Notas al lector
A diario trabajo como psicóloga con hombres y mujeres que quieren cambiar algún aspecto de su vida, mejorar sus circunstancias y comprenderse a sí mismos y a las personas de su entorno. Uno de los temas que aparece a menudo durante las sesiones trata los conflictos, las afiliaciones y complicidades y los efectos emocionales que han tenido y tienen las relaciones con padres, hermanos, abuelos, tíos y primos, así como con la pareja, los hijos y la familia política: la familia.
Todos los días observo cómo las relaciones familiares pueden ser desde motivo de estrés, dolor, sufrimiento y amargura hasta una fuente de fortaleza y de sentimientos de seguridad, serenidad, amor y felicidad. Por mi profesión, soy testigo del más puro deseo de diferentes hombres y mujeres de sentirse conectados a otras personas y de su continua búsqueda de afectividad y felicidad. He podido ver el efecto que tiene emocionalmente en lo más profundo de su ser cuando lo consiguen y también cuando no lo logran. He observado de primera mano las consecuencias emocionales y relacionales tan destructivas que pueden llegar a tener el rechazo, el desprecio y la traición en la autoestima, la autoconfianza y la capacidad de sentir esperanza. Pero también he visto el efecto tan enriquecedor y reparador que tiene el recibir y dar cariño, apoyo sincero, seguridad y protección, así como formar parte de la vida de otras personas. Por esta razón decidí escribir sobre las relaciones familiares, ya que la familia es el lugar donde comenzamos a hacernos y donde recibimos las primeras lecciones de la vida; donde aprendemos a dar los primeros pasos en el área del autoconocimiento y de las habilidades sociales.
El objetivo de este escrito es ofrecer información que ayude a las personas a conocerse mejor a sí mismas y hacer un recorrido por el mundo de las relaciones familiares. En este ensayo analizaré los efectos que tienen determinadas experiencias durante el desarrollo y trataré las adversidades más habituales de la convivencia en el contexto del hogar familiar. A partir de la idea de que la familia es el grupo social primario en el cual la mayoría de las personas nos hemos criado y desarrollado, es evidente que las experiencias vividas en el entorno familiar contribuyen a la percepción que se tiene de la vida y de las personas, porque es el primer escenario en el cual aprendemos a relacionarnos, a valorarnos y a desarrollar nuestras habilidades e inteligencia emocional y social. Es en la familia donde encontramos los primeros retos, donde aprendemos a querer y a compartir, así como a competir, luchar y a defendernos. Es el lugar donde descubrimos los primeros obstáculos que dificultan nuestros sentimientos de bienestar y donde también obtenemos los primeros mensajes de amor y de cariño. Conocer cómo funcionan nuestras familias y descubrir sus fortalezas y debilidades nos abre las puertas a la posibilidad de conocernos a nosotros mismos un poco más y mejor, a saber por qué somos como somos y por qué sentimos lo que sentimos.
Para escribir este ensayo me he centrado en mi experiencia basándome en casos reales que he tratado a lo largo de mi carrera profesional, e igualmente he incluido algunos temas ya mencionados en trabajos anteriores. Naturalmente, he alterado los datos personales para proteger la identidad de las personas.
Esta obra tiene su base en escritos de diversa índole que incluyen publicaciones, datos empíricos y estudios de divulgación científica. Con motivo de facilitar la lectura he estructurado el libro en capítulos con sus apartados correspondientes para que el lector pueda leer los temas que más le interesen sin perder el hilo de la narración. Por lo tanto, si hubiera algún tema que no interesara se lo podría saltar y pasar al siguiente. De igual modo, he utilizado el género masculino a la hora de hablar de «hijos/niños» al referirme a ambos géneros, así como el término «padres» cuando me refiero a ambos progenitores. No obstante, cuando he necesitado especificar características diferenciales con relación al sexo he distinguido entre niño o niña, madre o padre (él/ella). Finalmente, quisiera alertar al lector que también he usado como sinónimos los términos «emociones» y «sentimientos». Mientras que en el campo de la psicología existen claras diferencias entre ambos conceptos, en el día a día cuando hablamos de emociones y sentimientos no existen diferencias, por lo tanto he considerado que debían utilizarse como sinónimos para facilitar la lectura.
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La familia
La familia es un sistema en la medida en que el cambio de una parte del sistema va seguido de un cambio compensatorio de otras partes de ese sistema. Prefiero pensar en la familia como en una variedad de sistemas y subsistemas. Los sistemas funcionan en todos los niveles de eficacia, que van desde un nivel óptimo hasta el mal funcionamiento o el fallo total.
