Prólogo
Durante la educación general se nos enseñan muchas cosas. Aprendemos a leer y a escribir, algo de ciencias, matemáticas, geografía e historia. Algunos incursionan en la música o en el arte. Pero lamentablemente, no se nos ha enseñado el conocimiento más importante: cómo manejar nuestra propia mente y emociones de manera que nos permita desarrollar el potencial humano y disfrutar al máximo lo que la vida nos ofrece. No existe nada superior a este conocimiento para mejorar la calidad de la vida.
Los niños, que aún no han acumulado mucho estrés, tienen abundante energía, entusiasmo, alegría profunda y amor incondicional. Estas cualidades, que se manifiestan espontáneamente en un niño, demuestran la más verdadera e intocable esencia de la humanidad. Todos nacemos con una fuente de amor y alegría. Estas cualidades no son simplemente emociones, son la esencia de nuestra existencia. La verdad de nuestra esencia no puede cambiar, sólo puede encubrirse y esconderse detrás nuestro.
A medida que crecemos, el estrés se acumula en forma de toxinas en el cuerpo y como emociones negativas en la mente. El efecto del estrés y las diferentes formas en que se manifiesta, disminuyen la salud física e instalan en nosotros patrones mentales y emocionales insanos. Cuanto más aumenta el estrés, más emociones negativas como el miedo y la rabia afectan nuestra vida, consciente o inconscientemente.
Cuando nuestra innata fuente de alegría y amor queda bloqueada por largo tiempo, la mente va hacia distracciones que sólo proveen alegría temporal y limitada y nuestra atención se enfoca más frecuentemente en el pasado o el futuro y menos en el momento presente.
De esta forma, la mente queda atrapada la mayor parte del tiempo en lamentos por algo que ya pasó o preocupada por el futuro; glorificando el pasado o continuamente planeando cómo ser feliz en el futuro, sin notar que esto impide ser feliz aquí y ahora.
Si observan la mente, verán qué poca atención se le da al momento presente. Estar presente no sólo significa estar atento a lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, sino también estar consciente de lo que estamos sintiendo interiormente. Significa estar conectado con nuestros sentimientos y ser genuinos en nuestras interacciones. Generalmente, los sentimientos se expresan sin ser realmente sentidos. A menudo decimos: “te amo”, o “encantado de conocerte”, sin realmente sentirlo en ese momento. Muchas veces decimos algo mientras nuestra mente está en otra cosa. Cuando alguien nos habla, estamos más ocupados pensando en lo que diremos luego, que en atender a los que nos está diciendo. Se puede experimentar mucha más alegría, amor, intimidad y aprecio cuando estamos realmente presentes; pero la mente ya ha sido condicionada de otra manera.
Las influencias culturales nos llevan aun más a enfocarnos en cosas externas para encontrar felicidad o amor y a culpar a otros cuando sentimos rabia, celos u otras emociones negativas. Y como la verdadera autorealización no se encontrará jamás fuera nuestro, el continuar enfocado en lo externo nos lleva a un ciclo de deseos sin fin.
A menudo se espera que la felicidad, o una mayor felicidad llegue en el futuro una vez que “algo” se logre. La mente piensa: “Seré feliz cuando finalmente consiga eso”. Los jóvenes piensan que serán felices cuando sus padres les den libertad. Los solteros creen que serán felices cuando encuentren la pareja correcta. Los casados piensan que serían felices si su pareja cambiara algunas cosas. Otros piensan que serán felices cuando tengan más dinero, más fama, un empleo mejor, una casa mejor, cuando se jubilen, etc. Ser feliz se proyecta siempre al futuro, sin embargo la felicidad no puede experimentarse en el futuro, sino sólo en el presente.
Cuando se nos cumple un deseo, nos sentimos felices por un tiempo, pero más tarde surge otro deseo y nuevamente miramos hacia el futuro. La satisfacción duradera y genuina no se alcanza a través del éxito, la fama o las relaciones sociales de este mundo. Muchos creen que la realidad es simplemente eso; de esta forma el verdadero motivo de la vida no nos queda muy claro, y buscamos recompensas superficiales, pensando que la verdadera satisfacción es inalcanzable.
El problema reside en que la mente desea alegría y amor infinitos, pero las cosas del mundo sólo pueden darnos alegría temporal y finita. Esto no quiere decir que no debemos tener deseos, lo que tenemos que hacer es dejar la costumbre de esperar a que la felicidad llegue en el futuro y ser felices con lo que tenemos ahora mismo.
