El método de las 3 R

Nathaly Marcus

Fragmento

Título

plecap

Comienza tu historia de éxito

Bienvenido a estas páginas. Soy Nathaly Marcus y quiero darte las gracias por estar sujetando este libro hoy. Decidí escribirlo para dejar plasmada mi pasión por la salud y compartirla de una forma muy personal con lectores como tú, interesados en su bienestar. Me siento muy afortunada de poder decir que como nutrióloga funcional he transformado la vida de miles de pacientes, ayudándoles a reparar, regenerar y resetear no solo su cuerpo, sino también su mente y su historia, por medio de la alimentación y con una filosofía de vida sana integral. Me siento más afortunada aún por tener la posibilidad de ayudarte a ti también a convertirte en un ser integral.

Quisiera comenzar compartiendo brevemente el camino de mi transformación, que comenzó cuando yo tenía unos 15 años. Era de madrugada, llovía a cántaros y me rehusaba a salir de casa, ya que nunca me ha gustado manejar en esas condiciones meteorológicas. Pero mi cuerpo no podía más: sentía que el estómago me iba a reventar porque me encontraba sumamente inflamada. Salí en busca de una farmacia, con el fin de conseguir supositorios de glicerina para combatir mi estreñimiento crónico. Recuerdo que dentro del coche andando, detenida frente al semáforo y con los limpiaparabrisas como sonido de fondo, tuve una revelación interna y decidí regresar a casa.

Esa noche marcaría el comienzo de algo nuevo, algo que, sin saberlo, sería arduo de alcanzar, pero muy gratificante. A partir de ese momento, poco a poco mi historia se convirtió en una especie de testamento que quiero compartirte, para que lo hagas tuyo y, como yo, adoptes como misión tener una vida feliz, plena y saludable.

Antes de experimentar ese punto de inflexión tan definitivo bajo la lluvia, constantemente me preguntaba por qué no podía vivir como una adolescente normal o por qué no era más sana. A menudo tenía migrañas, colitis crónica y me enfermaba de gripe casi todos los meses. Terminaba llenándome de antibióticos, con el buró al costado de mi cama repleto de envases de pastillas y hasta inyecciones de penicilina. Como resultado, me provoqué una gastritis medicamentosa.

Mis problemas no terminaban ahí, existía una cuestión aún más grave: mi baja autoestima. Sufría de acné, de celulitis, tenía caderas anchas y era muy nalgona. Sobrellevé años de lucha conmigo misma. El día y la noche se convertían en torbellinos vertiginosos de decepción, frustración, culpa y mucha desesperanza. Nunca me gustó mi cuerpo, no me aceptaba y al verme al espejo lo hacía con enojo.

Años más tarde la situación empeoró. Me fui a estudiar fuera de mi país y aumenté casi 12 kilos. Me sentía muy sola, oscurecía muy temprano en el lugar en donde estaba y vivía en constante ansiedad, por lo que mi cuerpo me pedía azúcar.

La preocupación de regresar a México a pasar las vacaciones de fin de año con mi familia en Acapulco era constante, ya que ahí tendría que ponerme un traje de baño que delataría mis escabrosas debilidades y mi sobrepeso. Para arreglar el problema, decidí salir a correr todos los días a las cinco de la mañana, sin importar lo oscuro y frío del ambiente. Durante el día únicamente comía manzanas, y por la tarde me alimentaba de chocolates desesperadamente, creando una adicción terrible. Algunas veces, vomitaba los chocolates 30 minutos después de haberlos ingerido. Además, fumaba para no subir de peso. Lo único que logré con eso fue hacerle un daño grave a mi cuerpo.

Mis padres nunca supieron sobre mi trastorno de conducta alimentaria. Concluyeron que mi incremento en tallas había sido producto de vivir en el extranjero, así que en cuanto regresé, para levantar mi ánimo, me llevaron a una clínica de masajes de rodillos donde, según mi madre, me bajarían las “lonjitas”. En realidad, lo único que me dejaron esos masajes fueron moretones. Además, en ese mismo lugar me dieron una dieta patética y muy estricta que solo me mataba de hambre.