MURRAY BOWEN,
De la familia al individuo
LA FAMILIA: EL PRIMER ESCENARIO DE NUESTRA VIDA
La familia es la primera puesta en escena de nuestra vida. Es el lugar donde nacemos, donde descubrimos nuestros sentimientos, donde aprendemos a convivir y donde ejercemos nuestros primeros papeles como actores de una obra de teatro que se titula Mi vida. La familia es el lugar donde se asientan los primeros pilares de nuestra vida, donde tenemos nuestras primeras experiencias, positivas y negativas, y donde nos formamos. Por lo tanto, antes de adentrarnos en el asombroso y extraordinario mundo de la familia y hablar sobre este lugar tan versátil y mágico repleto de escenarios cambiantes y coloridos necesitamos comprender primero qué es y su función en la sociedad. Aprender sobre este mundo de tonos oscuros y claros, con héroes y villanos que viven historias de misterio y suspense, de amor y de desamor, de amistad y traición, de humor y de tragedia nos ayudará a entender a nuestro personaje principal: nosotros mismos.
Para comprender a nuestro personaje, para saber quiénes somos, los porqués y los cómos, necesitamos comprender igualmente a los otros protagonistas: los miembros de nuestra familia, tanto nuclear como extensa. Ellos también tienen un papel esencial, único e insustituible en la obra de nuestra vida. Gran parte de lo que ellos son y hacen influye directamente en la esencia de nuestro personaje, en nuestros sentimientos y comportamientos. Por lo tanto, comprender los entresijos de las relaciones familiares nos ayudará a descubrir por qué somos como somos, por qué reaccionamos como lo hacemos y, sobre todo, por qué la familia afecta tanto a nuestras emociones, pensamientos, decisiones, relaciones y moldea nuestra vida en general.
La familia es el escenario principal donde encarnamos nuestro primer personaje: «nosotros mismos». Sin embargo, a diferencia de las obras tradicionales, en esta obra las reglas son distintas y cambian a menudo, ya que además de tener el papel de actor principal, también tenemos en ocasiones el de actor secundario, o incluso somos un extra al que ni se ve ni se aprecia, pero realizamos desde el anonimato un papel igualmente importante. No obstante, nuestro rol no termina aquí. A lo largo de la obra de nuestra vida también seremos el director, el guionista, el coreógrafo, el maquillador, el escenógrafo, el músico, el diseñador, el limpiador, el que trabaja en taquilla, el inversor, el productor, el crítico y finalmente el público. Cada uno tiene funciones y tareas imprescindibles para el buen funcionamiento y el éxito de la obra Mi vida. Por lo tanto, si hacemos nuestra labor con cariño, confianza e interés, así como con ganas de aprender, con sentido de la responsabilidad y con una actitud positiva, la probabilidad de que disfrutemos formando parte de nuestra obra y tengamos éxito será mayor que si la realizamos con descuido, apatía y negatividad. No olvidemos que la energía y el esfuerzo que pongamos en nuestra obra de la vida influirán en nuestra forma de sentir, de pensar, de comportarnos y relacionarnos con nosotros mismos y con nuestra familia. Así que ¿por qué no explorar este escenario tan curioso e influyente? Quién sabe, quizás al comprender los tejemanejes que hay tras los personajes de la obra de nuestra vida, descubramos algo que nos ayude a conocernos mejor, a cambiar de personaje cuando cambian las circunstancias familiares, a entender a las personas con las que convivimos y a saber cómo vivir más tranquilos y felices.
Señoras y señores, se levanta el telón...
¿QUÉ ES LA FAMILIA?
El primer paso para entender quiénes somos es saber de dónde venimos, tener claro cuál es nuestro origen. Nuestra vida comienza en un entorno generalmente reducido de personas con las que desarrollamos un vínculo muy especial y estrecho de emociones positivas y negativas, cuidados y afectos: nuestra familia. Sin saberlo y sin ser conscientes de ello, nacemos formando parte de un grupo de personas, un sistema o un equipo, con sus normas, formas y expectativas. Y todo lo que pase en ese grupo nos afectará para bien o para mal, nos influirá consciente o inconscientemente, y dejará una huella imborrable en nuestra esencia y memoria emocional.
