El cerebro de la madre

Irene de Torres García

Fragmento

Mi porqué para escribirte este texto

Mi porqué para escribirte este texto

• Automirada cariñosa.

• Forjamos nuestra forma de ser a partir de la interacción con nuestra madre.

• Tú eres el primer paso.

Querida madre primeriza (asumo que muchas de mis lectoras se encontrarán en esta posición o en otra con gran conexión con la nombrada), quiero decirte que no es este un libro lleno de consejos de crianza y de trucos sobre cómo estimular la inteligencia de tu bebé (aunque sí se reflexiona sobre aspectos que influirán en ello). Sé que esos temas te interesan y que estarás informándote al respecto, probablemente por otras vías; por ello, en El cerebro de la madre lo que encontrarás es un mensaje de autoconocimiento del momento vital que afrontas y de autocuidado principalmente, una llamada al abrazo de nosotras mismas con nuestras fortalezas y nuestras debilidades, desde la comprensión neurocientífica que explica la enorme metamorfosis que vive una madre. Una propuesta de automirada cariñosa, que curiosamente también acaba redundando en positivo en la crianza de los hijos.

¿Y qué me hace pensar que hablar sobre esto es necesario? Las elevadas cifras de madres con síntomas de ansiedad o depresión, a nivel subclínico (incluso sin tener en cuenta casos que reúnen criterios diagnósticos de depresión posparto). La maternidad es a la vez preciosa y exigente: un revolucionario cambio vital. De forma que estoy convencida de que subir los niveles de alegría de la madre la preparará mejor para este transformador viaje.

Ahora bien, lo último que pretendo es agregarte más presión. Alguna madre agobiada en los inicios de la crianza me podría decir: Además de preocuparme de la alimentación, el sueño, la estimulación, mi propia recuperación, que no se desmorone mi equilibrio familiar, ¿también he de estar contenta? Yo le respondería con mucho cariño a esta chica que no es una obligación, pero que sí sería de gran ayuda para ella, y eso es lo que quiero recalcar en este libro, llegando a esa misma conclusión casi en cada capítulo por diferentes caminos. De esta forma proclamo la influencia que el buen ánimo de la mamá tiene en la adecuada marcha de múltiples aspectos de la crianza. Y no es para sumar carga, sino para aligerar, en el sentido de que si todo se ve cuesta arriba, simplifiquemos buscando el bienestar de la madre (al que irá ligado el del pequeño) y ya habrá tiempo de atender todo lo demás cuando progresivamente vaya produciéndose la adaptación a la situación.

Todos los seres humanos sobre la faz de la Tierra vivimos en el vientre de una mujer antes de salir al mundo. Y forjamos nuestra forma de ser a partir de la interacción con nuestra madre. De manera que este tema debería ser de interés para todos, puesto que estamos hablando del origen de cada uno de nosotros.

Vas a leer en estas páginas sobre ti como madre, y esto te llevará muchas veces a pensar en ti como niña para entenderte como persona.

Sé que puedes estar motivada por conocer maneras de fomentar la autoestima de tu hijo, quizá sus habilidades lingüísticas, artísticas, musicales o su inteligencia en general; pues bien, alimentar tu propia autoestima y alegría son elementos que pueden ayudar a poner las bases de un apego seguro que será el entorno idóneo de protección y acogida para esa nueva personita que te verá como ejemplo y modelo. A partir de la imitación directa de tu expresividad facial, corporal, cadencia de movimiento, tono de voz, energía vital, formas de relación con los demás, etc., empezará a tener herramientas concretas para desarrollar todas esas capacidades que tú deseas favorecerle, por lo que cuidar estos aspectos en ti puede ser un buen peldaño inicial para sentar los cimientos que ayudarán a tu hijo, ya que te tendrá como referente.

Esto lo notarás, por ejemplo, en que lo que tu hijo aprende más rápido es aquello en lo que tú te involucras con más entusiasmo. ¿Y en qué actividades te pasará esto? En las que más disfrutes y las que mejor se te den o en las que más segura te veas. Además, desde ese dominio, es más fácil adaptarse empáticamente al ritmo y nivel de desarrollo del pequeño.

