AGRADECIMIENTOS
Tengo la suerte de que me rodeen muchas personas extraordinarias en mi vida. Sin ellas, no me hubiera sido posible hacer lo que hago y cumplir mi misión de ayudar a las personas a alcanzar una vida más elevada. Estoy profundamente agradecido a todos los que me han ayudado a dar forma a mis ideas, me han alentado a tener grandes sueños y han colaborado en la divulgación de mi mensaje.
Debo ofrecer mi agradecimiento especial a mis colaboradores de Sharma Leadership International. Doy las gracias en particular a Marie Witten, mi maravillosa ayudante ejecutiva; a Al Moscardelli, con quien cuento de tantas maneras; y a Marnie Ballane, cuyo entusiasmo siempre me inspira.
También es importante expresar mi gratitud a todo el equipo de HarperCollins, que tanto ha apoyado mi trabajo. Gracias a Iris Tupholme, David Kent, Akka Janssen, Kevin Hanson, Noelle Zitzer, Lisa Zaritzky, Martha Watson, Lloyd Kelly, David Millar, Kristin Cochrane, Michaela Cornell, Neil Erickson, Alan Jones e Ian Murray, junto con los representantes de cuentas que han hecho que cada uno de los libros de la serie El monje que vendió su Ferrari llegara a mis muy apreciados lectores.
También quiero dejar constancia de la notable labor de mi editora, Nicole Langlois, que ha estado conmigo desde muy al principio. Ha sido un placer trabajar contigo en todas las ocasiones. Por supuesto, también debo dar las gracias a los clientes de Sharma Leadership International, que me han concedido el privilegio de compartir mis ideas sobre el liderazgo, el rendimiento de élite y el autodominio con sus empleados en calidad de asesor en dirección de empresas, entrenador de ejecutivos y encargado de pronunciar discursos de apertura en reuniones, asambleas, etc. Debería decir, además, que soy muy afortunado por recibir el apoyo de los lectores. Todo lo que hago es por los lectores de mis libros y a todos ellos ofrezco mi agradecimiento más sincero por creer en mí. Gracias por darme la oportunidad de vivir mi destino.
Mi familia me ha alentado desde el primer día. Cuando no tenía nada más que un libro publicado por mí mismo y me encontraba con muchas puertas cerradas, me ofreció una base de inspiración y un apoyo inolvidable. Ha sido para mí una suerte tener los padres que tengo, dos personas cuya sabiduría y amabilidad han influido en mí de una forma que no puede expresarse con palabras. Gracias también a mi hermano Sanjay, que es un ser humano verdaderamente dotado de talento, y a su esposa, Susan, otra persona maravillosa. No podía olvidarme de señalar los dones que sus dos magníficos hijos, Neel y Evan, aportan a mi vida. Gracias en especial a mi novia, Nina, por todo tu amor y las bendiciones que me has dado. Y finalmente, debo dar las gracias a mis dos increíbles hijos, Colby y Bianca, por enseñarme el significado del amor incondicional, la creatividad sin límites y la alegría auténtica. Llenáis mi vida de maravillas y os quiero más de lo que pueden expresar las palabras.
El manantial oculto de tu alma por fuerza ha de brotar y fluir entre murmullos hasta el mar;
Y el tesoro de tus profundidades infinitas se revelaría a tus ojos.
Pero que no haya balanzas para pesar tu tesoro desconocido;
Y no busques las profundidades de tu conocimiento con varilla ni sonda.
KAHLIL GIBRAN,
El profeta
Sepulturero, cuando caves mi sepultura, ¿podrías hacerla poco profunda para que yo pueda sentir la lluvia?
DAVE MATTHEWS,
Some Devil
INTRODUCCIÓN DE ROBIN SHARMA
Tú eres mucho más grande de lo que nunca hayas soñado ser. Y con independencia de lo que estés experimentando en tu vida ahora, confía en que todo es bueno y te beneficiará. Puede que no resulte agradable, pero es exactamente lo que necesitas aprender para crecer y convertirte en la persona que has sido destinada a ser. Todo lo que ocurre en tu vida ha sido orquestado de manera perfecta para inspirar tu máxima evolución como ser humano e introducirte en el potencial verdadero. Aprende de la vida y deja que te lleve a donde estás destinado a ir: lo hace pensando en tu mayor beneficio.
