Descubre a tus ángeles

Andrew Ramer
Timothy Wyllie
Alma Daniel

Fragmento

Agradecimientos

Agradecimientos

Nunca es sólo el autor (o en este caso, tres autores) el que escribe un libro. Estamos en deuda con muchas personas cuyos nombres no podemos mencionar, sobre todo con quienes han asistido a nuestros talleres de trabajo y ayudado a refinar las técnicas que te ofrecemos en Descubre a tus ángeles. Queremos expresar nuestro sincero agradecimiento a cada uno de vosotros, así como a todos los ángeles, nombrados o no, que han participado en esta obra.

Dos ángeles que merecen, ciertamente, el primer reconocimiento son Barbara Bowen, quien proporcionó un inestimable asesoramiento estructural, y Barbara Shor, que nos dio claridad en el flujo y el sentimiento de este libro, además de ayudarnos a entretejerlo todo.

Muchas gracias también a Jeff Doctoroff, que coordinó la intrincada danza entre corrector, autores, producción y ángeles.

Por las caprichosas y alegres ilustraciones que adornan estas páginas, estamos profundamente agradecidos a Yanni Posnakoff. Tenemos una deuda con Malachi McCormick por autorizarnos a utilizar su dibujo del ángel que anuncia cada uno de los ejercicios.

Una gratitud especial a Mona Brookes, de Monart Schools. Ella inspiró a sus estudiantes de Arte para que realizaran deliciosas representaciones de ángeles que, lamentablemente, no pudimos utilizar. Y a Christopher Castle, William Giese, June Atkin Sanders y todos los artistas que compartieron con nosotros sus dibujos de ángeles, nuestro profundo agradecimiento.

Muchos individuos nos proporcionaron el material anecdótico utilizado en Descubre a tus ángeles. En algunos casos se han alterado los nombres y los detalles identificatorios.

Por sus contribuciones mediante transmisiones, vivencias y experiencia angélica, generosamente compartidas con nosotros, queremos agradecer especialmente a Hilda Brown, Mimi DeMirjian, Lee Ellis, Carolina Ely, Anne Entus, Deborah Hicks, Dorothy Maclean, Mercury, Sara Michaels-Smith, Monte Morris, Patricia Powell, Joe Rodriguez, Gail San Filippo, Michael Schwager, Paul Selig, Carolyn Short, Solara, David Spangler, Betsy Stang, Elsita Sterling, Felicia Telsey, Lili Townsend, Martha Wakefield y Paul Waterman.

Por proporcionarnos el gracioso escondrijo que incubó y alimentó una parte sustancial de este libro, nuestro profundo agradecimiento a Jackie Sideli y John Sideli.

Hemos sido bendecidos con la amistad y la fe de individuos que organizaron talleres de trabajo sobre el ángel o nos ayudaron con ellos en Estados Unidos, Canadá y Europa: Mary Bohaychuk, Carmel Bouzane, Andy Cox, Cathy Deutsch, Mary Donker, Elana Freeman, Glenn of Trees, Liane Haynes, Carol Home, Karen Malcolm, Cynthia O’Neal, Ralph Pittman, Ann Seamster, Ellen Sokolow, Emerald Star, Jill Steiner, John Stowe, David Tenerowicz, Ruth Terry, Laura Watts y Mindy Yanish.

Por su orientación en la investigación de los ángeles, agradecemos a Abi’l-Khayr, Rabbi Steve Blumberg, Elder Eldon Cooley, David Gitomer, Menachem Kallush, Herman Mills, dr. Abdel-Rahman Osman y a los bibliotecarios de la sección de religiones de la Biblioteca Pública de Brooklyn, en Plaza Grand Army.

