Introducción
Si este libro ha llegado a tus manos, deseo con todo mi cariño que te ayude a escuchar a tu animal y a comprenderlo más profundamente para poder fortalecer vuestro vínculo, mejorar vuestra relación y la convivencia en familia.
A través de una conexión profunda con el animal y una mirada interna hacia nuestro propio ser, se pueden comprender mejor los problemas que surgen en las relaciones con nuestros animales para poder solventarlos.
También deseo que entiendas la verdadera conexión que existe entre el animal y tú, su responsable. A medida que comprendemos a nuestros animales y conectamos con ellos de maneras más profundas y sutiles, conectamos también con nuestra propia esencia, con nuestra propia animalidad y con nuestro corazón. Aprendemos a relacionarnos con nuestros animales y con nosotros mismos desde otro lugar, haciendo un trabajo conjunto de evolución y crecimiento personal, y vamos descubriendo por el camino que su sanación también nos sana a nosotros. Estamos juntos en el camino.
En este libro expondré mis experiencias a través de consultas de comunicación telepática animal, distintas terapias, trabajos energéticos e intuitivos realizados, y también a través de las propias experiencias que he ido adquiriendo con animales de distintas especies que se han cruzado en mi vida personal.
Para leer este libro te sugiero que abras tu corazón. Pídele a tu mente con mucho cariño que se relaje, que baje el volumen, que única y exclusivamente se dedique a la función que le corresponde, y que sea tu alma la que integre. El sentido real de las cosas no se alcanza intelectualmente, a través de la mente. Deja que sea tu alma la que integre lo que vas a ir leyendo y quédate solo con aquellas palabras que te resuenen.
Las palabras se comprenden verdaderamente con el corazón, con el alma. ¿Alguna vez te ha pasado que has oído o has leído algo que no sabes muy bien lo que quiere decir, pero te llega al alma? Tu mente tal vez no lo comprenda, pero tu alma sí, tu alma sabe y reconoce la información.
Mi intención con este libro no es instaurar un nuevo sistema de creencias, ni convencerte de nada... Mi único propósito es compartirme desde mi sentir, desde mis experiencias con toda clase de animales, desde mi verdad, desde mi perspectiva adquirida a lo largo del camino y en constante evolución. Cada uno de nosotros tenemos nuestra verdad, que puede ir moldeándose a medida que avanzamos y experimentamos en la vida, así que te animo a que busques tu propio camino. Nadie más que tú conoce tu propio camino y tu verdad, un camino en el que muchos animales han decidido acompañarnos, y no es casualidad.
Que las palabras que aquí te voy a exponer sirvan de reflexión y quizá permitan cuestionarte ideas que hasta ahora habías creído como la única verdad inamovible, no solo sobre los animales, sino también sobre ti mismo y sobre la vida. Cuestionar todo lo que nos han enseñado desde pequeños requiere de valentía y, posiblemente, implica tener que atravesar periodos de incomodidad. La vida no es cómoda, nadie dijo que lo fuera.
Con el tiempo me he dado cuenta de la importancia de abrir la mente, aceptar mi ignorancia hacia la vida y aprender con el corazón abierto. Asumir nuestra propia ignorancia puede resultar bastante incómodo. No todos estamos dispuestos a asumirla. Requiere de humildad y coraje, pero es la vía para empezar a averiguar quiénes somos en realidad y quiénes son en esencia nuestros animales de familia que han decidido acompañarnos en este camino.
Con las ideas que voy a exponer en el libro tampoco deseo en ningún caso aportar «división». Yo no pretendo señalar «esto está bien» o «esto está mal». Solo deseo poner a tu disposición mi humilde experiencia adquirida hasta la fecha, mi entrega y las ganas de que estas palabras puedan ayudaros en vuestro camino. Yo también me permito con el tiempo seguir añadiendo nuevas experiencias en mi vida, seguir creciendo y evolucionando (¡me queda un buen camino por delante!). Y estoy abierta a seguir aprendiendo a través de lo que me comunican los animales, para aportarme ahora y en un futuro nuevas miradas.
Una vez más, quédate solo con aquello que te resuene, y toma este espacio de lectura como un lugar para compartir, nutrirte y ampliar horizontes.
«Mi perro, mi gato, mi pájaro, mi caballo...»
