La vida, paso a paso

Elena Rubio Navarro

Fragmento

Creditos

1.ª edición: abril, 2014

© 2014 by Elena Rubio Navarro

© Ediciones B, S. A., 2014

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal: B 9720-2014

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-803-2

Maquetación ebook: Caurina.com

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Contenido

Contenido

Portadilla

Créditos

 

Prólogo

Agradecimientos

Introducción

PRIMERA PARTE

Uno: El período prenatal

Un viaje por el túnel de la vida

Estoy embarazada, ¿Y ahora qué hago?

Tres madres, tres sentimientos

Enfermedades tempranas

La actitud materna

Una camella hostil

El nacimiento y la lactancia

El parto natural

Algunas ventajas a tener en cuenta

El parto hospitalario

La lactancia

Dos: El primer año de vida

¡Bienvenido!

El primer mes: Los instintos primarios

El segundo mes: Muy sensible al sonido

El tercer mes: «Todo pasa por la boca»

El cuarto mes: ¡Ya muerde!

El quinto mes: Araña, percute, presiona

El sexto mes: Pataletas y papillas

El séptimo mes: A gatas por el pasillo

El octavo mes: El pequeño explorador

El noveno mes: Un brillante imitador

El décimo mes: A veces vuelan platos

El undécimo mes: Quiquiriquí

El duodécimo mes: Papá, bata, patata

¡Ya ha pasado un año!

Tres: Los primeros años

Entre el año y el año y medio de vida: Autoconfianza y destrezas

Del año y medio a los dos años: Hacia la propia identidad

De los dos a los tres años: «¡Esto es un no parar!»

El lenguaje

De los tres a los cuatro años: «Todos te queremos»

Las relaciones triangulares

Sobre las normas

Actividades familiares para estimular al niño

De cuatro a cinco años: Grandes cambios en la apacible infancia

¡Por fin al cole!

La lateralidad: una balanza que otorga equilibrio

La mente infantil

Las habilidades en la infancia intermedia

De los cinco a los seis: ¡Me gustan los retos!

Cuatro: La realidad se concreta

De seis a siete años: otra visión de la realidad

El lenguaje

La motivación

La atención y la responsabilidad

De los siete a los nueve: La tercera infancia

Descubrimientos sexuales

La música, un lenguaje superior

De los nueve a los trece: Experiencias iniciáticas

Jorge en Brasil, o la iniciación a la vida adulta

Absorber mucha información

Aulas violentas

Cinco: Temas clave de la infancia

Los padres en el proceso educativo

Compartir actividades con los hijos

Actividades que fomentan la expresión

«Este niño será arquitecto»

Desobedientes por necesidad

El poderoso «no»

Propuestas ante el mal comportamiento

Un panel de responsabilidades

Algunas sugerencias para combatir la desobediencia

El dibujo como expresión

Virginia, Cristina y Silvia

Dificultades comunes

El niño hiperactivo

La hiperactividad como lenguaje

Los problemas de atención y aprendizaje

Ruido interno

¿Nos dirigimos hacia una cultura de la violencia y el miedo?

El duelo en los niños

Seis: La adolescencia

Época de grandes cambios

La identidad sexual

Mis amigos

Los padres y la inteligencia emocional

Un perfil para el adolescente

Un ejercicio práctico sobre un perfil adolescente

Las conductas antisociales y los juegos con las drogas

Charla en el café del Oriente

Los hogares vacíos

Las drogas, un arma letal al alcance de todos

Los riesgos de las drogas o de hacerse pandillero

¿Cómo saber si mi hijo se droga?

Las drogas ciclotímicas

La familia como antídono a la adolescencia de riesgo

El suicidio en la adolescencia

Factores potencialmente desencadenantes

Las relaciones familiares como antídoto

Hagamos cine

SEGUNDA PARTE

Siete: La primera juventud

Yo y el mundo: De los 18 a los 28 años

La sexualidad: De los ciberencuentros a los cuartos oscuros

El sida existe

¿Qué es eso del cibersexo?

Los estudios, el trabajo, la supervivencia: Ponerle realidad a la vida

«Quiero estudiar marketing»

La toma de decisiones

«Me voy de casa... pero no sé cuándo»

La identidad, la personalidad, la autoestima:: Yo y el mundo

La autoestima

¿Racismo o tolerancia?

