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Inversión en criptomonedas

Andrea Redondo

Fragmento

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Prólogo

El mundo de las criptomonedas, la blockchain y los NFT puede ser confuso, abrumador y muchas veces incluso peligroso.

Siempre que aparece una nueva tecnología suele pasar por varias fases; al principio solo los inventores y los extremadamente apasionados la utilizan, pero poco a poco van llegando más personas al ecosistema.

Los inicios de la blockchain y las criptomonedas fueron tumultuosos; eran pocos los que apostaban por esta tecnología y muchos los escépticos, entre los cuales me incluía.

Además, como había tanto dinero de por medio, aparecieron estafadores, oportunistas, gente mal intencionada que intentaba llevarse parte del pastel, y distinguir lo verdaderamente relevante de entre tanto ruido era una tarea muy difícil.

Por eso yo tardé años en dar el paso para entender la tecnología e invertir en ella.

¿Qué me llevó a hacer el clic para, por fin, interesarme por este apasionante ecosistema?

Muy sencillo, empecé a escuchar a personas capaces de articular y explicar correctamente de qué iba todo esto.

Han sido muchas horas de aprendizaje, análisis y, sobre todo, selección de las personas adecuadas, ya que, por desgracia, los oportunistas y estafadores no se han ido del todo.

Poco a poco fui tirando del hilo y entendiendo conceptos que me hicieron invertir con firmeza y seguridad.

Comprendí que esto no trata de hacerse rico en un par de meses. Esto trata de entender una tecnología que muy probablemente lo cambie todo.

Es la primera vez que tenemos propiedad privada en internet, algo que hace unos años era inconcebible; internet era una máquina de réplicas infinita, no había forma de solventar el problema de hacer copias de documentos, imágenes, vídeos o dinero.

Es cierto que aún está todo en pañales y que queda mucho por construir, pero eso debería alegrarte, ¡significa que has llegado muy temprano a toda esta revolución!

En este libro mi amiga Andrea te va a solucionar muchos de los problemas que yo tuve al adentrarme en este mundo, desde la historia de la blockchain hasta la creación de una estrategia sólida para acabar invirtiendo en lo que será el futuro de las finanzas e internet.

¡Espero que lo disfrutes tanto como yo!

EUGE OLLER

Fundador de Emprende Aprendiendo,

Bookers y No solo un JPG

Introducción

El dinero está siempre presente en nuestro día a día. Nos pasamos la vida trabajando para conseguirlo, y pensamos en él al ahorrarlo, gastarlo o invertirlo. Puede definir nuestro estatus social y comprometer nuestros valores morales más profundos como individuos y de forma colectiva, como sociedad.

Las criptomonedas también pueden servir como medio de pago, así que tienen el potencial de participar en nuestra vida como lo hace el dinero fiduciario hoy.

Nos encontramos en un momento increíble de la historia, tanto desde el punto de vista de la evolución humana y tecnológica como de las oportunidades de inversión que se nos presentan.

La blockchain y las criptomonedas suponen un auténtico cambio de paradigma, una revolución por lo que se refiere a cómo concebimos nuestra vida actual y futura.

Es fundamental entender desde el principio que las criptomonedas son más que un simple medio de pago digital.

No me ruborizo al reconocer que comencé a invertir en criptomonedas, hace ya muchos años, antes de entender su historia y la tecnología que hay detrás. Si bien fueron inversiones muy rentables, considero que mis beneficios iniciales respondieron más al azar que a mi buena operativa, pues las condiciones de mercado de aquel momento jugaron a mi favor.

Con el tiempo he podido comprobar con mi capital y mi cartera de inversión que es posible invertir en criptomonedas y ganar dinero de forma consistente incluso en épocas de mercados bajistas. De hecho, gracias a las criptomonedas se pueden obtener rentabilidades inauditas en otro tipo de inversiones tradicionales, como podrían ser la bolsa o las inversiones inmobiliarias. Pero alcanzar el éxito al invertir en criptomonedas es imposible si, entre otras cosas, no entendemos la historia de la moneda y, sobre todo, la tecnología que ha posibilitado la aparición de este activo tan novedoso y disruptivo.