En las páginas de este libro descubrirás muchas respuestas a las cuestiones más importantes de la vida. Rezo para pedir que encuentres muchas verdades y que comprendas bien cómo funciona el mundo y cómo puedes triunfar en él. Pero, en esencia, las respuestas que buscas ya están en lo más hondo de tu corazón. No hay otro lugar donde buscarlas. Sí, mis palabras pueden proporcionarte oportunidades y ayudarte a recordar lo que ya sabes en el fondo de tu corazón. Pero no te quepa duda de que hay en verdad un tesoro de sabiduría, potencial y amor que duerme dentro de ti… y que espera que su parte más valiente lo despierte. ¿No te inspira increíblemente saberlo? Tú ya eres todo lo que siempre has querido ser. Sencillamente necesitas hacer la labor interior que se requiere para eliminar los obstáculos que han estado tapando, y negando, tu naturaleza original.
Creo que el propósito de la vida humana es caminar por la senda de este Gran Despertar del Yo y volver a quien fuiste en otro tiempo (y al lugar que conociste en otro tiempo). Creo firmemente que los niños recién nacidos representan la perfección y el estado del ser al que todos tenemos la obligación de volver. Instantes después de nacer no tenías miedo, eras amor puro, inocente, infinitamente sabio, con un potencial sin límites y maravillosamente conectado con la mano invisible que creó el universo. Cuando eras un niño muy pequeño estabas lleno de asombro y eras plenamente sensible a la vida. A decir verdad, en aquel momento estabas casi iluminado (estar iluminado significa ser todo luz: alguien que es todo luz no tiene sombras, ningún lado oscuro, ni temores, ni ira, ni resentimientos y limitaciones).
La mayoría de los que vivimos en el planeta hoy hemos perdido esta conexión con nuestro yo auténtico, ese estado original del ser en el cual no nos daba miedo andar hacia la posibilidad y tratar de coger las estrellas con la mano. No sabemos quiénes somos. Nos hemos transformado en personas que se comportan de manera egoísta, temerosa e hiriente. Este comportamiento no es un reflejo de nuestra naturaleza esencial, sino que, en vez de ello, refleja las heridas que hemos sufrido al dejar la inocencia en la que nacimos y hacer el viaje de nuestros días. Solo las personas que sufren dolor pueden hacer cosas dolorosas. Solo las personas que han sido heridas pueden herir a otras. Solo las personas que tienen el corazón cerrado pueden actuar con maneras desprovistas de amor.
Creo que toda la razón por la que vivimos es crecer hasta convertirnos en nuestro yo más grande y recordar la verdad sobre quiénes somos fundamentalmente. La vida te apoyará perfectamente en esta búsqueda. Te enviará gente, acontecimientos y pruebas que te invitarán a revelar una parte mayor de tu brillantez y a descubrir más posibilidades tuyas. A menudo tus lecciones no serán fáciles. El sufrimiento siempre ha sido un vehículo para el crecimiento espiritual profundo. Las personas que han soportado grandes sufrimientos son generalmente las que evolucionan hasta convertirse en grandes seres. Las que han sido profundamente heridas por la vida suelen ser las que son capaces de sentir como propio el dolor ajeno. Las que han soportado la adversidad se vuelven humildes por obra de la vida y, en consecuencia, son más abiertas, compasivas y reales. Puede que no nos guste el sufrimiento cuando nos visita, pero nos sirve muy bien: rompe la cáscara que cubre nuestro corazón y nos vacía de las mentiras a las que nos hemos aferrado, las mentiras sobre quiénes somos, por qué estamos aquí y cómo funciona realmente este notable mundo nuestro. Una vez vacíos, se nos puede llenar de nuevo con todo lo que es bueno, noble y verdadero. Las tribulaciones pueden transformar, si optamos por permitírselo. Tal como escribió Joseph Campbell: «Donde tropieces, allí está tu tesoro».