Los radicalismos

La madurez emocional: Los amores se hacen más serios

Salir del armario

La comunicación, la creatividad: La movida está en la calle

Las ideas, las creencias, los valores: Un pensamiento propio

Ocho: Juventud, segunda parte

De los 28 años a los 35 años: la vida se complica por momentos

Obligaciones, compromisos, responsabilidades

«¡Vivan los novios!»

Nos hemos hecho padres

El lado complejo de ser padres

Una gran riqueza

Los hijos nos enseñan

Adopción y acogida

Los singles, los solteros

«Me paso el día currando»

Una lucha de fuerzas

Mucha energía

Nueve: Entre la tensión y la incertidumbre

De los 35 a los 42: practicando surf mental

Una gran tensión

Un punto de inflexión

¡Maldito estrés!

Detener el estrés

Practique surf mental

Diez: Mujeres maltratadas

Vivir con un maltratador

El proceso

Los puntos débiles de la mujer

El acosador

¿Cómo son ellas?

Señales de aviso

Once: Estados depresivos puntuales

¿Depresión o momentos difíciles?

¿Qué es una depresión?

Los estados depresivos puntuales (EDP)

Los síntomas de la depresión

¿Medicación o psicoterapia?

Mensajes para la transformación

Pequeños cambios ayudan a superar grandes dificultades

Doce: La crisis de la mitad de la vida

Un tornado levanta mi casa y se lleva mis cosas

La sexualidad madura

La pareja: Una relación de años

La familia cambia

¿Qué ha sido de nuestros viejos sueños?

La menopausia, una puerta al conocimiento sutil

El encuentro con la muerte

Cambios, empuje y confianza

Trece: La madurez inteligente

De los 50 a los 60: Medio siglo no es nada

Fluir

Cierta conexión con los veinte

La capacidad de influencia

La simplicidad voluntaria

¡Towanda!: El grito de guerra

Catorce: La década dorada

Los 60: Me siento un chaval

Buena Vista Social Club

Mastroianni, Redford, Mandela

El diálogo interior

Quince: Caminar en solitario entre el cielo y el mar

Los 70: Los dos mundos

Acerca de la felicidad

La felicidad es un sentimiento personal

La felicidad está en el pensamiento

Reprogramar patrones inadecuados

La sabiduría infinita

«Camina una blanca Garza...»

Dieciséis: De los ochenta en adelante

Los 80: Autonomía, voluntad y aceptación

Los grandes aprendizajes

La recapitulación

Las crisis de nulidad

Cuidado con el Burnout

«Cuando decidas algo por mí, piensa también en mí»

Los sin hogar: No olvides que mi casa soy yo

Un viaje virtual por el túnel del tiempo

¿Demencia senil o cosas de la edad?

Características de la demencia senil

Actitudes de altos vuelos

Diecisiete: La muerte, un tabú

La historia del príncipe Siddhartha

De capullo a mariposa

La muerte en algunas tradiciones

Seminarios impartida por la autora

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Prólogo

Elena, en su trayectoria como escritora, siempre ha creado nuevas formas de expresión en los diferentes terrenos que ha cultivado y, con su estilo directo, amable, claro y siempre inteligente, aproxima sin esfuerzo a la lectura de temas tan arduos como son la Empresa, la Gestión y la Psicología.

En el campo de la comunicación y de la divulgación, ha sabido discurrir con creatividad y certeza. Nos lo mostró en su faceta periodística, cuando creó estilo en la prensa del management con sus artículos semanales para El País, El Mundo y otros medios.

También nos hizo fácil la lectura en el complejo camino de la Formación para la Empresa, y vimos cómo los manuales de estudio se humanizaban con su experiencia en el sector, siempre utilizada con gran creatividad para hacer posible el aprendizaje sin excesivo esfuerzo.

Ahora, Elena nos sitúa en el interior de la persona, y lo hace con la mano experta de quien ha transitado con sus escritos por lugares tan diversos. En el trazado de sus anécdotas, capítulo a capítulo se percibe su propia experiencia vital al enfocar la mirada de esa forma tan personal sobre los sucesos cotidianos, producto de una vida intensa dedicada al descubrimiento de sí misma.

