INTRODUCCIÓN
Un genio en la «Suiza de América»
La década de 1920 constituye una de las épocas de oro de la historia uruguaya. Los gobiernos de aquellos años dieron continuidad a la agenda progresista inaugurada por el batllismo en lo que refiere a la protección y promoción de toda suerte de derechos sociales, políticos y laborales. El crecimiento industrial y el impulso modernizador permitían disfrutar de un poder adquisitivo y un bienestar económico sin precedentes. Había confianza en las instituciones y una decidida promoción de la democracia y el sufragio universal. Se respiraba una intensa atmósfera cultural, en la literatura, las artes visuales, la filosofía, la arquitectura y la música. En el plano ideológico hacían irrupción nuevas ideas, que auguraban un mundo diferente al que existía antes de la Primera Guerra Mundial. Y la gente salía a las calles a celebrar con alegría los triunfos de la selección de fútbol en los Juegos Olímpicos de 1924 y de 1928. Debido a la prosperidad y felicidad que gozaban los habitantes uruguayos, en esta etapa del siglo XX comenzó a gestarse el mito de la «Suiza de América».
En el contexto de esta época, recordada como una de las más esplendorosas de la historia uruguaya, llegó a nuestro país un físico de fama internacional y que también se encontraba, a la sazón, en la cima de su éxito científico y de su trayectoria profesional: Albert Einstein.
Ya tendremos oportunidad de regresar una y otra vez en este trabajo sobre la gran repercusión que tuvo en la prensa y en la opinión pública uruguaya la visita de Einstein. Como lo señalara Carlos Maggiolo, rector de la Universidad de Montevideo en 1925 y persona muy cercana al físico alemán durante esos días, la visita de Einstein realmente había «removido el ambiente». Por espacio de una semana, el sabio y su misteriosa teoría de la relatividad fueron el tema de conversación obligado en los ambientes académicos, políticos y científicos de Montevideo y los protagonistas indiscutidos de los titulares de prensa de todos los diarios de ambas orillas del Río de la Plata. Es probable que casi todos los uruguayos medianamente cultos hayan estado al tanto de las actividades diarias realizadas por el físico alemán en nuestro país, y muchos de ellos se hicieron presentes entre el público que desbordó las instalaciones en las cuales el ilustre viajero ofreció sus magistrales conferencias.
Casi cien años han pasado desde aquel lejano 1925 y, en la actualidad, ¿qué sabemos los uruguayos de la visita realizada por Albert Einstein a Uruguay? Una estatua ubicada en la Plaza de los Treinta y Tres, en el barrio Centro de Montevideo, recuerda el momento más famoso de aquella visita: el célebre encuentro mantenido en ese mismo sitio entre Einstein y el filósofo uruguayo Carlos Vaz Ferreira. Sin embargo, es poco más lo que se sabe, en términos generales. ¿Qué vino a hacer Einstein al Uruguay? ¿Quién lo invitó a venir a nuestro país y por qué? ¿Qué personajes prominentes de la sociedad uruguaya conoció durante su estadía? ¿Dónde se alojó? ¿Qué actividades realizó durante la semana que permaneció en suelo uruguayo? ¿De qué hablaba en las entrevistas que concedía a los periodistas? ¿Qué impresión dejó entre los uruguayos de 1925? E, inversamente, ¿qué opinión guardó luego de su paso por nuestro país?
Son, precisamente, estas preguntas las que aspira a responder este libro. A través de una serie de capítulos, esta investigación apuesta a presentar un repaso a la vez cronológico y analítico de la visita de Einstein a Uruguay. Para ello, comenzaré por ofrecer un breve resumen de la vida y la obra de este genial científico alemán, en especial, sus circunstancias personales y profesionales hacia la década de 1920, de modo de poner en contexto al personaje durante su histórica visita a nuestro país. Posteriormente, haré un rápido repaso de una de las etapas más apasionantes y quizás menos conocida de la vida de Einstein: «la época de los viajes», comprendida entre 1922 y 1933, cuando realizó una serie de viajes intercontinentales de larga duración por diferentes países del mundo. Por aquellos años el físico emprendió su famosa gira por América del Sur, en la que conoció Argentina, Brasil y Uruguay, por lo que presentar algunos datos de ese período puede ayudar a interpretar mejor las razones que lo trajeron a esta parte del mundo. A continuación, intentaré reconstruir paso a paso la estadía de Einstein en el país, desde el 23 de marzo de 1925, cuando tocó por primera vez suelo uruguayo por unas pocas horas en su viaje hacia Buenos Aires, hasta su partida desde el puerto de Montevideo el 1° de mayo rumbo a Brasil, al cabo de una semana de permanencia en Uruguay. El estudio será enriquecido con una serie de anexos con información complementaria —entrevistas, semblanzas, crónicas, etcétera—, entre los que destaca un apartado especialmente dedicado a las impresiones escritas por Einstein sobre Uruguay y los uruguayos en su Diario de viaje por América del Sur.
