Politólogos...¿para qué?

Adolfo Garcé
Cecilia Rocha-Carpiuc

Fragmento

Politólogos… ¿para qué?

AUTORES

Nicolás Bentancur se desempeña como profesor titular en el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República. Es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, y magíster y licenciado en Ciencia Política por la Universidad de la República. Es también miembro del Sistema Nacional de Investigadores de Uruguay (nivel II).

Daniel Buquet es doctor en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO - México). Profesor titular en el Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. Investigador nivel II por el Sistema Nacional de Investigadores (ANII). Profesor invitado en diversas universidades de América Latina y Europa. Ha publicado varios libros y decenas de capítulos en libros y artículos en revistas especializadas en el ámbito nacional e internacional. Presidió AUCiP (2006 - 2007) e integró el Comité Ejecutivo de IPSA (2014-2018). Actualmente es secretario general de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (2019 - 2025).

Daniel Chasquetti es profesor titular e investigador del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (ANII), nivel II. Sus temas de interés son las relaciones entre el poder ejecutivo y el legislativo, los partidos políticos y los sistemas electorales. Ha escrito tres libros, numerosos capítulos de libros y artículos en revistas científicas como Legislative Studies Quarterly, The Journal of Legislative Studies, Journal of Politics in Latin America, etc.

Miguel De Luca es politólogo graduado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y doctor en Ciencia Política titulado en la Universidad de Florencia, Italia. Actualmente es profesor titular en Fundamentos de Ciencia Política 1 (Facultad de Ciencias Sociales) y Teoría del Estado (Facultad de Derecho) en la Universidad de Buenos Aires, e investigador de carrera en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

Adolfo Garcé García y Santos es doctor en Ciencia Política por la UdelaR, profesor titular en Régimen de Dedicación Total en el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales (UdelaR), y nivel II en el Sistema Nacional de Investigadores. Fue presidente de la Asociación Uruguaya de Ciencia Política (2014 - 2015). Sus principales temas de interés son el poder político de las ideas, la relación entre expertos y política, y los desafíos de la democracia uruguaya.

Camilo López Burian es profesor de Historia (Instituto de Profesores Artigas), magíster y doctor en Ciencia Política por la Universidad de la República (UdelaR). Profesor adjunto en Régimen de Dedicación Total en el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales y en el Grupo Docente de Política y Relaciones Internacionales de la Facultad de Derecho (UdelaR). Investigador nivel I del Sistema Nacional de Investigadores. Sus temas de investigación se concentran en relaciones internacionales, política exterior de Uruguay y políticas exteriores comparadas, política de Brasil, e historia política y vínculos transnacionales y accionar internacional de partidos y movimientos de ultraderecha.

Andrés Malamud es investigador principal en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa. Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, se doctoró en el Instituto Universitario Europeo (Florencia). Se especializa en procesos de integración regional, política exterior comparada y asuntos rioplatenses.

Rodrigo Martínez Rodríguez se desempeña como profesor e investigador ayudante en el Departamento de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, y en la Facultad de Derecho, Universidad de la República. Es licenciado y candidato a magíster en Ciencia Política en la misma Universidad, financiado por la Agencia Nacional de Investigación e Innovación.

Sofía Pandolfo Santurio realizó la Licenciatura en Ciencia Política y es estudiante de la Maestría en Ciencia Política en la Universidad de la República. Se desempeña como analista de datos en el sector público. Sus temas de investigación están vinculados a los estudios de género y políticas públicas, así como partidos y representación política.

Rosario Queirolo es Ph.D en Ciencia Política (University of Pittsburgh, 2008) y profesora titular en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Católica del Uruguay. Sus áreas de investigación son el comportamiento electoral, la opinión pública y las políticas de drogas. Es autora de The Success of the Left in Latin America. Untainted Parties, Market Reforms and Voting Behavior (University of Notre Dame Press, 2013). Ha publicado numerosos capítulos de libros y artículos en revistas como International Journal of Public Opinion Research, Journal of Elections, Public Opinion, and Parties, Colombia Internacional, Revista de Ciencia Política, Addiction, International Journal of Drug Policy, World Psychiatry, entre otras.

