PRÓLOGO
El deporte se ve en el corazón
Yo pude ver hasta los 25 años, cuando una retinopatía diabética decidió por mí que mi horizonte sería negro en apenas un mes. Ya entonces practicaba deporte, y lo consumía en la televisión. Y recuerdo plantarme durante horas en el sofá de mi casa para seguir la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992.
Tan solo dieciséis años después, en lugar del príncipe Felipe, hoy Felipe VI, quien desfilaba con la bandera española en Pekín 2008 era yo. Muchas veces me he preguntado cómo hubiera vivido aquel momento con la vista intacta. Pero seguramente no habría sido tan intenso como lo que fui capaz de sentir.
Un acontecimiento de esa magnitud te entra por todos los sentidos. Antes de salir a «El Nido», escuchaba la música que sonaba. Era capaz de oír los vítores y los aplausos de los espectadores que lo llenaban. Podía oler la adrenalina y las endorfinas de todos los que me rodeaban, porque la felicidad superaba con creces a los nervios. Y era muy consciente de mi sequedad bucal, provocada por la tensión de aparecer en los televisores de miles de millones de espectadores.
Más tarde, quise demostrar al mundo que las personas con discapacidad no solo servimos para desfilar en unos Juegos Paralímpicos. Por eso acepté la invitación de Radio Marca para comentar un Levante-Valencia de la temporada 2012-2013. Y quise ese mismo año correr una prueba de running de 10 kilómetros en la ciudad de Valencia acompañado por más de 10.000 personas.
Por supuesto que me gustaría poder disfrutar de mis deportes preferidos a través de mis ojos. Siempre he dicho que si no hubiera acabado lanzando peso y disco hoy sería ciclista profesional. Y tendría en mi calendario como cita obligada los Mundiales de Ciclismo en Pista.
Y también, por supuesto, sería de aquellos que se pasan jornadas enteras delante del televisor disfrutando de pruebas espectaculares que debes ver al menos una vez en la vida. De este libro, por ejemplo, ya he disfrutado en vivo una prueba del Mundial de MotoGP y espero poder hacerlo en algún momento del Rally Dakar, un Gran Premio de Fórmula 1, un Grand Slam de tenis o la Vuelta Ciclista a España.
Al final, tanto cuando lo protagonizas como cuando eres espectador, el deporte tiene algo que no te da ningún otro ámbito de la vida: la capacidad de emocionar. Puedes abrazarte a un desconocido gracias a un gol de tu equipo, puedes salir a la calle a celebrar un éxito de tu selección y hasta puedes formar parte de un dispositivo que organice un gran evento en tu ciudad.
Y eso es lo que me gusta de este libro. Que cada día, en todo el mundo, tenemos la oportunidad de disfrutar de algo que nos hace felices. Un aspecto muy importante en una época en la que pocas cosas ayudan, con tan poco, a serlo tanto.
DAVID CASINOS
Lanzador de peso y disco paralímpico. En su carrera ha ganado
19 medallas de oro, cuatro de ellas en los Juegos Paralímpicos.
Está considerado el mejor lanzador ciego de la historia del atletismo.

INTRODUCCIÓN
El año que vivimos «deportivamente»
Cada vez son más las personas que programan sus viajes turísticos en función de los acontecimientos deportivos que se celebran en diversos lugares del mundo. El turismo deportivo pasivo, es decir, aquel en el que quienes viajan lo hacen para ser espectadores de eventos de primer nivel, gana adeptos en los últimos años. Es una manera singular de viajar, supeditada a las grandes citas de las distintas disciplinas deportivas, sea un torneo de tenis, sea un Gran Premio de Moto GP o un partido de fútbol en el que se decide un título de prestigio. Solo un dato da fe de ello: el Gran Premio de España de Fórmula 1 aseguró su continuidad en el calendario del gran circo automovilístico porque más del 70 % de sus asistentes procedía de fuera de la provincia de Barcelona y se desplazaba expresamente al circuito de Montmeló a presenciar en directo la prueba.
Con la vocación de convertirse en una guía práctica de los acontecimientos deportivos que se celebran anualmente en el mundo, se publica 50 eventos deportivos, un libro en el que tienen cabida las citas más importantes que tienen lugar cada año en una fecha más o menos fija, lo que permite al lector programar sus viajes con la suficiente antelación como para asistir a ellas. Además, cada uno de sus capítulos viene acompañado de una ficha técnica para acceder a la compra de entradas de aquellos acontecimientos de pago.
Pero no solo a quienes desean asistir a dichos eventos va dirigida esta obra. En sus páginas, el lector encontrará información detallada de cada una de las citas deportivas, con curiosidades, estadísticas y un buen número de datos para conocer el ambiente y la ubicación en que se celebran.
50 eventos deportivos es un calendario virtual de todo un año que se puede vivir deportivamente de enero a diciembre. A través de medio centenar de acontecimientos que conceden gloria a sus vencedores, el turista deportivo puede hacer una vuelta al mundo acudiendo como testigo privilegiado a esas citas que salpican el calendario actual de emoción, lucha y competitividad para conseguir el triunfo.
Como este libro se ciñe a aquellos acontecimientos deportivos que se celebran todos los años y en unas fechas fijas, hemos excluido citas como los Juegos Olímpicos o los Mundiales de fútbol o baloncesto, que cumplen ciclos cuatrienales, los Mundiales de balonmano, atletismo o natación, bianuales, y otros eventos cuya ubicación en el calendario no es fija.
Los amantes del deporte saben que hay eventos a los que hay que acudir, aunque sea una vez en la vida, para presenciarlos en directo, para vivir en primera persona la emoción de disfrutar de un acontecimiento singular e irrepetible, que permanecerá para siempre en tu memoria. Este libro te descubre cuáles son esos eventos.