Este repaso histórico permitirá apreciar, en primer término, cuál era la concepción que se tenía en el Uruguay de 1925 de las ideas de Einstein. Y, en particular, cuáles eran las opiniones más admitidas sobre la teoría de la relatividad. Como se verá, los uruguayos que se aproximaron a las ideas einstenianas se dividían en tres grandes grupos: los que entendían la teoría de la relatividad, cada cual según sus aptitudes; los que creían entender la relatividad, pero en realidad tenían un conocimiento muy superficial de esta teoría o la confundían con nociones semejantes —por ejemplo, la frecuente equivocación entre «relatividad» y «relativismo»—, y los que, desde el principio, admitían su absoluta incapacidad de entender las ideas de Einstein, que entre los periodistas fue el grupo más numeroso. Sería materia de un estudio mucho más extenso determinar cuál fue el verdadero impacto que tuvo en la comunidad científica y académica uruguaya la visita del físico alemán, así como su influencia en los planes de estudio oficiales y la historia de la enseñanza de la física en nuestro país; este texto solo se limita a describir el efecto que produjo la llegada de la relatividad al Montevideo de inicios del siglo XX, en particular, durante la semana que el sabio permaneció en Uruguay.
Albert Einstein será, por supuesto, el protagonista principal de este relato. Sin embargo, se observará que los aspectos científicos de su visita han sido limitados aquí a su mínima expresión. A diferencia de la mayoría de las biografías de Einstein, en este libro las referencias a la obra científica del físico alemán estarán concentradas solo en el primer capítulo. En los restantes, por el contrario, las referencias a nociones científicas aparecerán esporádicamente, conforme las circunstancias lo ameriten. Por supuesto que en ciertos momentos de la estadía del físico estas referencias cobraron gran relevancia, como por ejemplo al dictar sus conferencias sobre las «Bases generales de la teoría de la relatividad» en el salón de actos públicos de la Universidad de Montevideo, al realizar anotaciones en su Diario de viaje por América del Sur o al responder las preguntas de los periodistas sobre determinados temas científicos. No obstante, la principal aspiración de esta investigación será la de mostrar no al científico, sino al hombre. Y más exactamente, una imagen muy particular que dejó Einstein durante su paso por el Uruguay, que fue la de una persona humilde, bondadosa, de buen humor, sencilla en sus costumbres y profundamente agradecida por la hospitalidad uruguaya.
Finalmente, esta investigación permitirá conocer también a los «personajes secundarios» que tuvo la visita de Einstein a Uruguay. Durante su estadía en el país, el físico estuvo en contacto con una gran cantidad de personalidades: científicos, políticos, profesores, estudiantes, integrantes de la comunidad judía, artistas… Muchos de ellos —como el filósofo Carlos Vaz Ferreira, el doctor Luis Alberto de Herrera o el músico Eduardo Fabini— son bien conocidos por el público uruguayo y perfectamente identificados con la historia del país; sin embargo, este trabajo permitirá también visibilizar a otros personajes que, si bien no son tan conocidos, cumplieron un rol importantísimo en la llegada del sabio a Montevideo, así como en el desarrollo de su rica agenda de actividades. Por añadidura, este trabajo permitirá vislumbrar también ciertos aspectos de la realidad histórica y las condiciones sociales y culturales del Uruguay de 1925, completando la escenografía de la visita de Einstein a nuestro país.