Verónica Pérez Bentancur es profesora adjunta en el Departamento de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República. Doctora en Ciencia Política por la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina). Sus temas de investigación se centran en asuntos de partidos y movimientos sociales, política y género, y crimen. Su trabajo ha sido publicado en revistas arbitradas como Comparative Political Studies, Politics & Gender, Politics & Society, Sociological Methods & Research, Urban Affairs, Comparative Politics, entre otras.

Paulo Ravecca es docente del Departamento de Ciencia Política de Saint Mary’s University. Su agenda de investigación moviliza marxismo, psicoanálisis, posestructuralismo y teoría pos y decolonial para explorar desafíos de la política contemporánea. Ravecca está particularmente interesado en el lugar que el saber, el pensamiento, la subjetividad y la narrativa ocupan en las relaciones de poder y en la democracia. Ravecca es autor de The Politics of Political Science: Re-Writing Latin American Experiences (Routledge 2019). Su trabajo ha aparecido en revistas académicas como International Political Sociology, Globalizations, Science in Context, Philosophy and Global Affairs, Las Torres de Lucca. Revista Internacional de Filosofía Política, Estudios Políticos, Jindal Global Law Review, entre otras.

Cecilia Rocha-Carpiuc es profesora adjunta en Régimen de Dedicación Total en el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República (UdelaR). Cursó su Doctorado en Ciencia Política en la Universidad Nacional de San Martín, la Maestría en Políticas Públicas y Género en FLACSO y la Licenciatura en Ciencia Política en UdelaR. Sus principales temas de interés son la representación política, las políticas públicas y la acción colectiva (con foco en desigualdades de género y diversidad), la economía política comparada y la historia de la ciencia política como disciplina en América Latina.

Matías Ruiz Díaz es licenciado en Ciencia Política y en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de la República (UdelaR) y candidato a magíster en Políticas Públicas por la misma institución. Se desempeña como asistente de investigación en el Departamento de Ciencia Política de la UdelaR y también en el sector público. Sus temas de investigación están vinculados a la descentralización funcional y territorial.

Jaime Yaffé es profesor de Historia (IPA) y doctor en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Sistema Nacional de Investigadores de Uruguay. Docente de la Facultad de Ciencias Sociales (UdelaR), Departamento de Ciencia Política. Autor y coautor de publicaciones sobre sus diversos temas de investigación. Entre ellas, los siguientes libros: La era progresista (2004), Al centro y adentro (2005), Vivos los llevaron (Trilce, 2005), La dictadura cívico militar (2009), Medio siglo de historia uruguaya, 1960 - 2010 (2012), Historia contemporánea de Uruguay, 1930 - 2010 (2014). Partidos y movimientos políticos en Uruguay. Historia y presente (2022), El Partido Socialista de Uruguay desde sus orígenes a nuestros días (2022).

INTRODUCCIÓN
Adolfo Garcé y Cecilia Rocha-Carpiuc

En 1989, Francisco Panizza, uno de los fundadores de la ciencia política1 uruguaya, se preguntó: “Mamá, ¿qué es un politólogo?”. El texto, brillante y provocativo publicado en Notas del CLAEH, dejaba entrever que algo nuevo, aunque de raíces viejas, empezaba a asomar en el panorama de las ciencias sociales en Uruguay.2

Efectivamente, hacia fines de los ochenta, apoyándose en lecciones de la Historia Política, en el legado de las primeras cátedras universitarias especializadas en la materia, en ensayos y trabajos de investigación elaborados durante la década del sesenta, en el programa académico impulsado por el Centro Latinoamericano de Economía Humana (CLAEH), en las primeras investigaciones de opinión pública y en el aporte de los primeros politólogos formados en el exterior, la nueva disciplina había comenzado a institucionalizarse y los politólogos a hacerse oír. El proceso de creación del Instituto de Ciencia Política en la Facultad de Derecho (1985-1989) de la Universidad de la República (UdelaR), la puesta en marcha, allí mismo, de la primera licenciatura (1989), y la creación de la primera (y única hasta la fecha) revista especializada en ciencia política del país –la Revista Uruguaya de Ciencia Política (1987)–, constituyen algunos de los hitos más significativos de esta etapa fundacional. El liderazgo académico de Jorge Lanzaro, en este momento clave, fue decisivo.3

