El proceso de escritura de este libro se lo debo a más gente de la que puedo mencionar. El nivel de gratitud que me genera el haber podido llegar aquí es verdaderamente infinito y no fue una tarea individual sino que fue coconstruida por muchos seres que me acompañaron de diferentes maneras.
Lo que aquí escribo es mi versión personal de recursos que no he desarrollado yo. Solo ofrezco lo que me han enseñado y que he tenido el privilegio de aprender de primera mano. Por lo tanto, primero quiero agradecer a toda la comunidad de la ACBS (www.contextualscience.org), organización que es como mi familia profesional. A los fundadores de ACT y a mis mentores más cercanos, que me acompañaron en este camino de aprendizaje, transformación personal y que han construido desde la ciencia y el corazón modos de transformar la vida de muchos seres. Especialmente quiero mencionar a mi mentora más cercana y compañera de ruta, la doctora Robyn Walser, quien con su generosidad sin par me ha moldeado en todos estos recursos, como terapeuta y como persona de una manera exquisita, delicada y amorosa. Ha sido un privilegio aprender de y con ella todos estos años.
En el proceso de escribir este libro me acompañó, mano a mano, ayudándome y estimulándome a sacar lo mejor posible de mí, dándome soporte en cada parte del proceso, casi como una partera, Susana Estévez. Ella me ayudó a encontrar mi propia voz y lo que quería decir y ofrecer, en diversos momentos compartidos que atesoro. Su mirada y escucha entusiasta, creativa y validante me han quedado grabadas y se destilan en cada párrafo que escribí.
Desde la gestación, antes de que yo tuviera conciencia de la posibilidad de escribir, lo vislumbró, creyó en mí, me dio soporte y aliento —además de las múltiples conversaciones estimulantes, nutritivas y hondas que se cuelan en este libro— Javier Cándarle. Fue una especie de ángel guardián, susurrando que desplegara lo que él veía que tenía para dar aunque yo no lo pudiera registrar. Su compañía es esencial. Siento infinita gratitud por su presencia en mi camino.
Muchos otros me ayudaron a lo largo de este proceso y también quiero mencionarlos y agradecerles.
A la Sociedad de Mindfulness para la Salud, y especialmente a María Noel Anchorena, quien acompañó, alojó y le ofreció su casa a la semilla de este libro, que son los talleres que allí dicto para público general hace más de cinco años.
A una de mis maestras de la vida, la doctora Perla Kuj, a quien le debo el abrirme a la plena posibilidad de ser. Me acompaña hace más de quince años cuidando y resguardando que pueda ser fiel y auténtica a lo que mi alma necesita. No sé qué sería de mi vida sin ella; su compañía incondicional es fundante y fundamental para mí.
A cada uno de mis amigos, imposible nombrarlos a todos, pero quiero mencionar especialmente a mi amiga-hermana Agustina Díaz Hermelo, a quien conozco desde que nacimos y con quien he compartido toda la vida. Pocas veces uno tiene la fortuna de contar con una testigo tan especial que haya estado en cada recoveco del camino. Ella es y será mi gran compañera de la vida.
Un especial agradecimiento al grupo de amigos lilenses, que concretamente me dieron soporte muchos fines de semana de encierro escribiendo, con quienes comparto la vida, alegrías, tristezas, encuentros y la familia.
A todos mis pacientes y alumnos, sin quienes este libro definitivamente no existiría. Siento que camino con ellos en este viaje de encuentro profundo con uno y con el mundo y he tenido el honor de compartir sus vidas, sus luces y sombras. Solo pensarlo, y tomar conciencia del privilegio que eso implica, me hace brotar lágrimas. Este libro no existiría sin sus historias y su inspiración.
A mis padres, que me enseñaron a ir detrás de lo que es importante para mí y lo modelaron como dos héroes, con una verdadera entrega amorosa y valiente. Han luchado hasta con la vida por lo que profundamente creían y creen para construir un mundo mejor. Son dos pilares invaluables en mi vida.
