Ender en el exilio

Orson Scott Card

Fragmento

 

Presentación

 

Todo empezó cuando un reputado autor, editor y crítico como Ben Bova eligió, para publicar la primera historia de Card, la revista Analog, Science Fiction / Science Fact, el nuevo título que usa hoy la mítica ASTOUNDING de John. W. Campbell donde se hicieron famosos Asimov, Clarke, Heinlein y tantos otros. Se trataba de la novela corta ENDER’S GAME que le valió a Card el preciado Campbell Award de 1978 al mejor autor novel. Desde entonces, todo han sido éxitos para este autor «distinto» con una gran facilidad para alcanzar el éxito popular.

La curiosa serie de Ender es una de sus obras mas emblemáticas y en ese peculiar universo narrativo ha desarrollado Card ya casi una decena de novelas y algún que otro relato y novela corta. Lo más sorprendente es que los primeros cuatro volúmenes de la serie se centran en un mismo personaje, Ender Wiggin, mientras que los cuatro últimos desarrollan las historias de sus compañeros en la Escuela de Batalla.

Remito al lector interesado a la introducción a GUERRA DE REGALOS en la que se detalla la serie de Ender y la de su lugarteniente Bean (la Sombra de Ender). La novela que hoy presentamos, ENDER EN EL EXILIO, forma parte de la Saga de Ender y enlaza de manera original ambas subseries.

 

La serie de ENDER:

Las cuatro primeras novelas son (el año es el de la edición original en Estados Unidos):

EL JUEGO DE ENDER (1985, NOVA núm. 0) - Premios Hugo y Nebula.

LA VOZ DE LOS MUERTOS (1986, NOVA núm. 1) - Premios Hugo, Nebula y Locus.

ENDER, EL XENOCIDA (1991, NOVA núm. 50).

HIJOS DE LA MENTE (1996, NOVA número 100).

 

EL JUEGO DE ENDER trata de la formación de niños superdotados en la Escuela de Batalla (una estación en órbita terrestre), como estrategas militares capaces de vencer a la poderosa especie invasora de los «insectores», unos seres inteligentes que, como las hormigas o abejas de la Tierra, tienen «mentalidad colmena».

En EL JUEGO DE ENDER, el protagonista Andrew Wiggin, conocido como Ender, acaba exterminando sin saberlo (mientras juega a lo que él cree es una simulación informática utilizada como herramienta de formación) a esa especie inteligente de los «insectores» y se erige como el primer xenocida de una especie inteligente en el universo.

Tras EL JUEGO DE ENDER, el protagonista Ender marcha de la Tierra en cierta forma expulsado por el miedo que su capacidad estratégica provoca en los políticos que rigen el planeta. Ender se dirige a las colonias humanas que se están formando en los planetas que los «insectores» han abandonado (al morir las «reinas colmena» de los «insectores», destruidas por Ender, toda la especie desaparece y deja libre los planetas que había ocupado). En el siguiente libro de la serie inicial, LA VOZ DE LOS MUERTOS, se narra la llegada de Ender a la colonia Lusitania donde encuentra otra especie inteligente extraña e incomprendida: la de los «cerdis».

 

La serie de la SOMBRA DE ENDER:

Tras varios años, surgió una nueva serie protagonizada por Julian «Bean» Delphiki, el lugarteniente de Ender en la Escuela de Batalla:

La nueva subserie esta formada, hasta hoy, por:

LA SOMBRA DE ENDER (1999, NOVA número 137).

LA SOMBRA DEL HEGEMÓN (2001, NOVA número 145).

MARIONETAS DE LA SOMBRA (2002, NOVA número 160).

LA SOMBRA DEL GIGANTE (2005, NOVA número 196).

La serie de la SOMBRA DE ENDER recogía precisamente las aventuras, en la Tierra, en ausencia de Ender e inmediatamente después de la exterminación de los «insectores», por parte de los otros niños de la Escuela de Batalla que empiezan a actuar en el planeta como estrategas político-militares al servicio de diferentes potencias en una especie de juego de Risk a escala planetaria.