Hay muchos otros que nos ayudaron y alentaron en todo el trayecto: Elli Bambridge, Jean Barrett, Teza Bates, Nelson Bloncourt, Judith Borg, Gail Brudny, Ivan Chelnick, Jyori Chrystal, Connie Costa, Valerie de Montvallon, Anjani DiBello, P. R. D’Or, Ruth Drayer, Annette y Ed Eckart, Robert Faust, Marilyn Ferguson, John Fletcher Harris, Kamala Hope-Campbell, Cher Jung, Samuel Kirschner, Linda y Rob Leahy, Frederic Lehrman, Susan Lorette, Susan Meadowcroft, Steve Milkis, Rita Maloney, Michael Morrison, Rosie Murray, Tom Patrick, Maryanne Quiñones, Richard Ramer, Gerard Rizza, Lilith Rochas, Prudence See, Joan Sexton, Don Shewey, Peter Sonnenberg, Marty Spiegel, Anya Sprinkle, Starheart, Ruth Strassberg, Linda Tellington-Jones, Simon Vinkenoog, Teddy Vitchell, Jeff Wadlington, Ingrid Wagner, Anne Walsh, Bill Walsh, Robert Windslow, Ora Yemini y las «Mujeres del Poder»; vosotras sabéis quiénes sois.

Por el don de la vida y por su amoroso apoyo y confianza en nosotros, agradecemos a nuestras madres, Rita Sachs, Gerry Shields y Diana Wyllie.

Por fin, Descubre a tus ángeles no estaría en tus manos si no fuera porque una mujer tuvo la visión de un libro que pudiera enseñar a la gente a hablar con sus ángeles. Por su inalterable determinación al dar forma a este libro y, sobre todo, por creer que tres personas y cuatro ángeles podían escribirlo, nuestro agradecido reconocimiento a nuestra devota correctora, Cheryl Woodruff.

Vas conduciendo por la autopista interestatal, cruzando el gran desierto del sudoeste norteamericano. Es de noche. A la luz concentrada de tus faros ves que un gran desmontador de neumáticos cae de un camión de remolque, treinta metros por delante de ti. Rebota una vez y sale disparado en línea recta hacia tu parabrisas. A treinta centímetros de distancia desaparece, simplemente.

Eso le ocurrió a Carolina.

Viajas en tu camioneta con una amiga a tu lado. Es tarde, estás cansada y llevas horas al volante. Ha dejado de nevar, pero en la ruta hay zonas resbaladizas por el hielo. De pronto, mientras las dos miráis petrificadas de horror, el camión de doble remolque que va delante de ti se desvía bruscamente hacia un costado. Todo parece ocurrir a cámara lenta. Tú, tu aturdida compañera y tu camioneta, muy cargada, pasáis por encima de la línea central, cruzando las dos vías opuestas, donde el tránsito viene en dirección contraria. Y os paráis al otro lado de la autopista, con tanta suavidad que nada ni nadie sufre daño alguno, en sentido opuesto al que llevabais.

Les ocurrió a Sara y a su amiga.

Joe jamás pudo explicarlo, por muchas veces que lo repasó después mentalmente. En todo el suceso había algo que lo hacía sentir agudamente incómodo, como si hubiera sido completa e irrazonablemente privilegiado. Salvado para un destino no especificado.

Sucedió en Vietnam. Mientras Joe trabajaba en un cobertizo, en el depósito de municiones del campamento, un proyectil enemigo hizo blanco allí. La bala de mortero demolió el depósito. Murieron ciento ochenta y cuatro hombres, pero Joe salió de allí intacto.

Tres ejemplos auténticos de hechos misteriosos, incidentes que desafían toda explicación lógica y racional. Nuestra cultura quiere hacernos creer que los ángeles no existen. Pero Carolina, Sara y Joe saben que los ángeles existen, sí. Los ángeles les salvaron la vida.

Los ángeles no se presentan sólo en situaciones de peligro mortal. Están con nosotros constantemente. Polly vio a un ángel en su cocina, una tarde soleada, mientras amasaba galletitas para sus hijos. Y Ben habla con los ángeles desde que su abuela le habló de ellos por primera vez, en 1957.