Quisiera aclarar que a lo largo de las siguientes páginas voy a usar posesivos al hablar de los animales con los que convivimos. Voy a decir, por ejemplo, «mi animal» o «nuestros animales» por un simple tema práctico: me resulta más sencillo y fluido que decir «los animales con los que convivimos» o «los animales de familia». De todas formas, quiero aclarar que los animales no son posesiones, no son nuestros, su vida no nos pertenece, solo elegimos compartir nuestra vida junto a ellos y ellos nos eligen a nosotros. Por este mismo motivo, no voy a hablar en ningún caso del «dueño», sino que hablaré del «responsable» del animal. También se podrían usar otros términos que no denotan pertenencia como «el cuidador», porque cuando decidimos incorporar a nuestra familia un animal tenemos que responsabilizarnos de su bienestar, que depende en gran medida de nosotros.
En alguna ocasión uso también los términos «animales no humanos» y «animales humanos». El uso de estas palabras nos ayuda a recordar que los seres humanos también somos animales. Por no decir que la palabra «animal» proviene del latín animalis, que significa un ser dotado de soplo vital (anima = alma). No olvidemos que todos somos almas, independientemente de la especie en la que nos materialicemos físicamente en la Tierra, ya sea un gato, caballo, perro, pájaro, un ser humano... y no hay ningún nivel o jerarquía entre nosotros. Todos somos seres únicos, con nuestra unicidad, sin ningún tipo de rango ni superioridad entre nosotros, aportando cada uno al mundo según su esencia y su naturaleza.
La mayor parte de la información que aporto en este libro es en relación con nuestros animales de familia. Casi todas las experiencias que expongo tratan de animales de familia, es decir, de aquellos animales que han decidido acercarse a las personas para hacer un camino de evolución conjunta. Y muchos de los ejemplos que encontraréis se refieren especialmente a perros o gatos, porque la mayoría de las consultas que recibo son sobre estas especies (que son las especies de animal mayoritarias con las que actualmente convive el ser humano). Algunas de las reflexiones e información pueden servir de inspiración en casos puntuales para otras especies de animales de familia, ya sean roedores, aves, caballos...
Trato con mucho respeto y amor cada una de las comunicaciones que he establecido con los animales, y agradezco la confianza depositada en mi labor a la hora de solicitarme una comunicación animal o cualquier otro tipo de terapia. Por ello, todos los casos de animales que aparecen en el libro han sido previamente autorizados por sus personas responsables para ser publicados, y han sido expuestos con el único fin de ayudar al lector y a sus animales. Los nombres de animales y personas que aparecen en el libro no son reales, se han modificado para mantener su privacidad.


Los seres humanos vivimos desconectados de la naturaleza y de los animales, y nos hemos alejado del camino del corazón, movidos por la mente y el ego. Pretendemos comprender la vida a través de la mente, y esa no es su función; la mente no sirve para entender la vida. No sabemos quiénes somos en realidad y nos sentimos separados de los demás seres humanos y del resto de las formas de vida.
Los animales nos impulsan de alguna manera a mirar hacia nuestro interior y a conectar con nuestro corazón, porque de esa desconexión con el corazón nacen muchos de los conflictos en la relación entre el ser humano y los animales con los que convive. Al conectar con el corazón no solo comprendemos más a los animales, sino también a nosotros mismos, y nos reconocemos por quienes realmente somos; empezamos, pues, a plantear cambios en nosotros mismos para sanar conflictos y problemas en la convivencia con nuestros animales.
Durante varios años vi una gran cantidad de documentales espirituales y acudí a muchas charlas, retiros y talleres sobre el camino espiritual del ser humano, sobre el despertar de la consciencia. Me parecía asombroso que durante todo ese tiempo no encontrara apenas nada que hablara de la relación que existe entre nuestro propio camino espiritual y la conexión con los animales, con los animales no humanos en general y especialmente con los animales de familia.
Algunas de las prácticas espirituales y energéticas que aprendí me ayudaron a ir deshaciendo capas y bloqueos que tenía desde pequeña; pero si no hubiera sido por mis perros y por todos los animales que se han cruzado en mi vida, yo probablemente no me habría atrevido a seguir a mi propio corazón ni a cuestionarme quién soy en realidad. No me habría dado cuenta de que no sé quién soy.
A través de la conexión profunda con un animal podemos conectarnos con la vida y acercarnos a nuestra verdadera naturaleza. Los animales, tanto los que conviven con nosotros en nuestro hogar como los que se cruzan solo unos instantes de nuestra vida, tienen un gran papel en la evolución de las personas, como compañeros de viaje con grandes cosas que mostrarnos.