 

 

ENDER EN EL EXILIO se sitúa después de lo narrado en EL JUEGO DE ENDER y antes de LA VOZ DE LOS MUERTOS, y se erige en una especie de engarce con la serie posterior de la Sombra de Ender, gracias a un uso inteligente de los efectos relativistas.

Ender parte a la búsqueda del planeta en el que se habían reunido las «reinas colmena» de los «insectores» para intentar entender porqué se habían reunido en un único planeta haciendo a su especie tan vulnerable. Antes, llegará a la que será la primera colonia humana establecida en los planetas abandonados por los insectores, la Colonia Shakespeare. Hay una intriga con el comandante de la nave que lleva a Ender a ese planeta: el comandante desea ser el poder en la sombra detrás Ender o, cuando menos, volver a enviar a Ender a la Tierra para quedarse él con el poder. Ender, siendo un excepcional estratega, ve venir el golpe, lo previene y además se hace muy popular logrando un mejor estándar de vida para la gente del planeta.

Al mismo tiempo Ender investiga y descubre artefactos de los «insectores» que le acercan a la comprensión de esa insólita y peligrosa reunión de «reinas colmena». Luego, siguiendo su viaje, Ender acudirá a la Colonia Ganges para enfrentarse a un enemigo peligroso antes de seguir su viaje a Lusitania.

Todo ello con el sabor ya conocido de la gran habilidad narrativa de un experto como Orson Scott Card y de su dominio de los elementos morales y éticos que mueven a sus personajes, en este caso a un Ender adolescente con complejo de «xenocida» a la búsqueda de la razón del posible «suicidio» colectivo de las «reinas colmena».

Una historia entretenida que nos recuerda aquello que hizo tan famoso a un autor entrañable como es Orson Scott Card. Bienvenidos al festín.

MIQUEL BARCELÓ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para

Baydon Hilton

Jordan Hilton

Ricky Fenton

 

 

Romeo, Mercucio y Benvolio: seguís ganándoos mi confianza y admiración como compañeros de viaje por el sinuoso camino de la vida.

 

Contenido

Portadilla

Créditos

Presentación

Dedicatoria

 

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Nota del autor

Biografía

 

1

 

Para: jpwiggin@gso.nc.pub, twiggin@uncg.edu

De: hgraff%educadmin@ifcom.gob

Asunto: El regreso de Andrew a casa

 

Estimados John Paul y Theresa Wiggin:

Comprenderéis que durante el reciente intento por parte del Pacto de Varsovia por hacerse con el control de la Flota Internacional, nuestra única preocupación en EducAdmin fue la seguridad de los niños. Ahora por fin estamos en posición de empezar a organizar la logística del regreso de los niños a sus hogares.

Os garantizamos que durante su transferencia del control de la F.I. al control del gobierno de Estados Unidos, Andrew disfrutará de vigilancia continua y de una protección activa. Todavía estamos negociando en qué medida la F.I. seguirá ofreciendo su protección después de completada la transferencia.

EducAdmin está realizando todos los esfuerzos posibles para garantizar que Andrew pueda regresar a casa para disfrutar de la infancia más normal que sea posible. Sin embargo, me gustaría conocer vuestra opinión sobre la posibilidad de que siga aquí aislado hasta que concluya la investigación sobre las acciones de EducAdmin durante la pasada campaña. Es más que probable que se ofrezcan testimonios que pinten a Andrew y sus actos de la forma más dañina posible, para atacar a EducAdmin a través de él y de los otros niños. Aquí en el mando F.I. podemos impedir que conozca las declaraciones más graves que se hagan; en la Tierra, tal protección sería imposible y es más probable que se le requiera «testificar».

HYRUM GRAFF

 

Theresa Wiggin estaba sentada en la cama, sosteniendo la copia impresa de la carta de Graff.

—Se le requiera «testificar». Lo que significa que se le exhibirá como a un... ¿qué, un héroe? Probablemente un monstruo, ya que tenemos a varios senadores denunciando la explotación infantil.