En un mes logré bajar casi ocho kilos, pero mi trastorno continuó, ya que a escondidas comía alimentos chatarra de forma compulsiva, que luego vomitaba. Seguía viviendo enojada conmigo misma por la tormentosa montaña emocional en la que me había convertido. En pocas palabras, mi vida era miserable.

Recuerdo una ocasión en la que mi menstruación fue tan terrorífica, llena de dolor, depresión, migraña y estreñimiento que terminé en el hospital. Ahí conocí a una doctora que me platicó sobre su experiencia en la carrera de Nutrición y Ciencias de los Alimentos en la Universidad Iberoamericana, y tuvo sentido para mí inscribirme en ella. Desde entonces, cada etapa se convirtió en un eslabón de una cadena que hoy conforma mi pasión de vida.

Al mismo tiempo que estudiaba, me convertí en mamá y tuve a mis gemelas. Mis hijas nacieron prematuras con solo un kilogramo de peso y problemas neurológicos. Fui al extranjero a pedir ayuda a una doctora osteópata que les dio a mis hijas una dieta especial, suplementos, ejercicios y muchas terapias de diferentes tipos, principalmente sensoriales, de desarrollo neuronal y osteopatía craneosacral.

Con mucho esfuerzo, pero también aprendizaje, logré sacarlas adelante.

Aunque fueron meses intensos, me apasionaba aprender sobre los métodos y las terapias que mis hijas recibían, así como sobre los alimentos de su dieta y el impacto de estos en su desarrollo neuronal. Por primera vez vi la salud como algo integral, un balance y equilibrio entre la mente y el cuerpo, basado no solo en una buena nutrición, sino en diversos aspectos emocionales y hasta ambientales.

Terminé mi carrera en la Universidad Iberoamericana y tomé la decisión de especializarme en Medicina Funcional en Phoenix, Arizona, para continuar ampliando mi sabiduría y dar el siguiente paso para ayudar a más personas, de la misma manera en que logré hacerlo con mis hijas.

Recuerdo el día que llegué a mi primera clase en aquella cálida ciudad. Me senté en el salón de clases y vi proyectada la misma diapositiva sobre los alimentos esenciales que estudié en la carrera, pero justo a la inversa. Eso cambió completamente mis paradigmas.

La base de esta nueva pirámide no eran los cereales, sino las verduras y las frutas moradas y rojas ricas en antioxidantes, seguidas de las grasas buenas, o sea, monoinsaturadas y poliinsaturadas, ricas en ácidos grasos esenciales conocidos como omegas. Las encuentras en la mayoría de los frutos secos como nueces y almendras, aceite de oliva, aguacates (paltas), aceitunas, pescados de agua fría, entre otros. Luego aparecían las proteínas (principalmente provenientes de pescados y plantas); después, granos como los cereales integrales y, finalmente, hasta arriba, en pequeño, los lácteos y la carne roja.

La idea de consumir pocos lácteos, alcohol y carne roja resonó conmigo. Por supuesto comprendí que el azúcar puede hacer mucho daño y que los alimentos procesados no deberían formar parte de la ecuación alimentaria.

Aquel descubrimiento de inmediato tuvo sentido para mí, y a partir de ese momento cambié radicalmente mi dieta y la de mi familia. Consumí alimentos frescos, dejé el gluten, el azúcar y los lácteos. Convertí en parte importante de mi alimentación las grasas vegetales ricas en omegas y las verduras, tomé suplementos ideales para mi organismo y adopté una dieta mediterránea rica en antioxidantes. Mi salud cambió por completo, dejé de enfermarme, mi ansiedad se esfumó, mejoró mi salud digestiva y el síndrome premenstrual. Y encima de todo, mi piel lucía fresca e hidratada.

A los 33 años me ligaron las trompas. Esto, aunado al uso prolongado de anticonceptivos, me causó un gran desequilibrio hormonal conocido como predominancia estrogénica. Acarreaba este trastorno desde la adolescencia debido a una deficiencia de progesterona, responsable de mi síndrome premenstrual, reglas dolorosas y abundantes, migrañas, acné, acumulación de grasa en glúteos y caderas, celulitis y cambios en mi estado de ánimo.