Para llevar a cabo esta investigación he recurrido a diversas fuentes. Por supuesto, me han resultado de gran utilidad las investigaciones académicas de los historiadores modernos del viaje de Einstein a nuestro continente, como por ejemplo las realizadas por Mario H. Otero, Eduardo L. Ortiz, Alejandro Gangui y Alfredo Tiomno Tolmasquim, entre otros. Asimismo, me he valido de la obra de los «relativistas uruguayos» de la década de 1920, como Amadeo Geille Castro, Enrique Loedel Palumbo, José Llambías de Olivar y José Claudio Williman. También me resultaron útiles los documentos históricos y las informaciones y orientaciones recibidas gracias a la generosidad de diferentes instituciones, como la Biblioteca Nacional de Uruguay, el Archivo General de la Nación, el Archivo Central de la Facultad de Ingeniería, la editorial Princeton University Press, el Archivo General de la Universidad de la República, la Biblioteca del Poder Legislativo, la Asociación de Ingenieros del Uruguay, la Comunidad Israelita del Uruguay y la Embajada de Alemania en Montevideo, entre otras. Pero por sobre todo, mi principal fuente de información fueron los diarios, periódicos y revistas culturales de 1925, en los que existen decenas de artículos y notas de prensa en los cuales es posible encontrar una gran cantidad de datos sobre la estadía de Einstein en Montevideo.
Uno de esos periódicos, el diario uruguayo El Día, publicó el martes 24 de marzo de 1925 la siguiente nota editorial:
Es Einstein, el famoso autor de la teoría de la relatividad, uno de los valores inconmensurables de la humanidad que piensa. Sus atrevidas concepciones en el mundo de las ciencias físicas y matemáticas revolucionaron las más fundamentales teorías que hasta ayer se aceptaron como ley del Universo y han conseguido, como decíamos, que la familia humana apartase sus ojos del misterio de la Vida y del Espacio para cegarse en el resplandor de su genio formidable, que abre a la meditación de todos los hombres y a la preocupación de todos los sabios asombrosas interrogantes.
Vaya, pues, nuestro saludo al pasajero insigne, orgullo de la especie, que ha encarado, audaz, el secreto de la Vida y rindámosle a su breve pasaje por estos cultos pueblos, sedientos de luz, el tributo de nuestra admiración unánime.
Es mi deseo que este libro sea interpretado también como un tributo hacia ese personaje tan asombroso y enigmático que fue Albert Einstein, a la vez que un saludo de admiración, a una distancia de casi un siglo, hacia uno de los episodios más significativos de la historia uruguaya en el siglo XX.
Cronología de la estadía de Einstein en Uruguay (1925)
Martes 24 de marzo
En su viaje rumbo a la ciudad de Buenos Aires a bordo del buque alemán Cap Polonio, Albert Einstein se detuvo por unas pocas horas en la dársena del puerto de Montevideo, donde recibió los primeros saludos oficiales y concedió entrevistas a periodistas uruguayos y argentinos.
Viernes 24 de abril
A las 8.00, Einstein llegó al puerto de Montevideo en el vapor de la carrera Ciudad de Buenos Aires, proveniente de Argentina, siendo recibido por autoridades de la Universidad de Montevideo, la Asociación Politécnica del Uruguay, el Centro de Estudiantes de Ingeniería y Agrimensura, la Facultad de Ingeniería y Ramas Anexas, el Ministerio de Relaciones Exteriores, la colectividad judía local y público en general.
El Consejo de Administración Departamental le ofreció alojamiento en el Parque Hotel, pero Einstein declinó la invitación, pues ya había acordado alojarse en la residencia particular de su amigo ruso-judío Nahum Rosemblat, ubicada en la avenida 18 de Julio 1515, en el Centro montevideano.
Realizó un paseo a pie por las calles de la ciudad en compañía de Rosemblat.
Mantuvo un famoso encuentro con el filósofo uruguayo Carlos Vaz Ferreira en la plaza Artola (hoy Plaza de los Treinta y Tres o, como se la conoce popularmente, Plaza de los Bomberos) de Montevideo.
A la tarde, Einstein recibió otra vez a Vaz Ferreira en su alojamiento, para continuar el diálogo iniciado, así como al ministro plenipotenciario de Alemania y a integrantes de la Junta Directiva del Ateneo de Montevideo.
Sábado 25 de abril
A las 9.30, Einstein recibió a una delegación de la colectividad judía de Montevideo.
A las 10.00 el físico recorrió la ciudad acompañado por el ingeniero Amadeo Geille Castro y dos estudiantes de Ingeniería, con quienes llegó hasta el Prado y visitó la escuela pública ubicada en la antigua Quinta de Castro.