Entonces ¿deberías ser buena en todo para ser su mejor maestra? No. Solamente saborea los momentos estando a su lado, ya que de ti aprenderá las bases de la vida y las relaciones. Y a partir de ahí, teje una buena red de apoyo, contactos y ambientes enriquecidos que darán la oportunidad de muchos más aprendizajes, pero partiendo de tu mano e interés. Sé (junto con tu pareja y familia) el puerto seguro desde el que se atreve a explorar. Disfruta de facilitarle la búsqueda (ya que el hecho de notar tu emoción será lo que le anime a ello). «En lugar de comprarles a tus hijos todas las cosas que nunca tuviste, deberías enseñarles todas las cosas que nunca te enseñaron» (Bruce Lee).

Tú eres el primer paso de este proceso. Tú y tu entorno cercano. El equipo familiar teje las redes en las que el nuevo ser humano irá cogiendo confianza.

Ojalá este mensaje no llegue solo a madres, sino también a los padres y a los otros adultos que estarán en torno a ella y al bebé para que juntos construyan el ambiente de protección, cuidado y también alegría que favorecerá la más armoniosa llegada del nuevo ser al núcleo de la familia.

¿Y quién soy yo para escribir sobre todo esto? Pues simplemente una madre transformada y motivada que se ha informado y formado mucho y quiere compartir lo aprendido. Es verdad que mi bagaje previo en Medicina, Neurociencias, Neurorrehabilitación, Neuropsicología e Inteligencia Emocional me ayuda a interpretar la información y entenderla en su trascendencia, pero es a través de la propia vivencia como la he canalizado y utilizado para ayudar a otras madres de mi entorno, al igual que el contacto con otras mamás me ha arropado a mí.

Este libro ha sido catártico y casi diría autoterapéutico, pues en él vuelco muchas de las reflexiones que esta metamorfosis me ha brindado. En este manuscrito he reunido todo lo que he necesitado decirme a mí misma para empoderarme como madre. He tenido el privilegio de combinar las «prácticas del día a día de una mamá» con la teoría del grado de Psicología que he acabado de cursar en mis primeros años de maternidad, como segunda carrera, en el cual me he adentrado desde la perspectiva de la Medicina por mi trayectoria anterior. Pero, sobre todo, como tú, aprendo cada día de esta maravillosa experiencia.

Desde estas páginas agradezco a todos los investigadores e investigadoras que están trabajando para arrojar luz sobre la Neurociencia de la maternidad, y también a todas las divulgadoras y divulgadores que nos hacen llegar este conocimiento para que nos comprendamos mejor a nosotras mismas en este viaje que es la vida.

En cuanto al lenguaje inclusivo, me dirigiré sobre todo a las madres, porque creo que serán mis principales lectoras, pero muchos mensajes son ampliables a padres, especialmente los referentes al apego y la regulación del niño, o la comunicación en la pareja, y ojalá lleguen a muchos de ellos, incluso a abuelas y abuelos y en definitiva a cualquier persona cercana y presente en la vida del niño y la madre en los primeros años de crianza. Cuando hablo de la sinergia en la pareja, la mayoría de los conceptos son aplicables a todo tipo de uniones (heterosexuales y homosexuales), matizando peculiaridades en cada caso, así como a diferentes tipos de familias. Y en cuanto a los hijos, estoy escribiendo en todo momento tanto sobre niños como niñas, pero me tomaré la licencia de usar muchas veces el término niño como genérico y en otras ocasiones su versión femenina, y aunque no nombre a ambos constantemente para facilitar la lectura fluida, me estoy refiriendo al conjunto de niñas y niños de principio a fin.

Solo decirte, antes de empezar, que un libro es como una obra de arte, en el sentido de que no es del autor sino del lector, ya que quien recibe el resultado lo percibirá según sus propias circunstancias, por lo que cada uno le sacará un partido diferente. Te ofrezco información que a mí me ha sido útil y reveladora. Utiliza la que te sirva, la que te resuene, la que conecte contigo. Espero que aproveches tu versión de esta obra. Vamos a ello.

El cerebro de la madre

• Estructuras cerebrales y funciones.

• Influencia hormonal.

• Células del sistema nervioso.

El cerebro de la madre, como el del resto de los humanos, presenta una enorme complejidad que permite el dominio de todas nuestras reacciones corporales, mentales y emocionales. Y como usaré algunos conceptos relacionados con la anatomía cerebral para las explicaciones que se dan en este libro, dejo aquí este capítulo para quien le guste hacerse una idea visual y le sirva para ubicarse más adelante en el texto.