La emergencia de la ciencia política en Uruguay es tardía en comparación con la aparición de otras ciencias sociales como la sociología y la economía (Pérez Antón, 1986; de Sierra, 2005; Garcé, 2005). Pero desde fines de los ochenta hasta el presente el campo experimentó un desarrollo acelerado. Rápidamente se multiplicó y calificó la oferta de programas de estudio. A la licenciatura de la UdelaR se sumó la de la Universidad Católica del Uruguay (1991). A los estudios de grado se agregó la instalación de la Maestría en Ciencia Política (1997) y la puesta en marcha del Doctorado en Ciencia Política en la UdelaR (2005). Junto con los programas de formación se desarrollaron los de investigación. Así, la naciente producción politológica local empezó a circular en revistas científicas y libros, primero en Uruguay y después fuera de fronteras. A la dimensión académica también se le fue sumando la dimensión profesional en sentido estricto. Durante las últimas tres décadas en particular, el campo de inserción laboral de los politólogos se ha ido expandiendo: poco a poco, empresas de opinión pública, medios de comunicación, oficinas del Estado en distintos niveles, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales fueron abriendo sus puertas y reclutando a egresados de los programas de formación en ciencia política.

La creación de la Asociación Uruguaya de Ciencia Política (AUCiP) en 2006 es otro hito clave en esta historia. La AUCiP, como asociación académico-profesional, se ha encargado, entre otras tareas, de realizar los primeros censos de politólogos, que permitieron conocer mejor quiénes y cómo somos los integrantes de esta comunidad, y reflejan las diversas aristas que componen el quehacer politológico en el país. La asociación también ha organizado los congresos uruguayos de ciencia política que se realizan de forma periódica (ocho hasta 2023), una instancia fundamental para la disciplina, entre otras razones porque favorece su internacionalización, es decir, el contacto con académicos y prácticas de otras latitudes.

Este punto es de la mayor importancia. Nuestra disciplina nació con un ojo puesto en el siglo XIX uruguayo y creció buscando reconstruir la evolución de nuestras instituciones y prácticas políticas. Pero también nació mirando al mundo, intentando sintonizar con las principales acumulaciones académicas a escala global y formar parte de redes internacionales de primer nivel. Esa marca inicial persistió, y ayuda a entender los desarrollos recientes en la dimensión de internacionalización de la disciplina. En este sentido podemos afirmar que la ciencia política uruguaya ha tenido, desde el principio, una naturaleza bifronte: recoge la densa tradición de reflexión sobre la política uruguaya, y a la vez recibe la influencia de los debates académicos internacionales.

La vocación universalista convivió desde el origen con el compromiso con el entorno. En el Instituto de Ciencia Política –que luego, cuando se creó la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR, se integró como uno de sus departamentos– fue habitual la organización de mesas redondas, seminarios y conferencias en las que académicos interactuaban con otros actores, especialmente con dirigentes políticos de todos los partidos. Este rasgo fundacional, que sigue siendo una seña de identidad de la ciencia política uruguaya, se manifiesta de distintas maneras, desde las actividades de vinculación con instituciones y actores públicos y privados en el marco de la extensión universitaria,4 hasta la participación en medios de comunicación requerida especialmente durante períodos electorales.

