Nuevo proyecto de nación

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Fragmento

Nuevo proyecto de nación

Jesús Ramírez Cuevas, periodista, escritor y analista.

Armando Bartra, escritor, profesor e investigador de la UAM.

José Eduardo Beltrán, ingeniero petrolero y diputado federal en la LIII Legislatura.

Jaime Cárdenas, profesor e investigador del IIJ de la UNAM, diputado federal del PT.

Luciano Concheiro, investigador, coordinador de maestría en Desarrollo Rural UAM.

Arnaldo Córdova, politólogo, doctor, profesor e investigador de la UNAM.

Agustín Díaz Lastra, economista e investigador de la UACM.

Héctor Díaz Polanco, antropólogo, doctor e investigador del CIESAS.

Laura Esquivel, escritora, ganadora del premio ABBY de Estados Unidos.

Víctor Flores Olea, profesor, ensayista, diplomático e investigador de la UNAM.

Luis Javier Garrido, doctor, profesor e investigador de la UNAM.

Antonio Gershenson, maestro en ciencias por la UNAM, especialista en petróleo.

Enrique González Pedrero, político, diplomático, escritor, ex director del FCE.

Hugo Gutiérrez Vega, poeta y periodista, director La Jornada Semanal.

Adolfo Hellmund, ingeniero, maestro en Finanzas por el MIT (Massachussetts).

Asa Cristina Laurell, médico, maestra en Salud Pública, doctora en sociología.

Luis Linares Zapata, consultor, analista, maestro en economía por la Wharton School.

Bertha Luján, contadora pública, fue contralora del GDF.

Ignacio Marván, investigador y director de la División de Estudios Políticos del CIDE.

Lorenzo Meyer, doctor, investigador y profesor del Colmex, historiador y periodista.

Roberto Morales, ingeniero del sector energético.

Jorge Eduardo Navarrete, economista y diplomático.

Juan José Paullada, fiscalista y profesor, fue procurador fiscal.

Martha Pérez Bejarano, trabajadora social, ex secretaria de Desarrollo Social del GDF.

José María Pérez Gay, doctor, diplomático, escritor, fue embajador en Portugal.

Elena Poniatowska, escritora y periodista, con más de 30 premios literarios.

Rogelio Ramírez de la O, analista, doctor por la Universidad de Cambridge.

Octavio Romero Oropeza, ingeniero, fue diputado federal y oficial mayor del GDF.

Eréndira Sandoval, economista, doctora en ciencia política, experta en fiscalización.

Julio Scherer Ibarra, abogado y autor de La guerra sucia de 2006, entre otros.

Enrique Semo, historiador, científico social, ensayista, investigador de la UNAM.

Claudia Sheinbaum, doctora, investigadora de la UNAM, Academia Mexicana de la Ciencia.

Raquel Sosa, doctora y maestra por la UNAM, historiadora e investigadora.

Víctor Suárez, especialista en temas del campo y director ejecutivo de la ANEC.

Carlos Tello Macías, economista, investigador, embajador en Cuba, Portugal y la URSS.

Víctor Manuel Toledo, poeta, biólogo y ecologista, investigador de la UNAM.

Héctor Vasconcelos, diplomático, músico y fue embajador de México en Dinamarca.

Nuevo proyecto de nación

Presentación
ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR

Es indudable que México necesita, de manera urgente, un cambio de rumbo. La apuesta de nuestro movimiento es llevar a cabo, por la vía pacífica y con la participación de la gente, una transformación profunda de la vida nacional.

Antes de 2006, durante la campaña por la Presidencia de la República, presentamos un Proyecto Alternativo de Nación que reunió propuestas de cambio en el terreno económico, político y social para enfrentar los grandes y graves problemas nacionales.

El proyecto ha sido revisado y puesto al día con aportaciones de un grupo de intelectuales, académicos y especialistas que han profundizado en los temas, las ideas y las opciones que existen para frenar la decadencia, regenerar la vida pública y lograr el renacimiento de México.

El presente libro, en más de un sentido, es una obra colectiva. Es fruto de un ejercicio de reflexión y diálogo colegiados, de una participación democrática, de una consulta nacional que convocamos para ese propósito. La primera versión fue presentada para su análisis en julio de 2010; con posterioridad se organizaron foros y mesas de debate en todo el país que enriquecieron su alcance y contenido.

En esencia, se propone un camino del todo nuevo, alejado de la política de pillaje, de la explotación irracional de los recursos naturales y de la concentración desmedida de la riqueza a costa del sufrimiento de la inmensa mayoría de los mexicanos.