Estructuras cerebrales y funciones

En las siguientes imágenes puedes ver el cerebro partido por la mitad: en la de la izquierda se observa la cara medial y en la de la derecha, la vista lateral o externa.

Esquema que ilustra las partes del cerebro.

Imagen extraída de Castellanos, N., 2022. Neurociencia del cuerpo. En órbita.

Te ofrezco en estas páginas algunas explicaciones de neuroanatomía funcional sencillas y esquemáticas que nos ayudarán a entender las reflexiones presentes en el libro.

Nuestro cerebro está formado por dos hemisferios, en los cuales encontramos una capa externa (cortical) con más densidad de cuerpos neuronales llamada sustancia gris, y en profundidad hallamos una gran red de conexiones que configuran la conocida como sustancia blanca (subcortical).

Observado con técnicas funcionales de neuroimagen (es decir, que presentan activación de un área concreta al usarse o activarse durante el desempeño de una función) se ha comprobado que el hemisferio cerebral izquierdo se activa más ante los procesamientos cognitivos (atención, planificación, cálculo, lectoescritura, toma de decisiones, análisis de situaciones…), y el derecho, cuando experimentamos emociones, entre otras gestiones, como las expresiones artísticas y creativas. Sin olvidar que ambos suelen actuar en sincronía con influencia el uno sobre el otro, tanto estimulatoria como inhibitoria, gracias a las fibras que los interconectan a través del conocido como cuerpo calloso.

La interpretación de la información sensorial del hemicuerpo derecho, así como el control motriz de esta mitad, está a cargo del hemisferio contralateral. Y lo mismo ha de decirse para el lado izquierdo, el cual es gestionado por el hemisferio derecho, debido a un curioso cruce de fibras que ha venido favorecido por la selección natural evolutiva de las especies. Esto quiere decir, por ejemplo, que para mover la mano derecha activo mi hemisferio izquierdo y para sentir mi mano izquierda, activo el derecho.

El sistema límbico se activa con la vivencia emocional, y se conforma de estructuras que tenemos en relación con todos los mamíferos y que se encuentran en torno al tálamo (receptor sensorial del centro del encéfalo). Entre estos elementos quiero destacar el hipotálamo, la amígdala cerebral y el hipocampo.

Dicho engranaje está involucrado también en la formación de la memoria, las motivaciones, la iniciativa, la supervivencia del individuo y el aprendizaje, por lo que ninguno de estos mecanismos es independiente del procesamiento emocional. No quiero dejar de nombrar además las fuertes conexiones con la ínsula, región involucrada en la toma de decisiones y la atención.

Este conjunto arquitectónico cerebral interacciona muy velozmente (y al parecer sin que necesite mediación de estructuras cerebrales superiores) con el sistema endocrino y el sistema nervioso periférico, lo que provoca sensaciones corporales reactivas a las vivencias que experimentamos. Y por una vía de procesamiento más lento (estamos hablando de diferencias de milisegundos) esta información podría ser interpretada mediante el filtro de la corteza prefrontal, el principal regulador de la conducta.

Explicaré esto con algo más de detalle: la información que percibimos del entorno es analizada bajo el prisma de la emoción en la amígdala cerebral, a la que se puede llegar de dos maneras diferentes: la ruta larga y la ruta corta. El funcionamiento amigdalar influye en nuestra reacción ante emociones, especialmente las relacionadas con el miedo, el estrés y la supervivencia. La ruta larga implica la utilización de caminos del neocórtex (corteza cerebral desarrollada en la historia evolutiva más reciente) donde se producen los pensamientos conscientes. El procesamiento de la información es más lento, pero también más certero. Las respuestas que solemos dar cuando se activa la ruta larga son más racionales y meditadas (enmarcadas en el contexto de ideas preconcebidas y esquema de valores de la persona en cuestión). En cambio, la ruta corta se da en el plano subcortical e implica una respuesta mucho más rápida y automática. Ambas rutas se ponen en marcha de manera paralela. La ruta corta es casi medio segundo más rápida que la larga, lo que hace que, en ocasiones, actuemos antes de darnos cuenta de lo que hemos hecho o dicho. Los niños, por ejemplo, cuando presentan comportamientos impulsivos tienen sus amígdalas «secuestradas», lo que los lleva a reaccionar de manera rápida, no consciente e irracional, en su caso por inmadurez de la corteza prefrontal, que es la parte del cerebro que está llamada a frenar y controlar los impulsos. Los adultos ya sí la tenemos madura desde los veinticinco años de edad, por lo que tenemos más estrategias de respuesta para compensar el conocido como «secuestro amigdalar» característico de la vía rápida de activación.

