LA MAYORÍA (O LA MINORÍA MÁS DESPIERTA) LO SABE
740 personas contestaron a una encuesta en línea realizada para llevar a cabo un análisis de las percepciones de la ciudadanía sobre la presencia y los riesgos para la salud de compuestos químicos sintéticos en los alimentos. Los investigadores pretendíamos explorar qué factores influyen en sus valoraciones acerca de cómo se aplican las leyes en España. En la investigación, que se publicó en 2017 en la excelente revista Gaceta Sanitaria, los autores concluimos que «entre los participantes del estudio hubo un amplio escepticismo y desconfianza respecto a la aplicación y la efectividad de la legislación que en España aspira a controlar la exposición humana a sustancias tóxicas en los alimentos». Más del 87% de las personas encuestadas consideró que era posible que a lo largo de su vida hubiesen acumulado en su cuerpo sustancias tóxicas potencialmente peligrosas para su salud.[1]
CÓMO DISMINUIR LA CONTAMINACIÓN INTERNA
Mejor prevenir que tomar zumos verdes
Lo siento, pero ni dietas detox ni zumos verdes ni muebles bien orientados ni otros productos bien intencionados sirven realmente para limpiarnos de los contaminantes más persistentes. Desintoxicarse de ellos pasa inevitablemente por reducir la exposición, prevenirla, evitarla. No hay evidencia científica sobre productos que pueda limpiar nuestro cuerpo de contaminantes persistentes.
Pensemos que el tiempo de vida media de la mayoría de los contaminantes persistentes es de entre ocho y doce años, o más. Cuando una sustancia no se excreta o lo hace muy lentamente, cuando es persistente en el organismo es porque se disuelve, engancha o agarra con enorme fuerza a las grasas, aceites o lípidos (en inglés decimos que los compuestos persistentes son fat lovers o amantes de las grasas). Eso impide su excreción por los riñones, por ejemplo.
Por estas poderosas razones, los conocimientos actuales lo dejan claro: es más práctico, realista y factible prevenir la exposición y la subsiguiente contaminación, que desintoxicarnos de las sustancias persistentes. Y para conseguir ese fin, lo más eficaz es combinar la acción individual y la colectiva. Es fácil decirlo, pero ¿cuán factible es? Pensémoslo también solos y en compañía (compañeros de familia, trabajo, barrio, organización ciudadana, etc.).
¿En qué medida puede la acción individual de una persona cambiar su estilo de vida? A veces, en buena medida. Por ejemplo, a veces puede mejorar la dieta, hacer más ejercicio... ¿Y trabajar de forma más satisfactoria? (menos estrés, más control del ritmo de trabajo, mejor ambiente, mejor sueldo, otras recompensas materiales e inmateriales). Mejorar eso ya es menos frecuente. Sí, bastantes personas que fuman o están expuestas al humo del tabaco pueden dejarlo o evitarlo. Bien, bastantes individuos pueden mejorar cosas, sí. Pero: aunque algunos cambios ahorran dinero (tabaco), otros suponen gastar más dinero (alimentos de más calidad). Otro pero: cambiar las condiciones de vida (trabajo, atmósfera urbana) pocas veces está al alcance de los individuos.
La acción colectiva (en el trabajo, el barrio, la organización ciudadana; como consumidores, al comprar; en las manifestaciones públicas y en las elecciones democráticas) permite influir a favor de las políticas públicas y privadas (institucionales, empresariales, ciudadanas) que disminuyan la contaminación interna y externa.[2]
Una vez contaminados, ¿es posible disminuir esa contaminación y desintoxicarse?
Es una cuestión muy importante y a la vez muy difícil de responder, lamentablemente, pues veo poca literatura científica dedicada a ella, mucha menos de la que sería necesaria. Cuesta aceptarlo: a menudo quisiéramos que la literatura científica nos diese buenas respuestas. Además, en internet (o sea, en el «barrio» en el que vivimos) hay bastante oferta de productos sin fundamento científico. En efecto, mi lectura de la literatura científica —de la poca que hay— indica que muchos productos no son eficaces para disminuir la carga corporal de compuestos tóxicos persistentes. No obstante, esos productos y servicios pueden tener un sentido humano y quizá, a veces, un cierto papel en nuestra vida cotidiana.
¿Ah, sí?¿Cuál?
