Yo

Ricky Martin

Fragmento

INTRODUCCIÓN


Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes, y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles. Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad. Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla y no me dejes culpar de traición a los demás por no pensar igual que yo. Enséñame a querer a los demás como a mí mismo. No me dejes caer en el orgullo si triunfo, o en la desesperación si fracaso. Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo. Enséñame que perdonar es signo de grandeza y que la venganza es señal de bajeza. Si me quitas el éxito dame fuerzas para aprender del fracaso. Si ofendo a los demás, dame valor para disculparme. Y si los demás me ofenden, dame valor para perdonarlos. Señor, si yo me olvido de ti, ¡nunca te olvides de mí!

MAHATMA GANDHI

LAS PALABRAS DE GANDHI ME TOCAN EL CORAZÓN.

Todos en algún momento de la vida llegamos a un punto en el que sentimos el deseo de mirar hacia atrás y observar con detenimiento la vida que hemos llevado. Sentimos la necesidad de comprender de dónde venimos porque queremos ver más claramente hacia dónde nos dirigimos y a dónde queremos ir; buscamos hacer un balance de lo vivido y lo que queda por vivir con el deseo, quizás, de encontrar un mayor propósito a la existencia que hemos llevado. Hay quienes deciden hacerlo cuando ya están mayores, en el ocaso de la vida, pero para mí, ese momento ha llegado ahora. Hoy siento la necesidad de mirar hacia atrás y ver el camino que me ha traído hasta donde estoy, para que el futuro que tengo por delante sea el más luminoso y certero posible.


MI VERDADERO NOMBRE es Enrique Martin Morales, pero la gran mayoría de la gente me conoce como Ricky Martin: músico y cantante, compositor, filántropo y quizás hasta haya algunos que sepan que soy actor. Y soy todas esas cosas; pero también soy muchas más. Mi gente más cercana me conoce como Kiki (un apodo cariñoso que viene de Enrique), y además de ser artista, para ellos soy un hijo, un hermano, un amigo, y —más recientemente— un padre. Durante mucho tiempo he intentado separar por completo esas dos partes de mi vida: cuando estoy en el escenario o frente a las cámaras soy Ricky; y en privado soy Kiki, el hombre que todos los días se enfrenta a los retos de la vida, al igual que cualquier otra persona. Mientras la mayoría de las personas que están leyendo este libro tienen una idea muy clara de quién soy como artista, no deja de haber otra gran parte de mí que muy pocos conocen.

Hoy, después de lo mucho que he vivido y de las experiencias por las que he pasado, me doy cuenta de que no es justo separar a Kiki de Ricky. Los dos somos uno y el mismo. Me ha tomado tiempo comprender esto, pero aunque durante años pensé que lo mejor era ocultar mi vida privada y mi verdadero ser, ahora tengo la plena convicción de que mi felicidad está en vivir una vida libre, sin miedos ni tapujos. Ha sido un proceso gradual. No sabría decir exactamente en qué momento llegué a esta revelación, pero sí sé que llegué a un punto en el que ya no podía vivir más sin enfrentarme a mi verdad. Por eso sentí la necesidad de acabar con un secreto que llevaba guardando demasiados años: tomé la decisión de revelarle al mundo que acepto mi homosexualidad y celebro este regalo que me ha dado la vida.

Ahora me siento fuerte. Libre. Más libre que nunca.

Mucha gente se imaginará que mi vida se divide en dos etapas: el antes y el después de "Livin' la vida loca". O quizás haya quienes piensen que mi vida se divide entre el antes y el después de mi revelación, y la verdad es que es completamente entendible, porque eso es más o menos todo lo que hasta ahora he compartido de mí. Pero aunque no negaré que "Livin' la vida loca" fue un momento primordial de mi vida, puedo asegurar que ha habido muchos otros que fueron igual de importantes. También hay un antes y un después de Menudo, un antes y un después de mi primer viaje a la India, un antes y un después de ser padre... Todas han sido experiencias únicas que me han marcado profundamente y que han cambiado la forma en que navego por mi vida. Y espero —sé— que me aguardan muchos más de esos momentos en lo que me queda por vivir.

Al igual que todo el mundo, yo tuve que viajar por un camino espiritual y pasar por lo que pasé —lo bueno y lo malo, el amor y el desamor, el sentirme perdido y encontrarme— para llegar a donde estoy. Antes de responder a las preguntas que me acechaban constantemente, necesitaba aceptarme a mí mismo. Por supuesto, hay quienes pensarán que lo tendría que haber hecho hace años, pero en lo más profundo de mi ser, yo sé que el momento fue ahora porque así debía ser. Es ahora que estoy listo, es ahora que lo puedo hacer; ni un día antes, ni un día después.