Quizá cuando eras pequeño estabas en contacto con tus amigos invisibles, pero no te creyeron; entonces aprendiste a guardar silencio... y olvidaste. Casi todo el mundo ha tenido en su vida un acontecimiento misterioso y sin explicación. Tu historia puede no ser tan dramática como los tres primeros ejemplos que hemos dado. Tal vez no creas siquiera tener algo que contar. Pero los ángeles se presentan en nuestras vidas de diferentes maneras. Si has elegido este libro, los ángeles ya te han tocado. Y éste es el comienzo de tu historia.

Qué encontrarás en este libro

Hay muchos libros sobre los encuentros entre personas y ángeles. También existen muchos sobre la historia de los ángeles en el arte y la literatura. Éste es diferente de todos los demás. Te enseñará a hablar con tus ángeles. El sencillo método de cinco pasos que utilizarás se llama Proceso de GRACIA.

Pregunta a tus ángeles es una guía para establecer una nueva forma de relación con tus compañeros celestiales: ellos serán tus mejores amigos. Nace como parte del proceso del gran redespertar a los ángeles que está actualmente en marcha. No importa lo que hayas creído hasta ahora sobre ellos: aplicar lo que vas a aprender aquí te abrirá a una nueva manera de ser con estos bienaventurados mensajeros.

En la Primera Parte compartiremos algo de la historia de los encuentros angélicos con la especie humana. Luego veremos cómo evolucionó la percepción que las personas tenían de los ángeles y el impacto de los celestiales en la Mente Mundial. Y para darte una idea de lo que nos ocurrió a nosotros, te contaremos cómo conocimos a nuestros propios ángeles. Confiamos en que nuestros relatos personales te allanen el camino para que puedas, por tu parte, entrar en un nuevo compañerismo espiritual.

Cualquiera puede hablar con los celestiales; nosotros tres lo hemos hecho durante años. Y con la colaboración directa de nuestros bienamados compañeros hemos enseñado a muchísimos otros cómo hacerlo también. De todas estas experiencias destilamos el Proceso de GRACIA, por el que te guiaremos en la Segunda Parte del libro. Si encaras con honda sinceridad los ejercicios y las meditaciones que te ofrecemos, establecerás un contacto pleno y gozoso con tus propios ángeles guardianes.

Existen muchas herramientas adivinatorias diferentes, tales como el tarot, las runas y el I Ching. En este libro compartiremos contigo una nueva: El Oráculo del Ángel. Su utilización es un modo agradable de abrirte a la sabiduría de una amplia variedad de ángeles y te ayudará a servirte de tu conocimiento intuitivo.

Una vez que establezcas relación con tus divinos asistentes se desplegarán nuevos panoramas. En la Tercera Parte vas a entrar en sociedad activa con los ángeles, con la finalidad de una transformación personal y global. Aprenderás a afinar tus relaciones y a formar un equipo con los ángeles para alcanzar tus objetivos. Te enseñaremos cómo incluir a los seres alados en todas tus relaciones, en tus sueños, en las curaciones y en la recuperación. Nuestros ángeles ponen fin al libro con sus inspiradoras visiones de nuestro ingreso en el siglo XXI, danzando con ellos.

¿Quiénes (o qué) son los ángeles?

Los ángeles son seres inteligentes, capaces de sentir, pero de una especie diferente; existen en una frecuencia vibratoria levemente más fina que aquella con la que nuestros sentidos físicos están afinados. Esto significa que no podemos percibirlos comúnmente, con los ojos o los oídos, pero ellos pueden percibirnos a nosotros. Nuestras realidades se interpenetran mutuamente... y la de ellos abarca y envuelve a la nuestra.

La palabra «ángel» es el nombre genérico de un grupo colectivo de seres, ciudadanos del espacio interior, cuyas responsabilidades incluyen la organización armoniosa del universo habitado. Algunos creen que los ángeles son los pensamientos de Dios; otros sostienen que son la creación del Divino Espíritu Madre. Un número relativamente pequeño de esta vasta multitud está inmediatamente relacionado con la humanidad y con nuestro planeta. Entre ellos figuran nuestros compañeros más íntimos: nuestros ángeles guardianes, y también los muchos millones de ángeles que se ocupan de nuestra realidad planetaria. Por nuestra investigación sabemos que existen ángeles que vigilan prácticamente todos los aspectos de la actividad humana.