Por la tarde, a las 17.30, en el salón de actos públicos de la Universidad de Montevideo, luego de ser recibido por el rector Elías Regules, Einstein dictó su primera conferencia sobre «Bases generales de la teoría de la relatividad» ante una espectacular concurrencia de público.
Por la noche asistió a una función de ópera en el teatro Solís en la que se presentó La traviata, de Giuseppe Verdi, por una compañía alemana.
Domingo 26 de abril
A las 9.00 Einstein ofreció la única conferencia de prensa colectiva programada ante los periodistas durante toda su estadía en Montevideo, la cual se realizó en la residencia del señor Rosemblat.
Culminada esta instancia, el físico emprendió un recorrido en auto por la ciudad en el que visitó la rambla, el parque Rodó y la zona de Trouville.
A la tarde, en compañía del presidente del Consejo de Administración Departamental, el ingeniero Luis P. Ponce, Einstein realizó un nuevo paseo por la rambla, ocasión en la que conoció el Hotel Casino Carrasco y la zona de Punta Gorda.
En compañía de Carlos Maggiolo, la familia Rosemblat y el embajador de Alemania, asistió al teatro Solís para ver Lohengrin, de Richard Wagner.
Lunes 27 de abril
Por la mañana visitó la Compañía de Materiales para Construcción de Bella Vista y las obras de edificación del Palacio Legislativo, acompañado por el presidente del Senado, Juan A. Buero; su secretario personal, el ingeniero Amadeo Geille Castro, y el decano de la Facultad de Ingeniería y Ramas Anexas, Carlos M. Maggiolo.
Escribió una carta en alemán dirigida a sus hijastras, Ilse y Margot.
A las 15.00 Einstein fue presentado al presidente de la República Oriental del Uruguay, el ingeniero José Serrato.
A las 17.30 el físico pronunció su anunciada segunda conferencia en el salón de actos públicos de la Universidad de Montevideo, profundizando en el tema «Bases generales de la teoría de la relatividad».
A la noche, compartió una velada familiar en casa de los Rosemblat.
Martes 28 de abril
Einstein asistió a una recepción ofrecida en su honor por parte de la colectividad alemana que residía en Uruguay, realizada a las 18.00 en las instalaciones del Club Alemán.
Más tarde, el físico concurrió a un banquete ofrecido en su honor por parte de la colectividad judía de Montevideo, el cual tuvo lugar en el Hotel del Prado.
Miércoles 29 de abril
A las 10.00 Einstein visitó la Facultad de Ingeniería y Ramas Anexas, donde fue homenajeado por el centro de estudiantes, que le entregó un diploma que lo acreditaba como socio honorario de la institución y una placa de oro conmemorativa.
Luego del mediodía, Einstein asistió al Cabildo de Montevideo para recibir el saludo que le tributó la Cámara de Senadores de la República, instancia en la cual el presidente del cuerpo, el doctor Juan A. Buero, pronunció un encendido discurso en su honor.
A las 17.30, pronunció su tercera y última conferencia en el salón de actos públicos de la Universidad de Montevideo.
Luego, escribió una carta en francés dirigida al filósofo Carlos Vaz Ferreira.
A la noche Einstein fue invitado a una recepción en su honor en la Legación Alemana, a la que asistieron políticos y científicos uruguayos.
Jueves 30 de abril
Por la mañana el físico concurrió al cine, donde presenció un documental sobre una expedición al Polo Sur y una película de Charles Chaplin: El falso pastor.
El Consejo Central Universitario, en sesión extraordinaria, decidió otorgar a Einstein el título de profesor honorario de la Universidad de Montevideo.
Accediendo a una gentil invitación, Einstein realizó un paseo en yacht por el Río de la Plata.
A las 18.00, el físico visitó la Asociación Politécnica del Uruguay (que más tarde sería la Asociación de Ingenieros).
A las 21.00 asistió a un fastuoso banquete en su honor ofrecido por la Universidad de Montevideo en el Parque Hotel. Al evento concurrieron autoridades del gobierno y de la academia, así como profesores y estudiantes. En la ocasión se le entregó al sabio el diploma que lo acredita como profesor honoris causa de la Universidad de Montevideo.
Viernes 1º de mayo
A las 8.00, Einstein partió en el vapor francés Valdivia rumbo a Río de Janeiro, Brasil, donde permanecería una semana antes de regresar a Europa. A bordo de este buque redactó los recuerdos de su estadía en Uruguay en el Diario de viaje por América del Sur.