Y dejo mi más honda perla de gratitud al final para mi pequeña familia, mi base segura, mi tronco. A mi esposo, Daniel Fraiman, con quien caminamos juntos desde hace veinte años y con quien pudimos armar una pareja cuyo más importante tesoro, además del amor, es acompañarnos mutuamente a desarrollar nuestra misión en la vida. Él ha sido troncal para que yo pudiese desplegarme con infinidad de ramas y frutos. Siempre ahí, a mi lado, con amor. A mis hijos Demian y Alejo, dos almitas que me ha tocado en suerte cuidar y ver crecer, quienes soportaron mis desatenciones y ausencias durante este tiempo de escritura, pero que a su modo, con pequeñas preguntas curiosas, risas y travesuras, dieron soporte amoroso para desarrollar el legado que quiero dejar en mi vida. El lugar de amor nuclear y desarrollo mutuo que compartimos en mi familia es sagrado para mí.
Prólogo
¿Cómo le va?
Si está recorriendo estas líneas, de más está inferir (ambos somos bastante inteligentes, eso puedo verlo) que ha comprado el libro de mi querida amiga y compañera de hondas charlas, prácticas y experiencias, Manuela O’Connell.
Pensándolo bien, existe también la posibilidad de que no lo haya comprado y que lo haya conseguido prestado. En este segundo caso, y no es bajo viles intereses comerciales, le recomiendo fervientemente su adquisición. Este ejemplar es de aquellos libros que hay que tener en propiedad para guardar y atesorar, y entonces releerlo y disfrutarlo tantas veces como uno quiera.
También debo decirle que me alegra que haya comenzado por el prólogo, mi estimado lector, porque tengo cosas muy importantes para decirle, prevenirle y avisarle antes de que temerariamente se interne en la lectura.
La misma autora, en uno de los capítulos iniciales, nos advierte sobre el riesgo de adentrarnos en los parajes del libro:
Antes que nada, una advertencia: este capítulo implica una ruptura muy fuerte en el mundo externo y en el interno. Estamos frente al primer gran Umbral. Es quizás uno de los más difíciles de cruzar, ya que implica ir en contra de muchas de las cosas que nos han enseñado y que nuestra cultura refuerza. Definitivamente, al atravesarlo nos encontramos quizá frente a un terreno misterioso.
¿Vio? Después no me diga que no ha sido advertido.
¿Qué cree usted que tiene en sus manos?
¿Un libro de ACT, la potente y actual Terapia de Aceptación y Compromiso?
¿Un libro de divulgación acerca de cómo funcionamos, sufrimos, vivimos y nos realizamos los seres humanos?
¿Un libro de mindfulness o atención plena?
¿Un libro de espiritualidad?
¿Cómo deberá leerlo?
Son muchas las preguntas y más temprano que tarde empezaré a dar algunos atisbos de respuesta, porque para ello me han convocado a hacer este prólogo.
Aparte de estar leyendo un libro excelentemente escrito sobre esta hermosa forma de psicoterapia —la ACT—, imbuida en el mindfulness, y que entrañará adentrarse en los más sutiles pasadizos de la mente, el espíritu y el corazón humanos, usted tiene ante sus ojos un libro de magia.
Sí, claro, leyó bien:
M
A
G
I
A
Manuela es una auténtica maga. Los que la conocemos lo sabemos, lo disfrutamos y ciertamente lo celebramos.
Como psicoterapeuta, entrenadora de terapeutas, disertante, tallerista y ahora escritora, encarna los valores que propende con una integridad y eficacia notables.
Debo decirle, mi compañero de líneas, que lo viví en carne propia.
Hacia mis cuarenta años, sentí que había llegado muy lejos en todo lo que me había propuesto personal y profesionalmente, pero aun así experimentaba un vacío pesado e incómodo.