Para no filosofar, diría que parecido a poner unas flores en un jarrón en casa, o estar un rato escuchando el silencio, o pasear de la mano de un niño o de nuestra pareja. Si se hacen con cierta conciencia —tranquila, sencilla—, o incluso sin ella, esas cosas tienen todo el sentido del mundo. Es como una especie de mindfulness avant-la-lettre: hacer cosas agradables, humanas y con sentido, con una leve conciencia de ello, se ha hecho durante toda la historia de la humanidad. En cambio, tiene poco sentido tomar determinados productos o hacer ciertas dietas detox supuestamente desintoxicantes a toda prisa porque uno está —o cree estar —muy ocupado, estresado o contaminado, o como quien toma un antibiótico; literalmente, eso es absurdo (dicho con todo el respeto). Y metafóricamente, pues depende: depende de lo que a uno le cueste en términos monetarios o de pérdida de autonomía y serenidad. Esclavitudes, cuantas menos, mejor. Si se hace con alegría, igual es aceptable... un rato. Tomar el producto mágico con gran convicción es médicamente comprensible, pero muy discutible: es más sano no tener esas ataduras, es preferible cumplir bien las prescripciones de medicamentos eficaces cuando están indicados de verdad.
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Más consejos para evitar contaminantes |
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Para evitar la ingesta de dioxinas: Si puede coma menos productos de origen animal y animales, pues es probable que las contengan —habitualmente, a concentraciones bajas— carnes, pescados, lácteos y huevos. Sí, tristemente, es frecuente que las redes alimentarias animales y humanas estén contaminadas por dioxinas. Para evitar la exposición a bisfenol A (BPA): Aliméntese con productos frescos en vez de enlatados, dado que, como ya hemos comentado, el recubrimiento interior de muchas latas contiene BPA. A menor escala (puesto que para la mayoría de las personas la exposición es mucho menor que por vía alimentaria), diga «no» a los recibos o tíquets de las tiendas, ya que mucho papel térmico está recubierto con BPA. En la medida de lo posible, evite los plásticos marcados con un PC (policarbonato) o con la etiqueta #7. No todos estos plásticos contienen BPA, pero muchos sí.[3], [4] Cuando le sea posible, utilice tazas, platos y cubiertos que no sean de plástico o similares; por ejemplo, quizá en la cafetería de su lugar de trabajo pueda pedir que le sirvan el café en una taza de cerámica —si no lo hacen ya—, o incluso en una que traiga usted, si el café es para llevar de vuelta al despacho. Y sí, luego la tendrá que lavar usted mismo, pero ¿por qué no lo aprovecha como un momento de calma para pensar en algo que tenía pendiente de hacer? Para evitar la exposición a ftalatos: Procure no usar recipientes de comida de plástico que los contengan, como tampoco algunos juguetes para niños (ciertos ftalatos ya están prohibidos en ellos). Evite envoltorios o films transparentes hechos con ellos o con PVC (algunos llevan la etiqueta de reciclaje #3). También hay cosméticos y productos para la higiene corporal que los contienen; dado que en ocasiones las etiquetas sólo mencionan la palabra «fragrancia», consulte fuentes de información prudentes e independientes como Skin Deep Database, de Environmental Working Group (EWG), entre otras.[5] Evitar completamente la exposición a retardantes de la llama (PBDEs y similares) es hoy casi imposible, la verdad. Pero más vale menos contaminación que más. Para ello, ayudaría aplicar leyes que exigiesen analizar la toxicidad de los productos químicos en los bienes de consumo antes de que entren en el mercado. El margen de actuación que tenemos como individuos es real, existe, si bien a muchos les puede parecer poco práctico y hasta heroico; por ejemplo, utilizar una aspiradora con un filtro HEPA (high efficiency particulate air) para disminuir la cantidad de polvo doméstico que está cargado de tóxicos; no retapizar mobiliario que tenga espuma (o quizá cambiar la espuma vieja por un material nuevo que no tenga tóxicos); ir con cuidado con las alfombras y moquetas viejas, ya que su relleno o su revestimiento inferior puede contener PBDEs y otros tóxicos. Para valorar otras intervenciones preventivas se puede tirar del hilo de la literatura más técnica.[6] |
¿Han demostrado ser eficaces en humanos las dietas detox?
Lo lamento, pero la respuesta es fundamentalmente que no. Pero la pregunta es relevante y merece que nos detengamos unos minutos en ella y en las razones de la respuesta. Primero, para ver si hay algún resquicio hacia el «sí, algunas pueden ser eficaces». Porque es una lástima que apenas dispongamos de métodos que sean eficaces para disminuir la carga corporal de contaminantes persistentes de las personas, sanas o enfermas, especialmente estas últimas. Segundo, porque la eficacia de las acciones individuales a veces no puede resumirse en un blanco o negro, todo o nada. Y tercero, porque la ausencia de pruebas sobre la eficacia de una intervención no significa que haya pruebas de que no es eficaz: la pregunta de si las dietas de desintoxicación han demostrado ser eficaces en humanos ha sido poco estudiada de forma científica y los conocimientos clínicamente relevantes son escasos.