Lo cierto es que la tecnología es bastante compleja, como también el ecosistema que se ha creado en torno a las criptomonedas.

Esta inversión conlleva riesgos significativos si no se cuenta con unos cimientos sólidos sobre inversiones. No es oro todo lo que reluce en un mundo aún tan nuevo, en el que todavía reina la incertidumbre respecto a su rumbo y que algunos tachan de mera burbuja especulativa.

Este libro nace, pues, con la voluntad e ilusión de compartir contigo las bases sobre la blockchain y las criptomonedas para que puedas invertir en ellas de manera inteligente, además de que encuentres el equilibrio entre rentabilidad, riesgo y tiempo de implementación de la inversión.

Por tanto, aunque está pensado desde un enfoque inversor, tiene un propósito más amplio: concienciarte del cambio de paradigma que suponen las criptomonedas y cómo puedes beneficiarte de ellas en las distintas facetas de tu vida cotidiana.

El tema que vamos a tratar es muy amplio, complejo y cambiante, por lo que ha sido preciso simplificar aquí ciertos conceptos. De igual manera, algunos aspectos de la inversión pueden haber evolucionado entre el momento en que escribo estas líneas y tú las lees.

También debes saber que no soy experta en programación ni una geek del mundillo, aunque sí una persona muy curiosa y sedienta de conocimiento, que lleva cerca de veinte años invirtiendo y que ha querido aunar sus conocimientos y experiencia en otras inversiones para obtener buenas rentabilidades gracias a las criptomonedas.

Comencé invirtiendo en bolsa y en el mercado inmobiliario, y después expandí mis inversiones a las materias primas, los negocios (tanto físicos como online) y las inversiones alternativas, como el crowdlending, el crowdfunding, el whisky y, cómo no, las criptomonedas. Los ingresos pasivos que genero a través de mis distintas inversiones me han permitido alcanzar la libertad financiera desde hace años, y ahora deseo compartir todo lo que he aprendido por el camino a través de obras como esta y mi proyecto de divulgación llamado El Club de Inversión,[1] canal mediante el cual he ayudado ya a miles de personas a encaminarse hacia la libertad financiera.

En consecuencia, este libro tendrá un enfoque centrado en la inversión. Los conceptos técnicos que explico están pensados no para que te conviertas en un experto en programación (para eso hay libros mejores), sino para que inviertas con conocimiento de causa.

He intentado ser lo más imparcial y neutral posible al escribirlo, explicándote lo bueno y lo malo de la tecnología y la inversión, para que puedas decidir si las criptomonedas son una burbuja o una estafa o si, por el contrario, son revolucionarias, el nuevo El Dorado de los inversores de esta generación. En cualquier caso, no olvides investigar por tu cuenta (Do Your Own Research, DYOR) y tener un pensamiento crítico antes de realizar cualquier inversión.

Así pues, cubriremos juntos temas complejos que espero explicar de manera clara. No obstante, es imposible hablar de ellos sin aludir a conceptos técnicos específicos para esta inversión. Para no cargar el libro y abrumarte con abundantes notas al pie repletas de definiciones, he complementado el libro con un regalo: un glosario con más de doscientas cincuenta definiciones de los conceptos más relevantes para las inversiones en criptomonedas.

Si quieres descargártelo, accede al siguiente enlace e indica en qué correo electrónico te gustaría recibirlo.

www.elclubdeinversion.com/bonus-libro-criptos

La estructura del libro es la siguiente:

• Primera parte. Pasado y presente de las criptomonedas. Para entender por qué las criptomonedas son tan revolucionarias es preciso conocer el contexto histórico en el que se enmarcan. Veremos cómo pasamos de una economía regida por el trueque a una sociedad gobernada por el dinero fiat muy recelosa del poder omnipotente de los Estados sobre la vida de los ciudadanos. Por el camino hablaremos también de conchas marinas, del patrón oro, de la blockchain, de los contratos inteligentes y de las principales categorías de criptomonedas que existen.

