Mindfulness

Javier Cándarle

Fragmento

PRÓLOGO

Diferentes culturas a lo largo de la historia de la humanidad han buscado la manera de comprender el sentido de la existencia, desarrollar una conciencia más profunda de nuestro pasar por esta vida y aliviar el sufrimiento con el que todos los seres humanos nos encontramos o —me animo a decir— con el que en muchas ocasiones nos golpeamos fuerte. A raíz de particulares comprensiones emergen diferentes formas de abordar el alivio del sufrimiento, muchas de la mano del cultivo de la sabiduría, la compasión y el amor.

Entre los aportes y recorridos de distintas tradiciones se encuentran los que brindan la filosofía y las enseñanzas budistas, siendo éste el camino sobre el cual transitan muchos de los aportes de este libro. El budismo plantea la existencia de dukkha, traducido comúnmente como sufrimiento, aunque más precisamente se trata de un profundo estado de insatisfacción. A través del recorrido de sus enseñanzas se plantea la posibilidad del despertar, esto es: despertar de la ignorancia y la ilusión de que las cosas son permanentes —cuando no lo son—, a partir de lo cual creamos y perpetuamos aquella insatisfacción, pues si todo cambia nada puede “satisfacernos” de manera continua.

Y es desde esta realización que las enseñanzas budistas ofrecen una manera de poner fin a la ilusión a través del recorrido de un camino conocido como el Noble Óctuple Sendero. El Sendero es un conjunto de aspectos interrelacionados que conducen a una vida más consciente, compasiva, ecuánime y despierta. Aunque por su nombre parezca una enseñanza hermética o mística, es un camino profundamente práctico y se puede llevar adelante en la vida de cada uno de nosotros. Uno de los ocho componentes de este Sendero es Mindfulness. No es necesario que el lector sepa de budismo, ni que se considere budista para integrar esta cualidad de conciencia en su vida. Sin embargo resulta importante que pueda conocer el origen de Mindfulness y su contexto para tener una comprensión más clara, acabada y no simplificada de la práctica, sus componentes y sus cualidades intrínsecas.

Actualmente en Occidente la palabra Mindfulness da cuenta de diversas comprensiones y prácticas. Se origina hace más de 2500 años en la tradición y filosofía budista de la cual el corazón de este libro se nutre. Podemos entender Mindfulness como una manera particular de estar presentes en la experiencia a cada momento. El maestro zen, poeta y activista de la paz Thich Nhat Hanh, nos dirá que se trata “simplemente” de “mantener nuestra conciencia viva a la realidad del momento presente”. Para dar cuenta de la dificultad en la traducción de este término podemos considerar el aporte de Francisco Varela, quien no utiliza una sola palabra sino que propone la expresión “presencia plena/conciencia abierta” como una posible traducción de Mindfulness. Por su parte, Jon Kabat-Zinn propone además la expresión “corazón pleno” (o heartfulness), como otra manera de referirnos a esta cualidad transformadora de la conciencia.

El autor señala durante toda la obra aspectos centrales de la compresión de Mindfulness que considero merecen ser destacados aquí. La meditación Mindfulness se propone en este contexto como un camino, una vía que lleva hacia la reducción de la reactividad a partir de la toma de conciencia clara y estable de la propia experiencia, junto al cultivo del amor, la compasión y la amabilidad. Es a partir de ese espacio y del cultivo de una conciencia amable y bondadosa que resulta posible desandar y desactivar patrones que nos conducen al sufrimiento y lo perpetúan. Esa toma de conciencia de la manera en que perpetuamos el sufrimiento es el primer y difícil paso que nos propone el autor hacia la construcción del propio bienestar. Llegar al fin de la guerra interior, al fin de la resistencia, y descansar en la mera conciencia; descansar en el espacio y en la profunda calma, claridad y amorosidad que la práctica de la meditación promueve.