En este texto se da respuesta a quienes, por desconocimiento o conveniencia, sostienen que “no hay de otra” y pretenden mantener el actual modelo neoliberal a pesar de la destrucción del país, reflejada en la pérdida de oportunidades, empobrecimiento, inseguridad, violencia y desesperanza.

Se reafirma que tenemos una agenda propia, apegada a nuestra realidad histórica, que recoge los intereses ciudadanos y los verdaderos sentimientos populares, sin aceptar falsas premisas o recetas dictadas por organismos financieros internacionales, diseñadas sólo para satisfacer ambiciones de minorías rapaces, nacionales y extranjeras.

Este Nuevo Proyecto de Nación se presenta al mismo tiempo que se construye, desde abajo y con la gente, un movimiento para la regeneración nacional. De esta forma, se busca poner en correspondencia el pensamiento y la acción, las ideas y el trabajo que realizan millones de mexicanos, mujeres y hombres, para transformar el país. Este proyecto está concebido para que lo pongan en práctica todos aquellos mexicanos comprometidos con el país, con el bienestar de la población, con valores morales solidarios y fraternos, con ideas a favor de la democracia, la justicia, la libertad y la defensa de la soberanía nacional.

Agradezco a todos los que han contribuido con sus ideas y propuestas; en especial, valoro mucho la participación de intelectuales y académicos independientes, hombres y mujeres que decidieron apoyar en la elaboración de este histórico documento. Y, desde luego, mi gratitud a quienes han hecho el trabajo de recopilación, de acercamiento de las distintas visiones para integrarlas en un proyecto común.

Como representante del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) hago el compromiso no sólo de postular este proyecto, sino de llevarlo a la práctica cuando instauremos un gobierno del pueblo y para el pueblo.

Nuevo proyecto de nación

Introducción

México está en una encrucijada, en un fin de época, y de lo que hoy hagamos o dejemos de hacer dependerá nuestro futuro como nación.

En los dos siglos que tenemos de ser independientes, pocas veces, como ahora, había estado en riesgo nuestra viabilidad como nación libre y soberana: enfrentamos una crisis económica y de seguridad, pero también social, política, cultural, moral, humanitaria.

El presente atolladero es resultado de la rapacidad y corrupción de una minoría que secuestró nuestras instituciones políticas e impuso un modelo económico neoliberal que le ha permitido saquear los bienes nacionales y en muchos casos entregarlos a intereses extranjeros. Con el pretexto de promover el mercado y la globalización, la mafia en el poder se adueñó de los recursos naturales y del patrimonio de los mexicanos, concentrando como nunca la riqueza, a costa de la pobreza o la miseria de la mayoría de la población, cancelando el futuro de millones de jóvenes y niños.

Pese al daño causado, la oligarquía se niega a cambiar de rumbo, y sus voceros en los medios de comunicación masiva tratan de convencernos de que el único camino es continuar con el régimen de corrupción y privilegios. La minoría antinacional y corrupta sólo piensa en perpetuar su dominio y está arruinando al país. Ante este empecinamiento, el conformismo y la pasividad no resuelven nada, pero ¿qué podemos hacer los mexicanos?, ¿cómo salvarnos de la decadencia?, ¿existe otra vía para el país?

El Nuevo Proyecto de Nación que aquí se presenta trata de dar respuesta a estas interrogantes.

Ante todo, esta propuesta comprueba que existen otras opciones; que, teniendo presente nuestra historia y nuestra probada capacidad de enfrentar grandes problemas y superar momentos oscuros, también ahora podremos regenerar a la nación.

El propósito mayor de nuestro proyecto es garantizar el buen vivir de los mexicanos: la satisfacción plena de las necesidades materiales, sociales y culturales de las personas y de los pueblos, y el establecimiento de relaciones armónicas entre los individuos y comunidades, y entre la sociedad y la naturaleza.

Queremos un México donde se garantice la seguridad y bienestar de sus habitantes, donde se respeten las libertades, donde se preserve y desarrolle la diversidad cultural, étnica, sexual, política y religiosa.

Aspiramos a construir una nación de personas dignas, solidarias y dichosas. Todos trabajando en beneficio de todos: mujeres y hombres, jóvenes y viejos, indígenas y mestizos. Campesinos, obreros, profesionistas, empresarios, estudiantes, construyendo juntos el país.

No cabe duda de que para lograr este propósito, se requiere un cambio profundo, una auténtica revolución que modifique el actual modelo económico excluyente, destructor de los vínculos sociales y del medio ambiente; que sustituya actual sistema político corrupto y frene la degradación moral y la violencia que amenazan a la sociedad.

