Sanar para aceptar mi cuerpo

Marian del Álamo

Fragmento

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Nota de la autora

Aclaraciones y anotaciones antes de comenzar

Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, los diamantes y el conocerse a uno mismo.

BENJAMIN FRANKLIN

Todos los casos que aparecen en el libro han sido modificados en nombre e historia, con características y datos ficticios, para respetar la intimidad y el anonimato. Avalo que en ningún caso se exponen datos reveladores sobre ninguna persona ni su intimidad.

En el libro se emplea el femenino genérico porque va dirigido a «personas». Además, la presión social por el físico, la perfección y la exigencia suele ser mayor en mujeres, que también acostumbran a presentar un mayor funcionamiento desadaptativo en relación con ellas y su cuerpo. Sin embargo, es un libro apto para cualquier persona, indistintamente de su género.

Aquellos ejercicios que sean tipo imaginación y fantasía, léelos antes con calma para conocerlos, y después conecta contigo respirando y con los ojos cerrados. Haz el ejercicio mientras lo lees, usando la imaginación (con los ojos abiertos), o después de leerlo, con lo que recuerdes (y los ojos cerrados). Luego anota tus sensaciones, tus conclusiones, lo que has sentido. Escribir hace las cosas presentes.

• Si el ejercicio no es de fantasía o imaginación, escribe la respuesta en un cuaderno tuyo de trabajo.

• Te recomiendo que hagas los ejercicios con conciencia. No sirve de nada hacerlos rápido y mal. Recuerda que no se te va a evaluar, sino que el objetivo es que aprendas y conectes contigo y tu reconciliación. El primer paso para sanar es conectar contigo.

• Si salen emociones, no las capes; permite que salgan. Es normal que te emociones con algún ejercicio. Si pasa, no te juzgues y abrázate.

• Si hay ejercicios que son duros para ti por el momento vital en el que estás, sáltatelos. Es importante que te sientas preparada y abierta para hacerlos. Si vas a terapia, puedes comentárselo a la persona que te acompaña para que te ayude.

• Si no vas a terapia, puede que el libro te active cosas y comiences a creer que la necesitas o a cerciorarte de ello. Nadie como tú para saber identificar tus sensaciones y necesidades, y pedir ayuda.

El cuerpo es un vínculo para conectarte directamente con el presente, y, a su vez, para trasladarte a tus recuerdos del pasado y animarte a explorar vivencias futuras. Es una herramienta muy poderosa. Además, es tu templo, el lugar que habitas, que te porta y te acompaña en el día a día, quien te permite vivir y transitar situaciones vitales. Tu cuerpo eres tú de forma genuina y natural.

Sin embargo, lo has (y se lo ha) juzgado por no ser perfecto, lo has (y se lo ha) maltratado para que lo sea. Te has olvidado de su verdadera salud, de tu verdadera salud. Ahora toca cambiar esto. Tienes que aprender a aceptarlo incondicionalmente para que sea tu mayor cómplice y no tu enemigo y saco de boxeo. ¿Me acompañas?

Introducción

¿Cómo se construye la imagen corporal?

A lo largo de mi carrera profesional, pero también personal, he tomado conciencia de la importancia de trabajar esta reconciliación con una misma y con la imagen corporal propia; de lo necesario que es cambiar el paradigma, la cultura, la sociedad y lo aprendido, y sanar lo vivido, para mejorar la relación con tu cuerpo y contigo misma; de la importancia que tiene sanar de verdad, cambiando la forma de verte y cuidarte. Por ello, cuando leas este libro quiero que te cuestiones, que reflexiones y que trabajes para conseguir tu bienestar y aceptación incondicional. Empecemos por el principio.

¿Alguna vez te has preguntado cómo te ves, cómo te has visto desde que naciste hasta ahora, cómo ha cambiado tu perspectiva sobre ti, en qué momento comenzaste a rechazar tu cuerpo, cuándo pasó a ser algo tan importante para ti?

Nadie nace odiándose. Nadie nace odiando su cuerpo. De hecho, un bebé o una criatura pequeña, no nace expresando ese rechazo hacia sí misma. Ese rechazo se va construyendo a través de las vivencias y experiencias de la vida, a la par que se crece. Es un cambio sutil que se instaura en ti casi sin que lo percibas, hasta que un día te das cuenta de que quizá es más antiguo de lo que creías y de que ha llegado el momento de sanar para volver a abrazarte y verte con cariño.