CAPÍTULO 1
Einstein, el viajero ilustre
¿Quién era Einstein, el famoso físico alemán que en 1925 visitó Uruguay?
Albert Einstein nació el 14 de marzo de 1879 en el seno de una familia judía en la ciudad de Ulm, en el reino de Wurtemberg, por entonces parte del Imperio alemán. Sus padres, Hermann Einstein y Pauline Koch, descendían de modestos comerciantes y vendedores ambulantes que, como la mayoría de las familias judías de Europa, habían asimilado las costumbres locales, no siendo ni religiosos ni seguidores de las tradiciones judías.
De niño, Einstein tuvo problemas para aprender a hablar y sus padres pensaron que padecía algún tipo de retraso. Era solitario, tímido, introvertido y silencioso, pero también rebelde, malhumorado y muy curioso. Una vez, su padre le regaló una brújula y él quedó fascinado con el funcionamiento de aquel aparato. ¿Por qué la aguja señalaba siempre hacia el mismo sitio, aunque el instrumento se moviera en cualquier dirección? Aquel momento marcó su vida para siempre; la experiencia le dejó una impresión profunda y duradera, sugiriéndole que algo maravilloso acecha detrás de las cosas más triviales.
En 1880 la familia Einstein fijó su residencia en Múnich, donde su padre y su tío Jacob fundaron la empresa de ingeniería de suministro eléctrico y de gas Einstein & Cie. Al año siguiente nació la hermana menor de Albert, Maria («Maja»), una de las personas más importantes en la vida del físico.
Hacia 1885 su madre le hizo un regalo muy especial: un violín, que el sabio conservaría durante toda su vida. Con el tiempo, Einstein se convirtió en un excelente ejecutante de las piezas de sus autores favoritos, como Mozart, Bach, Beethoven, Schubert, Händel, Warner y Strauss. Para el científico la música no era una mera diversión, sino un reflejo de su amor por la armonía del universo; además, le ayudaba a pensar y concentrarse y fue su refugio en momentos de soledad o tensión creativa.
En la infancia asistió a una escuela católica, la Petersschule, siendo el único estudiante judío entre setenta alumnos. En 1889 se inscribió en el Luitpold Gymnasium de Múnich, reconocida institución progresista que hacía hincapié en la enseñanza de las ciencias. En la escuela secundaria no fue un estudiante brillante. Era de los primeros de su clase en matemática y llegó a aprender geometría y álgebra por su cuenta; sin embargo, resultó ser pésimo en idiomas, presentando enormes lagunas en sus conocimientos de francés. Manifestó también un severo rechazo hacia los monótonos métodos de enseñanza vigentes en Alemania; esto lo llevó más de una vez a conflictos con sus profesores, uno de los cuales llegó a vaticinar que «jamás conseguiría nada importante en la vida».
Ante la ruina del negocio de su padre, en 1894 la familia de Einstein se trasladó a Milán, Italia. Sin embargo, el joven Albert, que ya mostraba vocación y talento para las ciencias, permaneció en Múnich para terminar sus estudios. De todos modos, nunca llegó a recibir un diploma y al año siguiente viajó a Italia a reencontrarse con su familia. Su plan era preparar por su cuenta los exámenes de admisión a la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, Suiza, una respetable institución de enseñanza que no exigía diploma secundario para admitir estudiantes con tal de que fueran capaces de demostrar sus conocimientos en diferentes áreas. Su preparación autodidacta le permitió aprobar física y matemática con holgura, pero reprobó todo lo demás: literatura, zoología, botánica, política y francés. Las cosas no pintaban bien para Einstein, ya que sin un diploma nadie lo tomaría en serio y no podría cumplir su sueño de dedicarse a la física teórica.
Por consejo de un profesor, decidió entonces pasar todo el año de 1895 estudiando en una escuela preparatoria en Aarau, a 40 kilómetros de Zúrich, de modo de mejorar sus conocimientos y repetir los exámenes de ingreso al politécnico al año siguiente. Así, se estableció en esa pequeña ciudad con ayuda de parientes locales, dando inicio a uno de los períodos más felices de su vida. Einstein se sintió encantado por el estilo de vida y las costumbres de Suiza, y cada vez que la ocasión se lo permitía regresaba de vacaciones a visitar aquellos paradisíacos paisajes que tanto le habían gustado.