El pasado de nuestra sociedad ha sido reconocido por la búsqueda de mayor confort exterior a costa de sacrificar nuestro mundo interior. En unas pocas generaciones, nuestra civilización avanzó con la más sorprendente tecnología e increíble abundancia y libertad, pero esto no ha ayudado a que la gente tenga vidas realmente felices y colmadas de amor. A medida que la tecnología avanza, el ritmo y las presiones de la vida sólo se han incrementado, creando más estrés y tensiones.
Superficialmente, la vida parece ser mucho mejor que en el pasado, pero bajo la superficie oímos que millones de personas dependen de medicamentos antidepresivos; que las enfermedades relacionadas con el estrés son epidémicas, que gran parte de la población utiliza estimulantes o relajantes como la cafeína y el alcohol, y en muchos casos, también se droga o se automedica.
La sociedad acepta estos hechos como normales simplemente porque la forma de disolver el estrés acumulado, abrir el corazón y expandir la conciencia, se desconoce o no ha sido adoptada. La mayoría sólo aprende nuevas formas de aceptación y felicidad limitada, en lugar de buscar la forma de escapar a estas limitaciones para vivir la alegría y el amor profundos que deberían ser naturales a la experiencia humana.
Si comprendiéramos mejor el funcionamiento de la mente y nuestras emociones y si de tanto en tanto nos tomáramos un poco de tiempo para instalarnos en nuestro interior, no necesitaríamos las diversas muletas que la gente utiliza como soporte. Ahora llegó el momento de orientar nuestra atención hacia el interior, de explotar lo que podemos hacer para desarrollar nuestro potencial interno.
En primer término, debemos atender nuestras necesidades espirituales. La esencia de la espiritualidad radica en conocernos mejor. La espiritualidad no es ponderar algo que está fuera de este mundo, es reconocer que el espíritu es la base y sostén de cada cosa. Una experiencia espiritual no es nada del otro mundo, es sentir la íntima conexión que uno tiene con cada cosa, con cada persona, en este mundo.
Finalmente, la profundidad de la alegría y el amor que experimentes en esta vida no está determinada por lo que poseas, sino por cómo te conoces a ti mismo y por la forma en que hayas eliminado los obstáculos que te impiden experimentar tu verdadera naturaleza. Esto es, el Ser que experimentaste cuando eras niño. Lo ideal es tener la inteligencia y el entendimiento de un adulto maduro, conectado internamente a su propia fuente de alegría y amor como la experimenta un niño. Lo que necesitamos es lo que ya tenemos, sólo debemos eliminar los obstáculos y dejar que brille.
Comprender las tendencias de la mente y las leyes que la rigen, ayuda a liberarse de los patrones de conducta. Comprender las emociones negativas por lo que son y porque nos vienen a ayudar a que no nos dejemos llevar por otras. El conocimiento nos ayudará a distinguir lo que está ocurriendo y a llevar a la mente al momento presente. Saber que uno es mucho más que sólo mente, que sólo pensamientos o emociones, expande la conciencia. Pero usar la mente para cambiar la mente tiene limitaciones. La alegría y el amor no son estados de ánimo que se puedan adoptar. La alegría y el amor son nuestra esencia fundamental, más allá de la mera emoción, más allá de la mente.
Obtener conocimiento es esencial, pero esto debe ir acompañado de un estilo de vida saludable y ciertas prácticas físicas y mentales que eliminen el estrés, que es la raíz del problema. Aun el más experto en psicología será incapaz de mantenerse centrado durante una tormenta de emociones si se encuentra estresado. Técnicas como la meditación, el yoga, las técnicas de respiración y la plegaria sincera y de corazón, hechas con regularidad, eliminan el estrés, expanden la conciencia y abren el corazón. Florecer completamente como ser humano es simple, el conocimiento y las prácticas están disponibles, sólo debemos cambiar el orden de nuestras prioridades.
El nuevo Milenio será probablemente una era espiritual para la humanidad. Ya es evidente que más y más personas buscan respuestas espirituales preguntándose el significado y el propósito de la vida y tratan de alcanzar la auto realización. La guía puede encontrarse en muchas partes, pero finalmente cada cual debe hallar su propio camino.
El conocimiento básico de nuestras emociones y las tendencias de la mente, así como la utilización de prácticas que limpien el organismo de estrés y de impurezas, nos ofrecen los medios para restaurar la conexión con esa fuente de alegría y amor que hay dentro nuestro.
El efecto intangible de la plegaria y la gracia pueden jugar un papel importante en este desarrollo para muchas personas.
La búsqueda espiritual siempre será la búsqueda de una nueva sabiduría. Al entrar en la nueva era, esta Sabi