Tu historia familiar y vital, tus figuras parentales (a las que copias y tomas de modelo, sin cuestionarlas), las experiencias de la infancia (burlas, acoso escolar…), los cambios físicos (adolescencia, embarazo, vejez, enfermedad…), los ideales de belleza, la exposición a las redes sociales, las modas, etc., todo ello influye en la creación de la imagen que tienes de ti y altera la imagen genuina con la que naces. De hecho, son todas estas experiencias las que explican por qué a una amiga la ves maravillosa cuando ella no se ve así. Porque detrás de ti no hay todo lo que ha vivido ella. Se trata de perspectivas y vivencias diferentes que, a menudo, hay que sanar.

En los primeros capítulos de este libro, además de entender qué es la autoestima y la imagen corporal, podrás entender tu pasado, conectar con tus heridas y comprender tu funcionamiento, por qué te ves como te ves y rechazas esa imagen de ti. Te ayudaré a explorar lo que viviste y a tomar conciencia de lo que te pasó para que puedas reconciliarte contigo y curar esas heridas, y te daré herramientas para que aprendas a protegerte, comprenderte y cambiar la relación contigo misma.

Ahora bien, la visión que tienes de ti (y del resto), ya sea positiva y saludable o todo lo opuesto, no responde a una única experiencia, sino que está vinculada a múltiples factores. Se trata de un puzle de muchas piezas que, al unirse, forman esa imagen de ti. Además, esta se retroalimenta con lo que haces. Si te ves de una manera, actúas de una manera, y eso retroalimenta el círculo vicioso de tu funcionamiento (es decir, de tu manera de ser o de vivir). Por ello, después de comprender, en los primeros capítulos, cómo eres y por qué te relacionas así con tu cuerpo, contigo o con los demás, deberás iniciar un recorrido por los pensamientos y creencias que has construido desde pequeña y que, quizá, no son tan saludables para ti.

Estos pensamientos y creencias, a su vez, te hacen sentir de un modo concreto, por lo que es necesario que aprendas a entender y gestionar tus emociones, y sigas con cómo actúas y cómo te tratas. Aprenderás a conocer cómo afecta esta imagen a tu relación con la comida, y te enseñaré a recoger halagos, a aceptar tu cuerpo tal como es y a relacionarte con los demás marcando los límites necesarios. Encontrarás ejercicios y casos que te harán reflexionar, aprender y poner en práctica los conocimientos necesarios para sentirte bien contigo y con tu cuerpo. Podrás continuar este camino de sanación para conseguir afrontar el duelo por un cuerpo deseado que quizá no te pertenece y te hace sentir dolor, y, para terminar este proceso, comprenderás que tu cuerpo es tu templo y debes empezar a verlo y tratarlo como tal.

Para comenzar, te invito a realizar este ejercicio para indagar en tu historia vital:

EJERCICIO

La línea de vida


Para crear la línea de la vida solo debes dibujar una línea horizontal. En ella expondrás tus momentos vitales positivos y negativos, tanto en relación con tu imagen y contigo como importantes para tu vida en general; momentos que has vivenciado y que recuerdas. Los positivos irán arriba; los negativos, abajo. Después añade a cada una de esas etapas la percepción que tenías de ti: cómo te ves y cómo te sientes, tanto en el pasado como en el presente, en cada etapa vital.

La imagen corporal cambia, evoluciona; no es algo estático, sino dinámico, que depende del momento y la experiencia vital. Dejar que tu cuerpo cambie forma parte de tu proceso vital y te permite evolucionar, vivenciar, crecer. Es natural que tu cuerpo se vaya modificando; date permiso para ello.

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Hablemos de autoestima

¿De qué hablamos cuando hablamos de querernos? ¿De qué hablamos cuando hablamos de aceptarnos? La autoestima física se relaciona con cómo te ves por fuera, pero depende, en gran medida, de cómo te ves por dentro. Porque, para aceptarte por fuera, debes aprender a trabajarte también por dentro. La autoestima física —aunque se llame así— no depende solo del físico ni consiste en modificar tu cuerpo, sino en aceptarlo incondicionalmente desde el cariño y la compasión. Y, para ello, hay que sanar por dentro. A menudo, el rechazo al cuerpo es la forma de expresar el dolor que está oculto.

De hecho, uno de los errores más comunes es creer que trabajando la autoestima conseguirás verte bien todo el rato. Este no siempre es el caso ni tiene que ser el objetivo. El objetivo consiste en que a veces puedas no gustarte y, simplemente, no pase nada, lo aceptes sin más, sin que eso te genere odio ni rabia hacia ti, sin que quieras cambiarte. Que te aceptes como cuando sí te gusta lo que ves. El objetivo es comprender y aceptar que no siempre te verás bien ni siempre te verás mal. Porque cuando te aceptas y te quieres, aunque no te veas «perfecta», te quitas el lastre de la perfección autoimpuesta. Vuelas libre.