• Segunda parte. Elementos clave que hay que tener en cuenta antes de invertir. Previo a invertir hay que tener en cuenta varios elementos fundamentales que determinarán el éxito (o fracaso) de nuestra inversión. Comenzaremos hablando de los distintos riesgos que presenta invertir en criptomonedas, como la ausencia de regulación, la falta de conocimiento, los robos y las estafas, la alta volatilidad y el hecho de constituir mercados fácilmente manipulables. A continuación nos referiremos a la psicología de las inversiones, fundamental para invertir con éxito. Proseguiremos con los ciclos de mercado de las criptomonedas, donde trataremos, entre otros, de los del bitcoin,(1) de su dominancia, del cripto invierno y de la altcoin season. Para terminar, hablaremos de cómo es posible establecer el precio y el valor de las criptomonedas tanto en función del análisis fundamental como del análisis técnico para invertir en los proyectos más sólidos y maximizar las probabilidades de tener éxito en nuestra inversión.

• Tercera parte. Estrategias de inversión en criptomonedas. Empezaremos con diez estrategias de inversión en el mundo cripto, incluyendo, entre otras, el trading, la minería, las ICO, los productos financieros, el gaming y los NFT. Después veremos en detalle las dos estrategias de inversión que considero más accesibles y menos arriesgadas para los principiantes: el buy and hold (también conocido como HODL) y la generación de ingresos pasivos a través de las criptomonedas, tanto mediante plataformas centralizadas como de los protocolos descentralizados (decentralised finance o DeFi).[2] Esta parte del libro te permitirá comenzar a realizar tus primeras inversiones en criptomonedas, aunque es fundamental que tengas en cuenta el contenido completo si quieres hacerlo con éxito y de manera sostenible en el largo plazo.

• Cuarta parte. Gestión de la inversión. La gestión es importante para cualquier inversión, máxime en criptomonedas por la naturaleza intangible y volátil de los activos en los que se invierte. Por eso comenzaremos hablando de cómo componer una cartera de inversión para que esté bien diversificada y adaptada a tu perfil. Abordaremos también cómo realizar el seguimiento de esta, así como la frecuencia con la que es aconsejable hacerlo. A continuación veremos cómo comprar criptomonedas en la práctica, haciendo hincapié en los exchanges, y explicaremos no solo qué son los exchanges centralizados (CEX) y descentralizados (DEX) y las diferencias entre ambos, sino también qué elementos debes tener en cuenta a la hora de escoger el más adecuado para ti. Por último, pero no por ello menos importante, indicaremos cómo poner a salvo tus criptomonedas y demás criptoactivos en los que inviertas. Señalaremos de qué debes protegerlos, compartiremos consejos para mejorar la seguridad de tu inversión, y hablaremos de qué wallets existen y cómo escoger la mejor en tu caso.

Si quieres tener un largo recorrido invirtiendo en el mercado de las criptomonedas, no debes limitarte a leer la tercera parte del libro, donde detallo las distintas estrategias de inversión en criptomonedas. Para invertir con pleno conocimiento de causa y de manera inteligente —minimizando el riesgo de pérdida y maximizando tus probabilidades de ganancias—, es preciso que conozcas las otras tres partes. No son de relleno, sino que te presentan las bases necesarias para entender la inversión y gestionarla de la mejor manera. Aunque los capítulos están escritos de forma independiente, el libro está minuciosamente reflexionado y redactado como un todo con cohesión interna para que pueda acompañarte en tu proceso de aprendizaje sobre el fascinante mundo de las criptomonedas.

Por último, quiero mencionar que el libro no ofrece asesoramiento en inversión; solo pretende sentar las bases para que puedas dar los primeros pasos de manera informada bajo tu responsabilidad.

Seguro que estás impaciente por comenzar a invertir en criptomonedas, pero antes tenemos mucho camino por recorrer. Así que, sin más dilación, vamos a por ello.

PRIMERA PARTE

Pasado y presente

de las criptomonedas

La historia de la humanidad es fascinante.

Al principio puede parecer lógico creer que la aparición del dinero fue una de las consecuencias de la evolución del ser humano hacia una sociedad más sofisticada e interdependiente de lo que lo era en la Edad de Piedra. Sin embargo, es también legítimo pensar que el dinero jugó un papel importante en el desarrollo de las civilizaciones.