En el tiempo que llevo acompañando a familias interespecies a través de distintas terapias para una mayor comprensión entre animales y seres humanos, he visto y he asistido a algunos cambios increíbles en las personas gracias a sus animales. Entonces ¿por qué no se reconoce su importante papel en el camino de nuestra evolución? ¿Por qué no se pone en valor el increíble trabajo que hacen para ayudarnos en nuestro crecimiento personal? ¿Y si fuéramos más conscientes de lo que nos intentan mostrar con su presencia en nuestra vida?
Cuando nos damos cuenta de todo lo que hacen los animales por nosotros de manera desinteresada y desde el amor incondicional, las personas empezamos a valorarlos y a devolverles todo el amor y empatía que se merecen. En realidad, siento que no deberíamos devolverles nada (en cualquier relación no deberíamos dar porque pensamos recibir algo a cambio, o no deberíamos esperar a recibir para dar al otro), sino más bien establecer una relación de igual a igual, con respeto, honestidad, empatía, amor, valorando al ser que tenemos delante, compartiéndonos desde un espacio sagrado y valorando sus necesidades reales.
Actualmente vivimos en una sociedad aún poco avanzada en el trato que se le da a los animales. Deseo que este libro ayude a comprender todo lo que podemos aprender de ellos, el valor de su compañía, y ayudar a recuperar la armonía perdida entre seres humanos y animales.
¿Quién soy?
Los animales no han olvidado quiénes son. No han olvidado cuál es su función en la vida, no se han desconectado de su esencia. Las personas hemos olvidado quiénes somos en realidad. Somos la especie que necesita con más urgencia despertar a nuestra verdadera naturaleza, y los animales nos ayudan a reconectar con nuestra esencia, porque ellos nunca se desconectaron de la suya propia. Ellos se reconocen, saben quiénes son y disfrutan de su experiencia. Están íntimamente conectados con la vida y con la sabiduría del corazón. Al conectar con la sabiduría de un animal puedes ver en ti esa misma conexión espiritual con todo lo que te rodea, puedes despertar y recordar la conexión que habita en todo ser vivo y no sentirte separado del resto.
No es casualidad que la palabra «animal» provenga del latín animalis y signifique tener alma (‘anima’). Según indica su etimología, los animales están dotados de alma.
Los animales no han olvidado que son almas, a diferencia de muchas personas que parecen ignorar que también lo son. Y eso tiene muchas implicaciones en cómo viven los animales muchos procesos de vida de manera totalmente distinta a las personas. Por ejemplo, cómo viven el proceso de la muerte. Ellos saben que morir es parte de la vida, no tienen miedo a morir. Saben que no es el final, que es un renacimiento, es una transformación, porque no se identifican exclusivamente con su cuerpo físico; son conscientes de quiénes son y de que son más que ese cuerpo (materia) que vemos a través de nuestros ojos. Los animales entienden que el cuerpo es un vehículo que les permite experimentar aquí en la Tierra, y hacen un proceso de muerte y de sus últimos momentos con mayor conciencia, como parte natural del ciclo de la vida. Lo que ellos son, lo que tú también eres, nunca muere. Todos somos almas.
Todo y todos somos energía. Y a través de los animales se nos recuerda también la conexión espiritual inherente en todos los seres vivos, incluidos los seres humanos. Somos energía, somos frecuencia, más allá del cuerpo físico con el que nos hemos ido identificando de manera exclusiva.
Contesta a esta pregunta: ¿quién soy?
Piensa unos segundos en la respuesta. Quizá respondas diciendo: «Soy arquitecta, tengo mi propia empresa, tengo cuarenta años, estoy casada, y soy pintora en mis ratos libres». Y ahora te pregunto: ¿qué pasaría si perdieras tu empresa?, ¿qué pasaría si tuvieras una lesión en las manos que no te permitieran pintar nunca más?, ¿quién serías entonces? Ya no serías empresaria, ya no serías pintora en tus ratos libres... Entonces ¿dejarías de ser tú? ¿Crees que lo que verdaderamente eres puede cambiar con el tiempo?, ¿o quizá es imperecedero?
Nos hemos identificado con nuestra profesión, con nuestros logros, con nuestra personalidad, con el personaje que hemos construido para mostrar una imagen determinada al mundo, con nuestro cuerpo, con las posesiones que tenemos..., y entonces pasamos a sufrirlo (tanto