—Eso le enseñará a salvar a la especie humana —dijo su esposo, John Paul.

—No es momento para bromas.

—Theresa, tratemos de ser razonables —respondió John Paul—. Deseo tanto como tú que Ender vuelva a casa.

—No, no lo deseas —dijo Theresa con fiereza—. No sientes continuamente dolor por las ansias de verle. —Incluso al decirlo, sabía que estaba siendo injusta, así que se tapó los ojos y se cubrió la cabeza.

Pero John Paul la comprendía y no discutió con ella sobre lo que sentía o dejaba de sentir como padre.

—Nunca recuperarás los años que nos han quitado, Theresa. No es el niño que conocíamos.

—Entonces, acabaremos conociendo al chico que es ahora. Aquí. En nuestro hogar.

—Rodeados de guardaespaldas.

—Ésa es la parte que me niego a aceptar. ¿Quién querría hacerle daño?

John Paul dejó el libro que ya no fingía leer.

—Theresa, eres la persona más inteligente que conozco.

—¡Es un niño!

—Ganó una guerra contra fuerzas increíblemente superiores.

—Disparó un arma. Que él no diseñó ni desplegó.

—Llevó el arma hasta el punto donde podía dispararla.

—¡Los insectores han desaparecido! Es un héroe, no un peligro.

—De acuerdo, Theresa, es un héroe. ¿Cómo va a ir a la escuela? ¿Qué profesor de octavo curso le va a aceptar en clase? ¿Qué baile escolar va a estar preparado para él?

—Llevará tiempo. Pero aquí, con su familia...

—Sí, somos un grupo humano tan cariñoso y acogedor, un nido de amor al que se ajustará con toda facilidad.

—¡Nos queremos unos a otros!

—Theresa, el coronel Graff simplemente intenta advertirnos que Ender no es sólo nuestro hijo.

—No es el hijo de nadie más.

—Sabes quién quiere matar a nuestro hijo.

—No, no lo sé.

—Todo gobierno que considera que el poder militar de América es un obstáculo para sus planes.

—Pero Ender no será militar, será...

—Esta semana no será un militar de Estados Unidos. Quizá. Ganó una guerra a los doce años, Theresa. ¿Qué te hace creer que nuestro benévolo y democrático gobierno no lo reclutará en cuanto regrese a la Tierra? ¿O que no lo ponga bajo custodia protectora? Quizá nos dejen ir con él y quizá no.

Theresa dejó que las lágrimas le corriesen por la cara.

—Entonces, estás diciendo que cuando se fue de aquí le perdimos para siempre.

—Simplemente digo que cuando tu hijo parte para la guerra, nunca le podrás recuperar. No tal como era, no como el mismo niño. Cambiado, si regresa. Así que deja que te haga una pregunta. ¿Quieres que venga al lugar donde correrá el mayor peligro o quieres que permanezca en un sitio relativamente seguro?

—Crees que Graff intenta que le digamos que deje a Ender en el espacio.

—Creo que a Graff le importa lo que le pase a Ender y nos hace saber... sin decirlo en realidad, porque toda carta que envía se puede usar contra él en el tribunal... que Ender corre mucho peligro. Ni diez minutos después de la victoria de Ender, los rusos intentaron su jugada brutal por el control de la F.I. Sus soldados mataron a miles de oficiales de la F.I. antes de que la F.I. les obligase a rendirse. ¿Qué habrían hecho de haber ganado? ¿Habrían traído a Ender a casa y le habrían organizado un gran desfile?

Theresa ya sabía todo eso. Lo había sabido, al menos visceralmente, desde que había leído la carta de Graff. No, lo había sabido desde antes, lo había intuido como un temor desagradable desde que supo que la guerra contra los insectores había terminado. Ender no volvería a casa.

Sintió la mano de John Paul en el hombro. La apartó con un estremecimiento. La mano regresó, acariciándole el brazo mientras ella seguía tendida, dándole la espalda, llorando porque sabía que había perdido la discusión, llorando porque ni siquiera ella defendía su posición en la discusión.