Ahora me gustaría explicarte algo sobre el cerebro para entender cómo funciona desde los primeros días de vida. Guerrero escribe que el cerebro se desarrolla de atrás hacia delante o, lo que es lo mismo, primero evolucionan las zonas sensitivas (cerebro posterior) para desarrollarse a continuación las zonas motoras (cerebro anterior). En segundo lugar, el cerebro se desarrolla de abajo a arriba, es decir, evoluciona de zonas subcorticales (cerebro inferior encargado de reacciones más automáticas) a las zonas corticales (cerebro superior en relación con el razonamiento más complejo). Y en tercer y último lugar, el cerebro se desarrolla del hemisferio derecho al hemisferio izquierdo, motivo por el cual primero somos seres emocionales (hemisferio derecho) para posteriormente pasar a desarrollar también el lenguaje, el pensamiento y la razón (hemisferio izquierdo). Lo curioso es que las partes que se han desarrollado en último lugar son las que tenderán a dominar o a ejercer el control sobre las que evolucionaron en un primer momento. Así, llegamos a la conclusión de que el cerebro anterior dominará al posterior (la corteza prefrontal mandará sobre las zonas más arcaicas y primitivas del encéfalo), el neocórtex dominará al subcórtex y el hemisferio izquierdo (hemisferio lingüístico) tiende a estar más desarrollado que el derecho (emocional). Las primeras vivencias también dejan huella, lo que explica que muchas decisiones, ya en edad adulta, las tomemos de forma emocional y poco racional, porque es un hábito que empezamos a crear desde el inicio de la vida, en el que la parte emocional predominaba, y en el que estábamos creando nuestros esquemas cerebrales primigenios, fruto de nuestras interacciones con otro ser que nos responde, que siembran la base de nuestra personalidad.

Por otro lado, se ha descrito el modelo de los cuatro cerebros a modo de esquema pedagógico y metafórico para poder entender cómo se relacionan las grandes zonas del cerebro entre sí. El cerebro reptiliano lo componen el tronco del encéfalo y el cerebelo. Es una estructura automática, involuntaria e inconsciente cuya misión fundamental es la supervivencia del organismo. El cerebro emocional mamífero ya está cien por cien preparado en el momento del nacimiento, e incluso antes. El cerebro racional se localiza en el neocórtex y a través de él navegan los pensamientos de tipo consciente. El cerebro ejecutivo es aquella parte del neocórtex que se encarga de recibir toda la información del resto del encéfalo, ponerla en común y tomar una decisión que sea lo más adaptativa posible. La localización anatómica del cerebro ejecutivo es la corteza prefrontal y en él se llevan a cabo las funciones ejecutivas: concentración, inhibición de impulsos, memoria operativa, planificación, autorregulación emocional, etc. El único cerebro que «se aprende» es el ejecutivo. ENSEÑAMOS A NUESTROS HIJOS A SER HUMANOS.

Podríamos decir que el cerebro reptiliano y el cerebro emocional se corresponderían con un cerebro caliente, mientras que el neocórtex y la corteza prefrontal se corresponderían con un cerebro frío. Si utilizamos la metáfora del coche, el cerebro caliente sería el acelerador, mientras que el cerebro frío sería el encargado de frenar, es decir, de la capacidad de inhibición y control de los impulsos. Para una correcta adaptación de la persona, tan importante es saber manejar el acelerador como el freno.

Aprovecho para comentar también la metáfora de Siegel del cerebro en tu mano para comprender la relación que existe entre las diferentes zonas: cerebro reptiliano, emocional mamífero, racional y ejecutivo. Pongamos que nuestra muñeca es la médula espinal; la parte central de la palma, el tronco del encéfalo (cerebro reptiliano); si doblamos el pulgar hacia dentro, representará nuestro sistema límbico (emocional); al doblar el resto de nuestros dedos hacia abajo, representando la corteza cerebral (racional), se cubre físicamente el sistema límbico y parte del tronco del encéfalo; finalmente, la corteza prefrontal (ejecutiva) es la que tenemos representada por la última falange de los dedos anular y corazón. Cuando nuestros hijos (o nosotros) se sienten secuestrados por la emoción que están experimentando, es que no existe conexión funcional en ese momento entre las diferentes zonas cerebrales y, por lo tanto, tienen la mano abierta. Si la mano está cerrada, es que hay conexión entre las diferentes zonas del encéfalo y, por lo tanto, se trata de una persona en calma que puede pensar: su corteza prefrontal es capaz de analizar sus necesidades, emociones y pensamientos para tomar una decisión que sea lo más adaptativa posible. La mano abierta representa el caos, el desorden y la ausencia de autocontrol, mientras que la mano cerrada representa un cerebro integrado y en calma.