Descubre tu destino es un libro que trata de la recuperación de tu vida más grande. He procurado volcar mi corazón en estas páginas y compartir todo lo que sé sobre el liderazgo personal, el autodescubrimiento y el vivir desde un lugar de autenticidad. Deberías saber que soy muy humano. Todos los días lucho con mis limitaciones, mis temores y lo que yo llamo mis «viejas pautas», esas formas antiguas de comportarme que he aprendido por el camino. Me veo a mí mismo como un trabajo en curso y continuamente me reto a mí mismo a utilizar cada día como una base para evolucionar hacia los niveles superiores de mi vida interior. Circula por ahí el mito de que las personas que escriben libros de esta clase son seres iluminados que se pasan los días inmersos en la felicidad absoluta y la trascendencia, ofreciendo verdades desde la cima de la montaña. En realidad, he aprendido que cada uno de nosotros tiene trabajo que hacer, por mucho que hayamos trabajado en nosotros mismos, por mucho que hayamos evolucionado. Cada uno de nosotros tiene un lado luminoso además de un lado oscuro. Cada uno de nosotros tiene defectos que deben corregirse y heridas internas que piden a gritos que las curen. Cada uno de nosotros tiene un alma escindida (al tratar de conciliar ser espiritual con ser humano). Este estado de imperfeccion es, de hecho, lo que nos hace humanos. Y cuanto más profundizo en mí mismo, más consciente soy de lo poco que sé. Tal como escribí en El santo, el surfista y el ejecutivo, «la cima de una montaña es el pie de la siguiente». Al llegar a la cima de la montaña que estamos escalando ahora, adivina lo que vemos. Otros picos que escalar. En esto consiste la vida en la Escuela Tierra: un crecimiento y un aprendizaje sin fin cuyo único propósito (¿o debería decir «propósito del alma»?*) es ayudarnos a recordar y recuperar la grandeza —y la compleción— que por desgracia hemos perdido.
Y aunque tengo mis limitaciones humanas, también te confesaré que he recorrido un largo camino en poco tiempo en lo que se refiere a eliminar los obstáculos que me impedían crecer (y también tú puedes eliminarlos si sigues el proceso extraordinario que se explica en las páginas siguientes). Hace solo unos cuantos años, yo era un abogado litigante que avanzaba rápidamente hacia el éxito mundano y perseguía el dinero, los elogios y el materialismo. Vivía la vida desde fuera en lugar de desde dentro (no es extraño que no me diera buenos resultados). Soporté un divorcio muy difícil y ahora crío a mis dos increíbles hijos yo solo. Por el camino sufrí grandes reveses y, a veces, desgracias personales que no parecían tener fin. Pero lo que más nos hace crecer son nuestros mayores retos. Me he dado cuenta de que estas experiencias me fueron mandadas para ayudarme a enmendarme y superar mi debilidad. Las mayores penas de la vida son en realidad oportunidades gloriosas de crecimiento personal, transformación positiva y recuperación del potencial auténtico que perdiste al abandonar la perfección de la infancia y entrar en el mundo. Acéptalas como lo que son: dones.
A través de todos los altibajos que me ha mandado este juego increíble (y breve) que es la vida, nunca he renunciado a mi compromiso de aceptar mi responsabildad en todo lo que ha sucedido y tratar de alcanzar en el proceso mi mayor yo. Creo que gran parte de lo que experimentamos en la vida está escrito de antemano. Pero también creo que, como seres humanos, tenemos una enorme posibilidad de escoger y crear las vidas hermosas con las que soñamos. El destino y nuestras decisiones actúan concertadamente para esculpir nuestra vida. Y es en nuestra toma consciente de decisiones donde en esencia se cumple nuestro destino. Olvidar esto es hacerse la víctima. No hacer caso de esta verdad es negar el potencial que se te ha concedido para crear todo lo que quieras.
La senda que he descrito en el presente libro —Las siete Etapas del Autodespertar— refleja el viaje eterno, arquetípico del líder o el héroe. Siguiendo la tradición de los anteriores libros de la serie El monje que vendió su Ferrari, los mensajes de este libro se revelan por medio de las aventuras ficticias de Julian Mantle. Pero es importante recordar que son muy reales y tienen una fuerza excepcional. El proceso que abarcan las siete etapas se encuentra, bajo diversas formas, en muchos de los textos antiguos de la literatura sapiencial tanto oriental como occidental. Tú eres el héroe o la heroína de tu vida. Si optas por jugar tu mayor partida como ser humano (y sé que así será), esta es la senda que también debes seguir. Recorrerla te garantiza éxito auténtico.