Nuestra propuesta es que esa transformación sea pacífica. Estamos empeñados en lograrlo mediante la participación de todos los ciudadanos, libres y conscientes, en los asuntos públicos, a través de una revolución de las conciencias basada en nuevos valores de moral individual y de solidaridad social.

La idea es sencilla: practicar la democracia mediante la organización de los ciudadanos para la defensa de sus derechos. Sólo con la unión de la mayoría se puede impulsar el cambio verdadero. La tarea es levantar un movimiento de base que haga valer la voluntad popular y reconstruya el país. Para llevar a cabo esta transformación, es necesario combinar la acción del gobierno con el trabajo y la movilización de la sociedad.

Pero, ¿cómo lograr ese cambio si no se respeta el voto, y la oligarquía no sólo controla a la clase política y a los partidos, sino que, mediante la compra de conciencias y el dominio sobre las instituciones y los medios de comunicación, manipula los procesos electorales?

Si la sociedad se decide todo puede cambiar. Los avances justicieros y libertarios de nuestro país han resultado siempre de la acción organizada de las mexicanas y los mexicanos del común. Han sido obra de movimientos sociales y políticos que, practicando la democracia desde abajo y sin pedir permiso, han ampliado los derechos al ejercerlos. Porque para el pueblo la democracia empieza con la resistencia a los abusos de los poderosos y, en el caso del México actual, pasa por la defensa de los derechos y leyes que nuestros ancestros conquistaron mediante sus luchas y que hoy son conculcados. Los pueblos hacemos la historia, pero la hacemos organizados, pues sólo marchando colectivamente y con una idea común, podemos tomar el destino en nuestras manos.

El único poder legítimo es el que nace de la sociedad. Por ello nuestra apuesta es retomar la inagotable energía y rica experiencia de las gestas libertarias y democráticas de las mexicanas y los mexicanos, para poner en pie un poder social, un poder cuyo cemento es la organización de base.

La articulación del pueblo puede ser social o política; gremial o ciudadana; nacional, estatal, local o simplemente familiar; sin embargo, ante los grandes desafíos del presente, el reto es dotarla de un proyecto común y un espíritu unitario.

El poder del pueblo organizado se ejerce en muchos frentes, pero en la coyuntura actual y en la perspectiva del cambio pacífico que todos deseamos, una tarea mayor es conquistar el gobierno mediante el voto. Un gobierno democrático que será del pueblo y para el pueblo en la medida en que esté sostenido por la participación y movilización ciudadana.

El Nuevo Proyecto de Nación se apoya en lo mucho que hoy somos como pueblo, y se inspira también en la memoria de lo que hemos sido: en nuestra larga trayectoria de resistencia, de dignidad, de heroísmo individual y colectivo. En los momentos de crisis, los pueblos miran hacia atrás no para volver al pasado sino para sacar fuerza de su historia. Y si los mexicanos supimos superar las situaciones más adversas, podemos estar seguros de que saldremos adelante en la actual encrucijada, de que sabremos construir una patria por fin libre, incluyente, fraterna, justa y democrática.

DE LA RESISTENCIA A LA TRANSFORMACIÓN DEL PAÍS

Nuestra causa hunde sus raíces en los movimientos sociales y políticos que han defendido al pueblo y a la nación. Hace dos siglos, Hidalgo, Morelos y otros patriotas insurgentes convocaron al pueblo a luchar por la libertad y contra la opresión. De esa forma, confirmaron que en nuestra historia las grandes transformaciones nacionales se han logrado desde abajo, mediante revoluciones y movimientos populares. Ese es el punto de partida de nuestra reflexión para entender el momento que estamos viviendo y las posibilidades que tenemos como pueblo y como nación.

Somos mexicanos porque con la Independencia conquistamos el derecho a ser ciudadanos libres de una nación soberana. Somos republicanos porque con Juárez y los liberales combatimos la intervención europea al tiempo que acabamos con privilegios coloniales y fueros religiosos, estableciendo el derecho secular, el Estado laico y la educación pública. Somos demócratas porque consideramos vigente la defensa de la democracia y del sufragio efectivo que hizo Madero al convocar a la Revolución contra la dictadura de Díaz en 1910. Defendemos la Constitución porque reconoce derechos iguales a todos los mexicanos: políticos, sociales, agrarios y laborales. Nos inspiran Zapata y Villa que lucharon contra la esclavitud de las haciendas, por la tierra y la libertad de los campesinos y de los pueblos indios; y los hermanos Flores Magón que pelearon contra la injusticia, la explotación y el autoritarismo. Reconocemos al presidente Lázaro Cárdenas del Río por su defensa de los derechos del pueblo y de los recursos naturales en manos de la nación, porque sentó las bases de la independencia económica y de la justicia social.