Ésta es una obra de gran calado, por la singularidad de su exposición y por la nueva forma de abordar la comprensión de la propia conducta, de las emociones y de los sentimientos. El lenguaje directo y claro, en un tema tan ambicioso como es el conocimiento de la mente humana, lo convierte en un práctico libro de consulta y autoayuda que permite ampliar el marco de la conciencia personal.

Todo ello expresado con una gran espontaneidad que hace amena la lectura y, además, con alto contenido conceptual y profesional; lo que proporciona a este texto una categoría superior, ya que lo hace asequible e interesante tanto para el lector normal como para las personas que trabajamos en el área del autoconocimiento y de la salud mental.

Es un libro valiente, atrevido e innovador, recomendable para todo aquel que quiera profundizar en su propia forma de vida y en la relación consigo mismo y con el entorno para crear una existencia más feliz.

Aurora Valderrama Eguiluz

Psicóloga Clínica. Psicología Integral.

Socia fundadora de Psicodinamia Grupo para el desarrollo terapéutico.

Presidenta de la Asociación Española de Tanatología Musical

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Agradecimientos

A mis amigos y colegas psicólogos y terapeutas que han leído la obra y me han dado su visión:

Beatriz Almandoz, Carmen Martínez, Carmen Alós, Lola Sánchez, Rosario de Casso, Mónica Morando, Alfredo País.

Encargué la realización del prólogo a Aurora Valderrama por su lectura a fondo de la obra, quien ha aportado su criterio experto y bien ajustado.

Quiero hacer especial mención a mi madre, quien con su gran perspicacia, inteligencia y sensatez ha aportado mucho. Su experiencia vital me ha ayudado a reflexionar sobre numerosos pasajes y conceptos. También a mi padre, porque su lectura le ha dado sobriedad a la expresión de algunas ideas que yo había dejado más en el aire.

Agradezco a Marisa Tonezzer, editora del libro y directora de la editorial Vergara, su buena mano al conducirme por un sendero bien trazado. Su presencia y saber hacer como editora, función relevante que cada vez se ve menos en las editoriales, me ha dado tranquilidad y seguridad en una labor de conjunto que ha proporcionado a la obra estabilidad, coherencia y calidad.

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Introducción

Sé que, para muchas personas, a partir de los cincuenta años de edad empieza un declive que se va pronunciando con el tiempo; sin embargo, para mí esto no es así. Tampoco considero que los niños sean ignorantes y los adultos muy sabios, ni que los ancianos no tengan nada que aportar o que las mujeres de setenta y de ochenta no estén en lo mejor de sus vidas; es más, estoy convencida de que la plenitud, esa energía radiante que nos hace sentirnos felices y vitales, entusiastas y motivados, es infinita y la podemos extender sin temor hasta que se transforme con nosotros.

Durante años he formado a miles de participantes en numerosos cursos de empresa que he impartido en España y en otros países. He invertido mi conocimiento, mi tiempo y mis competencias en observar, pensar y diseñar patrones de actuación más eficaces para todos y he sentido de cerca la incertidumbre y la insatisfacción que se esconde, en muchos, tras esa apariencia sobreactuada que se expresa con un «todo va bien».

He escrito este libro con el propósito de aportar información, fruto de mi experiencia vital y profesional, para ayudar al lector a ampliar su mirada sobre sí mismo y su entorno ofreciéndole una aproximación comprensible a algunas claves de la psicología que, por la complejidad de los conceptos que involucran, suelen ser privativas de expertos e iniciados.

¿Se ha preguntado alguna vez qué hacemos en este maravilloso planeta, repleto de paraísos naturales y al tiempo tan controvertido? ¿Hemos venido a triunfar en los negocios, a alcanzar una buena posición social o a ser felices en el amor? ¿Estamos aquí para parir hijos, para hacer arte o para contemplar el infinito? ¿Sabe usted cuál es el propósito de su vida? Es obvio que hoy en día la Tierra, nuestro mundo, pasa por momentos arriesgados y difíciles y que son muchas las cosas que están en juego, empezando por la propia subsistencia de las especies, incluida la humana, y la pervivencia de la naturaleza. Esta situación delicada hace necesario un cambio de conciencia respecto a los modelos de vida que nos rigen y el primer paso de la transformación empieza en nosotros. Será difícil sobrevivir en momentos críticos si carecemos de las oportunas herramientas para manejar nuestros propios conflictos internos, las emociones que nos inquietan, lo que pensamos, las relaciones en las que estamos inmersos, el miedo, los deseos, el desánimo, la alegría.