El trabajo de Javier Cándarle es una expresión clara y habitada de un proceso histórico que vale la pena destacar en este prólogo para que el lector pueda comprender y contextuar de qué manera estas prácticas milenarias fueron nutriendo las disciplinas contemporáneas, y que felizmente hoy se encuentran en un proceso de enriquecimiento mutuo. Los puentes entre la tradición budista y el mundo occidental comenzaron a tenderse en la segunda mitad del siglo XX. En sus comienzos el proceso se dio a través de un reducido diálogo, a partir de las visitas de occidentales a Oriente, y luego con la visita de maestros orientales que comenzaron a ofrecer sus tradiciones y sus prácticas y enseñanzas particulares. Durante más de seis décadas este diálogo se fue ampliando y se comenzó a escuchar con más fuerza con la inclusión de diferentes voces y referentes de ámbitos muy variados. En los últimos treinta y cinco años transitamos un camino en el que la ciencia, la medicina y la psicoterapia de Occidente han resonado notablemente. Es en la búsqueda de aliviar el sufrimiento y en la creación de nuevos trazados que llevan a ello que la ciencia y las disciplinas occidentales encuentran en las tradiciones orientales —y particularmente en el budismo— aportes, cosmovisiones, conceptualizaciones y prácticas que son de una gran relevancia para enriquecer el paradigma occidental. Distintas formas de psicoterapia han integrado y se nutren progresivamente de estos aportes. Mindfulness se está integrando no solamente en la psicoterapia y en la medicina —tanto en pacientes como en los profesionales de la salud—, sino también en otros ámbitos de la sociedad como por ejemplo en la formación de docentes y alumnos, en el campo de las organizaciones, en la política y en el deporte, entre otros.

En casi una década y media de práctica personal y enseñanza de Mindfulness para público en general y para formar profesionales de la salud he aprendido una verdad fundamental: no hay manera de transmitir y enseñar verdaderamente Mindfulness si no es a través de vivir las enseñanzas que la práctica ofrece desde la propia experiencia, durante un tiempo que se mide en años. Es decir, encarnar este estado de presencia plena/conciencia abierta y compasiva es la única manera de enseñar genuinamente Mindfulness. El descansar en esta presencia es lo que nos permite acompañar profundamente y guiar respetuosamente a otros en sus propios procesos de toma de conciencia, de transformación y de despertar. Y esto es algo que queda claro en la obra de Javier, en el entretejido artesanal que realiza de sus experiencias y reflexiones personales, en su trabajo profesional, y principalmente en la manera en que durante todos estos años lo he visto ofrecer la práctica de Mindfulness en los distintos ámbitos de enseñanza en la Sociedad Minfulness y Salud. Durante los últimos ocho años fui testigo silente de su proceso de sinceramiento profundo, de tocar lo que allí ya estaba para ser mirado con sutileza, escuchado y sostenido en un marco creciente de amor y compasión hacia sí mismo. Es muy simple: su profundo proceso es lo que se refleja en su obra, en sus clases y en sus guías.

Considero que es importante sugerir al lector que esté muy atento, durante toda la lectura, a no tomar la práctica como un mero instrumento o una fórmula mágica para erradicar todos sus males. Son muchos los riesgos que la deformación, la banalización y la sobresimplificación pueden traer. También entiendo y siento que es mucha la tentación, la necesidad.

Desde su origen la práctica de Mindfulness ha sido concebida en el marco del desarrollo espiritual a través del cultivo de una conciencia más directa y profunda de la realidad desde la que emerge una mayor apertura, sabiduría y amor. En este sentido el autor hace un buen trabajo en la transmisión de Mindfulness y su potencial transformador, que se basa en su verdadero compromiso con el desarrollo encarnado de la conciencia y sus cualidades. Esto no es un aspecto menor, ya que en los últimos años cada vez son más las personas que dicen enseñar Mindfulness, y lo hacen desde una mirada meramente instrumental y reducida, desconociendo por completo su verdadero sentido y contexto, impactando directa y negativamente en la transmisión y sus consecuencias.