En esa aguda desesperación, me topo con mindfulness y empiezo a transitar un camino realmente sanador. Como parte de ese viaje, conozco a nuestra protagonista y escucho mi primera clase sobre ACT en el contexto de un seminario que dirijo, el de Prácticas Contemplativas y Psicoterapia, en la Universidad del Salvador. En esa ocasión quedé claramente impactado por el modo que tiene ACT de concebir, operar y respetar el sufrimiento humano.
La evitación experiencial como concepción que explica gran parte de nuestro sufrimiento humano, los seis procesos de la flexibilidad psicológica, el papel del lenguaje en la construcción de nuestro padecer, en definitiva, la honda y consistente mirada que posee esta creativa psicoterapia para articular los aportes del conductismo, mindfulness y la tradición humanística y existencial se aúnan en un cuerpo de conocimientos fundamentado empíricamente.
La autora nos recuerda:
los primeros pasos [de ACT] comenzaron en la década de los 80 con el objetivo de crear una ciencia más adecuada a los desafíos de la condición humana. […] El punto de partida de exploración acerca del misterio de la condición humana hizo que, desde su origen, ACT se ocupara de áreas no tratadas desde la ciencia psicológica, como la espiritualidad. Con lo cual, dentro de los modelos imperantes en la psicología, tiene dos características que lo hacen singular: un fuerte compromiso con una base científica y de investigación básica, y en segundo lugar, el hecho de poder adentrarse en lo profundamente humano. ACT cabalga en esas dos dimensiones generando una alquimia que la hacen verdaderamente muy atractiva.
Y ella es una de las más reconocidas integrantes de este apasionante movimiento.
Como referente en el habla hispana, Manuela estudia permanentemente. No conozco persona que invierta más tiempo, energía, neuronas y pasión en aprender y profundizar el conocimiento de esta enorme disciplina que se agrupa dentro de la tradición de las terapias cognitivo conductuales.
El texto entero es muy rico en conceptos que claramente han sido digeridos, atravesados, vividos, palpitados en profundidad por la escritora, para que le lleguen al lector de una manera amena, profunda y comprometida.
Hace más de veinticinco años que practico, enseño y transito la psicoterapia y he podido observar que, al margen de la formación, los años de experiencia, la supervisión y el trabajo personal de los profesionales, hay algo que está más allá de lo que se aprende, más allá de nuestro control consciente, y que hace que algunos sean hechiceros del cambio humano y otros no lo sean tanto.
La escritora se encuentra claramente dentro de los primeros, y esta información que le doy es muy fácilmente constatable. Pregunte en nuestro mundillo psicoterapéutico por ella y no va a haber una sola persona que le hable mal y que no se deshaga en elogios, cumplidos y anécdotas de su esencialidad sabia, cristalina y amorosa.
Manuela hace un culto, un camino de sentido y una verdadera vocación del hecho de cultivar y hacer cultivar en otros la esencia más hermosa que tenemos las personas: la capacidad de tener una vida auténtica, plena y amorosa. Y son estos los seres que necesita nuestro mundo.
En un planeta con increíbles avances tecnológicos y un crecimiento exponencial del confort y de la industria del entretenimiento, hemos descuidado peligrosamente el desarrollo de nuestra interioridad. Hemos crecido a pasos agigantados hacia afuera y a velocidad de caracol hacia adentro. Descuidamos nuestro hogar, nuestra llama vital y nuestro jardín interior. Como nos interpela en su suprema poesía el gran Antonio Machado:
Alma, ¿qué has hecho de tu pobre huerto?
En un paradigma cultural que nos impele a producir incansablemente, nos agotamos generando bienes y servicios para luego, como promesa de resarcimiento, poder gozar de incontables ofertas de placeres sensoriales, materiales y hedónicos. Parecería que la empresa del vivir se agotara allí, en producir y consumir. Esto nos vacía de sentido y llena nuestros consultorios psicoterapéuticos de depresión, ansiedad y unas cuantiosas adicciones esclavizantes.
