Portadilla
Tom Wolfe dijo que iba a pasar esto
David Hidalgo
Una mañana de diciembre del 2005 tuve un breve encuentro con Tom Wolfe, el padre de esa añeja idea que todavía llamamos “Nuevo perio-dismo”. Wolfe estaba vestido con uno de sus clásicos trajes claros, impecable, como si viniera de atenderse con el sastre del Papa. El único detalle disonante era un cabestrillo azul que colgaba de su hombro izquierdo. Me dijo que, aplicando herramientas narrativas, podía contarme cómo había sobrevivido a un ataque con un martillo. En realidad, le acaban de diagnosticar una tendinitis. La broma le había servido minutos antes para una charla sobre el periodismo en tiempos de Internet.
Ese día, el hombre que en su momento impulsó una revolución en redacciones de todo el mundo habló con cautela de los nuevos tiempos: dijo que la red era un rival “potencialmente” peligroso para los periódicos y que resultaba indispensable hacer un periodismo de contexto. Hay que recordar cuándo lo dijo: Facebook apenas tenía meses de vida y Twitter recién aparecería el año siguiente. La predicción de Wolfe se ha cumplido: en la era de las redes sociales, el mayor desafío de los medios es la viralidad de las mentiras por Internet. En medio del desconcierto, le hemos dado un nombre avalado por la Organización Mundial de la Salud: infodemia, una epidemia de desinformación. Pero estoy convencido de que, como auguraba Wolfe, el mejor de los anticuerpos viene del periodismo.
Estamos viviendo una época excepcional: nunca como ahora los periodistas fuimos tan precisos con los números ni tan creativos para contar historias; nunca trabajamos tan cerca de los científicos ni nos entendimos tanto con los tecnólogos. Y nunca antes, como ahora, estuvimos más cerca de los lectores. En tiempos en que una pandemia puede detener el mundo, una certeza puede darle un respiro. OjoPúblico nació con la idea de que toda noticia debe ser una explicación. “Mi carrera ha consistido en contar verdades importantes e incómodas”, escribió el legendario reportero Seymour M. Hersh en sus memorias. Este libro es un recuento de todas las veces que sentimos lo mismo.
Tom Wolfe dijo que iba a pasar esto
RECUERDO. Primer logo de OjoPúblico, diseñado por José Luis Sánchez Catalán.
El apostolado de la verdad
Óscar Castilla
Creo firmemente que el periodismo es un apostolado. Cuando empecé en este oficio a fines del siglo XX, apenas lo sabía. Luego, las largas horas de cobertura judicial en la prisión naval del Callao tras la caída de la dictadura de Alberto Fujimori, la camaradería después de tensas horas de cierre de edición, la sensación de paz al ver los textos en camino a la imprenta, y la emoción por contar historias diarias, reafirmaron mi con-vicción de que el periodismo es una religión que tiene a la verdad como una de sus deidades supremas. Veinte años después, mucho ha cambiado.
Hoy, la industria dominante de medios de comunicación vive una crisis moral, informativa y económica sin precedentes. Preocupada por defender un sistema económico monolítico a nivel global, mandó al archivo su manual de paradigmas clásicos basados en la veracidad, la independencia y su función al servicio del ciudadano. En la democracia tecnológica del siglo XXI, las corporaciones mediáticas se han diversificado en otros negocios, dejando sus salas de redacción sometidas al imperio de la publicidad y más preocupadas por sus cifras de tráfico online que por recuperar el prestigio que antaño las erigió en el cuarto poder del Estado.
Pese a todo, nunca antes como ahora –mientras la ciencia clama por la salud del planeta y las democracias viven en crisis y rumbo a un otoño que parece duradero– el buen periodismo es más necesario para la sociedad. Precisamente, en ese contexto de incertidumbre nació OjoPúblico junto a toda una promoción de medios independientes que en América Latina pelean por volver al canon del oficio, combinando la ortodoxia del ayer con un impulso vibrante por descubrir el camino correcto para crear un modelo sostenible frente al algoritmo al servicio de la publicidad y la desinformación automatizada. Por ello, en tiempos de poca fe en el periodismo tenemos la obligación de convertirnos en apóstoles de la verdad.
El apostolado de la verdad
ICONO. Esta es la primera ilustración publicada en OjoPúblico, obra de Alonso Núñez.