En ese sentido este libro es un aporte que sopesa la balanza y por eso es aún más bienvenido y valioso. De manera directa, con un estilo claro, coloquial y ameno va tejiendo hilos y mostrando un entramado posible en el desarrollo de la conciencia para transitar un camino hacia el fin del sufrimiento, hacia la construcción del bienestar.

En este momento me animo a decir que este libro es un aporte irrepetible. ¿Por qué? La respuesta es sencilla: porque muestra la síntesis que nace en Javier a partir de la confluencia de varios de sus mundos. Su mundo personal, el de sus vínculos más cercanos; su mundo profesional en los roles de comprometido docente y terapeuta; su mundo meditativo, contemplativo, ese mundo de paisajes y recorridos más íntimos, secretos y silentes de su existencia y el sufrimiento que se hace presente en ella. Con claridad y humildad nos muestra aquí ese “nuevo mundo” que nace para él en el proceso de integración de “todos sus mundos”.

Este libro interpela al lector a preguntarse si ha llegado el momento, si realmente está dispuesto a acercarse a su propia experiencia, a verse desde su propia mirada, a dejar de correr, callar, escapar, gritar y mentirse para poder simplemente ser, aunque más no sea por un momento. Este es uno de los principales desafíos e invitaciones que con serenidad y claridad nos plantea el autor. Y nos invita a transitarlo a su lado. Nos acompaña amablemente, como un amigo que nos lleva de la mano a recorrer nuevos paisajes, y tal vez un día descubramos que no eran tan nuevos.

Como toda invitación puede tomarse o dejarse. Y lo que sea, será. Somos libres en esa elección siempre. Tal vez cada uno pueda en este punto detenerse, silenciarse y por sobre todo sincerarse para conectar con la intención profunda que lo guíe en el camino.

En esta pausa, comparto con cada uno de los lectores unas breves palabras de la escritora Mary Oliver que pueden servirles de guía. Para mí lo son.

No busquen ahora la respuesta. Deseo de corazón que simplemente puedan vivir la pregunta, nutrirse de ella una y otra vez y con infinita paciencia volver a empezar.

“Dime, ¿qué planeas hacer con tu salvaje, preciosa y única vida?”

María Noel Anchorena*

* Fundadora y Directora General de la Sociedad Mindfulness y Salud.

PRÓLOGO

Además de ser un excelente psicólogo, el autor de esta obra se caracteriza por ser un docente de alma. Si el interés del lector es entender, en términos simples y con una redacción amena, de qué hablamos cuando hablamos de Mindfulness y cómo esta práctica contribuye a la construcción del bienestar, ha encontrado el libro perfecto.

Javier Cándarle despliega todas sus habilidades docentes para que el lector quede atrapado en la lectura. Mantiene un dialogo constante, un estilo distendido y una narración fresca. No escatima ejemplos de su propia vida y la de sus pacientes, hermosas poesías, frases, refranes y ejercicios que dejan reflexionando al interlocutor.

El texto se divide en cuatro partes. En la primera, titulada Cómo funcionamos, desarrolla el concepto de la capacidad cognitiva al servicio del ahorro de energía y la eficiencia mental, vinculándolo a la capacidad de supervivencia. Resultan muy interesantes las conceptualizaciones de los obstáculos derivados de esta aptitud, o sea, la otra cara de la moneda de los mecanismos de adaptación.

Luego de haber visto con detenimiento cómo construimos una buena parte de nuestro sufrimiento y de haber enfatizado la escasa consciencia que tenemos de este hecho”, en palabras del autor, entramos en la segunda parte referida a los caminos que permiten reducir el sufrimiento y construir bienestar.

Continuando en la ruta, podemos acceder a la práctica de Mindfulness como una herramienta que permite hacer un stop, bajar la reactividad, y abrirse “plenamente a la realidad presente”. Esta práctica milenaria llega a Occidente con Jon Kabat-Zinn en los años ’70, tomando en consideración la necesidad de tener recursos que permitan lograr mayor calma ante los estresores constantes del mundo de hoy. Estrechamente vinculada a ella aparece el concepto de Aceptación, definido como la capacidad de estar con las cosas tal cual son: “Mindfulness es aceptación en acción”, nos dice Cándarle.

