Índice
- Demasiada responsabilidad
- Dedicatoria
- El verdadero héroe
- El gran truco
- El equipo B
- Cuando quemaron al diablo
- Escritor de vacaciones
- Mi historia personal del boom
- Demasiadas coca colas
- El dedo y la esperanza
- La mujer bolsa
- Muñecas de la parada
- Los ojos de Astroboy
- Dos niñas y un perro
- Pánico
- Tokeshi y los niños
- Recordar el entusiasmo
- Circo de animales
- Formas de entender a Beethoven
- La discusión repetida
- Reacción de madres
- La Nefertiti
- Día de la madre
- Fiebre
- El hombre pez
- Bond
- El pasajero sentimental
- Alicia hasta en la sopa
- Papá Noel es sueco
- Las vacas flacas
- El tesoro de la juventud
- Paracas
- Sobre el libro
- Sobre el autor
- Créditos
Para Malú,
corresponsable.
EL VERDADERO HÉROE
Joaquín acaba de cumplir cinco años. Y ya hace buen tiempo que heredó de mí el gusto por las historias de superhéroes. En el cine, nos hemos columpiado de los edificios al lado del Hombre Araña, protegido de las balas tras el escudo del Capitán América, enfundado en la armadura de Ironman para sobrevolar la isla de Manhattan. Quizás me adelanté en darle a conocer ese mundo porque, en el fondo, sueño con que mi hijo desarrolle el valor que yo no tengo. Quiero que sea mi propio héroe. Espero que, algún día, me salve de mí mismo.
Entre las muchas películas vistas, nada se compara, en mi aprendizaje como padre, a nuestra aventura con Linterna Verde. Pocas semanas antes del estreno, llegó a la redacción material promocional de la cinta dirigida por Martin Campbell y protagonizada por Ryan Reynolds. Uno de los objetos atrajo mi atención. Era una caja negra y brillante que, en su interior, guardaba el anillo que el extraterrestre Abin Sur le entrega a Hal Jordan en su último suspiro. Una pequeña y escondida fuente de luz cae sobre su poderosa piedra esmeralda, y el anillo en verdad parece contener todo el poder del universo.
Entonces preparo un plan. Leo con Joaquín historias de Linterna Verde, patrullamos juntos el Sector Espacial 2814 como parte de los Green Lantern Corps, la fuerza policial intergaláctica bajo las órdenes de los Guardianes del Universo. Y esperamos con ansiedad infantil el estreno de la película, que veremos siempre comiendo canchita y bebiendo chicha morada, como a él le gusta. Me gusta ver su rostro absorto, de ojos muy abiertos, casi sin pestañear, mientras en la pantalla la tierra nuevamente está en peligro y necesita un superhéroe. De vez en cuando me hace preguntas, comenta momentos divertidos y, en los más tenebrosos, evito la risa cuando le veo taparse discretamente los ojos con las manos.
Pero lo que yo he estado esperando es el regreso a casa. Después de contarle entusiasmado su versión del filme a su madre, yo llevo a mi hijo a su cuarto, lo siento en su cama, y preparo una atmósfera teatral reduciendo la luz. Le digo que tengo una sorpresa para él. Le cuento la historia de un encuentro del tercer tipo y de un anillo que me ha sido entregado para defender la galaxia.
—Ahora el anillo es tuyo— le digo mientras abro la caja y veo cómo la energía verde baña su rostro. Incluso le propongo pronunciar juntos el juramento de los Linternas Verdes cuando cargan su anillo con la batería personal de poder: “En el día más brillante, en la noche más oscura, el mal no escapará de mi vigía…”.
Mi hijo contempla aquel símbolo de poder con fascinación, como si descubriera que su mayor fantasía se ha convertido en una realidad cercana al tacto. Sin embargo, su mirada cambia, y él me observa entonces con pánico. Sus manos cierran la caja y me la devuelve.
Y, como el hombre maduro que yo jamás seré, me responde: No papá, mejor no. Es demasiada responsabilidad.
EL GRAN TRUCO
El escritor argentino Fabián Casas me contó esta historia: cuando era chico, cada mañana, no se perdía el programa del mago Fantasio que emitía la televisión porteña. Envuelto en su capa negra, era un tipo hermoso, de rostro c