Si nos preguntamos qué es exactamente la familia se podría decir que es el pilar básico y la estructura central de la sociedad. Es un sistema compuesto por diferentes miembros de diferentes edades, generaciones y sexos, que tienen como vínculo de unión la consanguinidad y el sentido de pertenencia al grupo. Estas personas están identificadas y protegidas por legislaciones civiles, pero también les une el parentesco, la intimidad y el afecto. Considerada el organismo más antiguo y universal de la humanidad, es el agente social más importante y con mayor responsabilidad a la hora de transmitir las normas de convivencia, así como los principios y valores de la sociedad.
La familia es la institución humana más adaptable al tener la capacidad de amoldarse, como un bambú frente a un huracán, a los cambios externos e internos. Sin embargo, dependiendo de su estructura interna y de su capacidad para transmitir los valores familiares y sociales, se desarrollará más o menos socialización, el proceso por el cual las personas aprenden e integran los elementos socioculturales de su entorno a su personalidad con el fin de adaptarse a la sociedad en la que viven. Por lo tanto, tomar conciencia de la estructura familiar en la que nacemos e integrar los valores, expectativas y comportamientos determinará cómo nos relacionaremos con otras personas y cómo percibiremos el mundo en el que vivimos. Una familia con valores sólidos y consistencia emocional se convierte en un agente social muy poderoso a la hora de desarrollar hábitos, actitudes e incluso formas de pensar y de sentir en las personas.
En general, independientemente de la cultura, se considera que el núcleo familiar tradicional se compone principalmente por la madre, el padre y los hijos. Sin embargo, a partir del siglo XX la familia tradicional cambió drásticamente a raíz de la utilización de los anticonceptivos, la integración de la mujer en el ámbito laboral y la legalización del divorcio. Antes, la estructura familiar era jerárquica y rígida, en la que el hombre prevalecía en su totalidad sobre la mujer. En la actualidad, en el mundo occidental, la estructura familiar es más flexible y existe una mayor igualdad entre los sexos. La sociedad moderna ha ido integrando poco a poco modelos de familia que difieren del modelo tradicional e incluyen las familias monoparentales, aquellas en las que la pareja está unida por la legislación civil, las que no han contraído matrimonio, las que se han separado o divorciado, las que después de separarse construyen un nuevo sistema familiar y traen hijos de un matrimonio anterior y las familias con parejas del mismo sexo. Esto nos lleva a concluir que a pesar de que las bases conceptuales del sistema familiar permanecen, en la actualidad encontramos una gran variedad de modelos de familia. A continuación se presenta un esquema de los diferentes tipos de sistemas familiares en base al parentesco para después explorar en el siguiente apartado las bases en las que se apoya el concepto del sistema familiar.
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Parentesco |
Características |
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NUCLEAR |
Pareja sin hijos |
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NUCLEAR SIMPLE |
Pareja con entre 1 y 3 hijos |
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NUCLEAR NUMEROSA |
Pareja con 4 hijos o más |
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RECONSTRUIDA (Binuclear) |
Pareja en la que uno de los miembros o ambos han sido divorciados/viudos y tienen hijos de parejas anteriores |
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MONOPARENTAL |
Padre o madre con hijos |
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MONOPARENTAL EXTENDIDA |
Padre o madre con hijos más otras personas con parentesco (por ejemplo, abuelos) |
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MONOPARENTAL EXTENDIDA COMPUESTA |
Padre o madre con hijos, más otras personas con o sin parentesco (abuelos y amigos) |
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EXTENSA |
Pareja con hijos, más otras personas con parentesco (abuelos, hermanos...) |
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EXTENSA COMPUESTA |
Pareja con hijos, más otras personas con y sin parentesco |
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NO PARENTAL |
Familiares con vínculos de parentesco que realizan funciones o roles de familia sin la presencia de los padres (por ejemplo: tíos, sobrinos, abuelos, nietos, primos...) |
LA FAMILIA COMO UN SISTEMA
La familia es un sistema de relaciones compuesto por distintos subsistemas que comparten una historia de interacciones, emociones y expectativas. Como sistema se entiende a un grupo de personas que forman una unidad interactiva en la que sus miembros comparten parentesco tanto legal como consanguíneo, y se relacionan entre sí al estar vinculados por afecto, alianzas, valores y normas de comportamiento. Cada miembro del sistema es único y diferente a los demás, es como una figura geométrica única que define su edad, sexo, forma de ser, ilusiones, deseos y demás características personales. Por ejemplo, un hijo forma parte del sistema familiar, pero es único, no hay dos iguales, aunque tenga un gemelo. Más allá de los genes, cada uno somos originales y exclusivos, tenemos nuestros propios gustos, manías, estados de ánimo, reacciones y decisiones, así como un papel determinado en nuestro sistema familiar. Por lo tanto nuestra presencia influye en los demás miembros de nuestra familia.