En la segunda mitad del siglo XX, la sociedad mexicana continuó defendiendo sus derechos y reivindicaciones. Como partido en el poder, el PRI instauró un régimen autoritario y un presidencialismo absolutista, basados en la corrupción, la represión y el corporativismo. Al ser un sistema de partido casi único, prácticamente no existían las elecciones libres ni la democracia, no obstante las continuas rebeliones cívicas, las exigencias por el municipio libre y la recurrencia de diversos movimientos sociales en la vía electoral. A pesar de esas realidades, durante varias décadas los gobiernos surgidos de la Revolución mexicana mantuvieron la estabilidad económica y construyeron las grandes instituciones sociales, educativas y de salud.

Cada episodio donde el pueblo mexicano ejerció sus libertades y sus derechos fue reprimido por los gobiernos del PRI. En diversas regiones, incluida la capital, numerosas movilizaciones ciudadanas enfrentaron al Ejército por el respeto al voto. En 1958, ferrocarrileros, maestros, médicos y mineros se movilizaron en defensa de sus derechos sindicales y laborales; tras la represión, sus dirigentes Valentín Campa y Demetrio Vallejo fueron encarcelados once años. Los estudiantes en 1968 defendieron las libertades democráticas y los derechos humanos; y la matanza de Tlatelolco desnudó la naturaleza autoritaria del régimen. El movimiento del 68 se convirtió en la gran gesta democrática que detonaría diversos movimientos sociales y políticos que provocaron, a la larga, el fin del régimen. Debido a la represión oficial y a la impunidad, algunos consideraron cerradas las vías democráticas y legales y optaron por la vía armada. La respuesta oficial serían la guerra sucia, el terrorismo de Estado y las desapariciones forzadas. Las batallas del sindicalismo independiente, las luchas urbanas y campesinas, la defensa de los derechos humanos y la denuncia de la represión en los años setenta y ochenta, encarnaron la osadía democrática de la sociedad enfrentada a un sistema político caduco y corrupto.

El terremoto de 1985, la peor tragedia natural que haya vivido el país, trajo como consecuencia el nacimiento de la sociedad civil. La acción solidaria de la gente rebasó al gobierno insensible e incapaz ante la tragedia. Los ciudadanos tomaron en sus manos las labores de rescate y el apoyo a los damnificados. La solidaridad desatada fue más allá del humanitarismo, se convirtió en una de las hazañas colectivas más destacadas de la historia y acabaría con el control del PRI en la capital del país.

Tres años después, en 1988, un sismo político sacudió al régimen. Cuauhtémoc Cárdenas encabezó un movimiento cívico y popular y ganó las elecciones presidenciales. Sin embargo, el fraude electoral impidió el cambio democrático y se consumó la imposición de Carlos Salinas. Éste aplicó el modelo neoliberal reprimiendo a movimientos opositores y cooptando a intelectuales y dirigentes; impuso una contrarreforma agraria, la apertura comercial indiscriminada y desmanteló la economía nacional.

Aunque México no ha vivido una democracia plena como lo demuestran los fraudes recurrentes, el movimiento popular vislumbró la posibilidad del cambio social a través de la vía electoral. Se fundó el PRD, que unificó fuerzas diversas con el propósito principal de acabar con el régimen del PRI. En el sexenio de Salinas, más de 600 militantes del PRD fueron asesinados por defender la democracia.

El primero de enero de 1994, el mismo día que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, los indígenas de Chiapas se levantaron en armas contra la miseria y las injusticias ancestrales y modernas, exponiendo la deuda histórica del país con los pueblos originarios y la necesidad de erigir un México incluyente. La sociedad mexicana se movilizó y obligó a un diálogo de paz entre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el gobierno. A pesar de la firma de acuerdos que reconocen los derechos y la cultura indígena, el gobierno de Ernesto Zedillo se negó a cumplirlos y auspició la matanza de Acteal, permitiendo la violenta actuación de grupos paramilitares contra los indios rebeldes.

Mientras a la derecha se le permitió gobernar algunos estados, el apoyo popular a favor de la izquierda enfrentó la intransigencia del PRI. En los años noventa, tras sendos fraudes electorales, se produjeron importantes movimientos de resistencia civil en Tabasco, San Luis Potosí y Michoacán, como el Éxodo por la Democracia, encabezado por Andrés Manuel López Obrador y la caminata de Salvador Nava a la ciudad de México.