Hoy vivimos en la que algunos ya han denominado «Era de la Conciencia», en alusión a que cada vez queda menos espacio para la ignorancia personal: sólo conseguiremos un mundo pacífico en la medida en que todos estemos alineados con nuestra propia armonía interna y alcancemos el equilibrio mental y emocional. Precisamente de esto trata el libro, de la condición del hombre como ser que evoluciona a cada instante y al que ha llegado la hora, decisiva, de transformar su percepción y hacerse responsable de sí mismo, es decir, de lo que piensa, de lo que siente y de lo que actúa.

Esta obra es un trayecto cuyo recorrido, cuidadoso, comienza en el momento de la concepción y termina con la muerte física. Su contenido es de psicología evolutiva, porque habla del progreso de la vida, paso a paso, y es de autoayuda, porque encierra información para que uno comprenda y aprenda a resolver mejor sus dificultades, y esto lo he demarcado por etapas vitales. Además, es un libro de familia que abarca todas las edades del ser humano; en él se encuentran datos sobre los recién nacidos y sobre los de treinta, sobre los preadolescentes y los mayores.

La forma de leer este ejemplar es variada. Quien desee adquirir una visión global de la psicología del ser humano puede proceder como se hace normalmente con los libros, desde el principio hasta el final; así seguirá el hilo del discurso con el que he desarrollado el trabajo, y en donde subyace siempre un mensaje fundamental: la vida es un proceso de aprendizaje y desarrollo permanente. Otra manera de abordar la obra es yendo directamente a la edad, o edades, que a uno le interesen; por ejemplo, los padres pueden sumergirse en todo lo relativo a la infancia o la adolescencia, los jóvenes encontrarán pistas sobre qué les sucede a otros como ellos y los mayores tienen la posibilidad de entrar directamente en su propia edad y en la de aquellos sobre los que quieran obtener datos.

Al lector adulto que busque adquirir conocimientos de psicología, le recomiendo que se lea la segunda parte entera y de forma progresiva, capítulo por capítulo. De esta manera, obtendrá un mapa completo que le ayudará a colocar mejor las piezas del puzle de su vida.

En ocasiones, he elegido un capítulo determinado para insertar un tema, aunque ello no significa que sea exclusivo de esa edad. Por ejemplo, hablo de la felicidad a los setenta años cuando este asunto, evidentemente, es trasladable al resto de la vida. Sin embargo, ésa es la década en que, si alguien tiene dificultades importantes y no ha conseguido unos mínimos de estabilidad emocional, tendrá que plantearse cómo poner los medios para ello. Por otra parte, sitúo en la mitad de la vida una gran crisis que a la mayoría nos sobreviene, aun sabiendo que momentos duros se atraviesan a cualquier edad; por ello, los datos que aporto para solucionar las crisis de la media vida también son aplicables a otras etapas y circunstancias. A los sesenta trato el concepto de cerrar ciclos vitales, en este caso el laboral, y eso marca pautas para otras circunstancias en las que uno se ve impulsado a concluir algo. En definitiva, si usted tiene interés por el tema de la «felicidad» sin importar su edad, lea el capítulo dedicado a las personas de setenta años y proceda de la misma manera con el resto de la obra.

Recomiendo al lector que no caiga en la tentación de hacer crítica negativa del tipo «a mí eso no me pasa», «no soy capaz», «qué desastre de vida tengo»; éste es un libro de divulgación y no una terapia a la medida. El único objetivo por mi parte, y no es poco, ha sido el de proporcionar información para hacer la vida algo mejor; por tanto, otras interpretaciones se salen del proyecto.