Por ejemplo: se nos dio a un ángel para que nos ayudara en la creación y la redacción de este libro. Cuesta imaginar que todo esto hubiera podido funcionar sin la hábil mediación de Abigrael. Abigrael es su nombre, en verdad, lo cual nos trae inmediatamente a la primera cosa extraña con la que tropezamos al comunicarnos con un ángel. Los ángeles no tienen sexo. Dos de nosotros, por ejemplo, percibimos a Abigrael como femenino, mientras que para el tercero es incuestionablemente masculino. Los ángeles son andróginos. Tienen tanto cualidades masculinas como femeninas junto con sus características individuales.

Esto subraya un hecho muy importante a tener en cuenta mientras se lee este libro: no hay manera correcta de percibir a los ángeles. Se nos presentan en condiciones muy suyas, con apariencias que son sumamente personales según cada individuo. Están aquí para ayudarnos a elevar nuestra amante comprensión y se vinculan con nosotros en el plano más alto en el que podamos funcionar.

El contacto y la conversación con el propio ángel está llena de la ternura, el amor, la maravilla de descubrir a un íntimo amigo, conocido desde siempre, al que no hemos visto en años. Hablar con los ángeles es una relación completamente natural, aunque con el correr de los siglos ha quedado empañada por la creencia de que, si algo no se puede ver ni tocar, no es real.

No obstante ahora, en un momento en el que necesitamos ayuda más que nunca, los ángeles vuelven a adelantarse. Cosa interesante: nos dicen que por reorganizaciones dentro de su propio dominio están recibiendo instrucciones de establecer con nosotros un contacto más estrecho. Así como nosotros nos preparamos para los enormes cambios venideros, así los ángeles nos dicen que también ellos están evolucionando. Así como es arriba, así es abajo.

Su presencia más cercana es profundamente alentadora, justamente la ayuda por la que tantos de nosotros estábamos orando. Los ángeles están aquí. Están con nosotros, lo creamos o no. El universo funciona sobre la base de la necesidad de saber; cuando preguntamos, se nos responde. Al hablar con nuestros ángeles, extendemos y expandimos nuestra capacidad de crecimiento y transformación... y nos acercamos más a nuestro destino.

¿Cómo funcionan los ángeles?

Hay una clave en la misma palabra «ángel», derivada del griego angelos, que significa «mensajero». Los ángeles son mensajeros de nuestro Creador. Contienen en sí los patrones básicos de la Creación, que se tornan manifiestos en nuestro mundo tridimensional. Son literalmente mensajeros, y ellos mismos son el mensaje.

Los ángeles obran con nuestras almas, en conjunción con la Mente Universal, para ayudarnos a elevar la visión y el espíritu, recordándonos la verdad, la belleza y la bondad que existe dentro de todo. Al invocar a nuestros ángeles para que nos ayuden a ejecutar tareas tanto mundanas como inspiradas, podemos confiar en que todo sucederá de acuerdo con la Voluntad Superior y no sólo con la nuestra. Mediante este acto de cooperación perdemos nuestra sensación de aislamiento. Empezamos a comprender realmente que no estamos solos y carentes de apoyo; que en nuestro derredor hay ayuda y guía por doquier. Y comenzamos a abrirnos al estado de gratitud en el que pueden ocurrir los milagros.

Cómo utilizar este libro

Tal como pasaste de los balbuceos infantiles a la utilización de palabras y después de oraciones, aprender a hablar con tu ángel es un proceso que va paso a paso. Se expande y profundiza según las líneas de comunicación se abren más y más y según crece tu confianza.

Para cosechar el mayor beneficio de Pregunta a tus ángeles, te sugerimos que utilices una grabadora para registrar previamente los ejercicios y meditaciones. Al oír las instrucciones pronunciadas por tu propia voz se crea una sensación de seguridad que aumentará mucho el potencial de contacto angélico.

Un diario o una libreta de anotaciones es también un compañero vital para es

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