El empuje democrático de la sociedad, potenciado por la rebelión indígena y la peor crisis económica de la historia contemporánea, conduce a que en 1997, el PRI pierda, por primera vez, la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, y a que la izquierda acceda al gobierno de la capital: Cuauhtémoc Cárdenas se convierte en el primer gobernante electo en el Distrito Federal. A pesar de su proyecto democrático y popular de cambio, la izquierda partidaria se ve obligada a posponerlo por presiones empresariales y de los mercados. No obstante, el PRD denuncia el rescate bancario, el Fobaproa, como el peor fraude a la nación de que se tenga memoria, al convertir las enormes pérdidas de los bancos en deuda de todos los mexicanos.

En el año 2000 termina la era del PRI y gana la Presidencia de la República el candidato de la derecha, Vicente Fox. La alternancia crea en muchos mexicanos la falsa ilusión de que inicia una transición democrática en el país. A pesar de las expectativas de cambio, Fox traiciona el mandato popular. En lugar de investigar la corrupción y las graves violaciones a los derechos humanos del pasado y desmantelar el régimen autoritario —como había prometido en su campaña—, pacta continuar el mismo modelo económico y político y el PAN se incorpora de lleno a la corrupción, al igual que buena parte de la clase política.

En 2001 se produce una de las movilizaciones sociales y políticas más amplias y conmovedoras que se recuerden en la historia. El EZLN convoca a millones a respaldar su demanda a favor de una ley indígena. La consigna “Nunca más un México sin nosotros”, cimbra el corazón del país. El discurso de la comandante zapatista Esther en la tribuna de la Cámara de Diputados, ha sido uno de los alegatos morales y políticos más importes del México contemporáneo. Los principales partidos del Congreso de la Unión —incluyendo una parte del PRD— aprueban una reforma que no reconoce a cabalidad los derechos de los pueblos indios. De esta manera, a pesar de las protestas el Estado mexicano le da la espalda, una vez más, a los indígenas, incumpliendo los Acuerdos de San Andrés signados por el mismo gobierno. En 2003, masivas manifestaciones campesinas bajo el lema “El campo no aguanta más” cuestionan las políticas neoliberales, exigen renegociar el capítulo agrícola del TLCAN y la protección del maíz y el frijol mexicanos.

En la ciudad de México, mientras tanto, las transformaciones políticas continúan, convirtiéndose en la región del país con mayores avances democráticos, sociales y culturales. En el año 2000 es elegido Andrés Manuel López Obrador como jefe de gobierno del Distrito Federal. Desde el principio, contrasta su gestión con la de Fox: mientras éste profundiza el modelo empobrecedor de la mayoría de la población, López Obrador pone en práctica un gobierno con sensibilidad social, lo que le atrae el apoyo popular. Entre otras medidas, establece la pensión universal para los adultos mayores; crea escuelas de nivel medio superior y una universidad pública —la primera en los últimos treinta años—; apoya a las personas con discapacidad y a madres solas; lleva a cabo el mayor programa de vivienda popular de la historia reciente del país. Gobierna atendiendo las demandas del pueblo y respetando sus decisiones. Su buena gestión en el DF le permite a López Obrador sobresalir como gobernante y convertirse en el líder político más destacado de México.

En 2004, Fox, Salinas y la oligarquía pactan impedir que López Obrador pueda postularse como candidato a la Presidencia de la República. Primero arman un escándalo difundiendo videos que muestran actos de corrupción de algunos funcionarios del gobierno de la ciudad. Como la maniobra no funciona, el PRI y el PAN promueven su destitución como jefe de gobierno en el DF con el pretexto de violar la ley por abrir una calle de entrada a un hospital. La movilización de cientos de miles de ciudadanos detiene el golpe.

Con las multitudinarias manifestaciones contra el desafuero, inicia nuestro movimiento político y social, que se ha mantenido y desplegado organizadamente a lo largo y ancho del país. Este movimiento condensa los distintos episodios de lucha social y ciudadana de los últimos 50 años, el aprendizaje de muchos sectores que han venido impulsando la transformación democrática de México. La confluencia se fue dando de manera natural, no en un frente político y social, sino en un gran continente que ha ido sumando diversas experiencias cívicas y populares.

Reconocido como uno de los dirigentes políticos con mayor apoyo social, Andrés Manuel López Obrador se presenta en las elecciones presidenciales de 2006 como candidato de una amplia coalición, bajo el lema “Por el bien de todos, primero los pobres”, y propone un Proyecto Alternativo de Nación. Durante el proceso electoral fue objeto de una campaña sucia en televisión, financiada por las cúpulas empresariales con la intención de provocar miedo entre la población. A pesar de los ataques, López Obrador logra casi 15 millones de votos, la votación más alta obtenida por la izquierda en su h

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