Pero no todo está perdido, estimado lector. Como somos organismos evolutivos y altamente contextuales, aprendemos de las exigencias de nuestro entorno y generamos respuestas adaptativas a lo que la realidad nos va presentando, este aparente callejón sin salida activa nuestra creatividad y nos empuja a buscar la salida allí por donde nos hemos extraviado.
La desesperanza creativa, un hermoso concepto de la ACT, nos muestra que muchas veces es necesario tocar fondo y agotar nuestros esfuerzos en soluciones estériles, para recién allí encontrar una respuesta consistente a lo que nos hace falta.
Tenga paciencia, ya va a leer sobre ello. No estoy yo aquí para explicar pobremente lo que bien puede hacer esta maestra que en esta oportunidad tenemos como escritora.
El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional, nos recuerda Manuela, cuando se recuesta en su amplio conocimiento del alma humana.
Si bien, como nos dice, “el dolor es parte de la condición humana”, el libro —y la teoría sobre la que se sustenta— busca “ofrecer un umbral hacia otras posibilidades de estar y actuar, hacia nuestra libertad”.
Manuela nos conduce por un hermoso camino en donde nos habla desde su humilde condición de ser humano que se pierde y se vuelve a encontrar una y otra vez. Uno siente que puede fallar, quedar oscuro, y encontrar la claridad nuevamente. Sin juzgar, pero sin claudicar.
“Me caigo y me levanto y me vuelvo a caer”, canturreaba mi abuela.
En Oriente se habla hace muchísimos años del despertar. Pero, ¿despertar a qué?
¿Cómo es que estamos dormidos, si nos encontramos con los ojos abiertos?
Las personas somos creadoras de hábitos por naturaleza. De ese modo el cerebro ahorra energía. Si bien nos llenamos la boca con los más encendidos deseos de cambio, lo cierto es que tratamos de que nada cambie mucho. La incertidumbre que genera el movernos de nuestras zonas de confort nos hace bastante resistentes a cambiar y, de ese modo, nos zambullimos en la repetición incesante de rutinas y modos automáticos de existir. Eso es estar dormidos. Habitar pálidamente nuestros momentos, sin presencia plena ni conciencia encarnada de lo que vamos viviendo.
Nuestra autora no negocia con eso.
Su terrorismo de presencia interpela a quien permanezca un rato con ella y es por eso que deseo dejarle, mi estimado lector, una última advertencia.
Hay en ella un deseo de que nos revisemos, nos tornemos conscientes, abiertos y flexibles, pero sostenidos desde un abrazo amoroso que se nos cuela en el escrito y que se percibe más allá de las palabras. Su generoso modo de brindarse a los que la rodean hace que sus enseñanzas sean vívidas, honestas y poderosas. No hay palabra vacía en su hablar.
En esa humildad que expresa su respeto a nuestra profunda humanidad compartida, uno se siente entendido, comprendido y acompañado, pero también interpelado, sacudido y cuestionado desde una manera amorosa de desprendernos de nuestras modorras existenciales.
El libro está lleno de conceptos, vivencias, testimonios, metáforas, preguntas, ejercicios y como ya le dije varias veces, magia para el despertar.
No va a salir usted indemne de esta lectura. Por eso el warning que quiero dejar establecido.
Sépalo. Usted será perturbado. Con un infinito amor y deseo de bien. Pero no le va a ser fácil seguir con su vida en un modo automático.
Este libro, mi querido lector, al igual que su autora, es un amoroso campanazo para despertar a la hermosa, mágica y misteriosa presencia viva que yace bullente y preciosa en cada uno de nosotros.
