Prólogo
Hola, tal vez ya nos conozcamos. Es probable que me hayas acompañado en alguna de las aventuras anteriores. Hoy te invito nuevamente a que te sumes, si lo deseas, para desentrañar una madeja extremadamente compleja, que tiene que ver con el poder de la culpa y cómo ella incide en nuestro desempeño cotidiano.
Veremos cómo impacta directamente en las decisiones que tomamos, o, lo que es más grave aún, en aquellas que no tomamos, como consecuencia de arrastrar culpas que no nos competen y que sin embargo cargamos injustamente sobre nuestras espaldas.
Pueden transcurrir muchos años hasta que tomamos clara conciencia de que nuestros fracasos y las frustraciones que acarrean se deben en buena medida a que nos han depositado culpas que creímos que debíamos asumir, cuando en realidad no nos corresponden; hemos sido maliciosamente manipulados.
Es increíble cómo el ser humano es capaz de despojarse de sus responsabilidades, proyectando culpas que no son reales sobre las personas con las cuales convive, o con compañeros de trabajo o amistades que conforman el estrecho círculo donde transcurre su vida. A veces un hecho fortuito hace que comencemos a revisar el papel que tiene ese sentimiento negativo de culpabilidad. Otras veces lo hacemos cuando ya estamos en el borde del precipicio, y pedimos ayuda para que nos guíen en detectar dónde están los obstáculos y cómo superarlos.
La inoculación de la culpa es uno de los métodos preferidos por las personalidades manipuladoras, quienes sutilmente colocan responsabilidad sobre ciertos hechos en personas que son vulnerables y que tienen un déficit de autoestima, escenario ideal para descargar en ese hombre o en esa mujer sus desechos emocionales. Así logran despojarse de todo compromiso en la génesis de los sucesos que han generado esos sentimientos. Es por ello que debemos estar alertas frente a cualquier intento de recibir culpas que no nos corresponden.
Cada uno deberá asumir su lugar en cada acontecimiento del cual es protagonista. Culpas genuinas sí, culpas ajenas no. Aprendamos a preservar nuestro cuerpo emocional y a erigir barreras de contención contra los embates de quienes pretenden atribuirnos responsabilidades que no tenemos y que tanto daño nos provocan.
El poder de la culpa es de tal magnitud que puede arrasar con todas las metas, objetivos y proyectos que un ser humano pueda tener. Le genera una gran inestabilidad emocional, desasosiego interno y crisis de ansiedad por experimentar un sentimiento profundamente destructivo. Este sentimiento no obedece a una realidad vivida, sino que es consecuencia de un mandato externo, asumido en el marco de una personalidad vulnerable. La falta de confianza y de respeto por uno mismo condiciona un estilo y calidad de vida pobres. Ese hombre o mujer observa cómo su vida transcurre intentando perdonarse por culpas que ni siquiera son propias.
Esta historia es conocida por nosotros. Todos estamos al tanto de personas que viven su vida a espaldas de sí mismas, intentando justificarse por faltas que no cometieron, pero que sí les han hecho creer que son de su responsabilidad.
Todos los seres humanos tenemos a lo largo de la vida aciertos y errores. Los primeros nos empoderan y nos brindan las fortalezas que necesitamos para avanzar en pos de nuestros sueños. Los errores los tenemos que asumir como experiencias que atravesamos y de las cuales debemos extraer las conclusiones necesarias para no reiterarlos.
Estos errores pueden generar sentimientos de culpa que debemos analizar para luego intentar cerrar las heridas infligidas lo antes posible, de modo que esas emociones negativas no se interpongan en el camino de nuestra realización personal.
Como verás, no te estoy sugiriendo que no consideres tu responsabilidad en la génesis de algunas de esas culpas, pero sí afirmo que no debes cargar con ellas por el resto de tu vida. Si hay algo que podemos reparar, debemos hacerlo lo antes posible. El camino de nuestra vida tiene que estar despejado para que podamos desarrollarnos con libertad y con la amplitud que necesitamos.
Los aciertos y los errores son el resultado de nuestro accionar en el día a día. Por lo tanto hoy es un buen momento para evaluar tu aventura de vivir. ¿Cómo te sientes con tu vida?, ¿estás satisfecho con lo que la vida te devuelve?, ¿tus expectativas son diferentes? Y ¿qué estás haciendo para acceder al resultado que esperas? Sabes bien que por arte de magia nada sucede en la existencia humana.
Las culpas injustas causan heridas del alma que sangran por largo tiempo y seguirán lacerándote en la medida en que no le pongas un freno a los profundos sentimientos de minusvalía que te generan y que te impiden desligarte de trabas que probablemente tú mismo has generado.
Tú no tienes por qué aceptar la manipulación de quien o quienes han depositado en ti culpas que no te corresponden. Tampoco mereces ser la víctima de mentes perversas que buscan quedar afuera del escenario de acontecimientos que los han involucrado, y liberarse a costa de inculcar esa culpa en ti.
Nuevamente, ¡libérate de las ataduras! y enfrenta a aquellas personas que obran para generar en ti emociones paralizantes, las cuales han sido una de las razones de tu estancamiento y de tu perfil bajo, por sentir que no eres pleno o digno, por culpas que simplemente no son tuyas. ¡Despierta y siente que el sol sale para ti también!
El poder de la culpa a priori parece no tener límites. Sin embargo tú puedes poner barreras, así como cada individuo que sienta que carga con huellas que no le competen y que han arruinado buena parte de su existencia.
Cabe la pregunta de si te sientes inocente o culpable de lo que se te acusa. Aquí el tema fundamental es ser honesto y reconocer si tienes culpas que procesar, o si injustamente se te atribuyen responsabilidades donde no las hay.
Sin duda que hay culpas que son genuinas y que son la consecuencia de errores que cometemos todos los seres humanos. En una escala, puedes ser responsable de algunas actitudes que hayan dañado a otras personas muy sensibles, hasta cometer graves fallas en tu conducta que pueden llegar a ser irreparables.
Analizar el comportamiento de tu entorno es un buen ejercicio para poder definir con certeza dónde estás ubicado en el escenario de tu vida. Aquí importa cuál es el vínculo que tienes con el mundo que te rodea, cuán permeable eres a la opinión de los demás y cómo consideras a las personas que inciden en el día a día de tu vida.
Es indudable que si el vínculo con tu entorno es bueno y sano no habrá culpas injustas que eliminar, mientras que si tú eres víctima de una manipulación por parte de una persona o más, habrá actitudes criticables y debes iniciar un proceso de sanación de tu alma, para no sentir una minusvalía que no mereces.
Es el momento de considerar tu autoestima. En los distintos ámbitos de tu desempeño como ser humano esta herramienta condiciona los resultados de tu accionar. Recuerda que está asentada en dos pilares fundamentales que son la confianza en ti mismo y el respeto por tu persona, entendiendo en este último caso la capacidad para establecer límites y no ser invadido por los demás.
Si uno o ambos pilares de la autoestima están debilitados por distintas razones, es posible que esa carencia facilite que personas inescrupulosas intenten atribuirte culpas que no te competen, sin tener tú un mecanismo de defensa que pueda evitar ese malicioso comportamiento de tu entorno.
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