Y este trabajo es un continuo, para toda la vida, ya que vas cambiando, evolucionando, transitando por el mundo y con quien te rodea, con pruebas y obstáculos que te hacen aprender, reaprender, practicar y abrazar(te).

Seguro que has oído el concepto «tener “buena” autoestima». Sin embargo, no es la expresión más adecuada, ya que la autoestima puede oscilar según el momento vital. De hecho, cambiará y se transformará a lo largo de tu historia. Puede estar más o menos equilibrada, ser más o menos sana, pero no es buena ni mala. La idea es que puedas trabajarla para conseguir estabilidad y abrazar los momentos de mayor vulnerabilidad.

Cuando hablo de autoestima «sana» o «equilibrada», me refiero a una estima favorable hacia ti misma. Pero, tranquila, esto no es sinónimo de narcisismo ni egocentrismo, porque en la autoestima sana también dejas espacio a la vulnerabilidad y a que las cosas salgan mal, a reconocerlas y aprender de ellas. No te gustará todo de ti, y, como decía antes, también debes aprender a aceptarlo y abrazarlo. De hecho, eso denota una autoestima trabajada. Ahora bien, debilidad y vulnerabilidad no son lo mismo. Tienes que dejar de luchar con tus vulnerabilidades para poder aceptarlas y aceptarte con ellas. Aunque te parezca raro y la sociedad te haya hecho creer lo contrario, precisamente el hecho de perseguir la perfección es lo que te aleja del amor propio.

Pero ¿a qué me refiero cuando hablo de «autoestima»? Podríamos entenderlo como tener una estima, aprecio o amor saludable hacia ti misma; creer en tus ideales y en tu poder para conseguir las metas o logros que te propongas, y creer que mereces el bienestar, felicitándote por lo que haces y consigues, y aceptando lo que no se te da bien. Una autoestima equilibrada también consiste en aceptar que no sabes hacer algo y, en consecuencia, proponerte aprender o saber pedir ayuda, y aceptar los errores con cariño y empatía en lugar de juzgarte y criticarte por ellos.

Comparto contigo varias claves que tener en cuenta para una autoestima sana, y cómo se interrelacionan con el físico:

CLAVE

DEFINICIÓN

RELACIÓN CON EL FÍSICO

Juicio personal positivo

Aspectos positivos, lo que se debe hacer o lo que ya se ha conseguido, así como lo que queda por conseguir. Ganancias vs. pérdidas.

Un juicio personal positivo, sin juicio de valor hacia tu cuerpo, y una buena relación con tu aspecto.

Aceptación personal

Estado de bienestar: asumir tus limitaciones, aceptar los errores y trabajar las expectativas y frustraciones.

Cuando no hay buena gestión de las frustraciones ni aceptación de las limitaciones, generas una compensación desde la exigencia y la perfección que puede darte como resultado la mala relación contigo y tu cuerpo.

Aspecto físico

Integración del aspecto físico con tu personalidad. Aceptar tu figura y tus características fisiológicas.

Una buena integración de tu aspecto físico te permite aceptar tu imagen personal. Cuando hay características fisiológicas lejos de la normatividad, también hay que hacer un trabajo de aceptación e integración.

Patrimonio psicológico

Aprender a percibir la personalidad de manera positiva integrando pensamientos, sentimientos, emociones, inteligencia, rasgos, etc.

Tu personalidad, los rasgos que la definen y los pensamientos y emociones que desprende también deben ser aceptados, ya que es posible que, si no, compenses desde el aspecto físico. «No me acepto como soy por dentro, así que voy a intentar ser perfecta por fuera».

Entorno sociocultural

Relaciones sociales y contexto saludable.

El contexto es fundamental para tener una relación saludable con tu cuerpo: la cultura de la dieta, el ambiente gordofóbico, el nivel socioeconómico, etc.

El trabajo

Satisfacción personal y autorrealización, además de las ventajas económicas que conlleva.

Una de las necesidades más altas es conseguir la realización personal y la satisfacción, y, si no se logra desde el trabajo u otras circunstancias, de nuevo puede haber una tendencia a compensar con el cuerpo y el aspecto físico.

Trabajar la envidia y las comparaciones

Usar a los demás como referencia e inspiración, no como apertura al odio y la crítica. Tener un proyecto de vida satisfactorio y propio.

Las comparaciones insanas te llevan a un grado de insatisfacción que puede desencadenar la tendencia a corregirla desde la perfección del aspecto físico.