La mejor manera de aprender es enseñar. Si realmente quieres poseer este material e integrarlo en su vida, es esencial que se lo enseñes a alguien antes de que transcurran veinticuatro horas desde que termines el libro. Esto cumplirá dos propósitos: en primer lugar, te ayudará a integrar el conocimiento; en segundo lugar, ayudará a los que te rodean a recordar quiénes son realmente ellos. Y mientras lees Descubre tu destino, habla de lo que estás aprendiendo con tus seres queridos. Comparte sus percepciones. Pon voz a los cambios que te has comprometido a hacer en el avance hacia tu vida mayor. De esta manera tu convicción se hará más honda y generará resultados que duren.
Gracias por escoger este libro; espero que te dé todo lo que buscas en él (y mucho más). Te agradezco que me dediques las horas de tu vida que hacen falta para leer esta obra y reflexionar sobre ella. Y te aplaudo sinceramente por dar este paso gigantesco hacia el descubrimiento de tu destino. Al leer este libro y otros de la serie El monje que vendió su Ferrari, seguirás el ejemplo de mujeres y hombres de todo mundo que han pasado a formar parte de una comunidad. Conversaciones extraordinarias tienen por marco nuestro lugar de reunión, robinsharma.com, donde encontrarás herramientas y apoyo en abundancia al andar por la senda de tu destino.
Todos estamos conectados en un nivel invisible. Mientras atiendes a tu curación, ayudas a curar el mundo. Al dejar que reluzca tu brillantez, invitas calladamente a los que te rodean a hacer lo mismo. Al hacer el trabajo que se requiere para que tu vida represente lo más elevado y lo mejor, sirves de modelo para que otros hagan igual. Y como suele decir uno de mis clientes: «Eso es algo hermoso».
Te mando bendiciones inmensas en este viaje llamado vida.
Con amor,
ROBIN SHARMA
UNO

Una emergencia espiritual
La vida no escucha tu lógica; sigue su propio camino, imperturbable. Tú tienes que escuchar a la vida; la vida no quiere escuchar tu lógica, no se preocupa por tu lógica.
OSHO
Sentía la frialdad del metal contra la cabeza. ¿Cómo había podido llegar a esto? Me encontraba realmente sentado en una sórdida habitación de un motel con el cañón de una pistola en la sien, dispuesto a apretar el gatillo. El sudor me bañaba la frente y mi corazón latía desenfrenadamente. Las manos me temblaban de forma incontrolable. Nadie sabía dónde estaba. A nadie parecía importarle ya. No tenía nada por lo que vivir, así que me estaba preparando para morir.
Podía ver el titular de mi necrológica en ese mismo momento: «Dar Sandersen, empresario internacional de hostelería, divorciado y padre de tres hijos, muerto a la edad de 44 años… suicidio».
Pero al cerrar los ojos y rezar una última plegaria en voz alta, sucedió algo inesperado; no, milagroso. Empecé a sentirme mareado, caí al suelo y la pistola se me escapó de la mano. Mientras yacía en el suelo, inmóvil, una luz blanca y cegadora comenzó a llenar mi cuerpo. Pero, antes de que descartes mi relato, quiero que sepas que siempre he sido una persona muy sensata y racional. Nada parecido me había sucedido nunca. Siempre me había reído al escuchar historias relacionadas con lo místico, me parecían raras e irresponsables. No hablaba —y sigo sin hablar— con ángeles, ni dirijo mi vida de acuerdo con las posiciones cotidianas de los astros. Pese a ello, no puedo descartar ni negar lo que me sucedió en aquella habitación de un motel hace solo doce meses. ¿Fue una experiencia de lo divino? ¿Fue un despertar espiritual? ¿Fue sencillamente una reacción física al enorme estrés que estaba soportando? No lo sé, sinceramente. Lo que sé es que lo que sucedió allí puso en marcha una serie de acontecimientos que han transformado todos los elementos de la vida que conocí en otro tiempo.
