Batallas culturales, trifulcas políticas
Lo que «Midsommar» oculta: ¿eran las tradiciones paganas nórdicas un festival de sangre?
Bajo la mirada aguda y burlona de Miguel de Lys, la Historia se quita el corsé académico para dialogar con el cine, ese gran narrador de ficciones que tantas veces se hace pasar por profesor. En el libro «La historia no es como la cuenta Hollywood» (Ediciones B, octubre de 2025), el divulgador cultural emprende una tarea tan necesaria como divertida: desmontar los mitos que Hollywood ha tallado en nuestra memoria colectiva. Con humor, rigor y una sensibilidad contemporánea, De Lys revisa 101 películas que, bajo la apariencia de veracidad, han reinventado el pasado a su antojo. El resultado es un viaje tan esclarecedor como entretenido por los anacronismos del séptimo arte, desde las túnicas de Roma hasta los cascos vikingos. No se trata de arruinar la magia del cine, sino de afinar la mirada: entender que la épica en pantalla rara vez coincide con la realidad y que, tras cada plano, se esconde una versión interesada del tiempo. En el extracto que LENGUA publica a continuación, el autor se adentra en «Midsommar» (Ari Aster, 2019) para explorar hasta qué punto la violencia ritual y el horror que muestra el filme encuentran eco —si es que lo hacen— en las verdaderas tradiciones paganas del norte.
Por Miguel de Lys

Fotograma de Midsommar, de Ari Aster (2019). Crédito: D. R.
Permíteme que te cuente una pequeña anécdota personal antes de abordar esta película. Como autor de este libro de divulgación, he de confesar que me siento especialmente atraído por la historia y la cultura de los países nórdicos, hasta el punto de que hasta la fecha he pasado seis años de mi vida en Suecia. He podido valorar las cosas buenas y malas de las sociedades norteñas europeas, y mucha gente me ha preguntado sobre eso. ¿Qué es auténtico y qué es un estereotipo sobre estas sociedades? Curiosamente, en más de una ocasión me han preguntado que si los eventos descritos en Midsommar (2019) tienen algo de real. Es raro tener que explicar que el inquietante thriller psicológico de terror dirigido por Ari Aster no busca ser una clase de historia, sino crear una atmósfera perturbadora; pero el cine, como ya hemos mencionado, es una fábrica de crear imágenes incorrectas de otros sitios y épocas.
Vayamos con la trama para ver si podemos deducir qué es real y qué no. Conocemos a un grupo de amigos que viajan a una remota aldea sueca para participar en un festival pagano que solo se celebra cada noventa años. La idea ya suena mal, pero ¿quién no quiere formar parte de un viaje en el que rompan sus propias barreras culturales? Al final, acaban inmersos en una espiral de terror, porque ninguno de los protagonistas aprecia el encanto de los rituales macabros y los sacrificios humanos. Sin embargo, todo cambia un poco cuando se explica que la celebración del Midsommar se sigue celebrando en Suecia, y por lógica no es un inquietante festival de sangre, sino una tradición festiva más.
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Tal vez, como se trata de algo que proviene de la lejana y fría Escandinavia, la tradición del Midsommar nos resulta tan exótica que nos acabamos creyendo todo. Pongamos una analogía. Imagina una película en la que un grupo de estudiantes va a celebrar San Juan en una playa española o de cualquier país de tradición latina. En vez de haber hogueras en la playa y gente bebiendo la víspera de la festividad, en realidad todo acaba en una espiral de desagradables asesinatos. Sería extraño y una perturbación de la tradición bastante disparatada. Podríamos decir que, como se trata de una fiesta cristiana, eso de matar gente por placer no estaría bien visto, pero si fuese una fiesta pagana, igual entonces sí. Muchas de las celebraciones cristianas se han ubicado en determinadas fechas para solaparse con la tradición previa. Esto es lo que se llama el sincretismo religioso, que busca, en lugar de eliminar la anterior tradición, adaptarla a nuevas creencias. Encontramos casos así en el Día de Todos los Santos y la fiesta celta del Samhain (conocido como Halloween), la Navidad y las festividades romanas de la Saturnalia, aunque esta última genera discusión (no la festividad de Sol Invictus, que sí se celebraba el 25 de diciembre); y la celebración del solsticio de verano, que derivó en las hogueras de San Juan. Midsommar es precisamente esto último, la mitad del verano, que tiene especial relevancia cuanto más al norte de Europa vayas, porque ahí hay más horas de luz, incluso veinticuatro horas. En el solsticio de verano el Sol alcanza el punto más alto en el cielo y, a partir de esa fecha, los días van siendo paulatinamente más cortos, hasta llegar al solsticio de invierno.