1. TORNEO DE LOS CUATRO TRAMPOLINES
Grosse Olympiaschanze
(Garmisch-Partenkirchen, Alemania)
¿Quién no se ha despertado un primero de enero con los acordes de la Marcha Radetzky, de Johann Strauss padre, y, a continuación, ha pasado la resaca viendo los tradicionales saltos de esquí de Año Nuevo? Pues esos saltos de esquí, que preceden al ibuprofeno para mitigar el exceso de alcohol en sangre, son parte de la competición más importante que se celebra en dicha modalidad deportiva en el mundo: el Torneo de los cuatro Trampolines. La estación invernal de Garmisch-Partenkirchen, en la frontera de los Alpes bávaros con Austria, acoge cada año la segunda prueba de un torneo cuyo origen se remonta al año 1953, cuando Alemania y Austria decidieron crear una competición combinada para dilucidar el mejor saltador de ambos países. Unos años más tarde, el torneo se abrió a saltadores del resto del mundo y ha llegado a nuestros días como la competición de referencia en lo que se refiere a saltos de esquí.
Pese a ser la segunda prueba del torneo, la de Garmisch-Partenkirchen es la más conocida en el mundo, no solo por la emblemática fecha en que se celebra, sino por las características de la pista. Construido en 1936 para albergar los Juegos Olímpicos de Invierno, el trampolín ha sufrido diferentes reformas en los últimos sesenta años hasta adquirir el aspecto actual: una plataforma de 60,5 metros de altura con una longitud de 103,5 metros y una inclinación en la puesta en marcha de 35 º, lo que hace que los participantes alcancen velocidades que rondan los 100 kilómetros por hora. El suizo Simon Ammann ostenta el récord de distancia de salto con los 143,5 metros que alcanzó en la edición de 2010.
Los saltos de esquí
son una buena excusa
para pasar un fin de
año diferente
La prueba de Garmisch-Partenkirchen no solo es una competición deportiva. También es una excusa para pasar un tránsito de año diferente y así se lo toman las 35.000 personas que acuden cada diciembre a la pequeña localidad bávara a pasar la Nochevieja y, de buena mañana, subir al Grosse Olympiaschanze a contemplar en directo uno de los torneos del deporte blanco con mayor tradición en el viejo continente.

1 de enero
Sede: Grosse Olympiaschanze (Garmisch-Partenkirchen)
Web: www.gapa.de / www.vierschanzentournee.com Teléfono: +49 8821 180700


2. RALLY DAKAR
Rutas de Argentina, Chile, Perú y Bolivia
Conserva el nombre del que fue el punto de su mítica llegada —las playas de Dakar, en Senegal— hasta 2007, aunque se dispute en los paisajes de Suramérica desde que la amenaza de Al Qaeda obligara a trasladarlo a la pampa, la puna, el desierto o las enormes praderas del sur de América. Pero se llame como se llame, el Dakar es una competición única, la carrera de resistencia con vehículos (motos, quad, coches y camiones) más famosa del mundo.
Todo comenzó a causa de un contratiempo. En 1978, Thierry Sabine, un piloto de motocicletas francés que participaba en el rally Costa de Marfil-Costa Azul, se perdió durante dos días por el desierto del Teneré, en el norte de África, y, en lugar de irse a su casa y olvidar aquella funesta aventura, decidió crear un rally que recorriera los inhóspitos caminos del norte del continente africano. Lo llamó París-Dakar porque, hasta 2001, salió de la capital francesa, aunque en algunas ediciones lo hizo desde otras ciudades europeas, pese a que la competición propiamente dicha comenzaba al pisar territorio africano. Durante treinta años, el Dakar estuvo