A su vez, si actuamos de forma ética y profesional, las limitaciones de los conocimientos disponibles no nos permiten administrar intervenciones de efectividad no probada (la efectividad es la eficacia en condiciones de vida reales). Y no nos lo permite porque no queremos engañar a la gente y porque no queremos que nos vendan falsas ilusiones, porque no queremos malgastar recursos privados o públicos y porque en medicina hay un principio fundamental: primero, no hacer daño. Y daño hace quien provoca efectos adversos clínicos, psicológicos o económicos. El principio también es de obligado cumplimiento para todo profesional no médico que atienda a personas desde cualquier otra profesión (nutrición, dietética, fisioterapia, psicología, etc.), organización o ámbito (ecología, yoga, naturopatía, etc.), internet incluido.
Dietas detox: revisiones científicas
Empecemos por las razones del «no» a la pregunta que nos planteábamos hace unas líneas, acerca de si las dietas detox han demostrado ser eficaces. Una manera de resumir esas razones es mediante los artículos científicos de revisión, aquellos que analizan sistemáticamente y sintetizan los conocimientos existentes sobre un tema; como por ejemplo los citados en la revisión de Klein y Kiat, publicada en la revista oficial de la British Dietetic Association.[7] En dicho trabajo, estos investigadores examinan la literatura científica relevante para conocer si las dietas de desintoxicación son necesarias, si son efectivas y si presentan peligros. Argumentan que, en principio, la necesidad de algún tipo de desintoxicación existe, que las dietas detox no son efectivas y que pueden tener efectos adversos. Entre las dietas detox analizadas están: The master cleanser/lemon detox diet, The Liver Cleansing Diet, The Martha’s Vineyard Diet Detox, The Clean Cleanse, Fat Flush, BluePrint Cleanse, The Hubbard purification rundown y UltraClear. Su análisis es aplicable a otras dietas similares.
En su artículo, Klein y Kiat analizan numerosos componentes nutricionales potencialmente útiles para la posible eliminación de sustancias químicas y valoran si los estudios científicos se han realizado en animales o en humanos. Así, la posible utilidad del ácido málico para eliminar aluminio se ha estudiado en ratones (con las consiguientes limitaciones para extrapolar los resultados a los humanos); la posible utilidad del ácido cítrico para eliminar aluminio se ha estudiado en ratones. Y así sucesivamente: ácido succínico, para eliminar aluminio, en ratones; pectina de cítricos, para eliminar plomo, en humanos; cilantro, para eliminar cadmio, en la trucha; cilantro, para eliminar plomo, en ratones; selenio, para eliminar mercurio, en peces, pájaros, mamíferos y humanos; clorella y otras algas, para eliminar mercurio, plomo, dioxinas y furanos, en ratones; nori, para eliminar dioxinas y furanos, en ratones; y olestra para eliminar hexaclorobenceno y PCBs, estudiada en humanos mediante estudios de un nivel metodológico correcto.[7]
Dudas sobre el olestra, un sustituto de las grasas
Los autores del trabajo[7] comentan que, aunque la industria de la desintoxicación tiene un cierto volumen económico y mediático, hay muy pocos conocimientos clínicos para apoyar el uso de las dietas de desintoxicación. Un puñado de estudios clínicos de precaria calidad metodológica han mostrado o sugerido que las dietas detox promueven la desintoxicación del hígado y eliminan los contaminantes persistentes del cuerpo. Sin embargo, esos estudios tienen graves defectos metodológicos y tamaños muestrales pequeños. Explican que hay datos preliminares que sugieren que ciertos alimentos como el cilantro, las nori (variedades comestibles de algas marinas, que es común utilizar para enrollar el onigiri y el sushi) y el olestra (un sustituto de las grasas) tienen ciertas propiedades de desintoxicación, aunque la mayoría de esos estudios se han realizado en animales, no en personas, y debemos subrayar que la extrapolación de unos a otras es a menudo incierta y no puede darse por sentada. Los estudios en humanos son imprescindibles.
Conviene recordar también que algunos de esos productos y sus coprotagonistas (laxantes, diuréticos, etc.) pueden tener efectos adversos para la salud. Por ejemplo, lamentablemente, el olestra es capaz de disolver vitam