El psiquiatra Daniel J. Siegel simplifica lo anterior de manera didáctica explicándolo como uso del cerebro inferior (mamífero) para las reacciones más automáticas y emocionales y el empleo del cerebro superior para el razonamiento más complejo. Generalmente todo ello funciona a la vez y de forma coordinada, en equilibrio, salvo en los instantes en los que nos descompensamos y toma protagonismo la activación predominante de las estructuras profundas frente a las superiores. Observándonos a nosotros mismos y reflexionando sobre nuestras respuestas en base a esta información, podemos conseguir estrategias que nos ayuden a integrar de nuevo el funcionamiento cerebral.

Influencia hormonal en el cerebro

Adelanto ya en este capítulo algunos datos sobre las hormonas que tanto van a influir en el funcionamiento encefálico, como veremos más adelante al abordar los cambios neuroplásticos en el cerebro de la mamá. El conductor principal de la explosión hormonal del embarazo es la placenta, que segrega numerosas hormonas para preparar el cuerpo de la madre para la gestación, el trabajo de parto y la lactancia. Estamos hablando de cinco hormonas críticas para la neuroplasticidad materna: progesterona, estradiol, cortisol, prolactina y oxitocina.

Después del parto, todas las hormonas derivadas de la placenta caen en picado en el sistema circulatorio, incluyendo la progesterona, el estradiol y la hormona liberadora de corticotropina placentaria. Los niveles de oxitocina y prolactina también caen gradualmente durante los primeros meses del periodo posparto, pero su producción sigue siendo estimulada por la lactancia y el contacto de las madres con sus hijos. Este mismo libro está escrito bajo los influjos de la oxitocina sobre la escritora, ya que muchas de las lecturas en las que me he basado las he realizado mientras mi hija dormía la siesta en mi regazo y durante sus relajadas tomas de pecho.

Las regiones del cerebro que pertenecen al circuito materno en los seres humanos son ricas en receptores de las hormonas del embarazo. Esto se ha observado en estudios post mortem que han informado sobre la expresión de ARN mensajero (ARNm) de receptores de estrógeno, prolactina y oxitocina en el hipotálamo. El ARNm es un tipo de material genético de cadena única que participa en la síntesis proteica, es decir, crucial en el proceso de transformar la información codificada en nuestro ADN en proteínas con funciones celulares, como receptores para las hormonas que condicionan a su vez el funcionamiento interno. Más allá de estas regiones, los investigadores también han informado sobre la expresión de ARNm del receptor de oxitocina en la amígdala y la corteza cingulada anterior. Ello refuerza la posibilidad de que los humanos utilicen vías hormonales similares a las de los roedores para facilitar el comportamiento maternal. Se han publicado datos de activaciones cerebrales en madres humanas ante el llanto del bebé de áreas involucradas con el control de respuestas automáticas motoras y lingüísticas, incluso antes de que ocurra la toma de decisiones con conciencia. Si te descubres respondiendo y luego pensando, no estás sola.

Células del sistema nervioso central

Don Santiago Ramón y Cajal describió para toda la humanidad el llamado bosque neuronal, en el que se entrelazan como una densa red las neuronas y otras células nerviosas. La sinapsis posibilita la conexión entre nuestras neuronas mediante sus conexiones dendríticas (más cortas) y axonales (más largas, pudiendo interaccionar a distancia).

La plasticidad en el circuito materno no se limita a las conexiones neuronales, también se han documentado modificaciones en otro tipo de células que conviven con las neuronas: las células gliales, incluidas la microglía, los oligodendrocitos y los astrocitos, células encargadas de mantener el equilibrio homeostático, mielinizar las neuronas, ser células de sostén y proteger las neuronas de todo el sistema nervioso.