En la historia existen numerosos ejemplos de épocas en las cuales, cuando existía un sólido patrón monetario de amplia aceptación, las sociedades eran más civilizadas, libres, prósperas, cultas y avanzadas.

El tiempo también ha mostrado que, en ausencia de un patrón monetario sólido, la sociedad se autodestruía, pues el comercio era limitado, había revueltas constantes, reinaba la insalubridad y los ciudadanos eran perseguidos tanto por razones religiosas como económicas.

Para entender cómo hemos llegado hasta el dinero digital descentralizado y la tecnología que lo respalda en la actualidad, debemos remontarnos unos diez mil años, hasta la prehistoria.

Al comprender por qué apareció la necesidad de disponer de medios de pago entenderemos la importancia que reviste el concepto de «confianza» en el objeto que sirve de dinero.

La pérdida de esperanza en los entes estatales centralizados desde el abandono de la convertibilidad del dólar estadounidense en oro en 1971, reforzada por los episodios de desequilibrios de las subprimes que desembocó en una crisis financiera mundial en 2008 y la recesión financiera provocada por la pandemia y los confinamientos en 2020, han impulsado el desarrollo tecnológico en favor de unos medios de pago descentralizados, encabezados por el bitcoin, la primera criptomoneda.

Este ejercicio de análisis del pasado del dinero tradicional nos permitirá, por ende, entender el nacimiento del bitcoin y de las criptomonedas que existen hoy.

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Contexto histórico

Hace unos diez mil años, durante el Mesolítico y el Neolítico (aproximadamente desde el año 8.000 a. C. hasta el 3.000 a. C.), la humanidad abandonó el estilo de vida nómada en favor de asentamientos permanentes. Así pues, los cazadores-recolectores del Paleolítico se convirtieron en esta etapa en agricultores-ganaderos sedentarios.

Esta nueva manera de alimentarse, mucho más eficiente que el nomadismo, implicó que pronto se comenzó a ver un excedente de producción alimentaria. Ciertas personas empezaron a dedicar su tiempo a otras labores, como la alfarería y la cerámica, el mimbre, las telas, etc. Esto marcó el comienzo de las economías productivas.

El trueque

Dado que cada persona producía bienes distintos, se debieron introducir reglas para el intercambio de esos productos entre ellas. El trueque o permuta presentaba la gran ventaja de permitir a las personas consumir alimentos diferentes, así como obtener objetos diversos, lo que ampliaba su capacidad de elección.

Pero pronto quedó claro que el trueque tiene serias limitaciones. La principal es que el intercambio ha de ser instantáneo y equitativo, y debe interesar a ambas partes desde un punto de vista tanto espacial como temporal.

A mayor número de bienes que pueden intercambiarse, más difícil será que coincidan los deseos y, de ese modo, encontrar una cadena de personas que estén todas de acuerdo con el trueque. Por consiguiente, en la práctica, el intercambio indirecto tampoco parecía una solución viable para una economía cada vez más sofisticada.

Características del dinero

La solución fue crear un instrumento de cambio, un medio de pago universal basado en la confianza entre los miembros de la comunidad.

De hecho, la traducción del término «confianza» en latín es fiducia, que da nombre a la moneda fiduciaria o dinero fiat tal como lo conocemos hoy, con los billetes y las monedas.

Así, a lo largo de todo el libro encontraremos esta idea de confianza, pues desempeña un papel preponderante por lo que respecta al dinero y a las inversiones. De hecho, «confianza» y «dinero» son dos conceptos casi indisociables.

Pero no hay que pensar en el dinero como monedas y billetes tal y como los conocemos ahora; hasta llegar al fiat actual, por el camino se han utilizado numerosos medios de pago.[1]

Cualquier objeto que vaya a servir como medio de pago debe tener un valor intrínseco y, además, cumplir tres funciones:

• Unidad de cuenta: Ser ampliamente aceptado como medida numérica común para expresar el precio de bienes, servicios, activos y deudas.

• Medio de intercambio: Utilizarse como medio de pago para saldar deudas en transacciones comerciales.

• Reserva de valor: Conservar su valor en el futuro y preservar el poder adquisitivo, para lo cual es preciso que la oferta del bien no aumente de manera drástica durante el tiempo que lo tenga.

