Las páginas del diario 
El detective Valander estaba por tomar su primer mate del día cuando sonó el teléfono. Lo llamaban de una joyería: había desaparecido un reloj muy valioso que estaba en una de las vitrinas. Tenía que investigar.
¿Sabés qué hacen los detectives? Investigan, preguntan, averiguan... dudan; eso... ponen todo en duda, aun lo que parece cierto. Después, con todas las pistas que recolectan, piensan, piensan mucho y tratan de deducir qué fue lo que pasó... o lo que ellos creen que pudo haber pasado.
El detective Valander es famoso por sus razonamientos lógicos; hasta ahora no dejó ni un solo caso sin resolver.
Hace poco una persona se transformó en el principal sospechoso de uno de los casos. ¿Sabés por qué? Porque dijo que había guardado un documento muy importante entre las páginas 15 y 16 de un libro. Eso fue más que suficiente para Valander. “¡Es imposible!”, reaccionó el detective. (Buscá las páginas 15 y 16 de este libro y te vas a dar cuenta: ¡están en la misma hoja! ¡No se puede poner nada entre esas dos páginas!).
La situación que te voy a contar ahora también se relaciona con los números de las páginas, pero esta vez no se trata de un libro, sino de un diario.
Cuando el detective Valander fue a la joyería a investigar, la señorita que trabajaba allí desde hacía muchísimo tiempo le explicó que ella misma había puesto el reloj en la vitrina esa mañana, a las 9.30, y que a las 10, cuando se acercó para ordenar unos collares, se dio cuenta de que había desaparecido.
Valander hizo unas cuantas averiguaciones y habló con algunos testigos que desviaron su atención a un señor muy particular, por la barba que tenía, frondosa y larga. No solamente eso: Valander lo veía todos los días en el mismo bar, justo frente a una plaza. Y allí fue. Tal como esperaba, lo encontró tomando un té.
—Buenos días, soy el inspector Valander, estoy investigando un caso y me gustaría hacerle algunas preguntas, ¿me permite?
—Sí, cómo no, inspector, con todo gusto. ¿Quiere acompañarme con un té? —dijo el hombre con toda tranquilidad, aunque Valander notó que al hombre le empezó a temblar el ojo izquierdo.
—¿Podría decirme dónde se encontraba usted esta mañana, entre las 9.30 y las 10?
—Estaba en la plaza, sentado en ese banco que está allí en frente, ¿lo ve?
—Ajá…
—Había comprado el diario y estaba haciendo el crucigrama.
—¿El crucigrama?
—Sí, inspector. Estaba haciendo el crucigrama de la página 54 del diario. Lo recuerdo bien porque la definición de la primera palabra horizontal, de tres letras, decía: “El número de esta página del diario escrito en numeración romana”. Tuve que pensar cómo se escribe 54 en romanos; era “LIV”, que encajaba perfecto, y encima, otra casualidad más: son mis iniciales.
—¿Podría mostrarme ese crucigrama, por favor? —le preguntó Valander.
—Lamentablemente, no, inspector. Mire lo que pasó: en un momento dejé el diario a un costado para atar el cordón de uno de mis zapatos, y de pronto se levantó un viento tremendo, tan fuerte, que se voló casi todo el diario. Lo único que alcancé a salvar es este pliego. Con tanto viento que había, ya no se podía estar en la plaza, así que crucé la calle y vine a este bar, a leer lo único que me quedaba del diario, mientras tomaba mi té —explicó el hombre, con una mano apoyada sobre una noticia del diario.
—–¿Me permite? —dijo Valander, mientras tomaba ese pliego del diario. Lo abrió y lo apoyó desplegado sobre la mesa. Valander observó los números de las dos páginas que habían quedado a la vista: eran las páginas 4 y 45.
—¿Qué es lo que está investigando, inspector, si se puede saber? —preguntó el hombre, intentando distraer al detective.
—¿Usted está absolutamente seguro de que el crucigrama se encontraba en la página 54 de este diario?
—Absolutamente seguro, inspector, ya le expliqué lo de los números romanos, la palabra era LIV, que es 54 en numeración romana…
—Le estoy preguntando si esa página 54 que usted menciona, con el crucigrama, corresponde a este mismo ejemplar, del cual solo tenemos una hoja con sus cuatro páginas.
—Efectivamente, inspector, así es.
—Pues entonces va a tener que acompañarme a la comisaría, caballero. Estoy seguro de que usted me está mintiendo.
Por ahora no se sabe qué sucedió con el reloj que desapareció de la joyería; el detective sigue con la investigación, pero lo que quiero preguntarte es lo siguiente: ¿cómo se dio cuenta el inspector Valander de que el hombre le estaba mintiendo?
Para que tengas en cuenta:
✓ El hombre afirma que estaba haciendo un crucigrama que figuraba en la página 54 del diario.
✓ Solamente le quedaba una hoja del diario, o mejor dicho, un solo pliego. Podés fijarte, tomando cualquier diario, que un pliego cualquiera está formado por cuatro páginas: dos de un lado, y dos del otro. ¿Cuánto suman las dos páginas que tenés del mismo lado?
✓ Ahora, ¿qué pasa si das vuelta el pliego y volvés a hacer la suma con los dos números que quedan visibles? ¿Qué pasó? ¿Qué te hace pensar?
✓ En el caso del señor que estaba en el bar, de un lado de la hoja que había logrado atrapar se veían las páginas 4 y 45. Si Valander hubiera dado vuelta esa hoja, ¿qué números habría visto? (Pensalo... vas a ver que se te va a ocurrir rápido). Tenés razón: ahora se verían las páginas que llevan los números 3 y 46. La página 3, porque es la anterior a la número 4, y la 46, porque es la que viene después de la 45. Como te decía antes, podés tomar un diario y hacer la prueba para comprobar lo que te digo.
Antes de escribir la solución, tengo una propuesta para hacerte: tomá dos papeles iguales, poné uno sobre el otro y doblalos por el medio, como si fuese un diario. Así como