Después de estudiar un fellowship en Medicina Antiedad y una especialidad en Hormonas Bioidénticas, logré equilibrar mis hormonas y comprendí cómo este pilar era fundamental para mejorar mi salud física y mental.

Empecé a querer mi cuerpo por primera vez. Y lo mejor de todo es que, con la ingesta diaria de magnesio que practico desde entonces, mejoré mi digestión y desapareció el estreñimiento y las migrañas. Los beneficios no solo se vieron reflejados en mi vitalidad: para mi sorpresa bajé tres tallas de ropa (siempre tuve un trauma con ser caderona, chaparrita y nalgona). Hoy, a mis 51 años, me siento mejor que nunca y muy orgullosa de mi tipo de cuerpo (conocido como cuerpo de pera) y de mi transformación.

Ya han pasado más de 25 años desde que comencé a estudiar nutrición funcional y mi aprendizaje aún no acaba. Soy una eterna aprendiz y me encuentro en constante actualización.

Hoy estoy más convencida que nunca de que todos los problemas de mi juventud se debieron a un círculo vicioso multifactorial. Mi ingesta de alimentos inflamatorios (lácteos, trigo y azúcar), el abuso de antibióticos, mi desequilibrio hormonal, todo ello, sumado a mi perfeccionismo, rigidez y sobreexigencia, provocó un intestino permeable, lo que dio origen a la mayoría de mis síntomas y problemas de salud.

Hoy continúo regenerando mi intestino, rotando mis alimentos, escuchando a mi cuerpo, rompiendo paradigmas y creencias acerca de mi salud. Aprendo todos los días a conocerme mejor y, sobre todo, a ser gentil conmigo misma. Además, me doy tiempo para meditar y llena de felicidad puedo decir que mi memoria, mi digestión, mi piel, mi energía, mi cuerpo y mi estado de ánimo son extraordinarios. Radicalmente mejores de lo que eran hace algunos años.

Amar a mi cuerpo significa respetarlo, escucharlo y honrarlo. Me dedico a comer sano, a optimizar mi salud y la de los que amo, y a vivir una vida consciente en un bienestar integral. Pero, ojo, también me gusta tomar tequila, una copa de vino con mis amigas y disfrutar de un viaje probando nuevos alimentos típicos del lugar para conocer sus costumbres. El fin de semana disfruto de un buen postre o algunos platillos que incluyen aquellos ingredientes que cada vez consumo menos. Me gusta comer sin culpa ni remordimiento. Tratar a mi cuerpo con este tipo de flexibilidad me ha ayudado a vivir plenamente y a gozar de un estilo de vida que me libera de pensar en mi peso.

Hoy veo a los alimentos como mis aliados, no como mis enemigos. Estoy enamorada de lo que hago y de mi misión.

Justamente esto deseo para ti, una historia de éxito basada en tu salud, armonía y bienestar.

Bienvenido a este camino de sanación y reconstrucción. De hacer las paces con tu cuerpo y vivir desde el cuidado de ti mismo, para que te conviertas en un ser integral y tengas una vida plena, libre de enfermedades y seas un embajador de este movimiento, para que, como yo, seas un entusiasta del bienestar.

A tu salud,

NATHALY

Título

plecap

¿Cómo se lee este libro?

Mi primera publicación, Secretos para mantenerte sano y delgado, se convirtió en un éxito. En ella hablé sobre hábitos alimenticios y sugerencias exclusivas para mantenerte en un peso óptimo, así como formas de cuidar el intestino. Lo curioso fue que muchos lectores me buscaron para preguntarme cómo cambiar costumbres arraigadas, reparar su intestino y conseguir un estilo de vida saludable permanente.

Ahí fue cuando me di cuenta de que faltaba algo más en aquella valiosa información que había recaudado. Entonces empecé a idear el plan perfecto para regenerar el intestino (conocido como “el segundo cerebro”) y cambiar de forma duradera no solo el peso, sino también la salud, la energía, la vitalidad y la vida en general. Así surgió el régimen que hoy llamo el método de las 3 R: Reparar, Regenerar y Resetear, que contiene la pieza del rompecabezas que hacía falta para lograr una vida aún más sana y plena.