He pretendido abrir nuevos espacios, otras formas de mirar y de ver la realidad cotidiana y también he querido transmitir un mensaje positivo y entusiasta que viene a decir algo así: vivir es un regalo incalculable, eso nos hace ser agradecidos y nos sitúa en el compromiso de comprender qué hacemos aquí, cómo podemos desplegar todo nuestro potencial y cómo hacerlo con satisfacción y sabiduría. Si queremos traspasar las épocas oscuras de la humanidad, como ésta en la que estamos inmersos, repleta de enfrentamientos y violencia, hemos de involucrarnos en un cambio de conciencia individual y colectivo, hacernos más generosos y sacar el sufrimiento de nuestras vidas. Ésta es la razón por la cual durante un tiempo he aparcado mis libros de empresa, campo en el que soy autora desde hace años, y me he ocupado de desarrollar un manuscrito que tuviera una divulgación mayor y aportara nuevos conocimientos al lector. De aquí la presente obra, que habla del propósito de la vida, de la confianza que es preciso desplegar para afrontarla y del fin último, que es adquirir conciencia sobre nuestra verdadera dimensión para superar las dificultades colectivas y abrirnos a una nueva época planetaria más armónica y luminosa.

Elena Rubio Navarro

Madrid, a 16 de febrero de 2007

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PRIMERA PARTE

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Uno

EL PERÍODO PRENATAL

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Un viaje por el túnel de la vida

Hace unos años me sometí a una experiencia regresiva que dirigía un especialista en hipnosis ericksoniana, un conocido método desarrollado por el doctor Milton Erickson. Tumbada cómodamente sobre un sofá me dejé guiar por las instrucciones del hipnotizador, quien, poco a poco, me hizo retroceder en el tiempo hasta el momento justo de mi nacimiento. Una vez allí, no sé cómo, inicié un viaje por el interior de la matriz de mi madre que me condujo al instante de la concepción; en ese punto sentí que mis padres se querían y que yo era fruto de una unión feliz y de un deseo consciente de traerme a este mundo. Incluso fui más allá en el recuerdo y pude observar, como quien participa de una asombrosa película en la que se es al mismo tiempo espectador y actor, que venía del cosmos y que, gracias a la fecundación, obrada magistralmente por mis progenitores, me materializaba en un embrión.

Recuerdo, asimismo, un color anaranjado muy relajante que dejaba pasar una luz tamizada pero viva: era el vientre de mi madre, y yo lo veía desde su interior. Percibía que ella era activa, joven, alegre, que se movía de un lado a otro, y que yo, en ese habitáculo, me sentía bien. Se trataba de un espacio cálido y apacible, y mi única función allí era estar y sentir sin otra obligación que la de dejarme llevar por el ir y venir de mi madre y apreciar sus estados de ánimo y sus movimientos; yo era un testigo que, acomodado en sus entrañas, observaba el ajetreo de su vida. Y explico mejor esto: en el viaje hipnótico, al volverme feto, distinguía muchas cosas que sucedían; pero no las pensaba tal y como nosotros pensamos. Incluso, me atrevería a decir que lo veía todo desde una mente amplia que observa y sabe sin necesidad de hacer uso del pensamiento racional.

Unas veces, la luz se hacía más intensa, y otras, era más tenue y me daba la impresión de que ella se acercaba y se alejaba a algún foco luminoso o se sometía a una exposición directa al sol; como si, por ejemplo, se aproximara a una ventana y le diera de lleno un rayo que iluminara su vientre hasta hacerle adquirir un tono naranja intenso. Otras veces, el color era más apagado y lo dejaba todo en penumbra, entonces yo sentía una gran protección y un inmenso deseo de permanecer así hasta el infinito. El cuerpo en estado flotante se encuentra muy bien, no necesita nada más; ese encaje del feto en el útero es perfecto y ofrece una gran seguridad. No sé qué sentirán los niños que vienen al revés pero yo, en ese privilegiado escenario, me encontraba estupendamente.

Luego todo se volvió oscuro. Hay trozos de la película por ese túnel de la vida que mi memoria, aun estimulada por la hipnosis, es incapaz de evocar: recuerdo una amalgama de sonidos indefinidos y molestos, el nervioso trajín de personas, voces y griterío y una luz blanca y fría procedente del techo que me producía mucha inquietud; alguien me golpeó en la espalda, fue muy desagradable pero el aire me infló los pulmones y empecé a respirar: creo que entre todo aquel jaleo acababa de nacer.