Nos importa mucho, en relación con este punto, adelantarnos a una confusión habitual y a una discusión clásica. La confusión a la que nos referimos es la de asimilar la ciencia política con el análisis de coyuntura política –en especial, electoral-, generalmente informado por estudios de opinión pública. Las encuestas son una vertiente muy importante de la ciencia política. En Uruguay es imposible reconstruir la legitimación social que ha tenido la disciplina sin el aporte fundamental realizado desde la restauración de la democracia en adelante por las empresas especializadas en opinión pública.5 Algo similar puede decirse del análisis de coyuntura política. Crecientemente los medios de comunicación han ido demandando la participación de politólogos en espacios destinados a descifrar estrategias y resultados electorales. Aunque el tema merece debates, a juzgar por la intensidad de la demanda, el aporte realizado en esta materia es apreciado por el público. En cualquier caso, encuestadores y analistas ayudaron a que la disciplina fuera conocida por la ciudadanía y el sistema político en general. La creciente visibilidad de los politólogos no se acota al análisis de coyuntura: la ciencia política también aporta insumos para mejorar la calidad de las instituciones, prácticas y políticas públicas. De hecho, cada vez es más frecuente que los politólogos sean convocados, desde distintos ámbitos, para discutir asuntos sustantivos que van más allá de lo electoral y partidario. Por mencionar solo algunos ejemplos recientes, los conocimientos producidos desde la academia han sido requeridos estos años para nutrir debates significativos respecto a la seguridad ciudadana, la política educativa, los cuidados o la paridad de género en política.

La ciencia política, como venimos advirtiendo en estas líneas introductorias, es entonces amplia y diversa. Los estudios de opinión pública y el análisis de coyuntura son apenas la punta del iceberg. De hecho, quienes participan en los medios de comunicación son una pequeña minoría de los politólogos que trabajan en Uruguay. La mayor parte de lo que hacen los politólogos, tanto en su cara académica como profesional, es menos visible para periodistas y público en general, y a veces también para los políticos. Algunos debates académicos no son fácilmente comunicables para quienes no forman parte del nicho de especialización en cuestión, o no necesariamente son temas considerados “de agenda” en lo inmediato, lo que hace que los resultados de algunas investigaciones puedan pasar desapercibidos fuera de la academia. Por otra parte, hay muchos profesionales formados en ciencia política que trabajan en puestos técnicos y/o de asesoramiento para organismos estatales, por ejemplo, apoyando en el diseño y la evaluación de las políticas públicas, cuya labor, a pesar del enorme apoyo que representa en el proceso decisorio, no se asocia comúnmente con el quehacer “típico” politológico, incluso para actores del mundo político.

Pasemos, ahora, de la confusión a la discusión. No hace falta ser un experto en epistemología para saber que uno de los debates más interesantes en torno a nuestra disciplina es el de si es posible, o no, producir conocimiento “objetivo” o “neutral”. Alcanza con recorrer las reacciones en las redes sociales a los análisis de los politólogos en los medios de comunicación para tomar nota de hasta qué punto esta cuestión forma parte del debate público. Dentro de la propia ciencia política (como en otras ciencias sociales) a nivel global tampoco hay una sola respuesta a esta pregunta. El debate es muy complejo, de orden filosófico, y no es posible desarrollarlo de forma detallada aquí. Pero, como mínimo, podemos distinguir dos grandes enfoques, según su base ontológica (la forma como se concibe la existencia de un mundo, el qué estudiamos) y epistemológica (referida a las formas en que podemos conocer ese mundo y que debe adoptar el conocimiento).

Según el enfoque positivista purista (o naturalista), las ciencias sociales son similares a otras ciencias físicas y naturales, el mundo existe como una realidad al margen de la mente del observador y puede conocerse en su totalidad. Además, esta visión parte de la premisa de que hay regularidades que rigen a los fenómenos de estudio y que son susceptibles de someterse a la investigación empírica. Al describir y analizar la realidad, el investigador puede separarse del objeto de estudio para observarlo con neutralidad y sin afectarlo (della Porta y Keating 2013, 34-35). Los enfoques interpretativistas, hermenéuticos o antinaturalistas, en cambio, se basan en otras premisas. Consideran que no es posible acceder al conocimiento social de forma análoga a las ciencias naturales, es decir, buscando leyes causales ahistóricas, ni eliminar los valores a la hora del estudio del comportamiento humano. Dado que el mundo es una construcción social, no es fácil separar objeto de estudio y sujeto de la investigación (Bevir y Blakely, 2018). Los investigadores deben descubrir los significados que motivan (y constituyen) las acciones humanas (Bevir y Rhodes, 2015) y las percepciones que los agentes tienen sobre el mundo exterior.6 Desde esta perspectiva, más que conocimiento objetivo lo que se puede conseguir son interpretaciones intersubjetivas inexorablemente teñidas de los datos del contexto (en especial, de las relaciones de poder) en el que fueron formuladas.7