La luz se hizo más y más intensa. Pronto empezó a temblarme todo el cuerpo, como si estuviera sufriendo una convulsión fuerte y repentina. Torrentes de sudor manaban de mis poros mientras las manos, las piernas y el torso temblaban sobre el suelo frío y sucio. Esto continuó durante lo que pareció una eternidad. Luego, como salidas de la nada, oí unas palabras que penetraron hasta lo más hondo de mi ser: «Tu vida es un tesoro y tú eres mucho más de lo que sabes».
Y se acabó. Después de que estas palabras pasaran rápidamente por mi cerebro, dejé de temblar. Seguí tumbado en el suelo, en medio de un charco de sudor, con los ojos clavados en el techo. Nunca en la vida había sentido tanta paz interior. Me encontraba completamente en mi cuerpo, plenamente dentro de mi corazón. La vida es un tesoro y tú eres mucho más de lo que sabes.
Al cabo de un rato, me levanté poco a poco y metí mis pertenencias en la maleta. Dentro de mí algo había cambiado. Aunque no puedo explicarlo… sencillamente lo sentía. Ya no me interesaba quitarme la vida. Quizá la voz tenía razón… tal vez dentro de mí había mucho más de lo que sabía en aquel momento.
Generalmente, cuando nos encontramos ante tiempos difíciles pensamos que vemos el mundo tal como es realmente. Es una suposición falsa. Sencillamente vemos el mundo desde nuestro desesperanzado marco de referencia. Vemos las cosas con ojos tristes y faltos de ilusión. La verdad es que cuando empecemos a sentirnos mejor nuestro mundo también parecerá mejor. Y cuando volvamos a un estado de dicha interior, nuestro mundo exterior nos reflejará ese sentimiento. He aprendido que el mundo es un espejo. Recibimos de la vida no lo que queremos, sino quienes somos. También he aprendido que en nuestras vidas hay temporadas y que los tiempos dolorosos nunca duran. Confía en que el invierno de tu congoja cederá ante el verano de tu alegría, del mismo modo que los rayos brillantes de la mañana siempre siguen a la parte más oscura de la noche.
Ya no era un caso desesperado que se compadecía de sí mismo. Ya había dejado de no ver salida alguna. Cierto tipo de poder me había sido devuelto aquel día. Y aunque mi vida seguía siendo un desastre, la verdad sea dicha, había comenzado a saber que poseía el poder necesario para mejorarla. Por alguna razón, confiaba en que iba a recibir ayuda y que llegarían días más felices. Poco sabía lo maravillosa que sería dicha ayuda y lo bella que sería mi vida. Pero antes de entrar en estos detalles, quizá te estés preguntando qué circunstancias hicieron que mi espíritu cayera en un estado de decadencia tan grande que pude incluso pensar en quitarme la vida.
Hace solo unos años yo pensaba que llevaba la vida con la que todo el mundo soñaba. Tenía una esposa preciosa e inteligente que me amaba profundamente. Tenía tres hijos sanos y felices que sobresalían en todo lo que decidían hacer. Ganaba más dinero del que jamás hubiera podido imaginar, como propietario de una cadena de hoteles de lujo situados en lugares de moda de todo el mundo. Estrellas de cine, gente fabulosamente rica y famosos en general se encontraban entre mis clientes. Viajaba a lugares exóticos, acumulaba numerosos juguetes y llegué a ser bastante conocido, al menos en el ramo en el que trabajaba.
Entonces, un día, todo mi mundo se vino abajo. Llegué a casa tarde después de una cena de negocios con el vendedor de una propiedad que me interesaba comprar. Rachel solía dejar unas cuantas luces encendidas para cuando yo llegara, pero esa noche la casa estaba completamente a oscuras. No tenía sentido, ya que eran solo las diez. ¿Dónde estaba Rachel? ¿Dónde estaban los chicos?
Entré y encendí las luces del vestíbulo y la cocina. Solo me recibió el silencio. Pero sobre la mesa de la cocina había una nota escrita con la conocida letra de Rachel. Decía:
Dar, he llevado a los niños a casa de mi madre. Ya no te amo. Lo siento. Mi abogado te telefoneará por la mañana.
