En 1992, en el cementerio de Arroa Goia, una treintena de personas rodean la tumba en la que va a ser sepultado el levantador de piedras y boxeador José Manuel Ibar Azpiazu (Urtain), cuya vida concluyó en suicidio, tal vez por no poder asumir el peso de una «máscara» pública que acabó devorando a la persona. Su trágico final hace emerger un episodio del pasado —la muerte brutal de un buey en los alrededores de un molino cercano— que enlaza varios personajes y deja una herida difícil de cerrar.
En 2017, en ese mismo lugar, un público heterogéneo asiste al entierro de Guillermo, conocido como el Tirolés, el hombre que odiaba a Urtain, figura excesiva vinculada a la noche y a los márgenes. La intriga sobre la verdadera causa de su muerte revela un entorno social degradado. El molino, que fue suyo en los últimos años, parece guardar secretos: de nuevo el pasado irrumpe en el presente. Veinticinco años después, en 2042, un círculo de personas rodea en Arroa Goia la tumba de Pedro, el artista que quería a Urtain y rescató el molino de la sordidez.
Uzariel, un ser inmaterial que todo lo ve y todo lo oye, un ángel militar dueño, junto con sus compañeros, de un lenguaje especial y un irreverente sentido del humor, narra esta historia articulada en tres tiempos, un relato magistral sobre la amistad, el sexo y los silencios que recorren varias décadas y marcan las vidas de sus protagonistas.
La crítica ha dicho...
«La novela alcanza soberbias páginas con ese estilo poético y fabulador típico de este excelente escritor».
José María Pozuelo Yvancos, ABC
«Al servicio de esta fábula tan original e inventiva como rara y sorprendente, incluso no poco caprichosa y bromista, pone Atxaga un aparataje literario bien variado. […] Una discreta dosis de intriga hilvana el nudo de asuntos. Y un aliento poético los envuelve: el del paisaje vasco tintado de emoción autobiográfica y el de las golondrinas del título que van y vienen sin descanso por las páginas de este libro».
Santos Sanz Villanueva, El Cultural
«Atxaga se entrega sin medida a ese goce que solo la literatura de ficción permite con impunidad plena: el de iluminar, fabulando, recovecos de enigma o de olvido. Iluminarlos después de haberlos creado o recreado, para mostrar lo que no existía, o era inaccesible. Golondrinas es una historia contada por un ser que está más allá del tiempo, pero que por circunstancias queda arraigado a un espacio muy concreto».
Francisco Javier Elena, El Debate
«Poeta, ensayista y narrador, Atxaga [...] se alimenta de la realidad y de su propia biografía, pero puede decirse que escribe con una varita mágica. [...] No niega lo cotidiano, sino que lo afirma».
J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia
«Atxaga nos adiestró en el arte de entender a las aves. Y, sobre todo, de entender la vida y algunos de sus pecados capitales, desde el otro lado».
J. Ernesto Ayala-Dip, Babelia