Esta discusión, de orden general, tiene en nuestro país un componente adicional que la vuelve todavía más complicada. En pocos países los partidos políticos han sido y siguen siendo tan importantes como en Uruguay. Blancos y colorados nacieron junto con el Estado y lo fueron edificando, ladrillo a ladrillo. Los partidos han sido los principales constructores de nuestra cultura política. La competencia política, primero entre blancos y colorados, y luego entre el Frente Amplio, de un lado, y blancos y colorados, del otro lado, signó nuestra historia a lo largo de estos casi dos siglos de vida independiente. Los partidos son omnipresentes. Dejaron su huella en la prensa y en el fútbol, en los sindicatos y las universidades. Sin perjuicio de notables excepciones, como la de Carlos Vaz Ferreira, muchos de los intelectuales uruguayos más distinguidos han sido notorios simpatizantes de alguno de los partidos. En un país así, donde la política y los partidos han sido tan importantes, es especialmente difícil lograr que la sociedad confíe en que puede haber un conocimiento político “descontaminado” de divisas y banderas. Cuesta demasiado pensar que un alto grado de interés por los asuntos políticos (como el que, obviamente, tienen los politólogos) no vaya automáticamente de la mano de la adhesión a una identidad político-partidaria que influya en el quehacer de los practicantes de la disciplina. En un país así, es difícil escapar a la sospecha de la “partidización”. Más temprano que tarde termina cayendo, en particular sobre el politólogo que se sumerge en la discusión pública activamente, el estigma del agente, del cadete, del traficante de influencias, del impostor o del militante disfrazado de científico.

***

Sería muy difícil explicar el origen y la motivación que llevó a elaborar este libro solamente a partir de preocupaciones locales. La tendencia “introspectiva” de la ciencia política uruguaya, esto es, el creciente interés de los politólogos desde hace al menos quince años por la reconstrucción de la historia de su disciplina y el diagnóstico sobre su estado de situación, se inserta en una tendencia global y regional más general. En particular, la emergencia del “movimiento Perestroika” en la ciencia política norteamericana, preocupado por expandir el pluralismo metodológico y por hacer que la disciplina sea más relevante socialmente, y el “giro interpretativista” de las ciencias sociales mencionado –que desafió las visiones epistemológicas más recostadas en el modelo de las ciencias naturales–, tuvieron fuertes repercusiones en las academias politológicas latinoamericanas, en las cuales se encendieron importantes debates epistemológicos, metodológicos y teóricos (Kaska, 2001; Flyvbjerg, 2001; Marsh y Savigny, 2004; Shapiro, 2002; Sartori, 2004; Colomer, 2004; Monroe, 2005; Schram y Caterino, 2006; Bevir y Blakely, 2018).

