
Introducción
Extracto del libro
«Hadas: cómo evitarlas»,
de la señorita Perspicacia Lento
Los Nac Mac Feegle
(También llamados pictsies, los Pequeños Hombres Libres, los Hombrecillos e «Individuo o individuos desconocidos, supuestamente armados».)
Los Nac Mac Feegle son la raza feérica más peligrosa de todas, sobre todo cuando están borrachos. Les encanta beber, luchar y robar, y de hecho siempre están dispuestos a llevarse cualquier cosa que no esté clavada al suelo. Si resulta que está clavada, son capaces de robar también los clavos.
Sin embargo, aquellos que han logrado sobrevivir después de conocerlos dicen que son unos seres increíblemente leales, fuertes, tercos, valientes y, a su manera, bastante éticos. (Por ejemplo, nunca roban a la gente que no tiene nada.)
El típico feegle varón —las mujeres feegle son muy poco frecuentes; ver más adelante— mide unos quince centímetros, es pelirrojo y tiene la piel azulada por los tatuajes y por una tintura llamada glasto; dado que te has acercado tanto para comprobarlo, es probable que además esté a punto de pegarte.
Llevará un kilt hecho de la primera tela que haya encontrado, porque su lealtad al clan ya la muestran mediante los tatuajes. A lo mejor tiene un casco hecho con el cráneo de un conejo, y es corriente que los feegles se decoren la barba y el pelo con plumas, abalorios o cualquier otra cosa que les apetezca ponerse. Es casi seguro que llevará espada, aunque sea sobre todo para lucirla, ya que en la técnica de lucha feegle las armas favoritas son la bota y la cabeza.
Historia y religión
El origen de los Nac Mac Feegle se pierde entre las famosas Brumas del Tiempo. Unos dicen que la Reina de las Hadas los expulsó del país feérico por oponerse a su gobierno malvado y tiránico. Otros dicen que sencillamente los echaron por borrachos.
De su religión se sabe poquísimo, apenas nada excepto el siguiente hecho: creen que están muertos. Les gusta mucho nuestro mundo, lleno de luz solar y de montañas y de cielos azules y de cosas contra las que pelear. Para ellos no tiene sentido que en un mundo tan increíble como este se deje entrar a cualquiera. Debe de ser alguna especie de paraíso o de Valhalla, el lugar adonde van los guerreros valientes cuando mueren. Por tanto, según su razonamiento, ya estuvieron vivos en algún otro lugar, y al morir se les permitió venir aquí porque habían sido unos chicos estupendos.
Se trata de una idea de lo más incorrecta y extravagante, puesto que todos sabemos que en realidad es justo al revés.
Cuando un feegle muere, los demás apenas guardan luto, y en realidad lo único que lamentan sus hermanos es que el difunto no haya pasado más tiempo con ellos antes de regresar a la tierra de los vivos, que ellos llaman «el Último Mundo».
Hábitos y hábitat
Los clanes de los Nac Mac Feegle suelen instalarse en los túmulos de los reyes de la antigüedad, donde ahuecan el oro para excavarse acogedoras cavernas. Lo normal es que sobre el túmulo crezca algún espino o saúco; los feegles prefieren los saúcos viejos y huecos, que utilizan como chimeneas para sus hogueras. Y por supuesto, habrá un agujero: la entrada de una conejera. Tendrá todo el aspecto de una conejera. Habrá excrementos de conejo a su alrededor, y tal vez hasta unas marañas de pelaje aquí y allá, si los feegles han tenido el día creativo.
Por debajo, el mundo de los feegles se parece un poco a una colmena, pero con mucha menos miel y muchos más aguijones.
El motivo principal es que las hembras son muy escasas entre los Nac Mac Feegle. Y, quizá por esa razón, las mujeres feegle dan a luz a muchísimos bebés, muy a menudo y muy rápido. Al nacer tienen el tamaño de guisantes, sin embargo crecen a un ritmo vertiginoso si están bien alimentados. (Por eso los feegles prefieren vivir cerca de los humanos, para poder robar leche de vaca y oveja.)
La «reina» de cada clan recibe el nombre de kelda y, a medida que envejece, pasa a ser la madre de casi todos sus miembros. El marido de la kelda se conoce como «el gran hombre». Cuando nace una niña —cosa que no sucede a menudo—, se queda con su madre para aprender los escondos, que son los secretos del keldarismo. Cuando ya es bastante mayor para casarse, debe abandonar el clan, llevando consigo a algunos de sus hermanos como guardia personal para su largo viaje.
En general, se desplazan hasta algún clan que no tenga kelda.