En consecuencia, el dinero se puede definir como un bien para el que existe consenso a la hora de atribuirle el rol de instrumento de cambio ampliamente aceptado. El valor del dinero dependerá, por tanto, de la confianza que los usuarios hayan depositado en él.

Carl Menger, padre de la escuela austriaca de Economía, determinó en el siglo XIX que una de las propiedades esenciales que permite que un bien se considere como moneda es su «vendibilidad», es decir, la facilidad con la que se puede vender en el mercado, sufriendo su titular la menor pérdida de valor posible.[2]

Además de las propiedades descritas, para que un bien sea eficaz como medio de pago, debe también ser fungible, líquido, duradero, estable, portable y divisible.

El modelo stock-to-flow

Antes de seguir, es preciso ir introduciendo algún concepto técnico con el que nos encontraremos más adelante, cuando hablemos de los ciclos del bitcoin: el modelo stock-to-flow.

Este mide la fortaleza de los bienes que sirven como medio de pago. Para ello, se analizan y comparan dos indicadores.

Por un lado, las existencias (stock) de ese bien en la actualidad. Aquí se tiene en cuenta la producción total hasta la fecha restando todo lo que ha sido consumido o destruido en el pasado.

Por otro, el flujo (flow) es la producción adicional del bien en un periodo futuro determinado.

Si se comparan ambos indicadores, se puede ver la relativa abundancia o escasez de un bien concreto y, por consiguiente, determinar su fortaleza como moneda. Cuanto mayor sea la ratio entre ambos elementos, mayor será la «vendibilidad» del bien, pues aumentará la probabilidad de que mantenga su valor a través del tiempo. Así, mientras que las monedas fuertes son aquellas cuya oferta es difícil de aumentar, las débiles se enfrentan a considerables aumentos en la oferta.

Como es lógico, quienes opten por monedas fuertes y vendibles conseguirán acumular una mayor riqueza con el paso del tiempo.

No hay que perder de vista que la ratio stock-to-flow es dinámica. Lo que tal vez en el pasado tuviera una buena ratio y, por lo tanto, una buena fortaleza monetaria, puede perder esa propiedad. Un bien dejaría de servir como medio de intercambio si pierde la solidez en la que se apoyaba. Cuando esto ocurre, los dueños de las monedas se ven, de facto, expropiados de su riqueza, y esto, a su vez, puede conllevar la ruina a comunidades enteras.

En la historia existe una miríada de ejemplos de bienes que han perdido su estatus monetario por dejar de ser escasos al aumentar su oferta y, por ende, sus existencias. Con frecuencia, este aumento de su oferta viene impulsado por avances en la tecnología del momento.

El oro: medio de intercambio internacional

Históricamente, el bien que mayor ratio existencias-flujo ha tenido ha sido el oro. Ello se debe a que se trata de un mineral muy raro en la naturaleza, que cuenta con una oferta limitada, pues no se puede replicar de manera sintética. Además, su extracción es costosa, ya que la minería del oro requiere tiempo, dinero y esfuerzo, con el añadido de que es un proceso tóxico y los resultados son inciertos.

Esto, junto con el hecho de que tiene un elevado valor intrínseco y una gran estabilidad por sus excelentes propiedades físicas y químicas, han provocado que el oro se impusiera como un medio de intercambio en todo el mundo durante miles de años.

Sin embargo, tiene un gran inconveniente: debido a su peso y volumen, es muy difícil de transportar y necesita no solo ser almacenado, sino también protegido contra los robos.[3]

Por eso, poco a poco los orfebres se convirtieron no solo en creadores de las piezas de oro, sino también en sus custodios. Cuando las personas depositaban su oro, los orfebres emitían unos certificados, más transportables y, por consiguiente, más fácilmente intercambiables que el oro. El sistema funcionaba por la confianza que todo el mundo depositaba en los orfebres.

Con el tiempo, estos se dieron cuenta de que no todo el mundo retiraba su oro a la vez, por lo que decidieron emitir más certificados de los que hubieran correspondido a la cantidad de oro que atesoraban. Ello les permitía ganar más dinero sin correr el riesgo de quedarse sin reservas. Así surgieron, de hecho, los primeros bancos.