En toda la región se ha empezado a reflexionar sobre la ciencia política, su desarrollo e identidad, y a producir conocimiento para conocer el estado de la disciplina. Solo por mencionar un mojón en esta línea de estudio, los números temáticos sobre la evolución de la ciencia política editados en Chile en la Revista de Ciencia Política en el 2005 y 2015 generaron un poderoso estímulo para los estudios de los distintos casos nacionales de la región. La creación del Grupo de Investigación Historia de la ciencia política en América Latina de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política fue otro hito en la configuración de este campo. El crecimiento de la producción académica en esta línea fue tal, que hay quienes se animan a afirmar –aunque no hay consensos sobre este punto– que al interior de la Ciencia Política ha surgido una nueva subdisciplina, “la historia de la ciencia política”. La publicación en el año 2007 del libro de Gerardo Munck y Richard Snyder, Passion, Craft and Method in Comparative Politics, con entrevistas a 15 de los politólogos más influyentes en la ciencia política contemporánea, fue un estímulo adicional para que los politólogos de la región decidieran mirarse al espejo.8

Uruguay no quedó fuera de esta tendencia. La introspección disciplinaria sobre la ciencia política uruguaya se aceleró a medida que el campo se fue consolidando, expandiendo y diversificando. Tras el trabajo pionero de Romeo Pérez Antón (1986), se publicaron numerosas contribuciones que abordan una amplia gama de preocupaciones en esta línea. Se ha estudiado la formación de los politólogos (Bentancur y Mancebo, 2017) y el impacto de la investigación y la producción académica más allá de Uruguay (Buquet, 2013; Altman, 2011). A los trabajos sobre la forma de hacer ciencia política y la historia institucional de la disciplina en Uruguay en general (Landinelli, 1989; Pérez Antón, 1992; Garcé, 2005; Buquet, 2012; Ravecca, 2014, 2019; Moraes 2015; Rocha-Carpiuc, 2017, 2012; Garcé y Rocha-Carpiuc, 2015; Busquets, Sarlo y Delbono, 2015), se suman otros que analizan la evolución de subcampos específicos, como los estudios sobre el Estado y políticas públicas (Bentancur y Mancebo, 2013; Bentancur, Bidegain y Martínez, 2021), los estudios de opinión pública (Buquet, 2004; Boidi y Queirolo, 2009) o la política comparada (Chasquetti, 2010). Al igual que en otras regiones, el análisis de la evolución de la disciplina proporcionó evidencia empírica para los debates intensos que se dieron sobre los desafíos y asimetrías del campo, así como sobre las soluciones más adecuadas para afrontarlos.

La discusión sobre si es posible hablar de una “historia disciplinar” de la ciencia política y que esta, además, sea producida por los propios politólogos, en lugar de por especialistas de disciplinas dedicadas al estudio de las ciencias –como la historia de la ciencia y la historia de las ideas, la sociología de la ciencia o la epistemología–, es amplia y no está zanjada.9 Este hecho no ha inhibido, sin embargo, que muchos colegas se hayan embarcado en esfuerzos por conocer más y mejor qué hacemos los politólogos, como parte de un proceso de autorreflexión de quienes cultivamos el campo, en el entendido de que vale la pena, cada tanto, hacer una pausa en el camino para examinar colectivamente cómo estamos llevando a cabo nuestro trabajo. El libro Politólogos..., para qué busca ser un mojón más en esta acumulación.

***

Es preciso aclarar que este libro no tiene pretensiones exhaustivas. No pretende ser la “voz” de la comunidad politológica uruguaya en la materia. Simplemente es un aporte que esperamos sea valioso para seguir construyendo en colectivo en esta línea de estudios, y que está guiado por nuestro interés particular como coordinadores de conocer algunas aristas que consideramos que han sido menos exploradas o que por su novedad merecen un lugar para ingresar en la discusión. Lamentablemente no es posible en una obra acotada dar cuenta de todas las dimensiones y aportes que conforman lo que llamamos la “ciencia política en Uruguay”. En este sentido, nuestro esfuerzo es consciente de sus limitaciones, y se motiva por la intención de consolidar en un mismo documento aportes de quienes hasta ahora estaban escribiendo sobre el tema de forma fragmentada, en distintas revistas y libros, y por brindar algunos insumos complementarios y actualizados a los ya existentes. Nuestra disposición a revisar nuestro desempeño como parte de la comunidad politológica uruguaya ayuda a entender, también, por qué el libro tiene dos grandes partes, además de esta introducción y del epílogo.