—Cuando nació sabíamos que no nos pertenecía.

—Nos pertenece.

—Si vuelve a casa, su vida pertenecerá al gobierno que tenga el poder de protegerle y usarle... o matarle. Él es el activo más importante que ha sobrevivido a la guerra. La gran arma. Eso es todo lo que será... eso y una celebridad tan enorme que de todas formas será imposible que tenga una infancia normal. ¿Y podríamos ayudarle, Theresa? ¿Comprendemos su vida durante los últimos siete años? ¿Qué padres podríamos ser para el chico... para el hombre en el que se ha convertido?

—Seríamos maravillosos —exclamó Theresa.

—Y lo sabemos porque somos padres más que perfectos para los niños que tenemos en casa.

Theresa se volvió para tenderse de espaldas.

—Oh, cielos. Pobre Peter. Debe de estar muriéndose por dentro ante la idea de que Ender vuelva a casa.

—Le estará paralizando.

—Oh, no estoy tan segura —dijo Theresa—. Apuesto a que Peter ya está pensando en cómo explotar el regreso de Ender.

—Hasta que descubra que Ender es demasiado inteligente para dejarse explotar.

—¿Qué preparación ha tenido Ender para enfrentarse a la política? Ha pasado toda su vida entre militares.

John Paul rio.

—Vale, sí, aunque por supuesto hay tanto politiqueo entre los militares como en el gobierno.

—Tienes razón —dijo John Paul—. Allí Ender está protegido por gente que pretende explotarle, sí, pero él no tiene que afrontar ninguna batalla burocrática. Probablemente, cuando se trata de maniobras como ésas, Ender no sea más que un cervatillo en el bosque.

—¿Así que Peter podría aprovecharse de él?

—No es eso lo que me preocupa, lo que me preocupa es lo que hará Peter cuando descubra que no puede aprovecharse de él.

Theresa volvió a sentarse y miró a su esposo.

—¡No puedes pensar que Peter levantaría la mano contra Ender!

—Peter no levanta su propia mano para hacer nada difícil o peligroso. Sabes que ha estado usando a Valentine.

—Sólo porque ella se deja usar.

—Precisamente a eso me refiero —dijo John Paul.

—Ender no corre peligro de su propia familia.

—Theresa, tenemos que decidir: ¿qué es lo mejor para Ender? ¿Qué es lo mejor para Peter y Valentine? ¿Qué es lo mejor para el futuro del mundo?

—¿Sentados en la cama, en medio de la noche, nosotros dos decidiremos el destino del mundo?

—Cariño, cuando concebimos al pequeño Andrew, decidimos el destino del mundo.

—Y lo pasamos bien mientras lo hacíamos —añadió ella.

—¿Volver a casa es bueno para Ender? ¿Será feliz?

—¿De verdad crees que nos ha olvidado? —preguntó Theresa—. ¿Crees que a Ender no le importa si vuelve a casa o no?

—Volver a casa dura un día o dos. Luego viene lo de vivir aquí. El peligro por parte de potencias extranjeras, la artificialidad de su vida en la escuela, la violación constante de su intimidad, y no olvidemos la ambición y la envidia insaciables de Peter. Así que vuelvo a preguntarte, ¿la vida de Ender aquí será más feliz que si...?

—¿Si se queda en el espacio? ¿Qué vida será ésa?

—La F.I. se ha comprometido: neutralidad total con respecto a lo que suceda en la Tierra. Si tiene a Ender, entonces todo el mundo, todos los gobiernos, serán conscientes de la inconveniencia de no enfrentarse a la Flota.

—Por tanto, no volviendo a casa, Ender seguirá salvando continuamente al mundo —dijo Theresa—. Tendrá una vida muy útil.

—Lo importante es que nadie más podrá aprovecharse de él.

Theresa adoptó su voz más dulce.

—¿Así que crees que deberíamos escribir a Graff y decirle que no queremos que Ender vuelva a casa?