Cuando hacemos ejercicio moderado, meditamos, dormimos bien, tenemos una relación en pareja positiva, nos nutrimos conscientemente, cuidamos lo que entra a nuestra mente y nuestro espíritu, el cuerpo nos lo agradece. Cambiamos nuestro estado vital y recuperamos energía, nos regresa el buen humor junto con la concentración, la libido, la productividad, y nos volvemos seres más felices y plenos, es decir, integrales.

La palabra nutrir significa proporcionar a un organismo las sustancias que necesita para su conservación y crecimiento. Pero cuando yo hablo de nutrir, me inclino más por la palabra en inglés nurture, porque su significado abarca un abanico aún más grande que incluye cuidarnos, protegernos, alimentarnos y estimularnos desde el autocuidado, el amor y el genuino deseo de estar saludables en mente y cuerpo.

¿Cuántas veces te has sentado a reflexionar si lo que haces día a día realmente aporta algo positivo a tus células? Quizá esta es la primera vez que te lo cuestionas, pero es muy importante considerar que tu estilo de vida debe nutrir tu cuerpo, mantener sana tu mente, ser positivo para tu espíritu y beneficiar tu proyecto de vida. La verdadera felicidad es trascender, encontrar un porqué para nuestras acciones, buscar resultados positivos, vivir desde un propósito y darle sentido a nuestra vida. Solo así el cambio podrá ser permanente. Un cuerpo sano y bien nutrido es el vehículo perfecto para que tu mente y tu conciencia funcionen de forma óptima.

Con este libro podrás identificar qué alimentos te están haciendo daño y cuáles te brindan energía. Y lo descubrirás de forma muy fácil a través este método de tres fases. Además, aprenderás a rotar la comida para desinflamarte y, sobre todo, aprenderás a escuchar a tu cuerpo para darle lo que verdaderamente te está pidiendo.

A lo largo de mi carrera, he notado una constante en la salud de mis pacientes: la mayoría llega al consultorio padeciendo ciertos síntomas o alguna enfermedad. Sin embargo, después de realizar un diagnóstico detallado, descubrimos que sufren no solo una, sino varias deficiencias: alteraciones hormonales, intoxicación por metales pesados (como mercurio, que está presente en pescados grasosos como el salmón o el atún; plomo, en el medio ambiente y tuberías; y aluminio, en ollas de teflón y desodorantes; ver capítulo 8), falta de energía, microorganismos patógenos e inflamación crónica.

Por ejemplo, he recibido a personas con problemas gastrointestinales que ignoran que también padecen estrés agudo. Este trastorno, que aparentemente es solo psicológico, puede llegar a tener repercusiones negativas concretas sobre la salud física, ya que afecta los niveles de las hormonas, el sueño, así como la productividad. Cuando se vive en modo de emergencia o supervivencia, la mente y el cuerpo son los principales afectados. El motivo es que el organismo se acostumbra a liberar cantidades anormales de cortisol, sustancia que entra al torrente sanguíneo y a la larga provoca que los tejidos se resientan, lo que afecta las hormonas sexuales, las neuronas, los niveles de glucosa, la tiroides y la salud intestinal, entre otras cosas. Y todo ello produce enfermedades secundarias graves.

Este tipo de casos es uno de los cientos que tratamos cada año. Por ello, la medicina funcional es tan fascinante, porque su objetivo no solo es crear salud o aplicar una especie de curita al padecimiento evidente, sino también mantener un bienestar integral en cada ser humano.

La información que presento en este libro te ayudará a generar un cambio profundo de dentro hacia fuera, ya que no solo te voy a enseñar a comer y a reparar tus órganos internos a través del consumo de alimentos saludables, sino que también te hablaré de las emociones, los hábitos y los pensamientos, que son energía que te puede nutrir, pero, si no es la correcta, también te puede destruir.

El libro está dividido en dos partes. La primera, “Los pilares del método de las 3 R”, te dará las bases completas para que tengas mayor claridad y conciencia, y te dirá cómo prepararte a nivel emocional y físico antes de iniciar. La segunda parte, “El método de las 3 R”, presenta el plan de alimentación para las tres fases de Reparación, Regeneración y Reseteo, las cuales conforman un plan de alimentación ideal para ayudarte a generar hábitos positivos y alcanzar una buena salud.