La primera parte se compone de diez capítulos que condensan y actualizan lo trabajado hasta ahora sobre la ciencia política uruguaya. El capítulo introductorio ofrece un primer acercamiento al estado actual de la ciencia política en Uruguay, en particular buscando actualizar la situación reportada sobre enseñanza, desarrollo institucional y producción académica en nuestro artículo anterior (Garcé y Rocha-Carpiuc. 2015). Luego se presentan nuevas versiones de investigaciones llevadas a cabo sobre la trayectoria local de nuestra disciplina –siempre que fue posible, recuperando la voz de quienes venían trabajando estos temas–, así como aportes sobre algunas áreas que hasta ahora habían sido poco exploradas. Los capítulos se organizaron según “fuentes”, “vertientes” y “tendencias” de la ciencia política.

Entre las fuentes, incluimos los capítulos de Jaime Yaffé, “Presencia de la historia en los orígenes y nacimiento de la ciencia política uruguaya”, y de Rosario Queirolo “Ciencia política y opinión pública”. En la sección de tendencias se exponen tres trabajos sobre corrientes de la disciplina que han mostrado cada vez un mayor dinamismo en el campo, si se examina en perspectiva histórica el quehacer politológico académico nacional: “La política comparada en Uruguay”, de Daniel Chasquetti y Verónica Pérez Bentancur; “Estado y políticas públicas: génesis, evolución y perspectivas de desarrollo de la enseñanza y la investigación en el Departamento de Ciencia Política de la UdelaR”, escrito por Nicolás Bentancur y Rodrigo Martínez, y “La política de las Relaciones Internacionales en Uruguay: una disciplina al servicio del Estado”, de Camilo López Burian y Paulo Ravecca. La parte I del libro cierra con tres capítulos que buscan identificar las tendencias de la ciencia política uruguaya en tres dimensiones: “La creciente internacionalización de la ciencia política uruguaya”, escrito por Daniel Buquet; “Una mirada a la ciencia política uruguaya desde una perspectiva de género”, de Cecilia Rocha-Carpiuc y Sofía Pandolfo, y un abordaje a la ciencia política por fuera de la academia a cargo de Matías Ruiz Díaz en “Los politólogos uruguayos en el Estado y el mercado”. Finalmente, Miguel de Luca y Andrés Malamud nos ofrecen una mirada desde “afuera” de la comunidad académica uruguaya, en su capítulo “Al otro lado del río: la ciencia política uruguaya vista por dos politólogos argentinos”.

En todos los casos, los textos son inéditos y la información que brindan es original y fue construida para los propósitos de esta publicación. Más allá de que esperamos que ello constituya un aporte para que el debate continúe, desde luego, reiteramos, no pretendemos haber cubierto todas las dimensiones posibles. Entre las “fuentes”, podríamos haber incluido un capítulo sobre la sociología política o el derecho. Entre las “vertientes” merecía ser analizado el aporte de la teoría política, por ejemplo. Entre las “tendencias”, pudimos haber incluido un capítulo sobre la creciente sofisticación que se verifica, especialmente en las nuevas generaciones, en el plano de los métodos y las técnicas de investigación. Esperamos que futuras investigaciones puedan acumular y complementar el espectro de aristas que merecen ser estudiadas, a fin de esbozar un panorama más completo y enriquecido de nuestra disciplina.

En la segunda parte del libro el lector encontrará la transcripción de las entrevistas que realizamos a lo largo del año 2023 a dirigentes de primer nivel de los cinco partidos políticos más importantes del país a la fecha: Frente Amplio, Partido Nacional, Partido Colorado, Cabildo Abierto y Partido Independiente. No fue fácil decidir a quiénes entrevistar. Primero, optamos por incluir la mirada de los tres expresidentes: Luis Alberto Lacalle, del Partido Nacional; José Mujica, del Frente Amplio; y Julio María Sanguinetti, del Partido Colorado. Luego, para pluralizar en términos partidarios los testimonios (una voz por partido), incluimos a los dos líderes actuales y candidatos presidenciales de los otros partidos con representación parlamentaria y cargos en el Ejecutivo a la fecha de inicio del libro (marzo 2023): Guido Manini Ríos, de Cabildo Abierto, y Pablo Mieres, del Partido Independiente.10