En el siglo XIX, esta práctica se había expandido por todo el planeta. La banca se fue refinando y modernizando, lo que permitía que la población realizase transacciones con papel moneda y con cheques respaldados por el oro que se encontraba resguardado tanto en las arcas de los bancos centrales como en las de los bancos comerciales.

Así pues, las transacciones estaban respaldadas por el oro. Eso catapultó el comercio internacional a un nivel sin precedentes, pues las principales economías del planeta consensuaron elegir el oro, una moneda sólida, como medio de intercambio internacional.

Por desgracia, el poder corrompe, y el dinero puede llegar a comprometer nuestros valores morales más profundos. Como las reservas de oro se encontraban en los bancos comerciales y centrales, los Gobiernos y la banca se aliaron para aumentar de manera legal la oferta de dinero papel muy por encima de las reservas de oro que atesoraban en sus arcas.[4]

De hecho, sigue siendo una práctica amparada por la ley, que solo delimita en qué condiciones la banca comercial puede hacerlo, ya que define el coeficiente de reservas que los bancos deben mantener en liquidez. Como es lógico, los requisitos de reservas varían de un país a otro, pues la legislación difiere, pero siempre es muy permisiva y favorable a los bancos y a la creación de dinero nuevo.

Existe una relación inversamente proporcional entre los tipos de interés y la creación monetaria a través de los bancos comerciales: cuanto más bajos sean los tipos, mayor será la demanda de préstamos (pues serán más baratos) y, por consiguiente, aumentará la creación de masa monetaria. Y cuanto mayor sea esta —lo que reduce la ratio stock-to-flow del dinero—, más se devaluará la moneda, ya que será menos escasa y, por tanto, menos valiosa.

Esto es fundamental para entender por qué la moneda fiat actual no es tan sólida como muchos creen y por qué la riqueza del ciudadano o empresa de a pie disminuye paulatinamente de manera sigilosa pero constante.

Estoy adelantando acontecimientos… Antes de ver cómo hemos llegado hasta aquí es preciso entender qué significa «patrón oro».

El patrón oro

En el siglo XIX, dos grandes avances tecnológicos permitieron dejar de usar las monedas físicas en favor del patrón monetario de papel respaldado por el oro: el rápido desarrollo de una extensa red de trenes a través del continente europeo y el telégrafo eléctrico, gracias al cual los bancos comenzaron a comunicarse con rapidez entre sí, lo que permitía realizar cargos a cuenta.

Así es como un número creciente de naciones comenzaron a adoptar el patrón oro, es decir, el patrón monetario de papel respaldado por metales preciosos atesorados en las cajas fuertes de los bancos. En consecuencia, los portadores de estos papeles podían canjearlos cuando lo desearan. Era, por lo tanto, un sistema basado en la confianza.

La primera nación en adoptar el patrón oro fue Gran Bretaña en 1717. Debido a la hegemonía de este país en el comercio internacional, pronto otras naciones se dieron cuenta de que ellas también debían contar con un patrón monetario sólido si querían seguir su senda, de manera que cada vez más países adoptaron el patrón oro.

De hecho, como ocurre con cualquier plataforma online, incluidas las que de una forma u otra utilizan las criptomonedas, en aquella época los efectos de red del patrón oro eran visibles: a mayor número de países que adoptaban el patrón oro, más aumentaba el incentivo de adoptarlo para otras naciones, pues era más fácil comercializar el oro a través de más territorios.

Con el patrón oro mundialmente extendido, realizar la conversión entre una divisa y otra era muy sencillo, ya que eran meras formas de medir el peso del oro físico, por lo que bastaba con realizar un simple cálculo.

Por consiguiente, la masa monetaria de cada país solo dependía —en teoría— de sus reservas de oro, porque existía esa confianza en el sistema y en los gobernantes que lo gestionaban.

Una de las mayores ventajas que produjo que las naciones más potentes del planeta operasen con el mismo patrón monetario fue la gran acumulación de riqueza que se dio a nivel global, el florecer de la industria y del comercio internacional, además del avance a

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