoneses en general. A diferencia del cómic, donde los lectores pueden encontrar un par de volúmenes al año de sus autores favoritos, el manga se produce en gran parte semanalmente y por lo general en un formato que se desecha después de ser leído.
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Una de las características distintivas del manga es que se presenta en blanco y negro. Además, a diferencia de la forma en que leemos normalmente, al leer un manga debemos empezar por la esquina superior derecha y seguir los diálogos de arriba hacia abajo y de derecha a izquierda.
Los temas del manga contemporáneo pueden estar dirigidos a audiencias muy específicas, por ejemplo:
La demografía seinen se enfoca especialmente en los intereses de los hombres jóvenes, ya que ofrece una experiencia mucho más intensa y aborda temas más maduros.
Uno de los principales representantes de este género es el clásico Old Boy escrito por Nobuaki Minegishi e ilustrado por Garon Tsuchiya, en donde conocemos a Gotô, un hombre que durante diez años fue encerrado en una pequeña habitación con solo un viejo televisor de compañía que le enseña que la vida allá fuera continua sin él.
Por otro lado, el josei está dirigido principalmente a mujeres adultas, con historias que reflejan la vida con toda su complejidad. Desde el trabajo hasta las relaciones personales, cada página está llena de realismo y emociones profundas.
Dentro de este género podemos encontrar el denominado boys love Twilight out of focus de Jyanome, que nos presenta a Mao, un chico que durante su segundo año de preparatoria va a rodar una película BL junto a los miembros de su club de cine y a su compañero de habitación Hisashi, un guapo y solitario chico que resulta ser gay. Aquí veremos cómo estos jóvenes lidian con el amor y sus verdaderos sentimientos en una historia brillante y agridulce.
Mientras que los adolescentes pueden optar por el shōnen, ya que son historias protagonizadas por personajes adolescentes con los cuales es sencillo empatizar sin importar la edad, esto hace que sea la demografía más popular dentro y fuera de Japón, con narrativas llenas de acción y aventuras.
Y para ejemplo de ello tenemos Gachiakuta de Kei Urana, que nos lleva a una ciudad donde los descendientes de criminales son desterrados a los barrios pobres. Nuestro protagonista es Ludo, un chico que roba basura para sobrevivir que es acusado de un crimen que no cometió y su castigo es ser arrojado al Abismo, una sentencia de muerte. Es en el temido e insondable Abismo donde Ludo conoce a Engine, quien le enseña la terrible verdad del mundo: el Abismo no es lo que pensaba, ¡es mucho peor!
El shōjo, es el equivalente al shōnen, pero dirigido a un público femenino. En otras palabras, se trata de una demografía que busca identificarse con lectoras adolescentes y se enfoca principalmente en el romance y las relaciones personales.
En esta demografía podemos encontrar En la hermosa luna crepuscular de la brillante Mika Yamamori, manga que nos presenta a Yoi, una chica a la que apodan “Príncipe” por su figura elegante y su comportar galante. Por otro lado tenemos a Ichimura, un chico un año superior a ella al que también apodan “Príncipe”. Y cuando los dos se encuentran, ¡las chispas vuelan!
Por supuesto, estas etiquetas son simplemente términos que las revistas suelen utilizar para orientarse hacia el público que pueda estar interesado.
Ahora bien, ¿podemos considerar al manga como un libro? Sí, ya que, aunque el texto nos ayuda a entender mejor las historias, las ilustraciones también juegan un papel crucial. En realidad, la unión de estos dos elementos no es algo novedoso y, de hecho, mejora la experiencia de lectura, ampliando las fronteras de la creación literaria y presentando nuevos retos para la interpretación, el análisis y la crítica. La mezcla de palabras e imágenes enriquece la narración, permitiendo al lector sumergirse más profundamente en mundos imaginarios y comprender las historias desde múltiples perspectivas.
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