En Suecia, en particular, esta celebración tiene especial relevancia, entre otras cosas porque es festivo nacional, y es una mezcla de recuperación de la tradición pagana del culto al solsticio con el San Juan cristiano. El ritual es mucho más agradable de lo que se muestra en la película: te vistes de blanco, te pones una corona de flores, se alza un palo llamado midsommarstång, y bailas y cantas canciones tradicionales en torno a él. Todo ello bebiendo mucho alcohol. De hecho, normalmente mucha gente se centra solo en esta última parte y se olvida del resto de la parafernalia. Además, se puede practicar el ritual de las siete flores, en el que se recopilan siete especies distintas de plantas para colocarlas debajo de la almohada, lo que, según se dice, permite a las jóvenes solteras soñar con su futuro esposo. O sea, que no se va matando a gente porque sí. Es cierto que desde el siglo X las sociedades vikingas fueron cristianizándose y sus tradiciones fueron cambiando y desarrollándose, y aunque es bien sabido que sí sacrificaron humanos en algún momento, esta fiesta en particular no parecía estar orientada en esa dirección.

Hoguera de la víspera de San Juan en la playa de Skagen, de Peder Severin Krøyer (1906). Crédito: Getty Images.
En la película, podemos apreciar otro de los mitos vikingos más famosos y falsos, que por supuesto se ha perpetuado en la cultura popular. Hablamos del águila de sangre. Esto es un ritual de castigo bastante macabro consistente en atar a una persona en un poste, abrirle los músculos de la espalda, romperle las costillas y extraer sus pulmones por la parte posterior del cuerpo. Así, en teoría, los órganos respiratorios harían de alas y sería lo más parecido a un humano con forma de águila; no obstante, como en el proceso se sangra mucho, todo queda más bien colorado. Es cierto que las alas de estos imponentes animales suelen ser muy largas en proporción a su tamaño por lo que podemos decir que la comparación con un águila es bastante exagerada, y quizá sería más adecuado usar «mochuelo de sangre», pero igual no es tan épico. Hay menciones a esta tradición en sagas nórdicas como la Saga Orkneyinga, la Crónica anglosajona o el poema Sigvatr Þórðarson, pero todos estos son del siglo XIII, muy posteriores a la era vikinga, por lo que parecen más una invención que otra cosa. De hecho, mucho de lo que sabemos de los hombres del norte es precisamente por las interpretaciones que hicieron los monjes y escribas cristianos unos trescientos años después, por lo que es posible que mucho de lo que creemos saber sobre los vikingos ni se parezca a la realidad. El caso del águila de sangre en concreto es una práctica muy cuestionada por los historiadores, por no decir que se da por hecho que no tiene nada de auténtico. No se ha encontrado ningún vestigio de este tipo de ejecución, ni fuentes primarias que lo confirmen.
Por tanto, aunque lo veamos en la famosa serie Vikingos (2013-2020) de History Channel o en esta película, no podemos darlo como veraz. Eso no quita que haya gente un poco desquiciada, como los que vemos en la película Midsommar, que creyendo que este tipo de pasatiempo era real lo incorporen a sus quehaceres diarios, pero sería porque se han creído el mito y no han leído mucha historia. Aunque probablemente su finalidad era asesinar a gente y buscaban cualquier excusa para ello. Si vulnerar la integridad física de unos inocentes viajeros no les suponía un problema, puede aventurarse que tampoco les importase mucho falsear la historia.
¿Los vikingos practicaban el sacrificio humano?
Sí, los vikingos realizaron sacrificios humanos en contextos religiosos, especialmente en rituales como el blót («sangre»), para obtener el favor de los dioses. Estos rituales se realizaban principalmente en tiempos de guerra o en festivales religiosos, como los celebrados en el templo de Uppsala (Suecia), donde se ofrecían hasta nueve personas y animales a los dioses, según las crónicas del siglo XI de Adán de Bremen. Los arqueólogos han encontrado restos de sacrificios humanos en varios sitios vikingos, como en la isla de Björkö (Suecia), datados en el siglo IX, donde se hallaron cuerpos de prisioneros de guerra. A veces también eran doncellas, esclavas o monturas. Si alguna vez has pensado que te gustaría viajar al pasado y conocer cómo eran las sociedades nórdicas, recuerda que a lo mejor acabas siendo asesinado en honor a Odín.
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