En el sistema familiar hay subsistemas, como, por ejemplo, el conyugal y el fraternal. El conyugal está formado tradicionalmente por los padres o la pareja. En el sistema familiar tradicional, cuando la pareja decide tener hijos los padres se asignan unas funciones determinadas con el objetivo de que el sistema familiar funcione, por lo que deben complementarse e incluso ceder una parte de su propia individualidad para que exista un sentido de unidad, ya que se pasa de un sistema de dos miembros a uno de tres o más personas. Cuando nace un hijo es importante que el subsistema conyugal (los padres) también sepa poner límites respecto al sistema construido con el hijo. Es decir, que la pareja también sepa relacionarse entre ellos sin incluir al hijo; ser padres no significa no tener tiempo para ellos solos como pareja ni poder disfrutar uno del otro sin los hijos. De hecho, muchas parejas tienen serias tensiones y crisis en su relación a raíz de la incorporación de hijos porque se sienten incapaces o culpables de pasar tiempo a solas como pareja. La falta de tiempo e intimidad puede llegar a repercutir seriamente en la relación, pero este tema se abordará más adelante en el libro.
A partir del momento en el que los padres tienen más de un hijo surge el subsistema fraternal. Este subsistema formado por los hermanos juega un papel muy importante en la dinámica familiar, ya que es el lugar en el que se aprende a compartir, a colaborar y a negociar. Sin embargo, también es el sistema donde surgen rivalidades, se compite por atención, afecto y espacio, y donde se ponen límites y se aprende a respetarlos. El subsistema fraternal es el lugar donde los hermanos aprenden a relacionarse entre sí, a crear alianzas y a trabajar en equipo. Sin embargo, es también el lugar donde surgen las envidias y los celos, y donde a veces se muestran comportamientos crueles y violentos. Como veremos más adelante, es aquí donde a menudo se experimentan los primeros sentimientos de rechazo y celos en su máximo esplendor, donde se llevan a cabo los actos más agresivos. Aunque la mayoría de los niños crecen escuchando mensajes que transmiten la importancia de llevarse bien entre hermanos, que «los hermanos deben quererse y ayudarse», sorprende la cantidad de familias en las que los hermanos no tienen una buena relación, tanto de niños como de adultos. A pesar de tener los mismos padres, hay hermanos que no tienen nada en común, son opuestos o muy diferentes en su manera de ser. Hay hermanos que no congenian, que no se entienden o sencillamente no se gustan. Y esta realidad, que a menudo se vive de manera intensa y desagradable en el entorno familiar, influye profundamente en la manera en la que los miembros de la familia coexisten y se relacionan entre sí.
Cada sistema familiar funciona de forma diferente, pero todas tienen en común cuatro puntos fundamentales: 1) son abiertas al interaccionar con otros sistemas, 2) están en continuo proceso de cambio, 3) a lo largo de su ciclo vital pasan por múltiples etapas marcadas por vicisitudes y crisis que les obliga a modificar su estructura, y 4) ante los cambios el sistema familiar se ve obligado a adaptarse a ellos, y como resultado cambian las normas y las formas de hacer las cosas (su conducta). No obstante, adaptarse a los cambios no significa necesariamente perder la identidad como unidad, pero sí significa tener que incorporar nuevos hábitos y comportamientos, lo que hace posible su continuidad y desarrollo. Por ejemplo, cuando aparece un nuevo miembro de la familia, sea por el nacimiento de un hijo o cuando un hijo incorpora a su pareja, el sistema familiar cambia algunas formas de actuar y de relacionarse. Al incluir a un nuevo miembro, la estructura familiar se transforma; esto no quiere decir que pierda su identidad o su esencia como unidad.

