Las criaturas del pantano

Nelson Barceló

Fragmento

Las criaturas del pantano

«Es parte de la forma del rocanrol conservar el coraje de tus convicciones de adolescente y hacer cosas que sean vergonzosas y ultrajantes para mucha gente, pero que constituyen mucho del atractivo para tu público porque le gusta ver a gente que tiene la valentía de darlo todo encima del escenario».

Richard Hell

«En el rock and roll hay sonidos bellos. Ruidos muy vagos, como ensoñaciones. En la mayoría de las canciones no hace falta que te fijes en la letra. Quedate con el ruido, ese es nuestro sonido».

John Cale

«Emociones extremas y sonidos extremos, tratamos de capturar esos sentimientos».

PJ Harvey

«¿Qué cosa es el ruido? El ruido es algo que no encaja políticamente, nada más; no quiere decir que no traiga un nuevo mensaje. Incomoda al sistema y el sistema no es tu amigo, nunca fue amigo de nadie. El ruido es más interesante, no hacer las cosas como se debe creando otro mensaje es donde siempre estará la música, que aprendió a utilizar lo que viola la disciplina en una nueva idea».

Daniel Melero

«Los pantanos, las ciénagas, las lagunas… siempre han tenido un halo misterioso y han sido lugares de donde han salido criaturas y monstruos que nos han helado la sangre. Seres de barro, vegetales… de andar lento pero de fuerza inhumana que ahogaban y destruían a todo aquel incauto que se aproximaba a su cubil».

Sinopsis del quinto volumen del cómic Criaturas del pantano

Dedicado a la memoria de Andy Adler, Natalia Galbiati y Tüssi Dematteis.

EMPANTANADOS

Esta es la historia de un compilado, de unas canciones, de unas bandas, de un sello. Es la historia del reseteo del rock uruguayo, que a fines de los años ochenta agonizaba. Es también, muy apropiadamente, la historia de un dead media, puntualmente el casete. Para los involucrados fue algo normal, el resultado directo de un gesto de «algo habrá que hacer». Para los interesados en la historia del rock uruguayo, es un momento de refundación a través de un disco clave para la segunda promoción de bandas de la posdictadura, bandas muy diferentes de aquellas que saltaron al ruedo con otro compilado, el Graffiti.

Pero había más de una diferencia entre ambos momentos, entre ambas ensaladas, y permítanme citar al gran José Bergamín: «Le dijo el basurero a la ensaladera: «Yo también soy ecléctico»», lo que equivaldría a afirmar que la variedad no garantiza la relevancia, ya que olvidamos que tras el primer Graffiti siguieron otros compilados de Orfeo que carecieron del significado de estos dos discos fundacionales. Entre estos dos, que comparten el carácter de hito, había diferencias de momento histórico, de discurso, de tono, de actitud, de estilo, de sello editor, de soporte físico. Las bandas del Graffiti eran las de la efervescencia de la democracia recuperada, de la ansiada libertad, eran las bandas del punk y la new wave, las bandas —nadie va a estar de acuerdo conmigo, pero de algún modo lo eran— de la esperanza. Una esperanza efímera, ya que la democracia recuperada, con su aparato represivo intacto, sus prohibiciones y exclusiones —y, por qué no decirlo, con la restauración cultural de la generación del 60 en el trono—, inmediatamente se reveló como una estafa. Sin embargo, el desencanto y la oscuridad en el rock uruguayo del 85, con aquella democracia represora, tutelada y recortada, era un desencanto por un mundo que los jóvenes mayormente heredaban: el mundo era horrible, sí (una porquería, diría Discépolo en 1936 y, medio siglo después, diría lo mismo Gabriel Peluffo), pero las visiones apocalípticas eran fruto de las taras del pasado (de la dictadura, incluso, del totalitarismo que eclosionó en la Segunda Guerra Mundial, si consideramos que Zero cantaba sobre el horror de los campos de concentración) y si las bandas abrazaban el no future era por escepticismo, no por pecados propios de una generación, como diría el fanzine Ausente y solitaria. El futuro podía lucir incierto y desolador y el magro consuelo era poder, al menos, denunciarlo. A lo mejor es por eso que Los Estómagos actualizan «Cambalache» rockeándolo, al igual que harían Los Traidores más tarde con algunas estrofas del himno nacional. Quizás eso explique que hasta la banda en apariencia menos política —Los Tontos, que sufrió una inmensa dosis de incomprensión— era, en realidad, agudamente contestataria. En el Graffiti, Neoh 23 denuncia al capital y al Fondo Monetario Internacional y ADN la emprende contra la televisión y su intento de manipularnos y adormecernos, al igual que hará unos tracks más adelante Neoh 23 con las noticias que llegan por la radio —y que Los Traidores abordarán, a su vez, en su primer disco con «Las noticias nacionales»—: las canciones del rock uruguayo de los ochenta estaban llenas de referencias a ministros (Manini, Adela Reta) o le hablaban directamente al presidente. Era una generación que quería hacerse oír, una generación que de algún modo todavía dialogaba con la política o, si se quiere, con lo político. Graffiti se editó en vinilo y casete en enero de 1986. Un mes antes, un gran concierto en el Teatro de Verano en la Navidad le daba un imponente marco al lanzamiento. Tan importante fue aquel disco que el día de hoy nombra los premios de la música uruguaya. Porque si algo caracterizó, además, al rock de la posdictadura fue la forma como fue utilizado por empresas, instituciones, sellos discográficos y los mismos políticos que sus letras criticaban.

Y, sin embargo, todo eso iba a cambiar y lo que quedó de aquello fue poco. Salvo honrosas excepciones, los noventa encontraron a la mayoría en desbandada y, excepto por unas pocas excepciones —El Cuarteto de Nos, La Tabaré, Níquel—, las bandas se rompieron.

Pero si los grupos de los ochenta uruguayos fueron los traicionados, los de corazón roto, fue porque, en el fondo, eran unos punks epigonales. Detrás de ellos vinieron otras bandas, distintas, para las que la música era otra cosa.

Así, mientras que para la generación de los ochenta las influencias más visibles fueron The Clash, Los Ramones, The Police, Joy Division y The Cure, era inevitable que para la siguiente promoción el panorama fuera distinto y las influencias más notorias fueran Sonic Youth, los Pixies, The Replacements and Dinosaur Jr., Pavement, Violent Femmes o Yo La Tengo. Y allá en el fondo, inevitable, la Velvet.

La de Criaturas del pantano fue la generación del desencanto estructural, el pospunk y el garage. El lamento por el no future había resultado ser un berrinche que ya parecía un poco ridículo. Del punk les interesaba menos una ética que una estética, menos la idea de que cualquiera podía hacer música que la de que podían hacer la música que se les diera la gana y que no tenían obligación ni de triunfar ni de tener un público, ni siquiera de sacar un disco. La actitud era otra, porque solo que todo llegara tarde a est

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