En general, los estudios con roedores proporcionan evidencias de que las fluctuaciones hormonales relacionadas con el embarazo modifican la neurogénesis, activan el crecimiento dendrítico, alteran la función inmune del cerebro, promueven la mielinización (cobertura de los axones que favorece la comunicación entre neuronas) y regulan la transmisión de información de unas regiones cerebrales a otras.

Todo esto, querida madre lectora, nos da pie a pensar que tu cerebro y mi cerebro están en plena remodelación. Conozcamos el proceso para entendernos y admirarnos.

LA METAMORFOSIS

La transformación de una madre

• Aceptación de una revolución corporal, mental y de valores enfocada al cuidado de los hijos.

• Los cambios comportamentales en la madre tienen su reflejo en la anatomía cerebral.

• Ahora eres más consciente de tu entorno, más sensible a las amenazas y más propensa a la acción.

• Teoría de las inteligencias múltiples de Gardner.

Las que habéis sido madres sabéis cuánto habéis cambiado. A algunas, esta modificación les ha servido incluso como motor de renovación en otras esferas de la vida. También hay quien lo ha transitado con desencuentro si ha tenido personas cercanas que no han acompañado las consecuencias del proceso. Dudo que alguna haya quedado indiferente ante tamaña revolución corporal, mental y de valores. En palabras de la neurocientífica Nazareth Castellanos, «el organismo esculpe el cerebro».

Si piensas que sientes más intensamente desde que has sido madre, no te equivocas. Tu cerebro está favoreciendo que prestes más atención a la emocionalidad, porque en este periodo vital es necesaria para la conexión con tu hijo. A veces esto provoca que puedan salir a la luz emociones reprimidas previamente, o que interpretemos las palabras de otros desde nuestra amígdala cerebral con menor filtro de la corteza prefrontal, que es el principal regulador de la conducta.

Nuestro estado de ánimo influirá en nuestros pensamientos, incluso en los recuerdos que evocamos y en nuestro comportamiento. Esto no es ni bueno ni malo, quizá sea simplemente necesario, y es útil conocerlo para poder aceptarlo y navegar con ello.

La psicoterapeuta Virginia Satir comparó muy acertadamente, desde mi punto de vista, el proceso de activación del cerebro materno con una actualización del software informático cerebral. Y en este caso la actualización o reformateo ha de darse a la vez que se experimenta la vivencia, por lo que al principio nos podemos sentir torpes y asustadas en parte (desactualizadas) hasta que nos vamos habituando al ritmo de cuidado y vamos fluyendo en la tarea. Con la peculiaridad de que cada nueva necesidad irá conllevando sucesivas renovaciones, pero ya de programas más específicos. «Cuando crees conocer todas las respuestas llega el universo y te cambia todas las preguntas» (Albert Espinosa). Tengamos en cuenta también que esta activación del cerebro materno se da sobre nuestro cerebro personal, con las propias peculiaridades previas. Tendrá como base nuestros aprendizajes, hábitos, personalidad, miedos, bloqueos, nuestras habilidades, esquemas mentales, gustos, etc. Y estará condicionado por la historia acogedora o desadaptativa que cada una haya vivido en embarazo, parto y posparto.

Este cambio en la sensibilidad será nuestro aliado para percibir las necesidades del bebé, pero cuidado, porque en ocasiones puede actuar como enemigo haciendo que nos sintamos poco comprendidas por las personas del entorno. Barajemos la situación de la forma más equilibrada que seamos capaces. Los cambios emocionales que vive una madre son complejos y a veces paradójicos. Se han dado casos de madres que han mantenido el temple en situaciones altamente estresantes con tal de proteger a su bebé. Existe una tendencia a la calma que se hace muy necesaria para el cuidado. Otro regalo que nos puede traer la maternidad, por tanto, es cierta serenidad ante la presión, que, una vez equilibrada y aceptada, nos será útil en múltiples circunstancias. Hablo de equilibrio y aceptación porque hay mujeres que no se reconocen en ella y esto las conduce temporalmente al desánimo.

Toda madre nerviosa está en el proceso de transformarse en una madre serena. Date la oportunidad de conseguirlo y de recuperar esta plenitud cada día de nuevo, ya que sin lugar a dudas se pierde a menudo por momentos, aunque no nos apartemos del todo de ella. Y me quedo con

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