Empatía

Comprender, entender, tolerar y perdonar.

La empatía hacia ti misma y tu historia vital te ayuda a construir una satisfacción corporal positiva.

Hacer cosas positivas por el resto

Entregarte a los demás: generosidad + satisfacción personal. No es autosacrificio ni anulación. Límites sanos.

Marcar una prioridad hacia ti y tus límites puede ayudarte a mejorar la forma en la que te relacionas contigo y tu cuerpo.

EJERCICIO

Explora las claves de tu autoestima


¿Qué tiene que ver esto con tu cuerpo y con aceptarlo? Son factores que influyen mucho en cómo te ves y cómo te relacionas con tu cuerpo. Por ello, te dejo un ejercicio para que reflexiones e indagues más en ti. En la columna de la derecha puedes ver de qué forma podrían estar afectándote estos factores.

GENERAL

CUERPO

Juicio personal

Aceptación personal

Aspecto físico

Patrimonio psicológico

Entorno sociocultural

El trabajo

Trabajar la envidia y las comparaciones

Empatía

Hacer cosas positivas por el resto

Como te explicaba más arriba, tener una autoestima sana o equilibrada no es sinónimo de ser ególatra o narcisista, ya que no es lo mismo reconocer lo que vales que creer que por ello eres mejor que los demás. En este cuadro verás las diferencias, que te ayudarán a desmitificar esta creencia.

AUTOESTIMA SANA

AUTOESTIMA BAJA

• Sientes bienestar.

• Sientes que eres importante.

• Abrazas tus puntos fuertes y débiles.

• Tienes confianza en tus habilidades.

• Valoras tus logros.

• Expresas tus sentimientos y emociones, y les das espacio.

• Te planteas nuevos objetivos, metas y retos.

• Tienes empatía y solidaridad, y ofreces apoyo.

• No te alegras si los demás fallan.

• Te muestras optimista.

• Si te quedas en tu zona de confort no es por miedos o inseguridades, sino porque realmente está bien para ti.

• Das espacio a tu diversión y espontaneidad sin juicio (niño natural vs. padre crítico).

• Sientes malestar.

• Sientes que los demás son más importantes que tú.

• Solo eres capaz de ver tus puntos débiles y lo haces de forma negativa.

• No valoras tus logros y te cuesta conseguir metas.

• Evitas riesgos y te quedas en lo conocido.

• Te cuesta compartir cómo te sientes porque piensas que es de débiles.

• Te victimizas.

• Culpas a los demás o a ti misma de tus errores.

• No crees en tus capacidades ni en tu esfuerzo.

• Te alegras si los demás fallan.

• Te muestras pesimista, sin espontaneidad ni diversión.

AUTOESTIMA SOBREELEVADA (rasgos narcisistas y ególatras)

• No hay equivocación posible en ti; siempre se equivocan los demás.

• Piensas que eres la mejor en todo lo que haces.

• Crees que todas las personas te admiran y te quieren.

• No hay nadie como tú; te sientes superior a los demás.

• Quieres siempre lo mejor.

• Piensas que puedes hacerlo todo y hacerlo siempre bien.

• Te encanta recibir elogios constantes.

• Tu amor propio no es sano. Falsa seguridad.

• Sientes que eres merecedora de más que los demás.

• Eres ególatra.

Recuerda que la idea es conseguir una autoestima equilibrada y realista. A veces tendrás que aceptar algo que no te guste; simplemente lo harás, y no pasará nada. Cuando dejas de lado el término «buena» o «mala», también dejas de lado la comparación con los demás y con lo que «debería» ser.

AUTOESTIMA FÍSICA SANA

AUTOESTIMA FÍSICA BAJA

• Aceptas tu cuerpo tal como es.

• Abrazas tus imperfecciones.

• Reconoces lo que te gusta de tu cuerpo.

• Admiras su capacidad de supervivencia y de acompañamiento.

• Aceptas que no siempre te verás bien.

• Abrazas las emociones que te evoca, dando espacio a cada una de ellas.

• Cuidas tu cuerpo desde actividades reforzantes, de autocuidado, alimentación…

• Trabajas para mejorar la relación con tu cuerpo.

• Rechazas tu cuerpo si no es perfecto.

• Odias y juzgas las imperfecciones.

• Te cuesta ver cosas que te gusten.

• Ves el cuerpo como un mero ente físico y te olvidas de todo lo que es en su globalidad.

• No toleras verte mal.

• Evitas o juzgas las emociones que te evoca dependiendo del día, si estas no son agradables.

• Maltratas tu cuerpo

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