El periodismo libre es incómodo con el poder
Nelly Luna Amancio
Todo proyecto de innovación parte de un sueño. Necesita de renuncias, propósitos y unas ganas infinitas de romperlo todo para construir algo nuevo. Cuando diseñamos y fundamos OjoPúblico nuestro idea no era hacernos millonarios (quien lo busca en este servicio anda perdido), queríamos crear un medio digital en el que pudiéramos hacer periodismo desde la más absoluta libertad.
El 2013 yo tenía un trabajo que muchos creerían envidiable: era periodista de investigación del diario más importante del Perú, me pagaban bien y recibía buenas utilidades. Pero no estaba contenta. A la industria de medios la atravesaba una enfermedad que hasta ahora la domina: en medio de la revolución digital querían mantener sus altísimas ganancias sacrificando la calidad del contenido y el derecho a la información del ciudadano. Aún hoy se cierran corresponsalías, eliminan unidades de investigación, capitulan en la vigilancia del poder corporativo, reducen presupuestos de viajes a zonas remotas, promueven notas cortas y virales. Ese estilo se contraponía al tipo de periodismo que yo quería hacer. Renuncié.
Pero el sueño del emprendimiento necesita un cable a tierra. Un aterrizaje forzoso. El nuestro fue la Media Factory, la primera aceleradora de medios en América Latina. La convocatoria se lanzó el 2013. La buena noticia fue que pasamos la primera fase. La mala, que en la segunda nos hablaron de plan de negocios y usuarios únicos. No entendimos nada. Me repetía: “nosotros somos periodistas, no gerentes”. Obvio, no nos seleccionaron.
Emprender un medio no es fácil, miente quien diga lo contrario. El propósito requiere de resistencia, innovación y un equipo fascinado por la investigación, el servicio y el aprendizaje. No hay lobos solitarios en ese futuro. Creamos OjoPúblico para hacer periodismo, pero ahora estamos convencidos de que eso ya no es suficiente, el periodismo libre necesita de instituciones sólidas. En ese camino estamos: promoviendo un periodismo incómodo con el poder, sin activismos ni partidismos, con reporteros trabajando en equipo y una organización administrativa sólida. Hemos aprendido a crecer.
El periodismo libre es incómodo al poder
Poder
poder
Panama Papers
PANAMA PAPERS
Texto: Óscar Castilla C., Nelly Luna, David Hidalgo
La mayor filtración de la historia sobre los paraísos fiscales y sus clientes en todo el mundo.
Ilustración: Rocío Urtecho
En el corazón de San Isidro, a metros de la embajada de Panamá en Lima y del búnker de la Unidad de Inteligencia Financiera (ente clave en la lucha contra el lavado de dinero), se levanta una casa de dos pisos que, protegida por rejas blancas, apenas destaca en el residencial barrio de la calle Roma. La zona es apacible y está marcada por el tránsito matinal de los vecinos y sus mascotas, la mirada de los agentes de la policía municipal y de los vigilantes privados que pernoctan en casetas de lunas oscuras.
En aquella casa –a pocos kilómetros de El Golf, la zona más exclusiva de San Isidro, y del centro financiero– se esconden los secretos mejor guardados del poder económico del Perú. En este inmueble de apariencia inofensiva se ubica la sede en Lima de una de las firmas más polémicas del mundo: Mossack Fonseca, creada en los años 70 en Panamá y una de las mayores administradoras de sociedades offshore a nivel global.
El estudio tenía una lista de clientes que incluía a dictadores de Europa, África y Asia, y compañías vinculadas a capos de las drogas o sindicados por lavado de dinero en casos de corrupción en América Latina.
Mossack Fonseca –fundada por el abogado panameño Ramón Fonseca y colega de origen alemán Jürgen Mossack– se erigió en un actor clave de la economía local desde el 2001, cuando se instaló en el Perú después de la caída del gobierno de Alberto Fujimori y tras descu-brirse los millones de dólares que la mafia de su exasesor Vladimiro Montesinos había escondido en bancos de Panamá, Suiza y Luxemburgo por intermedio de compañías offshore.
Las operaciones en Lima de estos maestros del secreto financiero nunca fueron detectadas por las entidades especializadas en combatir la defraudación fiscal y el blanqueo de capitales. Su discutida fama solo trascendió en los medios tras revelarse algún solitario caso de corrupción que luego sería olvidado.
OjoPúblico –