El sistema familiar es un sistema activo que determina sus propias normas y tiene la capacidad de autorregularse y el poder de decisión como unidad. El sistema global (todos los miembros de la familia) o algunos de los subsistemas pueden tomar sus propias decisiones y decidir cómo actuar frente a un reto, un cambio o una crisis. Es decir, la unidad familiar y los subsistemas conyugal y fraternal pueden tomar decisiones, como mudarse de casa, irse de vacaciones juntos o no, pasar las fiestas en un sitio u otro, o si va a ser amable o tirano con un nuevo miembro de la familia. Por ejemplo, a veces me he encontrado con familias que han puesto fuertes impedimentos a la nueva pareja de alguno de sus miembros. Incluso han llevado a cabo actos de sabotaje con el fin de excluir o destruir la relación para mantener la homogeneidad, para que no cambie la dinámica familiar o sencillamente porque el grupo siente que la nueva pareja no está a la altura o no posee las características esperadas. Independientemente de la capacidad para adaptarse a los cambios, el sistema familiar y los miembros que la componen también tienen la capacidad para dirigir sus acciones, actitudes y comportamientos de una forma constructiva o destructiva.
Los sistemas familiares como unidad se construyen, piensan, sienten y se transforman. Aun así, por lo general las formas de ser de cada uno de sus miembros se mantienen más o menos constantes en el tiempo, es decir, el cuñado malhumorado puede tener mejores o peores días, pero de cara al resto del grupo puede caracterizarse por tener una forma de ser generalmente malhumorada. Y uno puede preguntarse: «¿Yo cómo me caracterizo en mi familia?». Quizás una de las claves es pensar en los mensajes más habituales que uno recibe de los demás. Es decir, ¿hacen comentarios positivos o negativos sobre uno? Como por ejemplo: «Qué bien haces las cosas», «Qué desastre eres», «Vas a llegar muy lejos», «Siempre estás enfadado» o «Siempre estás sonriendo y de buen humor», «Qué simpático eres» o «Qué gruñón eres». Pero también es importante preguntarse si uno se encuentra cómodo y a gusto en la propia familia, ya que estas sensaciones también influirán en el propio comportamiento. Por ejemplo, si uno está incómodo o se siente inseguro cuando está en una reunión familiar, puede que se muestre más callado, tímido o distante. Esto no quiere decir que uno se caracterice por ser así siempre en los demás ámbitos de la vida, sino que ese entorno en concreto le afecta de tal modo que le lleva a tener una actitud vigilante y distante. Quizás esta persona tuvo una mala experiencia con otro miembro del grupo, o quizás la forma de ser del grupo le incomoda y siente que no puede ser él mismo. Lo cierto es que nuestro comportamiento está en gran parte influido por el entorno en el que nos encontremos y la percepción que tengamos del mismo. Si sentimos que el entorno es amenazante, estaremos tensos, vigilantes y a la defensiva; si sentimos que es seguro y amigable, nos relajaremos y actuaremos desde la tranquilidad y con más naturalidad.
Al ser la familia un sistema activo que está en continuo cambio, es frecuente que surjan tensiones y continuos ajustes y desajustes que afrontar o nuevas normas que adoptar. Por ejemplo, cuando un miembro de la familia tiene una nueva pareja, este hecho afecta automáticamente al resto del grupo. En estos casos el sistema familiar se modifica, ya que las actividades y la gestión del tiempo de la persona a quien le ha cambiado el estado civil también se transforma, y por consiguiente surgen cambios en las relaciones. Así, si el familiar en cuestión asistía cada fin de semana a las reuniones familiares, es posible que este hábito cambie al tener que compartir el tiempo con su pareja o la familia de la misma. Cuando se incluye a una nueva persona en la vida, uno se encuentra teniendo que distribuir su tiempo y sus prioridades de forma diferente. De manera que al compartir con otro y crear un nuevo subsistema el resto del grupo también necesitará adoptar nuevos hábitos y dinámicas. Sin embargo, como veremos más adelante, este proceso no siempre es fácil ni fluido. Es muy común encontrar problemas de adaptación y ajustes cuando se incorpora un nuevo miembro a la familia, sea una pareja, un cuñado, los padres de la pareja, un hijo o cualquier otra persona.
Dado que cada familia se compone de personajes con su propia personalidad, gustos y manías, cuando formamos parte de un nuevo sistema familiar aprendemos poco a poco a identificar las expectativas del nuevo grupo, es decir, las cosas que se esperan o no de nosotros para ser aceptados por los demás o las normas de convivencia del nuevo sistema familiar. Algunas pueden ser similares a las nuestras, pero en la mayoría de las ocasiones podemos encontrar diferencias. Esas diferencias pueden ocasionar conflictos y tensiones, por lo que aprender a gestionar los cambios con inteligencia emocional y social es esencial para mantener una buena relación familiar. No olvidemos que cada uno de los diferentes y múltiples sistemas familiares que comprenden una comunidad vive y convive dentro de sistemas mayores.
