Hija de Dios

Dalma Maradona

Fragmento

Algunos dicen que toda historia comienza cuando un chico conoce a una chica, y después…

Me gusta ese comienzo. Empecemos por ahí.

AÑO 1930

Nace Dalma Salvadora Franco.

Conoce a Diego Chitoro Maradona, y tienen ocho hijos: Ana, Kitty, Mary, Lalo, Lili, Turco, Cali y Diego (o Pelusa).

AÑO 1937

Nace Ana María Elía (Pochi).

Después conoce a Roque Nicolás Villafañe (Coco).

Se casan y tienen dos hijas: Claudia y Gabriela.

Finalmente, Diego conoce a Claudia y, gracias a ellos, unos años después, comienza mi historia. Me llamo Dalma Nerea Maradona Villafañe. Soy hija de Diego Armando Maradona y de Claudia Rosana Villafañe.

Mi papá es jugador de fútbol profesional.

Y mi mamá es ama de casa.

Su sueño había sido estudiar administración de empresas.

MI PAPÁ NO LA DEJÓ, ¡LE DABA CELOS!

Quizá tenía miedo de que en la facu mi mamá conociera a otro chico y cambiase la historia. Eran tan tiernos… Ahora veo las fotos de cuando eran novios y me parecen tan chiquitos.

Mis padres se conocieron en el 76 y se pusieron de novios con el tema “Yo te propongo”, de Roberto Carlos.

Y trece años después, se casaron… el 7 de noviembre de 1989.

Al casamiento de mis papás invitábamos mi hermanita y yo. Sí, nosotras mismas firmábamos la invitación.

Fue muy intenso el festejo. Nada de civil un día y fiesta a los dos días. Todo junto de un solo tirón, maratónico. Del Registro Civil en la calle Uruguay nos fuimos a comer a Las Cuartetas, famosa pizzería de la calle Corrientes. De ahí a la iglesia del Sacramento. De ahí al hotel donde se hospedaban los invitados que habían venido especialmente desde el exterior. Y luego, desde ese hotel, un auto llevó a mis papás directamente a la fiesta en el Luna Park. En YouTube hay videos de esto: ellos llegando en un auto y toda la gente agolpada. Parece un recital, no un casamiento. Está toda la previa de la fiesta cubierta por cámaras y la voz de un relator. Como si de un momento a otro tiraran una pelota y empezara un partido de fútbol transmitido en vivo.

El Luna Park es un tradicional estadio cubierto donde se realizan actividades artísticas y deportivas, famoso por sus combates de boxeo. Ahí pelearon Carlos Monzón, Nicolino Locche y otros. Tocaron artistas internacionales como Creedence, A-ha, Frank Sinatra, Deep Purple, Luciano Pavarotti, Liza Minnelli, Ringo Starr, Duran Duran, Ricardo Montaner y Ricardo Arjona, que hizo 34 shows a sala llena, ¡récord histórico!

En el Luna también se hicieron funerales famosos, como el de Carlos Gardel, Julio Sosa y Oscar Ringo Bonavena.

(Nunca les pregunté por qué se casaron ahí.)

El casamiento de mis padres fue el evento con más prensa del año. Ocupó las primeras planas de medios nacionales y extranjeros.

Hubo 1.200 invitados, carpa para niños animada por Flavia Palmiero y una torta gigante en la que todas las cintitas terminaban en anillos de oro. ¡Varias casadas —y hasta sus maridos— corrieron a tirar de la cintita para llevarse un souvenir!

Los que también se quedaron con algunos souvenirs fueron los empleados de bromatología del aeropuerto. Incautaron decenas de kilos de mozzarella, entre otros productos regionales, que trajeron los invitados italianos en el chárter que los ingresó al país. Vino casi todo el plantel del Napoli. Ese chárter quedó en la historia, ¡hasta se formaron parejas! Imagínense un avión donde todos los pasajeros saben que vienen al mismo destino, la misma fiesta, el mismo hotel. Obviamente ninguno se puso a discutir con el empleado de bromatología y dejaron todos los presentes en el mostrador.

¡Por suerte habíamos almorzado en Las Cuartetas, así que no lamentamos la pérdida de tanta mozzarella!

De la ceremonia recuerdo poco. Yo tenía que llevar las alianzas. Dos años tenía. Afuera de la iglesia la gente se abalanzaba, los flashes encandilaban, todo el mundo quería entrar, ver, comentar. Mujeres eufóricas que se mataban por ver el vestido, hombres poseídos que se empujaban por ver a mi papá parado junto al altar. Hinchas de fútbol coreando cantitos. Yo estaba adentro, esperando que se abriera la puerta para empezar a caminar hacia el altar junto con mi mamá y mi abuelo Coco. La puerta se abrió y de repente vi que toda la gente que estaba dentro de la iglesia se había dado vuelta para mirarme. En realidad la miraban a mi mamá, pero sentí que me miraban a mí. Eso me asustó, me angustió. Grité, lloré y salí corriendo. Por suerte me rescató mi abuela Pochi, como siempre, mi rescatista preferida.

Quizá por eso quise ser actriz. Para superar el trauma del casamiento. Ese fue mi primer pánico escénico, claramente no me banqué todas las miradas sobre mí. ¡Qué miedo! ¿Me pasará lo mismo el día que me case?

En esa época yo empezaba a entender que había nacido después del Mundial 86. En la Argentina no es lo mismo haber nacido antes o después de esa fecha. Parece que la historia de nuestro país —y sobre todo de mi familia (y del país con respecto a mi familia)— se divide entre

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