Nada puede prepararte para una carta así… nada. Aunque había fingido que mi matrimonio iba bien, sabía que Rachel y yo nos habíamos distanciado. Todo el tiempo pasado lejos de casa, viajando y haciendo negocios, era tiempo robado a mi matrimonio y mi familia, y el amor que conociéramos en otra época había desaparecido. También había fingido ser un buen padre y, vistas las cosas desde fuera, probablemente lo parecía. Pero mis hijos sabían la verdad. Incluso cuando me encontraba sentado a su lado no estaba realmente allí. Mi pensamiento nunca dejaba los negocios y, desde el punto de vista emocional, no estaba a su disposición. Supongo que la verdad es que en aquel tiempo yo era un hombre extraordinariamente egoísta. Creía que el mundo giraba a mi alrededor. Las necesidades y los sentimientos de los demás no tenían tanta importancia como los míos. Quería ser rico. Quería ser reconocido. Quería ganar. Y ello me hizo perder lo más importante de todo.
La nota de Rachel y el subsiguiente pleito de divorcio me partieron el corazón. Tuve que abandonar mi popio hogar y me instalé en uno de mis hoteles. Podía ver a mis hijos una sola vez a la semana y algún fin de semana de vez en cuando. Empecé a beber mucho y engordé demasiado. Siempre había sido un hombre guapo y que se mantenía en muy buena forma, pero también eso se fue al garete. Por las mañanas me despertaba con tremendos dolores de cabeza que no desaparecían hasta que los ahogaba en alcohol. Por suerte, no perdí mi negocio. Había tenido el acierto de poner al frente del mismo un excelente equipo de profesionales que, por lealtad a mí, se encargaron de dirigirlo mientras yo me lamía las heridas. Desde luego, asistía a algunas reuniones de trabajo y cerraba algún que otro trato. Pero pasaba la mayor parte del tiempo solo en casa, sentado en una habitación a oscuras, escuchando viejas canciones de Billie Holiday y sosteniendo largas conversaciones con Jack Daniels.* Estas fueron las desgracias que acabaron llevándome a aquella sórdida habitación de un motel. Pero deberías saber que fueron también las desgracias a las que debo mi salvación.
He descubierto que el dolor y la adversidad contribuyen en gran medida al crecimiento personal. Nada te ayuda a aprender, a crecer y a evolucionar más rápidamente. Nada te ofrece una oportunidad tan grande de recuperar mayor grado de tu poder auténtico como persona. Nuestros ojos humanos lo ven como una experiencia negativa. Esto no es más que una opinión y lo que hay detrás de esta falsa creencia es puro miedo. Verás, el sufrimiento llega cuando sucede algo que no queríamos. Llega cuando la vida nos da algo inesperado, algún nuevo contratiempo. Y la aparición de un nuevo contratiempo, ya sea una enfermedad, la pérdida de un ser querido o un revés económico, significa que debemos cambiar y abandonar lo viejo, las costas a las que nos aferrábamos. Se nos pide que dejemos correr lo que esperábamos y, para un ser humano, dejar correr algo puede ser espantoso. Nos da miedo abandonar el puerto seguro de lo conocido. Nos resistimos a viajar a los lugares desconocidos a los que a veces nos lleva la vida. Basta pensar en ello para sentirnos asustados. Detrás de toda resistencia a lo nuevo hay miedo.
Pero no hay nada que temer. Este universo nuestro es un lugar mucho más agradable de lo que pensamos. Un barco que nunca se aventura a ir más allá de su amarradero nunca correrá peligro, pero los barcos no están hechos para eso. De modo parecido, un ser humano que nunca se atreve a entrar en los espacios desconocidos de su vida jamás sufrirá daño, pero los seres humanos no fueron creados para eso. Fuimos creados para experimentar el crecimiento que se adquiere visitando lugares extranjeros como viajeros por la vida. Nuestros ojos más sabios conocen esta verdad y ven el cambio y el sufrimiento como lo que son en realidad: un médico bondadoso que viene a curar la parte enferma de nuestro yo. El sufrimiento sirve para hacernos más profundos. El sufrimiento viene a ayudarnos y hace que sepamos quiénes somos realmente. El sufrimiento nos abre y nos obliga a dejar