—No podemos hacer nada de eso —dijo John Paul—. Le escribiremos y le diremos que estamos ansiosos por ver a nuestro hijo y que no creemos que los guardaespaldas sean necesarios.

A Theresa le llevó un momento comprender por qué él daba la impresión de estar invirtiendo por completo su postura anterior.

—Cualquier carta que enviemos a Graff —dijo Theresa— será tan pública como la que él nos envió. E igual de huera. Por tanto, no hagamos nada y dejemos que las cosas sigan su curso.

—No, querida mía —dijo John Paul—. Resulta que viviendo en nuestra casa, bajo nuestro techo, se encuentran los dos forjadores más influyentes de la opinión pública.

—Pero John, oficialmente no sabemos que nuestros hijos rondan por las redes, manipulando los acontecimientos por medio de la red de corresponsales de Peter y el talento brillantemente perverso de Valentine para la demagogia.

—Y ellos no saben que nosotros tenemos cerebro —añadió John Paul—. Parecen creer que las hadas les dejaron en casa, en lugar de haber recibido de nosotros el material genético para formar sus cuerpecitos. Nos tratan como muestras convenientes de la opinión pública ignorante. Por tanto... vamos a ofrecerles algunas opiniones públicas que les impulsarán a hacer lo que es mejor para su hermano.

—Lo que es mejor —repitió Theresa—. No sabemos qué es lo mejor.

—No —dijo John Paul—. Sólo sabemos lo que parece mejor. Pero hay una cosa segura... de eso sabemos más de lo que sabe cualquiera de nuestros hijos.

 

 

Valentine volvió del colegio con la furia hirviendo en su interior. Estúpidos profesores... en ocasiones la volvía loca hacer una pregunta y que el profesor le explicase pacientemente las cosas como si su pregunta fuese una indicación de la incapacidad de Valentine para comprender el tema, en lugar de evidenciar la incompetencia de ese profesor. Pero Valentine se quedaba sentada y se lo tragaba todo, mientras la ecuación aparecía en las holopantallas de todas las mesas y el profesor la repasaba punto por punto.

Luego Valentine trazaba un círculo alrededor del elemento del problema que el profesor no había tratado adecuadamente... la razón para que la respuesta no fuese la correcta. El círculo no aparecía en todas las mesas, claro; sólo el ordenador del profesor disponía de esa opción.

Y, por tanto, a continuación el profesor podía dibujar su propio círculo alrededor de ese número y decía:

—Lo que no comprendes en este caso, Valentine, es que incluso con esta explicación, si ignoras estos elementos sigues sin poder llegar a la respuesta correcta.

Lo que era una excusa más que evidente para proteger su ego. Pero por supuesto sólo era evidente para Valentine. Para los otros alumnos, que de todas formas apenas comprendían la materia (sobre todo porque se las explicaba un incompetente distraído), era Val la que había pasado por alto el detalle rodeado, aunque era precisamente ese elemento el que le había hecho plantear la pregunta.

Y a continuación el profesor le dedicaba esa sonrisa que manifestaba claramente: «No vas a derrotarme y a humillarme delante de esta clase.»

Pero Valentine no intentaba humillarle. Él no le importaba nada. Simplemente le preocupaba que la materia se enseñase lo suficientemente bien de forma que si, Dios no lo quisiera, algún alumno de la clase se convirtiera en ingeniero civil, sus puentes no se desmoronasen y matasen a alguien.

Ahí radicaba la diferencia entre ella y los idiotas del mundo. Todos intentaban aparentar ser listos y a la vez mantener su posición social, mientras que a Valentine no le importaba la posición social, sólo le importaba hacer las cosas bien. Obtener la verdad... allí donde pudiese encontrarse la verdad.

No le había dicho nada al profesor y nada a ninguno de los alumnos, y sabía que en casa tampoco la comprenderían. Peter se burlaría de ella por importarle tanto la escuela como para permitir que ese payaso de profesor le afectase. El padre examinaría el problema, señalaría la respuesta correcta y volvería a su trabajo sin darse cuenta de que Val no pedía ayuda, pedía conmiseración.