Cada fase te dará información valiosa y al final de cada sección podrás encontrar el plan adecuado para cada una. El plan de 14 días para la Fase 1: Reparación tiene como objetivo reparar tu intestino. Una vez reparado, seguimos con el plan de la Fase 2: Regeneración, el cual dura de 15 a 30 días y tiene como objetivo regenerar tu salud en general. Terminaremos con el plan de la Fase 3: Reseteo, cuyo objetivo es resetear tu alimentación, hábitos y mentalidad para que experimentes una vida saludable y te olvides de estar siempre a dieta.

Este libro es una guía que puedes tener siempre a la mano, y no es necesario que lo leas de principio a fin. Si gustas, puedes ir directo al plan de alimentación de cada fase, aunque te sugiero que por lo menos una vez absorbas la mayor cantidad de información posible a lo largo de cada uno de los capítulos previos, ya que todos ellos están aquí para ayudarte a conocer más sobre un nuevo estilo de vida completamente integral y para que, a partir de este momento, tomes decisiones más sabias cada día de tu vida.

¿Este libro es para mí?

Es muy probable que lo sea. La información no solo está enfocada en bajar de peso. Si tienes este libro en tus manos es porque seguramente estás interesado en construir nuevos hábitos y desarrollar una buena relación con la comida, así como aminorar síntomas y prevenir enfermedades. Recuerda que no se trata de hacer dietas, sino de aprender a comer y convertirte en un ser ser integral.

Bienvenido. Te aseguro que cuando termines de leerme y hayas implementado el plan de alimentación de cada fase, jamás volverás a ser el mismo.

Repara, Regenera y Resetea tu cuerpo y tu vida desde hoy.

Parte

parte1
Título

plecap

Capítulo 1

Conviértete en un ser integral

La infinita flexibilidad es el secreto de la inmortalidad.

ANTIGUO DICHO VÉDICO

¿Qué es la salud?

El ser humano no es simplemente la unión de partes físicas, sino que contiene dimensiones emocionales, mentales y espirituales que no deben ser reducidas a procesos materiales exclusivamente. Por ello, la salud significa mucho más que el bienestar del cuerpo. Todas las dimensiones del ser deben ser tratadas por un médico o profesional de la salud.

Hay quienes afirman que el cuerpo es un templo. Yo, además, creo que es tu herramienta más poderosa e importante para alcanzar la felicidad. Está diseñado para apoyar la mente y trabajar con ella para crear un estado de total plenitud; asimismo, la mente influencia, una a una, todas las células dentro de ti. Cada vez que tienes un pensamiento, sensación o sentimiento, el cuerpo responde porque es un campo de energía e inteligencia conectado con tu mente.

Se dice que somos lo que comemos. Y yo creo que también somos lo que vemos, tocamos, respiramos, absorbemos, sentimos, pensamos y disfrutamos. Es decir, somos moléculas de energía con la capacidad de modificar la salud para bien o para mal, con estímulos internos y externos. Nuestras células nos escuchan y cada una de ellas se va modificando en el organismo, a partir de las experiencias que vivimos y cómo las interpretamos, lo que nos decimos a diario, la actividad física que realizamos, los alimentos que consumimos, la forma en la que nos desintoxicamos, el agua que bebemos y el aire que respiramos.

Un individuo no es sano si se encuentra en una biósfera enferma. El bienestar de nuestro planeta y su ecosistema es un requerimiento para el bienestar del ser humano. A pesar del desarrollo de la ciencia médica y del avance de la tecnología, el ser humano no puede vivir en una sociedad patológica o en un planeta enfermo y considerarse sano.

La conexión entre mente y cuerpo es tan poderosa y perfecta que incluso puede alterar la forma en la que envejeces. Así es, el envejecimiento humano es modificable por nosotros mismos: lo podemos retrasar, adelantar o revertir. Conozco pacientes de 50 años que parecen de 30, y pacientes de 35 que parecen de 60.