El proceso de escribir estas memorias no ha sido fácil. Ha requerido mucho de mí, mucho más de lo que esperaba. He tenido que atar cabos que nunca había intentado atar, hacer esfuerzos para recordar momentos ya borrados de mi mente y buscar las respuestas a preguntas difíciles, pero sobre todo... sobre todo he tenido que enfrentarme a mí mismo. He tenido que despojarme por completo para verme tal como soy. Me encontré con algunas cosas que me gustaron, y otras que no tanto. Y fueron esas cosas que no me gustaron las que quise empezar a remediar desde el momento mismo en que adquirí conciencia de ellas. Jamás me hubiera imaginado que la escritura de este libro fuera a llevarme a donde me ha llevado, sin embargo, hoy sé que soy un mejor hombre —y un hombre más feliz— por lo que aprendí de mí mismo en este proceso.

En estas páginas, he querido hablar de muchas cosas, pero he querido hacerlo con humildad y dignidad, enfocándome en aquellas experiencias que de una manera u otra me han convertido en la persona que soy hoy en día. Más que una autobiografía, este libro es un testamento de mi crecimiento espiritual, un recuento de los pasos que he dado para llegar al plano de felicidad y plenitud en el que ahora me encuentro. Aquí hablaré de muchas cosas personales de las que nunca antes había hablado, pero tampoco es mi intención contarlo todo. Creo que todos tenemos derecho a cierto nivel de privacidad; hay ciertas cosas que me guardo porque son profundamente mías y prefiero que así lo sigan siendo. Lo que me interesa aquí es explorar los caminos y las diferentes experiencias que me llevaron a ser la persona que soy hoy.

Sé lo que es ser amado y también sé lo que es amar, total y absolutamente, con intensidad y sin prejuicios. Sé lo que es ser juzgado por lo que soy y por lo que no. Si no hubiera pasado por todo eso, quizás no habría podido llegar a este momento en el que finalmente comprendí que el camino elegido es el correcto, ya que me ha convertido en la persona que soy hoy en día. Y no importa cómo lo mire, esa persona que soy hoy en día, esa persona que he construido con tanto esfuerzo y tanta dedicación es, después de mis hijos, mi obra más preciada. Tengo la certeza de que todavía me quedan muchos pasos por dar, muchas cosas por vivir y, por consiguiente, muchos capítulos por escribir, pero en este momento siento el deseo de abrir mi corazón y compartir mi historia y esta etapa de mi vida con el mundo.

El tiempo transcurrido me enseñó que no sirve de nada ver las experiencias como buenas o malas. Más que nada hay que verlas como lecciones. Tanto lo bueno como lo malo son parte de un todo, y hay que abrazar ese todo para alcanzar la existencia plena y relevante que añoramos. Vamos avanzando por un camino en el que nos van apareciendo oportunidades, y cada paso que damos no sólo nos va acercando a donde queremos ir, sino que tiene su razón de ser. La vida nos presenta una experiencia tras otra, y cada decisión que tomamos determina dónde vamos a parar después.

Desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos, vamos avanzando por un camino de aprendizaje en el que cada decisión que tomamos o dejamos de tomar forma parte de nuestro crecimiento personal. Existe un reino kármico que dice que hay que pasar por los retos que te lanza esta vida para liberarte de las cosas que te pesan y te impiden llegar a un lugar divino. Todos vamos avanzando por un camino espiritual que nos ofrece oportunidades para aprender: la travesía tiene su propósito. Cuando eres estudiante, tienes que repetir la lección hasta que te la sepas de memoria. Si no te la sabes, no podrás pasar al siguiente nivel. De la misma manera, la vida nos presenta experiencia tras experiencia, y con cada hecho, cada decisión y cada elección estamos determinando a dónde vamos a ir después. Y al igual que en la escuela, el que más atención presta, más rápido puede avanzar.

Alguien una vez me preguntó si yo creía que lo que he logrado fue siempre mi destino. La respuesta fue sí, y no. Efectivamente, creo que todo lo que me ha sucedido forma parte de mi destino, pero no cabe duda que llegué adonde he llegado, y logré lo que he logrado, porque luché para alcanzarlo. Si hay una verdad en este mundo es que el destino hay que forjárselo. Si no hubiera puesto de mi parte, jamás habría llegado a donde estoy. En ningún momento me senté a esperar a que el destino me llegara montado en una limosina blanca; tuve que salir a buscarlo y golpear a su puerta. Creo que las personas que se sientan a esperar a que el destino les caiga encima se harán viejas esperando.

He trabajado muchísimo para alcanzar lo que he logrado y por eso sé que no fue una coincidencia o un simple fruto del azar. Es verdad que tuve mucha suerte, o mucho de lo que llamamos "suerte". Pero la verdad es que cada cual va creando su propia "suerte" y su propio destino. Cuando la vida te tira a un río, no puedes depender de que la suerte te traiga un bote; tienes que nadar. Tienes que dar brazada tras brazada hasta llegar a la otra orilla. Tienes que forjarte tu destino y no dejar que el azar determine tu rumbo. Creo profundamente en que la suerte llega a aquellos que trabajan mucho para encontrarla.

La vida es un recorrido en el que cada paso que tomamos nos mueve de alguna forma y en alguna dirección. C

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