Quizá bajo hipnosis se acceda a experiencias inimaginables y a remotas grutas inexploradas del pasadizo de la vida primigenia; pero la realidad es que, para la ciencia, no ha resultado fácil saber qué ocurre en los espacios intrauterinos cuando somos unos diminutos embriones, proyectos de hombres y de mujeres: las dificultades para realizar experimentos sin generar daño traumático a la madre o al feto han sido notables. Sin embargo, hoy en día el avance en tecnología de la imagen diagnóstica es grande; así, gracias a las ecografías, al escáner y a otros instrumentos, es posible acceder a la vida intrauterina en tiempo real y obtener valiosa información. La psicología, por su parte, no dispone de un sistema para entrar en el espacio fetal y su método consiste en relacionar qué le sucede a un niño, ya nacido, con lo que le sucedió a su madre durante la época del embarazo.

Así, se sabe que los hijos de quienes han sido felices durante el período de gestación también lo son y crecen con normalidad; por el contrario, los descendientes de mujeres que pasan su embarazo bajo los efectos de una crisis emocional o de alguna enfermedad o circunstancia difícil pueden manifestar en su infancia algún trastorno de la afectividad, de las relaciones o incluso cognitivo.

Aprovecho para comentar que la psicología, a pesar de los esfuerzos que durante décadas lleva realizando, todavía no ha logrado la categoría de ciencia; y no es de extrañar, porque todo lo relativo al ser humano resulta difícil de definir con precisión: es imposible realizar predicciones matemáticas sobre el comportamiento o sobre una reacción emocional. Por eso, en este libro, no debemos esperar respuestas infalibles, sino sugerencias y observaciones. La psicología habla de tendencias, de supuestos fundamentados en el estudio, de estadísticas que confirman reglas, pero realmente no puede afirmar con rotundidad muchas de sus premisas; por ejemplo, ¿quién puede describir cómo es una emoción de entusiasmo o el impacto que el color azul produce en la mente humana? Algunas cosas son imposibles de explicar pero existen.

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Estoy embarazada, ¿Y ahora qué hago?

Esa mañana Virginia se levantó muy nerviosa, a las doce tenía hora en la consulta del médico para recoger los resultados de la prueba de embarazo. Hacía meses que Juan y ella se habían reafirmado en la idea de tener un hijo, realmente lo deseaban y desde que tomaron la decisión su vida giraba en torno a ese proyecto.

A pocas calles de allí Cristina, inquieta, bebía a sorbos su matutino café con leche descremada, a las doce le esperaba su ginecóloga con las pruebas en la mano. «¿Qué haré como sea que sí?», se preguntaba con preocupación. «Sin trabajo, sin novio y sin ganas de ser madre. ¡Vaya lío! Espero que todo haya sido una falsa alarma», reflexionaba, apurando el humeante brebaje.

En el mismo barrio, Silvia se secaba el pelo; a las doce estaba citada para una consulta rutinaria en la unidad de ginecología; más tarde había quedado con unas amigas para tomar el aperitivo y comer en un restaurante nuevo y muy moderno que alguien les había recomendado.

A las doce en punto tres mujeres que vivían en la misma ciudad, en el mismo barrio y con edades parecidas recibían la misma noticia: «¡Enhorabuena! Está usted embarazada.»

Virginia saltó loca de contenta y casi se come a besos al médico: «¡Qué alegría, doctor! —no paraba de repetir—. ¡Qué alegría! ¿Y para cuándo, dígame, para cuándo?»

Cerca de allí, a Cristina se le vino el mundo encima: «¿Embarazada, dice usted? No puede ser; estarán mal hechas las pruebas. Yo ahora no puedo tener un hijo. ¿Es posible repetir los análisis? —Ahogando la cara entre las manos, rompió a llorar—: Pero, ¿qué voy a hacer si no puedo ni mantenerme a mí misma?», se lamentaba amargamente.