Hacia el final del recorrido, Construyendo el amor: Nosotros y los otros, se enfoca en el estresor tal vez más importante, el de las relaciones interpersonales. Es en esta área donde quedamos atrapados, jugando un papel importante nuestra reactividad emocional. El texto ofrece interesantes propuestas para afrontar esta dificultad.

El lector recorre las páginas y llega al final del libro sin esfuerzo, como empujado por una brisa, y al dar vuelta la última página toma consciencia de que se ha enriquecido con un aprendizaje que sin duda contribuirá a la construcción de su propio bienestar.

“La tensión es quien crees que deberías ser. La relajación es quien eres.”

Proverbio chino

Sara Baringoltz*

* Directora Centro de Terapia Cognitiva-Buenos Aires; Miembro fundador y Comité de Honor de la AATC (Asociación Argentina de Terapia Cognitiva).

INTRODUCCIÓN

Este es un libro en el que intentaré expresar una síntesis de los aprendizajes que me ha brindado el camino de la psicoterapia y la práctica comprometida de Mindfulness.

Representa, por ende, un recorrido personal de más de 20 años que se inició buscando alivio para mi propio sufrimiento y luego brindando asistencia a las personas que se han acercado a mí en busca de ayuda.

Tiene como objetivo esencial ofrecer los conceptos y prácticas que me han servido y han servido a otros en la disminución del sufrimiento y en la construcción del propio bienestar. Parte de la firme convicción de que la salud se construye trabajando con un esfuerzo perseverante y cotidiano, sabiendo con certeza que nada llega mágicamente ni por obra de la suerte.

Si bien creo que en el proceso de búsqueda y sanación personal intervienen poderes ajenos a nuestro entendimiento, estoy convencido de que dichas fuerzas son convocadas por nuestra sana intención de estar bien y compartir nuestro bienestar con otros. “Ayúdate y te ayudaré”, dice la sentencia bíblica.

Este texto está pensado como un compañero de viaje y, por lo tanto, dedicado a los caminantes que buscan estar mejor a través de la introspección, la libertad interior y el respeto profundo por el milagro de estar vivos.

De ninguna manera pretende erigirse como la solución final al problema del sufrimiento humano y menos aún como un recetario cómodo de soluciones simplificadas. En esa misma línea, quiero enfatizar que no pretende suplir los enormes e irreemplazables senderos que constituyen los programas bien diseñados y estructurados que enseñan Mindfulness, ni los procedimientos investigados y validados que puede ofrecer la centenaria psicoterapia.

Deseo que este libro sea, como dije, un compañero de ruta y que pueda estimular el deseo de profundizar, mediante las vías recién mencionadas, el autoconocimiento, el amor y el bienestar personal.

Hace unos 30 años comencé mi búsqueda personal estudiando psicología en una universidad privada de la ciudad de Buenos Aires. Soy hijo de padres docentes, amorosos y esforzados, y transité mis estudios trabajando como preceptor en mi querido colegio La Salle de Florida.

Aprendí tempranamente en esos dos hogares, mi casa y la escuela, la pasión por las humanidades y el respeto por el espíritu. Me fue inculcada la consciencia de que hay algo mucho más potente y trascendente que nosotros mismos y que es preciso entenderlo, vivenciarlo y respetarlo.

Pero también aprendí en esas matrices la importancia de tener los pies bien en la tierra para buscar soluciones reflexivas, simples y prácticas a los dilemas de la vida, sin quedar atrapado en disquisiciones artificiales.

Desde este entramado surgió una profunda atracción por la rigurosidad, la simpleza y el sentido común que emanaban de los conceptos de la terapia cognitiva. Los conocí mientras estudiaba en la universidad, pareciéndome claros, certeros y de un enorme poder explicativo.

Finalizados mis estudios de grado, decidí especializarme en dicho marco teórico y comencé un postgrado, junto a una formación en clínica de niños adolescentes y familias. De esta manera tuve acceso a los grandes aportes del cognitivismo clínico mantenien

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