¿A qué piensas que se debe? Diversos estudios han demostrado la gran neuroplasticidad del cerebro y su aptitud para sanarse y modificarse en cualquier etapa si llevas un estilo de vida saludable. A pesar de la información genética y la salud que posee cada quien, el proceso de envejecimiento no está predeterminado. Al tomar decisiones conscientes y moldear positivamente el comportamiento, transformamos nuestra experiencia y somos capaces de cambiar nuestra edad biológica.

Cada una de nuestras creencias determina nuestro comportamiento y, por ende, el destino que materializamos. Si pudiéramos ceder el control a un poder superior y alinearnos a confiar en esa sabiduría, eliminando toda limitante, nos repararíamos, regeneraríamos y sanaríamos en tiempo récord. Para lograrlo, también requerimos de confianza en nosotros mismos para experimentar un cambio en el estilo de vida que tenga un impacto positivo sobre nosotros.

La medicina integrativa funcional

Si partimos de lo dicho anteriormente, podemos afirmar que la medicina debe transformarse y enfocarse al crecimiento y restauración del ser, desarrollar relaciones y vínculos significativos con lo que nos rodea, los cuales nos permitan funcionar mejor, sanar y crecer en épocas difíciles o de cambios, para alcanzar una mayor conciencia de nuestros sentimientos, emociones, sensaciones, identidad y una visión integral del mundo.

Esta es la razón de ser de la medicina integrativa funcional, una nueva corriente que busca transformar la conciencia humana para crear un mundo mejor y convertirnos en mejores seres humanos, en seres integrales. Esto requiere un cambio de conciencia espiritual, ecológico, personal, familiar, profesional y social que nos ayude a sanar.

La medicina convencional se centra en la enfermedad, mientras que el enfoque de la medicina integrativa o alternativa es integral: trata a la persona en su totalidad y de una forma holística, es decir, integra mente, cuerpo y espíritu. Más allá de encontrar cierto órgano o proceso que tratar, el objetivo principal de la medicina integrativa funcional es encontrar el trasfondo de las enfermedades crónico-degenerativas para tratarlas y curarlas o, mejor aún, prevenirlas, y no simplemente controlarlas con medicamentos. La intención es dar con los posibles detonadores de estrés, inflamación, toxicidad y desequilibrios hormonales y neuroemocionales que causan los síntomas de estas enfermedades en alguno de los procesos fisiológicos básicos. Asimismo, detecta los desequilibrios que existen en el cuerpo, ya sean hormonales, de neurotransmisores, de mitocondrias, de desintoxicación, de biotransformación, del sistema inmune, o bien, de inflamación, digestión, absorción, balance microbiano o del sistema musculoesquelético.

La medicina integrativa funcional ayuda en el tratamiento de enfermedades crónico-degenerativas, mejora la calidad de vida de los pacientes que las padecen e incluso previene su desarrollo en personas propensas. Se centra 100% en el paciente y su historia de vida para devolver el equilibrio a su organismo y así lograr que todas las partes de su cuerpo funcionen adecuadamente.

img-30

Aunque conocer factores como la herencia genética o los picos de estrés es muy importante, la clave está en hacer un cambio en ciertos hábitos, lo que hará la diferencia en la calidad de vida.

De esta forma se logra transformar la vida de los pacientes y ayudarlos a alcanzar una plenitud circular, donde las partes física, mental y emocional se encuentran en completa armonía.

En la actualidad, cada día hay más pacientes con diabetes, obesidad, hipertensión, cáncer o artritis, enfermedades crónico-degenerativas que tienen un origen multifactorial y que, por lo tanto, son más complejas de diagnosticar y curar que cualquier otra enfermedad en el mundo. Por ello, la medicina integrativa funcional incluye la participación de médicos, nutriólogos, health coaches, life coaches, psicólogos, quiroprácticos, biólogos, osteópatas o cualquier otro especialista que tenga contacto con la atención y el cuidado de la salud.

Gracias a este nuevo enfoque de la medicina, millones de personas en el mundo hoy practican neurociencias, meditaciones, visualizaciones, terapias transpersonales, terapias energéticas, sistémicas y neurofarmacológicas, y contribuyen así al progreso de la humanidad.

Ser integral

Integral es un adjetivo que, en lo referente al ser humano, señala lo que es total o global, y por ello el resu

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Añadido a tu lista de deseos