Silvia, indiferente, se guardó el sobre que contenía las pruebas con una sonrisa congelada por la inexpresividad, se despidió del doctor, bajó las escaleras y, en la puerta del ambulatorio, cogió un taxi para reunirse con sus amigas. «¿Qué te ha dicho el médico; todo va bien?», preguntaron al verla. «Sin novedades, era algo rutinario», respondió. «¿No estarás embarazada?», increpó Julita, la más curiosa. «¿Embarazada, yo? ¡Qué tontería!»

Un embarazo predispone a una mujer a tomar una decisión de suma importancia que es la de abrir o cerrar su espacio interior para dar o no cobijo al nuevo ser que se avecina. Y este gesto no es sólo físico (poner su cuerpo a disposición de...), sino también emocional (aportar su afectividad) y psicológico (adoptar ciertas actitudes); lo cierto es que unas desean ser madres y otras, no.

Las mujeres están conectadas con los instintos, con la naturaleza y la creación y es inusual que inicien guerras y actos violentos; antes bien, se ocupan de traer la vida al mundo, de protegerla y de impulsar su desarrollo. Sin embargo, no todas experimentan alegría ante la noticia de un embarazo, hay circunstancias que llevan a no desearlo: no es un buen momento; no estoy preparada; mi vida es complicada; mi relación de pareja no funciona; no puedo mantener a un bebé. Mientras que unas reciben la buena nueva con entusiasmo, para otras, si el embarazo no se produce en el momento más propicio, provoca una reacción negativa y de rechazo que se manifiesta de diversas formas: con enfado, con rabia, con desánimo. Algunas deciden interrumpir el proceso.

Otro grupo de mujeres está compuesto por aquellas que niegan la evidencia. Reaccionan de forma extraña, ni siquiera se enfadan o se ponen agresivas, sino que ignoran por completo a ese embrión que está en su vientre. Esa nueva vida no existe, es algo totalmente ajeno a ellas y no le van a prestar atención.

Los psicólogos consideran que estas tres posiciones primarias de la madre ante su inminente embarazo podrían repercutir en la vida física y psíquica del nuevo ser.

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Tres madres, tres sentimientos

a) La madre que se siente feliz ante el embarazo

Una acogida abierta y positiva ante esa nueva vida que comienza facilita mucho las cosas al pequeño embrión. Alguien que ha sido deseado, querido y bien recibido inicia su andadura en este mundo entrando por la puerta grande. Esta favorable predisposición materna va a condicionar el futuro del niño, quien podrá experimentar afecto y seguridad, los dos pilares fundamentales para su normal desarrollo. En las historias personales, cuenta el hecho de haber sido un hijo deseado y querido: hay quienes llegan a la vida y se encuentran con las condiciones óptimas (amor, estabilidad, recursos materiales) y quienes lo tienen más complicado y habrán de esforzarse y desarrollar opciones compensatorias; muchas veces, de las adversidades salen grandes oportunidades.

b) La madre que rechaza el embarazo

Cuando la madre rechaza el embarazo pero decide seguir adelante con él, se establece en su interior una lucha que se puede expresar así: no quiero un bebé en mi vida, pero también reconozco que es un ser humano que necesita amor y cuidados. Normalmente, el instinto maternal es tan fuerte que, con el tiempo, cualquier mujer irá aceptando el hecho hasta integrarlo: puede mostrar afecto a ese diminuto ser que lleva en las entrañas; en este caso, en la medida en que sea capaz de crear un vínculo emocional hacia el futuro bebé, le podrá proporcionar el sustrato adecuado para que el proceso de la vida se dé como se tiene que dar: con alegría, afecto y apoyo.

Ese vínculo emocional es como la gasolina que necesita un coche para funcionar, ya que sin ella no anda; en el caso del niño, si falta la gasolina emocional, se podría bloquear o retrasar su crecimiento, como veremos más adelante. Se sabe que una actitud negativa continuada, de no resolverse, va a generar problemas en el nuevo ser. ¿A quién no le gusta ser bien recibido, querido o deseado?

c) La madre que ignora el embarazo

¿Qué ocurre cuando la madre ignora por completo la existencia de aquel que un día será su hijo? Al negar la evidencia no crea ningún vínculo, ni bueno ni malo, ni positivo ni negativo. No ama, no odia, no siente alegría, ni rabia, ni salta de júbilo, no se enfada. Esta madre vive a espaldas del nuevo ser, y eso deja tal vacío que esta actitud podría afectar al embrión e impedir su desarrollo psicoemocional.