Los sistemas mayores, como es la comunidad en la que vivimos y la sociedad en general, tienen el poder de influir positiva o negativamente en las relaciones entre los miembros de nuestros sistemas familiares. Los sistemas y subsistemas de nuestro entorno, ya sean mayores o menores, ejercen, lo queramos o no, presiones a nivel individual y grupal al tener también sus propias normas, creencias y expectativas. En definitiva, con independencia de los límites que pueda haber entre los sistemas, existe un continuo intercambio de información entre ellos, de forma que todos los sistemas que comprenden la sociedad están sujetos a las influencias de unos y otros. Todos formamos parte de la vida de todos.
ÉRASE UNA VEZ VIVÍ UNA PRIMERA VEZ...
Como comentaba al principio de este capítulo, para la mayoría de las personas todo sucede y se experimenta por primera vez en la familia: las primeras emociones positivas y negativas, los primeros aprendizajes sobre cómo cubrir nuestras necesidades, así como las primeras relaciones afectivas. Es en el entorno familiar donde construimos el primer vínculo y apego emocional, donde nos conectamos con otros y desarrollamos una relación; es el lugar donde descubrimos por primera vez el amor. La familia es igualmente el lugar donde descubrimos por primera vez el desamor, donde surgen los primeros sentimientos de inseguridad y desprotección, así como los sentimientos relacionados con el rechazo (sea uno el rechazado o el que rechaza), los celos o la envidia. Por lo tanto, es en el entorno familiar donde recibimos las primeras lecciones sobre la parte oscura y brillante de la vida, sobre cómo sobrevivir y cubrir nuestras necesidades, y también donde desarrollamos las habilidades que nos ayudarán a conseguir nuestros objetivos, a relacionarnos con los demás y a valernos por nosotros mismos. Mientras unas personas aprenden a sobrevivir y a conseguir sus objetivos llorando, quejándose sin parar o a través de la pelea y el grito, otros los consiguen hablando, riendo o jugando.
Las familias y las relaciones familiares son diferentes unas de otras. Cambian según el momento, el día, las circunstancias y las personas que las componen. Tanto la familia como única entidad, como las personas que forman parte de ella, tienen altibajos. Hay momentos en los que se está de mejor humor y la vida resulta más fácil y ligera, pero también los hay en los que se está más desanimado y sentimos que la vida es un camino de piedras. Como les sucede a las personas a nivel individual, la familia como unidad grupal también tiene su propia manera de abordar los cambios, las dificultades, los retos y los traumas. Tiene su propia personalidad, que también va evolucionando con el paso del tiempo y las experiencias vividas. La familia, como las personas, pasa por etapas a lo largo de la vida, por lo tanto tiene sus propias expectativas y maneras de hacer las cosas, así como sus formas de tratarse internamente. No hay que olvidar que en las diferentes etapas del ciclo vital las familias evolucionan, reconstruyen su propia dinámica familiar y se convierten en algo único. Sin embargo, a pesar de la originalidad que caracteriza a cada familia y sus miembros, lo cierto es que también tienen muchas cosas en común con otros sistemas familiares, sea en la forma de reaccionar ante una situación, la manera en la que se tratan unos a otros o en la forma con la que se comunican entre sí y afrontan los conflictos.
Todos formamos parte de una familia. Unas familias son grandes y otras son pequeñas, algunas están lejos y otras, cerca. Hay familias con o sin hijos, con padres o sin ellos, con o sin hermanos, pareja, primos, sobrinos, tíos y abuelos, así como con o sin familia política, cuñados, yernos, nueras y suegros. Podemos tratar a los miembros de nuestra familia con más o menos frecuencia, convivir unos pocos o muchos, sentirnos más o menos unidos. Independientemente del tipo de relación y su cercanía podemos quererlos, odiarlos, añorarlos o sentir indiferencia. La realidad es que no podemos elegir. Nos guste o no, no podemos escoger en qué familia nacer. Sin embargo, sí podemos elegir el tipo de relación que queremos tener con cada uno de los miembros que la componen. Podemos optar por tener una relación agradable y cordial con nuestra familia o podemos focalizar nuestras frustraciones en ellos. Podemo