¿Y la madre? Estaría dispuesta a caer sobre la escuela y hacer algo al respecto, pasando al profesor sobre brasas. La madre ni siquiera oiría a Val explicando que no quería avergonzar al profesor, simplemente quería que alguien dijese:

—¡No es irónico que esta escuela especial y avanzada para chicos realmente inteligentes tenga un profesor que no conozca la materia que imparte!

A lo que Val respondería:

—¡Vaya si lo es! —Y se sentiría mejor. Como si alguien estuviese de su lado. Como si alguien lo comprendiese y no estuviese sola.

Mis necesidades son simples y escasas, pensó Valentine. Comida. Ropa. Un lugar cómodo para dormir. Y la ausencia de idiotas.

Pero, por supuesto, un mundo sin idiotas sería solitario. Incluso si a ella la dejaban entrar. No es que ella jamás cometiese errores.

Como el error de dejar que Peter la atase para ser Demóstenes. Él todavía creía que debía decirle a Val qué escribir cada día, después del colegio... como si, después de tantos años, no hubiese interiorizado por completo el personaje. Podía escribir los ensayos de Demóstenes incluso estando dormida.

Y si precisaba ayuda, no tenía más que prestar atención al padre pontificando sobre los asuntos mundiales... ya que parecía repetir todas las opciones belicosas, patrioteras y demagógicas de Demóstenes mientras afirmaba que no leía nunca sus columnas.

El padre se quedaría a cuadros si supiese que su dulce e ingenua hijita era la que escribía esos ensayos.

Entró enfadada en casa, fue directamente a por su ordenador, repasó rápidamente las noticias y se puso a escribir el ensayo que sabía que Peter le asignaría... una diatriba sobre cómo la F.I. no debería haber concluido las hostilidades con el Pacto de Varsovia sin exigir primero que Rusia entregase todas sus armas nucleares, porque, ¿no debería haber algún castigo por iniciar una guerra claramente agresiva? El vómito habitual de su antiavatar Demóstenes.

¿O soy yo, como Demóstenes, el verdadero avatar de Peter? ¿Me he convertido en persona virtual?

Clic. Un correo. Cualquier cosa sería mejor que lo que escribía.

Era de su madre. Le hacía llegar un correo del coronel Graff. Sobre los guardaespaldas de Ender al volver a casa.

—Pensé que te gustaría leerlo —había escrito su madre—. ¿No es EMOCIONANTE que el regreso a casa de Andrew esté TAN CERCA?

Deja de gritar, madre. ¿Por qué usas mayúsculas para dar énfasis? Es tan... infantil. Era lo que le había repetido a Peter varias veces. Madre no es más que una animadora.

La epístola de la madre seguía con el mismo tono. NO llevará NINGÚN tiempo preparar la habitación de Ender y ahora no parece haber ninguna razón para retrasar la limpieza del cuarto ni un SEGUNDO más, a menos que creas que Peter quiera COMPARTIR su cuarto con su hermanito para que puedan CONGENIAR y volver a ser ÍNTIMOS. ¿Y qué crees que Ender querrá tomar como su PRIMERÍSIMA comida en casa?

Comida, madre. Lo que sea definitivamente le resultará «tan ESPECIAL como para hacerle sentir QUERIDO y AÑORADO».

En cualquier caso, su madre era tan ingenua que se tomaba literalmente la carta de Graff. Val la releyó. Vigilancia. Guardaespaldas. Graff le enviaba una advertencia, intentando que su madre no se emocionase tanto por el regreso a casa de Ender. Ender correría peligro. ¿Su madre no lo comprendía?

Graff preguntaba si debían mantener a Ender en el espacio hasta que concluyesen las investigaciones. Pero para eso harían falta meses. ¿Cómo era posible que la madre se hubiese hecho a la idea de que el regreso a casa de Ender era tan inminente que había que apresurarse a limpiar todo lo que se había acumulado en su cuarto? Graff le pedía que solicitase que no le enviasen a casa todavía. Y su razón era que Ender corría peligro.