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Enfermedades tempranas

A los pocos días de saber que estaba embarazada, María recibió la inesperada noticia de su despido en un trabajo al que había dedicado los seis últimos años de su vida de forma intensiva y con gran esfuerzo y motivación. Las razones no estaban claras, pero el director europeo anunciaba reestructuraciones. Por si fuera poco, Luis, su marido, hacía un par de meses que andaba huidizo y malhumorado. Por fin, ese fin de semana, tras muchas evasivas, logró hablar con él: se había enamorado de otra mujer y estaba hecho un lío. Luis y ella eran de la misma edad, a sus veintinueve años llevaban dos casados y una relación de siete; María había cometido el error de creer que aquello sería «amor para toda la vida», y lo repetía con ironía de vez en cuando.

Las cosas no podían ir peor: «En la calle, sin apenas indemnización, porque ahora no sé cómo lo hacen, pero te vas de las empresas con lo puesto, ni un duro de más —le decía a una amiga—, con un marido que se iba con otra y... ¡ah!, se me olvidaba, con un bebé en camino. ¡Dios mío! ¿Qué pasa con mi vida?»

Ni que decir tiene que María entró en una crisis vital de grandes dimensiones al verse en casa, sola, sin ninguna ocupación, lejos de sus compañeros y amigos de los últimos años, con la amargura que deja un cruel despido y, además, sabiendo que su marido estaba con otra; el caso es que cayó en una depresión, en picado. Del embarazo, la verdad, ni se acordaba, tan sólo de vez en cuando se repetía a sí misma: «¡Qué horror! Por si fuera poco, además estoy embarazada.»

Cuando la madre se ve envuelta en una situación crítica y desesperada, ¿qué le ocurre al feto? ¿Es posible que un accidente emocional que padezca ella, en una época muy temprana de la concepción (por ejemplo, durante el primer mes de embarazo), afecte directamente al desarrollo embrionario? Las investigaciones apuntan a que sí. El ser humano es tan sutil, y su maquinaria biológica y psicológica tan perfecta, que han de darse las circunstancias propicias para una evolución normal.

La psicología ha observado ciertos datos de interés.

1. Hay causas que afectan al embrión y dificultan o interrumpen su crecimiento normal.

2. Como el mundo más cercano del que depende totalmente el feto es la madre, esas causas, en numerosas ocasiones, están relacionadas con ella.

3. También existen factores de tipo genético o biológico que afectan al crecimiento.

4. A veces se producen trastornos en etapas tempranas que son muy graves.

5. Cuanto más antiguo sea el problema en la historia individual (por ejemplo, en la etapa prenatal), más grave será el daño. Es decir, cuando un adulto sufre un trauma tiene más recursos que cuando lo sufre un bebé o, en este caso, un embrión.

6. En cada etapa del crecimiento se dan oportunidades y problemas característicos. Así, por ejemplo, hay trastornos en el feto, otros que tienen lugar en la infancia, en la adolescencia, etc.

Para algunos investigadores, existe una relación entre enfermedades infantiles severas (por ejemplo, el autismo) y dificultades que han surgido durante el período prenatal. Podríamos representar los problemas en la línea de la vida de la siguiente manera:

El autismo es un trastorno muy grave caracterizado por una ausencia total de relación con el mundo exterior. El autista no puede establecer intercambios con el entorno, ni con las personas cercanas, ni con cosas o situaciones, y vive en un universo de aislamiento total del que poco se sabe.

Imaginemos el caso de una mujer en situación de duelo por la desaparición de un ser muy querido que, además, está en el primer mes de embarazo. ¿Podrá separar sus emociones de tristeza por la pérdida y al mismo tiempo sentir la alegría que le produce su buena nueva? ¿Es capaz María de olvidar la angustia que le genera su situación matrimonial y su despido y de entregarse a vivir a fondo la experiencia de ser madre? ¿Se puede compaginar l

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