Mientras se encontraba en Aarau Einstein tramitó su renuncia a la ciudadanía alemana, en parte para poder adquirir la italiana —lo que, según pensaba, le facilitaría el ingreso a alguna universidad en Italia— y en parte por su desprecio por las escuelas autoritarias y la atmósfera militarista de Alemania. Además, al renunciar a la ciudadanía alemana evitaba realizar el servicio militar obligatorio, una posibilidad que lo aterraba. Posteriormente, estos hechos serían recordados por sus opositores, empeñados en caracterizarlo como un traidor a la patria.
Aquel año de 1896 fue también para Einstein tiempo de crisis religiosa. En la solicitud de renuncia a la ciudadanía alemana había declarado «sin confesión religiosa», una fórmula que reiteraría años después al solicitar la residencia en Zúrich y en varias otras ocasiones durante las dos décadas siguientes. Su sentimiento de desapego con respecto a los judíos de Múnich lo había distanciado de su tradición, con la que se reconciliaría recién hacia la década de 1920.
En 1896 ingresó por fin en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich para realizar sus estudios superiores, y se matriculó en 1900. En esos años escribió un artículo sobre termodinámica de superficies líquidas que fue publicado en la prestigiosa revista alemana Annalen der Physik (Anales de Física) y trabajó como profesor de Física y Matemática en algunas escuelas técnicas de Suiza. No obstante, a pesar de sus esfuerzos, no podía conseguir un puesto docente en ninguna universidad.
Hacia 1902, Einstein adquirió la ciudadanía suiza y poco después, gracias a un buen amigo suyo, el matemático Marcel Grossmann, consiguió un empleo en la Oficina de Patentes de Berna, ciudad a la que se mudó en compañía de su enamorada, la estudiante húngara Mileva Marić, antigua compañera de estudios en Zúrich. Aquel empleo no era lo que él quería, pero necesitaba el dinero y el trabajo le resultaba sencillo, dejándole tiempo libre para estudiar y pensar.
Hacia 1903, y en contra de la voluntad de sus padres, Einstein contrajo matrimonio con Mileva Marić, con quien tuvo dos hijos: Hans Albert y Eduard («Tete»).
En 1905, con tan solo 26 años de edad, mientras trabajaba en la Oficina de Patentes de Berna, Einstein presentó cinco de sus contribuciones más importantes a la ciencia moderna a Annalen der Physik.
En el primero de esos artículos, «Sobre un punto de vista heurístico concerniente a la producción y transformación de la luz», dio una explicación del «efecto fotoeléctrico», la generación de corriente eléctrica debido a la incidencia de la luz en un metal. Allí, Einstein sostuvo que la luz podía concebirse no solo como una onda de energía que viaja a través del éter, sino como un conjunto de partículas diminutas llamadas «fotones» —«cuantos» o «átomos de luz»—, hito fundacional de la física cuántica.
El segundo, «Una nueva determinación de las dimensiones moleculares», era una reescritura de la tesis doctoral que había presentado en la Universidad de Zúrich en 1901 y versaba sobre un original método para determinar las dimensiones moleculares a partir de la difusión y la viscosidad de soluciones diluidas de sustancias neutras, en épocas en que la existencia de los átomos todavía era objeto de polémica.
El tercero, «Sobre el movimiento de partículas pequeñas suspendidas en líquidos en reposo exigido por la teoría cinético-molecular del calor», explicaba el errático movimiento de las partículas microscópicas en un líquido empleando un análisis estadístico de colisiones aleatorias conocido como «movimiento molecular browniano», y para ello proponía la existencia real de átomos y partículas, aportando nuevos elementos a la hipótesis atómica.
En el cuarto, «Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento», Einstein realizó una serie de experimentos mentales para problematizar el concepto de «simultaneidad», proponer la sorprendente conclusión de que la velocidad de la luz en el vacío tiene un valor universal y descartar la concepción newtoniana de un tiempo y un espacio absolutos. Es lo que se conoce como «teoría de la relatividad especial» (o «restringida»).
Finalmente, el quinto, «¿Depende la inercia de un cuerpo de su contenido de energía?» —que en realidad es un apéndice del anterior—, postulaba la equivalencia entre masa y energía. Vale decir que todo cuerpo, por el mero hecho de tener masa, tiene energía; de ahí surgió la ecuación más famosa de la historia de la física: E = mc2, que no figuraba en el artícul