Inmediatamente, se alzó ante ella todo el espectro de peligros a los que se enfrentaba Ender. Los rusos darían por supuesto que Ender era un arma de Estados Unidos contra ellos. Los chinos pensarían lo mismo... que América, dotada de esa arma Ender, podría volverse agresiva penetrando de nuevo en la esfera de influencia de China. Las dos naciones respirarían mejor si Ender estuviese muerto. Aunque, por supuesto, tendrían que asegurarse de que el asesinato pareciese obra de algún movimiento terrorista. Lo que significaba que probablemente no se cargarían directamente a Ender, sino que probablemente volarían todo el colegio.

No, no y no, se dijo Val. ¡Sólo porque es precisamente lo que diría Demóstenes no significa que sea lo que tú debes pensar!

Pero la imagen de alguien volando a Ender por los aires, disparándole, o cualquier método que empleasen... Los métodos no dejaban de recorrer su mente. ¿No sería irónico (aunque típicamente humano) que la persona que salvó a la especie humana fuese asesinada? Sería como el asesinato de Abraham Lincoln o Mahatma Gandhi. Algunas personas no reconocían a sus salvadores. Y el hecho de que Ender continuara siendo un niño no les haría replanteárselo.

No puede volver a casa, pensó. Su madre jamás lo entenderá, jamás podría decírselo, pero... incluso si no le fuesen a asesinar, ¿cómo sería su vida aquí? Ender no era de los que reclamaban fama y posición, pero aun así todo lo que hiciese acabaría filmado en vídeos con gente comentando cómo se cortaba el pelo (¡Voten! ¿Les gusta o lo odian?) y qué asignaturas estudiaba (¿En qué se convertirá el héroe cuando sea mayor? ¡Voten para qué carrera creen que debería prepararse El Wiggin!).

Vaya pesadilla. No sería volver a casa. De todas formas, jamás podrían traer a Ender de vuelta a casa. El hogar que abandonó ya no existía. El niño al que habían sacado de ese hogar tampoco existía. Cuando Ender estuvo allí (no hacía ni un año), cuando Val fue al lago y pasó unas horas con él, Ender parecía viejo. Juguetón en ocasiones, sí, pero sentía el peso del mundo sobre los hombros. Ahora la carga había desaparecido... pero las consecuencias seguirían con él, le retendrían, le destrozarían su vida.

Los años de infancia habían pasado. Y punto. Ender no sería un niño creciendo para convertirse en un adolescente en casa de su padre y su madre. Ya era un adolescente (en años y en hormonas) y un adulto, por las responsabilidades que había soportado.

Si a mí la escuela me parece huera, ¿cómo sería para Ender?

Incluso mientras terminaba de escribir el ensayo sobre las armas nucleares rusas y el coste de la derrota, mentalmente iba estructurando otro ensayo. Uno que explicase por qué Ender Wiggin no debería regresar a la Tierra, porque se convertiría en el blanco de todo loco, espía, paparazzo y asesino, y le resultaría imposible llevar una vida normal.

Pero no lo escribió. Porque sabía que habría un gran problema: Peter lo odiaría.

Porque Peter ya tenía sus planes. Su personalidad online, Locke, ya había empezado a plantar los cimientos para el regreso de Ender. Valentine tenía claro que cuando Ender regresase, Peter tenía la intención de revelar que él era el verdadero autor de los ensayos de Locke... y por tanto, la persona que había concebido los términos del alto el fuego que todavía se mantenía entre el Pacto de Varsovia y la F.I. Peter tenía la intención de subirse a la fama de Ender. Ender salvó a la especie humana de los insectores, y su hermano mayor Peter salvó al mundo de una guerra civil justo después de la victoria de Ender. ¡Héroes por partida doble!

Ender odiaría esa fama. Peter la ansiaba tanto que tenía la intención de robar toda la de Ender que le fuese posible.

Oh, jamás lo reconocería, pensó Valentine. Peter ofrecería m

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