JAVIER CÁNDARLE
Introducción
La primera palabra
Lo primero que les voy a proponer es la lectura de un fragmento del poema “Entre irse y quedarse”, de Octavio Paz. Estas serán las primeras palabras que nos acompañarán en este recorrido que comenzamos juntos. Los invito a que dejen que resuenen y hagan eco dentro de ustedes. Ese también va a ser el modo en que los voy a convocar a leer, tal como con este poema, dejando que de a poco las palabras calen y encarnen del modo que necesite cada uno. Al comienzo, a través de la palabra de otros entrelazada con la mía, iremos armando la caja de resonancias que será este libro con la intención de abrir a otros sonidos posibles en cada uno, hasta que se vaya conformando la propia música.
Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.
[…]
Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.
[…]
Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.
Cuando en nuestra vida cotidiana nos movemos en piloto automático, perdemos de vista el misterio, lo sutil que nos acompaña. Así seguimos atrapados en un deambular sin fin, yendo y viniendo, “entre irse y quedarse”, como dice el poema de Octavio Paz. Y en ese vaivén “todo es visible y todo es elusivo”. Se nos pierden de vista, tacto, escucha, olor y sabor muchas cosas importantes, esenciales. “Todo está cerca y todo es intocable”. Nos desconectamos no solo de lo que hay, sino de lo que conscientemente podría ser. Perdemos registro de la potencialidad de la vida y colapsamos en un “espectral teatro de meros reflejos”.
¿Pero cómo se relaciona esto con el libro? Este poema es claramente una invitación, como lo es este texto que se basa en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Estamos arrojados a esta vida, con sus vaivenes, tan misteriosa como obvia. ¿Cómo elegimos vivirla? ACT, modelo terapéutico que pertenece a la tradición de las terapias cognitivo conductuales, tiene como objetivo aliviar el sufrimiento y propiciar una vida valiosa, y eso se logra cuando aprendemos a despertar, a soltar la lucha innecesaria contra lo que nos sucede y cuando nos comprometemos a crear una vida más plena y significativa. La evidencia científica en la que se basa este modelo muestra que resulta una herramienta eficaz para que las personas que atraviesan diferentes dificultades puedan apropiarse de su vida y se relacionen con lo que experimentan de una manera nueva y más vital. ACT, entonces, se ocupa de entender los principios y los procesos que nos hacen humanos y, al promover la flexibilidad psicológica —concepto que se desarrolla en el próximo capítulo—, nos ayuda a hacer elecciones más conscientes para crearnos una vida plena y para elegir libremente la vida que deseamos.
ACT ofrece una conciencia diferente sobre nuestra vida cotidiana, el modo en que vivimos, las luchas en las que nos encontramos sumergidos, dónde nos quedamos atascados; es decir, nos permite notar, registrar y elegir cómo relacionarnos con lo que nos pasa. Además, y sobre todo, nos provee de una serie de aprendizajes a través de diferentes procesos para ayudarnos a vivir una vida con sentido.
Esta propuesta es adecuada para cualquier persona, no solo para tratar dificultades de salud mental, y esto se ve por el creciente aporte de las investigaciones de ACT en diferentes áreas. Lo que vamos a explorar se destila de este modelo teórico, con su evidencia empírica, y también de mis años de práctica clínica individual y de los talleres que dirijo para público general, basados en estas herramientas. Está claro que lo que acá recorramos no reemplaza un proceso terapéutico. Este libro es meramente una introducción a la posibilidad de vislumbrar los cambios posibles que nos permitan crear la vida que anhelamos.
En la medida en que avancen en la lectura, podrán apreciar el planteo de Una vida valiosa: un llamado a experimentar lo que encuentren en estas páginas en su vida cotidiana. Esto significa que la invitación es no solo a leer el libro, sino a vivirlo, a saborear el impacto que puede tener en sus vidas. Porque no se trata solo de desarrollar un conocimiento intelectual o agregar más palabras y modelos a los que ya hay, ni de presentar una nueva manera de resolver problemas. Sino, tal como lo plantea ACT, el propósito es enfatizar el