Este recorte implicó asumir una limitación muy importante: quedaron por fuera las voces de las mujeres políticas, que en el sistema político permanecen subrepresentadas en los principales ámbitos de poder desde hace décadas, como alertan múltiples indicadores y estudios preocupados por la falencia que esto representa para una democracia reconocida internacionalmente por su calidad, como la uruguaya (IPU, 2024; Proyecto Atenea, 2024; Johnson, 2015, 2016; Johnson et al., 2022). Aunque no corrige este sesgo, debido a que las mujeres políticas han tenido una experiencia muy exitosa de intercambio y colaboración con las politólogas especializadas en el campo en nuestro país, entendimos importante recuperar esta experiencia de forma destacada, y lo hacemos en una ficha incluida en el Capítulo 1 donde se presentan algunos de los principales hitos que configuran este nexo. Por cierto, además de las voces de las mujeres políticas, también nos hubiera resultado del mayor interés escuchar testimonios de otros actores con los que la ciencia política uruguaya interactúa con frecuencia, por ejemplo, los periodistas. Asumimos estas ausencias, otra vez, como una oportunidad para nuevas incursiones que amplíen el espectro de visiones que la sociedad tiene sobre nuestra disciplina.

Incluimos testimonios de los dirigentes políticos al libro en el entendido de que contribuyen a dibujar un retrato de la trayectoria y estado actual de la ciencia política en Uruguay que incorpore la mirada del “otro” –en este caso, de dirigentes políticos distinguidos–, que hasta ahora no ha sido prácticamente contemplada en los estudios sobre el desarrollo de la disciplina. La relación entre la ciencia política y su contexto (la política y el poder) es crucial en los estudios sobre la historia de la disciplina, pero hasta el momento solo contamos con algunos aportes cruciales en este sentido en Uruguay (Rico, 2005; Ravecca, 2014, 2019).

En la conversación con los dirigentes políticos nos interesó abordar dos tipos de asuntos. En primer lugar, quisimos conocer cómo ven a la ciencia política y de qué modo se relacionan con la disciplina en su quehacer cotidiano. En este primer bloque de preguntas, les consultamos entonces sobre las personas y los hitos con los que relacionan el desarrollo de la ciencia política uruguaya, sus opiniones sobre la relación entre ciencia y política (y sobre el vínculo entre ciencia política y política en particular), sus experiencias concretas con la disciplina, y por la valoración que hacen de esta relación. En segundo lugar, aprovechamos la ocasión para ingresar en otro terreno del mayor interés: el de cómo los entrevistados evalúan la calidad de las prácticas e instituciones de la democracia uruguaya en la actualidad, sus aprendizajes y desafíos, intercambio en el cual también emergió la cuestión de cómo la ciencia política ha aportado o puede aportar a la reflexión sobre estos temas.

Queremos dejar constancia de nuestro profundo agradecimiento a las personas e instituciones que hicieron posible este libro. El libro no hubiera sido posible sin la disposición de los líderes políticos ya mencionados, que contestaron con entusiasmo, franqueza y respeto. También queremos agradecer por sumarse a este proyecto a todos los y las colegas que escribieron las valiosas contribuciones que componen la primera parte del libro. El trabajo de Matías Ruiz Díaz fue crucial a lo largo de todo el proyecto. Además de escribir un capítulo del mayor interés, Matías contribuyó dedicada y rigurosamente con nuestro trabajo para hacer posible la concreción de los distintos componentes del proyecto, como el apoyo logístico para la realización y luego la transcripción de las entrevistas, y la actualización de datos para el primer capítulo.

Los capítulos contaron con la lectura y los comentarios invaluables de David Altman, Germán Bidegain, Fernanda Boidi, Martín D’Alessandro, Diego Luján, María Ester Mancebo, María Elena Mar

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